La Devoción al Sagrado Corazón de Jesús (II)

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Detalle de la imagen procesional del Sagrado Corazón del barrio sevillano de Nervión (España). Fotografía: Daniel Villalba Rodríguez.

El Sagrado Corazón en el Magisterio Pontificio
Numerosos Papas y textos de la doctrina eclesial han protegido y difundido esta devoción. Por necesidad de abreviar mencionaremos a los más recientes y destacados.
– León XIII, recordado por su sólido magisterio, explicó en su Encíclica “Annum sacrum”, de 1899, la importancia de la consagración de la humanidad al Corazón de Jesús.
– Benedicto XV canonizó a santa Margarita María de Alacoque en 1920.
– Pío XI, es el denominado “Papa del Sagrado Corazón”, pues aborda este tema en nada menos que tres Encíclicas: “Quas Primas”, de 1925, donde establece la fiesta de Cristo Rey y pide que se renueve anualmente la consagración del mundo en dicha fiesta; “Miserentissimus Redemptor”, de 1928, alabó la devoción al Sagrado Corazón definiéndola como “compendio de toda la religión y aún la norma de vida más perfecta” [1]; y “Caritate Christi compulsi”, de 1930, donde propone la reparación del Sagrado Corazón como remedio para las necesidades del mundo.
– Pío XII tuvo como ideal de su pontificado el culto al Divino Corazón, “alfa y omega de las enseñanzas pontificias” [2] y profundizó en la teología de esta devoción en su Encíclica “Haurietis Aquas”, de 1956, una lectura imprescindible sobre este tema.
San Juan Pablo II no dejó de hablar del Corazón de Nuestro Señor en todo su pontificado. Numerosas citas encontramos en sus documentos y discursos. Mencionaremos sólo algunas. “El acercarnos a Cristo en el misterio de su Corazón nos permite detenernos en este punto de la revelación del amor misericordioso del Padre” [3]. “El Corazón desgarrado de Cristo es signo de un amor dado definitivamente a la humanidad” [4]. “El hombre del año 2000 tiene necesidad del Corazón de Cristo para conocer a Dios, y para conocerse a sí mismo. Tiene necesidad de Él para construir la civilización del amor” [5].
– Benedicto XVI continúa en la línea de sus predecesores, impulsando y avalando con sus palabras la devoción al Sagrado Corazón, la cual “permanece como imprescindible para una relación viva con Dios” [6]. Además, afirma, “la verdadera religión consiste en entrar en sintonía con este Corazón, rico en misericordia” [7]. En la JMJ 2011 consagró a todos los jóvenes del mundo al Sagrado Corazón de Jesús.

Primer dibujo del Sagrado Corazón, realizado por Santa Margarita María Alacoque.

Iconografía del Sagrado Corazón
Fue santa Margarita María Alacoque, con su propia mano, y basándose en sus visiones, la que realizó el primer dibujo del Sagrado Corazón con los atributos de la Pasión. Basándose en dicho dibujo aparecen a finales del XVII y comienzos del XVIII las primeras representaciones iconográficas, primero el Corazón solo, como podemos ver en la casa jesuita de Villagarcía de Campos (Valladolid), donde hizo el noviciado el beato P. Hoyos, y más tarde en el cuerpo entero del Salvador (técnicamente llamado Cristo cardióforo), como puede apreciarse en la antigua iglesia de la Compañía, en Jerez, obra de Diego Roldán de 1745.

Precisamente la iconografía de cuerpo entero es la más extendida en el mundo. Hay que reconocer que debido a la gran profusión de esta devoción hay imágenes de la más variada calidad. Las hay majestuosas y monumentales como la del Cerro de los Ángeles en Getafe (Madrid), San Juan de Aznalfarache (Sevilla), Bilbao, o del Cristo del Otero (Palencia), segunda obra del mundo en tamaño de Cristo, tras la del Corcovado de Río de Janeiro, aunque ésta de Río no está dedicada al Sagrado Corazón, sino al Salvador. Con todos mis respetos también las hay de muy mala calidad, y es difícil no encontrar una o varias de escayola en cualquier parroquia de barrio.

Basílicas o templos importantes consagrados al Divino Corazón son, por ejemplo, las del Sacre Coeur (París), Basílica del Sagrado Voto Nacional (Quito), Templo Expiatorio del Sagrado Corazón (Barcelona) y Sagrado Corazón (Sevilla).

Vista del Cristo del Otero, Palencia (España), obra de V. Macho.

La Fiesta del Sagrado Corazón
Aunque ya hemos visto que esta devoción viene de lejos, su aprobación como Fiesta litúrgica tardó bastante en llegar. Fue san Juan Eudes en 1643 el que estableció por primera vez culto privado a los Sagrados Corazones en la sociedad de sacerdotes por él fundada (Congregación de Jesús y María), haciendo rezar mañana y tarde la Salutación. Curiosamente el primer permiso de culto litúrgico propiamente dicho fue en honor del Corazón de María, en 1644, en la capilla del seminario de Caen, y en esa misma ciudad se establece, en 1655, la primera capilla dedicada a ambos Corazones. No sería hasta 1670 cuando permite el obispo de Rennes culto público al Corazón de Jesús. Dos años después se establece la fiesta el 20 de octubre extendiéndose el culto a los seminarios fundados por san Juan Eudes en Francia. A partir de entonces surgieron en este país las primeras cofradías de fieles.

Hubo que esperar hasta 1765, año en el cual Clemente XIII autorizó que el culto público al Sagrado Corazón fuera extendiéndose. Se concedió permiso para dicho culto a las diócesis de Polonia, a la cofradía corazonista de Roma, a la orden de la Visitación y a los jesuitas. También se concedieron indulgencias y gracias a las numerosas cofradías que en aquel entonces se iban formando por todo el mundo (nada menos que 1089 cofradías hasta ese año).

Finalmente, la solemnidad del Sagrado Corazón fue instaurada en 1856 por Pío IX, extensiva a la Iglesia entera. Se celebra en el viernes tras la octava de la festividad del Corpus, tal como le fue pedida a Santa Margarita en visiones por el mismo Salvador. En 1899 León XII determinó elevar la fiesta del Corazón de Jesús al máximo rango litúrgico (fiesta con octava; es decir, ocho días para rendir culto al Sagrado Corazón de Jesús).

La liturgia de este día ha sufrido cambios desde entonces, sobre todo la liturgia de las horas bajo el pontificado de Pío XI. Las lecturas de este día están cargadas de lo que significa el perdón, el amor y la misericordia.

En la Guerra Civil española (1936-1939) el bando "nacional" tomó como protector al Sagrado Corazón. La imagen muestra el fusilamiento del monumento del Cerro de los Ángeles de Getafe (Madrid) por parte de milicianos republicanos.

Devoción entre devociones
Acudiendo a los argumentos expuestos durante todo el artículo no puede uno menos que reconocer la gran fuerza de esta devoción, respaldada por la teología, la Escritura, la mística, la tradición eclesial y las enseñanzas de la Sede petrina. Es la “devoción entre devociones”, pues es Cristo mismo el objeto de ésta. La Iglesia aprueba esta devoción como totalidad: se adora no una parte de Nuestro Señor, el Corazón, sino toda su existencia y lo que el Corazón significa: el Amor inmenso que nos demostró al entregarse por nuestros pecados. No es un vano sentimentalismo, una ñoñería de capilla, vacía, como muchas veces se nos ha querido pintar, sino un torrente incontenible de amor con mayúsculas, Amor de Dios en su triple dimensión hacia el hombre: divino, sensible y espiritual. Ese Amor es inmenso hacia todo el género humano, pues nos busca y desea invadir nuestro propio corazón. Amar y ser amado, nuestra vocación más sublime, es lo más bello que podemos realizar en nuestras humildes vidas: dejarnos amar por Dios, corresponderle y amar a nuestros hermanos. Por ese ardiente Amor han dado y siguen dando su vida muchos mártires, han “malgastado” sus años en claustros muchos monjes, han acudido a evangelizar a remotos confines del mundo muchos misioneros, han echado las redes infinitas veces muchos “pescadores de hombres”. Papas, obispos, presbíteros, diáconos, religiosos y laicos se lo debemos todo a Aquél que nos amó primero, pues si “no tengo amor, no soy nada” (1 Cor 13,2).

La Familia corazonista
Al amparo de esta devoción surgieron infinidad de cofradías, agrupaciones de fieles y, cómo no, institutos de vida consagrada. Aunque hemos visto que órdenes y congregaciones con un carisma fundacional distinto fueron y son muy devotas del Sagrado Corazón ahora nos referiremos a las que en su nombre figura ésta. Hay tantos, que nombrarlos a todos daría para varios libros, pero sólo nombraré a algunas congregaciones sabiendo de sobra que me dejo muchas por el camino:
– Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María y de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento del Altar (sscc). Mixta. Fundada en 1800 en París por el P. Coudrin y Enriqueta Aymer. Su carisma: contemplar, vivir y anunciar al mundo el amor de Dios. Muy extendida en el mundo. Poseen colegios y residencias. Ha dado religiosos importantes, incluso canonizados, como San Damián de Molokai.
– Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús (rscj). Femenina. Fundada por santa Magdalena Sofía Barat, también en 1800 en París. De espiritualidad ignaciana, se dedica a la enseñanza. Extendida a varios países.

Fotografía de tres religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón revestidas con el hábito de su orden.

– Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón (rcscj). Femenina. Contemplativas. Fundada en México por Concepción Cabrera en el s. XIX. Extendidas en varios países.
– Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María (sctjm). Instituto diocesano norteamericano de reciente fundación (1990) por Adela Galindo. Su carisma es ser viva imagen y presencia del Corazón de María en el corazón de la Iglesia y disponer nuestro carisma Mariano al servicio del principio Petrino.
– Religiosas Víctimas del Sagrado Corazón de Jesús (rvscj). Contemplativas. Fundadas en Francia en 1838 por la R.M. María Víctima de Jesús Crucificado. Están en un solo monasterio.
Y podríamos seguir con las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, Oblatas de los Corazones, Hermanas Bethlemitas del Sagrado Corazón, Capuchinas del Sagrado Corazón, las Reparadoras del Sagrado Corazón, las Esclavas del Sagrado Corazón, Hijas de santa María del Corazón de Jesús, los Discípulos de los Corazones de Jesús y María… pero es que en algún momento hemos de parar.

David


[1] Pío XI: Encíclica “Miserentissimus Redemptor”, 3,14, (1928)
[2] Encíclica “Summi Pontificatus”, 2, (1939)
[3] Juan Pablo II: Encíclica “Dives in Misericordia”, 13 (1980)
[4] Juan Pablo II: 11/04/1990
[5] Juan Pablo II: 12/06/1999
[6] Benedicto XVI: 15/05/2006
[7] Benedicto XVI: 16/09/2007

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