Santos Simeón “el Loco por Cristo” y Juan el ermitaño

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Sinaxis de los Santos celebrados el 21 de julio: Simeón de Edessa (izqda.), Partenio (centro) y Juan de Edessa (dcha.) Icono ortodoxo griego.

Las vidas de los monjes Juan y Simeón, originarios de Edessa, son ejemplos interesantes de cómo un monje puede entender su relación con Dios y con el prójimo. La tradición sitúa la existencia de los dos Santos a finales del siglo VI.
Lo “específico” de estos Santos es el hecho de que el amor por Dios puede llegar a la locura, literalmente. Hay muchos “locos por Cristo”. Incluso en el desierto de Egipto, a finales del siglo IV se ha documentado una santa monja llamada Isidora en un monasterio de cerca de Tabenna, que “fingió” locura para humillarse a sí misma. El mundo moderno conoce mejor al popular Basilio Blazhennyi, el santo patrón de la bella catedral en el centro de Moscú. Este Santo se burlaba del terrible zar Iván IV de Rusia sin que éste lo castigara. Pero el “clásico” loco por Cristo, el que despreció su honor humano para salvar a otros cristianos, es San Simeón, normalmente asociado a su amigo, Juan el ermitaño.

Aunque hay muchas “vidas” de estos santos, escritas poco después de sus muertes, la fuente biográfica más sintética es Vida y obra de Simeón el llamado loco por Cristo, escrita por el piísimo obispo Leoncio de Neápolis en la isla de Chipre. Leoncio escribió en torno al 641 una Vida de San Juan el Misericordioso, Patriarca de Alejandría y los expertos creen que escribió la Vida de Simeón más tarde, pero no después de 649, cuando la invasión árabe de Chipre.
El trabajo de Leoncio combina la clásica biografía de un monje con una colección de anécdotas, similares a las antiguas historias del filósofo griego Diógenes, también famoso por sus “desatinadas” o, cuanto menos, sorprendentes afirmaciones.

El joven Simeón y su amigo Juan
Desde el inicio de la biografía, Leoncio intenta explicar a sus lectores cómo un “loco por Cristo” puede ofrecer una vida ejemplarizante para un cristiano, haciendo alusión a la concepción paulina de la misión cristiana (1 Corintios, 4, 10). Tras esta reflexión, empieza a hablar del joven Simeón de Edessa (Siria) que fue de peregrinación a Jerusalén con su amigo Juan. Durante el camino, al pasar junto al monasterio de San Gerásimo, decidieron parar a descansar un tiempo, asistiendo a las lecciones del abba Nicón. Poco después, decidieron hacerse monjes, pero una semana después, abandonaron el convento e iniciaron una nueva vida a la intemperie del desierto, con el consentimiento del abad, que tuvo una visión y comprendió su especial situación.

En tierras desiertas cerca de Jerusalén, “debido a tentaciones demoníacas”, los dos sentían nostalgia por lo que habían dejado atrás: Simeón había abandonado su hogar y a su anciana madre, que era viuda y no tenía otros hijos; y más escandaloso es el caso de Juan, que había dejado su hogar en Edessa y en él a su joven esposa. Curiosamente, ellos rezaron a Dios para que se llevara a las dos mujeres. Esto ocurrió poco después, y los dos monjes prosiguieron su vida solitaria durante otros 29 años. Aquí Leoncio concluye la primera parte de su historia, que presenta una clásica biografía de dos ermitaños.

Detalle de San Simeón, el loco de Edessa, en un fresco ortodoxo griego.

La locura por Cristo
La segunda parte de esta historia consiste en 39 “anécdotas”. Después de un largo período trabajando en su propia “vida angélica”, Simeón sugirió un día a Juan que deberían ir juntos por el mundo, para salvar a otras almas, citando el ejemplo de 1 Corintios, 10, 24, “uno no sólo debe pensar en sí mismo sino también en el otro”. Pero Juan, temiendo volver al mundo, intenta persuadir a Simeón sobre los peligros de vivir en la ciudad. Finalmente, viendo que su amigo era fortalecido por Dios, él accede a la decisión de Simeón, aunque se queda en el desierto, sintiéndose no lo suficientemente fuerte en su fe.

Poco después, Simeón, fue en primer lugar a Jerusalén, donde permaneció tres días, luego marchó a Edessa, una ciudad importante no muy lejos de Antioquía. En una “ciudad cristiana”, empieza a actuar como un loco, entrando en la ciudad arrastrando el cadáver de un perro atado por la cuerda que usaba de cinto en su ropa de asceta. Incluso los “inocentes” niños, corriendo tras él, hacían gran escándalo, golpeándolo y llamándolo salos, que significa “loco”.

Al día siguiente, domingo, Simeón acudió a la iglesia y empezó a molestar a los fieles reunidos en oración, tirándoles nueces y apagando las velas. Fue expulsado inmediatamente y golpeado, esta vez por los adultos. Simeón se dijo a sí mismo que si continuaba así, estaría muerto en una semana. Pero no paró.
Posteriormente, un mercader lo contrató para vender verduras en el mercado. Simeón empezó a actuar de forma rara, comiendo alubias y consecuentemente, generando un pestilente olor en torno a él. En lugar de venderlos, regaló los productos a los pobres y a todo el que pasaba por allí, regaló incluso el dinero, de modo que nuevamente fue golpeado y perseguido.
En otra ocasión, se desvistió en medio de la calle y entró desnudo en el baño público reservado a las mujeres, desafiando a la decencia.
Entretanto, hacía milagros, profetizaba y arrojó el demonio del interior de un joven adúltero. Predijo un terremoto con una actuación extraña: golpeando con un palo algunas columnas de la escuela local, diciendo a unas “vosotras caeréis”, y a otras “vosotras permaneceréis en pie”.
Además, besaba a los niños que regresaban del colegio: no a todos, sino a los que morirían pronto a causa de la peste. Simeón realizaba en secreto actos de caridad y rechazaba todo reconocimiento, haciendo callar a los que descubrían la verdad.

Detalle de un icono ortodoxo de San Simeón el Loco, flanqueado por dos ángeles.

Para no escandalizar demasiado a sus lectores, el biógrafo combina las anécdotas absurdas con milagros y recordatorios de que la locura de Simeón era falsa. En realidad, el Santo actuaba así para impactar a los conformistas, y para mostrarles que su piedad era falsa, por lo que el auténtico significado cristiano estaba lejos de ser cumplido. Otras veces, tras un milagro o una curación, Simeón hacía algo realmente estúpido, para que los testigos no se dieran cuenta de la verdad y lo vieran como un lunático, y no como un Santo.

Simeón no es sólo un taumaturgo y un Santo camuflado de arlequín, sino también un luchador de la fe. Dos monjes de un monasterio cercado a Edessa, que querían mantener una disputa teológica, fueron al desierto para buscar a Juan y Simeón. Encontraron al primero, que los guió hasta la ciudad, hasta Simeón, quien les explicó la doctrina ortodoxa contraria a la origenista de un modo muy astuto, insultando y golpeando a uno de ellos.
En otra ocasión, bailó con prostitutas para mostrarles que él era inmune a sus encantos. Incluso les dio dinero a algunas de ellas para que abandonaran sus oficios. Las llamaba a menudo sus “novias”, causando la indignación de los lugareños.

Bajo la apariencia de su locura, paraba a la gente por la calle, abofeteaba a algunos, tiraba piedras a otros, se mofaba de los preceptos religiosos (por ejemplo, los períodos de ayuno), todo para salvar las almas del prójimo, sin ser glorificado por ello.
Después de que curara milagrosamente al diácono Juan, que casi había sido muerto por falsas acusaciones de asesinato, este diácono se convirtió en su único confidente, el único que conocía la sabiduría oculta bajo la máscara de la locura.
Posteriormente Simeón encuentra un dinero robado por algunos ladrones, cura algunos posesos, descubre las mentiras de algunos perjuros, y priva a una mujer de sus brujerías. Para incluir en las historia también a los otros “no creyentes”, Leoncio menciona también a un judío que era vidriero en la ciudad. Simeón acude a su tienda y empieza a romperle todos los vasos sólo por palabra. Finalmente, le dice al judío que seguiría rompiéndole todas las botellas a menos que se hiciese cristiano. Lo que, por supuesto, hace.

Icono ortodoxo griego de San Simeón de Edessa.

Los días que Simeón permaneció en Edessa no fueron muchos. Su modo de vida, en las calles, con las prostitutas y los vagabundos, seguramente lo enfermaron. En cualquier caso, aunque pasaba sus días en las calles, por las noches dormía en su cabaña, que era un montón de palos, situada en el basurero de la ciudad, donde oraba incesantemente llorando. En sus últimos días raramente habló con el diácono Juan, pero finalmente le contó toda su vida, justo antes de morir.

Sintiendo que su fin estaba próximo, Simeón permaneció oculto en su cabaña, donde murió mientras dormía. Los pobres (que rebuscaban entre la basura) lo encontraron y lo reconocieron como “el loco de la ciudad”. Lo enterraron en el cementerio para extranjeros, sin ceremonia. Pero de vuelta, pasando por la casa del judío converso, éste oyó voces de ángeles cantando himnos y rogando por el funeral de Simeón. El diácono Juan se enteró más tarde de lo que había ocurrido y fue al cementerio para intentar hacer un sermón funerario decente en honor de Simeón, pero cuando contrató algunos hombres para desenterrar el cuerpo, hallaron la tumba vacía: Dios se lo había llevado.
Esto es un topos presente en muchas vidas de Santos “locos por Cristo”, pero no sólo en ellas. Podríamos compararlo con el funeral de Nuestra Señora, Madre de Nuestro Señor.

Al final de la biografía, Leoncio concluye afirmando que lo dicho son sólo algunas obras de Simeón, que vivió como un desconocido. Su vida le fue relatada casualmente por Juan, el diácono de Emessa. Leoncio insta a sus lectores a tomar ejemplo de Simeón y dejar de juzgar al prójimo, porque las auténticas obras son sólo conocidas por Dios.
San Simeón es celebrado el día 1 de julio en el calendario de la Iglesia Oriental, mientras que la Iglesia Occidental marca su fiesta el 21 de julio (3 de agosto en el antiguo calendario), el día de su muerte. Es juntamente celebrado con Juan, su amigo, que permaneció en el desierto.

Icono ortodoxo griego de San Leoncio, obispo de Neápolis (Chipre) y autor de la vida de San Simeón de Edessa.

Las obras de Simeón, según otras fuentes
El modo en que Leoncio explica el estilo de vida de Simeón difiere de otras interpretaciones de esta biografía a lo largo de los siglos. Las últimas paráfrasis, las hagiografías cortas, pero especialmente los textos de los servicios litúrgicos, han “suavizado” el vocabulario sobre la “locura” de Simeón. En un Menologio bizantino anónimo del siglo X, el compilador reduce la vida de Simeón a una sexta parte del original, sobretodo por razones prácticas. Se ha renunciado especialmente a algunas fórmulas de Leoncio que parecen ser demasiado coloquiales. La segunda parte de la vida del Santo es simplemente un listado de prodigios. Las omisiones de esa paráfrasis son instructivas: los episodios explícitamente escandalosos no se mencionan, como la costumbre de Simeón de defecar en público, o su embrollo con las prostitutas. En lugar de esto, el compilador simplemente dice que Simeón convirtió a muchas prostitutas. El texto armenio renuncia también a relatar algunos de estos episodios.
Los compiladores posteriores tienen una tendencia a “teologizar” y “moralizar” el texto. Ahí se hace notar que los textos litúrgicos fueron hechos para los oficios diarios en la iglesia; por eso su contenido moralizante era primordial. Un Santo que tuvo una vida escandalosa difícilmente podría ser honrado en el calendario oficial. El Sinaxario de Constantinopla, también del siglo X, reduce la vida de Simeón “tou dia Hriston salou” y su amigo Juan a sólo 47 líneas, y así es como aparecen en los modernos menologios, incluyendo el rumano, en uso actualmente. Centrándose en cómo los mártires y los santos murieron, el autor afirma tan sólo que Simeón fingía estar loco, y menciona que la verdad sobre su vida se conoció milagrosamente sólo tras su muerte.

Es difícil decir si los liturgistas bizantinos modificaron la vida de Simeón. Parece ser que el texto fue reducido primordialmente por razones prácticas y en cuanto a las morales, sólo de forma secundaria. Pero fuera lo que fuese, estos textos posteriores carecen de la desvergüenza de Simeón y el impacto que produce la historia.
El autor de la última vida de Andrés el Salo, el “loco por Cristo” griego más famoso, que vivió en Constantinopla en el siglo X, toma muchos elementos de la biografía escrita por Leoncio. Posteriormente, los biógrafos rusos de los nuevos Santos “locos por Cristo” (llamados allí jurodivyi, que significa “feto abortado”) hacen uso también de la biografía de San Simeón.

Himno (troparion) de San Simeón
Habiendo escuchado la voz de tu apóstol Pablo: “¡Nosotros somos necios por amor de Cristo”, tu siervo Simeón, oh Cristo Dios, vivió la vida de un tonto aquí en la tierra por tu causa. Así que, como nosotros veneramos su memoria, te rogamos, Señor, ¡salva nuestras almas!

Otro himno (kontakion) de los Santos Simeón y Juan
¡Alabemos con amor ferviente a este hombre que vivió en la carne como un ángel, adornando su alma con las virtudes más radiantes! Simeón, semejante a los Apóstoles y portador de Dios. Junto con él, honremos a su compañero Juan, ¡porque ellos siempre estarán ante Dios, intercediendo por todos nosotros!

Mitrut Popoiu

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10 pensamientos en “Santos Simeón “el Loco por Cristo” y Juan el ermitaño

  1. Bueno, bueno, está claro que con un loco por Cristo una no se aburre… que si pegaba a unos, apedreaba a otros, hacía sus necesidades y ventoseaba en público… no sé si estas extravagancias son cosa de la leyenda o no; pero espero que sí porque entonces no me explico cómo llegó a ser venerado, si en la práctica no se le distinguía de cualquier otro demente que malviviese por las calles de una ciudad. Un diácono que te cuenta que en realidad estaba cuerdo y un cuerpo desaparecido de una tumba no me parecen suficiente para iniciar una veneración, pero bueno… los locos por Cristo son así, por lo que hemos visto hasta la fecha. Aunque desde luego éste es el más pintoresco que he visto hasta ahora.

    • I am very convinced about the fact the biography transposes a life which uses older elements such as from the lives of the cynicals; moral teachings for the christians, etc.
      I have studied a little the subject and I found out that 50 years before Leontius wrote this biography, some armenian chronicle mentioned about a fool for Christ in Emesa, without commenting too much, and saying only that “he pretended to be a fool”. So I believe some truth there is in the story. Anyway his biography inspired all the lives of the fools for Christ later: st. Andrew, probably legendary, but also the well-known Vassili from Moscow.
      There are some fools for Christ until today, or at least mystical vagabonds. About one of them told me my confessor: a beggar , probably fool for Christ, made the biggest donation in the modern times to the Cathedral of Sofia, Bulgaria, not long time ago. In Greece died about a decade ago Tarso and Iannis, fools for Christ… I saw a kind of such a mystical vagabond to the big feasts, at some monasteries in Poland.
      So, the phenomenon exists, somewhere between legend and reality. Anyway people love legends and tend to transform simple lives into some “exemplary” ones.
      St. Symeon is a saint who fascinated me a lot (he is one of the subjects for my phd paper)

  2. Gracias, Dumitru, por este interesante y curioso artículo.
    No seré yo quien dude de la santidad de San Simeón el loco, ya que no soy nadie para meterme en la conciencia de nadie pero se puede ser “loco por Cristo” al estilo de Santa Xenia de San Petersburgo o San Benito José Labre, que dentro de sus “locuras” eran seres normales y ser un “santo loco por Cristo” y al mismo tiempo ser un “majareta” de verdad si es que son ciertas todas esas extravagancias que se han escrito de él.

    Desde luego habrá que ponerse en su tiempo y en sus circunstancias pero supongo que alguna jerarquía “cuerda” le haría saber que no solo aparentaba ser demente, sino que realmente era un demente. Si hubiera vivido en el siglo XIX o XX hubiese ingresado directamente en un hospital siquiátrico.

    Loco por Cristo, si; santo, si, pero loco de remate, también. Para mí, no es un modelo ni un ejemplo a seguir.

  3. Gracias Mitrut por este articulo que nos muestra a un loco por Cristo como nunca antes habiamos visto.
    Me he quedado de piedra con la vida de este “loco por Cristo”,desde luego nada que ver con el ejemplo de San Juan de Dios.
    Tener que leer que tanto San Simeon como San Juan abandonaran a su anciana madre y a su esposa respectivamente y que luego rezaran a Dios para que se las llevara me parece ya algo totalmente aborrecible, haber rezado para que se los llevaran a ellos.

  4. Una cosa es hacerse el loco y otra serlo realmente. Un bonito debate es el de discutir si una persona con enfermedad mental puede ser canonizada o no (en el sentido de ser puesta como modelo a seguir). La enfermedad mental altera el comportamiento, y en eso se diferencia de otras enfermedades de tipo físico que no parecen causar objección para la santidad, aunque sí proporcionan objecciones de tipo canónico para según qué cosas (recepción de sacramentos, por ejemplo). Determinar si el comportamiento extraño es debido a la enfermedad o no, es complicado porque además en algunos tienen un cócktel de enfermedad mental y discapacidad psíquica, con fronteras para algunos síntomas muy poco claras y definidas.

    Si entendemos a los santos como personas que vivieron las virtudes cristianas en grado heroico y muestran un camino ejemplar de seguimiento de Cristo podemos encontrar disonancias. ¿Puede un enfermo mental vivir las virtudes cristianas? Creo con franqueza que sí, pero en cuanto a la segunda parte, la de “mostrar un camino ejemplar” ahí, en el caso del santo que nos ocupa, ya me cuesta más verlo. No veo ejemplares las cosas que aquí se nos cuentan de él, pero líbreme Dios de dudar de su santidad. También algunos santos conocidos, “clásicos”, de los llamados “cuerdos”, tuvieron episodios de auténtica locura: san Ignacio de Loyola, san Juan de Dios, san Francisco de Asís,… Por no hablar de las excentricidades de los estilitas (¿cuarenta años en una columna?, ¿eso no es de locos?) o algunos ermitaños de los primeros siglos.

    Porque, ¿quién es 100 % estable?. Todos tenemos en alguna ocasión un pequeño (o gran) ápice de desestabilidad en nuestro complicadísimo mundo cerebral: cambios de humor, golpes de ira, estrés, frustraciones, manías… Y no por ello debemos renunciar a aspirar a la santidad. Tampoco un enfermo mental debe hacerlo, porque está llamado a lo mismo: al seguimiento de Cristo en perfección.

  5. Para completar lo que he comentado antes, y que me ha venido a la mente ahora, recordad otro “loco” bíblico, mi tocayo el rey David, que se hizo el loco varias veces en su vida: 1 Sam 21, 14-16 y 2 Sam 6, 14.

    También otros personajes bíblicos como san Pablo (Hch 26, 24-25) fueron tomados como locos, incluso el mismo Jesucristo en Mc 3, 21: “Al enterarse sus parientes de todo lo anterior, fueron a buscarlo para llevárselo, pues decían: Se ha vuelto loco.”

    Termino diciendo con el apóstol: “El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan, ¿para nosotros?, es fuerza de Dios” (1 Cor 1, 18).

  6. Muy linda la hagiografía. Lamento que no podamos copiarla; después de todo es para mayor honor y gloria de Dios. Si los autores pretenden darse a conocer, ser famosos o cobrar algo por las vidas santas, sean anatema

    • Jamás he visto a una persona sensata, autoproclamarse con un título que incluso antepone a su propio nombre y apellidos, ni jamás he visto a una persona en sus cabales que, en pleno siglo XXI, vaya anatematizando a diestro y siniestro a quienes no se pliegan a sus intereses. Pero lo más vergonzoso es que quiera aprovecharse del trabajo de los demás en beneficio propio, argumentando que lo hace “para mayor honor y gloria de Dios”.

      Si este blog quisiera aprovecharse económicamente de su publicación, aceptaría publicidad que da pingües beneficios. ¡A saber que hace el tal “hagiógrafo” con los artículos que roba en la red sin el consentimiento de sus propietarios!

    • Estimado “Hagiógrafo” Francisco:
      desde aquí no tenemos ningún ánimo de fama -no nos hacemos famosos con esto- ni de lucro -no cobramos absolutamente nada por lo que hacemos, es más pagamos de nuestros bolsillos este espacio-, y nuestro trabajo es para mayor honor y gloria de Dios y para bien del prójimo, no te quepa duda.
      Bajo la apariencia devota de tu mensaje se esconde un intento de robo de la propiedad intelectual, lo cual, aparte de un delito tipificado en el Código Penal, es una falta de respeto a las personas que se dejan la piel cada día en este espacio para compartir sus conocimientos sobre hagiografía. Y ya querernos anatematizar por esto nos parece el colmo de la hipocresía por tu parte.
      Te dejamos una cita para que reflexiones. Como eres un hagiógrafo y una persona devota, seguro que la reconoces:
      «No robarás» (Mt 19, 18)

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