Santa Ipomoni (Paciencia), emperatriz de Oriente

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego de la Santa.

Pregunta: Hola amigos, me llamo Paciencia, soy asturiana y vivo en Grecia desde hace algo más de un año. Aquí tengo una buena amiga que se llama igual que yo pero a la que su familia y amigos griegos llaman Ipomoni. ¿Sabéis por qué? Gracias.

Respuesta: Pues este tema está bien claro: porque se trata de la misma santa. Te lo explico.
Santa Ipomoni (Paciencia), conocida también como Augusta Elena Palaiologos es una santa muy desconocida en Occidente, pero muy venerada en algunos países ortodoxos del Este. Las Iglesias Ortodoxas la conmemoran en dos fechas: el día 13 de marzo (día de su muerte) y el 29 de mayo, fecha en la que se conmemora la caída de Constantinopla y la muerte de su hijo, el emperador Constantino XI Paleólogo, venerado como santo mártir por estas Iglesias.

Santa Ipomoni se llamaba Elena Dragash (Јелена Драгаш) y fue la esposa del emperador Manuel II Paleólogo, o sea, emperatriz Augusta del Imperio Romano de Oriente. Era hija de Constantino Dragash, uno de los hijos del rey serbio San Esteban Uros IV Dusan, luego su estirpe era real y bendita. Muchos de sus antepasados fueron santos y actualmente son venerados como tales, como por ejemplo San Esteban Nemanja, rey serbio y fundador del monasterio Hilandar en el Monte Athos.

Constantino Dragash fue un noble regional independiente del fragmentado reino de Serbia y asumió el liderazgo de lo que actualmente es la parte búlgara del noreste de Macedonia en el área de Axiou Strymonos. Se desconoce el nombre de su madre, primera esposa de Constantino quien posteriormente contrajo nuevas nupcias con Eudoxia Megaskomnene.

El nacimiento de Ipomoni tuvo lugar en el año 1372, después de la muerte de su abuelo San Esteban Uros IV Dusan, y como buena serbia, su educación estuvo muy influenciada por los ideales bizantinos. Ella se identificaba con la cultura bizantina y, emocionalmente, se consideraba bizantina, máxime cuando se convirtió en emperatriz Augusta; todas estas circunstancias: familia, época, lugar, posición social, etc. hicieron que la fe que profesaban ella y toda su familia fuera la fe ortodoxa. Esta fe la guió e iluminó durante toda su vida, que estaría llena de dolores y de pruebas.

Sólo tenía dieciocho años de edad cuando el 10 de febrero del año 1390 se casó con Manuel II Paleólogo pocos días antes de que este se convirtiera en emperador. Durante un tiempo, su marido no fue un buen esposo pues consentía que la insultaran y humillaran tanto los cristianos como los musulmanes y él mismo también lo hacía. Todo esto se daba en el contexto de estrés en el que estaba sometido como consecuencia de que veía agonizar al Imperio Romano de Oriente.

La Madre de Dios protegiendo a la familia imperial bizantina: Manuel II Paleólogo, Santa Ipomoni y sus hijos Juan, Teodoro y Andrónico.

Santa Ipomoni siempre se mostró como una persona extraordinaria, adornada de grandes virtudes y de una fortaleza espiritual inquebrantable. Demostró que tenía una conciencia total y absoluta de cual era su posición y sus circunstancias, y el papel que debería jugar a todos los niveles, pues era la madre a quienes muchos querían acercarse.
Compartió las inquietudes y preocupaciones de sus temerosos conciudadanos e hizo todo lo posible por acompañarlos en la oración y darles palabras de consuelo.
De ella se dijo: “Esta reina, con mucha humildad y perseverancia apareció para, en su momento, hacer frente a las pruebas que se cernían sobre su pueblo. Nunca se concedió descanso y siempre hizo lo que era necesario. Se unieron la inteligencia y la valentía, distinguió por su castidad, era profundamente justa, no hacía mal a nadie y a todos ayudó como pudo. ¿De qué otra forma se puede mostrar más justicia?”.

Ipomoni y su esposo Manuel II tuvieron ocho hijos, de ellos, seis niños y dos niñas:
la primogénita fue una niña de la que se desconoce el nombre, Constantino Paleólogo (que murió joven), Juan VIII Paleólogo (que fue emperador bizantino), Andrónico Paleólogo (señor de Tesalónica), otra hija de la que tampoco se conoce su nombre, Teodoro II Paleólogo (señor de Mystra), Miguel Paleólogo (que murió también joven),
Constantino XI Paleólogo (último emperador bizantino), Demetrio Paleólogo (señor de Mystra) y Tomás Paleólogo (también señor de Mystra). O sea, dos emperadores, tres señores de Mystra y uno de Tesalónica. Las dos niñas murieron muy jóvenes.

Ella educó a sus hijos amorosamente, inculcándoles las enseñanzas de la Ortodoxia, haciendo que frecuentemente visitaran monasterios y santuarios, criándolos en “la Ley del Señor” y orando por ellos durante toda su vida a fin de que fueran fieles a las tareas políticas que tuvieron que llevar a cabo cada uno de ellos. Llegó a poner paz entre los miembros de la familia imperial en aquellos momentos en los que peligraba la permanencia del Imperio y fue fuente de conciliación maternal cuando se plantearon algunos conflictos a la muerte de su esposo Manuel II, hecho que ocurrió el 21 de julio del año 1425.

Dos meses antes de su muerte, su esposo había cedido el trono a su hijo Juan, que era prácticamente el primogénito y se retiró al monasterio Pantocrátor de Constantinopla, tonsurándose como monje con el nombre de Mateo. Una vez fallecido su esposo, ella, también ingresó como monja en el monasterio de Santa Marta cambiando su nombre de Elena por el de Ipomoni (Paciencia). Tres de sus hijos también se hicieron monjes: Teodoro, Andrónico y Demetrio.
Como tenía especial debilidad por los monasterios, a los que ayudaba siempre que podía, construyó el monasterio de la Panagia Pammakaristos en la ciudad de Demetrovgrand, en el sureste de Serbia.

San Constantino XI Paleológo, hijo de la Santa. Icono ortodoxo griego.

Tuvo una especial veneración por San Patapios el Justo, visitando frecuentemente el monasterio de Loutraki, donde estaba (y está) el sepulcro del santo. Junto a él, fundó un monasterio femenino al que denominaba “esperanza de los desesperanzados”. Murió el día 13 de marzo del año 1450 en Constantinopla.

Años más tarde, el Patriarca Ecuménico Gennadios II Escolario, escribiendo sobre ella un elogio fúnebre, decía ante su hijo, el emperador San Constantino XI Paleólogo: “La dormición de su santa madre Ipomoni, fue la de una bendita reina que dejaba asombrados por su sabiduría a cuantos sabios se acercaban a ella; cuando se reunía con algún asceta, se alejaba avergonzada por lo que consideraba sus pobres virtudes; cuando conoció a alguien inteligente, éste quedaba impresionado por su superior inteligencia; cuando se reunía con algún legislador, ella le inspiraba; cuando estaba delante de un abogado, éste pensaba que tenía ante él al mismísimo estado de derecho; cuando alguien valiente se encontraba con ella, éste se sentía derrotado, asombrado por su paciencia, su sabiduría y su fortaleza de carácter; cuando se le acercaba algún filántropo, éste se sentía golpeado por la misma filantropía; cuando conocía a algún fanático religioso, ella mostraba mayor celo piadoso; a cuantos sufrían, ella les aliviaba su dolor. No había nadie que habiendo entrado en contacto con ella, se sintiera superior”.

No llegó a conocer los últimos momentos trágicos del Imperio, pues como he dicho, murió el 13 de marzo de 1450, después de haber vivido treinta y cinco años como emperatriz y veinticinco años como humilde monja.
Su cráneo se conserva en el monasterio de San Patapios en Loutraki.

Un milagro reciente de la Santa
En el mundo ortodoxo es muy conocido un reciente milagro atribuido a ella.
Un día se le apareció a un taxista ateniense como una simple monja, paró el taxi y le rogó que la llevara al monasterio de Loutraki. El taxista tenía cáncer de piel por lo que estaba pasando por unos momentos de crisis de fe. Durante el camino, la monja, que llevaba puesta en la cabeza un tocado de la Cruz Roja, le preguntó: ¿Por qué estás triste? El taxista no dudó en contarle todo lo que le estaba pasando. Entonces ella le preguntó si quería que hiciese sobre él la señal de la cruz y el taxista accedió, pero al poco tiempo empezó a sentir gran somnolencia por lo que le solicitó a la monja si podrían parar un rato para dormir pues de lo contrario podrían tener un accidente. Se quedó dormido y al despertarse comprobó que la monja había desaparecido, pero que su cuerpo estaba curado. Preguntó a la gente del entorno si habían visto a una monja, pero todos dijeron que no, por lo que volvió al taxi convencido de que su curación había sido milagrosa.

Relicario con el cráneo de la Santa. Monasterio de San Patapios de Loutrakis, Grecia.

Fue a su médico y se lo contó, viendo en la consulta del doctor un icono. Al instante cayó de rodillas llorando preguntando el nombre de la santa del icono. “Es Santa Ipomoni”, le dijo el doctor y el taxista inmediatamente identificó el rostro del icono con el rostro de la monja a la que había montado en el taxi. Era el día 13 de marzo.

Kontakion de Santa Ipomoni
“Tú que llevas el nombre santo de Paciencia y que eres una de los gobernantes más santa y sabia, que has brillado en Bizancio como una estrella y que eres la más piadosa entre los coros de los monjes, con los rayos de la humildad cantamos tus alabanzas gritando con fervor: ¡Salve oh Madre gloriosa!”

Megalynarion de Santa Ipomoni
“Dios te salve prototipo de paciencia, pilar de la abstinencia, inexpugnable en todas las virtudes, ¡oh tesoro de amor Ipomoni!; glorifica las mentes de los gobernantes piadosos. Señor Jesucristo, a través de sus oraciones, ten misericordia de nosotros y danos la salvación. Amén”.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

14 pensamientos en “Santa Ipomoni (Paciencia), emperatriz de Oriente

  1. Gracias por hablarnos de esta Santa emperatriz de curioso nombre que me tenía confundida pues, al verla con la típica cruz martirial, la confundía con una mártir de nombre Paciencia.

    Lo que no tiene sentido para mí es el pasaje del milagro que relatas. No es que cuestione el milagro en sí, sino que, sabiendo que todos los iconos ortodoxos griegos se hacen siguiendo el estricto canon bizantino, cómo supo ese hombre que la Santa que le había ayudado era precisamente Ipomoni? Si todas las Santas tienen la misma cara en los iconos!!!!

    • La verdad, Ana Maria, que el nombre rarito si que es. Mucho me temo que un altísimo porcentaje de nuestros lectores oigan hoy por primera vez el nombre de esta santa ortodoxa.

      En lo referente al milagro que narro al final, te diré que es un milagro muy reciente y que está suficientemente constatado. ¿Por qué el taxista dijo que era ella? Habría que preguntárselo al taxista.

      • Apoyo a ambos. De verdad que los íconos todos se parecen como bien dice Ana María. Y desde luego Antonio, habrá que preguntárselo al taxista.

        Me es curioso el milagro.

        Antonio y con este supuesto milagro ¿resurgió su veneración en la Iglesia Ortodoxa?

        • Emmanuel,
          Eso no te lo puedo confirmar a ciencia cierta, pero seguro que en el entorno poblacional donde vive el taxista y en Loutraki, si.
          De todos modos, si eres asiduo a páginas religiosas griegas, verás que con relativa asiduidad se publican milagros de algunos santos ortodoxos, ya antiguos como modernos, luego con este tema de los milagros
          deben estar muy concienciados. Al menos, lo creo así.

  2. Muchas gracias Antonio. Aparte de la vida de humildad, sabiduría y la consagración de algún monasterio y su vida al ámbito monacal no había advertido rasgos de uan especial santidad en esta Santa Paciencia. Al llegar al pasaje del taxista y la curación de su piel su biografía ha adquirido otros tintes. En todo caso, decirle a la consultante que es la primera ocasión en que tengo noticias de alguien con este nombre y que me parece muy bello.

    • Pues a mi el nombre no me sonaba para nada cuando ella hizo la pregunta. Tenía una foto de su cráneo en Loutrakis, pero lo tenía en mi archivo como Santa Uromonis (no Ipomoni), pero buscando información, siempre en textos griegos, se consiguió hacer el artículo.

  3. Antonio en la noche se me vino a la cabeza una cuestión.

    Los Ortodoxos o demás cristianos de otros ritos como: el copto, armenio, maronitas…, ¿Tiene representaciones de los santos como las nuestras? me refiero a las que llamamos imágenes de bulto

    • Emmanuel,
      En todas las Iglesias Orientales, tanto católicas como ortodoxas, lo normal es representar las imágenes de los santos en iconos, no en esculturas. Puede existir alguna rara excepción, pero lo normal es el icono. Además, veneran a los iconos mucho más que hacemos nosotros con nuestras imágenes, incluso durante las celebraciones litúrgicas.

      Supongo que habrás leído todos los artículos que hemos publicado sobre los ritos orientales. En enero se publica uno sobre el rito siro-malabar y seguiremos con el bizantino.
      También queremos escribir sobre los ritos occidentales, pues tu sabes que el rito latino no es el único rito occidental, aunque sea el mayoritario.

  4. Antonio muchas gracias por darnos a conocer a esta santa de tan curioso y extraño nombre, su milagro me ha parecido muy hermoso, algo similar sucedio en 1985 aqui en México con San Felipe de Jesús, el 19 de septiembre de ese año la ciudad de México sufrió uno de los peores terremotos de su historia derrumbando muchos edificios con miles de muertes y pesonas atrapadas y una familia que le era muy devota al primer santo mexicano quedo atrapada bajo los escombros del edificios habitacional donde residian y en su desesperación al sentir que poco tiempo les quedaba y podrian morir aplastado po los escombros invocaron a su santao patrón y de dice que los rescatistas vieron que de la nada aparecio un joven que comenza a levantar los escombros muy rapido y logro encontrar en mucho menor tiempo a esa familia que había quedado atrapada y la familia agradecida al ser llevados a la ambulancia le preguntaron al joven que ¿cual era su nombre? querian saber el nombre de su benefactor, su sorpresa fue mayuscula cuando este les respondio que se llamaba “Felipe de Jesús”, nunca nadie más volvio a ver a ese joven, por lo que siempre se creyo que no fue otro que el mismo santo. Por lo que se ve que siempre que alguién tiene mucha fe los santos nos ayudan con su intercesión, y me da gusto saber de la devoción que le tiene a esta santa en Grecia, eso si es nuevo para mi saber que todos esos emperados bizantinos son considerados santos por la iglesia ortodoxa.

    • Está claro, André, que los milagros existen y son obras de Dios, el cual se vale muchas veces de la Santísima Virgen o de los santos, para realizarlos. Y eso pasa en Oriente y en Occidente.

      Salvo alguna excepción, la Iglesia Ortodoxa venera como santos a todos aquellos emperadores que han convocado un concilio o han luchado por la ortodoxia y lo mismo sucede con sus esposas y madres.

        • Abel,
          Teniendo en cuenta que en los Concilios Ecuménicos se han debatido los temas que en algún momento inquietaban a la Iglesia y en ellos se han ido configurando el dogma cristiano y la Iglesia ha salido fortalecida de los mismos, se estima que quienes los convocaron, por esta contribución eclesial, merecen un puesto en el santoral. Tiene su lógica.

  5. Que terrible comienzo en su vida de casada,,,burlandose de ella incluso su propio esposo.
    Antonio quiza me aventuro diciendo esto,peor me da a mi,que tu crees en el milagro del taxista y en lo que ocurrio.
    Yo tambien lo creo,hay cosas que escapan a nuestar comprension (y asi tienen que ser,sino seriamos como dioses).
    Tambien creo en el relato de Andre sobre la aparicion de ese joven que se llamaba Felipe de Jesus,el Santo.

    • Pero Abel, claro que yo creo en los milagros. ¿Te parece poco milagro el perfecto orden que existe en el Universo? ¿Y quién lo ha hecho, quién lo ha configurado tal cual es?
      Creo en los milagros que Dios realiza a través de la Virgen y los santos, lo que pasa es que no todo lo que se dice que es milagro, realmente lo es. Fíjate en el detalle de que se habla de miles de milagros realizados en Lourdes y de todos esos miles, la Iglesia solo reconoce unos pocos.
      Y cuando una persona va a ser beatificada o canonizada se presentan numerosos milagros que, después de haber sido analizados con lupa, quedan en uno, dos o ninguno.
      Creo en los milagros, pero creo que no son tantos como se dicen. El que el sol salga todas las mañanas ya es un milagro en si, ¿no?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*