Santos Mauricio y compañeros mártires de la Legión Tebana

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“San Mauricio y la Legión Tebana”, óleo de Domenikos Theotokopoulos “El Greco” (1580-82). Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, España.

El documento más antiguo relativo a estos mártires es la “Passio Acaunensium martyrum” del obispo San Euquerio de Lyon (434-450). Él envía esta “passio” al obispo Salvio de Octodurum, adjuntándole una carta donde le indica cuales son sus fuentes de información: que ha recogido las noticias a través de unas personas dignas de todo crédito, que a su vez se lo habían escuchado al obispo Isaac de Ginebra y a San Teodoro de Octodurum (381), los cuales habían descubierto los cuerpos de los mártires y los habían puesto en una basílica construida para ellos en Agauno (la actual Saint-Maurice, en el cantón suizo de Valais).

En esta “passio”, San Euquerio cuenta que Mauricio y sus compañeros formaban parte de una legión llamada Tebana, que junto con otras legiones, el emperador Maximiano Hercúleo había enviado desde Oriente hacia las Galias a fin de perseguir a los cristianos, pero que cuando llegaron a Agauno, situada a unas sesenta millas de Ginebra, Mauricio – que era el “primicerius” – y todos los componentes de la legión, como eran cristianos, se negaron a seguir adelante no queriendo prestarse a las intenciones del emperador. Este, enfurecido, mandó exterminar a toda la legión.
San Euquerio dice que los componentes de la legión serían unos seis mil seiscientos, de los cuales, salvo de los cabecillas, no se conocían sus nombres. Los conocidos eran Mauricio, Exuperio, Cándido, Urso y Víctor, aunque éste fue decapitado en Soluthurn. El relato termina recordando el trágico final de Maximiano, cómo fueron encontradas las reliquias de los mártires y cómo fueron puestas en la basílica construida en Agauno.

Existe otra segunda “passio” más tardía que da nuevos detalles: que en el año 286 hubo una insurrección de los bagaudas en las Galias y que Diocleciano encargó a Maximiano reprimirla y éste, para reforzar las tropas asentadas en las Galias, envió como refuerzo a la Legión Tebana que procedía de Oriente y que estaba compuesta por soldados cristianos.
Atravesaron los Alpes y cuando llegaron a Octodurum, Maximiano para asegurarse el éxito de su campaña, ordenó realizar un solemne sacrificio de los dioses obligando a jurar a todos los soldados que combatirían con todas sus fuerzas contra los bagaudas. Cuando la orden llegó a la Legión Tebana, se separó del resto de las otras y se trasladó a las cercanías de Agauno. Recibieron la orden de retroceder hasta Octodurum (la actual Martigny) para sacrificar a los dioses y jurar, pero ellos se negaron. Entonces fue cuando el emperador ordenó ejecutar a una décima parte de la legión, luego a otra y finalmente, a todos. El resto de esta segunda “passio” es idéntico a la primera aunque da otros dos nombres de mártires: Inocencio y Vidal.

Retablo que representa el martirio de la Legión Tebana (s.XIV). Crozon, Bretagne (Francia).

Quienes han estudiado a fondo esta “passio” de San Euquerio dicen que fue redactada ciento cincuenta años después de estos hechos y aunque algunos ponen en duda ciertos detalles, en líneas generales sitúan el momento cuando se produjo la rebelión de los bagaudas. Pero el nombre de Legión Tebana aparece a menudo en los documentos del siglo IV en Egipto, en Tracia y en la península itálica. Sin duda alguna era originaria de Egipto ya que allí es donde se encuentra la Tebaida y es cierto que tropas de dicha legión pudieron ir a Italia en tiempos de Diocleciano.

La historia nos confirma que el 1 de abril del 286, Diocleciano compartió el título de Augusto con Marco Aurelio Valerio Maximiano Hercúleo (Maximiano), que era originario de Pannonia (la antigua provincia romana de la actual Hungría) y que en aquel tiempo fue a las Galias a sofocar la rebelión de los bagaudas. Para eso reunión en el norte de la península itálica a una numerosa tropa con la cual, en el otoño del año 286 atravesó el “Summus Penninus” (el actual Gran San Bernardo). Las tropas se detuvieron en el entorno de Agauno con la intención de ser enviadas desde allí contra los galos y contra los germanos. Pero contra estos planes del emperador se sublevaron las tropas demostrando su descontento con un tumultuoso levantamiento. Antes de atacar a los enemigos, muy probablemente en Octodurum (Martigny) fue donde Maximiano organizó un solemne sacrificio a los dioses y donde exigió un juramento de fidelidad el cual iba acompañado de una ceremonia pagana y es a este juramento al que se opusieron un numeroso grupo de cristianos y no debió ser una legión completa, que como mucho estaba compuesta por unos mil hombres.

Luego la cifra de seis mil seiscientos dada por San Euquerio es completamente exagerada y anacrónica. También San Euquerio en su “passio” dice que Maximiano, para dominar esta oposición de sus propios soldados, ordenó flagelar a un soldado de cada diez y posteriormente, decapitarlo. Pero como todos los demás se mantuvieron firmes, hizo otro tanto, o lo que se denomina “una segunda decimación”. Los cabecillas, Mauricio, Exuperio y Cándido animaban a sus compañeros, por lo cual, Maximiano ordenó decapitar a toda la tropa. Pero a dos que se habían escapado, Urso y Víctor, los alcanzó y también los decapitó en Soluthurn. Esto del castigo de la “decimación” tampoco parece creíble ya que hay constancia histórica de que el último emperador que utilizó este castigo fue Galba (siglo I), o sea, doscientos años antes. Además tampoco es creíble que toda una legión estuviera compuesta exclusivamente por soldados cristianos, menos aun en tiempos de persecuciones.

Estandarte con representación de San Mauricio (1640) usado en las guerras de Flandes. Museo de Valladolid, España.

El martirio debió ocurrir en el año 286 y es en el año 380, cuando el cristianismo estaba asentado en aquellas regiones, durante el episcopado de San Teodoro de Martigny, cuando se encontró un cementerio galo-romano y se pensó que se trataba del lugar de sepultura de estos soldados, por lo que el obispo ordenó desenterrarlos y trasladar los restos a una pequeña basílica que construyó en Agauno, siendo así cómo se originó el primitivo culto a los santos mártires tebanos. No existen escritos contemporáneos a estos hechos, sino que como he dicho con anterioridad es San Euquerio de Lyón el que por primera vez lo relata por escrito alrededor del año 450.

A pesar de la “passio” de San Euquerio que, aunque con sus incongruencias, concuerda casi en todo con los datos históricos, ni San Ambrosio, ni San Eusebio, ni San Sulpicio Severo, ni ningún otro santo de la época, hacen mención alguna de estos mártires. Pero un estudio en profundidad de estos escritores demuestra que no se debe esperar mucho de ellos ya que se habían marcado otros objetivos, especialmente San Eusebio y Lactancio. Sin embargo, Venancio Fortunato si que recuerda a estos mártires en una de sus poesías, la llamada “De martyribus Acaunensibus”.

D. van Berchem, en su obra “Le Martyre de la Legión Thébaine”, publicado en Basilea en el año 1956, dice que este San Mauricio es el mismo venerado en Apamea de Siria, pero la festividad de este santo sirio nunca se celebró el 22 de septiembre, que es una fecha muy bien documentada para este mártir tebano del que estamos escribiendo.

Está claro que el culto a estos mártires empieza a finales del siglo IV y lo prueban las excavaciones arqueológicas realizadas en Saint-Maurice en el año 1893, que sacaron a la luz los restos de una primitiva basílica del siglo IV adosada a la montaña junto a la cual está situada la actual abadía y sobre esta basílica, otras antiguas construcciones que prueban la autenticidad de lo escrito por San Euquerio sobre los trabajos realizados por el obispo San Teodoro en honor a los mártires.

El 22 de septiembre del año 515, San Avito, obispo de Vienne pronunció una homilía en la inauguración de la abadía que había sido construida por San Segismundo, rey de los burgundios, junto a la primitiva basílica. Poco tiempo después, la basílica fue en parte destruida por un deslizamiento de tierras de la montaña, pero fue reconstruida en el año 520. Posteriores renovaciones se le hicieron a finales del siglo VIII y en el siglo XI. La actual abadía es del siglo XVII.

Vista aérea de la abadía de San Mauricio en Valais, Suiza.

Desde el año 420 San Mauricio aparece como titular de una iglesia de Auxerre y posteriormente, de otras de Tours, Vienne, Colonia, etc. Aunque algunas reliquias se conservan en la Abadía de Saint-Maurice, reliquias suyas y de sus compañeros están repartidas desde el siglo VI por todo Occidente; por Suiza, Francia, Bélgica, Alemania, Austria, Italia, España, etc. Durante la Edad Media aparecieron algunas órdenes caballerescas que se pusieron bajo el patrocinio de San Mauricio. La Orden del Toisón de Oro lo tiene como patrono. Es patrono de Borgogne, Saboye, Cerdeña, la región italiana del Piamonte y de otras muchas localidades y regiones, de los tintoreros (porque a veces se le representa con el rostro negro), de los sastres, armeros, soldados de infantería y de la Guardia Suiza Vaticana.

El Martirologio Jeronimiano recoge la conmemoración de estos mártires, aunque no existe unanimidad en lo concerniente a cuando fueron inscritos en el mismo, ya que Dupraz y Aigrain dicen que fue en la edición itálica, mientras Delehaye mantiene que lo fue en la edición galicana. El resto de los martirologios (los de Beda, Floro, Usuardo…) repiten lo dicho por el Jeronimiano. Baronio incluyó dicha conmemoración en el Martirologio Romano. No aparecen en los sinaxarios bizantinos.

Sus representaciones iconográficas tienen un cierto paralelismo con las de San Jorge, sobre todo cuando se le representa como un guerrero de raza blanca, aunque ya he dicho que debido a su origen egipcio, existen muchas representaciones suyas en las que aparece con la piel oscura y los cabellos rizados, como por ejemplo, en el fresco de Simone Martini en la iglesia de San Francisco de Asís o en una estatua ecuestre del siglo XIII que se conserva en la catedral de Magdeburg.

Procesión con las reliquias de San Mauricio en Valais, Suiza.

Sobre el tema iconográfico no quiero incidir más, porque no es mi fuerte y seguro que se me quedarían en el tintero obras muy importantes. Por cierto, no quiero olvidarme del maravilloso cuadro de El Greco: “El martirio de San Mauricio y compañeros”, que aparece como una de las fotos de este artículo. Su festividad se celebró ayer, día 22.

Antonio Barrero

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