Cristo del Rescate de Valencia

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Vista del Cristo del Rescate en su altar. Iglesia de San Esteban, Valencia (España).

La historia del Cristo del Rescate de Valencia tiene la peculiaridad de estar relacionada con los Medina, conocida familia valenciana de mercaderes y notarios que conservan toda la documentación relacionada con la siguiente historia. Y es que varios parientes suyos fueron capturados en 1529 por los piratas berberiscos en la costa Mediterránea de Xàbia y enviados a Argel para pedir por ellos fuerte suma de dinero.

La situación entonces nos mostraba que la pérdida del dominio cristiano del Mediterráneo, después de la toma de Bizancio por los turcos en 1454, había dejado la costa valenciana expuesta a las incursiones de los piratas de Argel que hasta el siglo XVIII hostigaban tierras, personas y comercios. Se unía a esto un descontento creciente por los moriscos de aquí que fueron obligados a abrazar la fe cristiana, en la mayoría de los casos fingida, y a los que se acusaba de complicidad con los piratas que, en algunos casos, habían sido expulsados por no aceptar la conversión y conocían bien nuestras costas.

Un 12 de Octubre de 1529 unos galeotes corsarios procedentes de Argel se aproximaron a la costa de Xàbia y sus tripulantes saltaron a tierra, siendo recibidos por los moriscos de la baronía de Parcent, con los que se habían puesto de acuerdo. Por senderos escondidos les guiaron hasta la casa de los Barones, a la que saquearon y apresaron a las mujeres y niños. A pesar de negociarse un rescate con los piratas que debían recibir en una semana en el barco fondeado en las playas, estos levaron anclas antes de lo pactado y marcharon a Argel con varios rehenes.

Desde la Edad Media dos órdenes religiosas, Mercedarios y Trinitarios, se habían encargado del rescate de los cautivos. Los precios de los cautivos, cuyo estado era el de verdaderos presos, oscilaban, ya que las mujeres, los niños y los hombres con oficios especializados valían entre 100 y 200 pezzi que se pagaban de media por un cautivo cualquiera. Entre 1523 y 1692 la monarquía hispánica patrocinó el rescate de 6.916 cautivos en 50 rescates, 43 realizados por la Órdenes religiosas de la Merced y la Trinidad y por 7 mercaderes y civiles. También se dedicaron a esta tarea en esta época los capuchinos, los franciscanos de la Orden Tercera y varias cofradías de marineros y pescadores.

“El milagro del Cristo del Rescate”, óleo de Jerónimo Jacinto de Espinosa (1624). Colección particular.

El orden de prelación en el rescate estaba establecido por las autoridades españolas y los redentores lo respetaban. En primer lugar los españoles, portugueses e italianos capturados en combate contra los marinos del Islam, luego los más desprotegidos social y económicamente como eran las mujeres, niños, ancianos y cautivos con menores recursos. El procedimiento habitual era que el Padre Provincial de la Merced o de la Trinidad acordara cuándo y dónde se iba a realizar la redención de cautivos y enviaba una petición a la corte africana correspondiente que contestaba las condiciones.

Andrés y Pedro Medina, hermanos de la Baronesa de Parcent, realizaron tres viajes a Argel ya que en los dos primeros no habían conseguido liberar a todos los que fueron apresados en aquella escaramuza. Y sucedió que en el año 1539, en su tercer viaje a Argel, se encontraron con la talla de un Cristo de tamaño natural que había venido en una nave como parte de un botín pirata. Sorteado el botín, el dueño del crucifijo, pensando en su inutilidad, decidió quemarlo y organizó para ello una gran hoguera ayudado por los otros argelinos, pero el Cristo milagrosamente no se quemó y una tromba repentina de agua apagó la hoguera. Como los cristianos que lo contemplaban conocían la presencia de los Medina en la ciudad, les llamaron para que intentasen rescatar la imagen.

Llegaron los Medina al lugar del suceso y se abalanzaron sobre la extinguida hoguera aun humeante. Después de varias ofertas en las que les pedían el peso en oro, quedaron en pagar el peso del Cristo en monedas de plata, para lo que se ingenió una balanza con un trípode, una polea y dos platos. Asustados los Medina, pues el peso del Cristo se aproximaba a siete arrobas, contemplaron con asombro que puesto el Cristo en un plato, llenaron el otro con muchas monedas y no se niveló la balanza hasta que sólo tuvo treinta monedas, cifra de alusión a la traición de Judas. Protestaron los argelinos y después de verificarlo varias veces, se llamó al Cadí que cedió ante la obviedad milagrosa.

Llegaron al Grao de Valencia de este tercer viaje el 31 de mayo de 1539 y se llevó el Cristo en Procesión a la Iglesia del Grao. A propuesta de Andrés de Medina se trasladó a la madrugada siguiente al Monasterio de Nuestra Sra. del Remedio, Convento de los Padres Trinitarios, extramuros donde se hospedaban habitualmente los cautivos redimidos por la Orden a la espera de la solemne entrada en la ciudad amurallada. Tras la Procesión de 1539  se colocó el Cristo en el Convento de Religiosas Agustinas de San José y Santa Tecla, calle de los Tintes, en la capilla, a mano derecha del altar mayor, que era sepultura y capilla de los Medina.

En la escalera del palacio de los marqueses de Huarte de Tudela –hoy biblioteca y archivo municipal de la ciudad-, cuelga, junto a otros lienzos procedentes de parroquias y conventos de la capital de la Ribera, una curiosa pintura que narra la historia particular del Cristo del Rescate.

Debido a las malas condiciones del convento se trasladaron las religiosas el 8 de julio de 1555 a la Iglesia de Santa Tecla en la calle del Mar, colocando el Cristo y las sepulturas de Andrés Medina, de su padre y antepasados en una capilla pequeña a la derecha del altar Mayor contigua a la cárcel de San Vicente Mártir. Se pintaron las paredes al fresco con la historia del Rescate y demás milagros como había tenido en su sede anterior.

Con la Desamortización de los bienes de la Iglesia en 1835 se suprimieron y derribaron muchos conventos y en 1884 se trasladaron las Religiosas de Santa Tecla al arruinado edificio e histórico Monasterio de San Vicente de la Roqueta, donde se colocaron la imagen y los cuadros. Actualmente se venera en la Parroquia de San Esteban de Valencia.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE
Asociación Cultural VIA VICENTIUS – GOGISTES VALENCIANS

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San Marcelo, mártir en Tánger

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Icono ortodoxo griego de los Santos Marcelo, mártir africano; y Casiano, mártir romano.

Pregunta: Quisiera hacerles algunas preguntas. En mi ciudad (León) veneramos a nuestro paisano San Marcelo y a sus hijos, pero es verdad que he leído que este santo era africano y que sus supuestos hijos, no lo son. ¿Qué hay de verdad en todo esto? (España).

Respuesta: Este tema es muy complejo aunque está muy bien estudiado. Ya de él dijimos algo cuando publicamos el artículo sobre sus presuntos hijos, los Santos Emeterio y Celedonio y más diremos aun, cuando publiquemos sobre los mártires gaditanos Servando y Germán, sobre los cordobeses Fausto, Jenaro y Marcial y sobre los gallegos, Primitivo y Facundo.

Pero hablemos del santo por el que nos preguntas. De la “passio” de San Marcelo existen dos versiones que nos han llegado a través de diversos documentos que se custodian en algunas importantes bibliotecas europeas: Roma, Londres, Burdeos, León, etc. y que fueron publicadas por primera vez por parte de Ruinart, Allard, Delehaye, Garcia Villada, B. De Gaiffier y otros, o sea, que su difusión ha sido grande.

El núcleo de la misma es considerado como auténtico y contiene los interrogatorios a los que se vio sometido nuestro santo en el transcurso de tres meses, en dos tribunales situados en dos localidades distintas. Posteriormente, alrededor del siglo XI, a esta “passio” se le hicieron algunos añadidos diciendo que San Marcelo era esposo de Santa Nonna y padre de los santos Claudio, Lupercio, Victorico, Facundo, Primitivo, Emeterio, Celedonio, Servando, Germán, Fausto, Jenaro y Marcial, todos ellos santos hispanos, venerados en diferentes lugares de la península Ibérica y que en realidad no fueron contemporáneos entre si.

El orden y la evolución de esta leyenda está profundamente arraigada en la tradición cristiana de tu pueblo y ha sido estudiada a fondo por De Gaiffier en su obra “Saint Marcel de Tánger ou de Leon?: evolution d’une légende”, publicada en la Analecta Bolandista LXI, en el año 1943.

Vista de la iglesia dedicada a San Marcelo en León, España.

Según la “passio”, el 21 de julio del año 298, cuando se celebraba la fiesta de los augustos emperadores, Marcelo, que era un centurión romano tiró sus armas delante de su tropa que se encontraba reunida con motivo de dichas fiestas, renunciando a su vida militar para dedicarse a la propagación del cristianismo. Siete días más tarde, fue interrogado por el prefecto Fortunato el cual, considerando la gravedad del delito decidió enviárselo a su superior jerárquico, Aurelio Agricolano de Tánger. El 30 de octubre, San Marcelo fue nuevamente interrogado en Tánger y condenado a muerte.

Según los estudios de De Gaiffier a los que hemos hecho referencia, San Marcelo es un auténtico mártir africano al cual, mediante los posteriores añadidos realizados por autores hispanos, lo hacen ciudadano de León sobre el falso fundamento de que pertenecía a la Legión de Trajano que fue la presunta fundadora de tu ciudad. A partir de ahí, en el siglo XVI se pretendió identificar la casa natal del mártir junto a la Puerta Cauriense, hoy transformada en capilla dedicada al Cristo de la Victoria. Según esta misma tradición, al llegar la paz de Constantino, a San Marcelo se le construyó una primitiva iglesia en León.

El código XI del archivo de la catedral de León dice que en el siglo IX, el rey Ramiro I de Asturias restauró la antigua iglesia del siglo IV dedicada al mártir en el suburbio de la Puerta Cauriense, fuera de los muros de la ciudad. Junto a esta iglesia, que fue posteriormente destruida por Almanzor, existía un monasterio, en el que vivió San Martín de León, que era canónigo regular de la Orden Agustianiana y que está actualmente sepultado en la colegiata leonesa de San Isidoro y en el siglo XII, se levantó un hospital que también llevó su nombre.

Vista del altar mayor de la iglesia de San Marcelo en León (España), donde se aprecia la enorme imagen del titular y la urna de sus reliquias bajo el altar.

La devoción que los leoneses mostraban por San Marcelo hizo que fuera declarado patrono principal de la ciudad, pero sus restos mortales estaban lejos, en Tánger al norte de Marruecos, por lo que al ser liberada dicha ciudad por parte del rey de Portugal en el siglo XI, León solicitó las reliquias de su conciudadano, aunque también Sevilla y Jerez de la Frontera querían tenerlas. La disputa se zanjó cuando el rey Fernando el Católico las llevó personalmente a León el día 29 de marzo del año 1493. Allí fueron colocadas en una nueva iglesia construida al santo, iglesia que fue reedificada en el año 1588 por los maestros Juan del Ribero y Baltasar Gutiérrez, aunque las obras finalizaron en el año 1628. Como sabes, las reliquias de San Marcelo se encuentran en una urna de plata que está colocada en el altar mayor. En el retablo barroco de Santiago Velasco están las esculturas de San Marcelo, de Santa Nona y de sus doce hijos. Según algunos documentos del siglo XV que se conservan en el archivo del Ayuntamiento, la acogida que tuvieron las reliquias fue la mayor manifestación de júbilo de la ciudad (!!!).

En esta iglesia, se conservan además en otras urnas, las reliquias de sus presuntos hijos Claudio, Lupercio y Victorico y las del abad San Ramiro mártir leonés, así como un pergamino en el que se narran los numerosos milagros atribuidos al santo en la época del traslado de las reliquias, otro que atestigua que una reliquia quedó en la iglesia de San Gil de Sevilla y algunas cartas del rey Enrique IV de Castilla y de Isabel la Católica al Papa Sixto IV comentándole el traslado del cuerpo del mártir.

Antiguamente, las reliquias de San Marcelo junto con las de San Froilán eran sacadas en procesión cada vez que la ciudad sufría algún tipo de calamidad pública. Todos los años, el 9 de octubre, el capítulo catedralicio y junta municipal leonesa acudían al templo de San Marcelo para asistir a la misa solemne.

Vista del altar mayor de la iglesia de San Marcelo de León (España), donde se aprecia la escultura enorme del titular, las de sus hijos y la urna de reliquias bajo el altar.

Como la vida del santo es legendaria aunque este sea real, la iconografía es variada y está inspirada en la misma. La imagen del santo que se conserva en la iglesia es obra del escultor Gregorio Fernández y está en la parte central del altar, aunque rodeada por las de sus hijos y esposa, como ya dije antes y en el Museo provincial de tu ciudad se conserva una pequeña pintura gótica policromada del siglo XIV en la que aparecen él, su esposa e hijos.

De San Marcelo no te puedo contar nada más porque no me parece oportuno entrar en los supuestos diálogos de los interrogatorios a los que en realidad fue sometido y sobre la supuesta filiación de los otros doce santos, mejor ni te cuento, porque no es cierta y ya lo iremos demostrando cuando hablemos de ellos, aunque de dos ya lo hemos hecho.

Antonio Barrero

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San Demetrio, metropolita de Rostov

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Lienzo ruso del Santo en su atuendo de metropolita.

San Demetrio Tuptalo, metropolita de Rostov, fue un jerarca ruso del siglo XVII, un notable predicador y escritor religioso, profesor de teología y ascética y, además, hacedor de milagros. No sólo es venerado por la Iglesia Rusa, sino por todo el mundo ortodoxo.

Infancia
San Demetrio nació en el año 1651 en Makarovo, a unos cuarenta kilómetros de Kiev, siendo bautizado con el nombre de Daniel. Su padre, Sabas Grigorjevich Tuptalo († 5 de enero de 1703), fue un soldado que en ocasiones faltaba de casa durante largos períodos de tiempo. El niño fue educado de manera muy especial por parte de su madre, Maria Michajlovna († 29 de marzo de 1689), que le dio una educación cristiana. Posteriormente, en el año 1661, la familia se trasladó a Kiev cuando esta ciudad pertenecía a Polonia. Daniel entró en la Academia Ortodoxa de Kiev – creada por el metropolita San Pedro Movilă (Mogyla) algunas décadas antes – y cuyo líder en aquellos momentos era Innokenty Gizela (c. 1600-1683), un predicador muy brillante y gran defensor de la ortodoxia. Gracias a él, Daniel pudo desarrollar durante sus estudios un gran carisma para explicar las Escrituras y se hizo muy sensible con la catequesis de los fieles.

Monje
Con sólo diecisiete años de edad, el 9 de julio de 1668, Daniel entró en el monasterio de San Cirilo y recibió la tonsura monacal cambiando su nombre por el de Demetrio, en honor del mártir de Tesalónica. Además de las tareas habituales del monasterio y siendo siempre obediente, el monje completó sus estudios y comenzó a escribir una obra literaria misionera. Fue ordenado sacerdote el 23 de mayo de 1675 en el monasterio de la Santísima Trinidad en Gustyn, distrito de Prykuly e inmediantamente fue nombrado predicador por parte del arzobispo Lazar Baranov de Chernigov. Durante este período de tiempo peregrinó a diversos lugares sagrados de Bielorrusia y Ucrania que, por entonces, estaban parcialmente en manos de los católicos griegos.

Vista del báculo de metropolita que perteneció al Santo y utilizó durante su ministerio.

Años más tarde, dedicó su ministerio sacerdotal a varias ciudades, como Chernigov (1675) o Slutsk (1677). Un años más tarde, tras viajar a Vilnius, se estableció en Baturyn, en la corte de Hetman Ivan Samoylovych. Sus sermones eran los típicos de aquella época barroca, consistente en metáforas, alegorías, figuras retóricas, preguntas y respuestas sobre todo en temas morales.

A partir de 1680, el hieromonje Demetrio vivió sobre todo en el monasterio de las Lauras de las Grutas de Kiev (Pecerska Lavra) donde escribió muchos sermones, especialmente contra las costumbres locales, el alcoholismo y sobre la forma fácil de vivir la vida. En contra de su voluntad, pronto se convirtió en el líder de varios monasterios y así, en 1681, fue abad del monasterio de la Transfiguración de Maksakov, distrito de Borona y al año siguiente, en el monasterio de San Nicolás de Baturyn. Cada vez que trataba de renunciar, fracasaba. Sus amigos – incluyendo a San Teodosio obispo de Chernigov, que se celebra el 5 de febrero – a duras penas lograban persuadirlo para que permaneciera como abad.

Actividad como escritor
Este período de su vida estuvo dedicado a los escritos teológicos, que se concentraron en un ambicioso proyecto de integración de todas las vidas de los santos rusos en una sola obra, que publicó entre los años 1684 al 1705, con el título de “La vida de los santos”. Sus recursos eran el Menologio griego de San Simeón Metafrastes, los menologios del metropolita Makarij (1482-1563), las colecciones de los Bolandistas, los Anales del cardenal Baronio y “La vida de los santos” de Piotr Skarga, lo que significa que utilizaba tanto fuentes católicas como ortodoxas. Sus obras son muy populares en los países eslavos.

Junto con sus escritos sobre los santos, escribió también sobre “Investigación sobre la falsa fe de los cismáticos” (Rotsysk one cuz brynskoi raskolnitsei), una obra polémica contra los Raskolniks (los viejos creyentes), o sea, los rusos que no aceptaron la reforma litúrgica del Patriarca Nicón en el año 1666. Demetrio ve el origen del error en la incultura popular y no directamente en su fe. También escribió un “Compendio de Catequesis”.
Encontró tiempo para estudiar la historia eclesiástica de la Iglesia Ortodoxa Rusa, y escribió “Crónicas de las Lauras de las Grutas”, “Crónicas de los tsares y patriarcas rusos” y otras obras, especialmente homilías.

Icono ortodoxo ruso del Santo en su atuendo de metropolita, junto a la Theotokos.

Durante veinticinco años, San Demetrio dedicó todos sus esfuerzos a estos menesteres, pero además, todo esto lo compaginaba perfectamente con una vida de oración y de soledad. Él vivía en compañía de los santos y no sólo por sus escritos, sino también unido a ellos en la oración, viviendo sus vidas, sus tormentos y estudiando los detalles más pequeños de todos los documentos relativos a los mismos.

A cambio por su amor a los santos, Dios lo recompensó a menudo con visiones celestes. El 10 de agosto de 1685, vio en sueños a la gran mártir Santa Bárbara a la que él honraba especialmente. Le pidió que intercediera por él ante el Señor, pero ella le reprendió porque oraba como “lo hacen los católicos romanos” cuando meditaban sobre las cinco llagas de Nuestro Señor. De hecho, la influencia de la teología católica y de su espiritualidad era visible en el culto de la Iglesia Rusa. Pero después, Santa Bárbara sonrió y lo consoló.

El 10 de noviembre del mismo año, se le apareció San Orestes, del cual, San Demetrio había escrito su vida aquel mismo día y le dijo: “He sufrido más tormentos por Cristo de los que tú has recordado”. Entonces, le mostró una herida profunda en el lado izquierdo diciéndole: “Esto me lo hicieron con un hierro candente”. Después, extendió su brazo derecho y mostrándole las venas que habían sido cortadas a la altura del codo, le dijo: “Éstas me las cortaron”. Le mostró una lesión similar en el brazo izquierdo y le repitió las mismas palabras. Le mostró las heridas de las rodillas diciéndole: “Éstas han sido cortadas” y finalmente, poniéndose de pie a su derecha le dijo: “Ya ves que he sufrido más tormentos de los que tú has recordado”. San Demetrio le preguntó si él era uno de aquellos cinco santos cuya fiesta se celebra el 13 de diciembre, pero el mártir le respondió: “No soy el Orestes de la iglesia de los cinco santos Mártires, pero sí el que se honra el día de hoy y cuya vida sólo ha sido escrita por ti”.

Monasterio de San Jacob de Rostov (Spaso Jakovlevskij), Rusia, donde el Santo pasó sus últimos días.

Metropolita
En el año 1694, Demetrio fue nombrado abad del monasterio de los santos Pedro y Pablo en Hluchiv; en 1697 del monasterio de San Cirilo de Kiev y en 1699 fue nombrado archimandrita del monasterio de la Transfiguración de Novhorod-Siverskyj. El 23 de marzo del 1701, Demetrio fue consagrado como obispo en Moscú, siendo nombrado metropolita de Siberia y de Tobolsk. Su mala salud y su deseo de tener acceso a los documentos que necesitaba para continuar escribiendo sobre las vidas de los santos, le hizo pedir ser trasladado a otro destino. Fue destinado a la diócesis de Rostov y Yaroslavl en el mes de enero del 1702; allí tuvo una visión en la que le manifestaba que lo que necesitaba era el descanso eterno en el monasterio de San Jacob (Spaso-Yakovlevsky monastyr), en Rostov.

Durante su vida en Rusia se opuso tanto a los “viejos creyentes” como a las políticas eclesiásticas de Pedro el Grande. Hizo asimismo contribuciones muy valiosas a la educación rusa, abriendo escuelas y un pequeño teatro en Rostov, donde podía montar sus propias obras. También era un activo compositor; muchos de sus salmos penitenciales lograron una amplia difusión, no solo en Ucrania, sino también en los Balcanes. Muchos de ellos se han convertido en una parte integral de la canción popular ucraniana a través de los “kobzari” (cantantes ambulantes ciegos).

San Demetrio está acreditado como compositor de la primera ópera rusa de seis horas, los “Misterios de Rostov” (1705). Se trata de un oratorio sobre la vida de los santos rusos, basado en el “Cheti-Minei”, publicado en cuatro volúmenes en los años 1689, 1690, 1700 y 1705. En esta obra se inspiró Boris Godunov en 1825 cuando escribió “Pushkin”.

Sepulcro del Santo en el monasterio de San Jacob de Rostov, Rusia.

Poco antes de su muerte, en 1705, San Demetrio dejó completada su monumental obra, “Las Vidas de los santos”, cuidando al mismo tiempo a su comunidad. Trabajó duramente para purificar la vida religiosa y las costumbres de sus contemporáneos y a pesar de sus frecuentes enfermedades, siguió un estricto canon de vida, nunca dejó su incesante oración; asimismo, estableció un seminario teológico cerca de su casa, donde asumió gran parte de la enseñanza impartida en el mismo.

Su entierro
San Demetrio previó su muerte con tres días de antelación. Se echó al suelo y pidió perdón al clero y a cuantos estaban con él. Después de hacer esto, se encerró en su celda en una ferviente oración. A la mañana siguiente, el 28 de octubre de 1709, fue encontrado muerto mientras oraba arrodillado. Contrariamente a los deseos del santo expresados en su testamento, el clero y el pueblo de Rostov solicitaron al metropolita Stephen Yavorsky de Ryazan sentarlo en el trono patriarcal. Este metropolita había llegado para presidir el funeral y oficiar el entierro en la iglesia catedral de la ciudad. El metropolita Stephen insistió en enterrar el cuerpo de su amigo fallecido junto a San Josafat, que fue el predecesor de San Demetrio. Sin embargo, a pesar de haber transcurrido un mes desde el fallecimiento del santo hasta la llegada del metropolita Stephen, el sepulcro no fue preparado hasta que llegó el metropolita.

Vista del cuerpo del Santo, recubierto de su atuendo de metropolita, en su tumba. Monasterio de San Jacob de Rostov, Rusia.

Debido a que el metropolita Stephen tenía que irse urgentemente después del funeral, se construyó a toda prisa un marco de madera que fue colocado en la tumba, en la que fue enterrado el cuerpo del santo el día 25 de noviembre. Esta circunstancia estaba prevista por la Divina Providencia a fin de que rápidamente fueran descubiertas sus reliquias. El 21 de septiembre de 1752, mientras se estaba restaurando la iglesia catedral del monasterio de la Trinidad, se descubrió el cuerpo incorrupto de San Demetrio. La sepultura estaba afectada por la humedad e incluso el ataúd de roble en el que fue sepultado, pero el cuerpo del santo estaba incorrupto e incluso el omophorion, sacco, mitra y demás ornamentos estaban en buen estado.

Después del descubrimiento de las reliquias, se produjeron numerosos milagros, que fueron comunicados al Santo Sínodo que envió al metropolita Silvestre de Suzdal y al archimandrita Gabriel de Simonov para que fueran a Rostov a examinar las reliquias del Santo e investigar los casos de curaciones milagrosas.

Veneración
La Iglesia Rusa lo reconoció oficialmente como santo el día 22 de abril de 1757. Su festividad se celebra el día de su muerte, el 28 de octubre – ayer – (o el 10 de noviembre según el calendario). También es conmemorado el 21 de septiembre pues ese día se descubrieron sus reliquias en el año 1752. Estas se encuentran actualmente en la iglesia catedral del monasterio de San Jacob en Rostov. Un relicario que contiene la mano derecha de San Demetrio se encuentra en la iglesia de San Miguel, en la villa Polovki, región de Chernigov.

Cirilo I, Patriarca de Moscú y de Toda Rusia, venera las reliquias del Santo en su visita al monasterio de San Jacob de Rostov.

Troparion (himno) del santo
¡Oh amante de la ortodoxia y combatiente del cisma, curador de Rusia y nuevo defensor delante de Dios, pues con tus escritos sanaste las mentes de los necios! ¡Oh bendito Demetrio, arpa del Espíritu, ruega a Cristo Dios para que salve a nuestras almas!

Mitrut Popoiu

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El Señor de los Milagros de Lima, Perú

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Imagen original del Señor de los Milagros pintada en una pared de adobe que se conserva en su Santuario en Lima, Perú.

En la ciudad de Lima, lugar donde la santidad ha florecido siempre, se venera a un Cristo pintado al temple en una pared de adobe; la leyenda sobre esta imagen comienza en el siglo XVII.

En 1650 los negros de Angola se agremiaron en la región de Pachacamilla, que quedaba en las afueras de Lima. A ese lugar llegó a vivir un esclavo liberado llamado Benito, quien construyó su casa y un oratorio donde la gente llegaba a orar. Inspirado, Benito decidió pintar una imagen de Cristo en el calvario en una de las paredes, los vecinos decían que mientras él pintaba se veían salir resplandores de la casa y se escuchaba música celestial.

Debido a estos rumores, unos soldados decidieron investigar y encontraron a Benito muerto y la pintura de Cristo en el calvario terminada. La devoción al Santo Cristo decayó y no tenía mucha fama, hasta que en noviembre de 1655 un terrible terremoto tuvo lugar en Lima, derrumbando templos y toda clase de edificios, pero la pared donde estaba pintado el Cristo se mantuvo en pie e intacta, lo que logró atraer una gran cantidad de devotos que se reunían cada viernes a orar ante la imagen.

Se cuenta también que un hombre llamado Antonio de León fue diagnosticado con un tumor en el cerebro, Antonio se encomendó al Cristo de Pachacamilla y el tumor desapareció, lo que movió a Antonio a difundir el culto por esta imagen y a arreglar la ermita donde se le veneraba.

Desgraciadamente las reuniones para orar ante el Cristo cada viernes comenzaron a convertirse en fiestas ajenas al verdadero sentido devocional de la ermita, lo que propició que las autoridades prohibieran las reuniones y ordenaran borrar la imagen del Cristo que lo provocaba y las demás imágenes de santos que hubiera en la ermita. Varios pintores fueron comisionados para borrar la imagen. El primero de ellos decidió huir, puesto que al intentar intervenir en la imagen sentía temblores en el cuerpo y escalofríos, intentó hacerlo de nuevo, pero fue tanto el susto que le causó, que decidió irse del sitio. Después otro pintor fue comisionado y a éste se le paralizó el brazo al intentar borrar la imagen.

Imagen procesional del Señor de los Milagros, en su celebre procesión del 28 de octubre, esta imagen se ha vuelto mucho más popular que la original debido a estas procesiones.

Dice la leyenda que después de esto se oscureció el cielo y una fuerte lluvia se desató; el tercero en intentarlo fue un soldado, el cual desistió de su intento porque decía que al acercarse vio que la imagen se ponía más bella y que la corona de espinas se iba tornando verde. Estos prodigios y los reclamos de la población hicieron que las autoridades desistieran de borrar la imagen, y con la colaboración de los devotos se decidió construir un templo mejor, y al Cristo, debido a todos esos prodigios, se le comenzó a llamar “El Señor de los Milagros”.

El 20 de octubre de 1687 un maremoto derrumbó el templo del Señor de los Milagros, pero nuevamente la imagen quedó en pie entre los escombros, por lo que se decidió sacar en procesión una copia al óleo de la imagen del Cristo; desde entonces las procesiones al Cristo de los Milagros siempre son en octubre, considerado el mes de los temblores y el mes del Señor de los Milagros por los peruanos.

El 21 de septiembre de 1715, el cabildo de Lima nombró al Señor de los Milagros como patrón de la ciudad contra los temblores; y hacia el 1730 se construye un monasterio de clausura de carmelitas descalzas, gracias a las gestiones de la madre Antonia Lucía del Espíritu Santo y a la madre Josefa de la Providencia, junto al Santuario para encargarse de cuidar y resguardar al Señor de los Milagros. Las carmelitas, debido a esto, son mejor conocidas como “Las Nazarenas” y algo que las identifica entre el Carmelo, es que en honor al Santo Cristo de los Milagros, su hábito es de color morado.

Nuestra Señora de la Nube, imagen que se encuentra en la parte trasera de las andas del Señor de los Milagros.

El 28 de octubre de 1746 se registró el peor terremoto que asoló a la ciudad de Lima y debido a que nuevamente la imagen quedó en pie, se decidió que cada año en este día se hiciera una procesión en honor al Señor de los Milagros y que este día se convirtiera en su principal festividad.

Otro famoso milagro de esta imagen de Cristo sucedió según las tradiciones hacia 1800, y le sucedió a una mujer de tez negra llamada Josefa Marmadillo, mejor conocida como doña Pepa y que debido a una parálisis en los brazos por una embolia fue liberada por sus amos, lo que le causo gran aflicción pues no sabía cómo se iba a mantener si no podía utilizar sus manos. Movida entonces por la devoción al Señor de los Milagros, decidió ir se rodillas desde el templo de Nazarenos donde se venera la imagen hasta la catedral. Durante todo el camino no cesó en sus oraciones y súplicas y cuando iba poco más de la mitad del camino sintió un fuerte dolor en el pecho y sintió como sus brazos y manos recobraban la fuerza y el movimiento. La mujer no paraba de la emoción publicando a grandes voces el milagro que se había efectuado en ella. La mujer estaba deseosa de agradecerle al Santo Cristo el milagro con algo que aumentara el fervor y se dice que en sueños recibió la receta de un dulce, que desde entonces y hasta la actualidad es conocido como “los turrones de doña Pepa” y que son el dulce tradicional por excelencia del mes de octubre y de las fiestas del Señor de los Milagros.

En la parte posterior de las andas de la imagen del Señor de los Milagros se hizo pintar hacia 1747 la imagen de la Virgen de la Nube, sobre la Virgen de la Merced que ya existía en honor a la fundadora del convento que era de origen ecuatoriano.

El 15 de octubre de 2005, se nombró al Señor de los Milagros como Patrón de los Peruanos Residentes y Inmigrantes debido a que los peruanos que han emigrado a otros países siempre han llevado consigo al Señor de los Milagros y han extendido su culto. Debido a eso existen réplicas de la imagen en muchas partes del mundo como en la catedral metropolitana de la ciudad de México, en Madrid, Barcelona, Sídney, Roma, El Cairo, California, etc.

El Turrón de “Doña Pepa” dulce tradicional elaborado en honor del Señor de los Milagros de Lima.

El Señor de los Milagros es conocido con otros nombres, como El Señor de Pachacamilla, el Señor de las Maravillas, el Señor de los Temblores o el Cristo Morado, y debido a este último título es que al mes de octubre en Perú se le conoce como el “mes morado”. Como ya se dijo su fiesta principal es el día 28 de octubre, siendo ya desde el 18 de octubre del 2010 el Patrón de todo Perú, declarado así por el presidente Alan García.

André Efrén

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San Demetrio el Nuevo (o Basarabov), santo patrono de Bucarest

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Icono ortodoxo búlgaro del Santo, rodeado de escenas de su vida.

Entre los santos venerados de manera muy especial en Rumania, se encuentra San Demetrio el Nuevo de Basarabi (o más correctamente, Basarabov), también conocido como Demetrio de Bucarest donde se le honra de manera muy particular. Es el santo patrono de Bucarest y de toda Valaquia.

Tres historias sobre San Demetrio el Nuevo
No existen muchos datos sobre la vida de San Demetrio el Nuevo. En “La vida de los santos rumanos” se dice que nació en Basarabov, que es un pueblo búlgaro, no lejos de la ciudad de Russe, en el valle del río Lom. Probablemente, sus padres eran simples campesinos rumanos de Valaquia, tal y como lo menciona la Enciclopedia Ortodoxa Rusa (Pravoslavnaja Encyklopedia). Vivió en el siglo XIII, durante el segundo Imperio Búlgaro (1187-1396). La tradición dice que era un fiel creyente desde su infancia y que ayunaba y oraba frecuentemente. Según cuenta una historia, durante su juventud, una vez cuando llevaba a pastar a las ovejas de su familia, pisó accidentalmente un nido de pájaros, matando algunos pajarillos. Él consideró esto como un asesinato, por lo que decidió no llevar zapatos ni calcetines durante tres años en su pie izquierdo – incluso en tiempos de calor o de heladas –; ya que con este pie había pisado a los pajaritos.

Siendo joven, ingresó en un monasterio cercano a su pueblo y, más tarde, se retiró a un bosque cercano para llevar vida solitaria. Finalmente encontró refugio en una cueva junto al río Lom, donde vivió el resto de su vida. Supo de antemano la fecha de su muerte y se colocó entre dos pilares de rocas en la cueva y así, entregó pacíficamente su alma en las manos de Dios. Así, San Demetrio permaneció sin ser descubierto, ya que en unas inundaciones, las aguas del río Lom cubrieron su cuerpo con depósitos de barro y de piedras. Pasados muchos años, una nueva inundación del río llegó hasta la cueva arrastrando las aguas las reliquias del santo, que quedaron abandonadas en algún lugar cercano a las aguas. Entre los del lugar, se corrió el rumor de que diferentes personas habían visto de noche unas llamas o luces, un fenómeno que es percibido en la Europa del Este como una señal de que algún tesoro estaba escondido.

Vista exterior del monasterio rupestre de Basarabov (Bulgaria).

De todos modos, el santo se apareció en sueños a un joven epiléptico diciéndole el lugar donde estaba y que si él lo encontraba, se curaría. El joven contó el sueño a sus padres y rápidamente, un gran número de personas fueron al lugar indicado en el sueño. Allí encontraron los restos incorruptos del santo. El joven sanó de inmediato y el cuerpo sagrado de San Demetrio fue puesto en un ataúd en la iglesia de Basarabov. Como sigue contando la historia, ocurrieron allí otros muchos milagros.

Existe otra variante de la biografía de San Demetrio, que fue escrita por Paisio de Hilandar, un monje búlgaro del Monte Athos (1722–1773) en su “Historia eslavo-búlgara” (Istoriya Slavyanobolgarskaya, acabada en el año 1762 en el monasterio Zografu). El capítulo noveno de este libro está dedicado a los santos búlgaros y la sección 29, está dedicada a San Demetrio. Según esto, él fue un simple laico que poseía varias ovejas y un pequeño viñedo en la orilla del río y que vivía en una choza situada entre unas rocas cercanas al mismo. Llevaba una vida solitaria y allí murió y fue sepultado. Paisio sugiere que el santo murió en el año 1685 y que sus reliquias fueron descubiertas por algunas personas más tarde, que las llevaron a Basarabov, cerca de Svistov, en la diócesis de Tarnovo. Paisio dice también que San Demetrio realizó numerosos milagros en aquella localidad.

Pero también existe una tercera leyenda, registrada en la Enciclopedia Ortodoxa Rusa. De acuerdo con ella, San Demetrio estaba casado pero no tenía hijos y después de la muerte de su esposa, entró en un monasterio de la localidad y fue tonsurado como monje. Allí trabajó con gran diligencia, amando las vigilias, el ayuno y la oración. Anticipándose a la hora de su muerte, dejó el monasterio y se fue a la orilla del río, se encajó entre dos rocas como si fueran su sepulcro y allí se durmió en el Señor. Y la historia continúa contando el resto de la primera leyenda. La novedad en esta tercera versión es que San Demetrio estuvo casado.

Vista de una de las celdas del monasterio rupestre de Basarabov (Bulgaria), donde se cree que vivió el Santo.

El Synaxarion rumano, que reproduce la primera historia, informa de un primer intento de conseguir las reliquias de Basarabov. Uno de los voivodas de Valaquia (no se menciona el nombre) lo intentó, ordenando a algunos nobles que fueran allí y se llevaran las reliquias en un carro, pero que estando ya en la ciudad fronteriza de Russe, los bueyes uncidos al carro se pararon en seco. Pasado un tiempo, como no conseguían mover a los bueyes, decidieron dejar las reliquias en las manos de Dios. Pusieron dos nuevos novillos al carro y los dejaron solos y ellos volvieron al centro del pueblo de Basarabov donde se detuvieron. Interpretaron que el santo no quería salir de su patria.

Las reliquias permanecieron en la iglesia del pueblo hasta el año 1774. En este año, el general ruso Petr Saltykov, durante una guerra con los turcos, decidió coger las reliquias para que no fueran profanadas, teniendo la intención de llevarlas al monasterio de las Lauras de las Grutas de Kiev, pero en el camino, en Bucarest, el comerciante Hagi Dimitrie, que era un macedonio-rumano (Vlach de Macedonia), los convenció para que las santas reliquias quedaran en Valaquia, a fin de consolar al pueblo por lo que había sufrido durante la guerra. El general se dejó convencer aunque se llevó una mano del santo a la Laura de las Grutas (Lavra Pecerska). El resto, desde el 13 de julio de 1774, quedó desde entonces en la catedral metropolitana, siendo recibidas por el metropolita Gregorio de Valaquia (1760/1787). Las crónicas interpretan como un milagro de San Demetrio el hecho de que la guerra y la peste que entonces existían, terminaran de repente. En 1792, el metropolita Filareto II (1792-1793) proclamó a San Demetrio Basarabov como santo patrono de Bucarest.

Fotografía de la Divina Liturgia oficiada frente a las reliquias del Santo con ocasión de su festividad, el 27 de octubre de 2010. Bucarest, Rumanía.

Algunos milagros atribuidos al santo
Entre los milagros, existen algunas historias de personas que trataron de coger algunos fragmentos de sus sagradas reliquias. Como anterioridad el santo había estado en Bulgaria, durante una peregrinación, un diácono del metropolita Nikifor de Tarnovo quiso coger alguna pequeña porción y al intentarlo, quedó paralizado y no pudo moverse hasta que confesó lo que pretendía hacer.

Lo mismo ocurrió con dos mujeres de Cernavoda, llamadas Aspra y Catalina, que se las arreglaron para construir una iglesia en honor de la Asunción de la Virgen en su ciudad. Ellas querían un trocito de las reliquias para su iglesia y de alguna manera se las arreglaron para “robar” una pequeña pieza. Los bueyes que llevaban la carreta donde ellas se montaron al marchar, no se movieron hasta que ellas devolvieron la reliquia y confesaron su pecado.

En este mismo período de tiempo, el obispo Ioanikij de Preslav estaba muy enfermo y lo llevaron en una camilla hasta donde estaban las santas reliquias. Después de escuchar la Sagrada Liturgia en la iglesia, se despertó solo logrando caminar por si mismo, alabando a Dios.

Vista actual del sepulcro del Santo en la catedral de Bucarest, Rumanía.

En Bucarest, San Demetrio es celebrado por otros milagros. En el año 1815 hubo una epidemia de peste y el príncipe Ioan Gheorghe Caragea (1812-1818) ordenó sacar las reliquias en procesión por las calles; la epidemia desapareció de repente. Lo mismo ocurrió durante la gran sequía del año 1827 y durante la epidemia de cólera de 1831. Otra enfermedad fueron unas anginas generalizadas entre la población, que ocurrieron el 1 de mayo de 1870 debido a unos pantanos cercanos a la capital. El General Dimitrie Papazoglu, que escribió la historia de Bucarest, señaló que en aquella ocasión, las reliquias salieron de la catedral guiadas por el hieromonje Ieronim, que las llevó a la ciudad de la iglesia “Foişor”. Durante un día y una noche, las reliquias permanecieron en aquella iglesia, las nubes de mosquitos desaparecieron y todos los enfermos se curaron al unísono. Existe una litografía pintada por G. Venrich, que representa este evento y que está dedicada al hieromonje Ieronim.

Las peregrinaciones para visitar la urna de las reliquias de San Demetrio se desarrollan anualmente el 27 de octubre, dos días después de la celebración del conocido San Demetrio de Tesalónica. Durante la etapa comunista las peregrinaciones estaban prohibidas, pero aun en este difícil período de tiempo, numerosas personas iban a venerar al santo.

Un milagro más reciente es relatado por Iustin Bulimar, un hieromonje que aun continúa al servicio de la catedral y que en una entrevista dijo: “En el año 1989, después de administrar la santa unción, observé a un creyente que muchas veces veía participando en este Santísimo Sacramento y en los demás servicios de la Iglesia y que siempre se quedaba el último venerando (a San Demetrio). Un día, como de costumbre, subió adonde están las reliquias, pero ¿por qué era él el último que se quedaba para venerarlas? Porque él caminaba con muletas y dejando las muletas lejos, se fue a la veneración con la intención de recogerlas después de orar (tengo que aclarar que el lugar es muy estrecho y cualquiera puede caminar apoyándose en las barandillas). Como pudo se hincó de rodillas y se produjo el milagro: el hombre se levantó, se inclinó y bajó las escaleras. En aquel momento no se dio cuenta de que se le habían olvidado las muletas y en ello cayó al bajar la colina del Patriarcado (la catedral está sobre una colina); entonces se dio cuenta de que había sucedido un milagro y se volvió llorando dando gracias a Dios y a San Demetrio”. El Patriarca Teoctisto de Rumania declaró que aquello pudo ser obra del santo y no permitió que los comunistas destruyeran la catedral, como lo tenían previsto en los años ochenta.

Catedral metropolitana de Bucarest, Rumanía, donde se veneran las reliquias del Santo.

La veneración del santo
Aunque ya era venerado desde hacía siglos y había sido proclamado santo patrono de Bucarest, San Demetrio fue canonizado oficialmente solo después de que lo decidiera el Santo Sínodo en el año 1955 en tiempos del Patriarca Justiniano Marina. Como un gesto de amor fraternal, el 27 de octubre del año 2005, el Patriarca Teoctisto de Rumania, a petición del Patriarca Maxim de Bulgaria, le regaló un icono que contiene una pequeña reliquia del santo y que se encuentra actualmente en el monasterio de San Demetrio en Basarabov, a unos ocho o nueve kilómetros de Russe, que es una ciudad a orillas del río Danubio.

Troparion (himno) de San Demetrio el Nuevo
“La imagen de Dios se ha conservado verdaderamente en ti, oh Padre Demetrio, porque cogiste tu cruz para seguir a Cristo. Al hacer esto, nos enseñaste a hacer caso omiso de la carne, ya que fallece, y en su lugar, cuidar el alma que es inmortal. Por lo tanto tu espíritu se alegra con los ángeles”.

Mitrut Popoiu

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