San Juan Nepomuceno Neumann (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Santo en su atuendo de obispo.

Parte I. Orígenes y vocación
Hay en el sudoeste de Bohemia, perteneciente entonces al Imperio Austriaco, un fértil valle rodeado de montañas siempre verdes, y en él se asienta la pequeña pero hermosa ciudad de Prachatitz que cuenta con doce siglos de existencia. Lo bello del paisaje y lo benigno del clima atraen hacia ella a miles de turistas.

Felipe Neumann natural de Baviera, se establece en ella en el año de 1802, instalando una pequeña fábrica de medias. Poco después se desposa con Inés Lebis, hija del lugar y profundamente cristiana. Bendijo el Señor este matrimonio con cuatro hijas y dos varones. Catalina, la mayor, se casa con Matías Berger, y viene a tener un hijo que abraza el estado religioso profesando en la Congregación del Santísimo Redentor; mas tarde habrá de ser el primer biógrafo de su tío, Juan Nepomuceno Neumann. Verónica a su vez se casa, también pero muere sin descendencia. Juana se hace religiosa de la Misericordia de San Carlos Borromeo, llegando a ocupar el puesto de Superiora General del Instituto. Luisa después de cerrar los ojos a su padre, entra en la misma congregación de su hermana, siguiendo sus pasos. Juan por edad, es el tercero de los hermanos, abraza el sacerdocio misionero en los Estados Unidos de Norteamérica, y después profesa en la Congregación del Santísimo Redentor que le ha ganado el corazón. Más tarde lo nombran Obispo de Filadelfia. Wenceslao es el último y estudia para maestro. Acompaña a Juan en sus correrías misioneras por Estados Unidos y logra, por fin, ser admitido en la Congregación Redentorista en calidad de hermano coadjutor.

Juan Nepomuceno Neumann nace el 28 de marzo de 1811 en Viernes Santo. Ese mismo día se le bautiza. Desde niño siente inclinación por los libros y le atrae la naturaleza en la que logra leer la sabiduría y la bondad de la Divina Providencia de Dios. Su ingreso en la escuela municipal de la población tiene lugar a sus siete años y a lo largo de los seis que estudia en ella saca notas excelentes. Reconocía el haber heredado de su padre el amor a la lectura, y en su casa de enorgullecía de poseer una excelente biblioteca familiar.

A los nueve años se le administra el Sacramento de la Confirmación y un año mas tarde, en gracia a su conocimiento de la Doctrina Cristiana y a su vida seria y responsable, es admitido a la Primera Comunión. A los once años comienza el estudio del latín y la botánica. Esta ultima le atrae de sobremanera y mas tarde le será útil para curar a enfermos en lugares desprovistos de médicos y de farmacéuticos.

Cumpliendo los doce años lo admiten en el Gimnasium que dirigen los Padres Escolapios en el que se dedica seis años al estudio de Humanidades. Corre el año de 1823 y en el mes de octubre ingresa en el Colegio de Budweis. Se ve obligado a vivir externo y de pupilo en una casa particular. Esta y otras circunstancias adversas le impiden dedicarse a atender un negocio, interviene su padre que lo saca de aquella casa y le consigue un lugar mas a propósito para terminar tranquilamente sus estudios, que sucede en 1829.

Vista de la ciudad de Prachatitz (Repúblicha Checa) desde el valle, patria natal del Santo.

Sigue estudiando dos años de Filosofía en el Instituto de los Monjes Cistercienses de Hohenfurt en Budweis. Estudia con gusto sin descuidar la biología, astronomía y botánica que tanto le apasionan. Curiosamente por estos días aprende a pulsar la guitarra y organiza un club de estudio entre sus compañeros interesados en las Ciencias Naturales. Se gradúa en el año 1831, cumplidos sus veinte años; y le llega momento de elegir carrera. El consejo de su madre lo inclina a llamar a las puertas del Seminario de Budweis, donde inicia los estudios para su carrera sacerdotal.

Juan tiene veinte años, vuelve al hogar con gran bagaje de ciencia adquirida y sobre todo de virtudes entre las que descuella su intacta inocencia. Cuatro años más de Teología lo conducen a las puertas del sacerdocio, objeto de sus aspiraciones. Al llegar a este punto de su carrera tiene fuertes tentaciones de dejarlo todo, y es que las autoridades diocesanas de Budweis han decidido que de los ochenta y tantos jóvenes que han terminado los estudios de Filosofía, solo veinte sean admitidos a iniciar los de Teología. Estos se escogerían entre quienes tengan mejor concepto de de inteligencia y vida cristiana y la condición de que sean presentados ante el Sr. Obispo por una sólida recomendación de un alto personaje. Esta última condición extraña y absurda la rechaza Neumann por considerarla cortesana y mundana.

Enterado su padre de este gran inconveniente, se siente dispuesto a enviarlo a estudiar Medicina en la Universidad de Praga. Su madre está dispuesta a impedir que su hijo renuncie a su acariciado ideal que es el llamado de Dios, y le aconseja con estas palabras: “Dirige una súplica al Sr. Obispo y pon este tu ideal en la manos de Dios, y lo demás se hará solo…” Obedece Juan y recibe de inmediato la respuesta deseada. Desde entonces no sueña sino en prepararse al sacerdocio y renuncia sin dolor a las ciencias profanas para las que se sentía con muchas condiciones.

Detalle del rostro del Santo en un lienzo inspirado en su fotografía original.

Brillante estudiante en el Seminario, le gusta especialmente las Sagradas Escrituras en las que es aventajado. Aprende italiano, francés y acomete el aprendizaje de español y domina perfectamente el checo. (Más tarde siendo misionero le servirá el dominio de estas lenguas en su apostolado misionero).

Al iniciar su segundo año de Teología, Dios le hace sentir fuertemente su vocación misionera. El abad Korner, profesor de hebreo y Sagrada Escritura es un gran admirador de San Pablo y con su entusiasmo por el gran Apóstol contagia a sus alumnos a los que alienta a ser apóstoles misioneros. Con mayor razón, llegan a manos de los seminaristas revistas americanas que resaltan la necesidad de apóstoles para aquellas tierras, y así prende en varios seminaristas el fuego de las misiones. Juan está ya seguro de que Dios lo llama más allá del océano, y América se muestra a sus ojos como lugar inculto, y lleno de peligros, en el que abundarán las privaciones y hasta la posibilidad del martirio.

Neumann redobla ante la vida que le espera, la oración, el dominio de sí mismo, la aplicación al estudio y la lectura sobre la Misiones en América. Recibe revistas de los Padres Redentoristas de Estados Unidos en las que dan cuenta de sus trabajos apostólicos y lamentan la escasez de operarios para tan inmenso campo de almas como el que les ofrece. Por esta época empieza a leer las Obras de S. Alfonso María de Ligorio. Para edificación y aprovechamiento espiritual de sus compatriotas traduce del italiano la obrita “Camino de la Salvación”, del Santo. También lee directamente en el idioma original las obras de Santa Teresa de Jesús y las Cartas Apostólicas de San Francisco Javier.

En el año de 1831 se traslada al Seminario Mayor de Praga para sus estudios teológicos. Y concluidos a entera satisfacción, consigue permiso para matricularse en la Universidad de su patria. Posee un gran talento y una inteligencia penetrante, unida a una formación reciamente cristiana. Por ello descubre de inmediato que sus profesores tienen tendencias hacia el Josefinismo y el Galicanismo. Eso le mueve a componer valientemente una tesis defendiendo la Infalibilidad Pontificia. (El Galicanismo fue una doctrina errónea de la Iglesia Francesa publicada en una Declaración de 1682, que ponía limitaciones serias a la Autoridad Papal. El Josefinismo propiciaba la intervención del Estado para la supervisión de la Iglesia, cosa que ya practicaba el emperador José II en Austria, por lo que recibió su nombre.)

Neumann no ha descuidado entre tanto el estudio de las lenguas. Por esta época ya estaba familiarizado con el latín, el griego, el francés, el alemán, además del checo y ahora se estaba dedicándose a perfeccionar su inglés, italiano y español.

Estampa devocional del Santo, revestido de su atuendo episcopal.

Hay muchos testimonios de sus amigos sobre sus años de estancía en el Seminario de Praga. “Desde que conoce su vocación misionera -declara uno,- procura practicar una verdadera humildad y una gran dulzura, a la vez que vive el espíritu de la Cruz, su fe lo lleva a una autentica vivencia cristiana pero sin ninguna afectación. Frecuenta mucho la Iglesia, y hasta pasa largas horas en oración ante el Santísimo Sacramento de rodillas. Observa escrupulosamente el reglamento del Seminario, su conducta es la misma ante los superiores o en su ausencia, se distingue por su gran obediencia…” Otro testigo declara: “A partir del instante en que se confirma en su vocación de misionero abraza una manera de vivir muy dura. El alimento en el Seminario es bastante malo a veces, todos murmuran y se quejan, menos Neumann, que aún llega a compartir su ración durante temporadas con un estudiante pobre. Fidelísimo a la meditación diaria. A veces dedica la noche entera a la oración, sobre todo en vísperas de comulgar”.

Otro amigo refiere que en el año de 1835 llego a Praga un lugarteniente imperial para averiguar si entre los alumnos de aquel seminario había alguno que conociera idiomas para poder ocupar el puesto de secretario en una embajada extraordinaria e importante. Todos los seminaristas pusieron los ojos en Neumann como el único capaz de ocupar aquel puesto; pero él no solo no da ningún paso para obtener aquel puesto tan honroso y lucrativo, sino que todavía se siente contrariado, y el lugarteniente tiene que irse de Praga para buscar en otra parte. “Yo, -dice el testigo- asombrado por aquella reserva inexplicable para mí, que conocía sus conocimientos en idiomas, le pregunté que a que fin había aprendido tantos, y él sonriéndose me contesto –¿Tu, qué sospechas sobre esto?- Yo le dije : Sin duda quieres ser Misionero en el Nuevo Mundo… Se extrañó de mi respuesta y me pidió que le guardara el secreto hasta tanto conseguía el permiso de sus padres, y que le ayudara con mis oraciones a conseguir que se lo permitieran.”

Por combatir las ideas galicanas y josefistas, queda aislado del Seminario. Los profesores lo ignoran; el Rector se muestra frío, reservado y casi desdeñoso. Neumann no puede abrirse a un hombre que rechaza los enfoques de los escritos de San Alfonso y San Pedro Canisio. Con esto se apena y hasta llega a creerse culpable de irreverencia al Superior legítimo que le representa a Dios. Tampoco quiere manifestar a nadie su angustia por temor de ofender al superior. Pero los enfoques falsos del Rector terminan por alejarlo más de él cada día.

Teca con una reliquia ex-ossibus del Santo.

Neumann ruega al Señor por este guía ciego, y le pide que le de un Director que lo ayude a salir de este dédalo de dudas y angustias. En su diario nos cuenta que el Señor lo fortalecía en su interior y le daba la fuerza para vivir su cruz con generosidad. Cosa esencial para adelantar en el amor a Dios es la pureza de conciencia y el horror a cualquier falta deliberada. Diariamente tomaba él mismo cuenta de sus acciones, palabras, pensamientos y hasta de sus tendencias e inclinaciones. A sus ojos, las menores deficiencias en materia leve eran merecedoras de duras penitencias. El pecado más difícil de evitar completamente es el de la lengua. El pide a Dios el arte de hablar sin ofender a nadie, y la sabiduría para refrenar su lengua. Aborrece la mentira y la falsedad. El arrepentimiento perfecto, fruto del amor a Dios, sabemos que borra los pecados. El lo sentía y buscaba en la Confesión la reparación con mucha frecuencia. A ello añadía de cuenta propia austeridades y la aceptación alegre de las pruebas interiores que le seguirán atormentando hasta su muerte.

A imitación de San Pablo, San Alfonso, San Pablo de la Cruz… siente un gran amor a la persona de Cristo, y es por eso que visita con suma frecuencia a Jesús Eucaristía(Continuará)

Tacho de Sta. María

Bibliografía:
– Taller de Profundización: Espiritualidad Misionera Redentorista. Cap. 20, Julio de 2000, San Luis Potosí, S.L.P. México
San Juan Neumann. Ricardo Baztán, Artigraf. Buenos Aires, 1977.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

8 pensamientos en “San Juan Nepomuceno Neumann (I)

  1. Vaya, gracias Tacho, por hablarnos de este santo obispo alemán que misionó en Norteamérica, veo que me he confundido ya que pensaba que se trataba del Cardenal Newman que ha sido recientemente beatificado… el San Juan Nepomuceno clásico no podía ser ya que tiene una cronología e iconografía muy distintas, pero estaba liada con eso.

  2. Parece ser un hombre que amaba lo que tenía en frente. La ciencia, la sabiduría, la humildad, la sencillez.

    Tacho, en sus escritos o diarios San Juan dice si es que combatió las las ideas galicianas y josefinistas ¿? Y si es así. ¿Por qué tubo problemas en el seminario? ¿A caso el seminario o los clérigos de esa institución compaginaban con esas ideas?

    • Efectivamente Emmanuel, los Superiores del seminario compaginaban con esas ideas y asi obtener Privelegios o favores del Estado. En ese momento la Iglesia Alemana enfrentaba situaciones complejas dentro de su seno. De estas situaciones nuestro santo estaba al tanto pero antes q nada esta la obediencia a Dios en la persona de los Superiores pero defendiendo siempre la Ortodoxia una caracteristica Alfonsiana. . . Saludos

  3. Tacho muy bueno este primer articulo sobre San Juan Nepomuceno Neuman.
    Yo tambien me habia confundido al principio con otro santo.
    No se si tu o Antonio podreis responderme a esta pregunta,es sobre la fotografia con la reliquia del santo.
    Tengo entendido que una teca que contenga resto oseo del santo o beato en cuestion deberia llevar la palabra “ex-ossibus” o “ex-corpore” junto al nombre,de lo contrario puede resultar con muchas probabilidades que sea falsa.

    • Abel,
      Una reliquia de primera clase siempre va dentro de una teca, precintada y lacrada y acompañada de una documento que se llama “auténtica”. Si alguna de estas tres cosas falla o falta, se pierde la autenticidad aunque la reliquia en sí lo fuera. Dentro, junto a la reliquia en si, va el nombre del santo/a o beato/a y la indicación “ex corpore”, “ex ossibus”, “ex ceneris” o lo que sea.
      En alguna ocasión también se ponen dentro de tecas, reliquias de tela, de madera del ataúd, o de cualquier otra cosa relacionada con el cuerpo del santo.

      Las reliquias de tela que van pegadas a estampas, son reliquias de segunda o tercera clase.

      Tacho,
      Cuando lea mañana el tercer artículo, te doy mi opinión. De todas formas, desde ahora te doy las gracias.

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