Los Santos y la medicina (V)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa popular de Santa Maria Bertilla Boscardin.

San Juan Calabria (1873-1954) Es el año 1900. En una nublada tarde de noviembre, Juan Calabria, un joven estudiante veronés de teología, ve un montón de harapos en un agujero de la puerta: era un pequeño niño gitano que estaba obligado a mendigar y a llevar todos los días una cierta cantidad de dinero si quería escapar de las palizas y del abuso a que estaba sometido y que no sabía donde refugiarse para escapar del frío. Era como otros muchos, un niño desesperado, uno de aquellos para los cuales no existía la palabra futuro. Juan lo llevó a su casa y lo puso al cuidado de su madre que ya estaba acostumbrada a la generosidad de su hijo. Aquella noche no pudo conciliar el sueño y, poniéndose a rezar, tuvo la idea de hacer todo lo posible para oponerse a injusticias como esta. Y lo hará durante cincuenta años, promoviendo la fundación de la Obra Don Calabria, obra asistencial en todos los ámbitos y que hoy se encuentra presente en doce naciones de cuatro continentes. Había nacido el día 8 de octubre del 1873 y se ordenó de sacerdote en el año 1901. Juan Calabria moriría el 4 de diciembre del año 1954 con ochenta y un años de edad.

Beata Maria Ludovica de Angelis (1880 – 1962) – Se llamaba Antonina y había nacido en Italia, aunque después de haber ingresado en la Congregación de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, marchó al hospital pediátrico de La Plata, en Argentina, donde transcurrió el resto de su vida. Fue administradora del hospital y, durante algún tiempo, también fue la superiora. Su especialidad fue la caridad con todos los enfermos y con el resto del personal que trabajaba en el hospital, médicos, enfermeros… La heroicidad de sus virtudes fue reconocida en el año 2001 y beatificada en el año 2004 por el papa San Juan Pablo II.

Santa Maria Bertilla Boscardín (1888 – 1922) – Nació en la provincia de Vicenza, en el seno de una familia de campesinos y con la ayuda del párroco, entró en el año 1905 en las hermanas Maestras de Santa Dorotea Hijas de los Santísimos Corazones en Vicenza. Convertida en enfermera, trabajó en el hospital de Treviso, donde se dedicó a servir a los enfermos del cuerpo y del espíritu, ayudando infatigablemente a sus hermanas de Congregación. Sin embargo, con solo veintidós años de edad fue atacada por un tumor, pero ella continuó empeñada en su trabajo, a veces muy fatigoso y con las dificultades y tensiones propias de la Primera Guerra Mundial. Enviada a la ciudad de Como, sufrió terriblemente por las incomprensiones de algunos médicos y de la propia superiora de su congregación, sin lamentarse jamás ni protestar. Retornada a Treviso, continuó con su trabajo en el hospital hasta que su enfermedad se agravó notablemente. Murió con solo treinta y cuatro años de edad en el 1922. Su grandeza espiritual estuvo en haber buscado en las fatigas, en la humildad y en el silencio, la más profunda unión con Dios. Sus restos se encuentran actualmente en Vicenza, en la Casa madre de la comunidad.

Óleo contemporáneo de Santa Gianna Beretta en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, Wisconsin (EEUU).

Santa Juana (Gianna) Beretta Molla (1922 – 1962) – Clara y bonita: así le pareció la doctora Gianna Beretta al ingeniero Pedro Molla en los primeros encuentros que tuvieron. Se conocieron en el año 1954 y se casaron en Magenta el 24 de septiembre del año 1955. Gianna era la penúltima de los ocho hijos supervivientes de la familia Beretta; había nacido en Magenta y era médico cirujano desde 1949 y especialista en pediatría desde 1952. Ella, como médico, seguía atendiendo a todos, especialmente a quienes eran ancianos o estaban solos. Decía: “El que toca el cuerpo de un paciente, toca el cuerpo de Cristo”. Gianna amaba el deporte (especialmente el esquí) y la música; pintaba, llevaba al teatro y a los conciertos a su esposo, que era un gran dirigente industrial que siempre estaba ocupado. Vivían en Ponte Nuevo di Magenta y enriquecía de manera gozosa la vida de la Acción católica femenina del lugar. Nacieron los hijos: Pierluigi en el año 1956, Maria Rita (Mariolina) en el 1957 y Laura en el 1959. En septiembre de 1961, en el cuarto embarazo se le descubre un fibroma en el útero y se le plantea la perspectiva de renunciar a la maternidad para no morir. Poniendo en primer lugar el derecho a la vida, Gianna decide que tenía que nacer su hija, Gianna Emanuela. Consecuentemente, la madre muere el 28 de abril de 1962. Fue canonizada por el papa Juan Pablo II el día 16 de mayo del año 2004.

Beata Teresa de Calcuta (1910 – 1997) – Albanesa de nacimiento, con dieciocho años de edad decidió entrar en la Congregación de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de Loreto. Así, marchó a Irlanda en el año 1928 y un año después, a la India. En el año 1931, la joven Inés (así se llamaba), emitió sus votos tomando el nombre de Sor María Teresa del Niño Jesús (era muy grande su devoción por Santa Teresa de Lisieux) y durante cerca de veinte años estuvo enseñando historia y geografía a las niñas de buena familia en el colegio de las hermanas de Loreto en Entally, que está en la zona oriental de Calcuta. El 10 de septiembre de 1946, mientras iba en un tren hacia Darjeeling para hacer unos ejercicios espirituales, advirtió “una segunda llamada”: tenía que dejar el convento a fin de dedicarse a los más pobres de entre los pobres. Dejó las hermanas de Loreto el 16 de agosto de 1948. En el año 1950, su nueva Congregación de las Misioneras de la Caridad obtuvo el reconocimiento de la Iglesia a fin de que se dedicaran al servicio de los enfermos y de los desheredados.

Beato Cecco de Pesaro (1270 – 1350) – Francisco Zanferdin nació en Pesaro en el año 1270; habiéndose quedado huérfano cuando era muy joven, dio a los pobres todos sus bienes para seguir la Regla de la Tercera Orden de San Francisco de Asís. Después de haber estado un período de tiempo en el eremitorio de Montegranaro junto al beato Pedro de Foligno, retornó a Pesaro para dedicarse a propagar el culto a la Virgen. Construyó dos capillas en honor de la Señora: una en Pesaro y otra en Montegranaro. En la colina Accio, cercana a Pesaro, fundó un convento en el que transcurrió gran parte de su vida. Como terciario franciscano, practicaba la penitencia, dedicaba muchas horas a la oración y a las obras de caridad. Las limosnas que recogía las dedicaba a ayudar a los abandonados y a restaurar iglesias y hospitales. Habiendo caído gravemente enfermo, marchó en peregrinación a Asís a fin de ganar la indulgencia de la Porciúncula y dar gracias al Señor. En el año 1347, el beato Francisco (Cecco) fundó con la beata Michelena, que también era terciaria franciscana, la Confraternidad de la Santísima Anunciata que se dedicaría a dar asistencia a los enfermos y sepultura a los muertos. De vez en cuando dejaba Pesaro y sus compromisos de apostolado de la caridad para marcharse a reponer su espíritu en el eremitorio de Montegranaro, donde el día 5 de agosto del año 1350 expiró a la edad de ochenta años. La noticia de su muerte se difundió rápidamente y junto a su tumba se acercaban numerosos devotos para invocarlo y obtener gracias. Poco tiempo después, su cuerpo fue llevado a Pesaro y sepultado bajo el altar mayor de la Catedral. Su culto fue aprobado por el Beato Papa Pío IX el día 31 de marzo de 1859.

Grabado romántico de la Beata Michelina da Pesaro.

Beata Michelina de Pesaro (1270 – 1350) – Nació en Pesaro en el año 1300. Con solo doce años de edad se casó con uno de los miembros de la familia Malatesta, señores de Pesaro. En el año 1320 estando encinta quedó viuda y pocos meses después tuvo a su único hijo. Ayudada por la beata Soriana superó esta dolorosa prueba y se hizo terciaria franciscana. Por amor a Cristo, donó todos sus bienes a los pobres y se empeñó en llevar una vida de austeridad, penitencia y oración. Con el beato Cecco, fundó la Confraternidad de la Santísima Anunciata para servir a los pobres, asistir a los enfermos y enterrar a los muertos. Cristo le habló en muchas ocasiones desde la cruz y por eso, siendo ya una mujer mayor marchó en peregrinación a Tierra Santa a fin de visitar los lugares de la Pasión de Cristo. Murió el día 19 de junio de 1356. Es venerada como co-patrona de su ciudad natal y su cuerpo está guardado en el santuario de Santa Maria de las Gracias de Pesaro.

San Nicandro el Egipcio ( 304) – Médico egipcio que se prodigaba en la asistencia a los encarcelados. Fue martirizado en el año 304 y es recordado el 15 de marzo.

Beato Antonio el Etíope o Catageró o d’Avola (1490 – 1550) eremita y terciario franciscano. El Beato Antonio nació en Barce di Cirene (Libia) alrededor del año 1490, siendo hijo de padres mahometanos que lo educaron en la ley coránica. Los galeones de Sicilia lo hicieron prisionero y lo desembarcaron en Siracusa junto al botín expropiado y lo vendieron como esclavo al mejor postor. Fue comprado por un agricultor de Avola que lo ocupó en el oficio de pastor cuidando a sus rebaños de ovejas y cabras. El agricultor era un hombre bueno, lo trataba bien y lo inició en el cristianismo catequizándolo contándole particularmente el drama del amor y de la Pasión de Cristo.

Antonio, fascinado solicitó el sacramento del Bautismo escogiendo para si el nombre del famoso santo de Padua. Desde aquel día se empeñó en poner en práctica todo cuanto había oído acerca de la palabra de Dios con la intención de servirle y serle grato.
En Avola Antica frecuentaba la iglesia de Santa Venera, donde confesaba, comulgaba y mantenía encendida la lámpara votiva del altar del apóstol Santiago. Así estuvo en aquel lugar durante treinta y ocho años. Mientras tanto, el agricultor que lo compró casó a dos nietos suyos de la ciudad de Noto, donándoles todos sus rebaños y al esclavo libio, por lo cual, Antonio tuvo que marchar a Noto.

Escultura contemporánea del Beato Antonio el Etíope.

Sus nuevos patrones, considerando las cualidades sobrenaturales y los milagros que realizaba el esclavo, le dieron la libertad, aunque Antonio continuó con ellos durante otros cuatro años. Por fin, dejándolos, se dedicó a servir a los encarcelados y a los enfermos, llevando vida eremítica como terciario franciscano en Pizzoni di San Corrado Fuori le Mura. Periódicamente, iba a Noto para recibir los sacramentos y recoger limosnas que donaba a los pobres.

Consumido por la ascesis eremítica durante muchos años y por la enfermedad, murió el día 14 de marzo del año 1550. Fue sepultado en la iglesia franciscana de Santa Maria de Jesús en Noto y su tumba se convirtió en meta de peregrinaciones y de gracias. En el año 1611 se permitió por parte de la Iglesia divulgar su imagen con la aureola de beato. El pasado día 14 de marzo de este año ha sido inaugurada en Avola Antica una estatua de bronce del Beato Antonio el Etíope.

Siervo de Dios José Massone (1910 – 1998) laico, médico, trabajador por la paz y terciario carmelita. Pediatra neonatólogo, médico de cabecera y posteriormente, de familia, José Massone se tomó su profesión como una misión a la que se dedicaría por completo. En cada enfermo que se le acercaba veía al Cristo impreso en la Sábana Santa que tanto había estudiado y sobre la cual, tanto había meditado; en ella veía el sufrimiento humano de Jesús Crucificado (el Vía Crucis en el que él meditaba sobre la Sábana Santa, está depositado junto con otros muchos estudios suyos, en el Museo de la Síndone de Turín).
Su dedicación a los hermanos sobrepasaba la esfera meramente profesional y abarcaba los ámbitos sociales, políticos y religiosos de su ciudad natal, que era el lugar donde le había puesto el Señor para que ejerciera su apostolado.

Había nacido en el año 1910 en Varazze (Savona) en el seno de una familia profundamente católica. Durante los años de sus estudios universitarios se alejó de la fe hasta el punto de declararse no creyente. Cuando ya era médico, fue testigo de una inexplicable curación de su hermana mayor ocurrida durante una peregrinación a Lourdes. Este hecho le produjo interiormente una profunda turbación y lo llevó a una lúcida y radical conversión, que le cambió completamente la vida. Durante la posguerra se prodigó en la reconstrucción política y social de su ciudad, declarándose demócrata cristiano. Desde el año 1951 al 1954 fue Consejero Provincial. El mismo año se adhirió espiritualmente a la Orden de los Carmelitas Descalzos, oferta que le hizo el padre Anastasio Ballestrero. En 1960 hizo los votos de castidad, pobreza y obediencia en la Orden Tercera Franciscana Secular, a la que permaneció fiel hasta el fin de sus días.

Damiano Grenci

Conclusión
Para la santidad cristiana, el punto de partida no es el propio “yo”, sino el Hijo de Dios que se ha hecho hombre por nosotros. El que cree, pone en primer lugar al Señor y después y a partir de ahí, al prójimo y a sí mismo. De esta manera es posible erradicar los impulsos del egoísmo y abrir la mente y el corazón al amor de Cristo.
La profesión médica, el trabajo de cuidar de los demás, puede ser una manera de compaginar nuestro ser a imagen de Dios, porque Dios, como dice el salmo 8, se preocupa por el hombre: “¿Quién es el hombre para que te acuerdes de él y el hijo del hombre para que le des poder?”, reiterado en el salmo 143: “¿Qué es el hombre para que tu lo cuides y el ser humano, para que pienses en él?”. Ejercitar la profesión médica puede convertirse en un reflejo del amor de Dios al hombre y eso es lo que hemos encontrado durante siglos de historia de una santa medicina.

Paolo Gulisano, médico

Bibliografía y enlaces:
– AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
– Benatti Mario – Beati e Santi con i malati – Ed. Fede & Cultura
– Benatti Mario – Sanità e Santità – Editoriale Sometti
– C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
– Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2011
– Gulisano Paolo – L’arte del guarire. Storia della medicina attraverso i santi – Ed. Ancora, 2011
– Sitio Web de santibeati.it

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18 pensamientos en “Los Santos y la medicina (V)

  1. Querido Damiano, aunque hoy el blog no ha estado operativo por problemas técnicos, no quería dejar de pasar a leer tu artículo y agradecerte esta quinta entrega de los Santos dedicados a la medicina.

    El caso de Santa Gianna Beretta Molla siempre me ha parecido en cierto modo, un poco espeluznante: está claro que era una médico formada, pero eso de dejarse morir por la probabilidad de salvar a un bebé, dejando huérfanos a sus otros hijos y viudo a su marido… no sé. Yo me lo hubiera pensado en su lugar. Desde luego no me gusta que la pongan de ejemplo a seguir para otras mujeres que se vean en esa desagradable situación, creo que cada persona tiene derecho a elegir qué camino seguir.

    • ¿¿Espeluznante sacrificar su vida por la de su futuro hijo??
      No hay mayor amor que ese,y esta beata merece ser un ejemplo recordado a todas horas para todas las mujeres (y hombres).

      Entiendo y acepto que cada cual es libre de elegir si salvarse asi mismo o a su hijo no nato,pero para cualquier cristiano (¡e incluso no cristiano vamos!) no hay eleccion posible.
      Todo por amor.

      • Sí, el sacrificio, como el martirio, son siempre espeluznantes. No es algo bonito de cuento de hadas, como corremos el peligro de creer si nos aficionamos a relatos edulcorados y discursos teológicos grandilocuentes.

  2. Damiano,
    Muchísimas gracias por esta serie de artículos sobre la Santidad y la medicina. Ha sido un elenco completísimo.

    • Quiero decir que yo no hubiese dejado huérfanos a tres hijos y viudo a un marido; a cambio de la probabilidad de salvar una vida -porque hasta eso podría haber salido mal-. Entre una y cuatro personas perjudicadas, me quedo con el mal menor. Pero eso es lo que yo hubiera hecho, no la estoy juzgando a ella, que eligió su propio camino. Por eso creo que no deberían ponerla como ejemplo para todas las madres que se vean en ese trance, cada una tiene derecho a elegir qué hacer.

      • Pero el amor de una madre hacia un hijo que lleva en su vientre con ganas de verlo crecer… Quizás Santa Gianna no sobreviviría a los tratamientos en su tiempo aunque sea una santa muy reciente y concluyó que era más importante salvar a su hijo quien tenía mayor probabilidad.

        Algún día serás madre Ana María y Quizás compartas ese sentimiento de ser madre con otras personas a parte de tu familia.

        En lo personal es admirable esta santa

        • Bueno, seré madre si quiero serlo, ¿no? 😉 En última instancia sólo a mí corresponde esa decisión (y a quien haya de ser el padre). Las mujeres somos madres porque queremos -o así debería haber sido siempre, en todas partes- no porque tengamos que serlo. La maternidad, si no es libremente elegida, es un suplicio para la mujer.

          Y querer vivir para no dejar huérfanos a tus otros tres hijos también es un sentimiento maternal. Pero bueno, sólo era una opinión y es tonto seguir discutiendo sobre lo mismo. La elección de la Santa me parece muy respetable aunque no la comparta, eso es todo.

          • La paternidad y la maternidad es un don maravilloso (y mandato, no lo olvidemos: Gen 1, 28 y GS 50). Dios la da a quien quiere y como quiere. La vocación primera de todos los seres humanos es la de ser esposos y padres. Luego Dios llama a algunas personas célibes para que, imitando a Jesucristo, se consagren a Él de una manera especial (ingresando en una orden religiosa, por ejemplo). A veces, hay personas que, por circunstancias no queridas de la vida se quedan solteras (CIC, nº 1658), pero no existe la vocación cristiana a la soltería sin hijos porque sí.
            Tampoco el tener hijos es un derecho (CIC nº 2378), ni el hijo propiedad de los padres, pues, repito, es un don inmerecido, el más excelente y maravilloso regalo que Dios da. ¿Renunciar a un regalo de Dios? ¿Exigirlo a toda costa? En la vida y en la muerte somos de Dios.
            Otra cosa, es que social e históricamente, lo gravoso de tener hijos haya recaído en exclusiva en la esposa, como si el tener hijos fuera “cosa de mujeres”. Así, claro que la maternidad se hace pesada e injusta. Pero hay que tener en cuenta que en esto lo injusto no es la maternidad, sino el no cumplimiento de las obligaciones del padre.

  3. Damiano muchas gracias por esta tan interesante serie de articulos sobr elos santos y la medicina, y queria agregarte dos casos americanos que me parece no has mencionado, en caso contrario corregirme entonces, el primero es el siervo de Dios Gregorio López de Venezuela, quien fue médico de profesión y tal parece que por un tiempo cisterciense. El otro caso es el del siervo de Dios Gregorio López de quien se decia era hijo ilegitimo de Felipe II, cosa que no era cierto, fue un eremita en México, y que se dedico posteriormente al cuidado de los enfermos, era médico y escribió un libro llamado “Tesoro de Medicina” el cual fue considerado lo mejor en medicina en su época (siglo XVII) y se siguio usando hasta gran parte del siglo XIX. De este Siervo de Dios ya me encargare yo posteriormente de hablar más a profundidad, pero no queria dejar de mencionarlo para este listado de Santos y la medicina.

    • Non consoco questi due casi, se ho capito bene sono omonimi.

      Gregorio López.
      Tesoro de medicinas.
      Posted on 12/05/2010 by Dendron
      Tesoro de Medicinas es una obra del venerable (así le llamaban) Gregorio López, médico del siglo XVI, español que se trasladó a la Nueva España, a Méjico, en 1562 aproximadamente. Es un personaje un tanto misterioso, dicen que puede ser un hijo bastardo de Felipe II pero no está claro. Lo que parece seguro son algunos datos de su biografía como que al llegar a la Nueva España entregó todos sus bienes a la gente, que vivió mucho tiempo apartado, solo, aunque debía tener contacto con indígenas, que nunca le atacaron y de quienes debió aprender las propiedades de las plantas del lugar. O se sabe que trabajó en un hospital, en Huaztepec, donde escribió esta obra que recopila los remedios médicos en relación a los diferentes males. También se repite de él que era muy sabio, muchos mandatarios y personajes de la época acudían a conversar con él. Y, sobretodo, se dice que tenía un profundo amor por todos los seres, y que su trabajo en el hospital fue de total de entrega al enfermo, de tal forma que esta obra fue escrita para el bien de la mayor parte de personas posible.
      La edición presentada aquí es la tercera de la obra, de 1708, con comentarios de dos médicos del momento, Salcedo y Brizuela.

      Ho trovato questi 2 link
      http://www.hermitary.com/articles/lopez.html

      http://dendron.endekos.com/?p=9

      che contengono anche una bella stampa del Servo di Dio e del Venerabile Gregorio Lopez

  4. Damiano me emociona leer esta serie de articulos.
    Estas personas que se dedicaron en cuerpo y alma a los pobres merecen nuestro mayor afecto y veneracion.
    Seguro que disfrutan de un buen lugar en El Paraiso.

  5. Per il caso SANTA GIANNA BERETTA MOLLA

    fu una beatificazione e canonizzazione molto contrariata
    Certo fa scandalo per il non credente e fa gioire il credente perchè nel suo gesto si legge
    “Nessuno ha un amore più grande di questo: dare la sua vita per i propri amici” (Gv 15,13).

    Ma la vita di Gianna fu tutta un atto di fede che sfociò nel gesto d’Amore. Non è solo da guardare nel nel suo ultimo gesto, ma il suo ultimo gesto è frutto di una vita … come ad esempio S. Maria Goretti.

  6. Tu reflexión es muy bonita, David, pero por desgracia esos textos en los que te apoyas han sido utilizados a lo largo de la Historia para obligar a la mujer a una maternidad que a menudo, no era deseada, tan poco deseada como el matrimonio o la cohabitación sexual con un hombre que no amaba. Eso, cuando les convenía que fuesen madres, por política o tradición; cuando no, cogían con pinzas los pasajes que hablaban de la virginidad o el celibato para recluir en monasterios a mujeres sin vocación religiosa y condenarla a una vida tan amarga como el matrimonio y la maternidad impuestos.

    Lo siento, pero se ha instrumentalizado tanto las Sagradas Escrituras para justificar todo tipo de barbaridades y atropellos contra la dignidad y la libertad de la mujer, que ya ningún discurso teológico de ese tipo me conmueve.

    Eso sí, totalmente de acuerdo con tu mención de la responsabilidad del padre.

    • Bueno, no pretendía hacerlo bonito, sólo inspirarme en la doctrina eclesial.

      Vuelvo a decir lo que dije antes: que la maternidad cristiana (y paternidad por supuesto) no es cuestión de derecho, ni de deseo (aunque haya uno positivo, que no absoluto): es cuestión de vocación y don gratuito. Al ser vocación, llamada de Dios, tiene también un componente de obediencia a lo que Dios dispone para nosotros. Que socialmente a uno le frusten la vocación al matrimonio o la vida consagrada: eso es otro cantar. La llamada de Dios se produce, y el hombre o mujer, responde sí o no, siempre que sea libre, claro, que es a lo que te refieres.

      De acuerdo a que a algunas mujeres se les obligó en el pasado a una vocación que no parecía ser la suya. Pareces olvidar que en el pasado también ocurría con los hombres y se les obligaba a seguir otro camino que a lo mejor no querían (a lo mejor sus propias madres, ¿no?). Ejemplos hay cientos, como por ejemplo a Alfredo el Grande, que se le obligó a aceptar el trono de Wessex cuando iba camino de ordenarse sacerdote. Y era práctica muy común obligar a los primogénitos nobles a aceptar la heredad y el título aunque quisieran dedicarse a la vida religiosa. Y a sus hermanos menores, lo contrario: aceptar dicha vida religiosa aunque sintieran la vocación matrimonial como la suya. Así, que no es cuestión de ser hombre o mujer, sino que la sociedad estaba así montada y no creo que sea una cuestión de argumentos bíblicos, aunque se usaran injustamente como refuerzo inventado (porque la Biblia no dice eso).

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