Beatas mártires carmelitas de Compiègne

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Las dieciséis carmelitas mártires de Compiègne. Estampa devocional popular.

Hoy, día 17 de julio, se conmemora el martirio de las dieciséis carmelitas de Compiègne (Francia), vírgenes y mártires durante la Revolución Francesa.
En el marco del Terror se produjeron numerosas exclaustraciones de conventos y el de Compiègne, que gozaba de gran tradición en Francia –las carmelitas se habían establecido en esta ciudad en 1641, y a los siete años se había concluido la construcción del monasterio y la iglesia, dedicada a la Anunciación. Carmelo floreciente y fiel al espíritu de Santa Teresa, se habían ganado la estima de los lugareños por su laboriosidad y su fervor-, fue clausurado y las religiosas forzadas a vivir como seglares, prohibiéndoseles que continuaran con la vida religiosa que habían llevado. Esto es porque la ley revolucionaria de 1790 -mediante decreto de la Asamblea Nacional Constituyente- ordenaba que todos los religiosos debían considerarse funcionarios del Estado y los bienes de los conventos inventariados y sacados a subasta pública. Las religiosas tuvieron que abandonar el convento vestidas de seglar y, cinco días después, firmar el juramento revolucionario (Liberté, Égalité, Fratérnité) para no ser deportadas. La comunidad pasó a residir en grupos de cuatro en diversos domicilios. Esto ocurrió el 14 de septiembre de 1792.

Entonces la priora, Thérèse de Saint Augustin, propuso a sus hermanas ofrecer su vida por la paz de la Iglesia si falta hiciere, ofreciéndose en holocausto a Dios, y renunciando a despojarse de sus hábitos de religiosas. Pero las dos monjas más ancianas, pensando en la terrible guillotina, que funcionaba a pleno rendimiento en aquella época, rechazaron horrorizadas el martirio. Una de ellas era la decana, Charlotte de la Résurréction, en el siglo Anne-Marie Thouret, originaria de Moyse-sur-Ois, que tenía ya 79 años y estaba muy enferma, por lo que consideraba que aquella prueba no era para ella. Sin embargo, al poco tiempo ambas se arrepintieron de su primera impresión y decidieron unirse a la propuesta de la superiora.
¿Por qué propondría la priora semejante sacrificio? Aparte de las obvias motivaciones espirituales, se decía que, cien años antes, sor Isabelle Bautiste, religiosa de la misma comunidad de Compiègne, había tenido una especie de sueño o visión en la que había visto a todas las carmelitas del monasterio vestidas de blanco resplandeciente y portando la palma del martirio. ¿Intentaba dar cumplimiento la madre Thérèse a esta visión ancestral y tradicional del ideario carmelita? Es muy probable que sí.

Beata Thérèse de Saint Augustin, priora de la comunidad de Compiègne. Óleo contemporáneo.

Así pues, comenzaron a hacer estricta vida conventual de nuevo, como si nunca hubiesen sido exclaustradas. Como ya había adelantado, vivían divididas en cuatro grupos, diseminadas por diversos domicilios de la ciudad, pero dirigidas en todo momento por la priora. Esto llamó la atención de algunas personas, que las denunciaron al Comité de Salud Pública. Éste de inmediato hizo registrar los domicilios de las religiosas y se incautaron pruebas de la vida conventual, como eran diversos objetos devocionales (por ejemplo, una estampa del Sagrado Corazón), cartas y escritos. Se redactó entonces un informe donde explicaba que ,“considerando que las ciudadanas religiosas, burlando las leyes, vivían en comunidad”, su correspondencia era testimonio de que tramaban en secreto el restablecimiento de la monarquía y la desaparición de la República, y por ello las mandaba detener y encerrar en prisión. Se las detuvo, pues -tres de ellas lograron escapar, sin embargo- y se las encerró en el monasterio de la Visitación – que entonces era usado de cárcel- . Era el 22 de junio de 1794, dos años después de su exclaustración.

En su encierro, ellas acordaron retractarse del juramento revolucionario, “prefiriendo mil veces la muerte a ser culpables de un juramento así”, y tal resolución las llenó de serenidad, alivio y fuerzas. Por ello, cuando se les exigió que firmaran de nuevo el juramento revolucionario, esta vez dijeron que no. Aquello, a ojos de los revolucionarios, era abogar por el retorno de la monarquía y el dominio católico, y fueron halladas culpables de conspirar contra la Revolución.
El 12 de junio el Comité ordenó que fueran trasladadas a París. Pese a que estaban mojadas por haberse dedicado a lavar ropa, no les dieron tiempo a cambiarse. Les ataron las manos a la espalda y las montaron en dos carretas de paja. Escoltadas por un grupo de soldados se dirigieron a la prisión de la Conciergerie, antesala de la guillotina, llena de presos, sacerdotes, religiosos y seglares que estaban condenados a morir.

Fue un viaje duro y largo en carro, y ellas tenían las manos atadas a la espalda. No les ayudaron a bajar del carro al término del viaje, y la anciana Charlotte de la Résurréction, que no sabía cómo se las arreglaría para bajar, fue empujada por sus escoltas y estrellada contra el suelo. Cuando pudo levantarse, se dirigió a los que la habían agredido y les dijo:“Créanme, no les guardo ningún rencor. Al contrario, les agradezco que no me hayan matado, porque si hubiera muerto, habría perdido la oportunidad de pasar a la gloria y la dicha del martirio”. Hasta tal punto había cambiado su opinión primera respecto a la muerte voluntaria.

Proceso de las carmelitas ante el Tribunal jacobino. Óleo contemporáneo.

Allí, en la prisión parisina, fueron modelo de piedad y de firmeza en la fe. Siguieron haciendo vida de oración, como si en ningún momento hubiesen abandonado el convento. Los presos dieron testimonio de que a las dos de la mañana se las oía recitar los oficios. Llegaron incluso a festejar el día de la Virgen del Carmen, el 16 de julio, con toda alegría y solemnidad. Al día siguiente, en un juicio sumarísimo, serían condenadas a muerte y guillotinadas.

Al comparecer ante el Tribunal Revolucionario cantaron, por encima de la música de La Marsellesa, unos versos improvisados en los que manifestaban su fe, su temor y su confianza, que se conservan en el convento de Compiègne. Ante el tribunal, el fiscal Fauquier-Tinville expuso su acusación: “Aunque separadas en diferentes casas, formaban conciliábulos contrarrevolucionarios en los que intervenían ellas y otras personas. Vivían bajo la obediencia de una superiora, y en cuanto a sus principios y sus votos, sus cartas y escritos son suficiente testimonio”.
Fueron sometidas a un breve interrogatorio, y sin que se llamara a declarar a ninguna, el Tribunal condenó a muerte a las dieciséis carmelitas, culpables de organizar reuniones contrarrevolucionarias, de sostener correspondencia con fanáticos, y de guardar escritos que atentaban contra la libertad establecida con la Revolución.
Una de las religiosas, Henriette de la Providence, preguntó al presidente: “¿Qué entiende usted por la palabra fanático?” “Entiendo por esa palabra”, respondió él, “su apego a esas creencias pueriles, a sus tontas prácticas de religión”.

Una hora después, subían a un carromato que las conduciría a la plaza del Trono, donde las esperaba la guillotina. Durante el trayecto la gente se amontonaba ambos lados, unos injuriándolas, otros admirándolas, mientras ellas entonaban el Miserere y la Salve Regina.
Ya al pie de la guillotina, cantaron el Te Deum y renovaron sus promesas de bautismo y sus votos religiosos. La novicia, Constance de Jésus, al ser llamada al cadalso, se arrodilló ante la priora con la misma naturalidad con que lo hubiese hecho en el convento y le dijo: “Dadme vuestra bendición y concededme el permiso para morir”. Luego, cantando el salmo Laudate Dominum omnes gentes, subió decidida los escalones. Así fueron subiendo, una por una, empezando por la novicia y terminando por la misma priora, Thérèse de Saint Augustin. Una tras otra, las dieciséis carmelitas fueron siendo guillotinadas mientras cantaban el Veni Creator. Era el 17 de julio de 1794, por la tarde.

Martirio de las Beatas. Vidriera contemporánea, iglesia de Nuestra Señora del Monte Carmelo, Quidenham, Reino Unido.

Los cuerpos de las mártires, mezclados con los de otros 24 condenados, fueron arrojados a la fosa común de lo que más tarde se llamó cementerio de Picpus. Estos restos no han podido ser recuperados, pero una placa de mármol figura, a modo de conmemoración, sobre dicha fosa, con la sentencia Beati qui in Domino moriuntur (“Felices los que mueren en el Señor”.) El cardenal Richard, arzobispo de París, inició el proceso de su beatificación el 23 de febrero de 1896. El 16 de diciembre de 1902 el papa León XIII las declaraba Venerables. Fueron beatificadas por el papa San Pío X el 27 de mayo de 1906.

Si bien no se conservan reliquias corporales, sí se han conservado algunos crucifijos y rosarios que ellas cedieron a la dueña del monasterio antes de ser detenidas; algunas ropas, entregadas a las monjas benedictinas de Cambrai, quienes estaban encarceladas con ellas y que fueron puestas en libertad; y algunos relicarios y manuscritos recuperados del convento cuando fue levantado el precinto judicial en 1795. Todas estas reliquias fueron devueltas al nuevo monasterio cuando reabrió sus puertas.

Los nombres de estas dieciséis Beatas son:
Beata Thérèse de Saint Augustin (Marie-Madeleine Claudine Lidoine), priora, 41 años
Beata Sainte Louis (Marie-Anne Brideau), superiora, 49 años
Beata Anne-Marie de Jésus Crucifié (Marie-Anne Piedcourt), 78 años
Beata Charlotte de la Résurrèction (Anne-Marie Madeleine Thouret), 78 años
Beata Euphrasie de l’Inmaculée Conception (Marie Claudine Cyprienne Brard), 58 años
Beata Henriette de Jésus (Marie Françoise de Croissy), 49 años
Beata Thérèse du Coeur du Marie (Marie-Anne Hanisset), 52 años
Beata Thérèse de Saint Ignace (Marie Gabrielle Trézel), 51 años
Beata Julie Louise de Jésus (Rose Chrétienne de Neuville), 53 años
Beata Marie-Henriette de la Providence (Marie-Annette Pelras), 30 años
Beata Constance de Jésus (Marie-Geneviève Meunier), novicia, 29 años
Beata Marie du Saint Esprit (Angélique Roussel), hermana conversa, 52 años
Beata Sainte Marthe (Marie Dufour), 51 años
Beata Saint François-Xavier (Isabelle Juliette Vérolot), hermana conversa, 33 años
Beata Catherine Soiron, portera, no era religiosa sino “mujer comprometida”, 52 años
Beata Thérèse Soiron, portera, mismo estatus que su hermana Catherine, 49 años

Placa conmemorativa de las Beatas mártires en el cementerio de Picpus, París (Francia).

En el año 1931 Gertrudis von Le Fort escribió sus vidas y el relato del martirio en su novela “La última en el cadalso”. En esta novela se inspiró la película “Diálogo de carmelitas” (1960), que posteriormente fue llevada al teatro. Adjunto más abajo un breve tráiler de dicha película para animar a su visionado.

Existe un boletín informativo publicado con regularidad por una Asociación denominada “Les amis des Bienheureuses Carmélites de Compiègne”, cuyo objetivo es propagar el culto a estas mártires. Es significativo destacar que en la ciudad de Compiègne no se encuentra ningún monumento conmemorativo a estas mártires. Esto tiene fácil explicación si se considera que la Revolución Francesa es uno de los hitos más relevantes de la Historia francesa y universal, pues da paso a la era contemporánea, el nacimiento del Estado liberal y el trapaso de una sociedad de súbditos a otra de ciudadanos. El proceso revolucionario y sus repercusiones en nuestra historia presente son de un gran prestigio para la nación francesa, que hasta hoy lo tiene como referente y como base del nacionalismo francés moderno. De ahí, entonces, el poco entusiasmo que han generado, en comparativa, los mártires cristianos de dicho proceso, por considerarse reaccionarios al mismo -como ejemplo, la tardía beatificación de Marguérite Rutan, Hija de la Caridad guillotinada en este período-.

Referencia: Reg. Decr. S.D. 1906, f.114 c; br. 13 maii 1906, Acta Pii X, III, 1906, pp.109-119.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

17 pensamientos en “Beatas mártires carmelitas de Compiègne

  1. Gracias, Ana Maria, por este artículo que hace tiempo esperaba.
    Hay que reconocer que la Revolución Francesa, aunque compleja, es uno de los episodios más importante de la historia moderna y eso lo saben mejor que nadie los historiadores; fue un paso de gigante hacia la consecución de una sociedad más moderna y más justa. Pero como he dicho fue un episodio muy complejo dentro del cual, la Iglesia perdió todo su poder pues pasó literalmente a manos del Estado. En gran medida, esto le ocurrió por su actuación anterior apegada casi siempre al poder y no al servicio del pueblo.

    Aunque en líneas generales esta Revolución fue positiva pues dio paso a una nueva Francia y por ende, a una nueva Europa, tuvo episodios muy cruentos y terriblemente injustos, como es el caso del martirio de estas monjas carmelitas cuyo único delito real era el ser monjas y nada más. Yo pienso que ellas eran partidarias de los valores que realmente tienen la “libertad, la igualdad y la fraternidad”. En su monasterio vivían fraternal y amorosamente, considerándose iguales aunque con responsabilidades diferentes y si no eran libres totalmente, era porque habían hecho voto de obediencia y lo habían hecho en libertad.

    Eran víctimas inocentes que se vieron envueltas en una crisis social terrible y que pagaron en sus carnes inocentes los errores cometidos por otros en el pasado. Eso sucede siempre que hay un levantamiento: pagan justos por pecadores. Pienso que estas vírgenes mártires son un ejemplo de entrega a un ideal de amor y su determinación en ello es un ejemplo a seguir.

    Como hay otros muchos casos de mártires de esta revolución, yo me comprometo a escribir algún artículo y tu también puedes hacerlo con otras. Gracias de nuevo.

    • Perfecto tu análisis del proceso revolucionario que nos convirtió de súbditos a ciudadanos. No añadiría ni quitaría nada a lo que has dicho.
      Tú sabes que para hablar de las mártires de este período, puedes contar conmigo.

  2. ¡Benditas martires!
    No voy a pronunciarme sobre la Revolucion Francesa,ya casi todos saben lo que opino y no quiero empezar un debate desagradable,sobre todo porque no quiero volver a hablar de algo cimentado sobre la base de cientos o miles de inocentes.

    • Créeme, Abel, estuve un año entero estudiando la Revolución Francesa y decir que está cimentado sobre la base de cientos o miles de inocentes no corresponde a definirla. En cambio, eso sí que serviría para definir el sistema que había antes y que la Revolución abatió: el Antiguo Régimen, donde unos pocos vivían a cuesta de la mayoría y nobles y alto clero comían su pan a base del sudor y la explotación de los que no habían tenido la suerte de nacer encumbrados como ellos. Eso sí que era un sistema social abusivo y cimentado sobre la base de cientos, miles, millares de inocentes.

      Que en la Revolución Francesa se cometieron abusos, injusticias y barbaridades como la ejecución de estas inocentes carmelitas, está claro, especialmente durante el Terror jacobino. Pero culpar a todo el proceso que nos liberó de la barbarie del Antiguo Régimen por los abusos cometidos por unos pocos, no sólo es injusto sino además históricamente inexacto.

  3. Aunque los que iniciaron el terror fueron victimas de sus propias artimañas y acabaron en la guillotina,me pregunto que pensarian al verse en el lugar al que habian enviado a tantos cientos de hombres y mujeres inocentes.
    “Quien a hierro mata…”

  4. Gracias Ana María. Sobre la bondad o maldad, los estragos o beneficios de la Revolución Francesa daría para hablar un blog entero y se quedaría corto. Como en todos los procesos revolucionarios, las luces y lasombras planean sobre lo que allí aconteció y, si bien tenemso el ejemplo de estas mártires como prueba de barbarie, el sistema reconoció al individuo como ciudadano y se eliminaron las injustas prebendas tanto de la nobleza como del clero del “ancien regime”. Como nohemos tenido muchos artículos ambientados en dicha Revolución sirva este para adentrarnos en los ejemplos que sin duda allí también se dieron de fe y entrega.

    • Ya había hecho un artículo a una mártir de la Revolución Francesa, la Beata Marguérite Rutan, si recuerdas; y justamente salieron a relucir las mismas cuestiones que ahora mismo: las luces y sombras del proceso revolucionario. Y me temo que saldrán cada vez que mencionemos algún nuevo caso, hasta que nos acostumbremos a lo dicho, como con el tema de la Guerra Civil española.

  5. Ana muchas gracias por relatarnos el martirio de estas mujeres, me encanta su vida aunque conoc+ia el grupo no sabía las circunstancias de su martirio y me ah agradado mucho al igual que el trailer, muchas gracias

    • Yo, sinceramente, no he visto la película; más que nada porque el cine clásico religioso no me atrae demasiado, suelen ser películas tediosas y sobreactuadas. Aún así, intentaré verla, está completa en Gloria.tv; aunque es bastante engorroso el funcionamiento.

  6. Sí, la película es muy buena e impactante. La vi hace años y me gustaría verla de nuevo para repasarla. Es una historia impresionante.

  7. Pues hay que leer mas. El problema es que los regímenes actuales, hijos de la revolución francesa, les va mucho en el prestigio de esa revolución sangrienta. Pero eso es lo que fué. Y dió lugar a un dictadura, la napoleónica. En cuanto a lo de subdito pasar a ciudadano…. El antiguo régimen tal como se tergiversa en estos tiempos es poco menos que una caricatura, como lo es el por el otro lado de la grandilocuencia, el concepto de ciudadanía. Además en el momento de la revolución francesa el viejo régimen ya no existia. Existía el despotismo ilustrado, hijo de las “luces” o la “ilustración” en la que mandaban personas poco menos “progresistas” que los revolucionarios que los guillotinaron.

    Ocurrió como en todas las revoluciones, una sucesión de movimientos cada vez mas impacientes y mas radicales que acabaron en un baño de sangre y una dictadura. Que esa carnicería luego se blanqueó para legitimar los regímenes posteriores es una tecnica conocida. La ultima versión de esa tactica de convertir un fracaso sangriento en un hito triunfal es la Izquierda española con la tergiversación y santificación de la Segunda Republica.

    Por favor, no leais tanta propaganda oficial en forma de libros de historia. Procurad buscar libros fuera de la orbita francesa. Anglosajones por ejemplo, pero no franceses o españoles.

    Leer un relato tan bello de santidad para acabar en una alabanza a la infame Revolución francesa, donde solo en la provincia de la Vendée hubo un genocidio de decenas de miles de cristianos va mas allá de lo que puedo soportar. Y lo siento.

    • Alberto, tu opinión me parece respetable y en ciertos puntos coincido con ella. Te gustará saber que he leído todo tipo de libros, porque soy licenciada en Historia y en la carrera trabajabamos con muchas fuentes. En cuanto a las debilidades del sistema actual sustentado sobre las revoluciones y la propaganda del chauvinismo francés, no quisiera que pensaras que soy una servidora del mismo. Soy crítica con las revoluciones sangrientas como la que más y nunca estaría de acuerdo con la sentencia maquiavélica de que el fin justifica los medios. En absoluto.

      Lo que no puede ser es cargar indiscriminadamente contra procesos históricos y sus consecuencias, ya sean buenas o malas, simplemente porque persiguieron la ideología en la cual me sustento, es decir, ver la paja en el ojo ajeno, y ser más indulgente con los errores de otros, no ver la viga en el propio. Hay que ser consecuentes y descubrir las luces y las sombras en todos los procesos históricos. De nada sirve condenar las maldades de la Revolución Francesa o los errores de la República Española si no aplicas la misma vara de medir a los regímenes totalitarios, a la dictadura de Franco y su persecución política y a los abusos del Antiguo Régimen, todos igual de infames que la violencia de la Revolución Francesa.

      Todo proceso histórico tiene luces y sombras pues los protagonistas somos nosotros, seres falibles, y si sólo vemos luces en un lado y sombras en el otro, lo estamos haciendo tan mal como tú denuncias y como tú quizá hagas, si eres incapaz de ver lo bueno que aportó la Revolución: los derechos ciudadanos y el fin de una sociedad de señores y siervos. Saludos.

  8. ¡Hola!
    muchas gracias por este artículo. Estaba leyendo diferentes post sobre este tema y la vraei histoire des carmelites de Compiégne…
    creo que tenía claro que el Veni Creator lo habían cantado antes de subir al cadalso y ahora me enredé de nuevo 🙂
    Quisiera saber, si me pueden ayudar, (es que hay tantas versiones de filmes y la ópera ) si las carmelitas el día del martirio volvieron a vestir sus hábitos. En ese informe de l “vraie histoire,..” dice solamente que iban con sus capas blancas y que los hábitos (para convertirlos en reliquias) no pudieron ser recuperados porque cuando arrojaron sus cuerpos a la fosa común, se fueron todo junto…¿qué entender? ¿cómo habrán recuperado sus hábitos durante su detención?
    espero que me puedan aclarar esta duda pues en todas las imagenes de devoción las carmelitas visten su hábito completo
    gracias

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