Los escritos de San Jerónimo

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El Santo en su estudio. Fresco de Domenico Ghirlandaio (1480). Iglesia de Ognissanti, Florencia (Italia).

Cuando el año pasado, tal día como hoy, escribimos sobre la vida de San Jerónimo, dijimos expresamente que muchas cosas se nos quedaban en el tintero porque si no, el artículo sería larguísimo. Uno de los temas sobre los que no profundizamos fueron sus escritos que le hicieron merecer la distinción de Doctor y Padre de la iglesia Occidental. Esto es lo que nos proponemos hacer hoy aun a sabiendas de que nos quedarán muchísimas lagunas.

La obra principal de San Jerónimo fue la revisión y traducción de la Biblia al latín, la llamada “Vulgata” denominación que se le ha dado a dicha traducción. Como ya indicábamos en el artículo del año pasado, la hizo por encargo del Papa San Dámaso I dos años antes de su muerte y aunque San Jerónimo dominaba el latín clásico, hizo la traducción en el latín vulgar con la intención de que fuera mejor comprendida por el pueblo llano. Con anterioridad la Biblia utilizada era la llamada “Vetus Latina”, que no fue una traducción hecha por una sola persona y que ni siquiera se editó de manera uniforme. La calidad y el estilo de la traducción variaba mucho de un libro a otro, proviniendo casi todas las traducciones del Antiguo Testamento de la llamada “Septuaginta Griega”.

En el año 391 inició la traducción del Antiguo Testamento, pero utilizando un texto hebreo, por lo que le hicieron numerosos reproches por no darle el suficiente valor a la “Septuaginta Griega” que había sido realizada utilizando un texto hebreo mucho más antiguo. Sus trabajos de traducción fueron desiguales, a veces, demasiado rápidos y otras, recopilando todas las interpretaciones que se habían hecho con anterioridad. Uno de sus mejores trabajos fue “Quaestiones hebraicae in Genesim”. Intentó evitar el excesivo uso de las alegorías, pero no lo consiguió y él mismo llegó a arrepentirse de algunas de sus explicaciones alegóricas; solo había que recurrir al significado alegórico cuando era imposible descubrir el sentido literal de un texto.
Sus mejores traducciones fueron las de los libros de Amós, Isaías y Jeremías y las más deficientes, las traducciones de los libros de Zacarías, Oseas y Joel. Sin embargo, su traducción del Nuevo Testamento no fue excesivamente afortunada, salvo el “Comentario a la Epístola de los Gálatas”.

De él hay que decir que escogió cuidadosamente sus fuentes de información, que conocía a la perfección las Sagradas Escrituras, las principales lenguas que se hablaban en su época y la geografía de Palestina: es uno de los exegetas bíblicos de más prestigio. No rechazó ni aceptó que los libros deutero-canónicos formaran parte de las Escrituras y de hecho, usó en algunas ocasiones algunos textos de ellos. Con respecto a si en la Biblia podían existir errores, se mantuvo en la doctrina tradicional, insistiendo más en lo que era responsabilidad del escritor del libro sagrado, a los cuales, en alguno de los casos, llegó incluso a criticar. Siempre mantuvo que el primer texto de cada libro bíblico, el original, era el único inspirado, por lo que había que tener sumo cuidado en que el copista no alterara el texto original.

El Santo en su estudio. Tabla de Antonello da Messina (1475). National Gallery de Londres, Reino Unido.

Admitió que al revisar la Biblia para traducirla había encontrado numerosos problemas cuando los escritores del Nuevo Testamento hacían referencias a textos del Antiguo Testamento, ya que las referencias a veces no eran literales sino acordes con el espíritu del texto; como he dicho, él mantenía que la inspiración divina estaba en el texto original y aunque sostenía que en la Biblia no existía error material debido a la ignorancia o el descuido del escritor sagrado, sin embargo la realidad era que este escritor se había adaptado a la opinión que era mayoritariamente aceptada por la gente de su tiempo.

Pero San Jerónimo realizó otros muchos trabajos de redacción y traducción de obras anteriores. Tradujo y amplió entre los años 325 al 378 el “Chronicon Eusebii Caesariensis”, que sirvió como modelo a cronistas posteriores de la Edad Media. La “Vita Malachi, monachi captivi” es una obra suya en la que hace un elogio de la castidad mediante la narración de una serie de hechos legendarios, de dudosa historicidad, la “Vita Sancti Hilarionis, a la que sin fundamento alguno se la ha tachado de plagio y posiblemente, también escribió la “Vita Sancti Pauli, eremitae”.

Una de sus principales obras literarias es “De viris illustribus”, escrita con la intención de demostrar que en el seno de la Iglesia habían existido grandes eruditos; es verdad que a veces se apropió de comentarios que no eran suyos, sino de Eusebio, comentarios que incluso llegó a distorsionar dada la rapidez con la cual escribía, pero sin embargo hay que decir que sus relaciones con exegetas y apologistas contemporáneos suyos fueron de verdadero interés. Esas son las que podríamos llamar sus principales obras históricas.

San Jerónimo también escribió unas cien homilías, generalmente dirigidas a sus monjes y en ellas no solo les demuestra sus conocimientos bíblicos y les da consejos moralizantes, sino que al mismo tiempo hace referencias a los sucesos que ocurrían en su época, simpatizando siempre con los más pobres y llegando incluso a mostrarse hostil con los ricos. Asimismo, escribió más de cien cartas dirigidas a amigos y a personas con las que mantenía discrepancias, cartas de gran estilo literario, escritas con sumo cuidado y en las que él mismo se corrige cuando considera que lo escrito no era lo más adecuado. Estas cartas fueron muy valoradas durante el Renacimiento, no solo por su valor literario sino también por su valor histórico, ya que narra sucesos acaecidos durante algo más de cincuenta años. En estas cartas, San Jerónimo nos muestra a las claras cómo era su carácter: extremista, a veces voluble, sensible, unas veces refinado y otras, satírico, aunque siempre sincero.

El Santo en su estudio. Tabla de Filippino Lippi (1493). Museo de Arte de El Paso, Texas (EEUU).

Como teólogo no llegó a la altura de San Agustín pues digamos que no tenía criterios propios sino que simplemente interpretaba la doctrina oficial de la Iglesia. Escribió contra los luciferianos, que se consideraba una secta cismática fundada por San Lucifer, obispo de Cerdeña. Este obispo defendía que se fuera clemente con los obispos que aunque se habían adherido a las tesis de Arrio, profesaban el Credo del concilio de Nicea; tuvieron adeptos incluso en Roma y contra ellos escribió su célebre “Diálogo” con mucho sarcasmo y no muy acertado por su parte en lo referente a la doctrina del sacramento de la Confirmación.

Contra Elvidio, que como dijimos en el anterior artículo era colaborador del Papa San Dámaso, pero que estaba en contra del monacato manifestando que el matrimonio no era inferior al celibato desde el punto de vista religioso y que, demás, mantenía que la Virgen Maria había tenido otros hijos con San José, escribió su obra “Adversus Helvidium”. Este segundo tema lo trató también unos diez años más tarde en su obra “Adversus Iovinianum”. San Jerónimo, aunque reconocía la legitimidad del matrimonio, llegó a utilizar algunas expresiones despectivas contra el mismo, considerándolo inferior al celibato.

Sabemos que hoy en día, determinadas Iglesias de Occidente afirman que solo la fe nos salva, por lo que es inútil el realizar buenas obras. San Jerónimo no llegó a tanto pero puso tan fácil el camino de la salvación mediante la fe que incluso llegó a despreciar la vida que llevaban los ascetas.

En el artículo del año pasado hablamos también de sus relaciones con el monje asceta Rufino el cual tenía sus diferencias con San Agustín sobre la doctrina de la gracia; en su obra “Apologetici adversus Rufinum” trata sobre las controversias con Orígenes, a quién llegó a acusar de hereje, viéndose envuelto en uno de los episodios más violentos de esa lucha que duró hasta el Concilio Segundo de Constantinopla convocado en el año 553 y en el cual se condenaron los errores de Orígenes. Principalmente se discutía si ciertas teorías defendidas por Orígenes y sus seguidores podían ser aceptadas y aquí se topó con que en algunos problemas doctrinales chocaba con lo defendido por San Agustín y su antiguo amigo Rufino, lo cual para él fue realmente doloroso.

Icono ortodoxo inglés del Santo. Parroquia de Oystermoth, Swansea (Reino Unido).

Como las obras de Orígenes eran la colección exegética más completa y la más accesible a los estudiosos, San Jerónimo las usó al igual que hicieron otros muchos autores de la época, pero una cosa era lo escrito por Orígenes y otra era lo defendido por algunos de sus seguidores. San Jerónimo tenía la costumbre de copiar las interpretaciones de exegetas anteriores sin hacer previamente un examen crítico sobre las mismas y eso le llevó a transcribir textos erróneos aunque bien es verdad que nunca aceptó en su totalidad ni el pensamiento ni la metodología seguida por los seguidores de Orígenes. Pero su amigo Rufino si que era un seguidor nato de Orígenes y de ahí surgieron los problemas con él. Dado el temperamento de San Jerónimo – del que hablamos extensamente el año pasado – y creyendo que siempre estaba en posesión de la verdad, lo llevó a chocar frontalmente contra su antiguo amigo al que siempre había tratado de manera muy dulce.

También escribió contra las tesis de Joviniano y de Vigilancio y contra los seguidores del pelagianismo. Elvidio, Joviniano y Vigilancio se habían erigidos en portavoces de quienes rechazaban algunas costumbres eclesiásticas, como la veneración a los santos y sus reliquias, aunque no tenían diferencias doctrinales contra la ortodoxia eclesial y ahí se encontraron con la actitud frontal de San Jerónimo.
Contra la doctrina sobre la gracia defendida por el monje Pelagio, escribió sus “Diálogos contra los pelagianos”. Otros escritos suyos son “De situ et nominibus locorum hebraicorum”, que es una traducción del libro “Onomasticon” de Eusebio.

Podríamos extendernos mucho más, pero el artículo se haría pesado. Escribió numerosas cartas, comentarios a la Biblia que son tenidos como fuente de conocimiento tanto histórico como arqueológico, sobre el “Cantar de los cantares”, tradujo los escritos de San Pacomio, tradujo el importante tratado “De Spiritu Sancto” de Dídimo el Ciego, etc. Aquí lo dejo.

Antonio Barrero

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Los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel según las Escrituras

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Detalle del arcángel Miguel en un icono de Andrei Rublev (s.XIV).

Hoy la Iglesia celebra la festividad de los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, uniéndolos en un solo día, cosa que no ocurría antes de la reforma del calendario litúrgico. Sobre los coros angélicos ya se ha escrito en este blog, pero yo quiero profundizar un poquito sobre los arcángeles y concretamente, sobre estos tres por celebrarse hoy su fiesta.

El término arcángel, como veremos más adelante, solo se menciona dos veces en la Biblia y en ambos casos, refiriéndose a Miguel. El prefijo “αρχά” denota cargo, dignidad, expresa el grado supremo y en ese sentido, es el cabeza, el jefe de los ángeles y se le asigna a Miguel, aunque como veremos más adelante, se equipara a los siete ángeles que están delante del trono de Dios, que son seres personales con la misma dignidad y que han venido en ser llamados “los príncipes celestiales”.

En la clasificación adoptada por el Pseudo-Dionisio, de los célebres “nueve coros angélicos”, los arcángeles ocupan el penúltimo puesto, aunque tienen una característica que no tiene ninguno de los otros: de todos los miembros de la corte celestial, son los únicos que tienen nombre propio, que no son seres anónimos, pues el libro de Enoch etiópico, le da nombre a los siete. De todos modos, el tema que nos ocupa se refiere sólo a estos tres.

San Miguel arcángel
El nombre de Miguel (en hebreo מיכאל Mija-El, que significa “¿Quién como Dios?”) es un grito de guerra en defensa de los derechos de Dios y aparece varias veces en las Sagradas Escrituras.
Es uno de los jefes supremos que viene en ayuda del profeta Daniel: “El príncipe del Reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí que Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme y quedé allí con los reyes de Persia” (Daniel, 10, 13). Un texto similar es el de Daniel, 10, 21: “Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel, vuestro príncipe”. Sin embargo, más adelante se le llama cabeza supremo del ejército celestial, el gran príncipe, que viene a defender a los judíos piadosos que eran perseguidos por Antíoco IV: “En aquel tiempo, se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo y será tiempo de angustia, cuan nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será liberado tu pueblo, todos los que están escritos en el libro” (Daniel, 12, 1).

El arcángel Miguel combatiendo al diablo (1540-41). Detalle de un fresco de Angelo di Bronzino. Capilla de Leonor de Toledo, Palazzo Vecchio, Florencia (Italia).

Aunque sin nombrarlo por su nombre, es también citado en el Libro de Josué: “Y sucedió que estando Josué cerca de Jericó, levantó su mirada y vio a un hombre frente a él con una espada desnuda en su mano. Josué se adelantó y le dijo: ¿eres de los nuestros o de nuestros enemigos? El respondió: Soy el jefe del ejército de Yahvé y he venido ahora. Josué cayó rostro en tierra y lo adoró…” (Josué, 5, 13-15)

En el Libro del Apocalipsis, San Miguel es el jefe de los ángeles fieles a Dios que combate y que echa del cielo al dragón (Satanás) y a sus ángeles rebeldes. También aquí aparece Miguel como príncipe además de jefe de los ángeles: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles, pero no prevalecieron ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue echado fuera el gran dragón, la serpiente antigua que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero. Fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis, 12, 7-9). De alguna manera se hace eco de esto el evangelista San Lucas cuando dice: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” (Lucas, 10, 18), pero el evangelista aquí no nombra a Miguel.

En la Epístola de San Judas aparece disputando con Satanás por el cuerpo de Moisés: “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda” (Judas, 1, 9). En este texto, a Miguel se le llama arcángel (αρχάγγελος), y lo está poniendo como el jefe de los ángeles. La denominación de arcángel, aunque sin nombre propio, también aparece en la Primera Epístola de San Pablo a los Tesalonicenses: “Porque el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios descenderá del cielo y los muertos en Cristo, resucitarán primero” (1ª Tes., 4, 16).

Óleo del arcángel Rafael por Bartolomé Román (ca. 1628). Pinacoteca de la iglesia de San Pedro de Lima, Perú.

Los apócrifos también hablan de él poniéndolo como protector de los judíos e, inspirándose en el libro de Daniel, como protector del pueblo de Dios que lucha contra el mal, encarnado por Satanás, al que expulsa a los abismos por haber intentado equipararse a Dios.

San Rafael arcángel
El nombre de Rafael (en hebreo רָפָאֵל, Rāp̄ā ‘ēl, que significa “Dios te sana”), como arcángel no aparece en ningún texto de la Biblia, aunque si en otros textos no bíblicos. El único libro sagrado que habla del ángel Rafael es el Libro de Tobías que lo hace en varios capítulos. Dios envía a Rafael para que acompañe a Tobias, hijo de Tobit, en un viaje para conseguirle una esposa, Sara, cuyos siete maridos anteriores habían muerto en su noche de bodas, por culpa de un demonio llamado Asmodeo, que estaba enamorado de ella. El arcángel se le presenta como Azarías, hijo de Ananías, pero finalmente se manifiesta como el ángel Rafael.

Es enviado por Dios para curar a Tobías y a Sara: “A un mismo tiempo, fueron acogidas favorablemente ante la gloria de Dios las plegarias de Tobit y de Sara y fue enviado Rafael para curar a los dos…” (Tobías, 3, 16-17); se hace compañero y guía de Tobías: “Tobías salió a buscar un buen guía que conociera el camino para ir con él a Media. Afuera encontró al ángel Rafael, que estaba de pie frente a él y, sin sospechar que era un ángel de Dios…” (Tobías, 5, 4 y siguientes), lo defiende, lo introduce en casa de Sara que fue por él liberada, lo conduce a su casa, etc. y por último, Rafael le dice que la única recompensa que él le pide, es la gloria de Dios: “Entonces Rafael llamó aparte a los dos y les dijo: Bendigan a Dios y celébrenlo delante de todos los vivientes por los bienes que él les ha concedido, para que todos bendigan y alaben su Nombre. Hagan conocer a todos los hombres las obras de Dios y nunca dejen de celebrarlo… Ahora subo a Aquel que me envió; escriban todo lo que les ha sucedido. Y enseguida se elevó” (Tobías, 12, 6-20. Recomiendo leer el libro entero de Tobías; es corto, pues sólo tiene catorce capítulos.

El arcángel Rafael se eleva al cielo en presencia de Tobías y su padre Tobit. Lienzo de Pieter Lastman, 1618.

Como he dicho anteriormente, finalmente, Rafael se presenta como uno de los ángeles que está delante de Dios: “Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están delante de la gloria del Señor y tienen acceso a su presencia” (Tobías, 12, 15). También el libro del Apocalipsis habla de estos siete ángeles diciendo: “Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios y se les dieron siete trompetas” (Apocalipsis, 8,2). En estas dos afirmaciones bíblicas han tenido su origen todo lo escrito acerca de que los arcángeles son siete.

Varios libros apócrifos judíos lo mencionan repetidas veces y los calendarios judíos lo designan como el protector del primer día de la semana y que para acceder a la luz hay que hacerlo a través de él, pues está a cargo del sol. Su nombre lo escriben en las fórmulas curativas y en los amuletos usados contra las enfermedades. Sana las enfermedades y las heridas, cura la ceguera y tiene poderes taumaturgos, lo representan junto con Miguel y Gabriel curando a Abrahán, etc. Son muchas las citas a él en los libros apócrifos.

Óleo del arcángel San Gabriel, obra de Juan Manuel Silva. Ermita de San Sebastián, Santa Cruz de La Palma, Gran Canaria (España).

San Gabriel arcángel
El nombre de Gabriel (en hebreo גַּבְרִיאֵל, Gavri’el, que significa “la fuerza de Dios”), aparece mencionado en dos libros sagrados: el Libro del profeta Daniel y el Evangelio de San Lucas. Es precisamente por la misión que se le encomienda según el evangelio de Lucas, por lo que es conocido como “el ángel mensajero”.

En el Libro de Daniel se presenta de forma humana y explica al profeta la visión del carnero: “Y oí una voz humana que venía del río Ulai y que decía: “Gabriel, explícale la visión a este hombre”. Entonces él vino adonde yo estaba. Yo me asusté, y me postré sobre mi rostro, pero él me dijo: “Hijo de hombre, ten en cuenta que esta visión se refiere al fin de los tiempos…” (Daniel, 8, 16-26), así como en “la profecía de las setenta semanas”: “Aun estaba en oración, cuando el varón Gabriel, a quién había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mi como a la hora del sacrificio de la tarde” (Daniel, 9, 21).

En el Evangelio de San Lucas, aparece anunciando el nacimiento de San Juan Bautista y el nacimiento de Cristo.
Anuncia el nacimiento del Bautista: “Se le apareció el ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se turbó y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan… El ángel le respondió: Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva. Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo” (Lucas, 1, 11-20).

Anuncia el nacimiento de Cristo: “Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la Casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”. María respondió al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?” El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios”. Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Y el ángel dejándola, se fue” (Lucas, 1, 26-38). Este texto nos es muy conocido, pero no me he resistido a ponerlo completo porque allí y entonces es donde comienza nuestra Salvación.

El arcángel Gabriel anuncia a María el nacimiento de Cristo. Óleo de Bartolomé Esteban Murillo (ca. 1660). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Algunos autores dicen que posiblemente, el ángel que se le aparece a los pastores la noche del nacimiento, sea Gabriel, para así continuar con su misión de mensajero divino y también fuera el mismo ángel, que desciende del cielo y se le aparece a Jesús en su agonía en Getsemaní. Sin embargo, esto son sólo hipótesis porque las Escrituras no lo aclaran.

Sobre estos tres santos arcángeles se puede escribir mucho más: culto en Oriente y Occidente, patronazgos, iconografía, etc; pero entonces el artículo sería mucho más extenso. Esos aspectos pueden quedar relegados a nuevos artículos sobre ellos.

Para realizar este artículo me he basado en los trabajos de la doctora Maria Grazia Mara, catedrática de Literatura cristiana antigua en la Universidad de Roma y de Monseñor Francesco Spadafora, profesor de exégesis bíblica de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma.

Antonio Barrero

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Contestando a algunas breves preguntas (I)

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Vista de la librería de la “Societé des Bollandistes”. Bruselas, Bélgica.

Pregunta: Quisiera haceros tres preguntas: si todos los santos están reseñados en el Martirologio Romano, quienes son los bolandistas y si todas las iglesias cristianas se reconocen mutuamente a sus santos. Gracias.

Respuesta: No, el Martirologio Romano no es una recopilación exhaustiva de los santos del día; prueba de ello es que al final de cada día viene la coletilla de: “en otros muchos lugares otros muchos santos mártires, confesores y vírgenes”.

Los Bolandistas, sociedad con varios siglos de existencia y que ha realizado numerosísimos estudios hagiográficos y tiene numerosas publicaciones, son el grupo de estudiosos que más han contribuido a ampliar los conocimientos hagiográficos y más han desgranado el trigo (historia) de la paja (leyendas). Sin la ingente labor de esta importante sociedad, muy vinculada a los jesuitas, la hagiografía no sería una ciencia histórica como hoy lo es. Cualquier investigador que se precie y esté interesado en conocer a fondo la vida de un santo, inevitablemente tiene que recurrir a ellos. En Internet existe muchísima información sobre ellos y su obra.

Tanto las Iglesias Ortodoxas como la Católica, reconocen a todos los santos anteriores al gran Cisma del 1054. A partir de esa fecha y salvo excepciones, que las hay, cada Iglesia reconoce solo a los suyos propios. Cada Iglesia determina a quienes tienen que canonizar y a quienes no. En la Iglesia Católica esa es una labor de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, teniendo la última palabra el Papa, mientras que en las Iglesias Ortodoxas, son los Santos Sínodos de cada una de ellas quienes lo determinan.

Y te decía antes que había excepciones y te pongo sólo dos ejemplos. San Sergio de Radonezh es un santo ortodoxo reconocido por la Iglesia Católica y San Esteban I rey de Hungría es un santo católico canonizado también recientemente por la Iglesia Rusa.
Supongo que llegará un día, cuando la comunión entre las Iglesias sea plena, en que todos sean reconocidos por todos.

Detalle de un icono ortodoxo que representa el Concilio de Nicea.

Pregunta: ¿Me podéis explicar brevemente que es el arrianismo? Muchas gracias desde Colombia.

Respuesta: Muy brevemente. El arrianismo es el conjunto de doctrinas desarrolladas por Arrio, que era un presbítero de Alejandría, así como por algunos de sus discípulos y simpatizantes. Uno de los primeros y probablemente el más importante punto del debate entre los primitivos cristianos fue el tema de la divinidad de Cristo. El arrianismo fue condenado como herejía inicialmente en el Primer Concilio de Nicea y, tras varias alternativas en las que era sucesivamente admitido y rechazado, fue definitivamente declarado como herético en el Primer Concilio de Constantinopla. No obstante, se mantuvo como religión oficial de algunos de los reinos establecidos por los godos en Europa tras la caída del Imperio romano de Occidente.

El arrianismo es definido como aquellas enseñanzas opuestas al Dogma Trinitario determinado en los dos primeros concilios ecuménicos, dogma que es mantenido en la actualidad por la Iglesia Católica, las Iglesias Ortodoxas Orientales y la mayoría de las Iglesias protestantes. Este término también se utiliza en ocasiones de forma inexacta para aludir genéricamente a aquellas doctrinas que expresen la negación de la naturaleza divina de Jesús.

Arrio sostenía que Jesús fue creado por Dios como el primer acto de la Creación, que Jesús fue la coronación gloriosa de toda la creación. Los arrianos opinaban que Jesús fue un ser creado con atributos divinos, pero no divino en y por Sí mismo.
En la Iglesia cristiana primitiva se creía que Cristo había preexistido como Hijo de Dios ya antes de su encarnación en Jesús de Nazaret, y que había descendido a la Tierra para redimir a los seres humanos. Esta concepción de la naturaleza de Cristo trajo aparejados varios debates teológicos, ya que se discutió si en Cristo existía una naturaleza divina o una humana, o bien ambas, y si esto era así, se discutió la relación entre ellas.

“Conversión de Recaredo”, lienzo de Muñoz Degrain. Palacio del Senado, Madrid (España).

Arrio creía que Cristo era una criatura, la primera criatura que había sido formada por el Creador antes del inicio de los tiempos. El decía: “Dios no siempre fue Padre” sino que “hubo un tiempo en que Dios estaba solo y aun no era Padre, pero después se convirtió en Padre”. Por lo tanto, “el Hijo no existió siempre”, pues así como todas las cosas se hicieron de la nada y todas las criaturas y obras existentes fueron hechas, también el Hijo fue hecho de la nada. “Hubo un tiempo en el que no existió”.

Finalmente, en el Primer Concilio de Nicea del año 325 se aprobó el Credo propuesto por Atanasio de Alejandría, y la cerrada defensa de la naturaleza divina del Hijo de Dios hecha por Atanasio consiguió incluso el destierro de Arrio. Cuando éste fue perdonado el año 336, murió en misteriosas circunstancias (probablemente envenenado). La disputa entre partidarios de la Trinidad, arrianos y los llamados “semiarrianos” ” iba a durar durante todo el siglo IV, llegando incluso a haber emperadores arrianos (el propio Constantino I el Grande fue bautizado en su lecho de muerte por el obispo arriano Eusebio de Nicomedia).

Después del Concilio de Constantinopla del año 381, el arrianismo fue definitivamente condenado y considerado como herejía en el mundo católico. Sin embargo, el arrianismo se mantuvo como religión de algunos pueblos germánicos hasta el siglo VI, cuando Recaredo I, rey de los visigodos, se bautizó como católico en el año 587 e impuso el catolicismo como religión oficial de su reino dos años después.

Relicario con el brazo de San Francisco Javier llevado a veneración en la catedral de Pamplona, España.

Pregunta: Buenas tardes, estoy haciendo un estudio sobre San Francisco Javier y sus reliquias. Según tengo entendido, la mayor parte del cuerpo reside en Goa, India y el brazo incorrupto en la iglesia del Gesù en Roma. Me gustaría saber desde cuando este brazo descansa en esta iglesia italiana y por qué está allí y las veces que ha llegado hasta mi ciudad, Pamplona. Tengo entendido que en marzo del 2006 fue la última vez al cumplirse el 500 aniversario de su nacimiento. Gracias por anticipado y enhorabuena por su página.

Respuesta: San Francisco Javier falleció el día 3 de diciembre del año 1552 y fue sepultado en la isla de Xancian cubierto de cal y así estuvo hasta el mes de febrero del año siguiente que fue cuando la nave portuguesa llamada Santa Cruz estuvo en condiciones para poder salir de la isla. Como los miembros de esta nave eran los que habían enterrado el cuerpo del santo cubierto de cal, al exhumarlo quedaron sorprendidos porque el cuerpo estaba incorrupto.
Aunque transportaron el cuerpo nuevamente cubierto de cal, al llegar a Malaca el 22 de marzo de 1553, comprobaron que seguía incorrupto y allí fue enterrado en la iglesia de Santa Maria del Monte. En el mes de diciembre de ese mismo año fue nuevamente desenterrado y llevado hasta Goa, donde llegó el 16 de marzo del año 1554.
Allí, en Goa, fue sepultado y es en el año 1613 cuando fue trasladado a la iglesia del Bom Jesús que es donde actualmente se encuentra.
Aunque el cuerpo del santo permanecía incorrupto es desde entonces cuando empiezan a hacerse visibles algunos signos de deterioro en el mismo muy probablemente por la forma en que era guardado o por las condiciones climáticas de aquella ciudad.

La fama de San Francisco Javier se extendió rápidamente desde el mismo momento de su muerte y se acrecentó por los traslados de un sitio a otro y por las curaciones que a él se le atribuían y es por eso, por lo que no estando aun beatificado, el Papa Paulo V solicitó al Quinto Superior General de la Compañía, Padre Claudio Acquaviva (que gobernó la Compañía de Jesús desde el 19 de febrero del 1581 al 31 de enero de 1615) que se llevase a Roma una reliquia importante de San Francisco.
Llegada la noticia a Goa se dispusieron a cumplirla, pero los cronistas dicen que hubo una serie de temblores y otros signos que daban a entender que esa no era la voluntad de Dios; sin embargo, los jesuitas rogaron al santo que les permitiese cumplir con la orden recibida y el día 3 de noviembre del año 1614 se le cortó el brazo derecho completo: brazo, antebrazo y mano.

Esta reliquia fue traída a Europa por el Padre Sebastián González que era el rector de los jesuitas de Goa y después de una travesía más o menos accidentada, llegó a España y, según tengo entendido, esta es la primera vez que el brazo de San Francisco estuvo en nuestro país. En total ha estado seis veces, la última de ellas, como tu muy bien dices, fue en el año 2006.
Inmediatamente, la reliquia fue llevada a Roma y depositada en un precioso relicario en la Iglesia del Gesù, que es donde actualmente se encuentra. El santo fue beatificado por este mismo Papa Paulo V, el día 25 de octubre de 1619, estando ya la reliquia en Roma.

Existen dos obras muy completas que narran con gran rigurosidad todas las peripecias ocurridas al cuerpo de San Francisco y es de Alexandro Valignano que fue testigo ocular en la segunda mitad del siglo XVI. Existe también una obra muy completa del Padre Georg Schurhammer.

Fotografía del Beato Reginaldo Hernández, revestido de su atuendo dominico.

Pregunta: Soy mexicano y me interesaría saber algo sobre el beato Reginaldo Hernández.

Respuesta: En el libro “Mártires dominicos de la provincia de España en Madrid (1936)” del Padre Felipe M. Castro, se habla extensamente de la vida y martirio del Beato Reginaldo Hernández. Como comprenderás te resumo muy brevemente todo lo relatado en dicho libro.

Él, cuando llegó de México, estuvo en Coria, de allí pasó a Salamanca y de esta ciudad, a Madrid (esto queda probado en la “Positio”). Cuando los frailes, huyendo, se marcharon del convento de Madrid en julio de 1936, Reginaldo, pensando en su condición de estudiante y mexicano y creyendo que no correría peligro, se quedó en el convento, pero eso fue por poco tiempo porque al ver que no era admitido como refugiado en la embajada mexicana, se acogió a la hospitalidad de la familia Reyna, aunque esto también fue inútil pues a los pocos días se presentaron unos milicianos en la casa y él se identificó.
Se lo llevaron y nunca regresó a su convento, ni supieron nada de él sus conocidos, ni la Orden Dominica y ni siquiera se supo nada en México. Se sabe que lo llevaron a la checa de Lista que estaba instalada en el convento de los Jerónimos y se corrió la voz de que por la noche lo habían fusilado, aunque no apareció ningún testigo ocular que presenciara el fusilamiento.

¿Dónde lo asesinaron exactamente? ¿Dónde lo enterraron? No se sabe nada de nada, solo lo que te he dicho antes: nunca regresó a su convento, nunca supieron nada sus conocidos, nunca supo nada la Orden y nunca se supo nada en México.
Después de una serie de investigaciones para comprobar que realmente hubo martirio, su nombre fue incluido en la “Causa General” de los Dominicos constando sus datos entre los folios 215 y 254 de dicha “Causa”. Por eso, la Provincia Dominicana en España, en el Capítulo Provincial celebrado en 1938, lo registró en las Actas Oficiales.
Murió mártir pero no se sabe absolutamente nada más. No te puedo decir otra cosa.

Detalle del Beato José María Scoto en una vidriera del santuario de Tàrrega, España.

Pregunta: Quisiera saber alguna cosa sobre un beato carmelita mártir llamado Gabriel Scoto, pero no encuentro nada. ¿Podéis ayudarme?

Respuesta: El beato Escoto, al tomar el hábito del Carmelo como novicio y siguiendo la costumbre de entonces, cambió su nombre Gabriel por José María y así consta en el elenco de los beatos, por lo cual ese es posiblemente el motivo por el que no encuentras nada sobre él.

Había comenzado su noviciado en Tárega (Lleida) cuando le sorprendió la guerra del 1936. Junto con los otros once religiosos, miembros de aquella comunidad carmelita, fue detenido el 29 de julio y posteriormente fusilado en las afueras de la vecina población de Cervera. Los doce beatos fueron cayendo uno sobre el otro tras ser asesinados; los cadáveres (algún testimonio certificó que algunos aún no habían muerto) fueron rociados con gasolina y quemados. Finalmente, los huesos calcinados fueron esparcidos por los campos de cultivo.

Cuando se volvió a formar una nueva comunidad carmelita en Tàrrega, los hermanos indagaron sobre el lugar del martirio y sobre los puntos en los que podrían haber sido esparcidos los restos de los mártires. En el lugar llamado “Clot dels Aubins” y sus alrededores recogieron los huesos que encontraron y los entregaron al Instituto Anatómico Forense para su análisis e identificación.
Una vez descartados los huesos no humanos, aquellos que de manera científicamente cierta pertenecían a esqueletos humanos (además sólo había huesos pertenecientes a hombres) fueron depositados ante un tribunal eclesiástico en una arqueta con la correspondiente certificación.

Con ocasión de la beatificación, fueron de nuevo examinados ante un tribunal diocesano y se depositaron en una nueva arca-relicario que fue colocada para su veneración bajo el altar de la iglesia de la Mare de Déu del Carme, que había sido reformada con vitrinas de los doce nuevos beatos mártires y con un nuevo altar. Por tanto, existen reliquias (huesos) de los doce beatos carmelitas de la comunidad de Tàrrega, pero no se puede saber a qué mártir pertenecía cada uno de los huesos del relicario.

Imagen de San Expedito venerada en su santuario de Rosario, Argentina.

Pregunta: Paz y bendiciones. Quisiera saber más sobre San Expedito y San Julián, soldados mártires romanos.

Respuesta: San Expedito fue un mártir que pertenece al grupo de los mártires de Mitilene, conmemorados el día 19 de abril. Él, independiente de los otros mártires del mismo grupo, ha gozado de un culto muy popular y difundido aunque desde una época relativamente reciente.
Tanto el Martirologio Jeronimiano como el Martirologio Romano indican sólo el nombre del mártir pero es absolutamente imposible precisar ningún otro dato fiable, ni sobre su vida, ni sobre en qué época vivió y ni siquiera cómo fue martirizado.

El hagiógrafo Delehaye avanzó la hipótesis de que el nombre de Expedito no sea más que una mala interpretación del nombre de Elpidio, otro mártir del mismo grupo de Mitilene, cuyo nombre ha llegado hasta nosotros bajo cinco formas diversas.
Desde la mitad del siglo XVIII, o sea, muy tardíamente, el culto a San Expedito se desarrolló en Sicilia (Messina, Acireale, etc.) y en Nápoles, donde el santo fue proclamado patrono secundario de la ciudad y especialmente venerado por los navegantes y negociantes, como favorecedor de los negocios (!!)
Es también muy venerado en la Alemania meridional.
Su iconografía es muy sugestiva porque se le representa vestido de soldado romano (cosa totalmente ficticia) e incluso a veces, cazando un cuervo. En las manos, normalmente, porta una cruz. Su culto está rodeado de muchas supersticiones.

Y en cuanto a San Julián, tengo que decirte que existen muchos santos de nombre Julián, pero ninguno fue soldado mártir romano. El tema está en que a algunos cuerpos santos extraídos de las catacumbas, les han puesto el nombre ficticio de Julián y los han vestido como si fuera un soldado romano, pero de esos cuerpos santos no se sabe absolutamente nada: ni vidas, ni épocas en que vivieron, ni qué profesiones tenían, ni cómo fueron martirizados… nada de nada. Lo siento, pero no puedo darte más detalles.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatas Carme, Rosa y Magdalena Fradera, mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa de las Beatas con los emblemas del martirio (palma) y de su Congregación (Corazón de María).

Aunque ya hemos hablado de varias religiosas ejecutadas durante la Guerra Civil Española (1936-1939) – y muchas más de las que seguiré hablando-; las mártires a las quiero honrar y conmemorar hoy, día de su fiesta y aniversario de su martirio, constituyen uno de los episodios más terribles y estremecedores de la persecución religiosa. La crueldad, sadismo y ensañamiento con que fueron torturadas y asesinadas convierte su caso en uno de los más horribles y cruentos de este período. Normalmente, se ha corrido un tupido velo de silencio sobre los detalles de su espantosa muerte, omitiéndose hablar de ellos con claridad; pero yo, sin interés de resultar morbosa, pondré al alcance de mis lectores todos los datos que he podido recabar, advirtiendo de antemano que éste va a ser un relato muchísimo más desagradable que de costumbre.

Tres hermanas catalanas
Nuestras tres mártires eran, además de religiosas, compañeras de congregación – las Misioneras del Corazón de María- y hermanas carnales entre sí. Comenzaré, como de costumbre, a dar unas pinceladas generales sobre cada una, para luego centrarme en los terribles hechos que las unieron en el martirio.

Nacieron en una familia numerosa, en una casa de labranza – el mas Pellicer de Riudarenes, ubicado en la carretera de Santa Coloma, número 6- hijas de Pere Fradera Pons y Clara Ferragutcasas.

La mayor se llamaba Carme Fradera Ferragutcasas, había nacido en 1895 y con 25 años de edad había entrado en la Congregación, concretamente en la casa-noviciado de Mataró. En 1923 formuló el triple voto de castidad, pobreza y obediencia; y fue destinada a la casa-colegio de la misma ciudad, donde permaneció toda su vida religiosa, dedicada a la oración y al apostolado educativo. Tenía a su cargo las niñas más pequeñas, de ahí que se la conociera como “sor Carme, la de les petites”. Algunos testimonios de quienes la conocieron afirmaron que era una mujer de muy buen carácter, algo delicada de salud, pero con mucha paciencia y mucho cariño en el trato a las pequeñas, a las que inculcaba el amor a Jesús y les enseñaba a pedir al Corazón de María la salvación del mundo.

Fotografía de la Beata Carme Fradera con su hábito de Misionera del Corazón de María.

El rector de Santa Maria de Mataró, Josep Samsó, acudía a clase para dialogar con las niñas, y Carme tenía bastante relación con él, pues era su confesor. Cuando se puso de manifiesto la difícil situación de España, que acabaría conduciendo a la guerra, Carme le manifestaba su inquietud al respeto, ya que, según la situación política, era probable que la mataran. Cuando ella le dijo que si eso ocurría, sería mártir, don Josep sacudió la cabeza y dijo: “No tendremos esa suerte”. Pero se equivocaba. No sólo ella, sino él también, serían mártires. El sacerdote fue asesinado en septiembre de 1936.

La segunda hermana, Rosa Fradera Ferragutcasas, había nacido en 1900 y desde muy pronto se fue perfilando el que sería su carácter: sencillo, pero enérgico. Tenía un corazón caritativo y, a diferencia de su hermana mayor, una salud fuerte, por lo que en su juventud disfrutó de la vida con toda honestidad: se le daba bien cantar y bailar la sardana (que es la danza folclórica catalana). Era una joven alta y guapa, y tenía muy buen gusto a la hora de escoger sus vestidos, pero, al igual que sus hermanas, cuando correspondía sabía estarse en casa, ayudando a la familia en las tareas del campo y con el ganado.

Como además de atractiva, era de carácter jovial, expansivo y con una conversación muy festiva, se ganaba fácilmente a sus amigas, así como recibió varias propuestas de matrimonio por muchachos encandilados por su encanto. Pero ella, haciendo gala de graciosas evasivas, los rechazaba a todos, y es que a pesar de todo, la influencia de sus hermanas la inclinaba hacia la vida religiosa.

Ingresó en el noviciado de las Misioneras del Corazón de María de Olot (Girona) en 1922, tomando el sobrenombre de Rosa de Jesús y emitió los votos de pobreza, castidad y obediencia al mismo tiempo que su hermana menor, Magdalena, en 1924. Permaneció en Olot hasta 1927, cuando emitió los votos perpetuos y fue destinada al colegio de Santa Coloma de Farnés. Allí se puso al frente de las clases de preparatoria para primer grado, con niñas de siete a ocho años.

Fotografía de la Beata Rosa Fradera, con su hábito de Misionera del Corazón de María.

Como decíamos, tenía un espíritu jovial y cariñoso; pero también era piadosa, pura, respetuosa, caritativa y obediente, lo que hacía que se ganara el afecto de sus compañeras. A las niñas se las ganaba con su actitud tímida y sencilla, que las pequeñas amaban y respetaban.

La menor de las tres hermanas, Magdalena Fradera Ferragutcasas, había nacido en 1902. Siendo muy niña sufrió una larga bronquitis que la llevó a las puertas de la muerte, de suerte que, cuando se recuperó, quedó débil de salud para siempre. A pesar de ello se esforzó siempre por ayudar en las tareas familiares y asistir a las funciones de la vida parroquial. Se encargaba de cuidar especialmente a su hermana pequeña, Loreto, a la que llevaba al colegio.

Físicamente era alta, morena, de ojos negros y cabello castaño que llevaba recogido en largas trenzas, que cuidó y conservó hasta que entró en vida religiosa. Esto ocurrió cuando tenía 20 años, ingresando en la casa-noviciado de Olot -como su hermana Rosa-, vistiendo el hábito de las Misioneras, pronunciando los votos temporales en 1924 y los definitivos en 1926.

Su primer destino fue la comunidad y colegio de Camprodon, donde enfermó de gravedad. Para poder reponerse permaneció cuatro meses en Besalú, en 1928. Ya mejor, se trasladó a Cassà de la Selva, que tenía un clima más benigno y por tanto, más salubre para ella. Allí se dedicó a dar clases a niñas de segundo grado. Las alumnas la querían mucho, conservando gratos recuerdos de sus clases de Historia y Catecismo, siempre bondadosa y desvelándose por ellas.

Fotografía de la Beata Magdalena Fradera, con su hábito de Misionera del Corazón de María.

Detención
En el momento en que estalla la Guerra Civil, cada hermana estaba en una casa diferente, como hemos visto; pero las circunstancias van a forzarlas a abandonar sus conventos y a regresar a casa de sus padres.
El día 19 de julio de 1936, la comunidad de Misioneras del Corazón de María de Mataró, donde estaba Carme, se vio obligada a abandonar el convento y separarse. Carme fue acogida por la familia Camp, hasta que unos días después, logró reunirse con su familia en su casa de Riudarenes.
Rosa, por su parte, se vio obligada a dejar el convento de Santa Coloma el día 21 de julio de 1936, a las ocho de la tarde, y acudió a casa de su hermana Francesca, donde se quedó hasta que decidió, por prudencia, volver a casa de sus padres, a Riudarenes.
Las religiosas de la comunidad de Cassà, donde estaba Magdalena, tuvieron que abandonar el convento el 20 de julio de 1936. Magdalena fue acogida por una virtuosa señora, vecina del pueblo, hasta que pocos días después, su hermano Francesc fue a recogerla y llevarla a la casa paterna.

Aunque parezca paradójico, ellas, que volvieron a casa esperando salvar sus vidas, se encontraron allí con la detención y la muerte. En aquel momento, sus padres eran ya ancianos -Pere Fradera tenía ya 70 años- y era Francesc, de 41, el que se encargaba de las tareas del campo. Durante los meses que pasaron allí hasta el momento de su detención, las tres hermanas compaginaron una vida de oración conjunta y la ayuda a las tareas del hogar.

Conocemos los detalles de su detención gracias a dos declaraciones concretas ubicadas en la Causa General, una del padre, Pere Fradera; otra del hermano, Francesc Fradera. Según éste último, unos miembros del comité revolucionario de Riudarenes – Jerònim Ros Estruch, Francesc Hereu Verdaguer, Josep Figueras Aliu y Josep Masmiguel Viñolas- , al amanecer del día 25 de septiembre, empezaron a hacer registros en la casa y a interrogar a las tres hermanas con constantes amenazas. Carme y Rosa estaban en casa con su madre y Magdalena, junto a su cuñada Dolors, estaban en el campo y vieron el registro. Enseguida recogieron a su padre, que trabajaba en una parcela más alejada, y fueron a reunirse con los demás. Les robaron 4000 pesetas y aún las obligaron a pagar 500 al comité, como “contribución para la guerra”.

Acuarela contemporánea de las tres Beatas, con las palmas del martirio y los hábitos de Misioneras del Corazón de María.

Dos días después, la noche del 26 al 27 de septiembre de 1936, a las 4 de la madrugada, un coche Ford paró a la puerta de su casa y de él descendieron un individuo apodado el Hereu de la Soldada de Santa Coloma, un picapedrero llamado Carles Portell y un tal Miquel Villena, de Sils. Estos individuos llamaron a la puerta y exigieron entrar, diciendo: “Venimos por aquellas, que han de venir a declarar a Girona”. Sabiéndolo las tres hermanas, dijeron a sus padres y hermano: “Si vienen a por nosotras, abridles. Estamos dispuestas a morir por Jesucristo”. Pero Francesc se negaba a abrir, por lo que arreciaron los golpes en la puerta y las amenazas de muerte. Entonces, una de las tres -Magdalena, probablemente- dijo: “Sabemos que tenemos que presentarnos delante de Dios y tenemos que hacerlo limpias de alma y cuerpo”. Se prepararon para salir y, arrodillándose, rezaron el acto de contrición. Luego bajaron al vestíbulo y se entregaron a sus perseguidores. Al pasar frente al pozo de la casa solariega, distante unos cinco metros de la puerta, las tres se abrazaron y, volviéndose hacia el hogar, exclamaron: “Adiós, casa nuestra. Padre, hermano y cuñada, vamos a morir, pero vamos tranquilas”.

Sus captores no tuvieron la menor consideración hacia su docilidad, antes bien, se exasperaron ante su presencia de ánimo. Las trataron con auténtica brutalidad. Las llevaron entre golpes y empujones hacia el coche, insultándolas, y las tiraron dentro. Ni siquiera esperaron a que estuviesen bien acomodadas para cerrar la puerta, por lo que, al dar portazo, pillaron el pie de Magdalena, que aún asomaba fuera, y se lo fracturaron. Entonces, Rosa rasgó un trozo de su propio vestido y vendó el pie roto de su hermana.

El coche arrancó y las llevaron por la carretera de Vidreras hasta Lloret de Mar, a un bosque distante unos 20 kilómetros de un lugar llamado l’Hostalet -actualmente es la urbanización Lloret Blau, cerca de Cabanyes, a unos 4 kilómetros de Lloret-. Antes de que se hiciera de día, las tres hermanas entregaron su vida en un martirio espeluznante y aterrador.

Martirio
El salvajismo y la crueldad con la que aquellos individuos se ensañaron con las tres religiosas parece más propia de enfermos sádicos, sin moral ni empatía alguna, que de seres humanos cabales y en su juicio. No existen palabras para calificar a los miembros de estos comités de Riudarenes, Santa Coloma de Farnés y Sils, que días anteriores ya habían cometido un cruel y horrendo asesinato en las personas de sor Lourdes Bosch Massó y de sus hermanos Rosa y Carles -de quienes quizá hable en otra ocasión-, ni tampoco existe forma de explicar semejante sadismo, llevado al extremo por un odio ciego hacia la religión.

Dibujo contemporáneo de las Beatas, con el emblema de su Congregación: el Corazón de María.

Llevadas al pie de una encina junto a la carretera, intentaron violarlas una y otra vez; pero se encontraron con la fuerte resistencia de las hermanas, que defendieron su virginidad con todas sus fuerzas: prueba de la lucha que sostuvieron contra sus agresores fueron los diversos dientes rotos de Carme y que a Magdalena, a quien ya le habían roto el pie con la puerta del coche, le partieron un muslo también. Como no podían vencer su oposición, las torturaron bárbaramente: al no poder violarlas ellos mismos, cogieron troncos de un árbol cercano y los usaron para destrozarles la vagina. Se ensañaron especialmente con Magdalena, a quien le llenaron los genitales con astillas afiladas de madera. También usaron los cañones de sus pistolas para este repugnante acto, y no contentos con ello, dispararon intencionadamente hacia sus partes íntimas, todo ello como señal de burla y desprecio hacia su virginidad consagrada. Como si esto no fuese suficiente, a continuación usaron gasolina y fuego para quemarlas lentamente.

Por último, y cansándose ya de aquel juego macabro, las acribillaron a balazos, en la cabeza y en todo el cuerpo; y sin asegurarse de si seguían vivas o no, las arrastraron hasta la cuneta y las dejaron allí sentadas, con la cabeza en el margen y los pies en la carretera. Uno de quienes hallaron los cuerpos, J. Baltrons, dijo que “(…) nos adentramos en el bosque y a unos 25 o 30 metros de la carretera quedamos todos muy afectados al encontrarlas, apoyadas una sobre otra… a mí me parecieron tres estampas de la Virgen María”.

Todos los detalles de este espantoso martirio, que la mayoría de textos callan por pudor o piedad, son conocidos por boca de los propios asesinos, que los relataron a quienes quisieron oírles, tanto en los bares del pueblo, como en la checa-prisión del comité, como enorgulleciéndose de las fechorías cometidas.
Pero, al parecer, uno de esos sádicos -no sabemos quién de los tres- fue presa al poco del malestar y remordimiento por lo que había hecho, pues, según testimonio de C.Pujadas, “llegó a casa malhumorado y explicaba que no había derecho a los martirios y crueldades que les habían hecho, porque si había que matarlas, podrían haberlo hecho sin necesidad de martirizarlas tanto. Aquel hombre se veía impresionado, y después de comer, en el mismo sitio, volvió a repetir, como obsesionado, que no había derecho a haber hecho sufrir tanto a aquellas monjas”.

Solemne traslado de las reliquias de las mártires. Fotografía del año 1961.

Francesc, el hermano de las tres religiosas, salió al día siguiente de su detención para buscarlas, pero el comité de Riudarenes le negó toda información. Enseguida sospechó que las habían asesinado. Y apenas 48 horas después, se presentó gente del comité para detenerlo, seguramente molestos por las preguntas que él había hecho. Francesc no les abrió, y como vio que empezaban a forzar la puerta con herramientas, salió por la puerta de atrás de la casa y, aunque ésta estaba rodeada de gente armada y llovieron tiros sobre él, logró escabullirse y se internó en el bosque, ileso, donde se escondió. Sobreviviría al conflicto y como ya he dicho, sus declaraciones, junto a las de su padre, fueron inestimables para documentar los hechos ya descritos.

A la vista de estos hechos, el comité obligó a los ancianos padres a abandonar la casa, y se trasladaron a Santa Coloma de Farnés. Allí, el padre, Pere Fradera, denunció los hechos ante el juez de instrucción, lo que no sirvió de nada porque los asesinos huyeron y se refugiaron en Francia.
Cuando pudo ver los cadáveres de sus hijas, el padre los identificó y documentó las lesiones que ya hemos apuntado, producidas durante el martirio. Pero fue su cuñada, Dolors, la que observó que el pie roto de Magdalena había sido vendado con un trozo del vestido de Rosa.

Glorificación de las mártires
Los cuerpos de las tres religiosas fueron enterrados en el cementerio de Riudarenes, después de su recuperación, identificación y registro. Actualmente, los restos de las tres mártires reposan en la capilla de la casa madre del Insituto, en Olot (Girona), junto al fundador, Joaquim Masmitjà i Puig.

Vista del monolito conmemorativo de las Beatas en el lugar del martirio. Este monumento ha sido recientemente renovado con una placa nueva.

En el lugar del martirio se levantó una cruz de piedra en conmemoración, y hasta día de hoy es llamada la Creu de Lloret. Vino a sustituir la encina contra la cual fueron torturadas, que durante mucho tiempo conservó las marcas de los balazos que llovieron sobre las tres mártires. Acabó siendo arrancada al realizarse un ensanche de la carretera.
A la vista de tan horribles sucesos, era absurdo dudar de la autenticidad del martirio de estas tres religiosas, que se entregaron dulce y mansamente a manos de sus torturadores porque amaban a Cristo tanto como ellos lo odiaban. Sólo el odium fidei más extremo podía conducir a tanto sadismo y brutalidad, así que no faltó el deseo de que se las glorificara por su martirio.

La causa de la beatificación fue presentada en Roma en el año 1953, y tras una larga pausa, fue bajo el pontificado del papa San Juan Pablo II cuando se reactivó el proceso. El decreto de validez se emitió el 6 de diciembre de 1991 y la positio sobre su martirio entró en la Congregación para las Causas de los Santos en Roma en mayo de 1996. Finalmente, la causa fue aprobada y las tres hermanas Fradera fueron beatificadas el día 28 de octubre de 2007 por Su Santidad Benedicto XVI.

A pesar del horror que nos producen los detalles del martirio y lo repugnante y sádico de sus sufrimientos, el caso de las hermanas Fradera debe admirarnos porque es una de tantas historias de heroicidad y entrega, patrimonio de todos los cristianos; y en cualquier caso, la reflexión de estos hechos nos debe conducir al deseo de que episodios así jamás vuelvan a repetirse, construyendo un mundo mejor. Como dice su lema: “Que la donación de sus vidas sea semilla de justicia y de paz para el mundo”.

Vista del humilde sepulcro de las Beatas. Capilla de la Casa Madre de las Misioneras del Corazón de María, Olot (Girona, España).

“Os damos gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habéis manifestado vuestra fuerza y valentía en las Beatas Carme, Rosa y Magdalena.
Vos quisisteis que ellas fueran testigos fieles en la fe y en la adhesión radical a Jesucristo, desde el camino que las llevó al martirio.
Asistidnos con la fuerza del Espíritu Santo para vivir la fidelidad a vuestro Evangelio, testimoniando con nuestra vida los valores del Reino, para construir un mundo más humano, donde se abracen la misericordia y la solidaridad, y se encuentren la justicia y la paz. Amén”
.

Meldelen

Bibliografía:
Beates Carme, Rosa i Magdalena Fradera. Missioneres del Cor de Maria. Boletín de las Misioneras del Corazón de María sobre la vida y fama de santidad de las Beatas. Noviembre 2010.
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas durante la Guerra Civil Española, Edibesa, Madrid 2006.

Enlaces web (31/08/2012):
http://beatasfradera.blogspot.com.es
http://mcm22.blogspot.com.es/

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El Cristo de San Salvador de Valencia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la venerada imagen. Parroquia de El Salvador, Valencia (España).

Cuenta una de nuestras leyendas locales que, tras la pasión de Cristo, Nicodemo decidió tallar una imagen de la visión que tuvo del Crucificado para que trascendiera. Esa imagen fue pasando de apóstol en apóstol y, finalmente, los discípulos la llevaron a Beirut. Allí permaneció venerada y obrando milagros hasta que la ciudad fue conquistada por los musulmanes en el 1250. Éstos destruyeron las imágenes e iconos, excepto el Cristo, que los cristianos lanzaron al mar esperando salvarlo.

Ese mismo año de 1250, apareció remontando el río Turia a contracorriente el 9 de Noviembre (el día de su fiesta) con dos faroles encendidos en los brazos. Y es que las aguas del río a su paso por Valencia bajaban crecidas por una riada y, durante un remolino del mar que se introdujo en el cauce del río, la imagen del Cristo del Salvador apareció flotando. La gran talla de madera encalló en la orilla derecha del río en el tramo que va de las Alameditas al puente de la Trinidad.

Cuando se rescató la imagen, esta se alojó en la mezquita que se hallaba en proceso de consagración a ermita de Sant Jordi por ser la más cercana a donde se encontró. El obispo de entonces, que consideró el encuentro un gran prodigio, pensó que el lugar apropiado era la Catedral y lo llevó hasta allí. A la mañana siguiente apareció de nuevo en San Jaime (posteriormente Iglesia de la Transfiguración y más tarde Iglesia del Salvador por la aparición de esta imagen). Se repitió el traslado alguna vez más, reapareciendo en su actual parroquia y, como tras cada intento la imagen aparecía en esta iglesia del Salvador, se entendió que era señal inequívoca de que el Cristo quería quedarse en esta iglesia, lo que así se hizo y hasta hoy permanece.

Fieles ha tenido desde San Juan de Ribera a Santo Tomás de Villanueva, la Beata Inés de Benigànim, San Vicente Ferrer y el Beato Gaspar Bono. El Cristo ha obrado también milagros como el del día de la derrota de la Armada Invencible en que se encontró la imagen sudada. La devoción hacia la imagen por todos estos prodigios fue extendiéndose por Valencia, “hasta el punto de que el Consell de la ciudad decretó en 1692 que el 9 de noviembre, día del hallazgo, fuera festivo”.

Llegada del Cristo a Valencia según la tradición. Óleo de Salvador Gómez (s.XVII).

La del Salvador era, además, “la imagen que la ciudad sacaba en las procesiones para pedir el fin de una epidemia, una guerra o una catástrofe natural”. Y, como no podía ser de otro modo, en el año 1936 la imagen fue arrojada a una hoguera y la sacó de allí un maestro que pasaba, recriminando la acción a los asaltantes, consiguiendo que sólo se quemara la espalda.

El Cristo del Salvador se trata de una imagen de madera de haya policromada, de alrededor de tres metros de altura  y 300 Kg. de peso, fechada en el siglo XIII.
La imagen medieval se presentaba naturalmente en una actitud un tanto hierática y geométrica, aunque empieza a adivinarse el intento de naturalización propia del periodo gótico, siendo característica singular de la obra la extraña colocación de la cabeza del Cristo. Como la imagen no atiende a proporciones naturales, se ha calificado como primitiva la forma de trabajar del artista.
La imagen está concebida para ser visualizada de frente puesto que el reverso no está esculpido. El modo de ejecutar la policromía también es muy arcaico, como demuestra la representación de las llagas y la sangre que brota de estas.

Históricamente, este fue el primer Cristo que llegó a Valencia tras la Conquista y estilísticamente pertenece a la transición del Románico al Gótico. Se ha insinuado que debió formar parte de un grupo escultórico que representaría un Descendimiento, debido fundamentalmente a la postura del Cristo crucificado y al brazo añadido en una época posterior a la realización del original. En todo caso, es una pieza de enorme importancia, tanto artística e histórica como sentimental, y por ello fue restaurada en el año 2007 por la Conselleria de Cultura, a través del Instituto Valenciano de Conservación y Restauración para darle su aspecto actual.

Casalicio en el viejo cauce del río Turia (Valencia, España) con el conjunto escultórico del Cristo del Salvador y Santo Tomás de Villanueva. Marca el punto donde fue recogida la imagen de las aguas, según la tradición.

El edificio que lo alberga es la llamada Real Iglesia del Salvador que es una construcción eclesial de origen gótico cuya primitiva traza resulta difícil de reconocer tras la renovación neoclásica de 1825. Además, en el lugar del río donde se recuperó la imagen hay una preciosa escultura conmemorativa.

Salvador Raga Navarro

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