Santos y Beatos de la Familia Gabrielli de Gubbio

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Lienzo de San Rodolfo Gabrielli. Museo de la catedral de Gubbio, Italia.

Introducción
La santidad familiar y parental no es una novedad entre los santos y beatos de las Iglesias Católica y Ortodoxas. Por ejemplo, se piensa en los beatos de la Casa de Saboya o en los santos mártires de la familia Romanov.
También, en la bella localidad de Gubbio (Perugia), en la región italiana de Umbría, tierra santificada por el florecimiento de una infinidad de testimonios del Evangelio, existe una estirpe de santos: son los santos y beatos de la familia Gabrielli.
La familia Gabrielli ha dado a la Iglesia tres beatos y un santo: San Rodolfo Gabrielli (26 de junio) obispo, hermano del Beato Pedro Gabrielli (1326-1345), pariente de la Beata Castora Gabrielli (14 de junio), y del Beato Forte Gabrielli (9 de mayo).

San Rodolfo Gabrielli
Monje y obispo de Gubbio
Martirologio Romano, 26 de junio: En Gubbio de Umbria, san Rodolfo, obispo, que trabajó en la predicación y distribuyó con prodigalidad entre los pobres todo aquello que podía sustraer de los gastos relacionados con su persona.

Treinta años de vida, de los cuales, al menos, cinco de episcopado. Lo encontramos en el Concilio Romano del año 1059, ya como obispo de Gubbio. Tenía veinticinco años y era el primero de los tres obispos santos que tuvo esta localidad umbra en un siglo: después de él, San Juan de Lodi y el tercero, el popular San Ubaldo. Lo que conocemos de San Rodolfo es sobre todo por lo que escribe su maestro, San Pedro Damiano, una de las personalidades más importantes del siglo XI.
Pedro Damiano había guiado el eremo de Fonte Avellana, que fue un vivero de ascetas. Entre estos, estaba el joven Rodolfo (que tenía consigo a su hermano mayor, Pedro. Posteriormente, también entraría en un monasterio su madre Ratia y otro hermano llamado Juan). Desde los monasterios y desde las ermitas, salieron los hombres de la renovación. Rodolfo, de Fuente Avellana fue nombrado obispo de su ciudad, Gubbio y con él comienza la renovación, bloqueando que el dinero andara detrás de los Sacramentos. Algunos daban dinero para que les absolvieran de sus pecados o para conseguir la ordenación de algún clérigo. Pero su muerte, con solo treinta años de edad, interrumpió esta obra por él emprendida; sin embargo, sería retomada después de él por San Juan de Lodi.

Lienzo de la Beata Castora Gabrielli. Museo de la catedral de Gubbio, Italia.

San Pedro Damiano comunicó la muerte de San Rodolfo al Papa Alejandro II en una carta, en la que le cuenta la vida del joven obispo, alaba su espíritu de oración y de penitencia y le manifiesta que realmente era un santo. San Pedro Damiano tenía también en gran estima la cultura teológica y bíblica de su discípulo. También por carta, le había formulado a Rodolfo (y al obispo Teodosio de Senigallia) “el revisar sus escritos y corregir lo que pudiera estar en desacuerdo con la doctrina católica y con la recta interpretación de las Sagradas Escrituras” (Juan Lucchesi). En suma, San Pedro Damiano, Doctor de la Iglesia, parece como si fuera un alumno inseguro que habla a sus profesores; así será mayor el prestigio de sus discípulos Rodolfo y Teodosio.

Del cuerpo de San Rodolfo, que fue sepultado en la catedral de Gubbio, no se ha encontrado rastro alguno después de los trabajos realizados en ella en el año 1670. En un altar de la iglesia romana de San Gregorio al Celio, se le representa en un cuadro dedicado a los santos y beatos de la familia Gabrielli; también en la catedral de Gubbio existe una pintura suya.

Beato Pedro Gabrielli
monje
De esta noble familia de Gubbio nació después del Milenio en el castillo de Camporeggiano cercano a Gubbio. Fue el primogénito de los tres hermanos Gabrielli, hijos de Rodolfo y de Rezia (Rotia), siendo un ejemplo para su hermano Rodolfo: así que, después de haber atendido a su hermano Juan, que estaba enfermo y a su madre viuda, entró en el monasterio de Fonte Avellana.

De estos santos hermanos habla en sus escritos San Pedro Damiano. En una carta escrita al Papa Alejandro II, le afirma que Pedro y Rodolfo llevaban una vida ejemplar como ermitaños y que servían de modelo al resto de los monjes. Murió santamente pocos años después del siglo XI y fue sepultado en la catedral de Gubbio. Al igual que su hermano, está representado en un cuadro que se encuentra en un altar de la iglesia romana de San Gregorio al Celio, junto con los santos y beatos de su familia. El martirologio benedictino lo recuerda el día 26 de julio y junto con su hermano Rodolfo, el día 19 de octubre.

Lienzo del Beato Fuerte Gabrielli. Museo de la catedral de Gubbio, Italia.

Beata Castora Gabrielli
esposa, madre, terciaria franciscana
La beata Castora era hija del conde Pietruccio Gabrielli de Gubbio y vivió en el siglo XIV. Se casó muy joven con el jurista Santuccio (o Gualtiro) Sansoneri, conde de San Martín y Bassinario, en el territorio de S. Angelo in Vado (PS).
Fue un matrimonio muy difícil porque su esposo la maltrataba. Ella era un señora muy piadosa y profundamente caritativa. A la muerte de su esposo, con el consentimiento de su hijo Oddo, distribuyó sus bienes entre los pobres y vistió el hábito de la Tercera Orden de San Francisco (TOS), transcurriendo el resto de su vida en penitencia y oración. Murió el 14 de junio del 1391 en Macerata, desde donde, poco después, su cuerpo fue trasladado por su hijo a la iglesia de San Francisco en Sant’Angelo in Vado.

En la iglesia franciscana de Sant’Angelo es venerada actualmente la beata, cuyo cuerpo está incorrupto y que es invocada como patrona de los matrimonios difíciles. Como los otros dos anteriores, está pintada en un cuadro que se conserva en un altar de la iglesia romana de San Gregorio al Celio, existiendo también otra pintura de ella en la catedral de Gubbio.

Beato Fuerte Gabrielli
monje
Martirologio Romano, 9 de mayo: En el monastero camaldulense de Fonte Avellana, actualmente en las Marcas, el beato Forte Gabrielli, eremita.

Pocas y escasas noticias nos han llegado a nosotros sobre este beato eugubino: Fuerte Gabrielli. De la noble estirpe de Gubbio, se dedicó a llevar vida eremítica en el Monte Scheggia, en los confines entre las regiones italianas de Umbria y Las Marcas. Posteriormente, se puso bajo la dirección espiritual de san Londolfo de Fonteavellana y entró como monje en el cenobio, donde murió siendo muy anciano, el día 9 de mayo del 1040, durante el priorato del beato Gil de Arezzo.
Fue beatificado por el Papa Benedicto XIV en el 1756 y su cuerpo reposa en la catedral de Gubbio. Como de los otros anteriores, existe una pintura en la iglesia romana de San Gregorio al Celio y en la catedral de Gubbio.

Vista del altar que contiene el cuerpo del Beato Fuerte Gabrielli. Catedral de Gubbio, Italia. Fuente: Gubbio.name.

Oración a Todos los Santos
Oh espiritus celestes, vosotros, santos venerados en las tierras de Umbria y vosotros, todos los Santos del Paraíso, dirigid vuestra mirada piadosa sobre nosotros que estamos peregrinando en este valle de dolor y de miserias.
Vosotros gozáis ahora de la gloria que merecisteis por sembrar de lágrimas esta tierra de exilio. Dios es ahora la recompensa por vuestros trabajos, el principio, el objeto y el fin de vuestros gozos. Oh almas bienaventuradas, interceded por nosotros.
Obtenednos a todos nosotros, el poder seguir fielmente vuestras pasos, seguir vuestros ejemplos de celo y de amor ardiente a Jesús y a las almas, de copiar en nosotros vuestras santas virtudes, a fin de que lleguemos a ser signo de su presencia y un día, partícipes de vuestra gloria inmortal. Amén.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios
– AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
– C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
– Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2011
– Sito Web di santibeati.it
– Sito Web di wikipedia.org

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San Barlaam, metropolita de Moldavia

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Icono ortodoxo rumano del Santo, revestido en su atuendo de jerarca y portando en las manos un ejemplar de la obra "Cazania".

El metropolita Barlaam de Moldavia ocupó la posición eclesiástica más alta del principado de Moldavia durante el período 1632-1653 y es reconocido, debido a sus escritos, como uno de los fundadores del moderno idioma rumano.

Nació en 1590 como Basilio Moţoc, en una familia libre del pueblo de Borceşti, cerca de Târgu Neamţ. En su época aún estaba vigente la servidumbre en algunas regiones de Moldavia, por lo tanto, ser un hombre libre ya era tener un estatus especial.
Aún joven, Basilio se familiarizó con la vida monástica, porque acostumbraba a pasar algún tiempo en el eremitorio Zosim, una pequeña residencia de monjes en el valle de Secu. Allí pudo haber aprendido el eslavo antiguo y el griego, las lenguas usadas por la Iglesia y en los documentos oficiales de la época. No muy lejos de allí, en esa época, el Vornic (ministro de interior y justicia) Néstor Ureche y su esposa Mitrófana habían fundado un monasterio llamado Secu en 1602 y también una escuela en su complejo. Allí Basilio recibió la tonsura monacal, siendo llamado Barlaam y aún siendo joven fue elegido egumeno (abad) del monasterio, por su profunda sabiduría.

En Secu, Barlaam tradujo el “Leastviţa” (La Escalera de San Juan Clímaco), siendo éste uno de los primeros escritos de los Padres de la Iglesia disponible en rumano. Poco después, el metropolita Anastasio Crimca (1608-1629) lo subió al rango de archimandrita y desde 1628 fue un importante consejero del Voivoda Mirón Barnovschi (1626-1629 y 1633). Desde esta posición fue enviado a Kiev y Moscú a comprar algunos iconos para los monasterios Dragomima y Bârnova y para la iglesia Barnovschi, construida por el Voivoda en Iaşi, la capital de Moldavia.
Volviendo a casa en 1629, Barlaam supo de la muerte del metropolita Anastasio y el destronamiento de Mirón Barnovschi, así que se retiró a Secu. Su corto retiro acabó en 1632, cuando durante el segundo reinado de Alejandro Iliaş (1620-1621 y 1631 – 1633) fue elegido para ocupar el puesto del recientemente fallecido metropolita Atanasio (1629-1632).

Metropolita
El metropolita Barlaam entendió su actividad pastoral como una gran responsabilidad, como maestro, director y mediador en oraciones por su comunidad, y tuvo la oportunidad de coincidir con un gobernante muy piadoso en la persona del voivoda Basilio Lupu (1634-1653), quien le ayudó en el acto de modernizar el sistema educativo del país.

Vista de la iglesia del monasterio de Secu (Rumanía), lugar donde se educó el Santo.

Durante sus años de pastor tuvo lugar un evento muy importante para la Iglesia Ortodoxa: el Sínodo de Iaşi (1642), siendo el primer concilio de la Iglesia Ortodoxa al completo tras el Cisma. En este Sínodo se debatió y aprobó la Confesión de Fe escrita por Pedro Movilă, metropolita de Kiev en 1638. Este trabajo fue en su tiempo (y aún hoy) muy importante, siendo el primer Catecismo Ortodoxo desde la época de San Juan Damasceno (s. VII), y útil como un manual para el clero ortodoxo y laicos para enfrentarse al calvinismo y al uniatismo. Probablemente después de este Sínodo, el metropolita Barlaam se hizo muy popular incluso en el extranjero, puesto que él era el único jerarca de Rumania entre los candidatos a la sede del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla. Esto sucedió en 1639, pero el elegido fue Partenio I, anteriormente metropolita de Adrianópolis.

Otro acontecimiento importante ocurrido en este período fue el traslado de las reliquias de Santa Parasceve a Iasi, en 1641. El voivoda Basilio Lupu ayudó al Patriarcado Ecuménico de Constantinopla con una gran cantidad de dinero, y en gratitud por la ayuda ofrecida, el Patriarca Partenio ofreció a la Metrópolis las reliquias de la Santa, muy popular en Moldavia hasta la actualidad. En ese momento, las reliquias se quedaron en el monasterio de los Tres Jerarcas, hasta su traslado a la nueva Catedral Metropolitana, en 1889, donde se encuentran hasta hoy.

La fundación del monasterio “Trei Ierarhi”
El metropolita Barlaam, junto con el voivoda Basilio Lupu, fundaron en Iasi en 1639 un nuevo monasterio dedicado a los tres jerarcas, Basilio el Grande, Gregorio Nacianceno y Juan Crisóstomo. La iglesia del monasterio es una obra maestra del arte y la arquitectura del siglo XVII, y una de las salas del monasterio, hoy conocida como “la Sala Gótica” fue el lugar donde el Sínodo se reunió en 1642. Desde su fundación en 1639, el monasterio fue sede de la primera máquina de imprimir de Moldavia. Aquí no sólo se imprimieron varios libros litúrgicos, sino también apologéticos, es decir, Cazania, Los Siete Sacramentos, Respuesta contra el Catecismo Calvinista y un libro de la ley religiosa y secular, llamado Pravila.

Portada de la "Respuesta contra el Catecismo calvinista", publicada en Secu, Rumanía.

Cazania o Libro de Rumanía para la enseñanza en los domingos durante todo el año, en las fiestas imperiales y los días santos de los grandes (Cazania sau Carte românească de învăţătură la duminicile de peste an, la praznice împărăteşti şi la sfinţi mari, 1643) es el primer libro impreso en lengua rumana en Moldavia. Su importancia consiste en el hecho de que se difundió en todas las provincias rumanas, sobre todo en Transilvania, donde la acción del calvinismo era muy fuerte, impuesta por los gobernantes húngaros que habían adoptado la Reforma. Otra importancia de este libro es el lenguaje utilizado, lo que supone un paso adelante para el moderno rumano, después de las traducciones realizadas en Transilvania por el diácono Coresi, a mediados del siglo XVI. En el doble prefacio del libro, la primera parte está escrita por el voivoda Basilio y la segunda por Barlaam y hay algunas menciones de la unidad nacional y lingüística entre los rumanos de Moldavia, Valaquia y Transilvania. Este podría ser uno de los primeros signos de la conciencia nacional entre los rumanos.

En 1644 publica Barlaam Siete Misterios de la Iglesia (Sapte Taine un Bisericii), otro importante libro de catequesis, escrito en forma de preguntas y respuestas. Esta sistematización de la enseñanza ortodoxa es una de las primeras declaraciones acerca de los siete sacramentos, pero aún no es del todo original, siendo una recopilación en base a la obra de Toma Teofan Eleavulkos (escrita en el mismo siglo).

Otro importante libro impreso en este período es de un libro de oración, a saber, la Paráclisis de la Theotokos (Paraclisul Maicii Domnului) un himno similar al rosario occidental, en 1645.

La Respuesta contra el Catecismo Calvinista (Răspunsul la catehismul Calvinesc, 1645) fue impreso probablemente en una doble edición, en Iasi, en Moldavia y en el Monasterio de Dealu en Valaquia, como una acción conjunta de Barlaam y Teófilo de Valaquia (1636-1648) contra la misiones calvinistas. Los calvinistas publicaron un Catecismo en rumano en Alba Iulia, en 1642, siendo visto como una acción para atraer adeptos entre los rumanos, no sólo de Transilvania en particular, sino también de Moldavia y Valaquia. Debido a este posible peligro, Barlaam convocó un sínodo de los jerarcas de Moldavia y Valaquia alrededor de 1644-1645, que aprobó el texto de su obra. La importancia de la respuesta de Barlaam consiste en su originalidad y también en la calidad de la lengua. Barlaam compuso esta Respuesta como un panfleto contra la enseñanza de Calvino, y aunque está lleno de resentimientos, el autor intenta escribir en una lengua civilizada. Este libro es la primera obra apologética rumana.

Primer sepulcro del Santo, en la iglesia del monasterio de Secu, Rumanía.

El metropolita Barlaam, junto con el voivoda Basilio Lupu, fundó en el Monasterio de los Tres Jerarcas también el primer instituto en Moldavia (1640) siguiendo el modelo de la Academia Espiritual de Kiev, fundada por San Pedro Movilă. Los estudiantes aprendieron allí no sólo teología, griego y eslavo, sino también rumano, junto con algunos otros temas como filosofía, retórica, poética, dialéctica, aritmética, geometría, astronomía, gramática y música. Los primeros maestros de la escuela fueron enviados allí por el metropolita de Kiev, Pedro Movilă, que demostró muchas veces el afecto que sentía por su tierra natal. De todos modos, tras la abdicación de Basilio Lupu, la escuela decayó.

La jubilación
El voivoda Basilio Lupu perdió su trono en 1653, y poco después, el cronista moldavo Mirón Costin da fe de que el metropolita Barlaam decidió retirarse a su monasterio, en Secu, donde vivió los últimos cuatro años de su vida como un simple monje, en la humildad y la oración. La decisión pudo haber estado influenciada también por el hecho de que Barlaam sufría desde 1653 una parálisis de las manos. Murió el 19 de diciembre 1657 y, según su testamento, dio todo lo que tenía al monasterio de Secu. Fue enterrado en el lado exterior del muro sur de la iglesia.

Vista del cuerpo del Santo, cubierto con su atuendo de jerarca, expuesto a la veneración en su sepulcro actual. Iglesia del monasterio de Secu, Rumanía.

La veneración de San Barlaam
La canonización del metropolita Barlaam tuvo lugar por decisión del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa de Rumanía el 12 de febrero de 2007. La ceremonia de canonización tuvo lugar en el monasterio de Secu el 29 de agosto, cuando sus restos fueron exhumados y puestos en un ataúd de plata en la iglesia del monasterio. Su fiesta es el 30 de agosto, el mismo día de la celebración de los Santos Alejandro, Juan y Pablo el Nuevo, patriarcas de Constantinopla.

Tropario (Himno) de San Barlaam
“Digno siervo de Cristo y sabio defensor de la verdadera fe, gran devoto de Santa Parasceve y fiel iluminador del pueblo rumano, Santo Jerarca Barlaam, ¡ruega a Cristo Dios que proteja y salve nuestras almas!”

Mitrut Popoiu

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Santas Sabina y Serapia, mártires romanas

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Detalle de las Santas en un extremo del ábside de la Basílica de Santa Sabina, Roma (Italia). Fresco de F. Zucchari.

Hoy, día 29 de agosto, se conmemora a una mártir romana de nombre Sabina, prácticamente desconocida hoy en día salvo por la célebre Basílica paleocristiana que tiene consagrada en Roma; y que aparece asociada a otra mártir, de nombre Serapia (Serafia o Serafina) que es conmemorada, por su parte, el día 3 de septiembre.
Estas dos Santas constituyen un problema hagiográfico bastante intrincado y para solucionarlo hay que examinar sistemática y cronológicamente las complejas y oscuras fuentes que hay sobre ellas a fin de intentar hacer un poco de luz y establecer, en la medida en que sea posible, la verdad histórica sobre las dos.

Durante el pontificado del Papa Celestino I (422-432), un sacerdote llamado Pedro edificó una basílica en el Aventino, basílica que ya en los documentos de aquel siglo (por ejemplo, en los del Sínodo del año 499) es conocida con el titulus Sabinae, mientras que en el siglo VI ( documentos del Sínodo del año 595 y Liber pontificalis) la llaman titulus sanctae Sabinae. Según el Sacramentario Gelasiano de San Galo, así como el Sacramentario Gregoriano, anualmente, el 29 de agosto, se festejaba la dedicación de la basílica a esta Santa. Es decir, la misma fecha en la que actualmente celebramos a la Santa es, en realidad, la fecha de la dedicación de su Basílica en Roma.
Así pues, lo primero que se tiene documentado es la construcción y dedicación de una basílica romana a una Santa de nombre Sabina. No es hasta el siglo VI cuando aparece una passio que pretende dar voz y vida a la persona a la cual se intitula la Basílica.

Esta passio nos dice que Sabina era una noble romana, hija de un metallarius -explotador de minas- muy rico llamado Herodes, y viuda joven de un tal Valentín. Contrariamente a lo que era costumbre entre las viudas romanas, no volvió a casarse y vivió rodeada de lujos en su palacio del Aventino -el mismo lugar donde hoy se alza la Basílica-. Cierto día compró a una esclava virgen de nombre Serapia, que procedía de Antioquía de Siria y profesaba la fe cristiana. Durante mucho tiempo, la domina se dedicó a atormentar a su esclava con su carácter irritable y antojadizo, maltratándola de obra y de palabra, y vertiendo en ella todo su malhumor. Serapia sobrellevaba los maltratos con serenidad, alegría y resignación, y por fin, un día, cuando Sabina le preguntó cómo podía soportarla sin quejarse ni poner mala cara ni una sola vez, Serapia le confesó que era cristiana y que su fe la ayudaba a sobrellevar todos los pesares.
Su ama quedó admirada por estas palabras y dejó de maltratarla. Con el tiempo, quiso aprender sobre esta religión nueva para ella, se instruyó en ella, la abrazó con fervor y al fin se bautizó. Por consejo de Serapia, quien ahora era su amiga, decidieron retirarse a unas posesiones que la matrona tenía en Umbría, y allí hicieron vida solitaria, dedicándose a las tareas de hilado y a la oración; pero también a reunirse con mujeres lugareñas y a instruirlas en la fe cristiana.

Martirio de Santa Serapia. Iluminación gótica de M.François para el códice Speculum Historiale de Vincent de Beauvais (s.XV).

Pero pronto, el prefecto del lugar, de nombre Berilo, supo de estas reuniones femeninas y, aunque al principio no les dio importancia, pronto supo que se predicaba el cristianismo y montó en cólera. Averiguó que las predicaciones las llevaba una esclava de nombre Serapia y mandó a sus hombres a por ella. Cuando Sabina los vio llegar, mandó a sus esclavos que atrancaran las puertas; pero, como fueran muy violentos los golpes que daban y como Serapia no paraba de rogarle que no se pusiera en peligro por su causa, al fin abrió las puertas y los soldados echaron mano a la esclava. Indignada, Sabina hizo preparar su litera y se presentó ante Berilo, quien, impresionado por la nobleza, riqueza y dignidad de la aguerrida matrona; tuvo miedo de emprender acciones contra una patricia y mandó liberar a Serapia, a la que devolvió a su señora.

Pero tres días después, Berilo se las arregló para detener a la esclava sin que Sabina estuviese presente, y tras hacerla venir a su presencia; intentó hacerla sacrificar a los dioses. Como Serapia se negó enérgicamente a ello, Berilo la entregó a sus soldados para que la violaran; y después fue cruelmente torturada: la azotaron, le quemaron el cuerpo con antorchas y finalmente fue decapitada cerca del arco de Faustino, el día 4 de las calendas de agosto (o sea, el 28 de julio).

Sabina, en cuanto lo supo, acudió a recuperar el cuerpo de su esclava, y tras amonestar duramente a Berilo por lo que había hecho, ungió el cadáver de Serapia con aromas y le dio sepultura en la tumba que había construido para ella misma, en el solar de Vindiciano, junto al Aventino.

Santa Sabina entierra a Santa Serapia. Lienzo de Claude Lorena (1637-39). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Ya queda claro que Sabina tenía un carácter aguerrido, pero desde el martirio de su esclava, animada por su ejemplo, lo tuvo todavía más. Ya no ocultó más su fe sino que la mostró abiertamente, continuando con sus reuniones evangelizadoras, dando limosnas a los pobres, visitando a los enfermos y entrando hasta en los antros más inmundos para dar su consuelo y su ánimo a todos, sin recordar que era una rica matrona. Su actitud atrevida llamó la atención de un nuevo prefecto, de nombre Elpidio, que la mandó detener y traer ante sí. La amenazó muy seriamente, diciendo que debía detener aquellas acciones si no quería verse condenada a muerte; pero como Sabina lo despreció, mandó confiscar todos sus bienes y decapitarla también en el arco de Faustino, donde, un mes antes, su esclava Serapia había padecido el martirio. Era el 29 de agosto.

Viendo la coincidencia, ya mencionada, entre el martirio de Sabina y la dedicación de su Basílica, cabría preguntarse si la intención del autor de esta passio era ilustrar la fundación del titulus, o si Sabina es realmente una mártir auténtica; a la cual, debido a la falta de noticias fidedignas, se habría confundido e identificado con la santa titular de la basílica del Aventino. [1]
Por desgracia, ni en esta passio ni en los martirologios posteriores encontramos información que nos ayude a solucionar este problema: ni cronológica -¡¡no se especifica la época del martirio!!;- ni geográfica -no se dice bien dónde tiene lugar el martirio… ¿Umbría? ¿Roma?-. Adón, leyendo los nombres de los prefectos que condenaron a Sabina y Serapia -Elpidio y Berilo- dedujo que podría haber sido en tiempos de Adriano, pero esto no parece posible, primero, porque ya hemos comentado anteriormente, en otros artículos, que a pesar de su mala fama no se ha documentado verídicamente ninguna persecución en tiempos de este emperador; segundo, porque existe una aportación de un obispo de Vienne -por lo demás, muy confusa- donde da algunas pistas geográficas que de hecho, he mencionado también cuando hablaba de la passio: oppidum Vendinensium, arcus Bini, arcus Faustini y area vindiciani. Estos datos hacen pensar que podría tratarse de una localidad distinta a la ciudad de Roma, pero no se puede identificar qué lugar es, aunque algunos estudiosos tienden a pensar que se trata de indicaciones a ciertos lugares concretos de Roma.

Juicio y martirio de Santa Sabina. Iluminación gótica de M. François (s.XV) para el códice Speculum Historiale de Vincent de Beauvais.

Para empeorar las cosas, en los martirologios históricos se nota una progresiva contaminación entre las noticias que van apareciendo, referidas a la basílica del Aventino. Por ejemplo, Beda dice que el día 29 de agosto se recuerda a la virgen Sabina martirizada en Roma (dice virgen, no viuda, como afirma la passio); Floro especifica que fue martirizada en el Aventino, confundiendo lugar del martirio con lugar donde la basílica estaba situada; Adón, siguiendo en esta línea, escribe: Romae in Aventino, in oppidum Vindinensi, ad arcum Faustino… Sabinae martyris… quae passa est Adriano imperante… iuxta aream Vindiciani (esto es, recoge y mezcla todo lo dicho por unos y por otros anteriormente) e incluye por primera vez en su martirologio la fecha del 3 de septiembre para referirse al martirio de Serapia, en contra de lo que decía la passio -la cual, recordemos, ubicaba el martirio de la esclava el 28 de julio, un mes antes del martirio de su ama- diciendo: Romae… natale beatae Seraphiae virginia… passa est auten IV Kalendas augusti, et sepulta iuxta aream Vindiciani in monumento illustris martyris Sabinae, II Kalendas augusti. Compositum vero et ornatum est venerabile sarcophagum ambarum, et locus orationis condigne dedicatus III Nonas septembris. Todo esto es un puro invento de Adón, que mejor se hubiera ceñido a los datos de la passio para no liar más la madeja. [2]

Pero todavía no hemos acabado con los atropellos. Usuardo copió a Adón el 3 de septiembre como dies natalis de Santa Serapia, pero no dice nada sobre el día de la dedicación de la basílica. Más tarde, por fortuna, Baronio corrige el error de Usuardo. En la actual edición del Martirologio Romano (año 2001) pasa el día 3 de septiembre al 28 de julio, que es el dies natalis de Serapia según la passio y añade por su cuenta que el 3 de septiembre es el día del traslado de los restos de Serapia… ¿Alguien da más? Es obvio que cada autor ha ido añadiendo y corrigiendo lo que le ha dado la gana, guiados únicamente por su gusto personal e impresiones particulares, sin criterio científico y sin pruebas ni datos que respalden sus arbitrarias conclusiones.
El Martirologio Jeronimiano recuerda sólo a Sabina el día 29 de agosto, diciendo que es una virgen martirizada en Roma (tampoco la pone como viuda).

Detalle de Santa Savina en el cortejo de vírgenes de San Apolinar el Nuevo, Rávena (Italia).

Viendo todo esto, se puede concluir que es imposible dar una respuesta segura a la historicidad y a la personalidad de las dos mártires. Sí se pueden proponer algunas hipótesis que pueden ser más o menos verosímiles según quien las vea:
1. Serapia, la esclava siria de Sabina, es un personaje ficticio inventado por la fantasía del autor de la passio.
2. Sabina, la titular de la basílica del Aventino, no fue mártir, pero el hecho de que le dedicaran esta iglesia hace que se la haya considerada como tal (tal y como ocurre en el caso de Balbina).
3. Es dudoso que haya existido una mártir llamada Sabina que haya vivido y muerto en un lugar apartado de la Umbría italiana (el oppidum Vendinensium), lugar que el hagiógrafo De Rossi identifica con Vindena. Esta ciudad aunque actualmente ha desaparecido, pero estaba en la provincia de Terni.

Sin embargo, cabe decir que existen una mártir llamada Savina -con V- que figura en el grandioso cortejo de las vírgenes, mosaico paleocristiano de San Apolinar el Nuevo de Rávena (s.VI); pero sobre la cual no sabemos nada: ¿representa a la presunta mártir de Vindena? ¿Es, en realidad, la titular de la basílica del Aventino, sea o no mártir? No hay respuesta.

Dicha basílica del Aventino, actualmente una de las joyas más valiosas del arte paleocristiano, fue construida en el siglo V, restaurada en el IX y donada posteriormente por el papa Honorio III (1216-1227) a la Orden de Santo Domingo (los dominicos), quienes actualmente la gestionan, de ahí la abundancia de representaciones artísticas de santos dominicos y la casi total ausencia de la representación de estas mártires, arrinconadas en un extremo del ábside.

En el sarcófago que hay bajo el altar mayor están los restos de las mártires Sabina y Serapia y de los santos Alejandro, Evencio y Teódulo, llevados a este lugar desde las catacumbas de la Via Nomentana por el papa Eugenio II (824-827); y colocados en dicho sarcófago en 1586. El papa Sixto V hizo un reconocimiento de estos restos y actualmente se cree que el dicho mártir San Alejandro es el papa Alejandro I (105-115).
Existe también otra imagen y presunto sepulcro de una mártir de nombre Sabina en la iglesia de los Santos Lucas y Martina al Foro Romano, pero ésta se trata, sin duda alguna, de una mártir de las catacumbas; lo mismo que se puede decir de muchos otros corposantos que son erróneamente considerados como Sabina la romana.

Sepulcro de las Santas Sabina y Serapia (urna detrás de la rejilla de mármol, bajo el altar mayor). Basílica de Santa Sabina, Roma (Italia).

Resumiendo todo lo dicho hasta ahora: de las Santas mártires Sabina y Serapia nada se sabe con certeza. Es muy probable que la mencionada Sabina sea simplemente la mujer que puso los medios para dedicar la Basílica de Santa Sabina y no una mártir del mismo nombre; que podría haber existido pues así consta en el cortejo de las vírgenes de San Apolinar (aunque escrito su nombre con V); pero de la cual no sabemos nada de nada. Es muy importante no confundirla con otra Santa Savina, matrona de Milán.

Meldelen


[1] Recordemos que algo muy similar lo vimos en los casos de Santa Balbina y Santa Prisca, donde es casi imposible decir si realmente existen tales santas mártires, o son simplemente las fundadoras de sus respectivas basílicas, identificadas erróneamente con santas mártires del mismo nombre.
[2] Esto viene a confirmar, una vez más, que no pocas veces los autores de martirologios y passio hacen lo que les da la santa gana a la hora de redactar vidas de Santos, que luego, para más inri, son tenidas -casi- como palabra de Dios.

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Santa Febronia, princesa de Murom

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Fresco ortodoxo ruso de la Santa en la iglesia de la Ascensión de Pavlosvky Posad, Moscú (Rusia).

Pregunta: Me has despertado la curiosidad sobre la princesa [Santa Febronia] de Rusia, por favor ¿podrias hacer un artículo sobre esa también?. gracias 🙂 Colombia

Respuesta: De nada, a mandar. Santa Febronia de Murom, princesa (25 junio) vivió en el siglo XIII y su figura está íntimamente ligada a la de su esposo San Pedro de Murom, de hecho se los conmemora juntos este mismo día.

Pedro era hijo del príncipe Jorge Rotislavic, descendiente de San Yaroslav el Sabio. Cierto día que iba cazando, envió a sus perros tras una liebre, y ésta fue a refugiarse en el regazo de una joven plebeya llamada Febronia. Parece que tenía a la liebre domesticada y él ya no se atrevió a dañar al animal. Esta anécdota de la liebre es muy curiosa y sigue siendo un atributo de la Santa, aunque no suela aparecer en los iconos.

Sea como fuere, el caso es que Febronia curó en dos ocasiones a Pedro de una dermatitis que padecía, y después de esto se casó con ella, aunque este matrimonio de noble con plebeya, naturalmente, no fue del agrado del príncipe ni de la corte. De hecho en el año 1203, cuando Pedro accedió al trono, se le puso en trance de repudiar a su indigna esposa o de renunciar al trono. Él escogió esto último y marchó a vivir modestamente con Febronia.

Tiempo después, y ante los desórdenes cortesanos y descontentos políticos, se les pidió que ocuparan de nuevo el trono. Accedieron y gobernaron justamente, asistiendo a los pobres y mediando pacíficamente entre los litigantes de los conflictos. Pedro ejercía el poder con justicia pero sin severidad, siendo misericordioso pero firme. Ayudaba, aconsejaba y protegía especialmente a las mujeres.

Ya ancianos, los dos esposos emitieron votos monásticos y adoptaron los nombres de David y Eufrosina, de ahí que suelan aparecer mayoritariamente representados como mone y monja en los iconos. Murieron ambos el mismo día en Semana Santa del año 1228, y según su voluntad fueron enterrados en la misma tumba. Se los canonizó el año 1547 y sus reliquias se veneran en la ciudad rusa de Murom.

Pedro y Febronia, esposos y príncipes de Murom. Ilustración contemporánea rusa.

Su vida fue redactada por un monje llamado Erasmo, y hay algunas leyendas que les atribuyen batallas místicas, a Pedro con una serpiente y a Febronia con una Sibila. Algunos historiadores, como Tolstoj, defienden que en realidad sus nombres originales eran David y Eufrosina, y que los monásticos fueron Pedro y Febronia, es decir, al revés de como lo expresa la tradición.

Estos santos esposos, en la tradición ortodoxa rusa, son protectores de los matrimonios, es decir, que ambos son un equivalente a San Valentín en el mundo católico, como protectores de los enamorados. La única explicación que se me ocurre para esto es que el príncipe Pedro se casó con Febronia por amor y a pesar de que ella era plebeya, algo rarísimo e incluso inconcebible en la mentalidad de la época; y en que, cuando le dieron a escoger entre el trono y su esposa, la eligió a ella. Cosa que un hombre no haría de no estar enamorado, se entiende.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos de nombre Sóstenes

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Antigua estampa de San Sóstenes, mártir de Calcedonia y patrón de la ciudad homónima en Catanzaro (Italia).

Introducción
La vida cristiana está marcada por el don del Espíritu Santo que, hablando en nosotros, nos hace reconocer a Dios como nuestro Padre. El Espíritu de Jesús es el regalo que si aceptamos libremente, nos vincula a Cristo y nos une a su destino: la santidad. Por eso dice la Plegaria Eucarística II: “Padre Santo, fuente de toda santidad”; es el Padre, quién en Cristo y por obra del Espíritu Santo, aceptándolo nosotros libremente, nos da la plenitud de la gracia para ser aquello que ya somos: santos. Así que, cada uno de nosotros, podemos decir como el apóstol Pablo: “Por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia en mí, no ha sido vana”.

El Espíritu Santo, la gracia de Dios, ha sido concedida a todos, es un don gratuito de Dios igual para todos, porque es uno e indivisible. Lo que crea la diversidad se debe únicamente a las respuestas de la libertad de cada uno y es por eso que esta es la única diferencia entre nosotros y los Santos.

La Iglesia Católica recuerda en el Martirologio Romano (en la edición más antigua, ya que ahora la memoria del culto se encuentra sólo en la Bibliotheca sanctorum), a dos santos con el nombre de Sóstenes (un nombre griego que significa “por el vigor intacto”, que en latín deriva del vocablo “sustines”, que quiere decir, “aquel que sostiene”): el 10 de diciembre, San Sóstenes de Calcedonia y el 28 de noviembre, San Sóstenes de Corinto; los dos, según la tradición, murieron como mártires.

Los primeros santos venerados en la Iglesia fueron los propios mártires (los que dan testimonio), o sea, aquellos hombres y mujeres que derramaron su sangre por ser fieles a Cristo que había sacrificado su vida por todos nosotros en la cruz. “Nadie tiene un amor más grande que aquel que da la vida por los propios amigos” (Juan, 15, 13).

Jesús había anunciado las persecuciones de sus discípulos: “Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos… y por mi causa seréis llevados ante los gobernadores y reyes para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Pero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengais que hablar se os comunicará en aquel momento, porque no sereis vosotros los que hablareis, sino el Espíritu de vuestro Padre será el que hablará en vosotros”. (Mateo, 10, 16-20). La historia de la Iglesia de todos los tiempos y todos los lugares, desde la época apostólica hasta nuestros días, está marcada por los testimonios de innumerables cristianos que han sido arrestados, torturados y matados por odio a Cristo. Los cristianos siempre han considerado al martirio como un don, una gracia, un privilegio, la plenitud del Bautismo porque se es “bautizado en la muerte de Cristo (Romanos, 6, 3-5).

Imagen de San Sóstenes, mártir de Calcedonia, venerara en Mili San Pietro, Italia.

El Concilio Vaticano II nos enseña: “Desde los primeros tiempos algunos cristianos han sido llamados a dar este supremo testimonio de amor ante todos y también delante de los perseguidores y otros más serán llamados. El martirio hace que el discípulo sea similar a su Maestro, que aceptó libremente la muerte para salvar al mundo, confirmándolo también con el derramamiento de su sangre; por lo cual, el martirio es estimado por la Iglesia como un don eminente y una prueba suprema de caridad” (LG 42).

Los primeros cuatro siglos de la Iglesia se caracterizaron por feroces persecuciones y de esta manera se desveló que aquel nuevo grupo religioso no era el fruto de pensamientos humanos, sino del de su fundador que era el mismo Dios: “¡Va a ocurrir que incluso os encontreis luchando contra Dios!”, dijo Gamaliel en su discurso en defensa de los Apóstoles. Los mártires nos revelan la fuerza del Espíritu del Padre, que ha resucitado a Jesucristo y con su poder transforma a aquellos que “participando de nuestra naturaleza humana, son transformados en imagen de Cristo… y vivamente manifiestan a los hombres, su presencia y su rostro”, tanto que Tertuliano llegó a decir a los paganos: “La sangre de los mártires, siempre será semilla de nuevos cristianos”.

San Sóstenes de Calcedonia
Sóstenes nació en el seno de una familia pagana de Calcedonia en Bitinia, en el siglo IV. Bitinia está en la actual Turquía. Nada se sabe de su infancia y solo podemos decir que se alistó en el ejército romano bajo el mando de Maximiano Hércules y que consiguió importantes victorias. Vivió en un período de encarnizada persecución contra los cristianos: primero bajo el reinado de Decio y posteriormente, de Diocleciano.

En su vida, seguramente oyó hablar de los cristianos, pero no supo lo que era la fe y la firmeza hasta que recibió la orden de martirizar a la joven Eufemia. Sóstenes quedó impresionado por el comportamiento de la joven y frágil mártir. Ciertamente, él, en su corazón, se preguntaba de dónde salía esa fortaleza, quién era ese Dios por el que se podía soportar tan atroces tormentos.

Podemos imaginarnos la lucha interior del joven soldado y su búsqueda de respuestas a muchas preguntas que se le planteaban a su conciencia. Como un nuevo Pablo se encontró a Eufemia en el camino de Damasco y oyó la voz de Dios que le habló a través de Eufemia. No era un dios como el de sus padres, un dios patrono, sino un Dios Padre que lo amaba y que por su inmenso amor nos había entregado a su propio Hijo, que había muerto y resucitado. ¡Ésa era la fuerza y la esperanza que había animado a la joven virgen de Calcedonia!

Imagen de San Sóstenes de Calcedonia, imitación de la original italiana. Iglesia de San Antonio de Waterford, Nueva Jersey, EEUU.

Por fin, había descubierto al verdadero Dios, al Creador y Señor del Universo. No transcurrió mucho tiempo hasta que fue descubierto como cristiano y, como santa Eufemia, fue llamado a dar testimonio públicamente de su fe.
En aquel tiempo, gobernaba en Bitinia el cónsul Prisco. El lo hizo arrestar como cristiano y encerró en la cárcel; esta era la prueba de su fidelidad a Cristo, pero era solo el principio. Fue sometido a diversos interrogatorios en los cuales, el cónsul esperaba persuadirlo para que abandonara su fe, pero Sóstenes se mostró inflexible. De las palabras persuasivas y promesas de riquezas y de honor, se pasó a la tortura. Fue azotado, desgarrado su cuerpo con anzuelos, pero esto no lo amilanó sino que alababa a Dios por hacerle digno de sufrir en su nombre. Pero le esperaban más pruebas, porque fue arrojado a las fieras, aunque por la gracia de Dios pasó esta prueba.

Su final estaba decidido: se preparó una pira de leña y se encendió un gran fuego y Sóstenes fue conducido allí para ser quemado vivo. Él, como Eufemia, estaba demostrando su firmeza en la fe y esto originó un primer fruto: tuvo un compañero en su última prueba: Víctor. Ambos, después de intercambiarse el abrazo de paz, fueron echados al fuego, dando así testimonio de Cristo con el derramamiento de su sangre. Ésta fue su victoria: los discípulos son semejantes al Maestro. Sóstenes y Victor nos enseñan cómo morir heroicamente por Cristo; cada uno de nosotros estamos llamados para dar testimonio de nuestra fe en Cristo en la caridad. ¡Aspirar a los carismas más grandes!

“Procurad pues los mejores dones y yo te mostraré el mejor camino” (1º Corintios, 12, 31). “Si yo hablase las lenguas de los hombres y de los ángeles y no tengo amor, soy como el metal que resuena o el címbalo que retiñe…. El amor es paciente, es bondadoso, no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia sino que se goza en la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser….” (1ª Corintios, 13, 1-7).

Las reliquias de San Sóstenes de Calcedonia
“Incluso cuando el alma ya no está presente, existe una fuerza en los cuerpos de los santos” (San Cirilo de Alejandría)

En el libro: “Sóstenes de Calcedonia. Testimonio de Cristo” no existen noticias sobre las reliquias del mártir. En realidad, yo había venerado siempre una reliquia del santo guardada en la parroquia de Santa Maria del Monte en San Sostene (CZ), pero en mi investigación he descubierto las huellas del culto del santo mártir en los lugares siguientes:
Roccella Jonica (RC), loc. S. Sostene, iglesia de su nombre.
San Sostene (CZ), Parroquia de S. Maria del Monte
Mili San Pietro (ME), santuario de San Sóstenes
Waterford (NJ – USA), Iglesia de San Antonio
Piacenza, Basilica de Santa Eufemia
Irsina (MT), Catedral.
Estos son los lugares más significativos con trazas de culto al santo mártir de Calcedonia. Lo contrario puede decirse acerca de la iconografía del santo. Excepto en Roccella Jonica e Irsina, los otros centros de culto tienen un rico testimonio iconográfico. De manera particular, la basílica de Santa Eufemia, en Piacenza, la cual posee diversas obras pictóricas que retratan al compañero de martirio, esto es, a San Victor de Calcedonia. También está representado en una escultura de yeso de 35 centímetros y que es propiedad de su autor.

Urna con las reliquias de San Sóstenes, mártir de Calcedonia, veneradas en Piacenza (Italia).

Pero retornemos al tema de las reliquias:
En la parroquia de Santa Maria del Monte en San Sostene (CZ), existe un relicario antropomorfo de madera (un brazo) en cuyo interior hay una reliquia “ex ossibus” del mártir. La nora contenida lo confirma: “POLLEX S. SOSTHENIS M.”
Según la relación de Bianca Capone Ferrari, presentada en la 22º Conferencia de Investigación sobre los Templarios organizada por la L.A.R.T.I. los días 25 y 26 de septiembre del 2004 en Trieste, tambien en Irsina (MT) hay rastro de reliquias de los santos mártires calcedonenses. Por último, el descubrimiento más sorprendente es el relativo a Piacenza, en la Basílica de Santa Eufemia.

En el año 1881, en una carta autógrafa con ocasión del reconocimiento de las reliquias de Santa Eufemia, el Beato Juan Bautista Scalabrini, escribe: “El día 7 de aquel mes de enero, habíamos puesto en aquella urna las mismas reliquias tomadas del arca de piedra, que desde enero del 1880, con ocasión de la Sagrada Visita Pastoral, encontramos situada bajo el altar mayor del mismo templo en la parte del coro y en el que se realizó el reconocimiento canónico de las mismas, conservadas con algunos restos de los santos mártires Sóstenes y Victor. Allí están las reliquias y cenizas de la santa y de los dos susodichos santos. El día 10 de ese mes, la misma arca de piedra se ha puesto en el lugar primitivo… 29 de mayo del 1881, Juan Bautista, obispo”. Esta carta documenta la presencia de reliquias de San Sóstenes en Piacenza.

Pero también, el mismo beato obispo Scalabrini, en su discurso del 9 de enero de 1881, realizado al término de los festejos que se realizaron con motivo del reconocimiento de las reliquias de Santa Eufemia, afirma: “(Eufemia) sabemos que muchos, a través de ella, encontraron durante su vida la fe en Cristo, entre ellos, Victor y Sóstenes, de los cuales encontramos reliquias insignes en la misma urna de la mártir, como se sabía por tradición y por la memoria historica de nuestros padres”. Hoy, la urna de las santas reliquias está puesta en el lugar donde la puso el beato Juan Bautista Scalabrini.
Finalmente, una pequeña e insignificante reliquia “ex linteis” es guardada por mí y proviene del relicario de San Sóstenes de la ciudad de Catanzaro.

Brazo-relicario de San Sóstenes, mártir de Calcedonia, venerado en Italia.

Concluyo con un pensamiento del Papa Benedicto XVI: “Las reliquias (de los santos) nos conducen al mismo Dios: es Él, quien por el poder de su gracia, concede a esos seres tán frágiles, la valentía para dar testimonio suyo en el mundo. Invitando a venerar los restos mortales de los santos y de los mártires, la Iglesia no olvida que en última instancia, son solo huesos humanos que pertenecen a personas tocadas por el poder vivo de Dios. Las reliquias son huellas de esa presencia invisible pero real, que ilumina la oscuridad del mundo y revela el reino de los cielos que está dentro de nosotros. Claman con nosotros y por nosotros: “Maranathà!”, Ven, Señor Jesús”.

Oración a San Sóstenes de Calcedonia
(don Aristide Stillo, 1928)
Oh glorioso protector nuestro, San Sóstenes, ilustre campeón de la fe en Jesucristo, que con heróico coraje profesaste hasta el generoso holocausto de tu joven existencia, vuelve como siempre sobre tu mirada benigna y sonriente, sobre este pueblo, que con santo orgullo cuenta con tu invicto Nombre.
Tu que, entre las filas de los soldados legionarios ambiciosos, aduladores y corruptos, con un odio especial a la religión de Jesús, llevaste la palabra ardiente de la verdad y del amor para que a la sombra de tu gloriosa bandera, los hermanos de armas y de fe se sintieran protegidos y fortalecidos, ponnos también a nosotros bajo la sombra benéfica de tu protección, para que también podamos sentirnos apoyados en la fe.
En medio de la torbellina sucesión de las pasiones humanas, de la áspera y continua lucha para mantener intacto el patrimonio de las santas virtudes cristianas que nuestros padres nos han transmitidos, nosotros, con la mirada pura y confiada, de tí esperamos recibir una advertencia y una lección, a traves de tu santa reliquia que nos vuelva a nuestro invicto Carroccio.
Haz que el fuego del Amor Divino arda en los corazones de todos nosotros, hijos de tu amor, a fin de que en el Amor Divino podamos encontrar nuestra felicidad, nuestra paz verdadera. Si, oh gran protector, reine en nosotros el espíritu de fe sincera y devota y no esté entre nosotros, el pecado, las penurias y las enfermedades tanto del cuerpo como del alma.
Tú, que desde el horno de Calcedonia, con la palma de los fuertes entre tus manos, has volado al canto de la gloria y de la victoria, entre las llamas del inagotable amor de Dios, haz que también nosotros, después de las feroces batallas de la vida y la prueba moral del fuego de este mundo, podamos llegar al canto de la gloria del cielo, donde por toda la eternidad, bendigamos la bondad divina. Amén.

Miniatura gótica medieval de San Sóstenes de Corinto (dcha.) con el apóstol San Pablo (izqda.)

San Sóstenes de Corinto
Decimos que la Iglesia venera a San Sóstenes de Corinto, que fue el jefe de la sinagoga de Crinto y que es festejado el día 28 de noviembre. Este mismo santo es venerado por la Iglesia Ortodoxa, el 8 de diciembre y lo recuerda como primer obispo de Colofonia, en Asía y posteriormente, mártir en Corinto.

En la primera carta (epístola) de San Pablo apóstol a los Corintios, en el saludo inicial, se leen las siguientes palabras: “Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios y el hermano Sóstenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo nuestro Señor; Señor de ellos y nuestro. Llegue a vosotros la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
No dejo de dar gracias a mi Dios por vosotros, por la gracia que Él os ha concedido por Cristo Jesús. En efecto, vosotros habeis sido colmados en Él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento. En la medida en que el testimonio de Cristo se arraigó en vosotros, por eso, miestras esperais la revelación de nuestro Señor Jesucristo, no os faltará ningún don de la gracia. Él os mantendrá firmes hasta el fin para que seais irreprochables en el día de la Venida de Nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios es fiel y Él os llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro”
(1 Cor 1, 1-9).

Durante la larga permanencia del apóstol Pablo en Corinto, ocurrió un hecho dramático, al menos para nosotros y difícilmente explicable, según lo cuenta el evangelista San Lucas con su habitual claridad: Sóstenes fue golpeado en lugar de Pablo de Tarso; ¿por qué? Es probable que los judíos quisieran pegarle por su conversión al Cristianismo, ya que él que era el cabecilla de la Sinagoga; pero de la conversión de Sóstenes, cabeza de la Sinagoga de Corinto, los Hechos de los Apóstoles no dicen nada.

Su nombre aparece en la dirección de la carta que, desde Éfeso, San Pablo escribió a los inquietos cristianos de Corinto y Sóstenes parece que fue el portador de dicha carta. Por tanto, es natural que pensemos que el ex-jefe de la Sinagoga, fuera golpeado por sus hermanos en la fe, pues efectivamente había sido convertido por San Pablo, llegando a ser discípulo suyo, encargado de tener en contacto al apóstol con la comunidad de Corinto, donde era muy conocido y estimado.

Tabla bizantina del apóstol San Pablo.

Esta hipótesis, probabe pero no segura, fue bien recibida por los que redactaron los Martirologios, que recuerdan el 28 de noviembre a Sóstenes como santo, discípulo de San Pablo y ex-jefe de la Sinagoga de Corinto. Con la paliza que recibió delante del tribunal, él fue “consagrado como un glorioso comienzo de los primeros frutos de la fe”, madurando posteriormente su fe como obispo de Colofonia en el Asia Menor. Pero esto es solo tradición ya que no existe evidencia histórica alguna que lo confirme.

Damiano Grenci

Bibliografía
– AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II apendice – Ed. Città Nuova
– Archivo Parroquial San Pietro in Mili, S. Pietro Superiore (ME)
– Archivo Parroquial Santa Maria del Monte “Pignatelli”, S. Sostene (CZ)
– Bianca Capone Ferrari – Relación presentada en la 22° Conferencia de Investigacion Templaria, organizada por la L.A.R.T.I. el 25 y 26 de septiembre del 2004 en Trieste – Sitio Web di Irsina.net
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– C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editora Vaticana – 2007 – pp. 1142
– Corrao Gaia – Eufemia. Una muchacha mártir por Cristo: suplemento a “Il Nuovo Giornale”, semanal diocesano de Piacenza-Bobbio” – n. 32, 15 septembre 2006
– D. M. Grenci – I. Coletti, San Sostene martire, dattiloscritto
– Enciclopedia Catolica, Città del Vaticano, Vol. II, pp. 954-957
– Grenci Damiano Marco – “Sostene di Calcedonia. Testimone di Cristo”, pp. 140, 30 ilustraciones in b\n, Ed. Tip. Rossini (Busto Arsizio – VA).
– Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconografico y hagiografico: 1977 – 2011
– Jacopo da Varagine, Leyenda Aurea, Libreria Editrice Fiorentina, Voll. 2, pp. 630- 632
– Lupoli Michele Arcangelo – Novena en honor de Santa Eufemia virgen y mártir calcedonense, protectora de la ciudad de Montepeloso (Irsina) – Ed. Comitato Feste Patronali, 2000
– Parroquia de Santa Eufemia. Istituto Paritario sant’Eufemia – Sant’Eufemia e la Basilica a lei dedicata: testimonianze di fede, storia e arte – Ed. Parroquia de Santa Eufemia, 2003
– Parroquia de San Pietro Apostolo Mili San Pietro (ME) – Vivere San Sostene – opuscolo in proprio, 2007
– Racco – Scali, Guida a Roccella Jonica, Ed. Brenner
– RR. PP. Benedectinos – Paris, Vies des Saintis et des Bienheureux, Ed. Letouzey et Ane, 1952, Tome IX, pp. 199. 338-341
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