¿Quién es el autor del Cuarto Evangelio?

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Representación zoomórfica del evangelista San Juan. Mosaico en la iglesia de los Santos Manuel y Benito, Madrid (España).

Más o menos, así se titulaba un artículo que leí hace unos seis años y que había sido escrito por el franciscano argentino Ariel Álvarez. Tomé algunas notas que guardé y ahora, voy a intentar transmitir las ideas y argumentos que él daba en su trabajo aunque escrito a mi manera.

El Cuarto Evangelio siempre ha sido atribuido al apóstol San Juan aunque cada vez son más los estudiosos bíblicos que ponen en duda esta autoría y lo hacen con argumentos muy sólidos, el primero de los cuales aparece en el propio Evangelio, cuando al final del mismo, después de decir quién fue el que les contó lo que en el Evangelio se dice, aparece la coletilla de: “Y nosotros sabemos que lo que Él dice, es cierto” (Juan, 21, 14), o sea, está dando a entender que los redactores del mismo son más de uno.

Los evangelistas Mateo y Marcos son los que nos aportan más información sobre el apóstol Juan, diciéndonos que era galileo, hermano de Santiago e hijo de Zebedeo, que los tres se dedicaban a la pesca con redes, que incluso eran propietarios de una barca en la que trabajaban con otros marineros y que cuando sus hijos siguieron a Jesús, también lo hizo su madre. Perteneció al grupo de los discípulos más íntimos y asistió a milagros tan importantes como la transfiguración en el Monte Tabor, la resurrección de la hija de Jairo, la agonía de Jesús en el Monte de Olivos antes de ser prendido y a su muerte en la cruz. A partir de ahí, poco se sabe de él salvo que “Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan” (Hechos, 8, 14). Y ahí se acaba todo; luego será la tradición quién nos diga que se fue a Éfeso, que allí vivió con la Virgen, que escribió su Evangelio y el Apocalipsis y que siendo anciano, murió.

Pero dejando al evangelista aparte y centrándonos en el Evangelio, ¿por qué hay dudas de que San Juan fuera el autor? Si se estudia a fondo este Evangelio se encuentran en él muchas discrepancias y parece que se escribió en varias etapas e incluso que en su escritura intervinieron varios autores. El primer autor e inspirador de las siguientes aportaciones, no era un galileo, por lo cual no podía ser uno de los doce apóstoles, y la tesis de que no era galileo se soporta en el hecho de que este Evangelio no cuenta casi nada de las actuaciones de Cristo en Galilea. Prácticamente, sitúa casi siempre a Jesús en Jerusalén y solo en el capítulo 6 habla de la multiplicación de los panes ocurrida en Galilea. Pero si leemos el Evangelio, este episodio está mal situado, dando la impresión de que quién lo estaba escribiendo no sabía dónde poner exactamente este episodio. Luego se puede deducir que el autor del Evangelio era de Jerusalén y si era de Jerusalén, no podía ser uno de los Doce, sino que debió pertenecer al grupo más numeroso de discípulos que también seguían al Maestro.

Jesús y la hija de Jairo. Lienzo de George Percy Jacom-Hood, 1885.

Además, debió tener cierta relación con el Templo porque la mayor parte de los episodios de este Evangelio ocurren en el Templo o en sus alrededores. Y al contrario de los otros tres evangelistas, habla expresamente de las fiestas que los judíos celebraban entonces: la fiesta de las Tiendas, la fiesta de la Dedicación, la Pascua e incluso indirectamente habla de la fiesta de Pentecostés, del Año Nuevo y del Kippur, mientras que los demás, solo hablan de la Pascua.

Pero aun hay otra diferencia más: hay otra cierta contradicción entre este y los otros evangelios, pues mientras que los otros tres evangelistas dicen que los primeros apóstoles eran pescadores que fueron llamados por Jesús mientras estaban pescando, este dice que los primeros apóstoles eran discípulos del Bautista cuando Jesús los llamó. ¿Habla este evangelista de su propia experiencia y de las cosas que más conoce, que no siempre coincide con lo escrito por los otros tres?

Existen estudiosos que se atreven a decir que este evangelista fue el fundador de una pequeña comunidad cristiana en Jerusalén independiente de la comunidad llamemos oficial que tenía a Pedro como su líder. Y se atreven a más porque hay quienes afirman que entre ambas comunidades había un cierto enfrentamiento. ¿Y en qué se basan? En que en este evangelio prácticamente no se comenta ni los sermones, ni las parábolas ni los milagros de los que se hablan en los otros tres, lo que da a entender que no debería ser muy estrecha la relación entre ambas comunidades pues pudieran desconocer dichos episodios al no intercambiarse información entre ellas. Y es así, cuando el líder de esta comunidad de Jerusalén escribió la primera redacción de esta Evangelio, que desde luego, era mucho más corto que el actual. Eso ocurriría alrededor del año 60.

"Ecce Agnus Dei", Jesús aparece ante la multitud. Óleo de Alexander Andrejewitsch Iwanow.

Pero como diez años más tarde los romanos destruyeron Jerusalén, esta comunidad tuvo que emigrar e instalarse en otro territorio donde empezaron su propia evangelización y al incorporarse mediante ésta nuevos miembros al grupo, miembros que no procedían de Jerusalén sino de otras tierras, el redactor del Evangelio se vio obligado a añadir más información y así, podríamos decir que aparece la segunda redacción de este Evangelio. Pero decir esto puede resultar gratuito si no hay base en la que apoyarse y esta base la hay porque si se lee concienzudamente el texto se encuentran algunas afirmaciones que con posterioridad parecen modificarse y existen numerosos ejemplos aunque yo, a bote pronto, me acuerdo solo de dos: “En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán” (Juan, 5, 24-25). Y: “Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día” (Juan, 6, 40). En el primer texto dice que la vida eterna ya está aquí mientras que en el segundo texto dice que vendrá en el futuro.

“En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida” (Juan, 5, 24) y poco más adelante, dice: “y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio” (Juan, 5, 29). En el primer texto se está diciendo que para tener vida eterna basta solo con creer en Jesús, mientras que más adelante dice que hay que hacer el bien. O sea, se ve claramente que existe una porción de texto en esta segunda redacción que no existía en la primera.

Pero llegó el momento en el que el líder de esta comunidad murió y eso influyó enormemente en todos, pues fallecía el único de ellos que había conocido personalmente al Maestro y se encontraron nuevos textos sobre Jesús y su obra, escritos también por él, pero que por diversas razones no fueron incluidos en la segunda redacción del Evangelio. ¿Y qué fue lo que pudo pasar? Que algún colaborador suyo los incluyó en el texto ya escrito.

"Christus", óleo de Nikolai Andrejewitsch Koschelew (1840-1918).

Alguien pensará que esto es querer rizar el rizo, pero ¿qué explicación podemos si no encontrar en el hecho de que hay textos que se interrumpen bruscamente y tienen añadidos posteriores que, digamos, “no vienen a cuento”? Veamos un ejemplo: En el capítulo 14 del Evangelio en el que se narra el discurso de despedida de Jesús a sus discípulos, se termina diciendo: “Levantaos, vámonos de aquí”. Siendo consecuente con esto, debieron levantarse y marcharse del Cenáculo, pero si seguimos leyendo el Evangelio, el capítulo 15 empieza diciendo Jesús: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador” y comienza un nuevo discurso, el discurso de la vid. Y un capítulo después, en el 16, hace un discurso sobre el Espíritu Santo y aún en el 17, otro discurso sobre la unidad entre sus discípulos y al terminar este capítulo 17, dice: “Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos”.

Si Jesús había terminado su discurso al final del capítulo 14 y dice: “Vámonos”, ¿a qué vienen los tres capítulos (15, 16 y 17) con otros nuevos discursos y finalmente es cuando se van? Está meridianamente claro que estos tres capítulos son un añadido posterior por parte de otra persona, aunque fueron redactados por el mismo que hizo el Evangelio pero que no los incluyó en lo que podríamos llamar “la segunda edición”. Esta sería la tercera redacción, que además se reafirma con aparentes nuevas contradicciones, porque mientras que en el capítulo 14 dice Jesús: “Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis” (Juan, 14, 19), dos capítulos después, en el 16, dice: ”Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver” (Juan, 16, 16). ¿En qué quedamos, lo verán o no lo verán? (!!)

Y hay, digamos, más incongruencias entre estos capítulos; vamos a ver otras: “Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros” (Juan, 16, 26) y “Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos” (Juan, 17, 9). ¿Ruega o no ruega por sus discípulos?
Se pueden poner varios ejemplos más de contradicciones dentro de estos capítulos que demuestran que los tres, fueron un añadido posterior realizado por otra persona: “El Padre es igual que yo” (Juan, 5, 18) y “El Padre es más grande que yo” (Juan 14, 28) ¿Es igual o es mayor? Los exegetas se debatirán los sesos para encontrar explicaciones y dirán que es igual en cuanto Dios y es menor en cuanto hombre, pero siendo esto cierto, no dejan de ser explicaciones sobre un texto del que estamos diciendo que se confeccionó por etapas.

La Última Cena. Óleo de Pascal Adolphe Dagnan-Bouveret (1852-1929).

“Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido” (Juan, 5, 31) y “aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio vale porque sé de dónde vengo y adonde voy” (Juan, 8, 14) ¿En qué quedamos? ¿Es válido o no lo es? Porque las dos cosas, al mismo tiempo, no pueden ser. No sigo por este camino pero puedo afirmar que si leemos a fondo el Evangelio hay muchas otras contradicciones que demuestran que fue escrito por etapas y por parte de más de un escritor.

En la última Cena, Jesús reprocha a sus discípulos diciéndoles: “Me voy y ninguno de vosotros me pregunta, ¿adónde vas?” (Juan, 16, 5). ¿Cómo puede decirles eso si ya antes Pedro y Tomás se lo habían preguntado? “Simón Pedro le dice: «Señor, ¿a dónde vas?” (Juan 13, 36) y “Le dice Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” (Juan, 14, 5). ¿Vemos cómo existen contradicciones que demuestran esto que estamos argumentando? Digo que hay muchos más ejemplos, pero tampoco se trata de cansar haciendo un artículo excesivamente largo.

Este redactor, colaborador del líder muerto que había conocido a Jesús y que procedente de Jerusalén había redactado las dos primeras versiones del Evangelio, como acto de veneración a su maestro y como esta comunidad, como dije al principio, tenía enfrentamientos con la comunidad dirigida por Pedro, se inventó la figura del “Discípulo amado” incluyéndola en el Evangelio junto a la figura de Pedro. Posiblemente, esto lo hizo con la intención de demostrar que su líder era superior a Pedro y por eso siempre aparecen juntos, pero recalcando que la actuación del “Discípulo amado” era mejor que la de Pedro. Algunos ejemplos: en la Última Cena el “Discípulo amado” reclina la cabeza sobre el pecho de Jesús. Durante la Pasión recalca que el “Discípulo amado” estaba dando la cara mientras Pedro huía. En la mañana de Pascua el “Discípulo amado” cree mientras Pedro se queda atónito. Después de haber resucitado, Jesús le dice al “Discípulo amado” que vivirá mucho tiempo mientras Pedro queda desconcertado, etc. O sea, rivalidad entre comunidades y alguien que quiere que su líder rivalice con el “jefe” oficial de la Iglesia, que es Pedro.

Jesús entrega las llaves a San Pedro. Óleo del pintor neoclásico Jean Auguste Dominique Ingres (1820). Museé Ingres, Montauban (Francia).

Pero finalmente, como esto no tenía sentido y lo lógico era buscar la reconciliación, alrededor del año 100 hubo un acercamiento, pero para que la reconciliación fuera completa, aunque Pedro había ya muerto, se tenía que reconocer su primacía. ¿Y cómo hacerlo? Añadiendo un capítulo más al Evangelio, el capítulo 21. ¿Y por qué digo que el artículo 21 es un añadido? Porque el artículo 20 termina así: “Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre” (Juan, 20, 31).

Y es en este artículo 21 donde se reconoce la supremacía de Pedro: Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón de Juan, ¿me amas más que éstos? Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.» uelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.» e dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.» Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme” (Juan, 21, 15-19). Y esta es la cuarta y última redacción de este Evangelio y es entonces cuando las dos comunidades rivales, se unieron bajo el primado de Pedro.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

18 pensamientos en “¿Quién es el autor del Cuarto Evangelio?

  1. Otro excelente artículo que nos divulga las investigaciones del padre Ariel Alvárez, quien ya me impresionó con sus estudios acerca de cuándo se pudo haber celebrado la Última Cena.

    De todos modos el tema no me viene de nuevo ni me sorprende; ya de niña en el colegio de las monjas nos enseñaron que los Evangelios no procedían de la redacción de una sola persona, aun cuando la tradición nos diga que sí; y que entre esas personas que redactaron los cuatro Evangelios, pocas o ninguna responden al nombre de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

    Luego, durante la carrera de Historia, confirmé que, efectivamente, la mayoría de los textos antiguos de dimensiones tan grandes y trascendentales; no son nunca obra de un solo autor; aunque se atribuya al mismo. Hay un interesante debate acerca de la autoría de Homero respecto a las sagas épicas de la Ilíada y la Odisea; pero como no es el tema que tratamos aquí, no me enrollo con eso. Con otros textos ocurre lo mismo, y desde luego los bíblicos no son una excepción.

    Tengo entendido que evangelios como el de Mateo o Marcos tampoco responderían a una persona con estos nombres. Es decir, que los Cuatro Evangelistas, más que autores reales que un día se pusieron a escribir, son las atribuciones simbólicas de quienes son los auténticos autores de los Evangelios: las primeras comunidades judeocristianas.

    • La verdad es que los artículos del Padre Ariel me encantaban por su rigurosidad. Hace mucho tiempo que no tengo acceso a sus nuevas obras, que seguro que las hay.

      Eso que dices es cierto. Más de un libro atribuido a un autor, es la obra de una comunidad de autores. Y si eso pasa con la literatura profana, también lo pasa con las Sagradas Escrituras. Valga por ejemplo el Libro de los Salmos, que se atribuyen a David, cuando de sobras se sabe que es una recopilación de varios autores.

      A mi en este tema en concreto del Cuarto Evangelio, aunque se me han olvidado muchos detalles y otros los he omitido deliberadamente, lo que realmente me maravilla es la claridad con la que él argumenta cada uno de los pasos que intenta demostrar: no es escrito por un solo autor, no fue Juan y además hubo cuatro versiones, continuación la una de las otras. Y lo argumenta, usando el propio Evangelio. Es una maravilla.

      Y por supuesto que esto no quita nada al hecho de que admitamos que se trata de un libro inspirado, canónico.

      • En eso coincido plenamente contigo. Algunos habrá que se horroricen con la realidad de que no hay cuatro, sino cuarenta evangelistas 😀 pero eso no quita que sigan siendo las Sagradas Escrituras, inspiradas y basadas en el testimonio de quienes conocieron a Jesús.

  2. Gracias Antonio. Desde luego la cantidad de datos que aporta el Padre Alvarez para fundamentar que el cuarto evangelio se escribió “con varias manos” es contundente. Más allá de latrascendencia de este hecho y que entre los distintos evangelios existan contradicciones observamos que incluso dentro del mismo también los hay.

    • Pues hay otros muchos ejemplos de contradicciones dentro de este mismo evangelio, lo que da a entender que fueron varios los escritores y que se escribió por etapas. Como he dicho antes, eso no obsta para que creamos que es “Palabra de Dios”.

    • Pues independientemente de esta controversia, vale la pena leer muy despacio los discursos de Cristo durante la Última Cena.

  3. Estos artículos son una verdadera delicia, yo también concuerdo con los demás al tener en cuenta que los evangelios son resultado de una larga tradición y conjunto de textos y autores. La explicación que nos presentas en el caso del evangelio atribuido a San Juan es excelente, nada mejor que sustentar con buenos argumentos una hipótesis.

    Gracias por compartir!

    • Gracias a ti, porque hacía tiempo que no te leía; se que has estado muy, pero que muy atareada.
      Desde luego, los trabajos del Padre Ariel son una delicia. Acuérdate del de la Última Cena y el de la edad de Cristo, que también estaban basados en artículos suyos. Los argumenta perfectamente.

  4. Puaf, pues discrepo, porque veo cosas que no son tan rigurosas como dices. Pero es que sería muy largo de rebatir todo. Precisamente opino lo contrario, que es el evangelio con un autor más claro, pues habla mucho de sí mismo como en el pasaje de la lanzada: (Jn 19,35 ss) …El que lo vio es el que da testimonio… Y cuenta antes que él estaba presente junto a la cruz en Jn 19, 26.

    Y más pasajes que podemos sacar aquí en los que Juan es protagonista y que son de una intimidad que sólo el protagonista podía contarlo (los demás evangelistas ni los mencionan) como Jn 13, 23; Jn 20, 2; Jn 21, 20. De hecho es de los pocos evangelistas que habla algo con enjundia de sí mismo.

    Sobre todo es rotundo el pasaje de Jn 21, 24 que dice que… este es el discípulo que da testimonio…. o sea, Juan.

    ¿Y no habla de Galilea? Pero si aparece en todo el capítulo 4 y al final, en el 21, en el mar de Tiberiades (y el 6 como dice el artículo). Vamos, ni idea este Ariel, que ni lee el evangelio del autor que él pone en tela de juicio.

    Y no sigo porque se hace largo, pero estoy en desacuerdo con muchas cosas que ahí se dicen.

    • Este Ariel del que tu hablas un poco despectivamente, es un eminente teólogo y exégeta bíblico que se conoce las Escrituras como la palma de su mano, o sea, infinitamente mejor que tu y mejor que yo y sus trabajos son de una rigurosidad que nadie que conozca las Escrituras pone en duda. Tiene además una cosa que quizás otros no tengan: es un investigador.

      Tu si lo cuestionas, en tu derecho estás y debes entender mucho de esto, pero si quieres rebatimos este tema con más detenimiento utilizando los textos originales griegos y no solo la Vulgata.

      Aunque tu no lo hagas, como él piensan multitud de biblistas. Y por supuesto, que quede meridianamente claro que esto no obsta en absoluto para que admitamos que el Cuarto Evangelio es Palabra de Dios.

      • ¿Despectivamente? Antonio, no era mi intención. ¡Pero si sólo digo que su argumento sobre Galilea es erróneo! ¡Si sólo hay que mirar en el mismo Evangelio! ¡Por Dios!
        ¡Ahora vamos a dar más importancia a un comentario de un exegeta que al mismo Evangelio!

        • David, cualquier persona documentada en el tema de los textos bíblicos sabe que éstos no pueden tomarse al pie de la letra, sin más, la palabra por la palabra.

          Sin negar que son Sagradas Escrituras y por tanto inspiradas por Dios; hay que recordar que los textos bíblicos son documentos literarios que forman parte de una cultura, de una espiritualidad y de un contexto histórico muy concretos. Tomarlos al pie de la letra, sin más, como hacen, por ejemplo, los protestantes; significa desconocer esta naturaleza literaria de las Sagradas Escrituras y tomarlos por informes científicos imparciales o periodísticos, cosa que no son. Y cualquier experto bíblico lo sabe y lo domina desde hace mucho, mucho tiempo.

          Es por eso que necesitamos de los exégetas para la interpretación de las Sagradas Escrituras, lo mismo que necesitamos de los historiadores para comprender la Historia y de los científicos para vislumbrar el funcionamiento del mundo físico.

          Renunciar a estos expertos que nos ayudan a la lectura y la interpretación de la realidad es caer en un simplismo que roza el ridículo. ¿O es que crees que todavía se defiende LITERALMENTE la creación del mundo en siete días, la existencia de Adán y Eva como personas físicas y padres de la humanidad; u otros detalles que deben interpretarse en clave simbólica y, que desde hace mucho tiempo, de hecho, la Iglesia YA interpreta en clave simbólica?

          Todo mi respeto al padre Álvarez y a los exégetas bíblicos que, con su formación y estudios, nos ofrecen interpretaciones que nos muestran la realidad vislumbrable a través de las Sagradas Escrituras, más allá de la lectura literal del texto.

  5. ¿Acaso yo defiendo la literalidad de los textos?, ¿cuándo dije yo eso?. Creo que no me he sabido explicar o no se me ha entendido. Todo eso de los exegetas que dices está muy bien y estoy de acuerdo, pero nunca un exegeta está por encima de la Palabra de Dios. Uno no puede retorcer el texto hasta hacerlo decir lo que a uno le conviene para defender su tesis.

    Siguiendo con lo único que le rebato a este señor (es que no quiero entrar en más cosas): si en el Evangelio se presenta a Jesús varias veces en Galilea (ya puse las citas) Ariel no puede decir que sólo está una vez (pues sería ir contra el texto) y sacar el argumento de que entonces el Evangelio está escrito por alguien cercano al Templo (no sé qué tendrá que ver).

    Pero que conste que ni estoy contra los exegetas (hay muchos santos), ni con la literalidad de los textos.

    • Disculpa, David, no pretendía ofenderte. A mí me parece que el padre Alvárez da bastante fe de todo lo que dice y me parece un investigador muy serio y riguroso; no “uno que retuerce un texto hasta hacerlo decir lo que a uno le conviene para defender su tesis”, como dices literalmente.

      Con éste ya es el tercer artículo que leo fundamentado en los estudios de ese hombre y si hay algo que no es; es un manipulador, como pareces dar a entender. Recomiendo que leas antes más trabajos suyos antes de juzgarlo sin más. Estamos hablando de un padre franciscano, no de un friki iluminado.

      No sé, me da la impresión -y puedo estar equivocada, no lo tomes a mal- que, como no te ha gustado lo que has leído, quieres poner en cuestión la rigurosidad de este exégeta… pero para eso, lo dicho: te recomiendo que leas más sobre él.

      De todos modos, por favor, no me entiendas mal: tienes todo el derecho del mundo a discrepar y me parece bien que lo hagas, suscitando este debate. Pero ten en cuenta que lo que nos presenta Antonio es una síntesis de unas notas que él tomó sobre el trabajo del padre Alvárez, no el trabajo del padre Alvárez en sí mismo. Por eso te recomiendo una vez más que acudas a la fuente.

      • Partamos de la base de que yo creo firmemente que la Sagrada Biblia es la Palabra de Dios; en su conjunto y libro por libro.
        Pero nadie me negará que este Libro Sagrado es el conjunto de muchos libros (72), escritos por distintos personajes, en épocas y ambientes muy diversos, con estilos literarios también distintos, con textos retocados bien por su propio autor o por otros autores posteriores y muchos condicionantes más. Por eso, el estudio de las Escrituras es ciertamente una ciencia en la que continuamente se está avanzando.

        El Nuevo Testamento se escribió en un período corto de tiempo: unos sesenta años, pero el Antiguo, fue escrito y reescrito a lo largo de más de mil años; por eso es un tema muy complejo con el déficit añadido de que no todas las traducciones han sido siempre las correctas, existiendo errores de traducción incluso en la mismísima Vulgata.

        De contradicciones en la Biblia podríamos estar hablando horas y horas; incluso de contradicciones en el mismísimo Cuarto Evangelio. Por simplificar diré que mientras que en una época se nos presenta a Dios como un personaje justiciero y vengativo, en otra, se nos presenta como un Padre amoroso. Ambos conceptos distintos y/o contrarios, están en la Biblia y si son contrarios, con alguno de ellos nos tendremos que quedar. Yo por supuesto, me quedo con el segundo.
        Incluso, para más inri hasta la Iglesia, durante algún tiempo, “no recomendaba la lectura” (por decirlo de forma suave) de uno de los libros sagrados del Antiguo Testamento: el Cantar de los cantares.

        Pero dicho todo esto, hay que afirmar que para entender o comprender mejor la Palabra de Dios (la Biblia o algunos de sus libros) hay que recurrir a los estudios de especialistas, que los ha habido y actualmente los hay muy buenos. Yo, y no quiero vanagloriarme, he leído varias veces las Sagradas Escrituras, incluso íntegramente en latín y en griego y he leído innumerables comentarios de muchos libros sagrados y tengo que decir que el Padre Ariel, no solo es un doctor en la materia, sino que sabe perfectamente cómo argumentar todos sus escritos sobre las Sagradas Escrituras.

        ¿Qué se puede no compartir sus estudios o las conclusiones de los mismos? Por supuesto que si, pero eso no da derecho a decir o insinuar que es una persona que no sabe de lo que habla. Es actualmente, uno de los exegetas más preparados en Sagradas Escrituras. Y como así lo creo, si encuentro nuevos artículos suyos, los traeré nuevamente a este blog.
        Y termino: lo escribiera quién lo escribiera y lo escribiera en los tiempos o etapas que fuera, el Cuarto Evangelio es Palabra de Dios.

  6. Vamos a ver. Todo esto que decís está requetechuli y no discrepo. No estoy en contra de los especialistas como creéis. Y por supuesto es real que todos los Evangelios fueron retocados, actualizados y demás, seguramente por discípulos de los evangelistas o similares. Aunque eso no es argumento que quite el núcleo no sea del mismo san Juan, que es el que nos ocupa.

    San Ireneo, discípulo de san Policarpo, discípulo a su vez del mismo san Juan (sabría algo del tema, digo yo), atribuye la autoría del evangelio al discípulo amado con estas palabras: “Juan, el discípulo del Señor,…, dio su evangelio cuando moraba en Éfeso,…”. Lo mismo dice Orígenes, Tertuliano y los padres de Antioquía. No voy a desconfiar de ellos.

    ¿Que hay contradicciones? ¿Y en qué texto bíblico no las hay? Añado una yo: ¿cuándo fue azotado Jesús?, ¿antes o después de la presentación al pueblo? Buscad y veréis que hay contradiciones entre los sinópticos y Juan. La respuesta: ¡y qué mas da cuando fue azotado!, el caso es que lo fue. Las contradicciones son también fuente de reflexión, pues nos hacen meditar sobre lo que quería decir el autor sagrado, y no deberían ser fuente de argumentaciones de otras cosas precisamente por su misma naturaleza contradictoria.

    Pero vuelvo a decir lo que dije al principio: que hay argumentos que se dicen ahí que están erróneos y contra esto voy. De esto no queréis debatir y os vais por los cerros de Úbeda diciendo tal y cual cosa sobre este hombre. Os presento argumentos, con sus citas, claros, del mismo Evangelio, que desmontan un par de cosillas y, a pesar de todo, seguís creyendo antes lo que dice el padre Ariel que el mismo Evangelio. ¡Sois más testarudos que yo, lo cual creía imposible!

    Os saqué al principio sólo dos argumentos, y sigo con ellos, aunque hay varias cosas en las que no estoy de acuerdo. Si con sólo este par de cosas nos estamos eternizando, pues no me quiero imaginar si saco otras más.

    Siendo ya cansino :

    1) Se dice ahí que el Evangelio de Juan muestra sólo una vez a Galilea, en el capítulo 4. Pues bien, os pongo las citas que demuestran lo contrario (más que la otra vez para que veáis todas las que hay que colocan a Jesús, en este evangelio, en Galilea):
    Jn 1, 43: Coloca a Jesús en camino hacia Galilea
    Jn 2,1ss: Las bodas de Caná (de Galilea)
    Jn 2, 12: Baja a Cafarnaúm con los suyos
    Jn 4, 3: Parte, tras una estancia en Judea, a Galilea
    Jn 4, 46: Tras pasar por Samaria llega a Caná (Galilea)
    Jn 6, 1ss: Viniendo desde Jerusalén llega al mar de Galilea: multiplicación de los panes. Esta cita sí es comentada.
    Jn 6, 17ss: A Cafarnaúm en barca
    Jn 7, 1 ss: Se queda en Galilea por miedo a los judíos.
    Jn 21, 1: Aparición junto al mar de Galilea o Tiberiades.
    Bueno, se puede rebuscar más pero creo que es más que suficiente para desmontar el argumento de que Jesús estuvo poco en Galilea.

    2) También os comenté algo sobre el discípulo amado. Vuelvo al mismo argumento: san Juan se proclama testigo de los acontecimientos más íntimos y transcendentales de Jesús. Si no él mismo, también los otros evangelistas lo sitúan siempre en el “meollo”: milagros, transfiguración, en el pecho de Jesús en la Última Cena, en Getsemaní, junto a María en el Gólgota, acompaña a Pedro a visitar el sepulcro vacío, reconoce el primero al Señor en el mar de Tiberiades,… Aunque hay pasajes que sólo él cuenta, como dije. Todo esto denota una experiencia increíble, de testigo privilegiado en primera fila, que quiere compartirnos en su Evangelio. Y precisamente él se declara testigo de estos hechos maravillosos en varias ocasiones autoproclamándose narrador veraz: Jn 19, 35 y Jn 21, 24. Esto no lo dice ningún evangelista, sólo Lucas se acerca un poco.

    Y podríamos seguir, pero es que esto es muy largo y ni me vais a convencer, ni yo a vosotros.

    Y un argumento que no quería sacar porque sólo quería basarme en mis argumentos, pero como es la última vez que hablo sobre el tema creo que debo decirlo: al estar censurado desde 1995 por la Iglesia no puedo seguir al padre Ariel, lo siento. Y fijaos que digo “padre Ariel”, porque aunque él haya renunciado a su estado clerical sigue siendo presbítero.

    • Yo también es la última vez que comento en este punto.
      Repito que he hecho el artículo basándome en unos apuntes suyos tomados hace algún tiempo y seguro que no fueron completos, lo cual no es culpa del padre Ariel, sino mía.
      ¿Por qué está mal ubicado en el evangelio el capítulo 6, si el escritor estuvo presente? ¿Á que vienen los añadidos capítulos 15, 16 y 17 si había terminado de hablar en el capítulo 14? ¿Por qué no los puso antes? ¿Y las preguntas contradictorias dentro de esos textos? ¿Y el añadido final del artículo 21? ¿Y la teoría del “discípulo amado” que da un olorcillo a falsa modestia…? ¿Y…….?

      En fin, él basa en todos esos hechos sus dudas acerca de quién fue en realidad el redactor o redactores del Evangelio, pero tú, al final lo has aclarado todo: el padre Ariel fue censurado por Roma en el 1995. Ya sabemos de sobras lo que ha hecho siempre Roma cuando, según ellos, “alguien se ha desviado” de lo por Roma ordenado: cerrojazo y si no, que se lo pregunten a quienes defienden la teología de la liberación e incluso a algún teólogo amigo personal del actual Papa. ¿Ponemos ejemplos de teólogos progresistas censurados por Roma en los dos últimos papados? Porque los hay por decenas.

      ¿Cuántos santos han sido oficialmente censurados y posteriormente canonizados? ¿Ponemos ejemplos? Ya irán saliendo en algunos artículos e incluso de algunos ya hemos escrito.
      En este tema es mejor que me calle porque si no, diré alguna “cosilla” no especialmente ortodoxa. Desde luego yo no soy de los que dicen amén en el cien por cien de los casos.

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