Santa Febronia de Nisibe

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Icono ortodoxo ruso de la Santa, ataviada, por anacronismo, como una monja ortodoxa y rodeada de las escenas de su vida y martirio.

Pregunta: ¿Cuál es la historia de Santa Febronia? Filipinas.

Respuesta: Antes que nada, aclarar que hay al menos tres Santas que responden a este nombre. La primera Febronia, más bien llamada Trofimena (5 julio) virgen y mártir de 12 años a la que su padre mató cuando supo de su conversión al cristianismo, Santa Febronia de Murom, princesa de Rusia (24 de junio) y Santa Febronia de Nisibe, virgen y mártir (25 de junio) que es por la que me preguntas, por ser la más conocida.

Los cristianos ortodoxos le tienen gran veneración y no en vano la invocan con el epíteto de “La Muy Sufriente”, por su largo y lento martirio. Ello tuvo lugar, según la tradición durante el reinado de Diocleciano (284-305) en la ciudad de Sibápolis (actual Nisibe), en Asiria. Era religiosa en el “convento” de su tía Santa Brienis, una comunidad de vírgenes cristianas donde Febronia se dedicaba a la lectura de textos sagrados y a predicar el Evangelio a las mujeres paganas, que acudían a escucharla, y practicaba severa penitencia.

Con el estallido de la persecución llegó a la provincia el gobernador Seleno y con él sus adjuntos Lisímaco y primo. Si bien el primero era un ser sin escrúpulos, los otros dos sentían compasión por los cristianos y acudieron al monasterio a advertir a las vírgenes, que huyeron todas salvo Brienis, la “vicepriora” Tomaide y la misma Febronia. Cuando los soldados se apoderaron del edificio, Febronia se ofreció a acompañarlos voluntariamente a cambio de que dejaran en paz a Brienis y Tomaide, que eran ancianas. Sin embargo, ésta última la siguió cuando se la llevaron, y oculta entre la multitud, quien supuestamente presenció su martirio y luego lo transcribió para que fuera recordado.

Martirio de la Santa. Fresco en la catedral de Tiruchirapalli, Tamil Nadu (India).

Seleno trató de que Febronia renegara del cristianismo, viéndola joven y bella, llegó a ofrecerle a Lisímaco en matrimonio a cambio de que sacrificara. No sirvió de nada, y dio comienzo un largo proceso en que la torturaba, paraba, la interrogaba, la volvía a torturar, durante un amplio espacio de tiempo. Primero la hizo desnudar y amarrar en una postura indecente –abierta de brazos y piernas a cuatro estacas – ante el público que llenaba la plaza, para avergonzarla. Luego mandó azotarla y encenderle una hoguera debajo, por lo que le destrozaron el cuerpo mientras se quemaba. Se desmayó, y vuelta en sí, le desgarraron el cuerpo con garfios y la quemaron con antorchas, y luego le rompieron todos los dientes de la boca. Vuelta a desmayar, esperó a que se recuperara y entonces mandó cortarle a hachazos los dos pechos, las manos, y finalmente los pies. Tal muestra de salvajismo tenía enardecida a la multitud, que gritaba y se revolvía contra el gobernador. Finalmente, y como viera que nada servía para doblegar a la joven, mandó ponerle fin cortándole la cabeza.

Los restos de la joven fueron devueltos a su tía, que la enterró en el convento. Su martirio logró la conversión de muchas mujeres de la zona que habían acudido a presenciar el suplicio, así como la de Lisímaco y Primo. En su sepulcro se inició el culto, y el obispo local (San Juan de Nisibis) mandó levantarle una iglesia donde transfirió una parte de sus reliquias. En el 363 fueron trasladadas a Constantinopla. Tal es lo que dice la passio.

Brazo-relicario de la Santa venerado en Patti (Italia)

Brazo-relicario de la Santa venerado en Patti (Italia)

La realidad histórica, por desgracia, es poco halagüeña respecto a la existencia real de esta mártir. El culto de Febronia, santa taumaturga (“obradora de maravillas”) no es anterior al siglo VII, y nació en los confines del imperio bizantino, zona donde dominaba la doctrina nestoriana. Los hagiógrafos de la zona, según J. Simon, no vacilaron en inventarse la passio para luchar contra la doctrina monofisita, con la intención de demostrar que su pasado era tan “glorioso” como el de la iglesia griega. Si Edesa era la capital del monofisismo, Nisibe lo fue de los nestorianos. Era necesario presumir de mártires anteriores a la persecución de Sapor, y se inventaron a Febronia y su heroico y espeluznante martirio. No parece estar nada claro como esta santa, creación de los nestorianos, pasó a la iglesia monofisita, y luego a las iglesias bizantina y occidental, pero el hecho es que actualmente es conmemorada en todas ellas.

En cuanto a las reliquias, no es menor el caos: la ciudad italiana de Trani presume de tener el cuerpo de la Santa, de la cual se veneran dos cráneos, por cierto, uno en una iglesia de Roma y otro en un monasterio de Serbia. Cada cual, por supuesto, afirma que tiene la reliquia auténtica. La polémica está servida.

Meldelen

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Santa Agripina, virgen mártir romana (II): visión de una católica

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Imagen procesional de la Santa que se venera en la ciudad de Mineo, Italia.

Pregunta: Oye Mel, ¿sabes si esta santa es mártir? Suecia

Respuesta: Sí que lo es. Santa Agripina, virgen y mártir (23 de junio) cuyo nombre es por cierto de ilustre memoria en la antigua onomástica romana [1], es una santa que veneran por igual cristianos católicos y ortodoxos, pero de la que realmente se sabe más bien poco.

La tradición, que no merece credibilidad histórica, nos habla de una mujer de noble abolengo que había consagrado su virginidad a Cristo y vivía recluida en su casa, pero realizando obras de caridad con todos los que llamaban a su puerta. Durante la persecución de Valeriano (257-260), escandalizada por las matanzas de cristianos, pidió una audiencia con el emperador y por ser de ilustre familia se la concedieron. Llevada ante Valeriano le recriminó duramente su proceder con la comunidad cristiana e instándole a convertirse si no quería ir al fuego eterno junto con sus dioses. Cuando el césar le impelió a sacrificar, ella se negó rotundamente, por lo que mandó castigarla. Después de ser exhibida desnuda ante la multitud, fue extendida desnuda en el suelo, severamente apaleada y le rompieron varios huesos, tras lo cual la encadenaron en la cárcel.

Tras varias sesiones semejantes, acabó por morir, en la celda o en el tormento; y tres jóvenes piadosas, Paula, Basa y Agatónica, tomaron su cadáver y lo llevaron a la basílica de San Pablo Extramuros, donde fue enterrada. Posteriormente un monje la desenterró y trasladó a Sicilia, donde fue recibida por San Gregorio de Agrigento, quien la trasladó a la ciudad de Mineo. En tiempos de Constantino, un tal Severino, obispo de Catania, le levantó una iglesia. En el siglo XI sus reliquias fueron desenterradas y llevadas a Constantinopla para protegerlas de la profanación de la piratería turca.

Otra versión dice que fue flagelada y murió decapitada en tiempos de Diocleciano; lo cual, con ser lo más común, parecería más creíble; aunque tampoco tendría por qué, ya que la originalidad de la versión de Valeriano también habla en su favor. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, de haber sido realmente una mujer noble, la muerte por apaleamiento no parece posible, por razones que he expuesto en artículos anteriores, uno en concreto que recomiendo leer. La decapitación parece más plausible, si es que era noble. Pero, ¿lo era?

Martirio de la Santa. Grabado de Antonio Tempesta (ca.1600) para "Illustrazione de molte sante vergini e martiri romane nel martirio", Istituto Nazionale per la Grafica, Roma, Italia.

Ya sabemos lo que dice la tradición. Ahora bien, ¿qué sabemos de la Agripina histórica? Ciertamente no hay que fiarse de la passio porque ésta fue escrita en el siglo VIII y es, por tanto, considerablemente posterior a la fecha de su martirio. Es por eso que el Laconi dice que esta historia es poco verosímil; sin embargo, tiene puntos de verdad: las buenas relaciones entre los monjes basilianos griegos de Sicilia con los de Roma, que San Gregorio fue obispo de Agrigento, pero en el siglo VII-VIII y no en tiempos de Constantino. En cuanto al tal Severo –que no Severino- sí fue obispo de Catania, pero también en el siglo VII. Para explicar la popularidad de la santa, el hagiógrafo Papebrochio determinó que la traslación de las reliquias sería más tardía, pero no hay prueba de ello.

En conclusión: muy probablemente Santa Agripina es una santa histórica, cuya existencia y martirio es real, pero de la que no se sabe con certeza cómo fue martirizada. Es patrona de la ciudad siciliana de Mineo y de los emigrantes de esta ciudad en Boston (EEUU) donde a fecha de hoy siguen celebrándole fiesta. Es muy típico que aparezca recubierta con dólares americanos, cosa que se hace allá prácticamente con todos los Santos venerados por los italoamericanos, y que es una forma de pedirles riqueza y prosperidad.

Lienzo anónimo italiano en Mineo, Sicilia; que confirma la iconografía de la Santa: cruz, torre y cabeza de Valeriano.

Es protectora de los leprosos y de las víctimas de la tortura –por su martirio- y se la invoca contra los malos espíritus (por lo que también ha aparecido con un demonio encadenado a sus pies, compartiendo este atributo iconográfico con mártires como Juliana de Nicomedia o Dimpna de Gheel). También aparece repartiendo pan entre los pobres, en recuerdo a sus obras de caridad. Su iconografía más conocida, sin embargo, consiste en una pequeña torre -que simboliza la ciudad de Mineo, su protegida- sobre un libro -el Evangelio-, una cruz y la cabeza del césar Valeriano a sus pies.

Para deleite de nuestro amigo y compañero Salvador, adjunto los gozos que se cantan a esta Santa en Cataluña, tanto la versión original en catalán, como la traducción al castellano para los que no estén familiarizados con esta lengua. El texto es de Enric Balaguer Mestres.

Per les rutes de l'Amor
el teu viure s'endevina.
Dónan's coratge i fervor,
verge i màrtir Agripina.

Esposada amb Déu mateix
millor enllaç ningú no hauria.
Un amor de doble esqueix:
castedat i coratgia.
Res no tems. La teva albor
desconeix llum ponentina.
Dónan's coratge i fervor,
verge i màrtir Agripina.

D'ascendència noble, acuts
al captaire. També exhortes
amb almoines de virtuts
i d'exemples. Obren portes
mas i cors, rera un fulgor
encerclat de fe divina.
Dónan's coratge i fervor,
verge i màrtir Agripina.

El teu fer, no es un mannà?
Flor i llevat del Crist, deixebla.
Enfront teu, Valerià,
no serà l'espasa feble.
Inhumà -cruel furor-,
al suplici et subordina.
Dónan's coratge i fervor,
verge i màrtir Agripina.

Que manyaga! Dus al pit
la beutat fragant del lliri.
Si la testa cau, el crit
es un càntic al martiri.
Torturada, l'inclit llor
del turment és ja doctrina.
Dónan's coratge i fervor,
verge i màrtir Agripina.

Quan el cos han sepultat,
l'esperit per tot aroma.
Oh pa blanc de l'amistat!
En secret t'han tret de Roma,
i a Mineu, sense temor,
el silenci peregrina.
Dónan's coratge i fervor,
verge i màrtir Agripina.

Les despulles són motiu
que, amb bagatge de família,
es congregui, invocatiu,
l'humil poble de Sicília.
Sempre atent al teu favor,
esdevens d'ell medecina.
Dónan's coratge i fervor,
verge i màrtir Agripina.

Tot respira a llibertat
de l'obsés fur del diable.
Salvaguarda en tempestat:
del llebrós, refugi amable.
Fes-nos braus, davant l'error,
amb volades de gavina.
Dónan's coratge i fervor,
verge i màrtir Agripina.

Per les rutes de l'Amor
el teu viure s'endevina.
Dónan's coratge i fervor,
verge i màrtir Agripina.
Por las rutas del Amor
tu vivencia se adivina.
Danos coraje y fervor
virgen y mártir Agripina.

Desposada con Dios mismo
mejor enlace nadie tendría.
Un amor de doble eje:
castidad y valentía.
Nada temes. Tu aurora
desconoce luz ponentina.
Danos coraje y fervor
virgen y mártir Agripina.

De ascendencia noble, acudes
al mendigo. También exhortas
con limosnas de virtud
y de ejemplos. Abren puertas
manos y corazones, tras un fulgor
cercado de fe divina.
Danos coraje y fervor
virgen y mártir Agripina.

Tu hacer, ¿no es maná?
Flor y levadura de Cristo, discípula.
Frente a ti, Valeriano,
no será la espada débil.
Inhumano -cruel furor-,
al suplicio te subordina.
Danos coraje y fervor
virgen y mártir Agripina.

¡Qué niña! Llevas en el pecho
la belleza fragante del lirio.
Si la cabeza cae, el grito
es un cántico al martirio.
Torturada, el ínclito laurel
del tormento es ya doctrina.
Danos coraje y fervor
virgen y mártir Agripina.

Cuando el cuerpo han sepultado,
el espíritu por todas parte perfuma.
¡Oh pan blanco de la amistad!
En secreto te han sacado de Roma,
y a Mineo, sin temor,
el silencio peregrina.
Danos coraje y fervor
virgen y mártir Agripina.

Los despojos son motivo
que, con legado de familia,
se congregue, invocativo,
el humilde pueblo de Sicilia.
Siempre atento a tu favor,
te conviertes de él en medicina.
Danos coraje y fervor
virgen y mártir Agripina.

Todo respira a libertad
de la obsesa ley del diablo.
Salvaguarda en tempestad:
del leproso, refugio amable.
Haznos valientes, ante el error,
con vuelos de gaviota.
Danos coraje y fervor
virgen y mártir Agripina.

Por las rutas del Amor
tu vivencia se adivina.
Danos coraje y fervor
virgen y mártir Agripina.

Meldelen


[1] Agripina es la variante femenina del nomen romano Agripa, también muy común en la onomástica romana, existiendo también un diminutivo: Agripinila. Significa «nacida de un parto difícil». En un principio, parece que se daba este nombre, a modo de apodo, a los bebés que en el momento del parto, salían al exterior por los pies, y no asomando la cabeza como suele ser más común. Quizá algún antepasado de estas ilustres familias romanas nació así; y a partir de ese momento el apodo fue heredándose de padres a hijos, como solía ocurrir por casos documentados como el de Cicerón, Cecilia, Rufino, Flavia… todos apodos que aluden a características particulares de algún antepasado.

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Santa Agripina, virgen mártir romana (I): visión de un ortodoxo

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Icono ortodoxo griego de la Santa entre los Santos Cayo (izqda.) y Aristocles (dcha.)

Santa Agripina era una piadosa virgen cristiana, oriunda de Roma, que sufrió el martirio por Cristo, probablemente, en tiempos del emperador Valeriano (253-260), el cual inició una persecución contra los cristianos en el año 257.

La pequeña historia que sobre ella nos transmite el Sinaxario griego, no nos dice mucho. No existe ninguna otra información sobre ella, solo que provenía de una familia noble. El contexto en el que fue acusada y condenada como cristiana es también desconocido. Solo en la versión latina, escrita probablemente en el siglo VIII (Bibliotheca hagiographica latina antiquae et mediae aetatis, vol.1. Bruxelles, 1898, p. 29), se da fe de que la noble virgen Agripina se dedicaba a la caridad. El canon litúrgico de los himnos del Menologio bizantino da una sumaria información sobre el hecho de que Santa Agripina fue golpeada por sus perseguidores estando tendida en el suelo, sin conseguir que abjurase de su fe en Cristo.

Finalmente, después de recibir otras torturas, incluyendo la desnudez pública, entregó su alma en las manos del Todopoderoso. El Sinaxario menciona que en vez de tomar la corona de una novia, cogió la corona del martirio.

La veneración de Santa Agripina
La historia no termina aquí. Las reliquias de la santa fueron sepultadas en el cementerio de la iglesia de San Pablo Extramuros, pero más tarde, fueron llevadas en secreto por tres vírgenes, Basa, Paula y Agatónica que, huyendo de Roma, marcharon por mar hasta Sicilia. En primer lugar, las reliquias permanecieron en una gruta en Contrada Lamia (llamada hoy cueva de Santa Agripina) y más tarde, el 17 de mayo del año 263, fueron llevadas a Mineo, en el centro de Sicilia por parte del obispo Gregorio de Agrigento. Más tarde, durante el reinado de Constantino, sobre su tumba se construyó una iglesia en su honor, iglesia que fue consagrada por el obispo Severino de Catania. De todos modos, estas fechas son discutibles y muchos investigadores creen que la iglesia de Santa Agripina fue construida entre los siglos VIII-IX, porque en este período de tiempo también existen dos obispos con el mismo nombre que los mencionados anteriormente. También existe una mención acerca de un asedio a la ciudad por parte de los sarracenos (árabes); entraron en la iglesia construida sobre la tumba de la santa y quisieron profanar sus reliquias, pero no pudieron porque milagrosamente quedaron detenidos, aunque no se aclara cómo fueron detenidos.

Relieve marmóreo de la Santa en la ciudad italiana de Mineo.

Las sagradas reliquias de Santa Agripina han ayudado a algunos creyentes que han recurrido a ella y los ha sanado de sus enfermedades. La santa es protectora contra las tormentas en el mar, contra la lepra y contra los malos espíritus.

Debido a la importante población griega existente en Sicilia en aquella época, el culto a Santa Agripina se extendió también por la Iglesia de Oriente. Allí se celebra también el mismo día indicado por el Martirologio Romano: el 23 de junio. En Occidente ella es venerada el 23 de junio (fecha del martirio), el 17 de mayo (fecha del traslado de las reliquias a Mineo) y el tercer miércoles de la Gran Cuaresma. En Estados Unidos es especialmente celebrada en el primer fin de semana del mes de agosto. Durante la gran migración de italianos a Norteamérica, un grupo de sicilianos de Mineo se establecieron en North End, un barrio de Boston y con ellos llevaron el culto a Santa Agripina. El día de hoy no es solo la fiesta de la comunidad italiana de Boston, sino de toda la ciudad y desde el año 1914 se celebra una procesión especial, paseando una escultura de la Santa por las calles de la ciudad.

Troparion (himno) de Santa Agripina
Tu mártir Agripina, ¡oh Jesús!, grita en voz alta: «A Tí, mi Esposo, busco y deseo con ahínco; y estoy crucificada y enterrada contigo en Tu Bautismo; y sufro por Ti, de manera que pueda reinar contigo; y muero por Ti, de manera que pueda vivir en Ti». Así pues, acepta como sacrificio inmaculado a la que ardientemente fue sacrificada por Ti. Por su intercesión, oh misericordioso Salvador, salva nuestras almas.

Procesión en honor a la Santa en North End, Boston (EEUU), donde es típico recubrirla con dólares americanos para pedirle prosperidad.

Oración italiana en la ceremonia en honor de Santa Agripina:
¡Oh Dios! que has otorgado a Santa Agripina la gracia de unir a la palma del martirio la flor de la virginidad; concédenos que por su ayuda superemos las pasiones de la carne y las trampas de este mundo para conseguir la alegría eterna. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Mitrut Popoiu

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Comentario a la leyenda de Santa Filomena (II)

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La Santa ante Diocleciano. Fotografía de una representación teatral de la vida de la Santa, tomada en julio de 1921. Siersthal, Francia.

“Debido a mi nacimiento muchas familias en el Reino llegaron a ser cristianas. Yo crecí en la enseñanza del Evangelio, que se grababa profundamente en mi corazón. Cuando tenía sólo cinco años, recibí por primera vez a Jesucristo en la Santa Eucaristía; y ese día, fue sembrado en mi corazón el deseo de estar unida para siempre a mi Redentor, Esposo de las vírgenes. A los once años me consagré a Él por voto solemne. Llegó el año trece de mi vida. La paz de Cristo que, hasta ese día, había reinado en la casa y en el reino de mi padre, fue perturbada por el orgulloso y poderoso emperador Diocleciano, quien, injustamente, nos declaró la guerra. Mi padre, comprendiendo que no podía enfrentarse a Diocleciano, decidió ir a Roma a hacer un pacto de paz con él. Era grande la tierna afección que mi padre tenía por mí, que no podía vivir sin tenerme a su lado. Es así que me llevó con él a Roma. Y mi madre, que no quiso dejarnos ir solos, nos acompañó.

Habiendo llegado a Roma, mi padre pidió audiencia con el Emperador, y el día señalado, quiso que mi madre y yo lo acompañaramos al palacio de los Césares. Introducidos en presencia del Emperador, mientras mi padre defendía su causa y denunciaba la injusticia de la guerra con que lo estaba amenazando, el Emperador no dejaba de mirarme.

Finalmente Diocleciano, interrumpió a mi padre, y le dijo con benevolencia:
«No te angusties más. Tu ansiedad está por terminarse… consuélate. Tu tendrás toda la fuerza Imperial para tu protección y la de tu Estado, si aceptas una sóla condición: darme a tu hija Filomena como esposa»
Enseguida, mis padres aceptaron su condicón. Yo no dije nada, pues no convenía oponerme a mi padre frente al Emperador… pero en mi interior, dialogando con mi Esposo Jesús, estaba firmemente decidida en permanecerle fiel, a cualquier precio.»

La Santa rechaza a Diocleciano. Fresco neoclásico de la Basílica de San Jean-Marie Vianney, Ars (Francia).

Este pasaje carece especialmente de sentido, por muchos motivos. El primero ya lo apuntábamos en el artículo anterior: en época de Diocleciano ya no existía ningún Estado independiente en Grecia, que estaba toda provincializada y anexionada al Imperio, y regida por pretores y gobernadores romanos. Por tanto, no habiendo rey ni reino, no se precisaban pactos con el emperador romano. Por cierto, que en esta época Diocleciano había dividido en dos el Imperio, estableciendo el Oriente para él y el Occidente para Maximino, y ni uno ni el otro residían en Roma en aquel entonces, sino en Rávena uno y en Constantinopla el otro.

Por si esto no fuera poco para demostrar lo ingenuo del relato, en la época que nos ocupa Diocleciano no estaba “casadero”. Era ya anciano, estaba enfermo y a punto de retirarse a Croacia, donde moriría poco después. Y estaba ya casado, con la única mujer que tuvo: la emperatriz Prisca, una mujer compasiva y favorable hacia los cristianos, de la que se ha querido decir que era cristiana (imponiéndole el seudónimo de “Santa Serena”) y que Diocleciano la había hecho matar, lo cual es rotundamente falso. Algunos devotos de Santa Filomena han dicho que seguramente Diocleciano ya estaría viudo en aquel entonces y por eso podía pedir a Filomena en matrimonio. Esto también es falso. Prisca sobrevivió a Diocleciano, quien jamás le hizo daño, aunque poco después sería asesinada junto con su hija Valeria por orden del emperador Licinio.

No estando viudo, y estando ya anciano y enfermo, y ni siquiera residente en Roma, lo último que le interesaba a Diocleciano era buscar matrimonios por capricho con una jovencísima virgen griega. Cualquier persona con sentido común puede establecer que si alguien del poder y la autoridad de un emperador romano desea poseer por capricho a una mujer, le basta con chasquear los dedos para conseguirla, sin necesidad de matrimonios. Eso, naturalmente, era reprobable a los ojos de la moral de la sociedad romana, pero no por ello algunos emperadores se privaron de estos caprichos. En cuanto al matrimonio, la poligamia estaba estrictamente prohibida por la ley romana, y un emperador sólo debía casarse con una mujer romana de su mismo estatus social.

La Santa rechaza a Diocleciano. Vidriera decimonónica en la iglesia de la Santa, Santiago de Chile.

Pero el problema es que la piedad cristiana ha tiranizado y demonizado en exceso a los emperadores romanos, y sobre todo a Diocleciano. No cabe duda de que él fue un perseguidor de los cristianos, sería una necedad pretender negarlo. Cierto es que el edicto lo promulgó más instigado por el César Galerio, compañero de gobierno en el sistema tetrártico de la época, que por voluntad suya, pero lo promulgó. Aún así, no era un monstruo sediento de sangre. Probablemente sabía que su esposa y su hija eran favorables a los cristianos, y nunca emprendió acciones contra ellas. Es muy probable que Diocleciano jamás tuviese ante sus ojos ningún cristiano; simplemente porque era un hombre de una estricta moral, que a diferencia de anteriores emperadores, apenas aparecía en público, no le gustaba ser observado ni aclamado por las masas, y se mantenía en palacio el mayor tiempo posible, especialmente en los últimos años de su vida. Tenía magistrados y jueces de sobra para llevar por él cualquier juicio o proceso, tareas que no correspondían al Augusto. Sólo recibía en audiencia a algunas autoridades en contadas excepciones, y siempre con gran misterio y parafernalia, pues se consideraba a sí mismo divino, concediéndose el título de Jupiteriano, “semejante a Júpiter”. Un hombre así nunca se hubiese rebajado a recibir cristianos en su presencia para torturarles y hacerles ejecutar, ni para desear a una joven virgen porque sí.

Y desde luego, si Diocleciano hubiese querido casarse con una niña de trece años, en modo alguno era un pervertido: en Roma, una mujer estaba facultada por la ley para casarse a partir de los doce años, más o menos por la época de la primera menstruación. No era una barbaridad en aquella época. Otras culturas las casaban mucho más jóvenes, como sabemos por ejemplos de hasta hoy en día.

Todo esto llega a concluir que se ha tratado injustamente la figura de Diocleciano, y también la de otros emperadores y pretores. Sin negar la realidad histórica de las persecuciones cristianas, de las torturas y las ejecuciones, se tiene que admitir que esas deformaciones de los perseguidores responden más a la piedad y a la imaginación popular, que a la realidad histórica.

Meldelen

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Beata María Vicenta de Santa Dorotea

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Estampa popular de la Beata.

María Vicenta de Santa Dorotea Chávez Orozco, Virgen fundadora de las Siervas de la Santísima Trinidad y de los Pobres, nació el 6 de febrero de 1867 en Cotija, Michoacán. Era la menor de los cuatro hijos de Luis Chávez y Benigna de Jesús Orozco. Recibió los Sacramentos de Iniciación Cristiana en la parroquia de su pueblo natal. Su familia se estableció en el barrio de Mexicalzingo en la ciudad de Guadalajara, que en esa época estaba poblada por gente necesitada y de clase media baja. Durante su infancia se destacó por su devoción al Niño Jesús; hacia altarcitos e invitaba a otros niños a rezar.

El Padre Agustín Beas ejerció su ministerio en esa parroquia con gran celo apostólico; se preocupaba de modo especial de los enfermos pobres, para los cuales fundo un sencillo hospital en la misma casa parroquial, con seis camas, dedicándolo a la Santísima Trinidad. Atendían a los enfermos las señoras de la conferencia de San Vicente de Paul.

El 20 de febrero de 1892 Vicenta tuvo que ingresar en el hospital a causa de una pleuresía, y allí recibió la inspiración de consagrar su vida a Dios en la persona de los pobres y enfermos, tenia 25 años de edad. El 10 de julio del mismo año, recuperada su salud, regreso al Hospital de la Santísima Trinidad para servir definitivamente a los enfermos y a los pobres, demostrando una extraordinaria caridad para con ellos.

Emitió votos privados el 25 de noviembre de 1895 con otras dos jóvenes. El 12 de mayo de 1905 fundo la Congregación de Siervas de los Pobres, nombre que posteriormente cambio por el de Siervas de la santísima Trinidad y de los Pobres. Profesó canónicamente el 3 de diciembre de 1911 y fue elegida Superiora General de la Congregación el 8 de septiembre de 1913, cargo que ejerció durante treinta años, siendo el alma y guía de su Instituto. Por su indiscutible autoridad moral y autentica caridad fue un verdadero modelo de Superiora y supo guiar a sus hijas a poner su vida en manos del Señor.

Era muy devota y fervorosa. Presentaba la obediencia como el camino más corto para llegar a ala perfección y estaba convencida de que era el holocausto mayor que se le podía ofrecer al Señor: obedecía con prontitud sin replicar y sin hacer juicios. Vivió constante y plenamente su castidad consagrada, practicó heroicamente las virtudes teologales y morales, sobresaliendo por su humildad, sencillez y caridad. La frase paulina: “la caridad de Cristo nos urge”, constituyo el ideal de su vida, haciendo presente al Señor Jesús en donde servía.

Sufrió mucho durante las dos persecuciones religiosas que se desencadenaron en México: en 1914 las tropas revolucionarias de Carranza ocuparon Guadalajara y se instalaron en la Catedral, capturando a religiosos y sacerdotes; y en 1926 el Hospital de San Vicente en Zapotlán fue transformado en cuartel general militar. Las religiosas siguieron atendiendo con dedicación a los heridos, sin amedrentarse ante el peligro. En cierta ocasión, en que las religiosas de su comunidad tuvieron que refugiarse en casas de personas amigas, que las protegían, la Madre Vicenta se quedo sola con una postulante asistiendo a los heridos, soportando ultrajes y amenazas de muerte. El comandante, que llegó al puesto mas tarde, reprendió a los soldados su indigna conducta, y exalto la implícitamente la grandeza de la intrépida religiosa. La mayoría de los enfermos atendidos en los hospitales de las Siervas de la Santísima Trinidad y de los Pobres recibían los Sacramentos.

El Señor bendijo al Instituto con abundantes vocaciones y durante los años que lo gobernó la Madre Vicentita como cariñosamente le decían, se fundaron 17 casa en toda la República Mexicana: hospitales, clínicas y asilos.

A los 75 años comenzó a padecer de la vista, con intensos dolores. Todo lo acepto de manos del Señor, lo sufrió con admirable paciencia y le sirvió de purificación; su semblante siempre era amable, lleno de dulzura y paz, y nunca se le oyó una queja.

El 29 de julio de 1949 su salud empeoró. El capellán don Roberto López le administro la Extremaunción. Al día siguiente, Mons. José Garibi Rivera, primer cardenal mexicano, al ver su gravedad, la confesó y mientras celebraba la Eucaristía, en el momento de la Elevación, la Madre Vicentita entrego su alma a Dios en el Hospital de la Santísima Trinidad de Guadalajara, Jalisco.

El Papa San Juan Pablo II la beatificó el 9 de noviembre de 1997, en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

Fuente: http://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_19971109_orozco_sp.html

Tacho de Sta. María

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