San Buenaventura de Bagnoregio, cardenal franciscano y Doctor de la Iglesia (III)

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El Santo con el hábito franciscano, el atuendo cardenalicio y los atributos de escritor. Lienzo de Claude François, “Frère Luc”.

Sus escritos
Son muy numerosos. Son seguras cerca de cuarenta y cinco obras, aunque con las inéditas, se llega a más de sesenta y cinco; y son de índole filosófico-teológicas, exegéticas, ascéticas y simples predicaciones. Fueron publicadas por la Orden Franciscana, en cinco grupos, en una edición crítica de Quaracchi, entre los años 1882-1902 y las mencionaremos someramente siguiendo los trabajos del padre Lorenzo Di Fonzo, franciscano conventual, presidente de la Pontificia Facultad Teológica de San Buenaventura, en Roma.

El primer volumen está formado por los “Commentarii in IV libros Sententiarum”, escritos entre los años 1250-1253, que son por sus contenidos, los comentarios escolásticos más importantes; el “Breviloquium”, escrito en 1256 y que es un compendio libre de sus sentencias teológicas; el “Itinerarium mentis in Deum”, escrito en 1259 y que se trata de un manual filosófico, teológico y místico que acompaña al hombre a través de las seis escalas de la ascesis hacia Dios, llegándose finalmente a la paz de la contemplación divina; “De reductione artium ad Theologiam”, que trata sobre la jerarquía entre las ciencias y la fe. La serie de tres cuestiones escritas entre los años 1254-1256: “De scientia Christi”, “De SS. Trinitate” y “De perfectione evangelica”. El “De X Praeceptis”, escrito en 1267 y el “In Hexaëmeron”, que es uno de los escritos más sublimes de la literatura cristiana. En este mismo volumen se publican cinco grandes sermones teológicos sobre la Santísima Trinidad, la Eucaristía y Cristo como Maestro.

En el segundo volumen se publicaron los comentarios exegéticos a los libros del Eclesiastés, Sabiduría y escritos de San Juan.
En el tercero, una serie de opúsculos ascéticos, como el “De triplici via”, que es un directorio de vida espiritual y de teología mística; “Lignum vitae”, dividido en doce capítulos y cuarenta y ocho meditaciones y que tuvo una gran influencia devocional, literaria, artística e incluso musical; la “Vitis mistica” que es una narración de la vida, pasión y Resurrección de Nuestro Señor y el “De sex alis Seraphim”. Este tomo también incluye otros escritos ascético-pedagógicos para los religiosos.

Detalle del Santo en su estudio. Reproducción de una tabla flamenca que se conserva en la parroquia de Bagnoregio (Italia), su ciudad natal.

En el cuarto tomo se incluyeron una quincena de escritos franciscanos, oficiales y legislativos, históricos, expositivos y apologéticos, relacionados todos con la Regla franciscana y entre los cuales, destacan: “Constitutiones” publicadas tras el Capítulo General de Narbona en el año 1460; la “Expositio Regulae”, publicada en 1257; la “Apología pauperum”, en 1270 y que es la obra más perfecta de la literatura franciscana; la “Legenda maior S. Francisci” o vida de San Francisco y la “Legenda minor” o coral, publicadas ambas en la Analecta franciscana X (1926-1941).

Y por último, en el quinto tomo se publicaron sus sermones, divididos en cuatro series: “De tempore”, “De sanctis”, “De B. V. Maria” y “De diversis”. Se sabe que otros muchos sermones se han perdido o han sido difíciles de identificar como obras suyas. Digamos que son obras apócrifas, que han tenido gran difusión y que incluso se les han adjudicado, en las que trata temas dogmáticos, morales, biográficos, etc.

Su doctrina
Aunque es dificilísimo sintetizar como un sistema unitario toda la doctrina filosófica, teológica y mística de San Buenaventura, dándole un gran valor especulativo y religioso y asignándole al santo un puesto especial en la historia, no solo de la Escolástica, sino de todo el pensamiento humano y cristiano en general, podemos atrevernos a decir que su síntesis doctrinal está plenamente formulada en sus obras filosóficas y teológicas y en un grupo importante de sermones anteriores al año 1257. Este pensamiento es confirmado en escritos posteriores que lo conectan a la gran tradición platónico-agustiniana, haciendo del santo el mayor representante de esta corriente filosófica, que ilustra y sostiene con ardor y convicción frente a la nueva tendencia aristotélica-tomista y a aquella averroísta-racionalista del siglo XIII.

El Santo en el Concilio de Lyon. Detalle de una tabla flamenca del siglo XIV.

San Buenaventura la enriquece con el aporte del ideal del movimiento franciscano, con la experiencia mística de San Francisco y con su propia visión de la vida. Él revive en sí mismo la experiencia de amor del Pobrecillo de Asís y la introduce en la corriente agustiniana, en términos metafísicos y teológicos, tendentes a iluminar la realidad concreta de la vida del hombre que está destinado a ser elevado a un orden sobrenatural, gracias al misterio de la Redención.

En su filosofía, sin negar la distinción especulativa entre la razón y la fe con sus respectivas competencias y certezas, sus métodos y sus principios, él ordena y considera las distintas ciencias en el plano concreto de la realidad cristiana, que para él es sobrenatural, es la única existente. Su filosofía es una auténtica filosofía cristiana que se sustenta en la teología y en la mística. Para él, todo conocimiento y certeza, parte y culmina en Dios, último fin sobrenatural. Para conseguir esto, el hombre se vale de la gracia y especialmente, de la Eucaristía. Cristo es el único camino hacia Dios, es el mediador universal y solo a través de la imitación de su amor, se llega a la contemplación de la divinidad.

La posibilidad de este camino o itinerario filosófico-cristocéntrico nos viene dada en su “analogía” universal, por la cual, todo es vestigio, todo es imagen o semejanza de Dios que es la razón última y metafísica. Este es un concepto fundamental de la metafísica de San Buenaventura, que se funda y justifica en esta “analogía”, que es sobre todo, una analogía de la Santísima Trinidad, que es creadora y que está presente en todas sus criaturas. Él es un clásico de la “analogía de la fe”, más que de la “analogía de la entidad” que era la defendida por Santo Tomás. Él lo concretiza en varias tesis características, como la iluminación y la intuición analógicas, la cual no excluye la abstracción aristotélica. Se puede decir que San Buenaventura conoce bien a Aristóteles y utiliza todos sus sanos principios, pero su visión es más amplia de la realidad concreta del hombre y del mundo, lo que hacen que él sea el filósofo cristiano y místico por excelencia, que condena con decisión los errores aristotélicos, consistentes en la abstracción e insuficiencia – al menos de facto – de la filosofía pura, separada de la luz, del control y de los complementos necesarios de la fe.

Detalle del Santo en un fresco de la Iglesia de Todos los Santos de Florencia, Italia.

La teología de San Buenaventura, elaborada sobre los trabajos de San Agustín y de otros Santos Padres de la Iglesia, especialmente los griegos, con los diversos principios teológicos ya previamente definidos y acentuando la primacía de la voluntad y del amor de la contemplación terrena como un anticipo de la contemplación beatífica, presenta su doctrina sobre la Trinidad con una personal y particular amplitud y penetración, explicando cual fue la obra redentora de Cristo.

En el tema mariológico es uno de los escritores escolásticos más prolíficos, escribiendo de manera muy particular sobre la Maternidad Divina de María, sobre su Mediación universal y su Realeza. En el meollo de su teología está la proposición a que imitemos a Cristo y a María, ya que nadie puede ser santo, nadie puede salvarse, si no es a través de la mediación de Cristo y de María.

San Pío X, en el año 1904, decía de él que su “teología mística” ocupaba un lugar preeminente entre los escolásticos medievales y entre los teólogos de todos los tiempos. Ella se distingue no sólo por el tratamiento rico y completo que da a esta rama de la teología, sino también por su intencionalidad de hacer que todas las ciencias y conocimientos, tuvieran como meta suprema la contemplación divina, tesis que expone de manera muy particular en su obra “Itinerarium”, donde traza un programa completo y fascinante sobre la ascesis mística.

Partiendo de la descripción del estado primitivo del hombre y de su caída original, San Buenaventura establece en primer lugar y de forma dogmática, la esencia y la estructura de la vida sobrenatural, que es fundamental para la recreación de las almas por medio de Cristo y de su gracia; gracia santificante y sacramental que con el cumplimiento de las llamadas virtudes infusas (fe, esperanza y caridad), de los dones del Espíritu Santo y de las bienaventuranzas, contribuyen a que el hombre internamente se perfeccione, contando siempre en su defensa con la ayuda divina.

Escultura barroca del Santo en un retablo del Monasterio de Santa Clara de Estella, Navarra (España).

El camino para llegar a la perfección y a la contemplación se desarrolla en tres direcciones: purgativa, iluminativa y unitiva, que son como tres grados de perfección espiritual, que no se viven de manera sucesiva, sino paralelas. Cristo es la meta y para llegar a Él hay que alimentarse con la meditación en la Pasión de Cristo (vía purgativa), con la oración e imitación de Cristo (vía iluminativa) y con su contemplación y la Eucaristía (vía unitiva). Así, nuestra voluntad se une íntimamente a Cristo, místicamente morimos y salimos desde las tinieblas a la luz. De esa manera, él concluye un sistema compacto e integral, que no es solo el camino ascético de un cristiano, sino un camino místico.

San Buenaventura escribe también sobre pedagogía, sociología, moral, teología de la historia… y lo hace a la luz de la más alta especulación cristiana; es el verdadero cumplimiento de la síntesis doctrinal cristiana, es el punto culminante donde beben todos los teólogos posteriores a él y es por eso, por lo que los Papas lo ponen como ejemplo: Sixto V, León XIII, San Pío X, Benedicto XV… Junto con Santo Tomás de Aquino es uno de los santos teólogos más apreciados. Jean Charlier Gerson, teólogo francés de los siglos XIV-XV, que estudió su obra en profundidad dice que “es el Doctor más completo, piadoso y seguro que instruye de tal forma, que al mismo tiempo, ilumina y caldea el alma”.

A San Buenaventura, que es llamado el Doctor seráfico, se le reconocen otras muchas cualidades doctrinales: un alto sentimiento pedagógico, un admirable espíritu de síntesis y una potente inspiración mística y poética. Sus escritos están llenos de calidez y de una gracia que le es característica y sus exposiciones son de un estilo limpio y sereno, con abundancia y vivacidad de imágenes, fórmulas y símbolos, con una riqueza de palabras tan sorprendente, que hacen de él, un clásico entre los autores escolásticos, un estilista y un verdadero estratega de la palabra y de las ideas. La armonía admirable de su espíritu se refleja tanto en sus escritos como en todos los actos de su vida, que estuvo perennemente irradiada por la luz de Dios.

Detalle del Santo en una tabla gótica de Vittore Crivelli (s.XIV).

Proclamación como Doctor de la Iglesia
Contrariamente a lo que se dice, fue realmente el Papa Sixto IV el que al canonizarlo, intencionadamente, en la bula de canonización lo llamó el “Seráfico entre los santos pontífices y doctores de la Santa Iglesia” y le asignó una festividad y un oficio litúrgico “veluti pro uno confessore pontifice et doctore”. Un siglo después, el Papa Sixto V, repitiendo lo que había hecho Paulo V con Santo Tomás de Aquino, con la bula “Triumphantis Hierusalem” del 14 de marzo de 1588, en la Iglesia romana de los Doce Santos Apóstoles, recibió al santo franciscano “inter praecipuos et primarios” Doctores de la Iglesia Latina, llamándolo expresamente “Doctor Seráfico”.

Hay que hacer notar que en esta misma bula y en el Consistorio realizado seis meses antes, el Papa Sixto V manifestó claramente que de “iure” el santo había sido incluido entre los Doctores de la Iglesia por el Papa Sixto IV. Así que después de haber conseguido el consentimiento expreso de todos los cardenales y teólogos, emitió la bula a la que anteriormente hemos hecho referencia. El Papa escogió expresamente la fecha del 14 de marzo porque era la fecha del traslado de su cuerpo, en la cual, pronunció un memorable discurso el célebre doctor francés Maurice Bressius. El mismo año, el Papa Sixto V, dio el nombre de San Buenaventura a una maravillosa nave de la flota pontificia.

Para conocer la iconografía de San Buenaventura, me remito a este artículo.

Antonio Barrero

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20 pensamientos en “San Buenaventura de Bagnoregio, cardenal franciscano y Doctor de la Iglesia (III)

  1. guuuuaaa!!
    Me encanto esta trilogia dedicaba a este gran Santo cuya culto lo extendieron los evangelizadores franciscanos por mi localidad y muchos de sus escritos en la Eucaristias son meditados en el Ritual de la adoración nocturna, confieso que sabia cosas muy generales de el pero con estos articulos ha sido un deleite profundizar en su vida y obra!
    Saludos!

  2. Sin contradecir a Sixto IV con su peculiar forma de llamar a nuestro santo, pero bien prefiero a San Bernardo de Claraval (Clairvaux) que a San Buenaventura (sin quitarle a éste último sus méritos y obras) en cuando a sus escritos.

    Regresando algo sobre las reliquias tampoco quiero que se fragmenten los cuerpos si es que están incorruptos. Pero sacar algún pequeño fragmento no está por demás.

    • Emmanuel,
      Sobre los gustos no hay nada escrito. Verás que yo no comparo a San Buenaventura con San Bernardo. Supongo que habrás estudiado a fondo las obras completas de ambos santos para definir de tal modo tu preferencia, que es cosa de respetar, por supuesto.

        • Disculpen que meta la cucharota verdad?…. jejeje… pero creo que todos los Santos y mas estos llamados por la Iglesia como sus doctores todas su obras son buenes por que biene de una sola fuente que es Cristo! claro podemos tener nuestras preferencias por uno o por otro y creo que no es malo por ejemplo yo podria decirte Emannuel que de los Doctores en mi humilde opinion lo máximo es mi San Alfonso Maria de Ligorio jajaja en fin Saludos….

  3. Yo no soy muy aficionada a los textos teológicos ni doctrinales porque la mayoría de las veces se me antojan una cantidad de divagaciones teóricas cuya complejidad llega a la hipertrofia, de resultas que acaban diciéndome poco o nada. En este sentido, las dos Santas Teresas que también son Doctoras de la Iglesia escribían de forma más sencilla y amena. Desde luego, nada como el Evangelio, claro.

    Por otra parte no deja de hacerme gracia el interés de basarse en Aristóteles, pero “corrigiendo sus errores”. ¿Qué errores? El problema que tienen con Aristóteles es que les encanta como filósofo, lo sienten cercano y coherente con sus pensamientos, pero no lo pueden aceptar sin más porque era “pagano” y había que corregirlo de alguna manera. Si quitamos esos reparos, en cierto modo tendenciosos e interesados, realmente Aristóteles tiene la misma cantidad de errores que ellos o que cualquier otro: ninguno, o muchos, dependiendo del cristal con que se mire.

    Pasa lo mismo en la Edad Media con los médicos: los mejores y más avanzados de la época fueron los judíos y sobretodo, los árabes. Los cristianos no les llegaban ni a la suela del zapato, restringidos por las limitaciones de la moralina cristiana. Pero nadie en la sociedad cristiana europea les reconoció nunca sus valiosas aportaciones, por estar estigmatizados como “infieles”. Eso sí, el rico que podía permitírselo, siempre que hacía falta antes llamaba a un judío o un árabe que a un cristiano.

    • Pero si tu misma lo estás reconociendo Ana María, reconoces que fueron los mejores médicos. Así que ya no podemos decir que nadie en la sociedad europea los reconoció como tales. 🙂

      Ha de ser por orgullo, ignorancia, o por el hecho de que sean paganos no los reconozcan.

      En cuanto a lo que dices de las Teresas Doctoras de la Iglesia a mi también me gusta la forma ne la que escribieron. Y que pena en cuanto a Aristóteles que aún no lo perdonan y tratan y tratan de cristianizarlo. ¿A caso no ha salido alguien brillante fuera del cristianismo?!!!!!!

      • Que yo sepa, nuestros santos escolásticos reconocían que Aristóteles era uno de los más grandes pensadores anteriores a ellos, pero ¡claro que su “gran error” era el no haber sido cristiano! ¡Pero es que tampoco pudo haberlo sido, porque nació en el siglo IV antes de Cristo!

        Nuestros santos teólogos medievales recogieron el aristotelismo para hacer una síntesis con la teología cristiana lo que llevó a convertirlo en un baluarte de la universidad que estaba tutelada por la Iglesia. Fue el Papa Urbano V quién mandó traducir sus obras y le declaró padre de la ciencia llegando incluso a rechazar como herética toda aquella doctrina que fuera contraria a la de Aristóteles!!! Pero no era cristiano y eso hizo que se intentara corregir algunos de sus “errores”. Nosotros aun seguimos reconociendo a Aristóteles como uno de los grandes pensadores de la historia, de la humanidad.

        Y estoy de acuerdo contigo, Ana Maria: para ser un gran hombre en todos los campos de las ciencias, las letras o las artes, no es necesario ser cristiano; ni siquiera, creyente.

        • Bueno, Emmanuel, yo estudio la Historia y mi cometido es ése, reconocer el papel ejercido por distintos sectores de la sociedad como agente dinamizador y cambiante, como motor de la Historia. Estoy hablando del reconocimiento en su época: todos los buscaban, porque eran los mejores, pero nadie se atrevía a reconocérselo porque eran infieles. Es triste que no se les haya hecho justicia hasta que apareció la buena historiografía, si ya no viven ya no les consuela; aunque bueno, más vale tarde que nunca.

          Antonio: claro que Aristóteles no podía ser cristiano por la cronología en que vivió; me refiero a que, les gustaba como agente sintetizador con la escolástica cristiana; pero decir que tiene “errores” (tela marinera) tiene como fundamento el estigma de ser pagano. A ojos de esos doctos medievales.

  4. Aunque como mi compañera y amiga Ana Maria tampoco soy muy aficionado a los textos teologicos y doctrinales te agradezco este articulo que es tambien muy interesante Antonio.
    Y sobre Aristoteles lo que ya habeis dicho,¿como iban a ver en el el error de no ser cristiano si nacio cuatro siglos antes que empezara el cristianismo?
    Creo que Emmanuel prefiere los escritos de Bernardo de Claraval,hay mucha gente en la actualidad (y antes) que lo ve como un “avivafuegos” por sus predicaciones contra los “infieles” y el estar metido en una de las cruzadas predicando para que se unieran a ella.

    • No me habéis entendido. No he dicho que crean que Aristóteles tenía errores por no ser cristiano porque no lo haya ubicado bien en el tiempo. Ellos, como yo, sabemos cuándo nació y vivió Aristóteles, faltaría más.
      Digo que no le hubiesen encontrado ningún “error” de haber sido cristiano. Los “errores” que dicen que le encuentran, se los encuentran sugestionados por el paganismo de Aristóteles.

      • Pues a mi no me dan yuyu jejeje pero tampoco me voy a poner a condenarlos. NO me parecen las cruzadas ni la inquisición y eso que mis hermanos dominicos anduvieron por esos caminos pero no fueron los únicos, tampoco me parecen aquellos que han predicado de una manera tan escandaloza a los que se les llama comúnmente herejes tratándolos como si fueran nada.

  5. Lo malo de llegar el último es que los mejores platos del banquete ya han desaparecido y uno se queda comiendo solo, jeje… En todocaso, incidir como hice en los dos comentarios anteriores en lo valiosa de esta trilogía en un santo que personalmente me parece que aportó mucho desde un punto de bista teórico y doctrinal a cuestiones mayores de la iglesia.

    • Salvador,
      “Los últimos serán los primeros”, pero claro está, que eso es en el Reino de los Cielos, porque aquí abajo, como te descuides lo llevas claro, jajaja.

      Y hablando en serio, es verdad que San Buenaventura es un santo que ha aportado muchísimo a la doctrina de la Iglesia; por algo se le declaró Doctor. No ha sido fácil escribir sobre él, pero con la inestimable ayuda de los escritos del Padre Lorenzo Di Fonzo y con unas buenas tijeras, ha sido posible.

  6. ¡Saludos! Antes que nada, les felicito por estos aportes que aumentan nuestro conocimiento de las vidas de hombres y mujeres santos de todos los tiempos y que nos sirven de ejemplos en su humanidad en su siglo y en el nuestro. Debo admitir que San Buenaventura no es uno de mis santos de devoción, aunque sí reconozco su papel en la estructuración de la Orden en tiempos tan difíciles como la polémica tan agria entre los “espirituales” y los “conventuales” -sé que este adjetivo es más moderno- que terminó dividiendo la orden varios años después. Me gustaría hacer una observación: El capítulo de París -posterior al Capítulo General de 1263- decretó que la biografía escrita por Buenaventura fuese la única autorizada a ser leída y las anteriores -1 y 2 de Celano y La Leyenda de los tres compañeros, atribuida a los escritos de Fray León y sus amigos Ángelo y Rufino- ¡condenadas a ser destruidas! ¿Por qué razón? En estos primeros trabajos queda reflejado el estilo primitivo de vida que Francisco quiso para sus hermanos: Oración, vida en comunidad, trabajo, pobreza, limosna (vivir sin ingresos ni convento propio) y el cuidado y atención a enfermos y despreciados por la sociedad (Leprosos y ladrones) a ejemplo de Cristo; lo que sin duda daría más alas y armas a los espirituales (que también cometieron sus errores) para desacreditar las reformas y atenuaciones capitulares y pontificias “en contra” del motivo original de vida minorita; cosas que Buenaventura se cuidó de omitir en su biografía. Se puede afirmar lo mismo de los trabajos de Tomás de Celano y de los Tres Compañeros. En “Las Florecillas de San Francisco” hay un relato muy curioso donde un grupo de frailes bebe completamente del cáliz que Cristo ofrece a Francisco y los suyos, y se transforman en seres de luz; los que lo derraman todo se convierten en seres feroces y oscuros, y los que medio lo beben y medio derraman ya sabrán, y entre estos últimos se encuentra Buenaventura 😉 Al buen entendedor…

    En fin, esta es mi muy particular observación -he leído algunos trabajos biográficos e investigaciones recientes sobre Francisco y su orden- mas no soy un consumado historiador, y como tal pude haberme equivocado y por ende se esperan réplicas y observaciones.

    Bendiciones a todos desde México.

    • Alejandro, gracias por tu comentario.

      Entre los puntos que formaban el programa de gobierno de San Benaventura, expuestos por él en la circular de 23 de abril de 1257, uno era el de establecer una observancia común de la Regla. Para ello no bastaban las declaraciones obtenidas de Roma. San Francisco continuaba siendo la Regla viva, pero cada fraile (que sabes que estaban divididos en dos facciones), trataba de tener a San Francisco de su parte. La vida escrita por el Beato Tomás de Celano había servido en realidad para avivar el interés por las intenciones del Santo, pero no para aproximar los espíritus de los frailes. Era preciso dar a la Orden una interpretación oficial y única de la vida y del pensamiento de Francisco y a esto se debió el encargo dado a San Buenaventura por el capítulo general de 1260, para que redujera en una sola biografía definitiva cuanto se había escrito hasta entonces o se había transmitido por tradición oral sobre San Francisco. En 1263 pudo presentar al capítulo el fruto de su trabajo y el capítulo de 1266 le dio carácter oficial e impuso por obediencia a todos los religiosos la destrucción de todas las biografías anteriores.
      Y hay que recordar que San Buenaventura se basó principalmente en la biografía escrita por Tomás de Celano, aunque añadiendo algunos milagros más. La intención era tener oficialmente una sola biografía para que unos y otros, basándose en las anteriores, “no arrimasen el ascua a su sardina”. Y esta nueva biografía fue la que le sirvió a Giotto para pintar sus frescos sobre la vida de San Francisco.

      En cuando a lo relatado en el capítulo 48 de Las Florecillas, recordarte que este capítulo es muy polémico y a San Buenaventura se le representa de forma “bastante odiosa”; en el capítulo se recoge un relato que fue divulgado por Angel Clareno que era el jefe de los “espirituales”, que como sabes era un rebelde que estaba contra él y para mi, eso dice mucho. Se quiere malévolamente, demonizar a San Buenaventura.

      • Muchas gracias, Antonio. Muy completas tus observaciones y estoy de acuerdo. La obra de Francisco -no me gusta el “San” porque siento que lo alejo de mí en cuanto a su humanidad- necesariamente cambiaría con el devenir del tiempo y ya en su propio tiempo ocurrió. La interpretación de su vida ocurre como con todos los maestros de la espiritualidad con el afán de legitimar un sistema o dar pie a reformas que rescaten el ideal original. Y sí, en el proceso se pierde mucho material antiguo, pero de haber cumplido a rajatabla el voto de obediencia, ni las biografías de Celano y la de los Tres compañeros -ningún otro manuscrito- se habrían conservado (puedo hacer una analogía con los evangelios canónicos y los apócrifos gnósticos), y eso fue gracias al fervor de los frailes espirituales. Claro, todo eso tú bien lo sabes.

        En fin, gracias por responder y por aquí me verán a menudo 🙂

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