Los santos y la medicina (IV)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Vicenta Gerosa, estampa devocional contemporánea.

Beato Carlos Steeb (1773 – 1856) Era protestante, se convirtió al catolicismo y en Verona se dedicó a cuidar de los enfermos. Fundó con Luisa Poloni (Madre Vicenta) el Instituto de las Hermanas de la Misericordia para apoyar a los necesitados, afligidos y enfermos.

Santa Vicenta Gerosa (1784 – 1847) Reservada y tímida, algunos años de su infancia discurrieron despachando tras el mostrador de la tienda de su familia, porque por su mala salud, no podía estudiar. Ya en aquel tiempo, su modestia le hacía vivir una espiritualidad simple y ordinaria, asistiendo diariamente a la Santa Misa.

Los años que siguieron a la invasión napoleónica de Italia marcaron su vida profundamente, tanto en dificultades financieras, como por las muertes de su padre, de su hermana Francisca y, finalmente, de su misma madre en el año 1814. Sin embargo, Vicenta con corazón valiente, aceptó estos hechos como la voluntad de Dios, sufriéndolo en silencio en su corazón. Con la constancia de la oración se involucró en la parroquia y organizó un oratorio femenino con encuentros, retiros y escuelas prácticas de trabajos domésticos.

Con Bartolomea Capitanio, una compañera conocida en el año 1824, dio vida, no sin vacilaciones, a una fundación religiosa para ayudar a la gente más necesitada y sobre todo, para dedicarse a la educación de las niñas; el Instituto, con sede en Casa de Gaia asumió la regla de las Hijas de la Caridad de Antida Thouret.

Habiendo muerto prematuramente su compañera Bartolomea Capitanio, Vicenta tuvo la tentación de marchar a su vida anterior en su casa, pero estimulada por su padre espiritual, Ángel Bosio, consintió en continuar con la obra, que fue aprobada por Gregorio XVI en el año 1840 y que se difundió rápidamente por toda la Lombardía y también por las regiones del Trentino y del Véneto.

Detalle del rostro de Santa Bartolomea Capitanio en un óleo contemporáneo.

Santa Bartolomea Capitanio (1807 – 1833) Nació el 13 de enero del año 1807 en Lovere, en la provincia de Bérgamo y diócesis de Brescia, siendo sus padres, Modesto y Catalina Canossi. Habiendo conseguido el diploma de maestra asistente en el educantado de las clarisas en el año 1822, comenzó en ese mismo instituto su actividad como enseñante. En el año 1824 volvió a su casa y enseñó en la pequeña escuela que ella misma abrió en su propia casa para atender a las niñas pobres. Dada su preocupación por los daños causados durante el período napoleónico, especialmente entre las mujeres jóvenes, ayudará a fundar una Congregación con el título de Maria Niña. Bartolomea, de hecho, trabaja en el pequeño hospital para pobres, fundado en Lovere por las hermanas Catalina (que en adelante se llamaría Vicenta) y Rosa Gerosa, donde fue llamada a llevar la dirección económica. En el año 1829 escribió la regla de la nueva Institución, a la cual también se adhirió Catalina Gerosa. El Instituto surgió el día 21 de noviembre de 1832; sin embargo, Bartolomea moriría el 26 de julio del año siguiente. La Congregación de las Hermanas de Maria Niña se desarrolló bajo la guía de Catalina (Vicenta) Gerosa. Las dos fundadoras fueron canonizadas juntas en el año 1950.

San José Benito Cottolengo (1786 – 1842). Desde su infancia, se sintió atraído por los más necesitados, por lo que se convirtió en un sacerdote en Turín y abrió en la región de Valdocco las Pequeñas Casas de la Divina Providencia, primero para los enfermos que eran rechazados por todos y luego, para las “familias” de los discapacitados, huérfanos, inválidos y niñas en peligro. Las Pequeñas Casas, además de dar refugio y asistencia material, tendían a construir una identitidad humana y cristiana en las personas que estaban completamente marginadas. Con José, nacieron los sacerdotes de la Santísima Trinidad, varias familias religiosas de hermanas, los hermanos de San Vicente y el seminario de los Tomasinos.
Apóstol, asceta, penitente, místico, muy devoto de Nuestra Señora, él llevó a sus Casas una vida espiritual muy intensa. Fue formador de vida religiosa y precursor de la asistencia hospitalaria.

Imagen contemporánea de Santa María Crucificada de Rosa.

Beato Marcoantonio Durando (1801 – 1880) – Nació en Mondovì el 22 de mayo del año 1801 en el seno de una familia cuyos componentes se distinguieron en la carrera militar y en la política y fueron los principales miembros del Resurgimiento del Piamonte italiano. Entró en la Congregación de los Misioneros Vincencianos en el año 1818 y fue ordenado de sacerdote en el año 1824. Inmediatamente puso en marcha la misión de la predicación popular en el país según las exigencias y la cultura de la época. Lo buscaban por todas partes. Entretanto, también en la Congregación recibía encargos de responsabilidad. Prácticamente permanecerá en Turín hasta su muerte, ocurrida el día 10 de diciembre del año 1880. Con solo treinta y seis años de edad, fue Provincial de los Vincencianos de la Alta Italia y a él se debe la introducción en el Piamonte de las “Hijas de la Caridad”. En el año 1855, a petición del Gobierno, envió a estas hermanas para que asistieran a los militares piamonteses en la guerra de Crimea. En el año 1865 puso en marcha la “Obra del corazón” y la comunidad de las “Hermanas Nazarenas” confiándolas a la sierva de Dios Luisa Borgnotti, poniéndolos al servicio de los enfermos en el hogar y en la educación de los niños y jóvenes.

Santa Maria Crucificada (Paula) di Rosa (1813 – 1855). Su padre fue un hombre de negocios de Brescia y su madre, una noble de Bergamo que murió en el año 1824 cuando Paula Francisca tenía once años de edad. A esta edad entró para estudiar en el colegio de la Visitación y de allí salió con diecisiete años. Aunque su padre prefería para ella el matrimonio, la joven decidió permanecer fiel a su voto de castidad hecho en el colegio. Su padre la envió a Acquafredda, para que se hiciese cargo de la dirección de una fábrica de hilados de seda, propiedad suya, pero Paula decidió organizar la ayuda a los necesitados y se dedicó a la enseñanza religiosa femenina ayudada por algunas muchachas. Junto con otras enfermeras y voluntarios trabajó para ayudar a las víctimas de la epidemia de cólera del 1836 y en dos escuelas para sordomudos en la terrible primavera del 1849 durante los llamados “Diez días”, cuando la ciudad se reveló contra los austriacos. En el año 1851 la comunidad obtuvo la primera aprobación como congregación religiosa con el nombre de Siervas de la Caridad. Paula Francisca pronunció los votos tomando el nombre de Sor María Crucificada. Moriría en Brescia en el año 1855.

Santa María Soledad Torres Acosta atendiendo un enfermo. Estampa devocional contemporánea.

Santa María Soledad Torres Acosta (1826–1887). El sacerdote madrileño Miguel Martínez, estando de misionero en África, llevó consigo a tres Ministras de los Enfermos; pero su sucesor en la dirección espiritual de la Congregación, desautorizó a Sor Soledad enviándola a un convento, por lo cual su Instituto entró en crisis. Entonces la llamó para que pusiera a salvo a su comunidad e incluso enviarla a trabajar en primera línea durante una epidemia de cólera. Como escribió su biógrafo José Maria Javierre: “Soledad era capaz de dirigir una congregación fundada por un impulso romántico y proporcionar una base estable a una institución tambaleante”. Su secreto era estar siempre con las religiosas, trabajar junto a ellas pasando de una casa a otra, siendo “precursora y maestra de la más consumada solicitud asistencial y sanitaria de nuestro humanismo social” como dijo de ella el papa Beato Pablo VI. Cuando murió, con solo cincuenta y uno años de edad, la comunidad tenía ya cuarenta y seis casas en España y al inicio del tercer milenio, las Siervas de María Ministras de los Enfermos están presentes en veintisiete países.

Beato Santiago (Jacobo) Cusmano (1834 – 1888) – El sacerdote palermitano y médico Santiago Cusmano es conocido por haber fundado en el año 1867 la asociación del “Boccone del povero”. Se había licenciado en medicina con solo veintiún años de edad y en seguida se convirtió en el “médico de los pobres” de Palermo, donde había nacido en el año 1834. El joven doctor, se ordenó de sacerdote en el año 1860 y fundó una asociación de caridad con el apoyo del cardenal Naselli y en el año 1887, dos congregaciones: las Siervas y los Siervos de los Pobres. Murió en 1888 y fue beatificado en 1983.

Vidriera contemporánea del Beato Santiago Cusmano.

San Damián (José de Veuster) de Molokai (1840 – 1889) – La pareja flamenca de De Veuster tuvo ocho hijos. Dos fueron religiosas y otros dos, sacerdotes de los Sagrados Corazones de Jesús y de Maria (Sociedad del Picpus) en la misma calle de París donde había nacido la congregación. José, que era el penúltimo de los ocho, había nacido el 3 de enero de 1840 y fue destinado a ayudar a su padre pero con diecinueve años de edad entró en el Picpus tomando el nombre de hermano Damián. En el instituto estaba también su hermano Pánfilo, que aunque ordenado sacerdote en el año 1863, no pudo ir a las misiones porque estaba enfermo y en su lugar, partió Damián aunque aun no se había ordenado. Su destino fueron las Islas Sándwich, que más tarde se llamaron Hawai. Allí completó sus estudios y se ordenó de sacerdote en el año 1864 trabajando en la isla principal: Hawai. En el año 1873 marchó al lazareto de la isla de Molokai en la cual el gobierno confinaba a los enfermos de lepra y allí se quedó para siempre.

En el año 1885 se contagió de la enfermedad y murió solo, siendo su cuerpo trasladado a Bélgica en el año 1936. El papa San Juan Pablo II lo beatificó en Bruselas en el año 1995 mientras que Benedicto XVI lo canonizó en la Plaza de San Pedro el día 11 de octubre del año 2009.

Santa Francisca Javier Cabrini (1850 – 1917) – Una frágil pero extraordinaria maestra de Sant’Angelo Lodigiano. En este retrato se encuentra la figura de Francisca Javier Cabrini nacida en aquella población lombarda y muerta en Chicago, misionando por Estados Unidos. Huérfana de padre y madre, Francisca quería recluirse en un convento pero no fue aceptada debido a su mala salud. Entonces se dedicó a trabajar cuidando en un orfanato del que estaba encargado el párroco de Codogno. La joven, que se había diplomado como maestra, hizo mucho mas: consiguió que algunas compañeras se uniesen a ella constituyendo el primer núcleo de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón, congregación puesta bajo la protección de un misionero intrépido: San Francisco Javier, en la cual ella misma pronunció sus votos y asumió su nombre. Llevó su carisma misionero a los Estados Unidos trabajando entre los italianos que habían marchado allá buscando fortuna. Fundó hospitales para los emigrantes y por esto es considerada como su patrona. El día de su muerte, su cuerpo fue trasladado a New York, a la “Mother Cabrini High School”, cerca de sus hijas.

Óleo contemporáneo de San Damián de Molokai.

Beata Maria Rafaela Cimatti (1861 – 1945) – Religiosa de las Hermanas de la Misericordia para los Enfermos, llevó una vida humilde y desconocida, dedicándose con una caridad cordial y con una atención constante especialmente a los enfermos y a los pobres.

Beato Ladislao Batthyany-Strattmann (1870 – 1931) – Hijo de una familia de la nobleza húngara, nació en Dunakiliti en el 1870. Siendo estudiante de medicina en la universidad de Viena, se casó con la condesa Maria Teresa Coreth, con la que tuvo trece hijos. Posteriormente, en el año 1902 fundó un pequeño hospital privado en Kittsee, que algunos años más tarde trasladó a Körmend, en el castillo familiar. Este era un lugar siempre abierto para los más pobres, por lo que pronto comenzaron a llegar desde todo el país. Batthyány-Strattmann los curaba gratuitamente. Como compensación por la terapia y por las curas en el hospital pedía que rezaran un Padre nuestro con él. Eran tantos los enfermos que obligó a los ferrocarriles húngaros a preparar un “tren-hospital”.

Batthyány-Strattmann no se ocupaba solamente de la salud física de sus pacientes, pues cuando se marchaban, les daba un folleto titulado “Abre los ojos y ve”, con el cual les invitaba a reavivar su fe. Con motivo de su jubileo de plata, en el año 1923, el Papa Pío XI, se confirió a través del nuncio apostólico Schioppa una distinción para su obra. Es elocuente el relato del arzobispo al Papa: “Los húngaros consideran a László Batthyány-Strattmann como un santo y yo puedo asegurarle que verdaderamente lo es”.

La fe lo ayudó a afrontar la dificilísima prueba de la pérdida de un hijo de veintiún años, que murió de apendicitis. Cerrados los ojos del muchacho, Batthyány-Strattmann dijo a sus familiares: “Ahora vamos a la capilla para dar gracias a Dios por haberlo dejado con nosotros hasta ahora” y este fue el mismo espíritu con el cual él afrontó su propia enfermedad. Murió en Viena el 22 de enero de 1931 y fue beatificado en el año 2003.

Damiano Grenci

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

3 pensamientos en “Los santos y la medicina (IV)

  1. Damiano me ha encantado este articulo y deseo que sigas deleitandonos en algun otro de los Santos,Beatos y Siervos de Dios que se han dedicado a la salud y cuidados del projimo.
    Gracias por incluir a nuestra maravillosa Santa Soledad Torres Acosta.

  2. Ya he comentado en algunos de los capítulos de esta serie de artículos sobre los Santos y la medicina y se que aun queda otro. Sencillamente, me parece un trabajo muy bueno de recopilación hagiógrafica en una variante muy concreta. Seguro que es el fruto de muchas horas de lectura y de toma de datos y por eso, tanto a este como a los anteriores y al por venir, los valoro mucho.

    Otra cosa será que sobre alguno de los santos o beatos aqui mencionados, se hagan (y ya se han hecho), otros artículos más específicos. Por poner solo un ejemplo: sobre San Damián de Molokai hay que escribir.

  3. Gracias, Damiano. Mi madre es enfermera y mi novio farmacéutico, por lo que siempre he estado al tanto con el mundo de la salud y he admirado a las personas que se dedican a atender a los enfermos y cuidar de los heridos; rasgo que más que ninguna otra cosa, nos hace humanos.

    A mí también me gustaría saber con mucho más detalle acerca de las vidas de estas excelentes personas.

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