Comentario a la leyenda de Santa Filomena (VII)

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Ejecución de la Santa. Fresco neoclásico en la cúpula de la Basílica de San Jean-Marie Vianney, Ars (Francia).

“A la vista de este nuevo milagro, muchos se convirtieron, y la gente empezó a cambiar de vida y tomar el camino de la Fe en Jesucristo. Temiendo serias consecuencias, el tirano ordenó que fuera decapitada sin más demora. Es así como mi alma voló triunfante y gloriosa al Cielo, para recibir de mi Esposo Jesús la corona de la virginidad que para preservarla me había costado sufrir varios martirios.
Esto ocurrió el 10 de Agosto, era un viernes a las tres y media de la tarde. Por lo tanto, como ya te lo he contado, el Altísimo quiso que mi traslado a Mugnano se realizara en este día, con tantas señales de la ayuda del cielo, que Él quería que fueran conocidas de ahora en adelante”
.

Hasta aquí es donde llega el texto de las supuestas revelaciones de la mártir a Sor María Luisa de Jesús. Por fin se acaban los tormentos y llega la muerte por decapitación, que era el fin más probable y frecuente de todos los mártires. En alguna otra versión de la leyenda –no lo olvidemos, no hay un texto unitario y “oficial”, de modo que eso le resta aún más credibilidad – se especifica que Filomena fue decapitada con un hacha, lo cual está muy bien indicarlo, ya que pocos saben que las espadas con las que suelen aparecer los mártires son espadas cristianas medievales, en nada parecidas a las espadas romanas, que no servían para decapitar, por lo cual siempre se empleaba un hacha. Este pasaje es el que más se aproxima a la realidad, puesto que Filomena es mártir y como tal es muy probable que muriese así, por la presencia del vaso de sangre junto a sus restos.

Más detalles: es hermoso hablar de corona de virginidad preservada, pero la dura realidad es que en Roma las vírgenes no podían ser ejecutadas ni torturadas, por lo que se ponía fin a esta virginidad antes de comenzar el proceso. Ya hemos hablado otras veces de esto, no insistiré más en ello.
Por otra parte, la precisión de la fecha, día, mes y hora, es risible; ya que el calendario que actualmente usamos ha sufrido diversos desfases y alteraciones desde época antigua, por lo tanto, las fechas no coincidirían respecto el cómputo de aquella época. Además, hacer coincidir precisamente el día del martirio, con el del traslado de sus reliquias, es un tejemaneje habitual a última hora que hemos visto en muchos otros casos. Este tipo de efemérides también se ven alteradas con el transcurrir de los siglos y el cambio del cómputo del calendario. Digamos, simplemente, que escogieron colocar el día del martirio el mismo que el de la traslación de las reliquias, a falta de datación en la lápida.
Y además, no olvidemos que el día y la hora es puramente simbólica: viernes, tres y media de la tarde, apenas media hora después de la tradicional hora de la muerte de Jesucristo en la cruz.

Ejecución de la Santa. Lienzo de su capilla en la iglesia de Nôtre-Dame de Plurin-les-Morlaix, Bretaña (Francia).

En general, podemos concluir que:
1. La leyenda de Santa Filomena es una construcción del siglo XIX y no procede en modo alguno de “revelaciones” auténticas y privadas, como se ha pretendido mostrar. No quiero decir con esto que Sor María Luisa de Jesús, o quien esté detrás de esta construcción, tuviera malas intenciones o pretendiera el engaño cuando lo redactó: no cabe duda de que sus intenciones eran buenas y debió creer justificado promover el culto y la piedad de la Santa elaborando una leyenda para la misma, para la cual se sirvió de dos fuentes básicas:
a) Los símbolos de la lápida de Santa Filomena, interpretados según convenía para la sucesión de supuestos tormentos.
b) Los tradicionales relatos legendarios de las vírgenes y mártires, presentes en la hagiografía cristiana desde la edad tardoantigua, y de gran éxito durante la Edad Media.

2. La leyenda de Santa Filomena recibió el imprimatur de la Santa Sede única y exclusivamente porque no contenía nada contrario a la fe, pero en modo alguno obligaba a ningún creyente a creer en ella, ni aventuraba que fuese en algo verosímil a nivel histórico. Dicho relato responde a deseos piadosos y de lectura puramente devocional, pero no es un relato válido como fuente histórica ni es un elemento indispensable creer en él para tener devoción a la Santa. Por tanto, quienes dicen que hay que creer en las revelaciones para creer en Santa Filomena, se equivocan. Y aún se equivoca más quien pretende augurar castigos divinos por no creer en algo que ni la Iglesia te obliga a creer.

3. La leyenda de Santa Filomena ha difundo numerosos errores históricos, etimológicos e iconográficos de una gravedad vergonzosa para el siglo en que se elaboró, y para nuestro presente siglo, en el que se sigue difundiendo. Ni el nombre de la Santa es lo que dicen que es, ni los símbolos de la lápida representan necesariamente todas esas torturas, ni por tanto, deberían representarse como instrumentos de martirio en la iconografía de la Santa.

4. Por último, y si todo esto no fuera suficiente para desacreditar la veracidad histórica de este relato y demostrar la no necesidad de los devotos de Santa Filomena de seguir atándose a semejante “cuento de Calleja”; decir que las recientes investigaciones sobre los restos de la Santa, realizadas en 2005, atestiguan que el martirio se puede datar en el año 202 d.C. es decir, más de cien años antes de la datación tradicional, y mucho antes de que el mismo Diocleciano llegase al poder; sin que esto altere para nada las consideraciones históricas de las provincias romanas que ya he indicado. Los interesados pueden dirigirse a Monseñor Braschi, rector del Santuario de Santa Filomena, pues ha sido él mismo quien ha divulgado este nuevo dato.

Síntesis de los padecimientos de la Santa según la malinterpretación de los símbolos de la lápida. Lienzo decimonónico de ámbito toscano, Italia.

Finalmente, sólo recordar que desde este blog y por parte de sus autores jamás se ha dicho que Santa Filomena sea una santa inexistente. En absoluto. Reconocemos la existencia y veracidad histórica de Santa Filomena, virgen y mártir de las catacumbas, cuyo cuerpo fue hallado con todos los indicios de un martirio. Nadie, absolutamente nadie, está obligado a creer nada más que esto, pues es lo único que puede demostrarse. Y por tanto, no nos va a venir ningún castigo divino por no creer en unos datos que –con perdón- son un insulto a todos los historiadores, arqueólogos, paleógrafos, filólogos clásicos e iconógrafos que han invertido su talento y sus vidas enteras en que tengamos un legado cultural decente sobre la Antigüedad cristiana que transmitir a nuestros hijos.

Meldelen

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Venerable María de Jesús de Tomelín y del Campo: “el Lirio de Puebla”

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Retrato colonial de la Venerable madre Tomelín. Foto cortesía de Tacho de Santa María.

María de Jesús de Tomelín del Campo nace un 21 de febrero de 1579 en la ciudad de Puebla de los Ángeles, México, hija de don Sebastián de Tomelín y doña Francisca del Campo. Varios biógrafos de la Venerable refieren como en toda buena leyenda de santos, de milagros piadosos que sucedieron en su niñez y de apariciones de la misma Virgen.

Se dice que su madre habiendo tenido un terrible percance en el octavo mes de gestación y por miedo a perder la criatura, se encomendó a la Inmaculada Concepción y se dice que la misma Virgen le dijo: “Hija, no temas; yo te ayudaré y tomare a mi cuidado a la niña que tan de corazón me has ofrecido”. Al siguiente mes nació la niña sana y salva y sin ningún percance, su madre siendo tan devota de la Virgen siempre le repetía el nombre de esta a la niña, lo que hizo que sus primeras palabras fueran “Ave María”. Como en otras leyendas piadosas se dice de la madre Tomelín que desde los tres años hacia oración mental y que a los 5 años ya tenía arrebatos de éxtasis. Aunque esto parezca difícil de creer hay que recordar que es algo muy repetido en varias vidas de Santos como referencia a que desde muy pequeños se habían entregado por completo a Dios.

Cuando ya tuvo cierta edad, el deseo de ingresar como religiosa en María de Jesús ya era muy grande, pero se interponía su padre, quien quería casarla con algún joven de buena familia. Llegó al grado de amenazar a su hija y casi intentar matarla con un puñal por querer seguir la vida religiosa, pero su madre al ver estos sucesos extremos planeó la forma de ingresar en secreto a su hija al convento concepcionista y un día regresando de misa, siendo escoltadas por el hijo mayor, pasaron por el convento y la madre alegando que tenia sed y querían pedirle un vaso de agua a las religiosas aprovechó para meter a María en el convento y estando dentro esta se apego al privilegio de ser lugar de asilo y ya nadie la pudo sacar de nuevo del convento. A los 19 años de edad en 1598, María vistió el hábito de la Concepción, tomando por nombre Sor María de Jesús.

Óleo colonial de la Venerable. Foto cortesía de Tacho de Santa María.

Ya como religiosa su fama de santidad se extendió al grado de ser consultada por el obispo de Puebla para resolver situaciones difíciles. Su amor a María la llevó a fundar varias cofradías entre las hermanas del convento: la Cofradía del Rosario, la del Carmen y la del Dulce Nombre de María.

Debido a su piedad estuvo a punto de ser elegida como abadesa, pero cuando la madre Tomelín se enteró de esto comenzó a hacer oración pidiéndole a Dios que no permitiera tener aquella carga y que le diera otra cruz a cambio. Al hacer la elección salió elegida otra religiosa. Todo esto provocó que muchas de las religiosas que antes la habían apoyado y admirado se pusieran en su contra y le echarán la culpa de muchas cosas que sucedían en el convento debido a que no había querido aceptar el cargo de abadesa. Esto llegó a tal grado que el Obispo tuvo que llamar a sor María de Jesús a su presencia. Al llegar ante el obispo este la cuestionó sobre todas las culpas que se le imputaban y la madre Tomelín solo contestaba que ella era culpable y que no era digna de vestir el hábito de la Concepción y que todas las demás hermanas eran mejores que ella; debido a la obediencia tuvo que contestar uno a uno los cuestionamientos que le hacia el Obispo, y este al escuchar las respuestas pudo darse cuenta de que sor María era inocente de todas las culpas.

Mucho se dice en la vida de sor María como en otros casos de visiones sobre la Virgen con el Niño, de varios santos de su devoción y varios éxtasis.

También tuvo el don de profecía y una de las más interesantes es esta: “Yo he de morir pronto, después de mi morirá el Señor Obispo, a quien sucederá un pastor escogido y santo, aunque a esta hora no está ordenado todavía de sacerdote, cuyo gobierno será justo y santo…” Un año después del fallecimiento de la madre Tomelín, falleció el Obispo y su sucesor fue el Beato Juan de Palafox y Mendoza.

Actual tumba de la Venerable madre Tomelín del Campo, en el Convento de la Inmaculada Concepción, de Puebla, Puebla. Foto cortesía de Tacho de Santa María.

La madre Tomelín fallece el 11 de junio 1637 y en 1661 el obispo Diego Escobar y Llamas introdujo su causa y se logró que fuera declarada Venerable. Hasta 1946 su proceso seguía vigente, pero por desgracia hasta el día de hoy no se ha logrado la beatificación. Sus reliquias estuvieron primero en el convento de la Concepción de Puebla, posteriormente pasaron al templo de Santa Gema en la misma ciudad de Puebla y actualmente al haberse cambiado el Convento concepcionista de sitio las reliquias se encuentran dentro del mismo pero al ser de clausura es difícil el poder visitarlas; quizá esto mismo haya hecho que su devoción fuera disminuyendo.

Actualmente es muy desconocida y muy difícil de encontrar bibliografía sobre ella fuera de Puebla, se narra que muchos milagros se consiguieron mezclando agua de San Miguel del Milagro con tierra de la tumba de la madre Tomelín, pero como bien se sabe en estos casos, es difícil saber quien hizo el milagro si San Miguel o la madre Tomelín.

André Efrén

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Las Coronaciones Marianas Pontificias en México

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Vista de la colosal Inmaculada Concepción venerada en su basílica de Chignahuapan, Puebla (México).

El reconocimiento de un católico hacia María como hijo y súbdito parece derivar de modo natural a los largo de varios siglos, de su atributo primero: la Maternidad Divina. Llamar Señora, Princesa, Reina o Emperatriz, parece natural a un creyente que no puede conceder menor titulo a quien aceptó ser Madre de su Creador y Redentor. La piedad en México le ha cantado muchos años:

Adiós, Reina del cielo,
Madre del Salvador,
Adiós, oh Madre mía,
adiós, adiós, adiós
.

Se reconoce a María en su posición e intervención en el Reino de Cristo. En este Reino se le ha considerado siempre la primera después de Dios, a su lado recibiendo todo de Él y por encima de cualquier otra creatura. Aparece, por tanto, compartiendo los cuidados y solicitudes del Rey por su reino. Como Madre de Dios-Hijo y Esposa de Dios- Espíritu Santo, se le llamo Reina y como Hija de Dios-Padre, Princesa.

Poetas, escritores, santos le dedicaron obras; entre ellos cabe mencionar a San Alfonso María de Ligorio con sus “Glorias de María” o la monja concepcionista, la Venerable María de Jesús de Agreda con su “Mística Ciudad de Dios”; ambos autores acentúan la Realeza de María. Poetas como Dante la llama “Soberana Luz”, o en el siglo XIX el sacerdote mexicano José Manuel Sartorio compone una consagración a la Virgen: “A ti Celestial Princesa, Virgen Sagrada María…”

Los creyentes la llamaron Madre, la reconocieron Virgen, y la coronaron Reina, por tanto, coronar a María fue expresar un concepto cristiano en un lenguaje simbólico universal. Coronas, diademas, cetros, mantos le han sido impuestos en bajorrelieves, oleos, grabados, dibujos y todo tipo de representaciones.

Antigua fotografía de la Coronación Pontificia de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad de Oaxaca, México.

Como pionero de la Coronaciones Pontificias Marianas fue, el padre Jerónimo Paolucci fraile capuchino llamado “Apóstol de la Madonna”, (nacido a mitad del siglo XVI), que en el transcurso de su vida se dedicó a realizar notables predicaciones, dando término con la imposición de una corona, a las sagradas imágenes de la Virgen más veneradas en el lugar en que realizaba su labor pastoral. Siguiendo su ejemplo, sus hermanos en la Orden fundaron dentro de ella la “Pía Opera dell Incoronazione”. Con todo esto al pasar el tiempo fue adquiriendo forma, un noble de origen italiano, el Conde Alejandro Sforza Palavicino, fundó al comenzar el siglo XVII una obra que se propuso dar orden y realce en todo el mundo a las Coronaciones de María y guardar memoria en un registro que se abrió en el Centro del catolicismo, la Basílica de San Pedro Vaticano en Roma. Todo “para promover el culto de la Siempre Virgen Madre de Dios; y para alentar la piedad de los fieles con las imágenes de la Santísima Señora”. Para ello legó una parte de su fortuna. El Cabildo de San Pedro debía recibir una solicitud y examinar su procedencia. Tres eran los criterios que debían ser estudiados: la antigüedad en la veneración de la Imagen, su popularidad y la cantidad de milagros atribuidos a su intercesión, aprobados por el obispo del lugar.

Si la solicitud era aceptada, se llevaba un acto solemne en el que todo el público fuera testigo, un acontecimiento semejante al que solo veía en las pinturas. Tal acto solemne se hacia acompañar de procesiones por las calles y fiestas religiosas a las que el pueblo tenía pleno acceso, en las que sus autoridades rendían tributo a la Imagen y el Santuario se veía honrado y singularizado. Un instructivo emitido en Roma durante los primeros años del siglo XVIII por el mencionado Cabildo acentuaba la necesidad de que “este acto celebrado en honor del Príncipe de los Apóstoles corresponde, como es razón, en la pompa y lucimiento a nuestro deseo y principalmente a la dignidad de la Soberana Virgen María”.

Las normas iban al detalle, cuidando lo que debía hacerse antes, durante y después de la coronación. Decían, ”remitimos también el orden o fórmula que se ha de guardar en poner la corona de oro, o coronas en caso de que esté juntamente con la Santísima Virgen la imagen de Jesucristo Señor Nuestro; como asímismo las armas que se han de grabar en una (o en ambas) de Nuestro Reverendísimo Cabildo, y del Conde Alejando Sforza Palavicino, que fue el fundador de esta obra tan piadosa”.

Hacia 1740 se calculaba que cada año, a partir de 1700, se había coronado una imagen de María con las solemnidades previstas. El Cabildo de San Pedro mandaba fabricar la corona, delegaba a un canónigo u obispo para que acudiera a coronar la Imagen, gestionaba del Papa favores especiales –generalmente indulgencias- para el día de la celebración y promovía con las autoridades religiosas del lugar la fundición de medallas, la pintura de lienzos y la impresión de estampas.

Estampa antigua de Nuestra Señora de la Expectación de Zapopan, venerada en su basílica de la homónima ciudad, México.

El ambiente previsto era de gran fiesta. Desde 3 días antes de la fecha señalada debían repicar a vuelo las campanas y se procedía a adornar el Santuario y sus alrededores con gran lucimiento. Se debían cubrir las paredes del templo con telas de seda, escribir en los muros poemas de alabanza a María y colocar los escudos del Papa, el Cardenal Arcipreste de San Pedro y el Canónigo u Obispo delegado. La música cumplía un papel preponderante: coros e instrumentos diversos interpretaban Himnos Marianos. Se cantaba la Misa, y se oraba por los presentes y por el eterno descanso del fundador Alejandro Sforza Palavicino, por intercesión de María “Reina de Misericordia y graciosa Princesa”.

El momento culminante de la coronación debía ser acompañado de clarines, tambores, repique de campanas y salvas de artillería. Por la noche seguían fuegos artificiales y durante los 3 días posteriores se celebraban “misas solemnes, sermones panegíricos, composiciones retóricas, sagrados coloquios y otros conciertos de suaves y armoniosas consonancias”. Se repartían estampas con la Imagen coronada, de las cuales 30 debían hacerse en seda sobre tono amarillo o galón de oro o plata para los canónigos de San Pedro en Roma. Un gran lienzo debía enviarse a Roma para conservarlo en recuerdo del acontecimiento. Los responsables del templo prestaban juramento de que la corona permanecería en la cabeza de la Imagen y, seguramente, todos guardaban en la memoria las palabras rituales de aquella Coronación, esperando que se cumplieran:
Así como por nuestras manos eres coronada en la tierra, así también merezcamos ser coronados de honor y gloria por Cristo en los cielos.

Las Coronaciones Marianas han cambiado a través de los años pero siempre conservando algunas de las 3 normas establecidas desde el principio, agregando algunos otros elementos como: el sentimiento nacional o regional como es el caso de Nuestra Señora de Jasnagóra, (Czwestojowa), en Polonia, o de Guadalupe del Tepeyac en México; otras, por impacto espiritual que tiene hacia los fieles como lo es Fátima en Portugal o Lourdes en Francia. Unas, por su gran tradición y difusión del culto a imágenes originales como Nuestra Señora de Loreto en Ancona, o Nuestra Señora del Refugio en Frascatti ambas en Italia o el Pilar de Zaragoza en España; o por la difusión de los institutos religiosos como la pintura de María Auxiliadora en Turín, Italia. También, se da el caso como acto de reparación a la Virgen, al rescatar sus imágenes del olvido, como sucedió con el icono original de la Virgen del Perpetuo Socorro venerada actualmente en el Templo del Santísimo Redentor y San Alfonso en la Vía Merulana de Roma.

Las primeras imágenes coronadas fueron: Nuestra Sra. de Oropa, “Santa María della febbre”, venerada en una de las Sacristías de San Pedro en la Ciudad Eterna, siguiendo la imagen de Ntra. Sra. de la Nieves “Salus Populi Romani” de la Basílica de Sta. María la Mayor también en Roma.

Imagen de Nuestra Señora de la Raíz o de la Esperanza de Jacona, Michoacán (México).

En México también llegó esa fiebre de amor a María con estos actos. Como precedente tenemos la llegada del italiano Lorenzo Buturini Benaduci, Señor del Castillo de Hom, que vino a México en 1736 quedando maravillado con el prodigio Guadalupano. Familiarizado con la Fundación del legado del Conde Sforza Palavicino, decidió poner en marcha el procedimiento para coronar la Imagen Guadalupana. Buturini solicito el 18 de julio de 1738 la anuencia del Cabildo Vaticano para coronar solemnemente a la Virgen del Tepeyac, el permiso llegó dos años después, la licencia se otorgó por única ocasión de manera extraordinaria. No existía solicitud del arzobispo de México por entonces Juan Antonio Vizarrón y Enguiarreta, ni de la Ciudad de México para comprobar la “antigüedad de la imagen, frecuencia del pueblo y muchedumbre de milagros”, como establecían las normas. El Cabildo Vaticano pidió al Arzobispo que se encargara de subsanar estas faltas y lo delegó para proceder a la coronación. Concedía, por otra parte, el permiso, pero no enviaba la corona, que debería costearse en México y forjarse según las normas establecidas por el Cabildo de San Pedro.

Buturini inició una colecta entre dignatarios eclesiásticos y particulares. Pretextando la imposibilidad de acudir a España por la guerra que ésta libraba con Inglaterra y por los numerosos piratas en el Atlántico, solicitó permiso de coronación a la Real Audiencia de México, la cual concedió de inmediato. Esto irritó al Virrey Conde de Fuenclara ya que a él no se le solicitó la anhelada aprobación, en su calidad de representante del soberano español. Prohibió el acto, mandó a encarcelar a Buturini y decomisó los fondos de la colecta. Buturini salió de Nueva España en 1744 y no regresó más a México, a pesar de que fue rehabilitado y se le otorgó permiso para hacerlo. La Coronación Pontificia de Sta. Maria de Guadalupe quedó en suspenso por más de 147 años.

Esta es una lista con detallitos, no completa, de las imágenes coronadas pontificiamente en México. Al menos, son las más conocidas y veneradas:
Ntra. Señora de la Raíz de Jacona o de la Esperanza, Michoacán. Fue la primera Imagen de la Virgen que fue coronada de modo pontificio en el país y quizás en toda América Latina, ocurrida en febrero de 1886, de ésta se despuntaron las demás.
La Sagrada Imagen Original de la Virgen de Guadalupe en la Ciudad de México, coronada por fin el 12 de Octubre de 1895. En este acto asistieron no solo los prelados mexicanos si no también algunos extranjeros, fue un día de júbilo nacional, contó con la simpatía del Gral. Porfirio Díaz Presidente de la República ya que su esposa Dña. Carmen Romero Rubio fue Presidenta del Patronato de las festividades.
La Virgen de la Salud de Pátzcuaro, Michoacán, fue coronada en 1899 por el Arzobispo de Morelia Dn. José Ignacio Arciaga, acompañado por el Metropolitano de Guadalajara, Dn. José de Jesús Ortiz. Se llego a decir entre los fieles michoacanos que en Morelia estaba el báculo, y en de Pátzcuaro el cetro.
La Madre Santísima de la Luz que quiso estar en la ciudad guanajuatense de León, fue coronada en octubre de 1902. Esta imagen es una de las representaciones marianas más vista en los templos novohispanos del centro y bajío mexicano gracias a la acción pastoral de jesuitas y franciscanos.

Lienzo de la Madre Santísima de la Luz, venerado en su basílica de León, Guanajuato (México).

Nuestra Señora de la Soledad, patrona del estado de Oaxaca, el 18 de enero de 1904. Coronación promovida por el primer arzobispo de la ciudad de la Antequera de Oaxaca, Dn. Eulogio Gillow y Zavala, amigo cercano del Presidente Díaz (Dn. Porfirio era oaxaqueño). La corona fue hecha con las joyas y esmeraldas que donó el prelado y que pertenecieron a su señora madre la Condesa de Selva Nevada.
La Corona y ángeles con la filacteria “MATER INMACULATA, ORA PRO NOBIS”, que fue mandada hacer en Nueva York por el Instituto Pontificio de Artes Cristianas de Benzinger Brothers, se uso para coronar a la Virgen de San Juan de los Lagos, el 15 de agosto de 1904, por el Arzobispo de Guadalajara, Dn. José de Jesús Ortiz.

La imagen de María Santísima de Ocotlán, en el estado de Tlaxcala. Coronada por el Venerable Siervo de Dios Dn. Ramón Ibarra y González primer arzobispo de Puebla y Dn. Eulogio Gillow y Zavala, (Tlaxcala fue elevado a diócesis en la década de los años sesenta), el 18 de enero de 1907. Es patrona actualmente de la Provincia Eclesiástica de Puebla que comprende las Diócesis de Puebla, Tlaxcala, Tehuacán, Chilapa-Chilpalncingo, Guerrero y Huajuapan de León, Oax.
La imagen de María con el nombre de la Ciudad de Guanajuato, patrona del estado del mismo nombre y que se dice fue encontrada en Santa Fe de Granada, España y enviada a estas tierras por el propio Carlos V, fue coronada el 31 de mayo de 1908.
En 1910 año de la Revolución Mexicana, fue coronada la imagen de la Inmaculada Concepción, patrona de la ciudad de Celaya, en el estado de Guanajuato.
La Santísima Virgen de la Expectación de Zapopan en enero de 1921, siendo la única imagen mariana coronada pontificiamente en la Sede Catedralicia y no en su propio Santuario. (La Imagen de la Virgen de San Juan en aquel tiempo su templo no había sido elevado a la categoría catedralicia y dependía de la Arquidiócesis de Guadalajara). La corona se hizo con la donación de la cruz episcopal del Fray José María de Jesús Portugal, Obispo de Aguascalientes.

El Obispo de León, Guanajuato, Dn. Emeterio Valverde, coronó en Irapuato a la patrona de la ciudad: Ntra. Señora de la Soledad. Fue el 30 de abril de 1922.
La Chaparrita de Talpa de la Sierra de Jalisco, la taumaturga imagen de la Virgen Santísima del Rosario fue coronada el 12 de mayo de 1923. Esta imagen es la única Patrona de la Diócesis de Jesús María del Nayar, con sede en Tepic, Nayarit. Junto con las imágenes de la Virgen de Zapopan y San Juan de los Lagos, son los ejes de la devoción mariana en el estado de Jalisco. Un sacerdote tapatío refiriéndose a estas imágenes dijo “María esta en el corazón de Jalisco y Jalisco en el corazón de María”.
Ntra. Sra. de los Dolores de Acatzingo. El 15 de septiembre de 1924 es coronada por el arzobispo de Puebla Dn. Pedro Vera y Zuria. Se cuenta que el párroco de San Juan Acatzingo fundió algunas alhajas y vasos sagrados para que fuera posible la hechura de la corona.
El 16 de Octubre de 1942, en Tlalpujahua, Michoacán se coronó solemnemente a la Virgen del Carmen, imagen pintada en una pared.
El hermano del hoy San Rafael Guizar y Valencia, don Antonio, a la sazón arzobispo de Chihuahua, coronó a la patrona del estado, la Virgen Santísima de la Soledad de Parral. Fue el día 22 de octubre de 1943.

Detalle del rostro de la imagen de Nuestra Señora de Izamal, venerada en la localidad homónima de Yucatán, México.

En Acámbaro, Guanajuato, en 1945 se coronó la Imagen la Virgen del Refugio de autor anónimo, copia de de la que trajo a México el padre jesuita Juan José Guica, que llevaba hacia Zacatecas, durante la incursión de la Compañía de Jesús al norte del país.
En un pueblo de los Altos de Jalisco, Ayotlán, fue coronada su santa Patrona, Ntra. Madre de la Soledad, en 1947.
La Inmaculada Virgen de Izamal, en Yucatán, cuya coronación se efectuó el 22 de agosto de 1949. Se dice que la corona fue obsequio de los Reyes Españoles.
Ntra. Sra. del Rosario de Charcas, San Luis Potosí, su coronación se llevó a cabo el día 20 de agosto de 1951. También en ese mismo año fue coronada por el Obispo de Querétaro Dn. Marciano Tinajero y Estrada, la imagen de María Santísima del Pueblito de la Villa de Corregidora, nombrándola patrona de la ciudad Episcopal y del estado, es también patrona de la Provincia Franciscana de Michoacán.
En 1956 es coronada en la Ciudad del Carmen, Campeche. A la Virgen que le da nombre a la ciudad, el 16 de julio.
En el año de 1964 fueron coronadas las imágenes de la Sma. Virgen del Roble, patrona de la Arquidiócesis de Monterrey, y la Dolorosa de Soriano patrona de la Diócesis de Querétaro.
La Patrona del Puerto de Acapulco, María Santísima de la Soledad se coronó el 8 de diciembre de 1965.
Durante el episcopado de Don Ignacio Márquez y Toriz, en la Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles, se coronaron las imágenes de la Virgen del Rosario del Convento de Sto. Domingo, la Inmaculada Concepción obra del Mtro. Manuel Tolsá que se encuentra en la Capilla del Seminario Palafoxiano y Ntra. Señora de la Defensa que preside el Altar de los Reyes de la Catedral Angelopolitana.
Ntra. Sra. de los Remedios de Naucalpan, testigo de la derrota de los españoles en la Noche Triste durante la conquista, y en la época de la Independencia enarbolada como patrona, generala y protectora de los realistas; en 1974 fue coronada por el primer obispo de diócesis (hoy Arquidiócesis), de Tlalnepantla, Estado de México, Fray Felipe de Jesús Cueto.

La Virgen de Santa Anita, “Salud de los enfermos”, también llamada “la Candelaria de Jalisco”, fue coronada por el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, ayudado por los obispos Fray Ramón Godínez, Fray Antonio Pérez Sánchez y Fray Manuel Romero Arvizu de la Orden de San Francisco ya que el santuario de dicha imagen esta custodiada por la mencionada Orden.
La Inmaculada Concepción de Chignahuapan, Puebla. Coronada en 1999 por el entonces Nuncio Apostólico en México Justo Mullor. Esta imagen de María podría ser la de mayor tamaño venerada en todo el mundo.

De estas imágenes, muchas fueron coronadas antes del Conflicto Religioso que atravesó el país. El pueblo católico invoco a Nuestra Señora, Ella, respondiendo a sus clamores, no quiso defenderlos como niños asustadizos sino que suscitó en la Nación corazones valientes que defendieron la Fe, la Unidad con Cristo en la Iglesia y con el Papa.
El Pueblo Cristiano que ve en María una Dulce Soberana, la veneran como fieles vasallos, y la invocan como Madre, que Ella nos bendiga y proteja…

Tacho de Sta. María

Bibliografía:
Felicidad de México. Fausto Zerón- Medina, Editorial Clío. México D.F. 1995.
Historia del culto de María en Iberoamérica y de sus imágenes y santuarios más celebrados. Tomo I y II. Rubén Vargas Ugarte. Tercera edición. Madrid, 1956.

Fuentes Orales:
– Antonio Martínez Verduzco, Miembro de la Guardia de Honor de Ntra. Sra. de Zapopan, Guadalajara Jalisco.
– Jesús Emanuel Gerardo Coss Saldatte, diseñador y restaurador de Arte Sacro, Guadalajara, Jalisco

Otras fuentes:
– Ciclo de Conferencias: “Imágenes Marianas en la Nueva España, Memoria y Permanencia”. 7, 14, 21 y 28 de Julio de 2011. Ponentes: Mtra. Denise Fallena Montaño, Mtra. Mónica Pulido Echeveste, Mtro. Armando Gonzales Morales y Mtra. Bertha Pascasio.
– Biblioteca Franciscana/UDLAP. Convento Franciscano de San Gabriel Arcángel, San Pedro Cholula, Puebla.

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Santa Matrona Dmitrievna Nikonova, seglar ortodoxa

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Icono ortodoxo uso de la Santa. Los ojos cerrados son indicatorios de su ceguera.

El 11 de septiembre del año 2010, en el artículo “Locos por Cristo”, dimos algunos apuntes sobre Santa Matrona de Moscú, una santa contemporánea nuestra, pues falleció a mediados del siglo XX, muy famosa no sólo en Rusia sino en todos los países ortodoxos; y un modelo a imitar por todos los cristianos que simplemente quieren vivir su fe entregados a los demás en tiempos muy difíciles. Como la consideramos un buen modelo de seglar comprometido, hoy queremos escribir más extensamente sobre ella.

Matrona nació el 22 de noviembre del año 1885 en la aldea de Sebino, en el distrito Kimovsk de la provincia rusa de Tula. Era la cuarta y última hija de Dimitri Nikonov y Natalia, campesinos trabajadores y piadosos que vivían en la pobreza. Sus hermanos se llamaban Juan, Miguel y María, naciendo Matrona cuando ya sus padres eran muy mayores. Por este motivo y por su pobreza, los padres tenían pensado llevar a la niña, cuando naciera, a un orfanato, pues existían bastantes refugios donde los niños desamparados eran acogidos y criados por cuenta del Estado o de organizaciones benéficas. Natalia tenía pensado entregarla en el orfanato existente en la vecina Buchalki, pero tuvo un sueño en el que vio a una paloma blanca con rostro humano y los ojos cerrados que se posaba en su mano derecha. Cuando nació la niña, comprobaron que era ciega, por lo que decidieron quedársela con ellos, entendiendo que ésa era la voluntad de Dios. Recordaron lo que dice la Escritura: “Antes de haberte formado en el seno materno, yo te conocía y antes de que nacieses, yo te tenía consagrado” (Jeremías, 1, 5).

Al ser bautizada, le pusieron el nombre de Matrona en honor de Santa Matrona de Constantinopla. El sacerdote que la introdujo en el agua vio salir de su cuerpo como una columna luminosa, que expelía un olor muy agradable que iluminó toda la iglesia, y al uncirla con el óleo sagrado, comprobó que en su pecho tenía un bulto en forma de cruz, por lo que públicamente manifestó que aquello era sin duda alguna un signo de futura santidad, y le dijo a su madre: “Si la niña necesita algo, póngase en contacto conmigo y dígame lo que necesita, porque esta niña será santa”. La niñez de Matrona no fue fácil, pues además de la pobreza de sus padres, por su ceguera, servía de burla a las niñas de su misma edad.

Fotografía de la Santa en su lecho de paralítica, donde se aprecia su ceguera.

Desde muy pequeña, con apenas seis o siete años de edad, tenía el don de predecir lo que iba a suceder (don de profecía) e incluso el de sanar a los enfermos. Como es lógico, la voz se corrió por toda la comarca y desde lejos venía la gente solicitándole consejo y cura; aunque ella no aceptaba dinero, le regalaban comida, por lo que se convirtió en una fuente de ayuda en vez de una carga familiar. Existen multitud de hechos constatados que demuestran la veracidad de estos prodigios realizados por la niña; sólo pondré un ejemplo: a cuatro kilómetros de donde ella residía, vivía un hombre paralítico que quiso conocerla, ella le hizo gatear durante los cuatro kilómetros que los separaba y al encontrarse, lo curó milagrosamente.

Una noche dijo a sus padres que el padre Vasily – el que la había bautizado – iba a desaparecer. Dimitri y Natalia corrieron asustados hacia la casa del sacerdote y cuando llegaron lo encontraron muerto. En otra ocasión la niña aconsejó a quienes acudían en su ayuda, que recaudaran algún dinero para encargar la confección de un icono de la Madre de Dios. La gente lo hizo y buscaron a un pintor para que se hiciera cargo del trabajo, pero el hombre se resistía diciendo que no sería capaz de hacerlo. Matrona le dijo: “Cuando te arrepientas del asesinato que cometiste hace poco, te encontrarás más dispuesto”. El pintor quedó sorprendido porque era verdad que había matado a un hombre; se arrepintió públicamente y se encontró capacitado para realizar el icono. Desde entonces ese icono es venerado en la aldea como milagroso.

Como la casa paterna estaba cercana a la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, Matrona la visitaba muy asiduamente, primero con su madre Natalia y conforme iba creciendo, iba sola. Allí en la iglesia tenía predilección por situarse a la izquierda de la puerta de la pared oeste del templo. En aquel lugar la encontraron numerosas veces absorta en oración o cantando himnos de alabanza a la Madre de Dios. Con catorce años de edad conoció a San Juan de Kronstadt y con diecisiete años quedó paralítica, además de ciega. Nunca volvió a caminar, cosa que ella asumió con absoluta normalidad diciendo que ésa era la voluntad de Dios.

Otro icono ortodoxo ruso de la Santa.

Sentía la proximidad de los desastres, ya fueran naturales o sociales. A una señora que compró una casa vieja en su pueblo y que quería edificar en ella una torre, le dijo: “Lo que piensa hacer no se hará realidad. Pronto habrá guerra y la guerra es mala porque los hombres mueren y lo que usted levante por la mañana, de noche será demolido”. La señora, que lo tenía todo preparado para modificar la casa, quedó sorprendida y la tachó de loca, pero días después tuvo que reconocer la predicción de Matrona: había estallado la revolución bolchevique de 1917.

Cuando en 1918 llegó a su pueblo la noticia de que había sido asesinada la Familia Imperial Rusa, Matrona dijo a las gentes de Sebino, que la hermana menor del zar, la duquesa Olga, se había salvado escondiéndose en un cajón que la trasladó a Petrogrado. Cómo se enteró nadie lo sabe, pero se dedicó a hacerle llegar comida indicando el lugar exacto donde se encontraba. A consecuencia de la revolución, su familia se quedó sin hogar y sus dos hermanos se afiliaron al Partido Comunista. Ella permaneció fiel a su fe y jamás lo ocultó sino que hacía ostentación de la misma.

Matrona y su amiga Lidia Yankova tuvieron que abandonar su pueblo y en el año 1925, ciega y sin poder apenas caminar, marchó a Moscú donde llevó una vida errante, sin ningún documento que la acreditase, convirtiéndose en una vagabunda sin hogar, que tenía que buscar refugio en casa de amigos y familiares, que muchas veces era tratada con hostilidad, escondiéndose en casas y sótanos abandonados e incluso durmiendo en las calles, ya que era perseguida por la policía bolchevique a causa de su fe. Ella preveía cuando la policía iba en su búsqueda para detenerla y siempre se ocultaba. Un día estuvo a punto de ser detenida por un policía, pero ella le dijo: “Déjame y vete corriendo a tu casa, que ha ocurrido una desgracia”. Como el policía conocía las dotes adivinatorias de Matrona, le hizo caso y al llegar a su casa se la encontró en llamas y su esposa con quemaduras graves; se la llevó al hospital y se salvó; y cuando regresó a la comisaría dijo: “Jamás me ordenen detener a la ciega paralítica, porque ella ha salvado a mi esposa de la muerte”. Tuvo que mendigar para comer y más de una vez comió de las hierbas que ella misma utilizaba para curar a los enfermos.

La Santa, recién fallecida, fotografiada de cuerpo presente.

En aquellos días en los que muchos religiosos fueron enviados a los gulags o fusilados, nadie traicionó a Matrona diciendo dónde se escondía, porque todos veían en ella a una madre espiritual que les asesoraba, curaba sus enfermedades y les predecía su suerte. En Moscú vivió errante, ciega y sin hogar, como una “loca por Cristo”.

En 1939 predijo el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, antes de que esta estallara: “Mucha gente va a morir, pero ganarán los rusos” y a los habitantes de Tula les vaticinó: “No tengáis miedo porque los alemanes no llegarán a Tula” y efectivamente, los nazis llegaron cerca de Tula, pero fueron rechazados por los rusos. En tiempos de guerra, muchos la buscaban para solicitarle información sobre sus familiares que se encontraban en el frente y ella siempre lo vaticinó. A una mujer que había organizado tres funerales por su “fallecido” esposo, le dijo: “No organices más funerales porque tu esposo está vivo y vendrá desde Kazan”. Efectivamente, regresó en 1947.

Como he dicho, aun viviendo miserablemente como una paralítica ciega y vagabunda que se escondía por las calles moscovitas para no ser detenida, visitaba regularmente algunas de las pocas iglesias que permanecieron abiertas al culto, frecuentando los sacramentos y prestando siempre sus servicios a los demás. Se cuenta que un día se le acercó un estudiante de arquitectura muy preocupado porque, por mucho que había estudiado, no se encontraba preparado para conseguir su graduación. Ella, que no había podido estudiar ni sabía nada sobre arte, le describió detalladamente las grandes obras arquitectónicas de Florencia y Roma, que era una de las carencias de conocimientos que tenía aquel estudiante, que por supuesto, aprobó.

La Santa, de cuerpo presente, es velada por mujeres moscovitas durante su funeral.

Como son muchas las anécdotas que se conocen de su vida, contaré alguna otra: un día, una mujer llamada Katya iba a ser juzgada por haber falsificado unos cupones para la recogida del azúcar, que estaba racionada. Ella le dijo: “No te preocupes que no te pasará nada” y haciéndose pasar por ella, se puso un sombrero enorme y se presentó en el juzgado. El juez, al verla, se echó a reír y le dijo que se fuera, que ella no era; y cerró el caso.

Zinaida Zhdanova, que la conocía y que escribió más tarde su biografía, cuenta cómo Matrona ayudó a sus padres, que eran campesinos y que prácticamente estaban muriéndose de hambre. Estos escribieron una carta solicitando ayuda, pero el servicio de correos no se la aceptó. Se lo contaron a Matrona y ella les dijo: “No os preocupéis que inmediatamente llegará una persona con víveres” y efectivamente, un trabajador de la estación de Kursk se presentó en su casa, llevando comida facilitada por la iglesia.

Predijo su propia muerte con tres días de anticipación y en esos tres días se encargó de visitar a todas las personas con las cuales se había relacionado. Por medio de una anciana y su hija, envió una nota a los monjes de la Laura de la Trinidad y de San Sergio anunciándoles su muerte, que ocurrió en Moscú el día 2 de mayo del año 1952. Los monjes de la Laura pudieron asistir a su funeral, que fue presidido por el padre Nicolás Golubtsov. El funeral y el entierro fueron multitudinarios y a petición propia, fue sepultada en el cementerio Danilovsky de Moscú.

Su tumba se convirtió en uno de los lugares más sagrados de Moscú y a ella acudían miles de personas, no sólo de la ciudad y su región, sino de toda Rusia. Están documentados cientos de milagros realizados por su intercesión. Santa Matrona era una seglar ortodoxa con un sentimiento religioso muy profundo, muy compasiva con todo el mundo, con un corazón lleno de amor, tremendamente piadosa y una mujer de oración asidua, que siempre aceptó de buen grado su doble invalidez, que escuchaba a todos y que a todos aconsejaba. Era conocida familiarmente como “Matronushka”.

Vista del actual sepulcro de la Santa. Convento Pokrovsky de Moscú, Rusia.

El 8 de marzo de 1998, con la expresa autorización del Patriarca Alexis II, fueron exhumados sus restos en el cementerio Danilovsky. El acto fue presidido por el arzobispo Arsenio de Istra estando presentes numerosos obispos, archimandritas y fieles en general. Se celebró un funeral en la iglesia del cementerio y los restos fueron trasladados al monasterio Danilov. El antropólogo forense profesor Víctor Zvyagin y el doctor Andrés Tanyukovich dieron fe de que en su pecho se encontraba un bulto en forma de cruz, tal y como se menciona en su biografía.

El 30 de abril del mismo año sus restos fueron trasladados al convento Pokrovsky, de Moscú, donde siguen aún, siendo canonizada solemnemente el día 2 de mayo del año 1999. Su festividad se celebra ese mismo día.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Mercurio de Cesarea

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Fresco ortodoxo griego del Santo, ataviado como soldado.

Los soldados mártires conforman, según la tradición cristiana de los primeros siglos, una categoría especial de santos. Junto con los más famosos de todos ellos: San Jorge, San Demetrio y San Teodoro Stratelatos, San Mercurio es considerado como un modelo de soldado romano que se convirtió en soldado de Cristo contra el politeísmo.

La vida de San Mercurio
Existen muchos relatos sobre la vida de San Mercurio y así, podemos hacer mención de la “Pasión de San Mercurio bajo Decio”, un texto griego que se encuentra en la colección “vitae” del bolandista Hippolyte Delehaye, bajo el número BHG (Bibliotheca Hagiographica Graeca) 1274. Una versión corta de esta “passio” se atribuye a Acacius de Cesarea, que sobre él escribió un panegírico en el siglo IV. A todo esto hay que añadir la tradición copta sobre la temprana vida del santo. Esta versión se inicia de la siguiente forma: San Mercurio nació en el año 225 en Eskentos (Capadocia, en el Asia Menor), en el seno de una familia pagana, siendo su nombre original Philopater, que significa “amante del padre”. Su padre era un oficial escita en el ejército romano, llamado Yares, aunque según otras fuentes su nombre era Gordiano. La conversión de la familia ocurrió después de que a su padre, de manera milagrosa, un ángel del Señor lo salvara de la muerte durante una campaña de caza. Todos ellos fueron bautizados tomando los nuevos nombres de Noah (antes, Gordiano), Safina (su madre) y, respectivamente, Mercurio (antes Philopater). Su vida continuó normal pero recibiendo una educación cristiana.

Más tarde, Mercurio, al parecer con solo veinte años de edad, reemplazó a su padre en su posición militar uniéndose al ejército romano y ganándose una buena reputación en el manejo táctico de la espada luchando en Armenia en la cohorte de los Martenses (de Martes, el antiguo dios de la guerra), bajo el mando de Saturnino.

La “Pasión griega” comienza con el momento en el que al parecer, no estando ya en Capadocia sino cerca de Roma, Mercurio participó en una lucha, junto al emperador Decio (249-251) contra unos bárbaros que atacaron la capital. Después de varios días de lucha, el arcángel Miguel se apareció a Mercurio sosteniendo una espada resplandeciente y diciéndole: “Mercurio, siervo de Jesucristo, no tengas miedo. Toma esta espada de mi mano y lucha con ella contra los bárbaros. Cuando regreses victorioso, no te olvides de tu Dios. Yo soy Miguel, el arcángel, a quién Dios ha enviado para que te informe de que debes sufrir por el nombre del Señor. Yo estaré contigo, apoyándote hasta que completes tu testimonio. El nombre de nuestro Señor Jesucristo será glorificado en ti”. Hay que hacer mención de que Mercurio no entendía en aquel momento qué persona era la que le estaba ayudando. Un texto más ampliado de esta “passio”, que es utilizado en los sinaxarios ortodoxos, dice que Mercurio se asustó y pensó que aquella persona podría ser alguno de los hombres notables de Roma. El santo cogió la espada del arcángel y luchó contra los bárbaros de tal manera que mató a muchos de ellos. Debido a que llevada dos espadas – la suya y la de San Miguel – a Mercurio se le conoce en el mundo árabe con el nombre de Abi-Seifein (el padre de dos espadas).

Icono bizantino del Santo blandiendo las dos espadas y atacando a Juliano el Apóstata. Sobre él, San Miguel y en el fondo, San Basilio.

Cuando Decio se enteró de esta victoria triunfal, nombró a Mercurio general de su ejército y dejó que los soldados descansaran en la ciudad. Aquella misma noche, el ángel lo despertó y le dijo quién era. También le predijo su muerte martirial: “Mira, no te olvides del Señor, tu Dios, porque deberás competir en su nombre como tu acostumbras a hacerlo y ganarás la corona de la victoria en el reino celestial, junto con todos los santos”. En ese momento, Mercurio se acordó del Dios de su padre y de la manera en la que su padre solía orar y se comprometió a confesar al Señor delante de todos.

Al segundo día, Decio quiso dar las gracias a los dioses por esta victoria y llamó a Mercurio para que participara en un consejo. El consejo decidió hacer un sacrificio en el templo de Artemisa, más el día del sacrificio, Mercurio se deslizó entre la multitud para evitarlo, pero de todos modos, no pudo evitar tener una reunión con el emperador al que le habían hecho llegar información de que Mercurio no quería participar en el sacrificio. En ese momento, Mercurio confesó que era leal servidor en la guerra, pero que su único Dios era Jesucristo y ante todos, confesó que era cristiano. Debido a esto, fue degradado de su cargo militar y deshonrado.

Decio lo envió a la cárcel hasta el momento en que decidiera que sanción imponerle, pero en esta ocasión, Mercurio fue animado nuevamente por un ángel. De acuerdo con esta “passio” griega, Mercurio comunicó al emperador que su padre era un escita llamado Gordiano y que su nombre original era Philopater. Que había recibido el nombre de Mercurio y que solo el tribuno del ejército lo llamaba así. Dijo que no tenía miedo a las torturas porque “el escudo y la coraza de la fe me protegerán contra todo lo que se decida contra mí”. Ante estas palabras, Decio decidió extenderlo por los brazos y piernas sobre el fuego, pero su sangre lo apagó y de vueltas a la cárcel, fue curado milagrosamente por un ángel que al mismo tiempo lo reconfortó. Al día siguiente, al verlo curado, Decio lo acusó de brujería y ordenó a sus soldados que colgaran a Mercurio boca abajo amarrándole una piedra al cuello. Fue golpeado y quemado con un hierro al rojo vivo. Finalmente, Decio decidió que tenía que morir decapitado pero en su tierra, Capadocia, para que sirviera de ejemplo a los demás. En Capadocia se le apareció el mismísimo Señor y lo llamó al eterno descanso otorgándole la corona del martirio. Fue decapitado el día 25 de noviembre. En el “Acta sanctorum” del mes de noviembre (publicado en la versión del “Synaxarium Ecclesiae Constantinopolitanae”), se dice que tenía veinticinco años de edad, era de estatura alta, de rostro hermoso y pelo rubio. “Luego, después de haber sido bendecido, Mercurio estaba tan feliz que corrió hacia sus verdugos rogándoles que de inmediato ejecutaran las órdenes del Rey. Luego se arrodilló y dijo: “Señor, no tengas en cuenta este pecado”. Mercurio fue decapitado el 4 de diciembre del año 250. Tenía solo veinticinco años”.

Vista del altar lateral consagrado al Santo, bajo el icono se veneran sus reliquias. Iglesia copta del barrio viejo de El Cairo, Egipto.

La veneración de San Mercurio y sus reliquias
Supuestamente, las reliquias del santo permanecieron en una iglesia de Capadocia, pero su culto se extendió rápidamente por Egipto, donde existen muchas iglesias a él dedicadas, entre ellas la de Qas al-Sham, en el Cairo Viejo, iglesia que data del siglo VI.

Un catholicós armenio visitó Egipto durante el patriarcado de Juan XIII (1484-1524) y se llevó parte de las reliquias de San Mercurio a fin de colocarlas en la iglesia antes mencionada situada en el Cairo Viejo. Este acontecimiento es celebrado en el Calendario Copto el día 9 de Baounah (16 de junio). Algunas otras reliquias están distribuidas por otras iglesias, como en el monasterio de Montevergine (Campania) y en la iglesia de San Mercurio en Serracapriola, cerca de Foggia, en Italia. Otras reliquias fueron llevada al monasterio de Vatopedi y a otros diez monasterios del Monte Athos y algunas otras a Grecia. Según la tradición, desde el año 1767, la reliquia del cráneo de San Mercurio se encuentra en la catedral de Râmnicu Vâlcea (Rumanía). Otras están en el monasterio de Horezu, a unos cien kilómetros de Râmnicu Vâlcea y en la iglesia de San Mercurio de Bucarest. La Iglesia Copta posee muchas pequeñas reliquias en muchos templos, especialmente en El Caizo, Giza y Alejandría, en la iglesia copta de Frankfurt y en el monasterio copto de Kröffelbach, ambos en Alemania.

Los milagros acaecidos junto a su cuerpo comenzaron inmediatamente después de su muerte. El se volvió blanco como la nieve emitiendo un dulce olor a mirra e incienso. Fue sepultado en el lugar donde murió y la mencionada “Vita” acredita muchos milagros alrededor de su tumba. De esto se hace mención en “La Vida de Basilio” de Anfiloquio de Iconio, (siglo IX, Bibliotheca Hagiographica Graeca 247) y en las Crónicas de Juan Malalals (del siglo V). Unos cien años más tarde, San Basilio de Cesarea estaba rezando para que los cristianos fueran protegidos de la persecución de Julián el Apóstata (361-363). Ante él tenía dos iconos, uno de la Madre de Dios y otro de San Mercurio. En ese momento el emperador Julián estaba en guerra contra los persas y mientras oraba San Basilio, vio la lanza de San Mercurio ensangrentada, informándole el santo que en aquel mismo instante había muerto el emperador, asesinado por la lanza de un soldado desconocido. De todos modos, esta historia difiere de la historia oficial, según la cual, Julián el Apóstata murió a causa de una flecha. Esta historia está pintada sobre todo en los iconos coptos del santo, donde se le representa con dos espadas y matando con una lanza a Julián; al fondo, aparece San Basilio orando.

Pequeño relicario con un hueso del Santo. Monasterio Hurezi, Rumanía.

De acuerdo con dos fuentes de origen sirio, “El romance de Julián el Apóstata” y “La vida de Eusebio de Samosata” (Bibliotheca Hagiographica Orientalis 294), el verdugo de Julián el Apóstata fue Mar Qurus, uno de los Cuarenta mártires de Sebaste. Esta identificación realizada después de algunas investigaciones nos hace pensar que la historia de San Mercurio bajo el emperador Decio, puede ser una historia apócrifa.

La Iglesia Occidental conmemora a San Mercurio el día 11 de noviembre, mientras que en Oriente se festeja el 24 de noviembre. La Iglesia Copta lo celebra el 9 de Baounah (16 de junio), fecha del traslado de las reliquias y el 25 de Abib (1 de agosto) cuando se conmemora la consagración de la primera iglesia que lleva el nombre del gran San Mercurio Abi Saifain. Mencionemos también que en la víspera de su conmemoración del 9 de Baounah (15 de junio) del año 2007, fueron cerca de un millón de peregrinos al monasterio copto Abi Seifein en El Cairo.

Troparion (himno) del Santo
“Tu santo mártir Mercurio, ¡oh Señor! a través de sus sufrimientos ha recibido de ti, Dios nuestro, la corona incorruptible. Para tener tu fuerza, estuvo bajo sus adversarios haciendo añicos la impotente audacia de los demonios. Por su intercesión, ¡salva nuestras almas!”.

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es