Santos Constantino Brâncoveanu, sus hijos Constantino, Radu, Ştefan y Matei y su consejero Ianache Văcărescu

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Icono ortodoxo rumano de los mártires.

Junto con el Voivoda Esteban III de Moldavia (1504), la Iglesia Rumana celebra a otro santo coronado local en la persona de Constantino Brâncoveanu, Voivoda de Valaquia (1688-1714).

Constantino nació en el año 1654 en Brâncoveni (condado de Olt) en el seno de una noble familia rumana, siendo hijo de Mateo Brâncoveanu y de Stanca, hermana del Voivoda serbio Cantacuzino (1678-1688). Su padre murió en el año 1655 y Constantino fue criado por su tío Constantino Cantacuzino en Bucarest, el cual era uno de los humanistas más representativos de la cultura rumana medieval. De esta forma, el futuro Voivoda de Valaquia recibió la mejor educación posible. Dominaba fluidamente el griego, el latín, el eslavo y probablemente, también el turco.
Constantino se casó con María (llamada popularmente Marica), nieta del Voivoda Antonio (1669-1672) y tuvo cuatro hijos: Constantino, Esteban, Radu y Matei y siete hijas: Stanca, María, Ilíaca, Safta, Anca, Balasa y Smaranda. Juntos llegaron a poseer una impresionante riqueza consistente en casas, tierras, pueblos enteros y sumas de dinero depositadas en distintos bancos de Europa Occidental.

Con 34 años de edad, después de la muerte misteriosa y repentina de su tío, Constantino fue elegido como Voivoda de Valaquia. La situación política era muy difícil para los pequeños principados rumanos que intentaron mantener aun más su identidad durante el crecimiento del poder en Rusia, que entró en conflicto con el Imperio Otomano y con la monarquía austriaca, que estaba presente en Transilvania desde el año 1699.

La política interna
Constantino usó una política inteligente durante su reinado de veintiséis años. Dentro de Valaquia, Constantino Brâncoveanu apoyó el progreso económico y cultural tratando de modernizar el aparato estatal, reformando el sistema fiscal y aumentando el poder del Voivoda, pero los impuestos excesivos arruinó a las clases más bajas. Esto no se debió directamente a su deseo de ser cada vez más rico, sino a las crecientes demandas de la Puerta Otomana, a quién Valaquía tenía que pagar tributo desde los inicios del siglo XV.

Constantino Brâncoveanu apoyó el desarrollo de la cultura rumana, de tal manera que su reinado puede denominarse “el Renacimiento de Rumania”. Su impronta, su seña de identidad, es considerada la iglesia y el resto de los edificios del complejo del monasterio de Horezu (o Hurezi), dedicada en el año 1690 a los santos Constantino y Elena. Como era un Voivoda muy piadoso, construyó también otras muchas iglesias y monasterios y monumentos civiles en un estilo arquitectónico totalmente nuevo, combinando la pintura mural y la escultura tradicional local con el estilo neo-bizantino y el renacentista italiano. Esta combinación se denomina estilo “Brâncovenesc”, lo que podría ser considerado como el primero y típico de la arquitectura y pintura actual rumana.

Fresco votivo de la familia del Santo en el monasterio Horezu, Rumanía.

Constantino Brâncoveanu también apoyó la actividad impresora y las escuelas tanto de Valaquia como de Transilvania, tratando de dar un papel aun más importante a la lengua rumana, que hasta entonces solo se utilizaba como una lengua vernácula. Se rodeó de grandes personalidades de la cultura nacional y extranjera, a los que traía a su reino con el fin de preparar a los jóvenes en el modelo europeo.

En el año 1689 trajo de Estambul a un monje erudito georgiano llamado Antimos, que más tarde sería metropolita de Valaquia y también santo, pues fue martirizado por los turcos en el año 1716. Bajo su dirección se imprimieron algunos libros, especialmente religiosos, tanto en rumano como en griego y eslavo e incluso en árabe, turco y georgiano, lo que hizo que Valaquia se convirtiera en un centro importante para la cultura cristiana del Este de Europa y del Imperio Otomano.

En el año 1694, el Voivoda Constantino fundó la Principal Academia de Bucarest, conocida también como el Colegio de San Sabas, que fue la primera escuela secundaria de Valaquia. Se enseñaba en griego antiguo y, por lo general, los profesores eran griegos de Estambul. Paralelamente, abrió algunas otras escuelas dentro de los monasterios en Bucarest, enseñando en lengua eslava y en rumano. Fundó también algunas bibliotecas como la de Mărgineni y la del monasterio Horezu, comprando muchos libros en Europa Occidental.

Vista de la iglesia del monasterio Horezu, Rumanía.

La política exterior
En política exterior, Constantino Brâncoveanu trató de mantener el equilibrio entre el Imperio Otomano, a quién pagaba cada año y Austria, con quién llegó a concluir un acuerdo secreto recibiendo a cambio ciertos servicios de algunos estados nobles y títulos del Sacro Romano Imperio. Este frágil equilibrio se rompió en el año 1709 cuando entró en juego un tercer poder político. El rey Carlos XII de Suecia perdió en Poltava una batalla contra Pedro el Grande y poco después, las tropas rusas invadieron Moldavia con el fin de luchar con el sultán. En ese momento, Constantino cometió el error de aliarse con los rusos creyendo que ese podría ser su futuro, por lo que escribió una carta a Pedro el Grande en la que le prometía que le ayudaría con suministros militares. A cambio, Pedro envió a Brâncoveanu su agradecimiento y trescientas bolsas de oro.

Mientras tanto, los turcos instalaron a Demetrio Cantemir como príncipe de otro Principado Rumano: Moldavia, el cual también fue conocido como uno de los intelectuales más cualificados en el conjunto de Europa, pero pasó a ser enemigo de la familia Brâncoveanu. Lo primero que hizo Cantemir fue aliarse también con el Zar ruso. En esta situación y como era un líder orgulloso, Brâncoveanu trató de jugar en ambos lados y en espera de una confrontación entre las tropas rusas y otomanas, reunió a su ejército en Urlati, cerca de la frontera con Moldavia, para el caso de que si los rusos querían entrar en Valaquia, plantearse el aliarse con ellos, pero si los turcos fueran más rápidos, permanecer en el lado turco.

Durante este tiempo, su primo Toma Cantacuzino huyó con una parte del ejército del Zar, contándole cuales eran los planes del Voivoda. Asustado por esta situación, Brâncoveanu devolvió a Pedro el Grande sus trescientas bolsas de oro y suministró a los turcos. La batalla entre las dos grandes potencias se libró en Moldavia en el año 1711, cerca del río Prut, en Stănileşti, perdiendo los rusos.

Iglesia de San Jorge en Bucarest (Rumanía), frente a la cual se aprecia la estatua del Santo.

El final de su reinado
En el año 1711, el sultán Ahmed III (1703-1730), debido a la deslealtad de los Brâncoveanu, tenía previsto poner a otra persona en el trono de Valaquia, tratando asimismo de fortalecer su posición en contra de la monarquía austriaca. Pero como Constantino era demasiado poderoso y existían demasiadas conexiones entre las potencias occidentales, la “venganza” fue planeada en varios años.

En el 1714 Constantino estaba planeando la boda de su hijo Radu con la hija de Antioco Cantemir, antiguo Voivoda de Moldavia (1695–1700; 1705–1707). Como la novia estaba en Estambul, Brâncoveanu, tratando de mejorar sus relaciones con el sultán, le envió una carta y cuatro mil monedas de oro. En un principio, el sultán le comunicó que él no se oponía a ese matrimonio, pero envió a Alí Pasha a Bucarest para arrestar a Brâncoveanu. El Voivoda no sabía que todos sus parientes ya estaban en su contra y que nadie haría el menor intento por ayudarle. Por eso, el 25 de marzo del 1714, los turcos llegaron a Bucarest y quitaron a Constantino del trono de Valaquia. La razón invocada fue –según cuenta Mehmed Rashid, un cronista contemporáneo turco– que había reunido demasiada riqueza y armas y que preparaba una rebelión contra la Puerta Otomana, a fin de reinar con absoluta independencia.

Fue trasladado a Estambul junto con su familia y encarcelado en la fortaleza de Yedikule (las Siete Torres); todos sus bienes fueron confiscados y fue torturado por los turcos a fin de intentar conseguir información sobre otras posibles posesiones. Su fabulosa riqueza, de alguna forma, se había convertido en legendaria y los turcos le llamaban “Altin Bey” (el Príncipe de Oro). Finalmente, bajo tortura se vio obligado a firmar cediendo el oro que tenía depositado en Venecia.

Martirio de los Santos. Fresco en el monasterio Brancoveanu en Sambata de Sus, Transilvania (Rumanía).

El martirio
La ejecución de Constantino y de su familia ocurrió el día 15 de agosto del 1714 en el Ialy Kisc (el Kiosco en el mar), en el día de la Dormición de la Virgen, el mismo día en el que cumplía sesenta años de edad. El sultán Ahmed III ordenó una “ceremonia grandiosa” con el fin de humillar a sus adversarios. Junto a él estuvieron presentes los embajadores de Francia, Inglaterra, Austria y Rusia que fueron invitados para ver la manifestación de su poder. Constantino fue llevado allí junto con sus cuatro hijos: Constantino, Radu, Ştefan y Matei y su consejero Ianache Văcărescu. El sultán les permitió una última oración y les dio la oportunidad de convertirse al Islam.

Según el cronista italiano Antonio Del Chiaro, esta fue la respuesta de Constantino: “Vuestra Majestad ha incautado mi fortuna, pero yo no voy a abandonar mi fe cristiana. He nacido y he vivido en ella y quiero morir como cristiano. He llenado la tierra de mi país con iglesias cristianas y ahora, al alcanzar una edad avanzada, ¿debo cederlas como mezquitas turcas? No, alteza; yo defendí mi tierra, tengo fe y quiero cerrar mis ojos en mi fe y con mis hijos junto a mí”. Después de esto, animó a sus hijos: “Hijos míos, tened valor. He perdido todo lo que tenía en este mundo terrenal; nos hemos quedado sólo con nuestras almas y no las vamos a perder también; vamos a conseguir limpiarlas ante nuestro Señor Jesucristo. Vamos a lavar nuestros pecados con nuestra sangre”.

Después de que fuera decapitado Ianache Văcărescu, los verdugos tomaron a sus cuatro hijos. Matei, que era el más joven, protestó y pidió a su padre que le dejara convertirse al Islam, pues aun no había vivido su vida, pero Constantino era muy radical y no le permitió tal cosa. Su hijo aceptó la decisión de su padre y, finalmente, optó por morir. Sólo tenía once años de edad. Finalmente, el Voivoda Constantino Brâncoveanu también fue decapitado.

Procesión con las reliquias del Santo. Fotografía tomada el 17 de febrero de 1933.

Los cuerpos de los mártires fueron arrojados a las aguas del Bósforo y sus cabezas, puestas en unas lanzas, fueron paseadas por las calles de Constantinopla y colgadas durante tres días en las puertas de Seray. Más tarde, también fueron arrojadas a las aguas del mar. Algunos cristianos “pescaron” sus cuerpos y los enterraron en secreto en la Iglesia de la Asunción de la isla de Halki; sus cabezas fueron llevadas a Valaquia por la señora María en el año 1720 y sepultadas en secreto en la nueva iglesia de San Jorge de Bucarest. La tumba estaba cubierta por una placa de mármol blanco, sin nombre ni identificación. En el año 1914 se descubrió que el Voivoda estaba allí enterrado y fue gracias a una inscripción que había en una lámpara de plata y que hasta entonces había pasado inadvertida: “Esta lámpara que se ha donado a (esta Iglesia) San Jorge el Nuevo, luce donde descansan los huesos del bienaventurado Señor Voivoda Constantino Brâncoveanu Basarab y fue hecha por su Excelencia la Señora María, quien espera que sus huesos también descansen aquí. Julio, día 12, del año 7228 (1720)”. Su deseo se cumplió en el año 1745, cuando ella también fue allí enterrada.

El día 20 de junio de 1992, el Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rumana canonizó a los mártires Brâncoveanu, estableciendo su conmemoración, no el 15 de agosto pues es la gran festividad de la Virgen, pero si al día siguiente, el 16.

Sepulcro del Santo en la iglesia de San Jorge el Nuevo de Bucarest, Rumanía.

Troparion (himno) de los Santos
Fuiste digno de sufrir una muerte martirial por la verdadera fe y por tu pueblo, junto con tus hijos Constantino, Stefan, Radu y Matei y con el consejero Ianache; ¡oh defensor de la fe, Voivoda Constantino, ruega a Cristo que salve nuestras almas!

Mitrut Popoiu

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9 pensamientos en “Santos Constantino Brâncoveanu, sus hijos Constantino, Radu, Ştefan y Matei y su consejero Ianache Văcărescu

  1. Gracias, Mitrut, por este artículo sobre los santos mártires Brâncoveanu.
    Yo se que el martirio borra todos los pecados y por eso, por su martirio reconocido como tal por la Iglesia Ortodoxa, el Voivoda Constantino es venerado como santo, pero su vida terrenal, personalmente, no me parece ningún modelo de conducta.
    En el relato que nos presentas existen muchos datos que nos traen a la cabeza el comportamiento nada ejemplar de determinados gobernantes: ostentación de riqueza, evasión de capitales al extranjero,…..y al mismo tiempo, mucho golpe de pecho.
    En fin: santo porque es mártir. Si no hubiese muerto como mártir, probablemente nunca hubiera sido canonizado. Eso pienso yo.

    • Dear Antonio,
      in the case of the Voivods and Kings the rules are quite different. Not because they are kings and so on, but because they have another mission on the earth. Imagine a king who doesn’t do anything but acts of charity and turns his face to be slapped: his kingdom will be shortly destroyed and the human in his kingdom will suffer even more than with a christan-model king.
      So the kings should protect his country and his people. If he does like that, that is his saintness. Voivod Stephen III had many wives and illegitimate sons. That is not christian< but he protected his country against a big invasion and the stability during his long reign was good for the wealth of his people – material but also spiritual. In the same manner Constantin was very rich, but with his richness he bought some years of stability and could make temporary treatises with his powerful neighbors. Also he supported a cultural and a religious life in the country. That is A LOT ! and his martyrdom has a biiiiiiig impact in the counscience of the people. that is even more than a simple martyrdom

      • No estoy de acuerdo, Mitrut. No se puede justificar la mala actitud de un rey o gobernante simplemente porque “es el rey” o “es quien manda” o “porque si no el reino se hundiría”, que ha sido la justificación histórica, muy hipócrita desde luego, de las malas actitudes de los reyes. La prueba es que actualmente existen gobernantes justos que obran rectamente sin dedicarse a la guerra, a la ostentación ni a evadir capitales, y eso no ha hundido ningún país, más bien quienes hunden países son los gobernantes que han actuado al contrario.

        Que en la práctica los reyes se comportaran así es un hecho histórico, pero precisamente por la consciencia que tenemos de que sus comportamientos no eran santos, deberíamos ser más cuidadosos con las canonizaciones que llevamos a cabo de esta nobleza y realeza. Y me refiero tanto a la Iglesia Ortodoxa como a la Católica.

  2. Totalmente de acuerdo con Antonio, que como ha dicho ya lo que yo pensaba decir al respecto, no insistiré en ello.

    Sólo un detallito y que conste que no pretendo juzgar; pero me parece muy cruel la actitud del Santo al obligar a su pequeño hijo de once años al martirio, cuando el chico no se sentía llamado a ello y prefería convertirse al Islam y seguir viviendo.

    Creo que todos tenemos derecho a escoger nuestro camino y nadie nos puede obligar a morir si no lo deseamos, a menos que nos maten, claro. Además, que un martirio “obligado” no es martirio ni es nada. Es que te han matado porque tu padre no te ha dejado escoger la opción de salvarte.

    No sé, a mí me horroriza esta crueldad; sé que desde la visión cristiana es peor la conversión y la vida (apostasía) al martirio, pero insisto… ¿a qué precio? El martirio debería ser voluntario…

    • the martyrdom of the young son was volontarily after all. He was forced by the paternal autority – by word. But not in other way. He could just say “no” until the end and the turks would have accepted his decision. The story is about doubt and victory of the martyrdom. Is not about forcing.

  3. Menudo Sultan mas cruel,mezquino y monstruoso,ordenar la muerte de un niño de once años….
    Pero bueno….en aquella epoca pocos tenian corazon.
    Gracias Mitrut por mostrarnos la historia de estos santos.

  4. Su Santidad Abuna Paulos, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Etíope, sufrió ayer un ataque al corazón, siendo ingresado en el Hospital Balcha en Addis Abeba, donde ha muerto esta mañana (16 de agosto), con 76 años de edad. Era patriarca etíope desde 1992.
    Nuestras condolencias a cuantos hermanos ortodoxos etíopes visiten el blog.
    Descanse en paz. Amén.

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