Comentario a la leyenda de Santa Filomena (V)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Santa rescatada de las aguas. Fresco neoclásico en la cúpula de la Basílica de San Jean-Marie Vianney, Ars (Francia).

Al día siguiente, el Emperador ordenó que la doncella compareciese en su presencia; Filomena heroica y sonriente, apareció tranquila ante el tirano. Cuando el Emperador vio que habían desaparecido las huellas de los azotes, quedó pasmado. Al verla con perfecta salud y con la misma belleza que lo había obsesionado, trató de hacerle creer que debía este favor a Júpiter, su falso dios, que la había curado porque su destino era ser la esposa del Emperador. Le habló en estos términos:
“Tu juventud y hermosura me inspiran lástima; Júpiter es clemente contigo; renuncia a tus pasados errores y ven conmigo a compartir el solio real”.
“Nunca, nunca -contestó Filomena- Mi Dios quiere que sólo a Él pertenezca”.
“Te arrepentirás”.
“Conquistaré las bendiciones del Cielo con los tormentos de la Tierra”.
“Morirás hoy mismo”.
“Reviviré a eterna vida, en el seno de Dios”.
“Pero, ¿te olvidas de tus padres, desdichada?”, prorrumpe al fin el tirano, no sabiendo como vencer tan firme resistencia.

La joven vaciló un momento, pensando en aquellos ancianos cargados de años y pesadumbres. El recuerdo de los días felices vividos con sus padres la sobrecogió un instante, sólo un instante, por la gracia de Dios, recuperó su serenidad y contestó con voz tranquila:
“Dios les dará consuelo y resignación; yo muero contenta, fiel al celestial Esposo, que mi corazón ha elegido”.
“¡Calla, calla, no blasfemes! Sacrifica a los dioses y quedas perdonada”.
Entonces el emperador, cogió de la mano a la cristiana y la condujo frente a la estatua de Júpiter, pero ella se cubrió la cara para no ver al ídolo, diciéndole:
“Es inútil, yo sólo rindo culto a mi dios; sus falsos dioses no tardarán en caer de los altares”.
Estas palabras provocaron un tumulto entre los presentes, el Emperador lívido de cólera, sin comprender cómo podía soportar tantas pruebas y sufrimientos, soltó la mano de la jóven y volviéndose a sus servidores ordenó en voz breve y severa que atada a un ancla de hierro al cuello, fuese tirada al río Tíber.

La Santa rescatada de las aguas. Lienzo en la parroquia de San Ambrosio, Seregno (Italia).

Lo primero que llama la atención en este pasaje es que se abandona el estilo en primera persona, en el cual Filomena parecía hablar por sí misma, para sustituirlo por una tercera persona de tipo narrador omnisciente, como si fuera un observador el que relatara esto. Además, es un pasaje que no está presente en muchas versiones de la misma leyenda. ¿Lo añadió una mano ajena a la de Sor María Luisa Jesús? ¿Es un despiste de la religiosa, que cambió de persona narrativa sin darse cuenta? En cualquier caso, eso resta todavía más credibilidad al relato en sí.

En cuanto a los hechos descritos aquí: el pasaje del ancla y el río Tíber es uno de los más espinosos del tema. Los defensores de la veracidad de las revelaciones afirman que en modo alguno es inverosímil que Filomena fuese lanzada a las aguas con un ancla el cuello, y se apoyan en el caso de San Clemente I, pontífice y mártir, quien fue lanzado al mar con un ancla para hacer peso.
Sí, pero no. Un solo caso no prueba la veracidad de otro, y además no tienen otro caso en qué apoyarse. Clemente fue lanzado al mar con un ancla, y esto es posible, pero no por ese caso habría que sentar una norma. Para empezar, sí es cierto que algunos cristianos fueron arrojados a las aguas con pesos para hacerlos hundirse, pero casi siempre fue al mar, y esto tiene un componente religioso desde la piedad pagana: el agua de mar es por sí misma agua sagrada, la sal que contiene purifica, por tanto, al arrojar a un cristiano al mar, juzgaban que el salitre purificaría su blasfemia contra los dioses. (Recomiendo leer el artículo de mi serie Martyrium dedicado al ahogamiento).

Segundo aspecto a tener en cuenta: nunca usaban anclas. El ancla es un objeto funcional, útil, que tiene un importante papel en el fondeo de las naves. No se invierte el esfuerzo de fabricar un ancla para luego usarla para hundir cristianos. Si se usó un ancla con Clemente, es probable que fuese un objeto muy usado y a desechar. Fuera de este caso, excepción que confirma la regla, lo que nos dicen los relatos de los mártires es que usaban otros tipos de peso menos caros que las anclas: pedruscos, fragmentos de piedra de molino. Y aquí sí hay infinidad de casos para documentarlo: Santa Cristina, San Vicente, Santa Teodosia, etc…

Tercer aspecto a tener en cuenta: jamás, jamás, un juez pudo haber dado orden de arrojar alguien al Tíber. Tengo mis dudas de que se autorizara a arrojar a alguien que no fuese al mar. El agua dulce es vital para el riego de los campos y la alimentación de las personas, ¡y es demencial pensar que dieran orden de contaminarla voluntariamente con un futuro cadáver! La civilización que construyó acueductos altísimos y cerrados para evitar la contaminación del agua dulce, en modo alguno dispondría arrojar cuerpos humanos a ella.

La Santa rescatada de las aguas. Lienzo de 1835, catedral de Saint-Gatien, Indre-et-Loire (Francia).

Cierto es que éste no es el caso del Tíber, cuya agua no se podía consumir. En algunas revueltas populares contra los cristianos, cierto que algunos acabaron en el agua, pero esto era más consecuencia de venganzas personales y enfrentamientos puntuales que por orden de ningún magistrado. Por ejemplo, Santa Beatriz, quien fue estrangulada y arrojada al río para poder incautarse los bienes que había heredado de sus hermanos Simplicio y Faustino, recientemente martirizados.

Sin embargo, aun cuando no potable, el río Tíber era comercial, navegable, los barcos mercantes fluviales remontaban desde el puerto de Ostia hasta la Insula Tiberina para abastecer los mercados de Roma. Lo último que convenía era dificultar el tráfico comercial llenando el solio del río con cadáveres y anclas o piedras a modo de pesos. Es algo absurdo, que no tiene ningún sentido. Además, que un río contaminado es foco de enfermedades.

Por todo esto, el relato de Filomena arrojada al Tíber con un ancla es absurdo, y el caso de San Clemente no sirve en absoluto para justificarlo. Por otra parte, igual de absurda es la representación de verla con el ancla al cuello: el peso de semejante instrumento le habría arrancado la cabeza de cuajo nada más soltarla al agua. Lo que se hacía era atar el cuerpo entero al peso escogido para el hundimiento.

La única realidad de este pasaje es ésta: el episodio del ancla y el río Tíber fue inventado única y exclusivamente basándose en que en la lápida de Santa Filomena aparece representada un ancla. Tosca, pero claramente identificable: es un ancla. Y alguien, muy ingenuamente, o quizá la propia Sor María Luisa de Jesús, simplemente lo identificó con un modo posible de ejecución, apoyándose casi seguro en San Clemente.

La realidad es que el ancla es un símbolo persistente en las lápidas de las catacumbas romanas. Cualquiera sabe hoy en día que lo que significa es la esperanza, la virtud teologal en la confianza en una vida ultraterrena, y esperanza simbolizada en la fortaleza y resistencia de un ancla que se queda fijada en el suelo del mar. No es en absoluto un instrumento de suplicio. Y esto es algo que ya se sabía en el momento del hallazgo del loculus de Filomena, lo que hace todavía más inexplicable que pasara a la leyenda y acabara siendo aceptado como instrumento martirial.

Vista de la primera baldosa del loculus de Filumena. Contiene la parte de la inscripción LVMENA y los símbolos inconfundibles de un ancla y una flecha.

“Arrastrada por la corriente y creyendo morir, abracé mi ancla como Jesús abrazó su Cruz. Pero Jesús, mostrando su omnipotencia, para la confusión del tirano y de los idólatras, mandó de nuevo a sus ángeles, para que rompieran la cuerda amarrada a mi cuello.
El ancla cayó en las profunidades del Tíber, donde aún permanece cubierta de lodo. Sostenida por las alas de un ángel, fui llevada a la costa, sin que una gota de agua me hubiera mojado. Cuando la gente me vio así, en seguridad y perfectamente seca, esparcieron la noticia, y muchos se convirtieron a la Fe.”

Primero la arrastra la corriente –algo absurdo, con semejante peso debería haberse hundido sin más- y luego es depositada en la orilla sin que se haya mojado un poco. (???) Las contradicciones empiezan a sucederse en el relato. No cabe decir mucho más: otro pasaje milagroso tomado de casi todos los relatos martiriales donde se trata de ahogar a alguien con un peso.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

9 pensamientos en “Comentario a la leyenda de Santa Filomena (V)

  1. Yo Ana Maria creo que la parte relatada en tercera persona es de Sor Maria Luisa,porque si ese no fuera el caso ahi faltaria algo,dado que luego retoma la narracion en primera persona.
    Un olvido posiblemente como tu mencionas.

    • Se supone que todo el texto es de Sor María Luisa, todo… de cabo a rabo. Ella redactó las presuntas revelaciones de la Santa, pero lo hizo en primera persona, poniendo directamente las presuntas palabras de la mártir.

      Si todo el texto está redactado en primera persona, ¿por qué ese fragmento está en tercera? ¿Se supone que Filomena se calló ese rato -estaba descansando- y luego retomó el discurso? ¿Se despistó la religiosa y cambió de persona sin darse cuenta al redactar? ¿O eso lo ha añadido otra persona? ¿Es una contaminación de otras presuntas revelaciones que se ha añadido?

      Todo eso podría ser, pero no me explico el por qué. De todos modos, no tiene mayor importancia puesto que la leyenda es lo que es… una redacción improvisada basada en la malinterpretación de los símbolos de la lápida.

      • Yo creo que no puede ser obra de otra persona,porque de ser asi,la ultima parte del texto en este articulo de Sor Maria Luisa no tendria sentido alguno,pues faltaria esa parte de la historia que nos es narrada en tercera persona y que luego retoma Sor Maria Luisa siguiendo el hilo narrativo de la revelacion o vision.

        • Sí, lo que dices tiene sentido; pero he observado que en algunas versiones en inglés, en lugar de este pasaje en tercera persona hay uno que prosigue en primera, mucho más breve y que no entra casi en detalles, pero que dice básicamente lo mismo: el emperador le anuncia que ella debe su curación a Júpiter, que la quiere como emperatriz de Roma, ella lo niega, proclama a Cristo y entonces él se enfada y manda tirarla al Tíber con el ancla.

          Acaso esta versión en español en la cual he trabajado tenga esa contaminación añadida por un tercero, y la versión “pura” de sor María Luisa sea ésa, la que he visto en inglés. En cualquier caso, ya digo que no tiene mayor importancia ya que, cada quien ha cogido la leyenda, ha puesto o quitado lo que ha querido.

  2. Ana de nuevo muchas gracias, siepre tenía la duda de que significaba el ancla de Santa Filomena, como bien dices la leyenda entra en muchas incongruencias que llegan a rayar en los ridiculo, eso si no se pued negar que este pasaje de la leyenda ha inspirado muy bella obras pues con las que ilustras el artículo se deja ver eso

    • Eso sí que es cierto, a diferencia de otros santos de culto muy reciente, Santa Filomena y su leyenda han inspirado obras de arte que, muchas veces, sin alcanzar la calidad de siglos precedentes, son muy bellas de ver.

  3. Me causó gracia lo de que Santa Filomena estaba descansado juajua. No sé si sea mi impresión pero parece que mientras avanza el relato, más referencias forzadas se hacen a la lápida, como en un intento de justificar la interpretación de aquellos símbolos, que como señalaste anteriormente, eran únicamente relacionados a virtudes cristianas. Santa Filo y su leyenda siguen teniendo mucha tela de donde cortar.

    • Cuánta pantomima y cuánta tontería han generado los malos estudiosos y los devotos enfervorizados, cuando la arqueología decimonónica ya sabía perfectamente que esos símbolos lapidarios debían interpretarse en clave alegórica y no literal. Yo no sé cómo lo han permitido, de verdad…

      • Porque en el espíritu del XIX es poco poético decir lo que llanamente representan. ¿No crees?
        Aunque nos parezcan ñoñerías dulzonas…eso les gustaba escuchar, la realidad adornada.

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