¿Quién es el autor del Cuarto Evangelio?

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Representación zoomórfica del evangelista San Juan. Mosaico en la iglesia de los Santos Manuel y Benito, Madrid (España).

Más o menos, así se titulaba un artículo que leí hace unos seis años y que había sido escrito por el franciscano argentino Ariel Álvarez. Tomé algunas notas que guardé y ahora, voy a intentar transmitir las ideas y argumentos que él daba en su trabajo aunque escrito a mi manera.

El Cuarto Evangelio siempre ha sido atribuido al apóstol San Juan aunque cada vez son más los estudiosos bíblicos que ponen en duda esta autoría y lo hacen con argumentos muy sólidos, el primero de los cuales aparece en el propio Evangelio, cuando al final del mismo, después de decir quién fue el que les contó lo que en el Evangelio se dice, aparece la coletilla de: “Y nosotros sabemos que lo que Él dice, es cierto” (Juan, 21, 14), o sea, está dando a entender que los redactores del mismo son más de uno.

Los evangelistas Mateo y Marcos son los que nos aportan más información sobre el apóstol Juan, diciéndonos que era galileo, hermano de Santiago e hijo de Zebedeo, que los tres se dedicaban a la pesca con redes, que incluso eran propietarios de una barca en la que trabajaban con otros marineros y que cuando sus hijos siguieron a Jesús, también lo hizo su madre. Perteneció al grupo de los discípulos más íntimos y asistió a milagros tan importantes como la transfiguración en el Monte Tabor, la resurrección de la hija de Jairo, la agonía de Jesús en el Monte de Olivos antes de ser prendido y a su muerte en la cruz. A partir de ahí, poco se sabe de él salvo que “Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan” (Hechos, 8, 14). Y ahí se acaba todo; luego será la tradición quién nos diga que se fue a Éfeso, que allí vivió con la Virgen, que escribió su Evangelio y el Apocalipsis y que siendo anciano, murió.

Pero dejando al evangelista aparte y centrándonos en el Evangelio, ¿por qué hay dudas de que San Juan fuera el autor? Si se estudia a fondo este Evangelio se encuentran en él muchas discrepancias y parece que se escribió en varias etapas e incluso que en su escritura intervinieron varios autores. El primer autor e inspirador de las siguientes aportaciones, no era un galileo, por lo cual no podía ser uno de los doce apóstoles, y la tesis de que no era galileo se soporta en el hecho de que este Evangelio no cuenta casi nada de las actuaciones de Cristo en Galilea. Prácticamente, sitúa casi siempre a Jesús en Jerusalén y solo en el capítulo 6 habla de la multiplicación de los panes ocurrida en Galilea. Pero si leemos el Evangelio, este episodio está mal situado, dando la impresión de que quién lo estaba escribiendo no sabía dónde poner exactamente este episodio. Luego se puede deducir que el autor del Evangelio era de Jerusalén y si era de Jerusalén, no podía ser uno de los Doce, sino que debió pertenecer al grupo más numeroso de discípulos que también seguían al Maestro.

Jesús y la hija de Jairo. Lienzo de George Percy Jacom-Hood, 1885.

Además, debió tener cierta relación con el Templo porque la mayor parte de los episodios de este Evangelio ocurren en el Templo o en sus alrededores. Y al contrario de los otros tres evangelistas, habla expresamente de las fiestas que los judíos celebraban entonces: la fiesta de las Tiendas, la fiesta de la Dedicación, la Pascua e incluso indirectamente habla de la fiesta de Pentecostés, del Año Nuevo y del Kippur, mientras que los demás, solo hablan de la Pascua.

Pero aun hay otra diferencia más: hay otra cierta contradicción entre este y los otros evangelios, pues mientras que los otros tres evangelistas dicen que los primeros apóstoles eran pescadores que fueron llamados por Jesús mientras estaban pescando, este dice que los primeros apóstoles eran discípulos del Bautista cuando Jesús los llamó. ¿Habla este evangelista de su propia experiencia y de las cosas que más conoce, que no siempre coincide con lo escrito por los otros tres?

Existen estudiosos que se atreven a decir que este evangelista fue el fundador de una pequeña comunidad cristiana en Jerusalén independiente de la comunidad llamemos oficial que tenía a Pedro como su líder. Y se atreven a más porque hay quienes afirman que entre ambas comunidades había un cierto enfrentamiento. ¿Y en qué se basan? En que en este evangelio prácticamente no se comenta ni los sermones, ni las parábolas ni los milagros de los que se hablan en los otros tres, lo que da a entender que no debería ser muy estrecha la relación entre ambas comunidades pues pudieran desconocer dichos episodios al no intercambiarse información entre ellas. Y es así, cuando el líder de esta comunidad de Jerusalén escribió la primera redacción de esta Evangelio, que desde luego, era mucho más corto que el actual. Eso ocurriría alrededor del año 60.

"Ecce Agnus Dei", Jesús aparece ante la multitud. Óleo de Alexander Andrejewitsch Iwanow.

Pero como diez años más tarde los romanos destruyeron Jerusalén, esta comunidad tuvo que emigrar e instalarse en otro territorio donde empezaron su propia evangelización y al incorporarse mediante ésta nuevos miembros al grupo, miembros que no procedían de Jerusalén sino de otras tierras, el redactor del Evangelio se vio obligado a añadir más información y así, podríamos decir que aparece la segunda redacción de este Evangelio. Pero decir esto puede resultar gratuito si no hay base en la que apoyarse y esta base la hay porque si se lee concienzudamente el texto se encuentran algunas afirmaciones que con posterioridad parecen modificarse y existen numerosos ejemplos aunque yo, a bote pronto, me acuerdo solo de dos: “En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán” (Juan, 5, 24-25). Y: “Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día” (Juan, 6, 40). En el primer texto dice que la vida eterna ya está aquí mientras que en el segundo texto dice que vendrá en el futuro.

“En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida” (Juan, 5, 24) y poco más adelante, dice: “y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio” (Juan, 5, 29). En el primer texto se está diciendo que para tener vida eterna basta solo con creer en Jesús, mientras que más adelante dice que hay que hacer el bien. O sea, se ve claramente que existe una porción de texto en esta segunda redacción que no existía en la primera.

Pero llegó el momento en el que el líder de esta comunidad murió y eso influyó enormemente en todos, pues fallecía el único de ellos que había conocido personalmente al Maestro y se encontraron nuevos textos sobre Jesús y su obra, escritos también por él, pero que por diversas razones no fueron incluidos en la segunda redacción del Evangelio. ¿Y qué fue lo que pudo pasar? Que algún colaborador suyo los incluyó en el texto ya escrito.

"Christus", óleo de Nikolai Andrejewitsch Koschelew (1840-1918).

Alguien pensará que esto es querer rizar el rizo, pero ¿qué explicación podemos si no encontrar en el hecho de que hay textos que se interrumpen bruscamente y tienen añadidos posteriores que, digamos, “no vienen a cuento”? Veamos un ejemplo: En el capítulo 14 del Evangelio en el que se narra el discurso de despedida de Jesús a sus discípulos, se termina diciendo: “Levantaos, vámonos de aquí”. Siendo consecuente con esto, debieron levantarse y marcharse del Cenáculo, pero si seguimos leyendo el Evangelio, el capítulo 15 empieza diciendo Jesús: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador” y comienza un nuevo discurso, el discurso de la vid. Y un capítulo después, en el 16, hace un discurso sobre el Espíritu Santo y aún en el 17, otro discurso sobre la unidad entre sus discípulos y al terminar este capítulo 17, dice: “Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos”.

Si Jesús había terminado su discurso al final del capítulo 14 y dice: “Vámonos”, ¿a qué vienen los tres capítulos (15, 16 y 17) con otros nuevos discursos y finalmente es cuando se van? Está meridianamente claro que estos tres capítulos son un añadido posterior por parte de otra persona, aunque fueron redactados por el mismo que hizo el Evangelio pero que no los incluyó en lo que podríamos llamar “la segunda edición”. Esta sería la tercera redacción, que además se reafirma con aparentes nuevas contradicciones, porque mientras que en el capítulo 14 dice Jesús: “Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis” (Juan, 14, 19), dos capítulos después, en el 16, dice: ”Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver” (Juan, 16, 16). ¿En qué quedamos, lo verán o no lo verán? (!!)

Y hay, digamos, más incongruencias entre estos capítulos; vamos a ver otras: “Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros” (Juan, 16, 26) y “Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos” (Juan, 17, 9). ¿Ruega o no ruega por sus discípulos?
Se pueden poner varios ejemplos más de contradicciones dentro de estos capítulos que demuestran que los tres, fueron un añadido posterior realizado por otra persona: “El Padre es igual que yo” (Juan, 5, 18) y “El Padre es más grande que yo” (Juan 14, 28) ¿Es igual o es mayor? Los exegetas se debatirán los sesos para encontrar explicaciones y dirán que es igual en cuanto Dios y es menor en cuanto hombre, pero siendo esto cierto, no dejan de ser explicaciones sobre un texto del que estamos diciendo que se confeccionó por etapas.

La Última Cena. Óleo de Pascal Adolphe Dagnan-Bouveret (1852-1929).

“Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido” (Juan, 5, 31) y “aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio vale porque sé de dónde vengo y adonde voy” (Juan, 8, 14) ¿En qué quedamos? ¿Es válido o no lo es? Porque las dos cosas, al mismo tiempo, no pueden ser. No sigo por este camino pero puedo afirmar que si leemos a fondo el Evangelio hay muchas otras contradicciones que demuestran que fue escrito por etapas y por parte de más de un escritor.

En la última Cena, Jesús reprocha a sus discípulos diciéndoles: “Me voy y ninguno de vosotros me pregunta, ¿adónde vas?” (Juan, 16, 5). ¿Cómo puede decirles eso si ya antes Pedro y Tomás se lo habían preguntado? “Simón Pedro le dice: «Señor, ¿a dónde vas?” (Juan 13, 36) y “Le dice Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” (Juan, 14, 5). ¿Vemos cómo existen contradicciones que demuestran esto que estamos argumentando? Digo que hay muchos más ejemplos, pero tampoco se trata de cansar haciendo un artículo excesivamente largo.

Este redactor, colaborador del líder muerto que había conocido a Jesús y que procedente de Jerusalén había redactado las dos primeras versiones del Evangelio, como acto de veneración a su maestro y como esta comunidad, como dije al principio, tenía enfrentamientos con la comunidad dirigida por Pedro, se inventó la figura del “Discípulo amado” incluyéndola en el Evangelio junto a la figura de Pedro. Posiblemente, esto lo hizo con la intención de demostrar que su líder era superior a Pedro y por eso siempre aparecen juntos, pero recalcando que la actuación del “Discípulo amado” era mejor que la de Pedro. Algunos ejemplos: en la Última Cena el “Discípulo amado” reclina la cabeza sobre el pecho de Jesús. Durante la Pasión recalca que el “Discípulo amado” estaba dando la cara mientras Pedro huía. En la mañana de Pascua el “Discípulo amado” cree mientras Pedro se queda atónito. Después de haber resucitado, Jesús le dice al “Discípulo amado” que vivirá mucho tiempo mientras Pedro queda desconcertado, etc. O sea, rivalidad entre comunidades y alguien que quiere que su líder rivalice con el “jefe” oficial de la Iglesia, que es Pedro.

Jesús entrega las llaves a San Pedro. Óleo del pintor neoclásico Jean Auguste Dominique Ingres (1820). Museé Ingres, Montauban (Francia).

Pero finalmente, como esto no tenía sentido y lo lógico era buscar la reconciliación, alrededor del año 100 hubo un acercamiento, pero para que la reconciliación fuera completa, aunque Pedro había ya muerto, se tenía que reconocer su primacía. ¿Y cómo hacerlo? Añadiendo un capítulo más al Evangelio, el capítulo 21. ¿Y por qué digo que el artículo 21 es un añadido? Porque el artículo 20 termina así: “Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre” (Juan, 20, 31).

Y es en este artículo 21 donde se reconoce la supremacía de Pedro: Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón de Juan, ¿me amas más que éstos? Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.» uelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.» e dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.» Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme” (Juan, 21, 15-19). Y esta es la cuarta y última redacción de este Evangelio y es entonces cuando las dos comunidades rivales, se unieron bajo el primado de Pedro.

Antonio Barrero

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