La Sábana Santa (III): la lanzada

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del negativo de la Síndone y del óleo “Resurrección” de Francisco Trigueros.

Con la ejecución de Jesús, a pesar de ser una ejecución romana, las cuales siempre iban revestidas casi como un espectáculo, no se quería herir la susceptibilidad de los Judios, los cuales estaban prestos para celebrar la Pascua. Había que precipitar la muerte de los condenados que pendían de la Cruz. De este episodio, sólo el Evangelio de Juan se hace eco[1], al igual de un hecho diferenciador y único que autentifica más la Sábana Santa.

Según todos los estudios realizados, el Hombre de la Sábana Santa no presenta facturadas las piernas a pesar de ser un cuerpo crucificado, sino que aparece como dice San Juan en el capítulo 19 de su Evangelio, con el costado atravesado por una lanza [2] que según podemos saber a través de los Evangelios Apócrifos, fue efectuada por un soldado llamado Longinos. Al hombre de la Sábana Santa, al igual que describe el evangelista Juan, no le rompieron las piernas, como ya aparecía preconizado en el Salmo 34 [3]:

“Él guarda todos sus huesos
Ni uno de ellos será quebrantado”
.

En este punto, es interesante adentrarnos en la vida e historia de Longinos. Es interesante la visión que tuvo sobre este personaje bíblico la religiosa agustina Beata Ana Catalina Emmerich en su más que conocida obra “La Amarga pasión de Cristo”.

La lanza entró por el quinto espacio intercostal derecho.

Curiosamente, el momento de la lanzada sólo es recogido por el Evangelista Juan. A los otros dos que estaban crucificados con él, les quebraron las piernas. Esta práctica de quebrar las piernas de los crucificados para acelerar su muerte es llamada crurifragium. Es significante que mientas que el evangelista es muy escueto a la hora de describir este episodio, la citada religiosa agustina relata este momento con detalles que van desde el dramatismo a la ternura. Señalamos en este punto, que había cruces que tenían colocado en el stipe un sedile. Éste sólo se arbitraba cuando se quería prolongar el martirio del reo.

Según podemos ver en la Síndone y tras estudios realizados, la lanzada fue realizada en el costado derecho y tiene unas dimensiones de 4’5 centímetros de larga por un ancho de 1’5 centímetros. Fue realizada por una lanza romana pilum, la cual penetró en el cuerpo del ajusticiado unos ocho centímetros, alcanzando la aurícula derecha del corazón. Otro detalle que podemos observar es que la sangre que mana del costado no es tan oscura como la de la nuca. El motivo es que la sangre estaba mezclada con suero. El Dr. Júdica Cordilia, de la Universidad de Milán, afirma que examinada todas las machas de sangre de la Síndone, todas fueron realizadas mientras el Hombre de la Síndone estaba con vida, salvo la del costado, que fue producida tras su muerte.

La sangre de todas las heridas es arterial, menos la del costado, que es venosa, como corresponde a la que hay en la aurícula derecha del corazón. También el Dr. Marino Molina afirma que en las agonías dolorosas el agua del pericardio es abundante. El evangelista dice “… y al instante salió sangre y agua”.

Un obispo bizantino inciensa la Sindone en la catedral de Turín, Italia.

Muerto el condenado, era custodiado por soldados romanos para evitar que fuera descolgado el cuerpo. Los cuerpos muertos quedaban sin sepultura durante mucho tiempo, siendo en muchos casos pasto de las rapiñas, pero cuando eran descolgados eran depositados en una fosa común, aunque la Ley romana también contemplaba entregar el cuerpo a quien lo pidiese de forma piadosa. Así, Quintiliano dice “El juez no prohíbe la sepultura de aquellos que han sido traspasados”.

J.A. Vieira


[1] Jn 19,31-32
[2] Jn 19, 33-34
[3] Sal 34,21.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

9 pensamientos en “La Sábana Santa (III): la lanzada

  1. Muchísimas gracias, José Antonio, por este nuevo artículo sobre la Sábana Santa, el llamado Quinto Evangelio.
    Es verdad que estudiando a fondo – por quienes saben – el martirio que sufrió el Hombre de la Sábana, punto por punto se van confirmando los datos que nos aportan los evangelistas y en este caso, en el tema de hoy, hay para mi tres datos fundamentales: a ese Hombre no le quebraron las piernas, le atravesaron el corazón y lo hicieron cuando ya estaba muerto. ¿Pura coincidencia? Creo fervorosamente que no.

  2. Muchas gracias José Antonio. En relación con la Sindone tuve la oportunidad de asistir a laConferencia que sobre la restauración de la Sindone se realizó y las explicaciones magistrales de Jorge MAnuel Rodríguez, Presidente de la Asociaciación española que estudia las sagradas reliquias y cuya sede está en Valencia, y los negacionistas creo qu elo tienen crudo para rebatir tantos argumentos contundentes que existen para fundamentar esta sábana como la que cubrió a Cristo. Desde luego aquella intervención fue brillante.

  3. Está claro que la Sábana Santa es, sin duda, una de las reliquias más valiosas de la cristiandad, si no la que más. Es muy difícil, a la luz de las diversas pruebas científicas realizadas, negar su autenticidad, por más que muchos se hayan obstinado en ello. En cuanto a la identidad del varón cuyas lesiones reproduce, hay que admitir que también es muy difícil divagar sobre su identificación, dada la pasmosa coincidencia con los detalles del Evangelio.

    Recuerdo que hace un tiempo un contertulio de YouTube que se admiraba de que del costado de Jesús “saliera agua”; se indignó terriblemente conmigo porque quise tener la gentileza de indicarle que no era exactamente “agua” (entendida como esa agua que bebemos), sino líquido pleural, del pulmón. Para mí era lógico que la lanza hubiese rozado la pleura. Sin embargo, tú, Vieira, nos indicas que es más bien líquido acumulado en el pericardio debido a la agonía dolorosa. En cualquier caso, está claro que no es “agua” en el sentido estricto de la palabra; pero el autor del Cuarto Evangelio, que no sabría mucho de medicina, no pudo describirlo con otra palabra.

    Hoy en día sí que tenemos el conocimiento y las palabras para describirlo adecuadamente y por eso no entiendo la indignación de este contertulio con mi observación… creo que tenemos que ser más humildes y leer mucho, muchísimo, para no ir de ignorantes por la vida..

  4. Como los anteriores un articulo muy interesante, que nos hace ver que esta reliquia sin duda es real, las coincidencias con lo relatado en los evangelios es abrumadora, le agradezco el que nos aclare puntualmente tantas cuestiones al respecto pues asi aprendemos más sobre la pasión de Nuestro Señor.

  5. Agradezco esta serie de artículos ya que anualmente tenemos seminarios sobre la sabana santa con exposición de las replicas exactas y un mini museo con fotografías y reproducciones. Estas colaboraciones contribuyen sin duda a enriquecer nuestras conferencias cuaresmales en torno a la sindone y al hombre misterioso. Aprovecho para decir que las réplicas de la Sabana, en tela, estan disponibles.

  6. Gracias Jose Antonio.
    Para mi es fascinante todo el tema alrededor de la Sabana Santa,creo que cubrio realmente el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo y que su “impresion” en ella,se debio al efecto del poder en el momento de su resurrecion.
    Tal vez algun dia esto sea un dogma de fe.

  7. José Antonio, disfruto mucho tus artículos y debo confesar que es uno de mis temas favoritos en el blog. Yo también tenía idea de que el líquido que salió de la lanzada era fluido pleural, gracias por explicarnos que era algo distinto. Tampoco sabía que el corazón guardaba líquido en tales casos. ¡Espero con ansias el siguiente artículo de la serie!

  8. Algunas dudas doctor, veamos si me la aclara. Tengo entendido que la Sabana no muestra una imprompta de cubrir algo sino el negativo. Es decir todo se ve a la.inversa de como observamos. Otra duda es respecto a la estatura del cuerpo. Bien sabido es que los difuntos hinchan y aumentan de tamaño en las primeras horas tras el rigor por los edemas. Resulta raro asimismo que en una epoca donde la estatura media no llegaba en varones a superar 1,60 no fuese Jesús descrito como un gigante o un hombre muy alto si realmente midió 1,81.

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