San Germán, obispo de Auxerre

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo francés del Santo.

San Germán nació alrededor de 378 en la región de Auxerre (Francia), en el seno de una familia galo-romana terrateniente y aristocrática, que tenía responsabilidades de gobierno en su ciudad; su padre se llamaba Rústico y su madre, Germanilla. En las Galias, se formó en las artes liberales aunque luego completó su educación en derecho en Roma. Allí se convirtió en un abogado y se casó con una mujer rica y honesta llamada Eustoquia, siendo posteriormente enviado de nuevo a las Galias como administrador-gobernador de la provincia de Lyon. Su reputación fue grande en las Galias, tanto donde gobernaba como en su ciudad natal.

Poco antes de la muerte del obispo San Amador de Auxerre, este se sintió inspirado por Dios para preparar el camino para que Germán fuera su sucesor y así, impulsado por Amador, Germán recibió la tonsura aun en contra de su voluntad. Las relaciones entre ambos no fueron siempre buenas; el padre Lebeuf, historiador de Auxerre narra una pelea entre los dos relacionada con un árbol grande y hermoso que Amador ordenó cortar y en el cual, Germán colgaba sus trofeos de caza. Algunos hagiógrafos e historiadores piensan que en aquellos momentos, San Patricio de Irlanda se encontraba en Auxerre y que tuvo contactos con San Amador y con San Germán, contactos que también influirían en los futuros viajes de Germán.

Cuando San Amador murió el día 1 de mayo del 418, Germán fue elegido obispo por unanimidad del clero, la nobleza y el pueblo, siendo consagrado el día 7 de julio del mismo año. Como obispo, se transformó totalmente aceptando de pleno su nueva misión. Distribuyó todos sus bienes entre los pobres, adoptó un sistema de vida humilde y se comportó con su esposa como si fuera su hermana. Comía solo vegetales, dormía sobre una tabla, su casa estaba abierta a todos y a todos les lavaba los pies antes de entrar en ella. Fue un gran pastor: enseñó y educó al clero y a los monjes y desde el inicio de su episcopado llevó una vida cenobítica, luchando contra el rigor de la ascesis y poniéndose totalmente al servicio de la Iglesia y de sus fieles.

Luchó contra el excesivo peso de los impuestos a los que se veían sometidos sus fieles y así, se dirigió al jefe de los alanos en la región de Orleáns y lo convenció, obteniendo incentivos fiscales para su ciudad.

Talla gótica del Santo (s.XV) venerada en su iglesia de París, Francia.

San Germán de Auxerre es conocido por su trabajo de evangelización entre las poblaciones de las Islas Británicas que se habían convertido a la herejía de Pelagio. Un sínodo convocado a instancias del Papa San Celestino I (422-432) decidió enviar misioneros para combatir este error. San Germán realizó dos viajes para atraer a los británicos hacia la ortodoxia católica.

En su primer viaje (429-430) fue acompañado por San Lupo, obispo de Troyes. El “Chronicon integrum” de Próspero de Aquitania es quién explica que fue el Papa San Celestino I quién delegó en él y quién le explicó que la herejía pelagiana tenía éxito en aquellas tierras: “deturbatis hereticis, Britannos ad catholicam fidem dirigit”. Sus armas fueron la predicación pero estando allí, contribuyó a la victoria de los británicos sobre los pictos y los sajones, poniéndose al frente de las tropas para conseguir que estos se retiraran y se cuenta que en la Pascua del 430, celebrada en el mismo campo de batalla, gritando tres veces la palabra Aleluya, los invasores se retiraron.
En este su primer viaje a las Islas Británicas, San Germán se detuvo en Nanterre para predicar. Una niña llamada Genoveva se le ofreció para abrirle paso entre la multitud sirviéndole de guía a fin de que él pudiese predicar la fe de Cristo. Es este el encuentro del que hablamos en el artículo escrito sobre Santa Genoveva de París, publicado en este blog el día 2 de enero de este año.

A petición de los obispos británicos, hizo un segundo viaje (se cree que fue en el año 445) con el fin de restaurar la fe entre algunos grupos de pelagianos aun existentes. Se dice que en esta ocasión su acompañante fue San Severo, obispo de Tréveris. H.I. Frede, en su “Pelagius, der Irische Paulustext, Sedulius Scottus”, editado en Friburgo en 1961, afirma que en este segundo viaje, San Germán llevó a las Islas Británicas el texto de las Epístolas de San Pablo, texto que fue reproducido en el “Libro de Armagh”.

Durante su episcopado fundó numerosas iglesias en su diócesis, iglesias en las que establecía el culto a los santos cuyas reliquias traía de sus diversos viajes. En su primer viaje a Bretaña, peregrinó hasta la tumba de San Albano, mártir de inicios del siglo IV y después de haber obtenido parte de sus reliquias, a su regreso a Auxerre, construyó una iglesia en su honor donde expuso estas reliquias. Del mismo modo, sobre las reliquias de San Mauricio de Agaune y de San Brisio, mártires del siglo III, fundó dos nuevos lugares de culto bajo sus respectivos auspicios; uno al norte del castrum Auxerre y el otro en Puisaye.

Panorámica de la iglesia del Santo en Auxerre, Francia.

A él se le atribuye la fundación de uno de los principales monasterios de las Galias, el de los Santos Cosme y Damián, a orillas del río Yonne frente a su ciudad, probablemente inspirándose en lo que hacía San Martín de Tours. Allí se retiraba con frecuencia para meditar en soledad y allí estuvo también algunos años San Patricio, el primer obispo y evangelizador de Irlanda.

En el mes de junio del 448 fue a la corte imperial de Ravenna a fin de hacer alegaciones en la causa de Armórica en el conflicto con Aecio, que era el vicario imperial de las Galias y que la amenazaba con permitir que fuera invadida por los alanos. Recordemos que entonces se llamaba Armórica a la región costera del noroeste francés, que comprendía la actual región de Bretaña, el noroeste del Loira y todo el litoral de Normandía.

Murió en Ravenna, el día 31 de julio del año 448 e inmediatamente fue venerado por todos, especialmente por la emperatriz Gala Placidia y por San Pedro Crisólogo, que era el obispo de Ravenna. Entre ellos se repartieron sus vestidos como reliquias, embalsamaron su cuerpo y puesto en una caja de ciprés fue llevado a Auxerre. La propia corte imperial aseguró su traslado haciendo acompañar el cuerpo por un numeroso grupo de soldados portando antorchas y que le servían de protección por donde pasaba, pues la gente salía en masa a rendirle pública veneración. El cortejo llegó a Auxerre el 22 de septiembre, su cuerpo fue expuesto y sepultado el día 1 de octubre. Este había sido su deseo, manifestado antes de morir: ser sepultado en su tierra y allí lo está.

Vista del sepulcro del Santo en su iglesia de Auxerre, Francia.

Como he dicho, el culto a San Germán comenzó inmediatamente y no solo en Auxerre sino en toda las Galias, especialmente entre los francos. Lógicamente también se extendió por toda Armórica y por las Islas Británicas. Se le atribuye la realización de numerosos milagros, entre ellos el de la curación de una niña ciega en su primer viaje a las Islas Británicas; son muchos más, pero por resumir no hago mención de ningún otro. En el año 480, Constancio que era un sacerdote de Lyon redactó la “Vita Germani” que es la mejor fuente histórica sobre la vida de San Germán de Auxerre.

Santa Clotilde que había ido a Auxerre para solicitar la conversión de su esposo Clodoveo, construyó una pequeña basílica sobre su tumba encargando a una comunidad de monjes que garantizase en ella el culto al santo. El 28 de abril del año 841 se construyó una nueva basílica y se trasladó el ataúd, que fue abierto por el obispo Eribaldo, quién lo encontró incorrupto. El 6 de enero del 869, el rey Carlos el Calvo presidió el traslado a su lugar definitivo en la cripta de la basílica, la cual había sido decorada con valiosos frescos que aun hoy existen. Junto a San Germán fueron sepultados otros cinco obispos de Auxerre, entre ellos San Gregorio. En el año 1567, los hugonotes profanaron las reliquias del santo durante el saqueo a la ciudad de Auxerre, aunque una parte de ellas pudieron salvarse.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos Abdón y Senén, mártires en Roma

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Retablo gótico de los Santos, obra de Jaume Huguet (1460). Iglesia de Santa Maria de Tarrassa, Barcelona (España).

De estos dos santos mártires existen documentos muy antiguos que confirman su historicidad y su culto. Sus nombres aparecen en la “Depositio Martyrum”, en el Martirologio Jeronimiano, en los Sacramentarios Gregoriano y Gelasiano y en otros documentos muy antiguos. La Depositio Martyrum dice: “III Kalendas Augusti Abdos et Semnes in Pontiani quod est ad Ursum Piliatum” (El 3 de las calendas de agosto (el 30 de julio), Abdón y Senén en el cementerio de Ponciano, que se encuentra junto al Oso Encapuchado). Este cementerio, el de Ponciano, estaba sobre la vía Portuense, en el distrito romano de Monteverde, cerca de la actual vía Alessandro Poerio. Lo mismo dice el Martirologio Jeronimiano en el día 30 de julio.

Abdón y Senén fueron dos mártires del siglo III que fueron sepultados en las catacumbas de Ponciano. Sin embargo, siendo santos reales que gozaron de un culto antiquísimo, su “passio” es legendaria, o sea, tenemos otro caso de santos muy venerados, de los que se sabía muy poco y a los que hubo que endosarles un relato fantasioso y piadoso para promover su devoción, cosa que en realidad, no hacía falta. El autor de la “passio”, basándose en lo exótico de sus nombres, nos dice que eran dos príncipes persas que se dedicaban a sepultar a los mártires y que por esto, fueron delatados ante el emperador Decio, el cual los metió en una prisión.

Al morir Valeriano, prefecto de la ciudad de Roma, Decio volvió a la ciudad y los llevó consigo y, aunque encadenados, los presentó ante el senado romano vestidos con ropaje de príncipes. Les conminaron para que ofrecieran sacrificios a los dioses y como ellos se negaron, fueron condenados a muerte conduciéndolos al anfiteatro a fin de que fueran devorados por las fieras. Pero claro, como las fieras respetaron a los dos mártires y no los atacaron, fueron decapitados por unos gladiadores.

Sus cuerpos fueron tirados ante una estatua dedicada al dios Sol y al cabo de tres días, fueron recogidos por el diácono Quirino que los sepultó en su casa donde estuvieron muchísimo tiempo. Gracias a una revelación divina, fueron descubiertos, desenterrados y sepultados de nuevo en el cementerio de Ponciano. Como podemos ver, esta “passio” está llena de errores que fácilmente, pueden desmontarse, aunque bien es verdad que sus nombres son reales al igual que la época del martirio y el lugar donde fueron sepultados.

Bustos-relicario de los Santos venerados en Vallespir, Francia.

La “passio” los presenta como personajes persas y que allí habían sido hechos prisioneros por Decio, pero esto es falso, ya que Decio nunca batalló contra los persas ni piso suelo persa. Y dice también esta “passio” que sufrieron martirio en Roma en tiempos del emperador Decio siendo el prefecto de la ciudad Valeriano. Esto tampoco es cierto ya que Valeriano no fue prefecto de Roma en tiempos de Decio. Sin embargo, el hecho de mencionar a ambos si permite fijar la fecha del martirio entre los años 250-258.

Hemos dado por bueno que por sus nombres, eran orientales y aun quizás persas. Pudieron ser dos sátrapas persas que como consecuencia de haber caído en desgracia en su país, o bien por haber sido hechos prisioneros, llegaron a Roma, pero no en tiempos de Decio como hemos dicho, ya que no estuvo allí, sino en tiempos de su predecesor, el emperador Felipe el Árabe (Marcus Iulius Philippus). Si vivieron en Roma pudieron ser ejecutados por su condición de cristianos aunque quizás también por el odio que Decio tenía contra todo aquello que estaba relacionado con su antecesor.
Pero, aunque persas, pudieron no ser príncipes, sino simples obreros, ya que fueron sepultados en el cementerio de Ponciano y este cementerio estaba enclavado en un barrio muy pobre, cercano al puerto de Roma. Pudieron ser obreros portuarios que descargaban las mercancías que llegaban al puerto de Roma.

Sin embargo, analizada la “passio” con rigurosidad y puesta en duda muchas de sus afirmaciones, aun así, en la Lectio III del Oficio de Maitines del día de su festividad, antes de la última reforma litúrgica, se leía lo que la “passio” decía: “Abdon et Sennen Persae, Decio imperatore, accusati quod corpora christianorum, quae inhumata proiiciebantur, in suo praedio sepelissent, iussu imperatoris comprehenduntur et diis iubentur sacrificare. Quod cum facere negligerent et Iesum Christum Deum constantissime praedicarent, traditos in arctam custodiam, Romam postea rediens Decius vinctos duxit in triumpho. Qui cum in Urbe ad simulacra attracti essent, ea detestati conspuerunt. Quam ob rem ursis ac leonibus obiecti sunt; quos ferae non audebant attingere. Demum, gladiis trucidati, colligatis pedibus tracti sunt ante solis simulacrum. Quorum corpora, clam inde asportata, Quirinus diaconus sepelivit in suis aedibus”

Tumba de los Santos en la iglesia de San Marco al Campidoglio, Roma (Italia).

Esta es la traducción al castellano: “Bajo el imperio de Decio, los persas Abdón y Senén fueron acusados de enterrar en sus propiedades los cuerpos de los cristianos que eran dejados insepultos. Habiendo sido detenidos por orden del emperador, se intentó obligarles a sacrificar a los dioses. Ellos se negaron a hacerlo proclamando enérgicamente la divinidad de Jesucristo, por lo cual, después de haber sido encarcelados, al volver Decio a Roma, los obligó a entrar en ella cargados de cadenas, caminando delante de su carroza. Conducidos por la ciudad, ellos escupieron sobre las estatuas de los dioses. Por eso, fueron echados a los osos y a los leones, que no se atrevieron a tocarles. Finalmente, después de haberlos degollados, arrastraron sus cuerpos atados por los pies y lo pusieron delante de la estatua del Sol. Sus cuerpos fueron retirados secretamente de aquel lugar para darles sepultura en la casa del diácono Quirino”. O sea, la Iglesia, aun litúrgicamente, ha dado por buenas muchas de esas “passios” fabulosas.

Parece que en esta “passio” se inspiró el fresco que existe en las catacumbas de Ponciano sobre la tumba de estos dos santos y que está datado en el siglo VI. En esta pintura aparece Cristo imponiendo una diadema sobre las cabezas de los dos mártires, que llevan barba, visten indumentaria asiática corta y portan un gorro frigio. Sobre este fresco se lee la inscripción: “+ De donis Dei et sanctorum Abdo et Senne Gaudiosus (fecit fieri) +”. Abdón aparece como un hombre maduro, de barba corta y redonda y Senén tiene un aspecto más juvenil y la barba despuntando aun. Estos detalles en los vestidos de los santos, nos dan a entender que en el siglo V se pensaba que eran de origen oriental, pero no concuerdan totalmente con el origen ilustre que les atribuye la “passio”, ya que la túnica recogida dejando las piernas al aire, parece indumentaria de gente humilde.

Sarcófago paleocristiano de los Santos conservado en Arles-sur-Tech, Francia.

En este mismo cementerio también se ha encontrado una lámpara de terracota del siglo V con la imagen de una persona en actitud orante, barbuda, vestida a la manera oriental y que se ha querido identificar con Abdón. Lleva un manto de pieles adornado con piedras preciosas, lo que parece más acorde con el origen ilustre que les atribuye la “passio”, ya que esta dice que ambos mártires se presentaron ante el emperador vestidos como príncipes. Vemos ciertas contradicciones.

Acabadas las persecuciones, pero en un año no determinado, los cuerpos de los dos mártires fueron llevados a una iglesia que estaba construida sobre la catacumba. El “Itinerario de Salzburgo” lo indica cuando aconseja a los peregrinos que, después de visitar la catacumba, suban a la iglesia, donde descansan los santos, o sea, que los peregrinos que durante la Edad Media visitaban la vía Portuense ya entraban en la basílica donde, posteriormente, descansaban los cuerpos de estos dos mártires. La “Notitia Ecclesiarum urbis Romae” afirma que esta basílica era relativamente grande y a la misma se refiere el “Liber Pontificalis” diciendo que fue restaurada por los Papas Adriano I y Nicolás I. Con posterioridad, en el año 826, el Papa Gregorio IV llevó los cuerpos de los dos mártires a la iglesia de San Marcos Papa.

En el año 1948 dentro del arca de granito que estaba bajo el altar mayor de esta iglesia, se encontró una gran caja de ciprés con muchas reliquias y un pergamino del año 1474 describiendo la deposición de las reliquias de San Marcos Papa, de los santos Abdón y Senén, mártires, de San Restituto mártir y algunas otras reliquias. Esta “depositio” en este arca, había sido realizada por el cardenal Marcos Barbo, patriarca de Aquileya y titular de dicha basílica en tiempos del Papa Sixto IV.
Trabajos de excavación realizados en esta basílica en el siglo pasado, pusieron al descubierto el arca de granito al que hemos hecho referencia y en ella, los restos de los dos santos envueltos en ricas telas. Esta arca, que aparece en una de las fotos del artículo, se encuentra en esta basílica en el altar a ellos dedicado.

Conjunto escultórico de los Santos venerado en Benimaclet, Valencia (España).

Se sabe que en la Edad Media, una parte de las reliquias de estos dos santos fueron llevadas al monasterio de Nuestra Señora de Arles-sur-Tech (Francia), perteneciente a la diócesis de Perpignan que los venera como sus santos patronos. Reliquias menores existen otras localidades como Venecia (Italia) o Sagunto (Valencia).

En el catálogo de las iglesias de Roma redactado por orden de San Pío V, se hace mención de una iglesia dedicada a los Santos Abdón y Senén que presumiblemente estaba situada en el lugar donde sufrieron el martirio, o sea, donde estaba el Coloso de Nerón y entre el Anfiteatro Flavio y el Templo de Venus. Esta iglesia fue destruida a finales del siglo XVI.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Besarión, obispo mártir de Smolyan

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego del Santo aportado por el consultante.

Pregunta: Compré en una Iglesia Ortodoxa Griega un icono. Quisiera saber de quién es la imagen. La compré hace pocos días en una visita a la Iglesia Ortodoxa Griega en La Habana, Cuba. Soy un pastor evangélico bautista y teólogo interesado en el mundo de los íconos antiguos. Mil gracias. Cuba

Respuesta: Cordiales saludos, es un placer tener a un hermano protestante entre nuestros consultores. Visto el icono, yo aseguraría que se trata de San Besarión, obispo de Smolyan (Bulgaria) que padeció el martirio durante la dominación otomana. Es verdad que la Iglesia ortodoxa venera a otros dos santos con este mismo nombre, ambos obispos de Larissa, pero mi opinión es que se trata de este. Veamos una síntesis de la vida de este Santo, que la Iglesia Ortodoxa en Bulgaria conmemora con el título de Nuevo Hieromártir.

Besarión fue obispo de la pequeña ciudad de Smolyan, en el sur de la actual Bulgaria, en tiempos del reinado de Mehmed IV. El imperio otomano supuso la dominación y persecución de las minorías religiosas, especialmente la ortodoxa cristiana, hasta el punto de que los fieles se veían obligados a refugiarse en bosques y montañas ante las feroces matanzas y deportaciones que la comunidad sufría a manos de los dominadores turcos. Quemaron la iglesia de San Pedro y San Pablo, la residencia del obispo (o mitropolia), la escuela de teología y todos los libros. Ante todo esto, Besarión se encargaba de fortalecer y animar a sus fieles en medio de la persecución y aunque los turcos intentaron capturarlo, él consiguió escapar acompañado por un numeroso grupo de fieles.

Los turcos mataron a muchos hombres, mujeres y niños que no estaban dispuestos a aceptar la fe musulmana y que no pudieron huir. Ancianos, viudas y niños pequeños se vieron obligados a huir a los bosques (como he dicho antes) y allí, desfallecer de hambre y de cansancio. Algunas mujeres capturadas fueron sometidas a todo tipo de infamias que es mejor no describirlas.

En 1699 muchos cristianos de Smolyan, junto con su obispo, cruzaron la región de Raykovo para encontrar un lugar seguro. Allí estuvieron un año intentando conseguir ayuda, pero nadie acudió a socorrerlos. Y así, en la madrugada del 29 de julio de 1670, mientras el obispo realizaba sus habituales visitas a los fieles, fue capturado por una banda de furiosos otomanos, tras un infructuoso intento de protegerle por parte de diez fieles ortodoxos que le acompañaban.

Icono ortodoxo búlgaro del Santo venerado en su catedral de Smolyan, Bulgaria.

Sus secuestradores los ataron, se los llevaron y a él le dijeron, sin ambages, que si quería salvar su vida debía convertirse al Islam, lo cual hubiese supuesto un golpe mortal a la comunidad de Smolyan, pues el obispo era su pilar y fuerza. Pero Besarión respondió convencido: “Quien ama la Divina Verdad es inamovible en su fe. Mi muerte me hará inmortal ante Dios”.

Su calvario había comenzado. Los turcos lo desnudaron y atravesaron su cuerpo con objetos punzantes, al tiempo que le iban arrancando trozos de carne, muy lentamente, para causarle el mayor dolor posible. Besarión permanecía silencioso y absorto en oración, mientras la sangre manaba a borbotones de su cuerpo. Después, tomaron unas barras de hierro y lo golpearon tan salvajemente que perdió el sentido. Esperaron pacientemente a que se recuperara, y luego, sin piedad, le fueron cortando trozos del cuerpo con cuchillos, le quemaron la cabeza con un hierro ardiente y todo ello mientras se burlaban de él y le ridiculizaban de todas las maneras posibles.

No satisfechos con esto, y buscando como degradarle aún más, lo llevaron, desnudo y ensangrentado, por las calles de Smolyan. Un turco surgió de la multitud que había acudido a verlo pasar y le apuñaló en el pecho. A continuación todos empezaron a apedrear el cuerpo caído, hasta que lo mutilaron y desfiguraron completamente. Así murió el Santo obispo Besarión, el 29 de julio del año 1670. Luego entregaron el cadáver a la comunidad cristiana y le ordenaron enterrarlo en un jardín cerca de la plaza central de la ciudad.

Como es natural, el santo obispo fue venerado como mártir desde ese mismo momento, aunque su culto no trascendió la región, ni pasó de inmediato a constar de forma universal en el calendario hagiográfico de la iglesia búlgara; hoy, si lo está. El obispo Párteno de Levka lo incluyó en su obra “Las Vidas de los Santos Búlgaros”, publicada a mediados del siglo XX.

Los episodios de este triste período de la historia búlgara forman parte de todo un género literario y artístico conocido como “el tiempo de la despedida”, o sea, el momento en el que empezó la división entre los hermanos de una misma nación en dos religiones distintas, la cristiana y la musulmana. De este hecho se ha escrito mucho, se han hecho romances y cantos populares y recientemente se ha realizado una película. Los búlgaros islamizados en aquellos años fueron llamados “pomaki”. Actualmente en Bulgaria viven unos doscientos mil musulmanes búlgaros.

Vista de la catedral de San Besarión en Smolyan, Bulgaria. Fuente: www.bulgariatrevel.org

El Santo tiene una catedral dedicada en la misma Smolyan, la cual se inauguró en el año 2006 y de la que adjuntamos una foto. La fiesta de este Nuevo Hieromártir es el día 29 de julio.

Antonio Barrero y Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Juan Nepomuceno Neumann (III)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Tapiz de la beatificación del Santo, año 1963.

Parte III. Superior, Fundador y Obispo; una vida de entrega
Otra cruz para este noble y celoso Misionero son las casas de placer. Cada iglesia que se levantaba era ocasión para construir cerquita de ella una taberna donde se daba toda clase de desórdenes y escándalos. Le tocaba en cierta ocasión atender una de esas iglesias por una breve temporada y al comprobar estos abusos no pudo reprimir su desaprobación. Pero a sus quejas se responde con carteles que pegados a los muros invitaban a nuevos bailes y diversiones que coincidían con los horarios de las festividades religiosas.

Se acercaban una de las más solemnes por tratarse de la festividad Patronal, y un domingo antes de la misma advirtió desde el púlpito que si no se suprimían tales escándalos tan contrarios al espíritu cristiano de la comunidad, abandonaría la parroquia sin celebrar la Fiesta. Confiando en que su bondad se sobrepondría a la amenaza, los interesados de tales diversiones continúan preparándolo todo con propaganda y quedan todos sorprendidos el día de la Fiesta al ver a la puerta del templo un coche. Interrogan al cochero y éste les responde: “Tengo orden de llevarme al sacerdote ya que ustedes le han faltado tan groseramente. Por eso ha decidido él dejarlos”. Enterada la población, corren al encuentro de Neumann hombres, mujeres y jóvenes. Lo encuentran con valija en la mano, presto a subir al coche y entonces estallan las lamentaciones y corren las lágrimas. Pero él, con tono decidido les explica: “Se los advertí con tiempo; no ahorré en súplicas y oraciones para poner fin a estos escándalos, y como nadie me ha escuchado me veo en la obligación de irme”. Enterado el tabernero a tiempo, acude presuroso y se humilla y pide perdón, pero también la licencia para la celebración del baile aunque fuera por última vez, ya que los gastos de la preparación habían sido considerables. Todo es inútil: Neumann esta resuelto a impedir que se ofenda a Dios y que los cristianos pierdan sus buenas costumbres. Por fin, el baile se suprime, y el tabernero en vista de que el negocio no le va andar en este lugar, se va a otro pueblo.

La poca correspondencia no arredra al padre Juan, que sigue recorriendo en todas direcciones su parroquia, instruyendo a jóvenes y niños, predicando a los grandes y, sobre todo ofreciendo a todos el buen testimonio de su ejemplo.
El padre Pax, que tan bien lo conoce, comentará más tarde: “Era espectáculo admirable ver a este joven y sabio sacerdote dirigirse alegremente de una a otra de las estaciones misioneras cargando a su espalda su matalotaje. A lo largo de los caminos llenos de nieve o de barro caminaba alegre viendo a veces pasar a su lado vehículos que lo ignoraban; y otras, rehusando los ofrecimientos que le hacían las gentes más consideradas para subir a sus carruajes, declarando que era fuerte para viajar a pie”. Pero había ocasiones en que sus fuerzas traicionaban su coraje.

Escudo episcopal del Santo, con su lema PASSIO CHRISTI CONFORTA ME.

Habiendo celebrado en un solo día dos fiestas con predicación y celebración de la Santa Misa en dos lugares distantes uno de otro recorriendo los trayectos por caminos enfangados se sintió tan mal que hubo que buscar cama y recibir los cuidados del médico. Recuperadas sus energías, vuelve a su vieja costumbre y un día emprende a pie un largo viaje para arreglar una unión concubinaria de una pareja de feligreses. No valió el consejo de uno de sus amigos para que desistiera de hacerlo. Cuando regresó de arreglar aquella situación, apareció en un estado tan lamentable que parecía un mendigo con sus ropas destrozadas y los zapatos deshechos; tal era su amor por la salvación de la almas…

En 1845 conoce al Beato Francisco Javier Seelos cuya amistad fue una ayuda decisiva en la Aventura Redentorista de Norteamérica. En 1847 es nombrado Visitador o Superior Mayor (Viceprovincial) de los Redentoristas en Estados Unidos, cuyas casas dependían de la Provincia Belga. El Padre Provincial Federico Von Held dice de él: “Es un gran hombre en el que la piedad se une a una personalidad fuerte y prudente”. El padre Neumann recibe esta tarea mientras la fundación norteamericana está atravesando por un periodo difícil de adaptación, así que nombra a padre Seelos como maestro de novicios en septiembre de 1847. Su gobierno duro dos años y lo deja en manos del padre Bernardo Hafkenscheid. Las Casas Redentoristas para ese momento estaban preparadas para convertirse en Provincia Autónoma de la Congregación, hecho que ocurrió en 1850.

Monseñor Kenrick, obispo de Filadelfia, es trasladado como Arzobispo de Baltimore, ¿Quién ocupara el Obispado de Filadelfia?, Monseñor Kenrick junto con otros eminentes sacerdotes y obispos, le proponen al Papa Pío IX el nombre del padre Neumann para que asuma dicho ministerio, dadas sus dotes lingüísticas, intelectuales, y humanas sin contar con sus grandes virtudes. El Santo Padre con el beneplácito de todos nombra a este sencillo misionero como pastor de la Iglesia Diocesana de Filadelfia. Es consagrado como tal, en Baltimore el 28 de marzo de 1852, por el mismo Mons. Kenrick; el padre Neuman contaba con cuarenta y uno años de edad.

El Santo, fundador de las Hermanas Franciscanas en Filadelfia, EEUU. Ilustración decimonónica.

Mons. Neumann está al frente de una diócesis territorialmente grande y en vías de un notable desarrollo. Con la experiencia del misionero le preocupa mucho la educación como fundamento de la vida social y espiritual de su rebaño y es por eso, que lo primero que hace es organizar una red de Escuelas Católicas, (siendo el pionero en la Educación Católica en el país), incrementa en la diócesis el número de escuelas católicas. De las dos que existían, gracias a él se incrementaron a cien. Es por esta necesidad que con tres mujeres terciarias franciscanas, Mons. Neumann funda a las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco, siendo el humilde obispo quien recibe sus primeros votos y quien redacta las Constituciones.

Antes que llegara como obispo existía el Seminario Mayor pero con él florecerá grandemente. Comienza la obra de la edificación de su sede episcopal: la Catedral de San Pedro y San Pablo y de otras ochenta iglesias más erigidas por él.
Entre 1854 y 1855 parte a Europa para hacer su visita “Ad Limina” y grande fue su alegría cuando fue invitado por el Beato Pío IX a la ceremonia de la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, siendo Mons. Neumann quien sostuvo el libro donde el Papa leyó tal proclamación solemne, en aquél memorable día del 8 de diciembre de 1854. La Congregación del Santísimo Redentor que honraba tal privilegio de María como su segunda protectora, estuvieron representados por este insigne hombre en tan importante solemnidad.

Después fue a su tierra natal donde fue recibido por sus paisanos que le hicieron un grato homenaje. Visitó al Emperador quién le dió un importante donativo para la conclusión de su catedral y sus obras diocesanas.

Regresó a su amada diócesis, para seguir trabajando por sus fieles. Siguiendo las huellas de su padre San Alfonso María de Ligorio, se sirvió de los medios escritos para llegar a más gente, llegando a publicar numerosos artículos en las revistas y periódicos de inspiración católica de su tiempo. Llegó a publicar dos catecismos para el pueblo y ya antes de ser nombrado obispo publicó una Historia de la Biblia para uso escolar.

Figura que contiene los restos del Santo. Santuario del Santo en Filadelfia, EEUU.

La vida entregada a Dios y a sus criaturas tenía que recibir su recompensa, siendo llamado a la gloria eterna el 5 de enero de 1868, teniendo cuarenta y ocho años, cayendo exánime en una de las calles de Filadelfia, antes de que se le pudiera siquiera administrarle los últimos Sacramentos. El Papa Juan XXIII quiso beatificarlo pero le sorprendió la muerte y lo hizo el Beato Pablo VI el 13 de octubre de 1963; canonizado por el mismo Pontífice el 19 de junio de 1977.

Tacho de Sta. María

Bibliografía:
– Taller de Profundización: Espiritualidad Misionera Redentorista, Cap. 20, Julio de 2000. San Luis Potosí, S.L.P. México
San Juan Neumann, Ricardo Baztán, Artigraf., Buenos Aires, 1977.

Sitio web consultado: www. cssr.com

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Juan Nepomuceno Neumann (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Ilustración del Santo con su atuendo episcopal, realizado para el primer libro de su vida.

Parte II. La aventura misionera
Mientras estudia en Praga un misionero americano, el padre Federico Rese, más tarde obispo de Detroit, establece en Viena una organización misionera con el nombre de la Asociación Leopoldina. En realidad era la rama alemana de la Santa Infancia para la Propagación de la Fe. Propuesta primero por el obispo de Dubor de Nueva Orleans, y fundada después por Paulina Jaricot en Francia. Las noticias y relatos de Misioneros publicados en alemán por dicha Sociedad impresionaron al joven Neumann. Aquellos relatos entresacados de cartas de los Misioneros Redentoristas entregados al cuidado de los inmigrantes de habla alemana lo enardecían. Entonces se decide a aprender el inglés que necesitaría para vivir en los Estados Unidos de América.

A los veinticuatro años ha terminado los estudios en la Universidad de Praga, y en julio de 1835 vuelve a su propia diócesis de Budweis donde rinde el examen canónico con todo éxito. Hay en aquella diócesis demasiados sacerdotes, lo que facilita su sueño de partir para América. Desea ardientemente ser ordenado sacerdote antes de partir para allá pero el Señor tiene otras miras más penosas para él. Los sacerdotes de la diócesis lo animan en sus proyectos y hasta hacen una colecta para pagarle el viaje a Filadelfia donde el obispo Mons. Kenrick será quien lo ordene y promueva al sacerdocio.

Dejó Prachatitz casi sin que los suyos lo advirtieran mandándoles una carta de despedida. Quiere llevar las Letras Dimisionales, pero no se las dan… Monseñor Siegler le da una carta de recomendación y lo anima. Recibe la bendición de su obispo, y con 40 dólares en el bolsillo parte de su diócesis…

Antes de poder tomar el barco se encuentra con el padre Juan Henni, misionero americano, que le cuenta que la diócesis de Filadelfia no necesita más sacerdotes, pero que estos son necesarios en el Oeste Americano. Le da esperanzas de ser admitido en la diócesis de Nueva York o en la de Vicennes cuyo obispo, Mons. Bruté, en ese momento en Roma iría a Paris. Juan lo quiere ver para hablar con él y va a su encuentro, pero el obispo no llega nunca. Neumann marcha entonces a Estrasburgo para hablar en el Seminario Mayor con su Rector Mons. Rass. Pero éste le comunica que ya se le han adelantado varios jóvenes a quienes se han dado para viajar a América todo el dinero disponible. Entonces fiándose de la palabra de un amigo del Obispo de Nueva York que le prometió que lo ordenaría sacerdote sí iba allá, se embarcó de inmediato con unos pocos dólares que recibió de una colecta hecha para tal fin. Era el 20 de abril de 1836, subió al barco que tras 40 días de travesía lo dejaría en playas americanas. No molestaron tanto a Juan las borrascas que sacudieron el barco, como las burlas y mofas de toda índole que hacían a costa de su Fe unos doscientos protestantes del Cantón de Berna que viajaban con el mismo destino que él. Pero todo le sirve a Juan para ejercitar su mansedumbre, y el resto del pasaje se admira y pondera su serenidad y su conducta sensata ante tales desmanes y falta de respeto. A raíz de este episodio notemos que las relaciones interconfesionales no habían evolucionado como en nuestros tiempos de ecumenismo, diálogo y mutua comprensión otros hermanos que creen en Cristo.

Detalle de la cruz pectoral del Santo.

Llegados a puerto los pasajeros son obligados a permanecer otros cuarenta días recluidos en la Isla, situación obligada para evitar una posible enfermedad contagiosa traída por las embarcaciones. Juan había desembarcado con un traje ya desaliñado y medio desecho con sus zapatos rotos por efecto de tanto viaje por Europa. En su bolsillo solo le queda un dólar. Así lo encontramos el 28 de mayo de 1836, pero su espíritu se alegra cuando es recibido cordialmente por el Sr. Obispo, Mons. Dubois, que le declara lo necesario que le es un sacerdote de habla alemana.

Diecisiete días después de su llegada es ordenado subdiácono en la catedral. El 24 de junio es promovido al diaconado y al día siguiente es ordenado sacerdote por el mismo Sr. Obispo en la catedral de San Patricio. El templo se llena de alemanes y de niños de catecismo a quienes ya había comenzado a catequizar Juan desde su llegada. Mons. Dubois destina de inmediato al neo sacerdote a trabajar con el Padre Pax al norte del Estado de Nueva York. En el viaje se entretiene unos días en Rochester con una colonia de alemanes. Allí se encuentra con el padre Redentorista José Prost y en ese encuentro prende en su corazón la chispa de su vocación Redentorista. Con todo, el mismo padre Prost le aconseja que vaya a acompañar al P. Pax que vive solo y enfermo. El nuevo padrecito empieza a desplegar su celo atendiendo a los alemanes de la zona y visitando los puestos misionales del campo. Mientras el P. Pax permanece en la sede, él recorre la región de Williamsville; pasa después a North Bush y se encarga de un territorio de más de nueve mil kilómetros cuadrados en la zona de los Grandes Bosques. Es admirable su habilidad para enseñar el catecismo. Levanta pequeñas escuelitas y promueve a los laicos para prestar ayuda material, cultural y espiritual en esta labor.

En septiembre de 1839 llega su hermano Wenceslao que se pone a sus órdenes. El P. Juan bautiza, asiste a matrimonios, atiende enfermos, en seguida construye capillas y escuelas. Es un verdadero pionero de Dios en aquellos parajes que el hombre va conquistando poco a poco. La vida social se organiza de modo distinto a la de Europa y esto crea problemas de orden económico, psicológico y jurídico. Iglesias, escuelas, hospitales y asilos se construyen solo por iniciativa privada. Los grupos humanos se dividen por razas, lenguas y religión y entre ellos hay el infaltable grupo de especuladores. Ayudan con sus aportes pecuniarios a levantar escuelas e iglesias que una vez terminadas se toman como propias, haciendo la vida imposible a obispos, párrocos y comunidades religiosas. Se da en América el famoso Patronato Europeo, que poco a poco, el P. Neumann así como obispos y sacerdotes combaten, unas veces con suavidad y otras con energía hasta conseguir que la Iglesia sea la verdadera administradora de tales parroquias, colegios y capillas.

Monumento al Santo en la catedral de San Pedro y San Pablo de Filadelfia, EEUU.

Desde el año de 1836 hasta 1840 lleva a cabo la construcción de la iglesia de Williamsville y funda escuelas en las que en más de una oportunidad él mismo hace de maestro por la escasez de personal laico para la docencia. En Williamsville es molestado por los protestantes a los que responde con dulzura y caridad. Sus recorridos son a caballo, a pie y pocas veces en diligencia. Buena parte de la noche la dedica a estudiar y a rezar, dándose a veces el caso de sorprenderle en esto el amanecer. Tal vida no puede prolongarse mucho. Vive cansado siempre, y a veces, le atormentan los escrúpulos y las torturas internas. Por eso, apenas puede hacerlo, se marcha a Rochester para pasar unos días con el Redentorista P. Prost. Y entonces se aviva en él la idea que tuvo ya en el seminario de Budweis, de vivir en Comunidad y en comunidad vive durante tres meses reparando su salud corporal.

Los padres que lo rodean son alemanes; admiran su espíritu misionero y su tenacidad en la lucha. Aprenden a valorar su organización tan novedosa y los frutos de sus trabajos apostólicos. El padre Prost que es su confidente le dice cuan peligrosa es la soledad y esa convivencia con los Padres Redentoristas le convence de que esa es su vocación. Restablecido enteramente de su enfermedad, manifiesta al P. Prosa su firme voluntad de ingresar en la Congregación Redentorista y la aceptación es inmediata. El padre Prost escribe al Obispo. Mons. Hughes, de Nueva York, pidiéndole que permita al padre Neumann ingresar de religioso en “nuestra Congregación”. En un principio el prelado se opone, aduciendo que perdería para sí un sacerdote tan valioso y entregado, pero cede y el 18 de octubre de ese año 1840, deja la Misión de Búfalo y llega a Pittsburg.

Todos los elegidos, afirma San Pablo, han de parecerse a Cristo y si Cristo abrazó la Cruz, ellos han de saber también abrazarla. Neumann, llamado a un alto grado de santidad encuentra su vida sembrada de cruces; y una de las más pesadas le viene de parte de quienes él debe evangelizar. La mayor parte de esos evangelizados comprende los sacrificios de este celoso corazón sacerdotal que lo ha dejado todo para llegar al fin del mundo a buscar almas que salvar. Pero hay también muchos que le pagan con insolencias y malicias. Este santo responde con bondad y dulzura.

Retrato contemporáneo del Santo.

En una ocasión le dicen: “Nosotros pagamos Monseñor –así lo llamaban al sacerdote- y usted esta obligado, por tanto, a hacer lo que nosotros queramos”. Antes esta disposición de espíritu el padre Neumann se mantiene, en calma y no contesta nada y tal actitud no agrado a aquellos administradores laicos –en realidad intrusos- que habían preferido que el padre se hubiera querellado, y se decían unos a otros: “esa imperturbable grandeza de animo nos hiere mas y nos rebaja…”

En casi todas la parroquias suele haber individuos que aprovechando la confianza que les dispensa el párroco piensan hacerse mas simpáticos con él recogiendo todos los chismorreos que recorren la parroquia, y cuando no los hay los inventan. En el país es muy frecuente la calumnia pero el proceder del padre Neumann ante estas lenguas que destilaban veneno, era sacar su rosario a su vista y añadir inmediatamente: “Recitemos el Rosario y después continuaremos la conversación”. Y ahí mismo se ponía de rodillas y lo dirigía en voz alta.

En una oportunidad rogaba desde el púlpito al público tener presente que siempre estaba dispuesto a hacer y recibir visitas siempre que fueran necesarias y les rogaba que suprimieran las que fueran de pura cortesía por que robaban el tiempo tan necesario al sacerdote tan reclamado por sus deberes de estado.

Para salvaguardar la libertad del ministerio sacerdotal y su necesaria neutralidad en medio de su grey, y aún poniendo en peligro una de sus módicas entradas, avisa a la feligresía que quienes deseen ayudarlo con alimentos o pecuniariamente los depositen en la parte exterior de la casa parroquial sin necesidad de presentarse personalmente, añadiendo que no necesita saber quién ha hecho el bien pues a todos agradece y encomienda a Dios diariamente. Tanta dignidad y desinterés provocó habladurías entre la gente que no comprendía su noble proceder.

Visitando la población de Williamsville paga su alojamiento en casa de un burgués de la villa. Un rival de éste se come de envidia y resuelve vengarse del Misionero manchando su reputación. Había en la casa donde se hospedó una sirvienta joven, y ésta fue la disculpa para la calumnia; primero echa a correr el infundio en voz baja y no tarda en llegar la calumnia a oídos de todos y hasta la población de Búffalo. Esto desorienta a los hombres más prudentes de la población que reunidos en senado resuelven que deberán irse de la parroquia la sirvienta o el Misionero. Esta resolución se le comunica al padre Neumann. Cuando el se presenta a la reunión, pide que le enteren del problema que se agita, y se lo explican; el rompe a reír con una sonrisa tan franca e inocente que el calumniador queda confundido ante todos que le muestran su desprecio por su mal proceder. Y entonces es el mismo Neumann quien lo disculpa y hace lo posible por salvar su honor. Más tarde siendo obispo no pasa jamás por Williamsville sin interesarse por él y su familia.

Lienzo contemporáneo del Santo.

Un día se le presenta un parroquiano ofreciéndole una custodia para la iglesia del distrito a condición de que el templo sea dedicado a su santo patrono. El Padre le hace saber que ya esta dedicada con consentimiento y unanimidad de la mayoría de los feligreses. Entonces este impertinente pide que su custodia sea usada en la Festividad del Corpus. “Acepto,– dice el P. Neumann- pero con la condición de que sea donada generosamente a la Iglesia”. El otro no consintió, y cada uno se quedo con su parecer. Pasando más tarde, el sacerdote frente a su casa le arrojó barro y les echó a sus perros. El padre Neumann se “venga” de él manifestándole un aprecio especial, y una vez hecho obispo siempre que pasa por allá pregunta por él y por su familia, expresando que son muy buenos amigos suyos… (Continuará)

Tacho de Sta. María

Bibliografía:
– Taller de Profundización: Espiritualidad Misionera Redentorista, Cap. 20, Julio de 2000. San Luis Potosí, S.L.P. México
San Juan Neumann, Ricardo Baztán, Artigraf. Buenos Aires, 1977.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es