Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (III)

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"La aparición de la Virgen de Guadalupe al tío Juan Bernardino", Miguel Cabrera, siglo XVIII. Cortesía de Tacho Juárez. En este óleo se aprecia el momento en que la Virgen se aparece parar curar al tio de Juan Diego, a quien también le revela el controvertido nombre por el cual quería ser invocada, según el Nican Mopohua.

3. Expansión y formación del culto Guadalupano: los milagros de la Virgen
El que es considerado primer milagro de la Virgen de Guadalupe aparte de la milagrosa estampación de su imagen en el ayate de Juan Diego según nos narra el Nican Mopohua, se trata de la curación del tío de San Juan Diego, el indio llamado Juan Bernardino, a quien Juan Diego estimaba mucho y quería como a un padre. Tal parece que le agarraron unas fuertes fiebres conocidas por los naturales como “cocolixtli” y se puso tan grave que le pidió a Juan Diego que fuera a Tlatelolco por un sacerdote para que le diera la extremaunción. Debido a esto, como narra el Nican Mopohua, Juan Diego rodeó el cerro para no encontrarse con la Virgen, pero a pesar de ello, la Virgen le salió al encuentro al indio y le calmó con sus palabras prometiéndole que su tío no moriría y según se cuenta, su tío recibió la visita de la Virgen y fue curado por ella. Y es a Juan Bernardino a quien le revela el nombre por el cual quería ser conocida, pero tal parece que el traductor del Obispo entendió que el nombre era “Guadalupe” como la Virgen extremeña. Otra versión de este milagro es recogida por Francis Johnston, que nos dice que lo que en verdad sucedió con Juan Bernardino es que fue herido con una flecha en el pecho por otros indios que estaban molestos con él por haberse convertido al cristianismo.

Otro de los milagros que se cuenta sobre la Virgen de Guadalupe es el famoso “milagro del pocito”. Según se narra, el día 13 de diciembre de 1531 el obispo fray Juan de Zumárraga acompañado de varios seguidores le pidió a San Juan Diego dijera el lugar donde la “Señora del cielo” quería que se erigiera un templo, y se dice que no estando del todo seguro San Juan Diego, un prodigio mostró el lugar exacto al brotar una fuente de agua de entre las rocas, tomándose como una señal de que en ese sitio debería ser construido el templo. El caso de este manantial de agua es algo que como bien sabemos se repite en muchos Santuarios, no sólo en México sino alrededor del mundo.

Quizá el más famoso de estos es el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, en Francia, pero en México se cuentan con famosos sitios con esta característica como San Juan de los Lagos, Chalma o San Miguel del Milagro. En el caso guadalupano en particular, este milagro del manantial se nota que es un añadido posterior debido a que no es mencionado en el Nican Mopohua y hay evidencia arqueológica de la existencia del mismo aun antes de la aparición del culto a Guadalupe en el cerro, puesto que en este lugar se adoraba antiguamente a una deidad femenina del agua Chalchiutlicue “la de la falda de jade”, esposa de Tlalóc, dios de la lluvia. Pero a partir de las apariciones Guadalupanas, en el cerro la gente comenzó a considerar “milagrosas” las aguas de este manantial, por lo que los enfermos comenzaron a bañarse en estas aguas lo que provocó una terrible epidemia, por lo que las autoridades prohibieron que los peregrinos se metieran en ellas. Por lo que podemos ver no resultaron tan milagrosas estas aguas, pero a pesar de esto se le encargó hacia 1790 al arquitecto Francisco Guerrero y Torres la construcción de una capilla para cubrir el manantial a forma de pozo, por lo que la capilla es conocida hasta la actualidad como “la capilla del pocito”. He de mencionar además que actualmente este pozo-manantial está seco, aunque esto no ha evitado que siga llegando gente a sacar lo poco de agua que queda en él, pues aun muchos le atribuyen las propiedades milagrosas. Tal parece que quien agrego esta leyenda del pocito a la historia Guadalupana es el jesuita Francisco de Florencia en su Zodiaco Mariano, quizás tratando de dar una explicación “milagrosa y sobrenatural” a la afluencia de peregrinos a sumergirse en ese manantial.

"El Milagro del Pocito", Rafael Ximeno y Planes, 1809. Mural que se conserva en el Palacio de Mineria de la Ciudad de México. Narra este legendario acontecimiento del manantial del Tepeyac. Este mural es considerado obra cumbre del neoclásico mexicano.

El 26 de diciembre de 1531 al ser terminada la primitiva ermita dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe en el cerro del Tepeyac, la imagen fue trasladada en medio de una gran procesión y fiesta hacia su nueva morada. Los naturales celebraban este acontecimiento mezclados entre los frailes y la sociedad novohispana; se cuenta que un grupo de indios en forma de celebración lanzaron varias flechas al aire y una de estas hirió gravemente a uno de los asistentes matándolo al instante. El cadáver fue llevado ante la presencia del ayate de San Juan Diego y entre las oraciones y súplicas de todo el pueblo, el hombre volvió a la vida y abrió los ojos.

Es curioso pero este milagro se parece mucho a la otra versión que se cuenta acerca de la curación del tío Juan Bernardino; podría tratarse acaso de que al momento en el que se comenzó a difundir que Juan Bernardino estuvo enfermo de fiebres, la historia de que fue atacado por una flecha pasara a convertirse en ¿un milagro aparte? O al contrario que este otro milagro fuera confundido con la historia original y algunos pensaran que el indio herido por una flecha y curado fuera Juan Bernardino. En el caso de Juan Bernardino se dice que existió una cruz de piedra que marcaba el sitio donde Juan Diego lo encontró pero de esto actualmente no queda rastro, ni representaciones y al contrario, del milagro que sucedió en el momento de ser trasladada la imagen existen varios cuadros coloniales que lo representan.

Hacia 1571 en la Batalla de Lepanto el capitán Juan Andrea Doria llevaba un estandarte de la imagen de la Virgen de Guadalupe el cual le había sido obsequiado por el rey Felipe II. Los devotos de la Virgen Guadalupana han querido ver en el triunfo de la famosa batalla un milagro más de esta advocación que acompañaba a las huestes cristianas. Esta imagen se resguarda actualmente en el templo de la Virgen de Guadalupe en Santo Stefano d’Aveto, Italia.

El primer milagro de la Virgen de Guadalupe, Gonzalo Carrasco S.J., 1895. En esta pintura se aprecia el traslado de la imagen de la Virgen a su primera ermita en el Tepeyac y el milagro que hizo a un indio muerto por una flecha durante la procesión.

En el mismo año en que se realiza la batalla de Lepanto se cuenta que el navío llamado “El Gavilán” a cargo de don Juan Ruíz de Peralta naufragó por una terrible tormenta y prometieron a la Virgen de Guadalupe que si salían al salvo le llevarían a su Santuario el mástil de la embarcación. Milagrosamente la nave pudo llegar al puerto de Veracruz y los marineros agradecidos llevaron la vela del barco al Santuario de la Virgen y lo pusieron en una construcción de piedra para protegerla. Aun actualmente, esta enorme vela de piedra se ostenta en el cerro del Tepeyac, y es conocida como “la vela del marino”.

Ya entrado el siglo XX el 14 de noviembre de 1921 en lo que serían ya las proximidades a la Guerra Cristera, un funcionario de nombre Juan M. Esponda, de la Secretaría particular de la presidencia de la República del General Álvaro Obregón, disfrazado de obrero pelirrojo y con un overol azul, después de concluir la misa como a las diez y media de la mañana se acercó al altar mayor donde se encontraba la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe y depositó al pie de la imagen una ofrenda floral de gran tamaño que llevaba escondida un cartucho de dinamita de los que se usaban en los trabajos de minería. Poco tiempo después se produjo un terrible estallido, que rompió los cristales de casas y negocios próximos al Santuario, y la plancha de mármol del altar se agrietó, pero milagrosamente, a la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe no le sucedió absolutamente nada. Ni siquiera el cristal que la protegía fue dañado. Por otro lado, el Crucifijo de bronce que se encontraba delante de la imagen, se dobló y esto fue tomado como un portento y la gente ha dicho que “el Hijo amoroso protegió la imagen de su madre”. Este crucifijo aun actualmente es conservado y venerado en la Basílica de Guadalupe y es conocido como “El Señor del Atentado”.

El responsable de este atentado dinamitero jamás fue detenido ni enjuiciado pero nunca quedó duda que este terrible episodio fue por órdenes del presidente Obregón. El 18 de noviembre de ese año se organizó una multitudinaria manifestación en el centro de la ciudad de México que desfiló frente a Palacio Nacional y en la catedral de cantó un Te Deum en agradecimiento por la milagrosa preservación de la imagen de la Virgen.

En los años noventa del siglo XX comenzó un curioso caso de “milagrosas apariciones” de la Virgen de Guadalupe pues se empezaron a reportar diversas “apariciones” en objetos. La primera y más famosa fue la llamada “Virgen del metro”, una imagen de la Virgen de Guadalupe que “apareció” en las piedras del piso de la estación del metro Hidalgo, en la ciudad de México. Posterior a esta se comenzaron a reportar apariciones en objetos tan ridículos como una tortilla, un hot cake o un jabón, sin faltar las ya tradicionales en los árboles, ventanas y paredes, provocando en especial por la difusión que los medios le dieron, una clase de fanatismo idolátrico a estos objetos y haciendo pensar que “el fin del mundo estaba cerca en el año 2000”.

El Señor del Atentado, imagen venerada en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad de México, que después del atentado dinamitero quedó doblado, según los devotos, como símbolo de que protegió la imagen de su madre.

También se volvieron famosos los casos de Vírgenes de Guadalupe que derramaban lágrimas; lo más seguro es que todos estos casos no fueran más que producto de la imaginación colectiva del pueblo o fanatismo religioso de muchos o quizá un resurgimiento de aquella pasión barroca por las imágenes, que veía imágenes aparecidas en todas partes. Fuera como fuera, la Iglesia prefirió no manifestarse oficialmente acerca de estas apariciones, muchas de las cuales aun actualmente siguen siendo veneradas en casas particulares o colonias que atraen a un número de fieles curiosos, que dejan limosnas a los dueños de dichas imágenes que aunque ahora menos famosas y creíbles que antes, no por eso dejan de ser también un negocio para muchos de los que las poseen.

Uno de los milagros más recientes ocurridos en 2007 se cuenta que después de realizarse una misa en la Basílica de Guadalupe por las almas de todos los niños no nacidos a causa del aborto, una luz resplandeciente iluminó el vientre de la imagen Guadalupana y dejó ver el feto de Cristo gestándose dentro de María. Este milagro, aunque no fue tan difundido, si fue muy conocido y utilizado por la Iglesia para combatir el debate que se estaba presentando en esos años en la ciudad de México acerca de la legalización del aborto. A ciencia cierta no puedo corroborar que tan veraz haya sido este milagro del feto en el vientre de María, pero a pesar de ello me parece una bonita y “milagrosa” curiosidad. Hay que decir que existen varias fotografías del momento en que apareció el feto que fueron tomadas por asistentes a la misa y algunas se pueden encontrar en internet.

"La Virgen del metro", imagen aparecida en las piedras del piso de la estación del metro Hidalgo, en la ciudad de México y que es venerada por muchos devotos por su gran parecido a la imagen del Tepeyac.

Después de todos estos milagros que he narrado, a mi personal manera de ver las cosas opino como lo hizo el liberal mexicano Ignacio Manuel Altamirano en el siglo XIX: el verdadero milagro de la Virgen de Guadalupe es la unión que ha creado en el pueblo mexicano en torno a su imagen.

André Efrén

BIBLIOGRAFÍA
– Argueta, Jermán, et. a., Crónicas y Leyendas: Sucesos y Leyendas de la Villa de Guadalupe, México, Progreso, revista de publicación mensual, tomo XVIII, noviembre de 2008.
– Camacho de la Torre, María Cristina, Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, México, CONACULTA, primera edición, 2001.
– Iglesias y Cabrera, Sonia, Las fiestas tradicionales de México, México, Selector, primera edición, 2009.
– Johnston, Francis, El Milagro de Guadalupe, México, Verdad y Vida, s/E, s/a.
– Nebel, Richard, Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe, México, Fondo de Cultura Económica, tercera reimpresión, 2005.
– Zarebska, Carla, Guadalupe, México, Debolsillo, primera edición, 2005.

CONSULTADO EN LÍNEA
www.encuentra.com/apariciones_marianas/grandes_milagros_de_la_virgen_de_guadalupe_10670/
www.luxdomini.com/_gpe/contenido1/guadalupe_lepanto.htm

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