San Cipriano, obispo mártir de Cartago

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Tabla del Santo obra del Maestro de Messkirch.

Pregunta: Hola, me gustaría saber más de la vida de San Cipriano, obispo de Cartago.Muchas gracias y saludos.

Respuesta: Supongo que sabrás que en su día (31 de octubre del 2010) publicamos un artículo sobre San Cipriano el Mago, que no debe ser confundido con este por el que tu preguntas. Mientras que sobre la existencia histórica de aquel hay sus más y sus menos, sobre éste no existe la menor duda y aunque su festividad se celebró el pasado mes de septiembre, hoy hablaremos de él.

Su nombre completo era Tascio Cecilio Cipriano y nació en Cartago, en el norte de África en el año 210 en el seno de una familia pagana muy rica, por lo que recibió una buena educación llegando a ser un maestro muy brillante en su propia ciudad natal. Como estaba relacionado con los ambientes aristocráticos, llevó una vida disipada y reprobable hasta que con más de treinta años de edad, por razones desconocidas, experimentó una importante crisis espiritual. El mismo nos lo cuenta: “Cuando estaba en las tinieblas y en la noche más profunda, cuando me balanceaba de aquí para allá en el mar borrascoso del mundo, sin conocer cual era el propósito de mi propia vida, lejos de la verdad y de la luz, sumido en mi miseria moral, parecía inalcanzable que la gracia del Señor me prometía mi propia salvación” (Ad Donatum de gratia Dei, 3, 4).

El mayor obstáculo para su conversión fue de orden moral: “¿Cómo es posible una transformación tan radical, cómo se hace para dejar todo aquello en que ha crecido conmigo y con el tiempo se ha convertido en una segunda naturaleza?”. Pero estando en esta tesitura fue orientado por el presbítero Ceciliano al que siempre profesó una profunda veneración “considerándolo no ya como un amigo, sino como un padre que me ha dado una nueva vida”. Se convirtió al cristianismo entre los años 245-248, se bautizó y llevó a la práctica los preceptos evangélicos, vendiendo gran parte de sus bienes patrimoniales para repartirlo entre los pobres, dedicándose apasionadamente al estudio de las Sagradas Escrituras y de las obras de Tertuliano, que influyeron posteriormente en su estilo y en su pensamiento.

En el mismo año 248 fue ordenado de sacerdote y solo un año después, al morir el obispo Donato de Cartago, fue llamado a sucederle por aclamación popular, pues los pobres recordaban su caridad. No obstante, la aversión hacia él de cinco presbíteros envidiosos por su riqueza, su talento y su diplomacia, le persiguió durante todo su pontificado.

Su ferviente actividad pastoral, siempre volcado hacia los pobres y los abandonados, su resolución para transformar algunas perniciosas costumbres y su defensa de la virginidad, hicieron que durante la persecución del emperador Decio fuera arrestado. Hasta entonces, los cristianos del norte de África habían vivido relativamente tranquilos, pero en el año 250, el emperador publicó un edicto que acababa con casi aquellos treinta años de tregua.

Detalle del Santo en una vidriera de la abadía benedictina de San Cornelio, Aachen (Alemania).

Muchos cristianos, por miedo, renegaron de su fe y el obispo Cipriano, fue buscado por una multitud de paganos a fin de echarlo a los leones. Cipriano no se dejó prender a fin de no abandonar a su Iglesia de Cartago que estaba convulsa por las deserciones y así, por inspiración divina y aconsejado por algunos amigos, huyó buscando un refugio cercano a la ciudad desde el cual mantuvo una asidua correspondencia con su comunidad y con su clero, exhortándolos a perseverar en la fe y sugiriéndoles asistieran a los arrestados siendo prudentes para no poner en peligro a la iglesia local. Se conservan una veintena de estas cartas. Pero estos cinco presbíteros díscolos se encargaron de promover la discordia diciendo que Cipriano había huido debido a su cobardía e infidelidad a su Iglesia, haciendo llegar estos bulos hasta la mismísima Roma y consiguiendo que desde esta se enviara una carta a Cipriano desaprobando su actuación. Cipriano respondió a esta carta explicando los motivos de su actuación, aclarando que no había abandonado a su pueblo y que estaba en permanente contacto a través de un diácono que le servía de intermediario.

Pero aun más grave fue la cuestión de los “lapsi”, es decir, de los cristianos renegados que posteriormente regresaron a la fe, permaneciendo en el interior de la propia comunidad cristiana de Cartago. Los cinco presbíteros opositores, capitaneados por Novato y ayudados por el rico Felicísimo, además de incitar a los fieles contra su obispo, sostenían que era suficiente la recomendación de “un confesor” para que un renegado fuera readmitido a la comunidad cristiana. Eso permitió que ellos mismos readmitieran en la iglesia a muchos “lapsi” que realmente no estaban arrepentidos de haber renegado de su fe. Contra este movimiento que atacaba en su propia base la autoridad del obispo, Cipriano reaccionó con firmeza excomulgando a los rebeldes salvo en caso de muerte; en respuesta, estos eligieron a un nuevo obispo en la persona de un tal Fortunato, enviando a Novato a Roma a fin de atraerse al clero romano hacia su propia causa. Había surgido el cisma, pues el propio Novato, que solo era sacerdote, durante la ausencia de San Cipriano, había ordenado de diácono al rico Felicísimo que tanto les había ayudado.

También en Roma, por esta misma cuestión de los “lapsi” estalló un cisma incitado por Novaciano que había sido elegido en contraposición al Papa San Cornelio. Entretanto, después de catorce meses de ausencia, Cipriano regresó a Cartago, reunió un concilio de de unos setenta obispos norteafricanos en el cual estableció las normas a seguir para la readmisión de los “lapsi”, graduando el tiempo y la forma de penitencia a la que debería someterse personalmente cada uno según fuera la gravedad de su culpa. El concilio apoyó a Cipriano y condenó a Felicísimo. Los “libellatici”, que eran los cristianos que habían obedecido al emperador, podrían recibir la comunión pero después de un período de prueba y los “sacrificati”, o sea, los que habían ofrecido sacrificios a los dioses, sólo serían perdonados si estaban en peligro de muerte. Los clérigos rebeldes fueron depuestos.

San Cipriano, en su obra “De Lapsi”, cap.4, llega a decir: “Tengo el corazón destrozado y no puedo calmar mi dolor ni mi salud personal porque las heridas de mi grey son más profundas que las heridas del pastor. Yo uno mi corazón al corazón de cada uno y en la tristeza, me siento oprimido por un cúmulo de afanes. Junto con mis hermanos abatidos me siento también postrado”.

Los Santos Cornelio papa y Cipriano obispo junto a la Virgen y el Niño. Miniatura del siglo XVII en una libro alemán de heráldica.

Las disposiciones del concilio cartaginés, fueron aprobadas por Roma, donde había ocurrido algo parecido y se habían tomado las mismas medidas, aunque, sin embargo, Cipriano tuvo que seguir luchando contra las insidias de sus adversarios, combatiendo a los cismáticos no sólo en África, sino también en Hispania y en las Galias. Poco a poco, los escritos de Cipriano fueron tomando fuerza y sus oponentes la fueron perdiendo.

Su prestigio fue creciendo porque su actividad asistencial y pastoral fue en aumento como consecuencia de una serie de desastres que azotaron tanto a su diócesis como al resto del norte de África, especialmente la hambruna. Los bárbaros invadieron Numidia deportando en masa a la población por lo que ocho obispos africanos solicitaron la ayuda de Cipriano, el cual les envió doscientos mil sestercios recogidos en una colecta. Asimismo, entre el 252 y 254, África fue devastada por la peste, invadiendo los pueblos y aterrorizando a las gentes y ante todas estas desgracias, Cipriano no se limitó a inculcar el sentido de la caridad entre sus fieles, sino que los animó a atender las necesidades de los desamparados, organizándolos con diligencia y solidaridad, requiriendo de cada uno según sus aptitudes y condición social y sin hacer distinción entre los necesitados, ya fueran cristianos o paganos.

Y para colmo se cernía la amenaza de una nueva persecución por parte del emperador Treboniano Gallo, el cual, para combatir la peste – que creía era un castigo divino – ordenó que todos los habitantes de su imperio ofrecieran sacrificios a los dioses. En Cartago, la ausencia del obispo en estas ceremonias suscitó violentas protestas entre los paganos, pero volvió pronto la calma.

En Roma, al Papa San Cornelio le sucedió San Lucio I y a este, San Esteban I, el cual se enfrentó con San Cipriano, intentando imponerle que la Iglesia de Roma no solo tenía una autoridad moral sobre todas las Iglesias, sino también una autoridad jurídica. Esto hizo que las Iglesias africanas rompieran con Roma hasta que murió el Papa San Esteban I. San Esteban, basándose en el texto evangélico de Mateo, 16, 13-20, quería imponer sus argumentos, pero San Cipriano le respondió que de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia, todos los obispos eran iguales y cada uno de ellos encarnaba en su diócesis la figura de San Pedro. Esta posición fue respaldada por todos los obispos africanos y los del Asia Menor.

Relicario de San Cipriano venerado en el seminario de Moissac, Francia.

A principios del año 255 se inició una nueva controversia que llegó a asumir tonos muy dramáticos. Un laico llamado Magno, propuso a Cipriano la cuestión de si los que habían sido bautizados por sacerdotes cismáticos, debían ser rebautizados. San Cipriano respondió reiterando el uso de la Iglesia africana que no consideraba válido el sacramento administrado por un hereje y en esto también chocó con el Papa San Esteban I que mantenía la tesis contraria siempre que el bautismo hubiera sido administrado en el nombre de las Tres Divinas Personas. Cipriano consideraba que fuera de la Iglesia no podía haber verdadero bautismo, luego los bautismo administrados por herejes, eran nulos, aunque cuando un clérigo hereje había sido bautizado perteneciendo a la Iglesia y después de haberla dejado, haciendo penitencia deseaba volver a su redil no los rebautizaba.

Esta postura romana no gustó a dieciocho obispos de Numidia, que quedaron perplejos por el uso romano de admitir a los bautizados por sacerdotes herejes con una simple imposición de manos y unción con óleo, por lo que sometieron sus dudas al concilio cartaginés. Después de legitimar la usanza africana, el concilio de los setenta obispos celebrado en Cartago en mayo del 256, aprobó por unanimidad una resolución en tal sentido y se la comunicó al Papa San Esteban, afirmándole que el episcopado africano no intentaba imponer a nadie su modo de juzgar, pero que tampoco aceptada de nadie que intentara cambiar sus normas. Los obispos africanos se alineaban con Cipriano, entre ellos, el poderoso Firmiliano, que era obispo de Cesarea Maritima. El Papa Esteban escribió a Cipriano reiterando la supremacía de Roma y amenazándolo con la excomunión, pero éste le contestó que la autoridad del obispo de Roma tenía que estar coordinada con la suya, pero que no era superior. Los ánimos se calmaron al intervenir el obispo Dionisio de Alejandría como moderador entre ambos.

En este momento, haré un paréntesis: la Iglesia Católica, actualmente, mantiene la posición de que el sacramento del bautismo es válido aunque sea administrado por un hereje e incluso por un ateo, siempre y cuando se haga utilizando la fórmula sacramental correcta. Sin embargo, las Iglesias Ortodoxas, rechazan esta práctica manifestando que sólo es válido el sacramento, cuando se realiza dentro de dicha Iglesia. Un católico que desease convertirse a la ortodoxia, tendría que ser rebautizado. La Iglesia Católica defiende la posición de San Esteban I, mientras que la Iglesia Ortodoxa digamos que defiende la posición de San Cipriano de Cartago.

Urna-relicario con los restos de los Santos Cornelio y Cipriano, venerada en Ninove, Bélgica.

Pero sigamos con el artículo. San Esteban I murió mártir el 2 de agosto del año 257 y el mismo mes comenzó la persecución de Valeriano contra los cristianos. San Cipriano preparó a sus fieles con su “De exhortatione martyrii”, pero el 30 de agosto, como consecuencia de este edicto imperial, San Cipriano fue interrogado por el procónsul Aspasio Paterno negándose a ofrecer sacrificios a los dioses, por lo que fue desterrado a Curubios, un lugar no demasiado lejos de Cartago. Allí, aunque angustiado por no estar con sus fieles, llevó una vida relativamente tranquila, fue confortado por la cordialidad de los habitantes del lugar y por las frecuentes visitas de algunos cristianos cartagineses y aun de su amigo el diácono Poncio, que es quién escribió su primera biografía. En Curubios, siguió escribiendo y después de un año de exilio, el nuevo procónsul Galerio Máximo, le ordenó volver a Cartago. Allí se encontró con la noticia de un nuevo edicto imperial que imponía la pena de muerte contra los cristianos. Especialmente, se puso en el punto de mira a los cristianos más destacados, entre ellos a los obispos, presbíteros, diáconos y seglares más influyentes.

Cipriano se dio cuenta rápidamente de la gravedad de la situación sobre todo cuando se enteró de que en Roma había sido martirizado el Papa San Sixto II, sucesor del Papa San Esteban I. El 13 de septiembre, San Cipriano fue conducido a la villa del magistrado Galerio, pero este estaba indispuesto por lo que la audiencia fue pospuesta al día siguiente. Durante la noche estuvo detenido en las dependencias de un oficial en torno a la cual se agolpó un numeroso grupo de cristianos. El interrogatorio del 14 de septiembre se desarrolló en la sala de audiencias del procónsul: le propusieron sacrificar a los dioses, él se negó rotundamente por lo que fue condenado a morir decapitado. Él respondió: “Dios mío, te doy las gracias”.

El relato de la ejecución es descrito minuciosamente por su amigo Poncio: “Cipriano fue conducido al campo de Sexto y le quitaron el manto. Allí se arrodilló sobre la tierra postrándose ante el Señor en profunda oración. Se despojó de su dalmática que entregó a unos diáconos, se quedó con la túnica de lino y se dispuso a esperar al verdugo. Habiendo llegado éste le pagaron veinticinco monedas de oro. Los hermanos arrojaron alrededor suyo pañuelos y servilletas y él, voluntariamente, se vendó los ojos y al no poderse atar las muñecas, el presbítero Julián y un subdiácono le ayudaron. Así, el bienaventurado Cipriano sufrió el martirio”. Los cristianos recogieron el cuerpo y le dieron sepultura en una localidad situada en la vía Messaliense.

Detalle del Santo en la hornacina de la iglesia de Cobeña, Madrid.

Terminadas las persecuciones, cercano al lugar del martirio fueron construidas varias iglesias, que fueron destruidas por los vándalos. El emperador Carlomagno trasladó sus reliquias a Francia estando distribuidas entre varias ciudades francesas, belgas y Venecia, aunque la mayor parte de las mismas se encuentra en la Abadía de Compiègne.

El aniversario de la muerte del santo obispo mártir comenzó pronto a celebrarse no solo en Cartago, sino en toda África, Roma, Constantinopla, las Galias e Hispania. Su intensa vida, su dedicación a su grey y su muerte gloriosa hicieron que su culto se propagara rápidamente. En Cartago se le construyeron tres basílicas: una sobre el lugar del martirio, otra sobre su tumba y una tercera cercana al puerto.

Sobre San Cipriano, obispo mártir de Cartago podríamos seguir escribiendo, explayándonos especialmente en sus escritos dogmáticos, apologéticos, morales y cartas, así como en su doctrina, pero el artículo sería demasiado extenso, por lo que prometo hacerlo en otro artículo antes de que finalice este año.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

34 pensamientos en “San Cipriano, obispo mártir de Cartago

  1. Dear Antonio,
    excellent article. A great saint, important for his mission, his thaughts and the decisions which are since today so important and appliable. Important for his martyrdom.
    About the practices of rebaptizing of the ones baptized by the “heretics”, the Orthodox point of view is not exactly so. There are opinons, that the new-Orthodox shall receive only the sacrament of Eleos, if he was already baptized in the name of the Holy Trinity. Some priests, of course, procede to rebaptizing. The relative lack of a-single-opinion is a problem which constitutes a point in the planned future Panorthodox Synod. My opinion is, that the entrance in the Orthodoxy may need only the Unction with Oil (which corresponds in West with the Confirmation; in the East that usually happens a few minutes after baptizing the child). But this is my humble opinion. I may be wrong. Anyway the decision will be clear soon. The rigurosity of Cyprian characterizes specially the slavic Orthodoxy, though there are opinions like that in Romania and Greece, too.
    What is very important, that these differences to be motivated in every single individual case and made in the spirit of kindness and avoiding to provoke a scandal, which may go further to the loss of any soul. That means, every person shall receive not necesarily the same answer, but according to his conscience and in order to be won for Christ, and not scandalized.

    • Tu opinión personal sobre la validez o no del bautismo administrado por “un hereje” me parece muy prudente cuando dices que habría que ver cada caso y no generalizar y me alegra que el Próximo Sínodo Panortodoxo vaya a estudiar a fondo el tema, máxime cuando distintas Iglesias Ortodoxas puedan mantener posiciones distintas.
      Entiendo lo que dices sobre la administración del Sacramento de los Oleos (Confirmación). No se rebautiza, sino que solo se confirma.
      Gracias a ti, Mitrut por esta importante opinión.

  2. Muchas gracias Antonio por este fenomenal artículo sobre San Cipriano de Cartago. En relación con el tema tantas veces suscitado en este blog respecto a la heroicidad de quienes no han huido en las persecuciones y, por contra, de quienes si lo han hecho y por tanto son tachados de prófugos tengo mis dudas al respecto. Es cierto que determinados personajes tenidos por santos permanecieron en un lugar para dar asistencia o cobijo a hermanos que sufrieron torturas o persecuciones. Pero también es cierto que entregarse dócilmente a los perseguidores en un sentido de inmolación gratuita me parece insensato. Y es que, como dice la frase, “sólo los que huyen de una guerra son capaces de luchar en otra”…

    • Salvador,
      Es verdad que de “héroes” están llenos los primeros siglos del cristianismo, pero yo creo que abundaron infinitamente más quienes sensatamente hicieron todo lo posible por defender sus vidas y mantener viva la fe que habían heredado para poder transmitirla a quienes vinieran detrás de ellos.

      Además, es una postura muy humana y nada cobarde el protegerse de quienes te quieren hacer mal y más cuando lo haces, protegido, buscando las formas de mantener en la fe a la comunidad que, portándose normalmente, no era masacrada.

      San Cipriano sabía que a quién buscaban era a él y para proteger y seguir orientando a su grey, no huye sino que se esconde pero manteniéndose en contacto permanente con ellos.
      Además, debió ser un buen estratega y estar rodeado de personas muy fieles, porque su mensaje llegaba a sus fieles y sus enemigos no lo encontraban.
      Yo creo que hizo lo correcto aunque algunos no lo vieran así, incluido Roma, que tanto ha querido enseñar y que tanto debiera aprender.

  3. El tema de los lapsi me parece muy interesante y muy digno de consideración. Estamos tan acostumbrados a admirar y glorificar a los mártires que nos olvidamos que fueron una minoría, una minoría heroica -y a veces fanática-; pero minoría al fin y al cabo. La mayoría de los miembros de la comunidad cristiana buscaron sobrevivir como pudieron, escondiéndose o protegiéndose. Y es que la perspectiva de la humillación, la tortura y la muerte es terrible. El martirio no tiene nada de bonito ni de cuento de hadas, como nos tienen acostumbrados los relatos ñoños. Y si todos se hubiesen entregado a la muerte, el cristianismo se habría extinguido.

    Creo que si de mí hubiese dependido, hubiese sido misericordiosa con ellos. Y es que por más que admire y venere a los mártires; yo, como ser humano raso, débil y pecador, no me veo nada en trance de ser violada, encarcelada, torturada y ejecutada públicamente con deshonor. Y como antes va el “no juzguéis y no seréis juzgados”, la misericordia era lo apropiado.

    Quienes quieran leer algo ligero y ameno sobre la época de Cipriano, recomiendo muchísimo la lectura de la novela histórica “Calixta”, del Beato John Henry Newman, donde Cipriano es uno de los personajes y está muy bien documentado y explicado el tema de los lapsi.

    • El tema de los “lapsi” para mi es algo complejo y como decía Mitrut más arriba (aunque refiriéndose a otro tema), quizás lo más correcto era ver caso por caso y no determinar normas generalizadas que seguro que eran injustas al ponerlas en práctica.

      Seguro que hubo cristianos que en momentos de debilidad o por miedo, sacrificaron a los dioses como ahora decimos “con la boca pequeña” y seguro que hubo quienes apostataron conscientemente porque les interesaba y punto. Tratar a los dos por igual, a mi me parece injusto. Seguro que el primero estaba arrepentido desde el primer momento y el segundo (si volvía al redil de la Iglesia) a lo mejor también lo hacia por puro interés.

      Hay que ser justos con todos, pero hubo y hay lo que ahora llamamos atenuantes. Tratar a todos por igual, como que no, y quizás en esto, San Cipriano pudo pecar de intolerante.
      El tema es para profundizar más en ello.

  4. Gracias por el articulo sobre el Obispo Cipriano.
    Antonio yo quisiera entrar en el tema de personas que como San Cipriano se convirtieron a una edad ya adulta,pero seguro que tu sabras asi de pronto,cuales podrian ser los santos que mas hayan tardado a convertirse al cristianismo en su vida?.
    Resulta muy interesante pensar que una persona que por ejemplo haya vivido “alejada” de Dios hasta los 50 (por poner un ejemplo) un dia se convierta y lo que es mas,acabe siendo canonizada.

    • Hombre, Abel, así a bote pronto no me acuerdo de muchos pero si que los hubo y ya hemos tratado muchos casos de ellos. Recuerdo a San Agustín, San Ambrosio, San Pacomio, Beato Carlos de Foucauld, San Nicolas de Thermi,….
      Y claro que me parece posible que una persona adulta, hastiada de su forma de ser más o menos disoluta, en un momento de su vida se la replantea y corrige volviendo su mirada a Dios. Que después llegue a ser santo oficialmente o no llegue ya es otro tema, pero adultos anónimos que siéndolos llegaron a santos, seguro que hay millones y nunca sabremos quienes fueron.

  5. Como siempre, excelente artículo Antonio.

    Lo que más me llama la atención es el detalle del bautizo por sacerdotes cismáticos, dentro de lo que he tenido oportunidad de leer en los compilados de concilios, al parecer fue un tema bastante discutido y que siempre generaba nuevos comentarios. Basta decir que es uno de los puntos que me causó más hastío después de un rato…

    • Supongo que además del artículo habrás leido el comentario de Mitrut y el mio posterior.
      A lo largo de los siglos, en el seno de la Iglesia se ha discutido de todo: hasta si los ángeles eran machos o hembras, si tenían sexo (no es broma).
      Este tema del bautismo que hemos tocado hoy lleva al colmo de los colmos y me explico también: muchas iglesias que consideran inválido un bautismo administrado por un sacerdote “hereje”, luego veneran como santo a un emperador que fue bautizado en sus últimos días por un obispo cismático y me estoy refiriendo al emperador Constantino el Grande, hijo de Santa Elena. ¿En qué quedamos?

  6. Que tal!:
    Leyendo todo el articulo y los comentarios pues pienso los santos tambien fueron humanos y tuvieron errores y diferencias lo veo tan normal …… en la cuestión del bautismo creo que si hizo como Cristo mismo lo enseño es valido aunque lo hubiera hecho un hereje lo de menos es quien lo administra lo importante es la gracia que conlleva, estoy de acuerdo en la opinion del santo en cuanto a la dignidad episcopal y la cordinacion entre el colegio de los obispos incluso el papa no lo hace ma ni menos que cualquier iglesia solo este titulo es de primacia pero no añade más al Sacramento del Orden. En fin Saludos

    • Gracias por tu comentario, Tacho.
      Planteas un tema de interés: las relaciones de las iglesias locales con la iglesia de Roma.
      San Cipriano tuvo “bemoles” al plantarle cara al Papa San Esteban I argumentándole que todos los obispos eran iguales y que cada uno de ellos encarnaba en su diócesis la figura de San Pedro. Y esta postura de enfrentamiento en la que no le reconocía autoridad jurídica sobre él, debió entenderla la misma Roma, porque San Cipriano (en ese sentido, obispo díscolo) es un santo muy venerado en toda la Iglesia Latina.
      Yo creo que sobre este tema de la primacía de Roma queda mucho por hablar, muchos aspectos que matizar.

  7. Pues la verdad, no creo que sea reprochable que San Cipriano (al igual que muchos otros cristianos) hubiera huido de aquellos que pretendían martirizarlo, es más yo creo que en vez de ir a entregársele al verdugo, es mejor luchar por preservar la propia vida para preservar la llama de la fe, así como lo hizo el santo de hoy.

    Si es voluntad de Dios una muerte así, ¿no creen que llegará por cualquier medio que el considere necesario?. De todos modos imagino que la cuestión en sí, es no renegar de la fe, sino ayudar a que otros la conozcan y si desean, la asuman, sea por testimonio propio o por una muerte de martirio.

    • Yo creo, Lucho, que lo has dejado clarísimo.
      Es verdad que el martirio es un testimonio (mártir significa testigo), pero no dejarse coger para seguir trabajando por la fe, manteniendo firme a la comunidad es tan importante o más que lo primero.
      Dios lo premió finalmente con el martirio, luego díó testimonio doblemente.

  8. Antonio gracias por este artículo, realmente siempre me ha parecido admirable San Cipriano por todos sus escritos, aunque todo lo que se habla vaya si que es polemico porque muchas de las cosas que san Cirpiano defendía aun hoy siguen sin ser aprobadas por la iglesia Católica igual eso me deja en intriga sobre la devoción tan grande que le tiene la iglesia de Occidente, una duda Antonio si no murieron juntos ni nada ¿porque se le celebra junto a san Cornelio papa?

    • Yo creo que te puede valer lo que dice el Martirologio Romano.

      Martirologio Romano: Memoria de los santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, mártires, acerca de los cuales el catorce de septiembre se relata la sepultura del primero y la pasión del segundo. Juntos son celebrados en esta memoria por el orbe cristiano, porque ambos testimoniaron, en días de persecución, su amor por la verdad indefectible ante Dios y el mundo (252, 258).

  9. Veo que Roma se siente intocable “La Ciudad Eterna”. viendo la serie “Los Borgias” y cuando he leído algunos momentos la Historia de la Iglesia, me he dado cuenta de que barbaries hemos cometido. San Cipriano y el Papa comienzan a chocar entre si, “Cada quien en su lugar” Yo en Cartago y tu en Roma. Siempre me he preguntado ¿Desde cuando comenzó toda estas diferencias? me refiero a sentirse como un soberano el Romano Pontífice.

    Hablando con un Obispo Ortodoxo Antonio me decepcionó hasta donde no os imagináis. Tanto así como para no volver a dialogar con ellos, y no es porque esté cerrado al diálogo pero lo que me decía me dejaba consternado. Entre los temas que tocamos eran el bautismo. Y según este obispo yo no estaba bautizado ¿Qué será de los demás sacramentos? ni hablemos de ello. Pero lo que me sorprendió es algo. Según este obispo si uno no está bautizado menos estaré confirmado o será un sacerdote en el ministerio sacerdote. Así que el Papa no es obispo ni cura el párroco de mi parroquia. Pero lo capcioso aquí es que se circulaba un presunto diácono ortodoxo que en verdad no lo era y se publicó digamos un edicto en el cual se afirmaba no ser diácono de la Iglesia Ortodoxa y que tampoco había sido ordenado diácono por la Iglesia Romana ¿Esto fue lo que no me cuadró con lo anterior que os he dicho.

    Ya te imaginas el Ecumenismo. Ni toquemos el tema. Pero en conclusión el Ecumenismo son como la relación de dos naciones poderosas que no nombraré. Ya sabrás mi expresión.

    Ahora bien. Nuestro santo se escondió. Yo lo haría como lo han expresado otros en el artículo. O como bien Ana María dice “si todos se hubiesen entregado a la muerte el cristianismo se habría extinguido”. No hay que acabar con nuestra fe y tradiciones, hay que pasarlas a las demás generaciones como lo hicieron con nosotros.

    Quiero abrir un paréntesis. Ser Romano, Ortodoxo, Protestante, o si ser tradicionalistas de la SSPX. Yo no le doy importancia y espero que nadie se rasgue las vestiduras. Cometemos errores todos y muchas veces nos montamos cada quien en su macho y de ahí no nos queremos bajar. Creo que aún no abrazamos correctamente la Sagrada Escritura y no la meditamos como se debiese.

    Hay que asistir hacia el Espíritu Santo.

    • Emmanuel,
      Verás que, como dice Mitrut, son algunas iglesias eslavas las que plantean el tema del rebautismo. Mi opinión es que están en un error, pero desde el punto de vista de ellas es lógico pensar que si el bautismo no ha sido válido, tampoco lo han sido los sacramentos que hayan venido detrás. Un ejemplo: si mi bautismo no ha sido válido y me ordeno de sacerdote, mi sacerdocio tampoco es válido. Ese razonamiento es lógico; donde está el grave error es que no consideran válido el bautismo que no haya sido realizado exclusivamente por ellos.

      Y son precisamente esas Iglesias las que están más en contra del ecumenismo, lo cual para mi es una gravísima intransigencia que está en contra del espíritu y la letra de las palabras de Cristo en Juan, 17, 21. Hay conocidos santos ortodoxos que no solo han rechazado el ecumenismo sino que han trabajado activamente contra él. No seré yo quién escriba sobre ellos.

      Y creo que a lo largo de la historia todas las Iglesias han pecado y todas tienen de qué arrepentirse. También creo que en su conjunto, la Iglesia Universal está asistida por el Espíritu Santo aunque a veces cueste trabajo creerlo.

        • Yo también creo firmemente que nosotros somos templos del Espíritu Santo y que el mismo Espíritu asiste constantemente a la Iglesia, pero a veces, parece como si la Iglesia no se dejara asistir.

          Se cuenta una anécdota de Juan XXIII, que supongo será verdad. El decía que si asemejamos al Espíritu Santo como a una paloma y a la Iglesia como si fuera un dedo de una mano, la paloma se asienta mejor si se pone el dedo en posición horizontal a si se pone en posición vertical. Yo creo que a veces, la Iglesia pone el dedo de punta y lo dificulta, ¿no?

          • jajaja. Si, ya había oído hablar algo de esa anécdota. ¿Y si algo sale mal?!! ¿Quien tendrá la culpa?

            El Espíritu Santo!!!!
            La Iglesia!!!
            Todos!!!
            Sus ministros?!!

    • Ivan,
      Por pura casualidad he leído tu comentario y te doy mi opinión al respecto.
      Efectivamente, en la controversia entre San Cipriano de Cartago y el Papa San Esteban I acerca de la validez del bautismo administrado por un hereje, San Agustín se posicionó con lo defendido por Roma y es precisamente en esta doctrina de San Agustín, en la que se basa la Iglesia Católica para decir que un bautismo es válido, aunque sea administrado por un hereje o incluso por un ateo, si se administra en nombre de la Santísima Trinidad.

      En su obra, “el único bautismo”, San Agustín, refiriéndose a lo defendido por San Cipriano y mostrándose contrario a ese pensamiento, llega a decir textualmente: “….Esto mismo sucede con el gloriosísimo mártir Cipriano: si es verdad que no quería reconocer el bautismo dado por los herejes y cismáticos al sentir profunda aversión a los que lamentaba separados de la unidad de la Iglesia que él tanto amó, contrajo, sin embargo, méritos tan grandes hasta llegar al triunfo del martirio, que el destello de aquella caridad en que sobresalió ahuyentó esa sombra y, para que el sacramento fructuoso llegara a ser fructuoso, se le cortó lo que en él quedaba por purificar, aparte de otro recurso, con el golpe final de la espada de la pasión”.

      Te recomiendo que leas esta obra, que está traducida al castellano.
      Gracias por comentar en el blog.

    • Estimado Monterrey;
      no está permitido hacer publicidad de otras webs o espacios en este blog, y mucho menos de uno que promueve cultos engañosos y mal documentados, pues la imagen del Santo que empleáis es la de San Cipriano de Cartago, y las oraciones que usáis, están dedicados a San Cipriano de Antioquía (o el Mago), que no existe y es sólo un desdoblamiento del primero, y encima os inventáis un nuevo Santo llamándolo “obispo de Corinto”. Ya se os ha dicho que el único Cipriano de Corinto que existe es un joven mártir no obispo, y vosotros, erre que erre. Allá vosotros si os dedicáis a engañar a los fieles con falsos Santos, pero aquí es la última vez que lo harás. Cordiales saludos.

  10. Gracias Antonio, por sus valiosos aportes a la historia de los primeros cristianos. Quiero hacer una pregunta. ?Crees Usted que la identidad del Cristiano hoy en la vivencia de su fe? Después del Edicto de Milán, el cristianismo ha ido bajando y bajando y no se sabe hasta donde llegará en la forma en como nosotros transmitimos la fe hoy

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