Martyrium: poena capitalis

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del martirio de Santa Dorotea, obra de Joost van Baren (1593). Iglesia de San Pedro de Leuven, Bélgica.

Así se llamaba en la antigua Roma a la sentencia de muerte, término que nosotros seguimos empleando en castellano: la pena capital, la pena que exige la cabeza, o dicho de otro modo, la muerte por decapitación.
La mayoría de los mártires de la Antigüedad acabaron así el curso de sus tormentos. Los afortunados que gozaban de la ciudadanía romana fueron directamente a ello sin pasar por la tortura. El arte ha acostumbrado a representar este momento en todo tipo de obras a la memoria de los mártires, y precisamente por devoción, libre albedrío o rutina del artista se han cometido errores y malinterpretaciones con la aplicación de esta pena.

En primer lugar, y al menos en lo que concierne en el antiguo Imperio, la decapitación no se realizó jamás mediante espada. La espada romana –llamada gladius– era corta y ligera, pensada para dar estocadas, no para cortar transversalmente, por lo tanto no tenía la contundencia necesaria para desprender la cabeza del tronco. Por tanto, las obras de arte que representan a un o una mártir portando una espada como instrumento de martirio o siendo decapitados con ella, son históricamente incorrectas –y nótese que son la inmensa mayoría-.
La decapitación se realizaba a golpe de hacha. La cabeza del condenado debía reclinarse sobre un soporte de madera –el tajo- y dejar la nuca al descubierto. El golpe se aplicaba en la zona de las vértebras del cuello, y la ley romana permitía un máximo de tres golpes.

Martirio de Santa Catalina de Alejandría. Museo Colonial de Bogotá (Colombia).

Aunque evidentemente fue el método de ejecución más rápido que existió hasta el invento de las armas de fuego, no es cierto, como se ha dicho, que fuera indoloro: a partir de ciertos –y muy desagradables- experimentos se ha podido comprobar que la conciencia se mantiene hasta varios segundos después de desprendida la cabeza, un suspiro para el vivo, una eternidad para el que muere. Y naturalmente el dolor se prolongaba si no se acertaba al primer golpe, lo que dependía de la destreza del verdugo y de la no resistencia del condenado.

La veneración cristiana fomentó que muchas veces la cabeza fuera separada del cuerpo y acabara perdiéndose o ésta o aquél.

No se puede hacer una lista exhaustiva de todos los mártires que murieron por decapitación, por ser éstos la gran mayoría. Sí cabe destacar el caso de Santa Cecilia, que por su linaje y familia, estaba llamada a sufrir lo mínimo, sin embargo, la torpeza del verdugo hizo que sufriera los tres golpes legales sobre la nuca sin lograr ser decapitada, para luego ser abandonada a una larga agonía por desangramiento, que ningún cuidado pudo evitar.

La inutilidad de las espadas romanas para la decapitación queda de sobra demostrada con el caso de Santa Perpetua, cuya ejecución fue encomendada a un torpe gladiador que se empeñó en decapitarla con su espada. Lo que hizo fue masacrarla golpe tras golpe sin lograr nada más que destrozarle las vértebras del cuello, hasta tal punto que ella acabó dirigiéndole el golpe para que no volviese a fallar.

Cabe destacar a los santos llamados cefalóforos, que acabados de decapitar se levantaban y tomaban su cabeza en manos para ir a buscar un lugar adecuado en el que reposar. Huelga decir que es pura leyenda, como lo es también el caso de Santa Winifred, mártir celta que fue resucitada tras ser decapitada por un pretendiente rechazado por el simple hecho de pegar su cabeza cortada al cuello. Tales leyendas ya eran habituales en el mundo nórdico antes de la llegada del cristianismo, por lo que no extraña que fueran incorporados a las vidas de los santos.

Martirio de Santa Lucía, viuda mártir romana. Grabado de Antonio Tempesta para "Immagini de molte vergini romane nel martirio", Istituto Nazionale dell'Arte Grafica, Roma (Italia).

Cabe por último tener en cuenta que el término decapitación se refiere única y exclusivamente a cortar la cabeza separándola completamente del tronco. Por tanto, no debe confundirse –como tristemente se hace- ni con la degollación, ni con el apuñalamiento, que ya trataremos en siguientes artículos.

Meldelen

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11 pensamientos en “Martyrium: poena capitalis

  1. Gracias, Ana Maria, por este nuevo artículo en el que aclaras perfectamente en qué consistía la pena capital, muerte a la que fueron sometidos multitud de mártires de los tres primeros siglos.
    Es verdad que confundimos la decapitacion, el degollamiento, el apuñalamiento en el cuello…., y que a ello no solo han contribuido las leyendas sino las incorrectas manifestaciones pictóricas sobre los martirios de los mártires. Por eso esta serie es tan interesante: porque nos vas dejando muy clarito en qué consistía cada tormento a los que fueron y son sometidos los mártires a los que veneramos.
    Puede parecer una serie “un tanto mazoca”, pero para mi es una serie muy didáctica y esclarecedora que, personalmente, me hace ahondar en mi veneración a los santos mártires.

    • Me alegra muchísimo que lo veas así. A mí a veces me parece un recuento macabro sin valor didáctico ni histórico y tengo dudas de que sea realmente útil a alguien. Tengo bien claro que el nivel es muy básico y divulgativo, sólo como curiosidad y conocimiento general, pero no me gustaría ser malinterpretada en mis intenciones a la hora de publicar esta serie.

  2. Ana Maria acabas de sorprenderme sobre esos desagradables experimentos en los que se pone de manifiesto que una vez separada la cabeza del tronco hay por unos segundos consciencia,realmente es la primera vez que lo leo.

    Se de espantosos e inhumanos experimentos que realizaron con perros y monos en los que la cabeza logro mantenerse con vida unos dias,pero el experimento era obviamente mantener la cabeza con vida,no sabia de experimentos con el unico fin en los que trataran de comprobar el funcionamiento cerebral una vez separada la cabeza del resto del cuerpo.

    Por ultimo no se si cabe la pena mencionar algunas pruebas que se realizaron con condenados a la guillotina en los que les pedian un guiño de ojo una vez desprendida la cabeza…..¡!

    • Gracias Ana MAría. Huelga decir que también a mi me ha sorprendido averiguar que la cabeza sigue con segundos de consciencia después de haber sido desgagada del tronco. En mi inocencia pensaba que el tajo acababa de una forma rápida y limpia con la ejecución, jeje… en todo caso y con las salvedades pertinentes me parece el más rápido de los tormentos si no los ha habido de otra clase anteriormente,claro está.

    • Sí, a esos experimentos me refiero. Cosas vomitivas y desagradables que ojalá no se hubieran hecho; pero a veces la ciencia avanza así, sólo para que actualmente la comunidad científica se reafirme en su decisión de no volver a hacer algo así nunca más.
      Y no, Salvador, no es el modo de ejecución más rápido. Las armas de fuego tomaron la delantera cuando empezaron a usarse.

  3. Ana María. Nos hablas sobre esta forma de martirio y nos haces referencia sobre todo a la época de la antigua Roma. Pero en otras culturas donde también vivían cristianos ¿Qué instrumentos se utilizaron para la práctica de este tipo de martirio? Hablemos de por ejemplo los pueblos musulmanes, los bárbaros y otros…

    • ¿A qué te refieres con “bárbaros”? Los griegos y romanos llamaban así a todos los que no eran griegos y romanos como ellos. Pero si con ello te refieres a los pueblos germánicos, también usaban el hacha, estaban especializados en ella como arma de combate, ya que las espadas célticas o la falcata ibérica estaban también destinadas a pinchar y cortar.

      Los pueblos musulmanes sí tenían el alfanje, la cimitarra… espadas curvas de mayor agilidad y ligereza para el combate, pero también lo suficientemente fuertes como para descargar un golpe contundente.

  4. ¡Qué terrible y desagradable!

    Hermana esta serie de artículos parece no tener fin, es tan diversa como la crueldad humana lo permite, pero siempre es muy ilustrativo que nos expliques precisiones que de otro modo no conoceríamos. ¡Gracias!

    • Gracias a ti, hermana, por ser tan amable con este recuento de tormentos tan simplón y divulgativo. Se puede profundizar muchísimo más, pero con esto creo que nos hacemos una idea.

  5. Siempre me agrada leer estos articulo tuyos Ana donde nos esclareces estos martirios sobre los que muchas veces nos formamos ideas equivocadas por falta de información, eso sii sea como sea es tan espantoso como cualquier otro este martirio, ya las imágenes que pones me parecen impresionantes de ver los chorros de sangre que salian.

    • Jajaja pues los artistas se quedan cortos, en verdad debe ser cien mil veces más horrible. Con razón dicen que la realidad siempre supera la ficción. Gracias por comentar. 🙂

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