Beatas mártires carmelitas de Guadalajara

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa devocional española de las tres Beatas.

Si el otro día rememorábamos a las primeras víctimas de la Guerra Civil, hoy rememoramos a las primeras en ser beatificadas. Las Beatas mártires carmelitas de Guadalajara (España) fueron tres religiosas de la Orden carmelitana cuyo martirio causó gran impacto en su momento, y el pasado 29 de marzo se cumplieron los 25 años de su beatificación. Pero, para mejor guiarnos a través de este terrible relato, primero hablaré de cada una de las tres mártires y posteriormente los hechos que las condujeron a la corona del martirio.

Beata María del Pilar de San Francisco de Borja
En el siglo se llamó Jacoba Martínez García y nació en Tarazona (Zaragoza) el 30 de diciembre de 1877, a las once y media de la mañana, hija de Gabino y Rosa; los cuales tuvieron once hijos, uno de ellos sacerdote (Julián) y otra, Severiana, también monja carmelita en Guadalajara (como María Araceli del Santísimo Sacramento), ocho morirían a edad muy temprana.

Jacoba aprendió a rezar casi antes que a andar y a hablar; y esta precocidad en el ámbito de lo religioso se mantendrá a lo largo de su vida: el 1 de agosto de 1879, con tan sólo dos años de edad, recibe el sacramento de la Confirmación. Sin embargo, su niñez y juventud fueron bastante normales, pues era amistosa, de carácter abierto y alegre y con gusto por las fiestas. Su madre a menudo le preguntaba si le gustaría ser carmelita, como era el caso de su hermana Severiana, y ella se negaba diciendo que ése no era su camino. Pero el día en que vio profesar a su hermana en el Carmelo de Guadalajara, quedó impresionada por lo que vio y pidió a Dios que le diera la vocación. Luego, ya sintiéndola, lo comunicó a su madre y a su hermano; y en 1898 ingresaba como aspirante en el mismo Carmelo. Profesaría con el nombre de María del Pilar de San Francisco de Borja y viviría 38 años allí, hasta el momento de su martirio.

Su vocación fue absoluta y sólo pensaba en dedicarse enteramente al Señor y a sus hermanas, por lo que todo se empeñaba en hacerlo bien. Era una perfecta bordadora y muy hábil en general con las manos, por lo que lo mismo confeccionaba alpargatas para sus compañeras, como cultivaba plantas en la huerta. En cualquier tarea resultaba buena e útil y le encantaba el trabajo, teniendo presente lo que recordaba San Pablo y recogía también la Regla del Carmelo: “Quien no trabaje, que tampoco coma”. Y pese a que todo lo sabía hacer y lo hacía bien, era tan humilde que siempre preguntaba cómo hacer las cosas, con toda sencillez. Aquí destacaba su proverbial obediencia y todas las hermanas que declararon en su proceso de beatificación reiteraron que era muy obediente. Tomaba de ejemplo a San José, tan humilde y trabajador como ella, imitando en esta devoción a Santa Teresa de Jesús.

Estampa con reliquia de las tres Beatas y tres fotografías reales, correspondientes a su momento de profesión en el Carmelo de Guadalajara.

Entre sus muchas virtudes, destacaban también el amor al recogimiento y a la soledad de su celda; para estar más dispuesta a orar con Dios. Su principal devoción era la Eucaristía, llamando a Jesús Sacramentado “El Vivo”, a quien le ofrecía todas sus acciones. También a la Virgen María, diciendo “lo espero todo de Jesús por María”.

Cuando se abatieron días difíciles para el país y se vislumbraba la guerra, cierto día confesó a la priora: “Madre, yo me ofrezco como víctima por Vuestra Reverencia y por toda la comunidad”. Sus palabras resultarían proféticas.

Beata Teresa del Niño Jesús y de San Juan de la Cruz
En el siglo se llamó Eusebia García y García y nació en Mochales (Guadalajara) el 5 de marzo de 1909, siendo la más joven de la tres Beatas; hija de Juan y Eulalia, la segunda de ocho hermanos. Sus mismos hermanos dijeron posteriormente de la espiritualidad cristiana que se vivía en aquel hogar: “En nuestra casa se respiraba un ambiente profundamente cristiano (…) mi madre comulgaba diariamente (…) rezábamos diariamente el rosario en familia. Desde niños nos enseñaban nuestros padres a asistir a todos los actos de la iglesia e íbamos todos juntos…” Por lo que parece normal que en esta familia surgieran vocaciones como la de un hermano sacerdote, otro jesuita y la tercera, nuestra Beata carmelita.

En Sigüenza, 20 de junio de 1916, con sólo siete años de edad y en vísperas del Corpus, Eusebia recibía el sacramento de la Confirmación y, al año siguiente, en 7 de junio, el de la Comunión. En 1918 ingresó como interna en el colegio de las religiosas Ursulinas de Sigüenza, donde recibió una esmerada educación. Aunque era traviesa y juguetona, su gran virtud se revela a los doce años, cuando realiza voluntariamente el voto de castidad y esclavitud mariana. Tanto maestras como compañeras se daban cuenta de sus cualidades, dejando en ellas huellas de alegría, caridad y piedad, de las que luego darían cuenta en su proceso de beatificación.

Fue al leer Historia de un alma, la obra autobiográfica de Santa Teresa de Lisieux; y al asistir en 1922 unos sermones sobre Santa Teresa de Ávila con ocasión del III centenario de su canonización; cuando se maduró definitivamente su vocación religiosa. Varios religiosos le hablaron elogiosamente de sus propias órdenes, queriendo destinarla a sus Casas de formación, pero ella ya hacía tiempo que tenía decidido dónde quería profesar y así lo dijo: “Seré carmelita como Santa Teresa y Santa Teresita, y en el Carmelo de San José de Guadalajara”.

Estampa devocional española con ilustración de las tres Beatas.

No faltaba la influencia de su tío, el sacerdote don Florentino, canónigo, profesor y mártir como ella en 1936. Él estuvo inmediatamente de acuerdo con su vocación y la veía madura para ella, pero no sus padres; que la veían demasiado joven y además la querían para que cuidara de sus hermanos más pequeños. Fue necesario que don Florentino insistiera e intercediera ante sus padres para que por fin, el 2 de mayo de 1925 -¡con sólo 16 años de edad!- Eusebia ingresara en el Carmelo de Guadalajara, tomado el nombre de sus dos Santos más queridos: Teresa del Niño Jesús y San Juan de la Cruz.

Se conservan unas notas que tomó durante unos ejercicios espirituales, tituladas “Propósitos” y que rezan así: “Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Mis resoluciones son, Señor mío, ya lo sabes: 1. Amarte con locura no teniendo otro deseo que consumirme en las llamas de tu amor. 2. Para probarte este amor, trabajar por ser el ángel de caridad de mi comunidad. Cuento con tu gracia, Jesús mío”.
Para enunciar sus votos se preparó muy seriamente y escribió un plan de vida. Destacó por ser una gran organista y enfermera; tenía un gran espíritu de trabajo, y éste y la mortificación le eran muy agradables como medio de santificarse. Era muy eucarística, ya que pasaba largas horas ante el sagrario y pedía morir por los sacerdotes. Al igual que su querida Santa Teresita, tenía un ardiente celo por las misiones y trabajaba haciéndoles propaganda. Hizo suyo también el lema del profeta Elías: “Vive el Señor en cuya presencia me encuentro”, para no perderle nunca de vista.

Beata María Ángeles de San José
En el siglo se llamó Marciana Valtierra Tordesilla y nació en Getafe (Madrid) el 6 de marzo de 1905, hija de Manuel Dimas y Lorenza, la última de diez hermanos, cuatro niños y seis niñas. Fue una criatura frágil, enfermiza, a la que su madre no pudo dar el pecho y tuvo que encargarse de ello una nodriza. Pero ya de niña y cuando todavía no sabía hablar bien, disfrutaba yendo a misa y sentía necesidad de ayudar a los pobres; cuando los veía, corría a su madre y le decía: “Mamá, mamá, otro pos, más pos”. Y lo que es más curioso, ya anunciaba su futura vocación palmeando alegre y diciendo convencida: “Cuando sea mayol voy a sel monca”. Se educó en el Colegio de la Sagrada Familia y el 3 de junio de 1910, con sólo 5 años, recibía el sacramento de la Confirmación.

Pero siendo todavía niña se quedó sin su madre, que murió santamente. Esto la apenó durante mucho tiempo, pues en una carta que escribió a su hermana Marcelina cuando tenía doce años, confesaba: “¡Cuánta falta me hace la mamá! ¡Cómo la echo de menos! Pero la Santísima Virgen hace sus veces, pues me he encomendado a ella y la he tomado por Madre”. Su devoción también quedó manifiesta cuando, con 14 años, asistió a la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, el 30 de mayo de 1919, por el rey Alfonso XIII.

Estampa devocional española de las Beatas, compuesta a partir de las fotografías originales.

Una compañera de su infancia dijo de ella: “Marciana era guapísima de cuerpo y alma. Atraía por todos los conceptos. Era un prototipo de humildad, y daba gusto verla comulgar…” Sus mismas hermanas comentaban entre ellas, con toda sinceridad: “¡Qué buena es Marciana! Nunca se enfada aunque tenga motivos. En su presencia nadie puede murmurar. Siempre la vemos alegre, con una sonrisa en los labios, y no hay duda que tendrá también sus días malos como nos sucede a todos”. En las declaraciones para el proceso de su beatificación, algunas personas hicieron las siguientes afirmaciones sobre ella: “Amó mucho la soledad y huía del mundo y de toda diversión, dando señales de odio al pecado y amor a la virtud” “Era muy amante del silencio, llevaba siempre recogida la vista” “Recuerdo que era siempre muy sufrida, que nunca se la oyó quejarse” “Sentía un gran amor a las misiones y ardiente celo para la salvación de las almas…”

Fue una gran ayudante del padre Juan Vicente, en proceso de beatificación, para extender la revista La Obra Máxima. Viendo cómo era, era más que lógico suponer que tenía vocación religiosa, pero tuvo que esperar mucho tiempo para poder profesar como religiosa, y cuando lo hizo, fue en el Carmelo de San José de Guadalajara y no en el Cerro de los Ángeles, que hubiese parecido más lógico.
Ingresó el 14 de julio de 1929, sólo dos día antes de la fiesta de la patrona del Carmelo, la Virgen del Carmen, y tomó el nombre de María Ángeles en honor a la patrona de su pueblo natal, Getafe –Nuestra Señora de los Ángeles– y de San José. Vistió el hábito el 19 de enero de 1930, hizo su profesión simple el 21 de enero de 1931 y sus votos solemnes el mismo día de 1934.

Desde su ingreso en el noviciado y durante los siete años que estuvo de carmelita, sus hermanas distinguieron en ella muchas virtudes y cualidades humanas. A un periodista que les preguntó ellas explicaron: “La caridad y el olvido de sí misma fueron sus principales cualidades (…) las hermanas que convivieron con ella decían que nunca le habían podido notar una falta”. Amaba la mortificación y no tenía problema en sacrificarse; era obediente y caritativa con sus hermanas, también muy humilde en todo lo que hacía; y celo por las misiones también, al ofrecer todo lo que hacía por la salvación de las almas. Un día, durante el recreo, dijo: “¡Qué dicha si pudiéramos derramar la sangre por Cristo! Pero yo no merezco esta gracia”. Pero sí la mereció, como podemos ver a continuación.

Estampa devocional española más conocida de las tres Beatas. En el registro inferior, el convento de San José de Guadalajara (España) antes (dcha.) y después de la quema (izqda.)

Los hechos
El 21 de julio de 1936, el comandante de ingenieros Ortiz de Zárate convence al Regimiento de Aerostación, de guarnición en Guadalajara, que se una a la sublevación militar. Por ello, se declara el estado de guerra y la guarnición tomó la ciudad, liberando a diversos jefes que estaban en la prisión militar. Al día siguiente, y tomado el Cuartel de la Montaña, sale de Madrid una columna de unidades militares, Guardia Civil y de Asalto, así como numerosas milicias anarquistas; que tras acabar con la resistencia de la guarnición de Alcalá de Henares atacaron las fuerzas de Guadalajara, en el puente de la carretera de Madrid. Tras un primer intento que es rechazado, finalmente las fuerzas atacantes rodean la ciudad y entran, finalizando la lucha a las siete de la tarde; asesinando a Ortiz de Zárate y los jefes y oficiales refugiados, quedando la ciudad en manos de las milicias.

En el momento en que se tomaba la ciudad, las carmelitas estaban comiendo en el refectorio, y al tener noticia de lo que ocurría, inmediatamente huyeron a refugiarse en el sótano, pues temían que bombardeasen la ciudad. Allí pasaron toda la tarde “pidiendo a Dios e implorando misericordia para todos”.
Posteriormente, la priora ordenó a todas las religiosas que se despojasen de sus hábitos de carmelita y se vistiesen de seglares, contemplando ya la necesidad de huir. Intentaron cenar, aunque apenas pudieron probar bocado. Después llegó el sacerdote don Eulogio Cascajero, su capellán, ya vestido de paisano, y les dio la comunión, diciendo: “Comulguen por viático”. Luego hundió las demás formas. En ese momento, llegó la portera y dijo: “Salgan ustedes pronto, que vienen con teas encendidas para prender fuego al convento”. Y no les quedó más remedio que abandonarlo, en diversos grupos, vestidas de seglar y pasando la noche del día 23 al 24 en los sótanos del Hotel Iberia y en una pensión.

Aquella noche la pasaron todas en vela, rezando “pues nos habíamos llevado nuestros breviarios”. El día 23 lo pasaron asustadas y con gran peligro, pues 14 monjas, de las 18 que formaban la comunidad, estaban en una misma casa y eso llamaba demasiado la atención. Por lo que la hermana Teresa, poniéndose en pie, decidió abandonar la casa y sugirió a sus compañeras que las que quisieran la acompañaran para mejor disimular y trasladarse a otra parte.
La acompañaron las hermanas María Pilar y María Ángeles, sus compañeras de martirio. Era la tarde del 24 de julio de 1936 cuando salieron a la calle, en dirección al lugar donde esperaban poder refugiarse – calle Francisco Cuesta, nº5-, y encontraron su final.

Incendio del convento de San José de Guadalajara. En el registro superior, gloria de las tres Beatas. Ilustración contemporánea para el libro de las tres Beatas editado por Apostolado Mariano.

El martirio
El hecho de separarse y trasladarse a otra parte, aunque fue un gesto bienintencionado al pretender disimular la aglomeración de religiosas, no fue afortunado, pues aunque eran tres mujeres de seglares que iban por la calle y en principio esto no debería haber llamado la atención, su actitud las delató: “caminaban tímidamente, temiendo ser sorprendidas y disimulando lo más posible” y además tenían el cabello muy corto para lo que era habitual en las mujeres laicas. Cuando pasaron junto a un grupo de milicianos, que se celebraban su victoria divirtiéndose y alborotando en plena calle, una miliciana las reconoció con religiosas, y señalándolas, gritó: “¡Son monjas! Disparad sobre ellas”. Su salvaje invitación fue secundada por sus compañeros, que se lanzaron sobre las despavoridas religiosas. Ellas huyeron corriendo hacia la calle Francisco Cuesta y efectivamente pudieron alcanzar el portal del número 5, pero, aunque llamaron angustiadas a los dos primeros pisos; no pudieron encontrar a quienes esperaban. Se vieron de nuevo en la calle, a merced de los milicianos, que inmediatamente abrieron fuego contra ellas. A partir de este momento, los hechos se sucedieron de forma vertiginosa.

La más afortunada de las tres fue la hermana María Ángeles, pues cayó muerta inmediatamente, sobre el bordillo de la acera, debido a que una de las balas le atravesó el corazón. Y allí se quedó. Tenía 31 años de edad.

La más desafortunada fue la hermana María Pilar, pues a ella le estaba reservada una agonía muy lenta y dolorosa. Al caer al suelo, también acribillada a balazos y junto al cadáver de la hermana María Ángeles, estaba viva todavía y se quedó tendida en un charco de sangre, gimiendo: “¡Dios mío… Dios mío…!” Lejos de apiadarse de la víctima, volvieron a disparar contra ella y un miliciano sacó un cuchillo y la apuñaló con saña, abriéndola de cuajo y dejando al descubierto un riñón.
Con el ruido de las detonaciones y el griterío, empezó a llegar gente. Un guardia de asalto increpó a los asesinos y consiguió trasladar a la herida a una farmacia cercana; donde al examinarla, vieron que las heridas eran mortales y que era urgente trasladarla al hospital.
Así que detuvieron el primer coche que pasó para pedir auxilio. No tuvieron suerte, ya que el chófer, al ver que se trataba de una monja herida, no quiso ayudarles y aun gritó “¡Traédmela aquí y yo la remataré!”, para luego pisar el acelerador y dejarlos atrás.

Agonía de la Beata María Pilar. Ilustración contemporánea para el libro de las Beatas editado por Apostolado Mariano.

El segundo intento tuvo éxito y pudieron trasladarla al dispensario de la Cruz Roja, en la plaza Merlasca. A punto estuvieron los que llevaban la camilla de ser linchados a la puerta del dispensario por otro grupo de milicianos, que no querían que se atendiera a la religiosa,sino que pretendían rematarla allí mismo. Pero se impuso la autoridad de los guardias de asalto y pudo pasar la hermana María Pilar a que la atendieran debidamente.

Fue la odontóloga María Carrasco quien la atendió como pudo, poniéndole algo de hielo en la boca para aliviarla y animándola con frases de aliento. El director provincial de Sanidad fue también hasta ella, interesado por su estado, y la animaba; pero tanto él como la odontóloga sabían que no se podía hacer nada por ella. Así pues, decidieron trasladarla al hospital, limitándose ellos a darle los primeros auxilios, esto es, vendar las heridas para tratar de detener la abundante hemorragia.
Fue en el hospital, ya encamada, donde murió lentamente, asistida por una Hija de la Caridad que le sugería jaculatorias junto a ella. Mientras agonizaba, la oía murmurar: “Padre, perdónales…” y “Viva Cristo Rey, frases que repitió hasta que entregó el alma. Sus últimas palabras, claras y lúcidas, fueron: “¡Dios mío, Dios mío, perdónales, que no saben lo que hacen!” Era la tarde del 24 de julio de 1936, y tenía 58 años de edad.

El martirio de la hermana Teresa fue diferente, y ha sido calificado de “maravilla” por quienes lo conocen, aunque personalmente considero que, no siendo el más doloroso ni el más rápido, fue el más angustioso de los tres.
Cuando las balas se abatieron sobre ellas y sus dos compañeras cayeron al suelo, la hermana Teresa salió corriendo, aterrada, y dado que pudo huir, salió ilesa de aquel tiroteo. Dejando atrás a sus dos compañeras y no pudiendo pensar con claridad, dado el miedo que sentía, corrió a refugiarse a las puertas de un hotel cercano –el Hotel Palace-, pidiendo auxilio, pero varios hombres que estaban a la puerta le bloquearon el paso, impidiéndole entrar. Se vio entonces de nuevo en la calle, sola y angustiada, a merced de sus perseguidores.

Martirio de la Beata Teresa. Ilustración contemporánea para el libro de las tres Beatas editado por Apostolado Mariano.

Siguió vagando, aturdida, hasta que cierto sujeto se acercó a ella y, fingiendo querer ayudarla, le dijo: “Tranquila, no hagas caso de ésos, que son unos brutos… vente conmigo, te pondré a salvo.” Y ella, que como he dicho no pensaba con claridad, se dejó llevar por aquel hombre mientras gemía una y otra vez: “¡Jesús! ¡Jesús!” Poco a poco, agarrada del brazo, por el puente de San Antonio, se la fue llevando hacia los exteriores de la ciudad, y para cuando Teresa se dio cuenta, ya casi no quedaban casas y estaban en las tapias del cementerio. Entonces recobró de golpe la conciencia de lo que sucedía a su alrededor y cayó en la cuenta de que se la estaba llevando aparte para violarla. En efecto, no tardó aquel indeseable en hacerle proposiciones deshonestas, que ella rechazó enérgicamente.

Entonces, según el testimonio del empleado de la funeraria, que lo vio todo, llegaron tres milicianos que la obligaron a seguir adelante, agarrándola y empujándola brutalmente. La importunaban con expresiones soeces y querían obligarla a que vitoreara el comunismo, pero ella sólo respondía:“¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!”. Viendo que no lograban doblegar su voluntad, le dieron orden de correr hacia adelante, cosa que ella hizo, con los brazos estirados en cruz y gritando todavía vivas a Cristo Rey. En ese momento la cosieron a tiros por la espalda y cayó de bruces, arrojando sangre por la boca. Murió poco después, ya que a la media hora, el mismo testigo se encontró con su cadáver en el cementerio. Tenía 27 años de edad.

Beatificación de las mártires
Los cuerpos sin vida de las tres carmelitas fueron enterrados en una fosa común del cementerio de Guadalajara, junto con otras víctimas de la guerra. No fue hasta el año 1941 cuando los cadáveres fueron exhumados, de suerte que fueron fácilmente identificados al conservarse todavía en ellas restos de sus escapularios carmelitanos, correas del hábito y sobre sus pechos, los crucifijos que cada una había recibido en el momento de su ingreso en el Carmelo.

Dado el número de testigos que tuvo el martirio de estas tres religiosas, y lo terrible e impactante del mismo, su proceso de beatificación fue muy rápido. Cincuenta años después del martirio, el papa San Juan Pablo II, el 29 de mayo de 1987, a las nueve y media de la mañana, las beatificó junto con otros dos nuevos Beatos españoles: el cardenal Marcelo Spínola y el obispo Manuel Domingo y Sol.

Vista del sepulcro de las tres Beatas. Convento carmelita de San José de Guadalajara, España.

Quiero despedirme con un extracto de la homilía del Papa respecto a estas tres mártires carmelitas:
“En la vida y el martirio de estas tres carmelitas resaltan hoy ante la Iglesia unos testimonio que debemos aprovechar:
El gran valor que tiene el ambiente cristiano de la familia para la formación y maduración de la fe de sus miembros.
El tesoro que supone para la Iglesia la vida religiosa contemplativa, que se desarrolla en el seguimiento total de Cristo orante y es un signo preclaro del anuncio de la gloria celestial.
La herencia que deja a la Iglesia cualquiera de sus hijos que muere por su fe llevando en sus labios una palabra de perdón y amor a los que no los comprenden y por eso los persiguen.
El mensaje de paz y de reconciliación de todo martirio cristiano como semilla de entendimiento mutuo, nunca como siembra de odios y rencores.
Y una llamada a la heroicidad constante en la vida cristiana como testimonio valiente de una fe, sin contemporizaciones pusilánimes ni relativismos equívocos. (…)
Una vida interior profunda en todas las almas consagradas y en todos los apóstoles de la Iglesia”
.

Beatas mártires carmelitas de Guadalajara, que sufristeis sin culpa alguna el odio y la incomprensión de vuestros semejantes, pero que moristeis con palabras de amor y perdón en los labios, suplicando por los que os asesinaban, ¡rogad por nosotros!

Meldelen

Bibliografía:
– FERAUD GARCÍA, J.M, “Tres azucenas ensangrentadas de Guadalajara: Compendio de la biografía de la Hna. María Pilar, Hermana Teresa y Hermana María Ángeles, Carmelitas Descalzas” Guadalajara 1982.
– LÓPEZ-MELÚS, Rafael María, “Las tres carmelitas mártires de Guadalajara”, Ed. Apostolado Mariano, Sevilla.
– MONTERO, Antonio, “Historia de la persecución religiosa en España: 1936-1939”, pp.521-523. BAC Madrid, 1969.
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, “El hábito y la cruz: religiosas asesinadas en la Guerra Civil Española”, Edibesa, Madrid 2006.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

21 pensamientos en “Beatas mártires carmelitas de Guadalajara

  1. Q bonita la biografía de las tres mártires!! Soy Carmelita seglar (admirador de la Senyora Pepa, por cierto) y solo quiero decirte Mel que te felicito (y a todos los colaboradores del blog) y que admiro mucho estas recopilaciones de martirios de la persecución religiosa en España que estas haciendo. Sigue adelante en este trabajo que yo se que no es fácil suavizar tanta brutalidad.
    Aquí en México ha habido muchos mártires de la persecución, pero solo una mujer que ha sido considerada mártir entre tantos hombres también mártires, espero algún día reunir información de ella y darla a conocer. También espero que puedas hablar de otros hermanos Carmelitas que han sido beatificados como mártires como los 16 frailes de Toledo. Saludos y enhorabuena!!

    • Gracias, Daniel, por tu amable comentario y felicidades en este día en tu Orden recuerda el valor y el sacrificio de estas tres religiosas mártires. Aunque un dato: no he tratado en absoluto de suavizar la brutalidad, ni lo haré en el futuro. Simplemente hablo con respeto de quienes sufrieron y murieron, también de sus asesinos. Pero no pretendo edulcorar nada. Ya lo veremos en otros casos mucho más escabrosos que el de hoy.

      Yo personalmente no me encargo de hablar de mártires varones, sino tan sólo de mujeres; aunque me consta que mi compañero Abel recogerá con gusto el testigo que has dejado. 🙂

      Me gustaría tener datos de esa mártir mexicana, si eres tan amable. Tengo entendido que hay dos seglares laicas que se inmolaron “in defensum castitatis”, pero, ¿hablas de una de ellas dos?

      • Si claro que si, de hecho si como dice Emmanuel, hay varias seglares (incluso una pequeñita de 5 o 7 años) con fama de martirio en la época de la persecución religiosa, pero por muchas razones no se les ha iniciado un proceso formal o bien están detenidos u olvidados por las diócesis.
        Cero que la chica de la que hablo fue más bien mártir “per odium fidei” en Coyoacán pero en cuanto tenga los datos concretos te lo haré saber. Aquí en el país tenemos muchas causas de canonización paradas por falta de datos, dinero o interés, tan solo en mi Archidiócesis (Morelia) no se ha podido dar el siguiente paso que es el proceso romano de nuestro primer obispo Don Vasco de Quiroga, todo por que en la fase diocesana aún documentación del “pleito” de Tata Vasco con el Arzobispo de México, pero casos así hay en todo el mundo cristiano, creo yo. 😛
        En fin, tan pronto tenga datos fiables te los envío con todo gusto 😀 VIVA CRISTO REY!!

        • Daniel, te refieres a Maria de la Luz Camacho cuando dices de la mártir de Coyoacán el tema de esta mujer mártir yo lo tengo en conocimiento aunque no amplio, debido a que fue en un evento “cultural” hecho por los camisas rojas que eran un grupo de jovenes al servicio de Tomás Garrido Canábal, Gobernador de Tabasco, estado del que yo soy y que se dedicaban a increpar a la iglesia católica, a quemar imágenes religiosas, destruir iglesias y demás, el caso de María de la Luz es algo complicado debido a que murio en el tiroteo entre católicos y camisas rojas y me supongo que es dificil saber por la bala de quien murió, del mismo modo falleció uno de los camisas rojas, Ernesto Malda a quien don Tomás le reconocio inmediatamente su “martirio” y le dedico una calle aqui en mi ciudad que aun conserva ese nombre,y por parte de Marí de la Luz también los catolicos de Coyoacán la vieron como mártir, pero debido a lo complicado de la trifulca de Coyoacán me parece que es el motivo por el que se causa no ah prosperado.

          • Entonces ahí no hay nada que hacer, como muy bien dices, André. Una víctima de fuego cruzado no es mártir ya que no queda claro de quién vienen las balas que la han matado o por qué fueron disparadas. Es como quien muere en un accidente. Imposible iniciar una causa de martirio así.

          • Si asi es Ana, lástima que quien conoce este tema más a profundidad que es Eddy (fray Marcelino) ya ingreso en un convento y pues por lo mismo tardaremos en saber de él para que nos explicara con más detalle el caso de María de la Luz si fue asesinada directamente o no, pero yo tengo entendido que fue en un fuego cruzado.

  2. Daniel

    Pues yo también soy mexicano y en mi diócesis guardamos las reliquias de tres mujeres mártires; que como bien dijo un ilustre sacerdote de este clero “son dignas de Canonización” pero por falta de interés, dinero, trabajo ( a pesar de que si existe información sobre el martirio y bibliografía de ellas ). No tendrán proceso. Yo leí sobre ellas en su momento y son Admirables como mujeres, cristianas y mártires.

    Ana María en cuanto vi el nombre de las Beatas supuse que serías tu la autora. La segunda imagen que presentas con reliquia también la tengo yo desde hace un par de meses. No había leído sobre ellas; sino hasta hoy.

    Una pregunta. Creo que alguna vez toqué con Antonio hace ya mas de un año una duda sobre una frase; no se si sea de San Agustín quien llegó a decir “No es la clase de muerte la que hace al mártir sino la causa que es Cristo”. Para mi son sorprendentes los tres martirios. Pero no se cómo aprueba “los martirios” la Congregación para las Causas de los Santos. Las tres corrieron; yo si hubiese estado en esa situación no dudaría en correr y hasta les gano a las monjas. Pero una cae y muere (B. María de los Ángeles) ¿Daría o entregaría libremente por amor su alma a Cristo? No se si me comprendas Ana María. Pero las otras dos Beatas proclamaron a Cristo en su sufrimiento y tormento. Pero la Beata Ana María de los Ángeles no.

    Cómo es este proceso para declarar Mártir a una Persona? ¿Debe de estar el mártir consciente?

    • Lo que cuenta es que las tres fueron asesinadas in odium fidei, por odio a la fe cristiana, y eso ya es un martirio aunque la muerte venga tan rápida que no dé tiempo ni a decir “ay”. Piensa en todos los niños pequeños y bebés que murieron mártires desde la Antigüedad, se supone que no tenían uso de razón ni sabían qué era el martirio ni tenían edad para pensar en dar la vida o no; simplemente fueron ajusticiados con sus familiares. Pues eso no ha quitado que los consideráramos como mártires.

      La hermana María de los Ángeles, igual que la Beata Prudència Canyelles que vimos en su día, tuvo suerte al morir al primer disparo y dejar de sufrir en el acto. Eso no quita para nada el mérito al martirio. No por más sufrimiento, torturas o porque te dé más tiempo a gritar “Viva Cristo Rey” ella era menos mártir que las otras dos. Seguro que en su corazón se había preparado para ello, había perdonado a sus futuros asesinos y recuerda que es precisamente ella la que había exclamado en el convento: ¡Qué dicha si fuéramos mártires!

      En cuanto a qué criterios se siguen para proclamar a alguien mártir, publicaré un artículo sobre este tema más adelante y profundizaremos en el asunto. Espero que con esto te haya dejado algo claro.

      Como le decía a Daniel, me gustaría tener datos de esas mártires mexicanas de las que habláis.

      • Gracias Ana Maria, por este artículo sobre nuestras primeras beatas mártires del 1936; primeras en cuanto a beatificación.
        Las carmelitas de Guadalajara son muy generosas y siempre han facilitado estampas y reliquias a quienes se las han solicitado; me consta fehacientemente porque a mi me las han enviado aun sin solicitárselas.

        Que son auténticas mártires que dieron su vida por Cristo no existe la más mínima duda. Es normal y humano que corras si ves que te van a disparar o que te van a violar (cosa que también pasaba), pero eso no quita en absoluto, un ápice al martirio. Ana Maria ha puesto los ejemplos de los niños mártires de la antigüedad, pero es que tenemos casos aun más recientes entre los mártires asiáticos: japoneses, chinos,….; niños de dos o tres años, martirizados simplemente porque pertenecían a familias cristianas. Y han sido canonizados en el siglo XX y los veneramos como santos.

        • De la generosidad de las carmelitas de Guadalajara doy cuenta aunque nunca les haya hecho un pedido directo; sólo hay que ver la variedad de estampas que han dedicado a sus mártires, de las que obviamente se sienten muy orgullosas o así lo parece.

          Eso sí, me hubiese gustado tener menos estampita ñoña y más fotografías y retratos reales de las mismas y de su vida en el convento; así como de las reliquias… no sé si no he contactado donde debía, pero de ésto no he visto nada aún.

          • Si escribes directamente al convento (o llamas por teléfono), te facilitan bibliografía sobre ellas e incluso reliquia “ex ossibus”. Al menos antes lo hacían. Tienen (o tenían) publicaciones con fotos de ellas y otras fotos de la época.

            Yo me interesé por el tema del sepulcro y me facilitaron fotos de las primeras sepulturas y de los traslados de las reliquias a la sepultura actual que es la que tu sacas en el última foto.

    • Hola Emmanuel!!
      Me dejaste intrigado sobre estas mártires, ¿me podrías decir de que diócesis son y como se llamaban? digo, si no es molestia; la verdad si me interesaría por lo menos saber algo de ellas.

  3. Yo con gusto por medio de Antonio os hago pasar los datos de las mujeres mártires de mi diócesis Ana María.

    Esperaré el artículo que dices.

    Al ver que en una de las imágenes que colocaste en el artículo veo la Cruz Roja. Me imagino que jugó un papel importante en la España de aquellos días. Sería bueno que alguien de ustedes que son españoles hablasen de esta institución y su papel que tubo en aquellos días en España.

  4. Ana Maria no se si tu tambien descubriste como yo el martirio de estas tres Carmelitas por los libritos del Apostolado Mariano,a mi el corazon se me quedo encogido cuando lei su relato.
    Entre loo de la miliciana gritando para que las dispararan,el chofer que queria rematar a una de ellas y mas……no puedo creer que no llegaran a tener ni un atisbo de compasion,¿tan llenas de odio y ciegas estaban este tipo en concreto de personas?
    Nunca lo entendere,menos mal que hubo cientos de casos donde fue todo lo contrario.

    • No, lo cierto es que las descubrí porque un buen amigo me envió la primera estampa de ellas, luego, muchas más. Todos los modelos reseñados en el artículo están en mis manos gracias a la amabilidad de este amigo y de otros, como el mismo Antonio, a quien le debo la postal de la tumba.

      En cuanto a los enemigos y los asesinos de los mártires de la Guerra Civil, hay que entender que su ideología era radicalmente opuesta a lo que la Iglesia defendía y representaba; y aunque en algunas cosas tenían razón, esta razón la perdieron al usar la violencia y el salvajismo indiscriminado, y además contra personas que, en su inmensa mayoría, no eran responsables de aquellos actos históricos por los que la Iglesia sería censurable. El fin no justifica los medios y la violencia no es un medio aceptable para defender una causa. Y precisamente por eso, no cabe hacer pagar justos por pecadores, tanto en un caso como el otro.

  5. Ana de nuevo me quedo sorprendido con las vidas y martirios de estas mujeres, fijate que me sacas de mucha oscuridad que tenia sobre los mártires de este tipo de persecuciones en especial de la de España, porque como para serte sincero aqui en la licenciatura en Historia no se habla en absoluto de esa situación en España llegue a pensar que posiblemente había sucedido como se dio en varias ocasiones aqui en México que simplemente llegaban a un pueblo y mataban a cuanto cura encontraban, en especial se me hizo esta idea porque en el caso de los mártires españoles veo que siempre son grupos grandes que han sido beatificados y canonizados. Me encanta todo el relato y aun mas por sentirme tan identificado al carmelo por mi devoción a la Virgen del Carmen, además que sus martirios son muy fuera de lo que se cree de que eran llenados de balas y caian muertos, vemos como sufre una de ellas una agonía que debio ser espantosa y creo que eso las hace aun más admirable y el darle el perdón a sus agresores, muchos de nosotros seguramente los hubieramos estado increpando y ella todo lo contrario.

    • La Guerra Civil Española es un episodio muy complejo nuestra historia y que todavía sigue generando mucho enfrentamiento y debates para aquellos que son incapaces de dejar a un lado sentimientos e ideologías personales y no quieren atenerse a hechos históricos, que perjudican tanto a unos como a otros. Aquí, como en toda guerra fratricida, nadie está libre de pecado.

      Lo que está claro es que hubo una muy cruel persecución contra cristianos de todo tipo, no sólo sacerdotes, sino religiosos, laicos… gente inocente que no le había hecho ningún daño a nadie, o que antes bien, se dedicaban a hacer el bien con los demás; y que pagaron injustamente las injusticias cometidas por la Iglesia y el alto clero durante el Antiguo Régimen y el siglo XIX, que es en lo que se apoyaban los perseguidores para justificar la persecución. De ahí que la matanza haya sido tan grande y no se hayan conformado con sacerdotes; habría muchos menos mártires de haber sido los asesinos tan selectivos.

  6. ¡GRATITUD Y GRAN APRECIO A TODOS LOS QUE APORTARON A TAN PRECIOSO RELATO DE NUESTRAS MÁRTIRES MEXICANAS!
    ¡¡¡SON TAN HERMOSAS NUESTRA IGLESIA MARIANA Y NUESTRA AMADA ORDEN CARMELITA C R I S T O C É N T R I C A !!!
    ¡PADRE DE LAS MISERICORDIAS E HIJO AMOR DE LOS AMORES NOS MANTENGAN EXULTANTES DE GOZOS DE FE PARA QUE TODAS LAS ALMAS QUE SE NOS ACERQUEN PUEDAN EXPERIMENTAR CON NUESTRA ENTREGA LA ACEPTACIÓN DEL AMOR DE DIOS Y A DIOS!
    “El 24 junto a nuestro Asesor Fray Pablo Ferreiro en Córdoba-ARGENTINA recordaremos a las TRES MÁRTIRES y a todos ustedes por tan excelente aporte a nuestros CARISMA Y ESPIRITUALIDAD.”

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