Santas Flora y María, mártires mozárabes en Córdoba

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Gozos catalanes dedicados a Santa Flora, mártir de córdoba. Fuente: www.bibliogoigs.blogspot.com.

Hoy, día 24 de noviembre, se celebra la festividad de dos mujeres mozárabes, es decir, cristianas en tierras musulmanas, que fueron martirizadas en Córdoba en tiempos de Al-Andalus. Algunos compañeros ya han escrito sobre estos mártires, a cuyos artículos me remitiré, pero hoy será esta servidora la que aborde específicamente el caso de estas dos Santas.

Aunque existen algunas fuentes para conocer la vida y martirio de Flora y de María, definitivamente la más antigua y la más fiable son los escritos de San Eulogio, quien las conoció en persona y fue testigo de su martirio. ¿Qué mejor testimonio que éste? Aprovecho de antemano para dar las gracias a mi querido amigo y colaborador de este blog, Antonio Barrero, por haberme facilitado el doble texto en latín y castellano de la Vida de estas Santas escritas por el mismo Eulogio, y cuya referencia reseño al final del artículo.

Flora, la virgen cordobesa
Eulogio nos empieza hablando de Flora, diciendo que era una virgen nacida en Córdoba, hija de madre cristiana, natural de Ausinianos (hoy Villa-Rubia) y de padre sevillano musulmán que se habían establecido en Córdoba. Era la última de los hijos del matrimonio, y Eulogio nos la describe como una joven de rostro agraciado y de esbelta figura.
Habiéndose quedado pronto huérfana de padre, fue su madre quien la crió y le inculcó la fe cristiana con gran fidelidad. Eulogio nos dice que entrevistó a la madre para que le contase cómo había sido la infancia de Flora, y la buena mujer le relató con todo lujo de detalles, de lo cuales hago un extracto: “Sinceramente le digo que mi hija, a medida que crecía en años (…) en todo tiempo pensaba en las cosas de Dios; nunca fue negligente para obrar el bien. Ya en su infancia era austera, observando todos los días una verdadera Cuaresma (…) ella, puesta su confianza en el poder divino, quedándose sin comer, dando la comida a los pobres, practicaba el santo ayuno a hurtadillas. (…) Mucho me costó persuadirla de que tomase el alimento normal, para que no enfermase aquel su fragilísimo cuerpo (…) Con todo, no logré que comiese sino por la tarde, y siempre tras duras amonestaciones. La esposa de Cristo se ingenió para cumplir el voto que había hecho al Señor”.

Aunque orgullosa de ser cristiana, Flora no se atrevía a asistir a las reuniones cristianas porque tenía un hermano mayor, ferviente musulmán, que la espiaba continuamente. De modo que se encontraba practicando la religión cristiana en secreto y, en público, cumpliendo con los ritos musulmanes, para que la dejaran en paz. Pero tras consultar con algunos cristianos entendidos, descubrió que aquello de ser cristiana en privado y aparentar en público ser musulmana estaba considerado pecado grave, por lo que, disgustada, resolvió abandonar el hogar para poder practicar libremente su fe. Sin decir nada a su madre, huyeron ella y una hermana suya, siendo acogidas por cristianos.[1]

Cuando supo de esto, su hermano montó en cólera y se lanzó en su búsqueda, y en su afán llegó a encarcelar a algunos clérigos a los que consideraba encubridores, y buscó hasta en los conventos. Pero cuando Flora supo que por su causa se estaba persiguiendo a la comunidad cristiana, inmediatamente regresó a casa y, poniéndose frente a sus familiares, confesó su fe y los retó a obligarla a abandonarla mediante los tormentos que quisieran probar con ella. Lleno de horror, su hermano trató de disuadirla con promesas y amenazas, pero como no sirviese de nada, él mismo la arrastró hasta el tribunal del cadí. Allí le contó al juez que su hermana, siendo buena musulmana hasta el momento, se había dejado embaucar por los cristianos. Cuando se le dio la palabra, Flora negó todo esto y confesó por vez primera que había sido cristiana desde niña, y que a él le había consagrado su virginidad.

El cadí, entonces, buscando un castigo ejemplar, dio orden de que “asiéndola con sus manos dos verdugos, la extendiesen los brazos y la golpeasen sin compasión la cabeza hasta que, desgarrada, apareciese desnudo el hueso de la cabeza”. [2] A pesar de la tortura, Flora permaneció firme en la confesión de su fe y cuando ya estaba inconsciente y medio muerta por los golpes, el cadí la devolvió a su hermano y le dio orden de curarla y que; tras recuperarse, debía instruirla en la fe musulmana y si se resistía, traérsela de nuevo.

Su hermano se la llevó a casa y siguiendo las órdenes recibidas, la entregó a las mujeres del hogar para que la curaran. También cerró la puerta de la casa con cadenas para evitar su fuga. Sin embargo, y pese a que la casa estaba rodeada de altas tapias, Flora, aún convaleciente de la tortura, se las ingenió para escapar de nuevo. De noche, cuando nadie la vigilaba, marchó al corral de la casa, se subió a un chamizo que allí había y por las tapias se descolgó hasta el suelo de la plaza, sin hacerse daño. Huyó a casa de un cristiano que la acogió, y luego, tras un tiempo, marchó a la villa de Osaria (hoy Torredonjimeno, cerca de Martos, en Jaén) y allí, junto a su hermana, estuvo hasta que le llegó el martirio definitivo.

Concluyo este apartado con el conmovedor testimonio de Eulogio, que permite autentificar la tortura padecida por Flora: “Y yo, yo pecador, rico en culpas, yo que gocé de su amistad desde los principios de su martirio, yo merecí tocar con ambas manos las cicatrices de aquella venerabilísima y delicada cabeza, despojada de su virginal cabellera por la violencia de los azotes”. Desollada la cabeza por la flagelación, Flora se había quedado calva.

Imagen de Santa María, mártir cordobesa, venerada en su ermita de Niebla (Huelva, España), su ciudad natal.

María, la virgen de Niebla, religiosa en Cuteclara
En este punto, Eulogio pasa a hablarnos de la que sería su compañera de martirio, María. Era también hija de un matrimonio mixto. El padre, oriundo de Niebla (Huelva), se había trasladado a Córdoba, donde se casó con una mujer musulmana, a la que acabó por convertir y hacer bautizar. Tuvieron dos hijos: un varón, Walabonso, y la propia María. Como por ser cristianos vivían en un ambiente opresivo, marcharon al pueblo de Froniano, en las montañas cordobesas. Allí vivieron con estrechez y al poco tiempo, la madre fue atacada por unos lobos en el bosque y murió; y el padre, deseoso de retirarse a una vida contemplativa, se hizo clérigo. Como ya no pudiese hacerse cargo de sus hijos, entregó a Walabonso al monasterio, regido en aquel momento por San Félix; y a María al cenobio de Cuteclara, en Córdoba, dirigido por Artemia, quien había sido madre de dos mártires, Adolfo y Juan, decapitados en tiempos de Abd-al-Rahman II.

En el cenobio de Cuteclara María se distinguió en todas las virtudes; con gran afecto por su hermano Walabonso, que era menor que ella y la tenía como una madre. Él fue ascendiendo en las órdenes sagradas hasta llegar al diaconado, y como falleciese Salvador, el presbítero que lo tenía a su cargo, pasó a ocuparse de él un tiempo su propio padre de nuevo.

Pero al cabo de un tiempo, San Pedro, sacerdote; el propio diácono Walabonso y algunos compañeros fueron martirizados por la fe, siendo decapitados. María, aunque orgullosa del martirio de su hermano, se sentía muy afligida de haberle perdido y le lloraba a menudo, encomendándose a él. Se dice que entonces Walabonso se apareció a una religiosa compañera para que le dijese a su hermana que no le llorara más, que pronto estaría con él en el cielo. Desde ese sueño, María sintió la vocación del martirio y suspiraba por morir por Cristo.

Y así, un día, María abandonó el monasterio, resuelta a entregarse a las autoridades y padecer el martirio por Cristo. Pero paró un momento en la iglesia de San Acisclo para orar y prepararse. Y allí, se encontró con Flora.

Detalle de la imagen de Santa María, mártir cordobesa, venerada en su ermita de Niebla (Huelva, España), su ciudad natal.

Encuentro y prisión de las Santas
Flora también había acudido allí a encomendarse a los mártires, decidida a morir por Cristo desde que oyera como una voz interior, la del Salvador, que le decía: “Otra vez vengo a ser crucificado”.
Ambas se saludaron con afecto y se dieron el ósculo de paz; pues se conocían de antemano al haber vivido un tiempo Flora con ellos anteriormente. Luego se descubrieron una a la otra el propósito de sufrir el martirio, y después de jurarse amistad eterna y no separarse ya; se presentaron juntas ante los cadíes de la ciudad.

Ante el tribunal, Flora habló primero, identificándose como aquella cristiana hija de musulmán a la que habían hecho azotar para que aceptase el Islam y, después, había vivido fugitiva hasta ese momento. Declaró la divinidad de Cristo y al mismo tiempo tachó de falsario al profeta Mahoma. A continuación habló María y declaró que era hermana de Walabonso, a quien ellos habían decapitado, e igualmente injurió a Mahoma y al Islam, diciendo que eran falsos y diabólicos.

En consecuencia, esto enfureció a los jueces, que mandaron cargarlas de cadenas y arrojarles a la cárcel, junto a “mujeres de vida equívoca” (suponemos que Eulogio se referirá a prostitutas). Allí permanecieron las dos, dedicadas a la oración, al ayuno, a la meditación y al canto de los himnos celestiales. Sin embargo la estancia en prisión debió ser durísima para ambas, porque, tiempo después, y presionadas por ruegos y persuasiones exteriores, se encontraron en trance de retractarse de sus palabras para obtener la libertad.

Eulogio relata a continuación cómo él había estado en la cárcel, pero fue liberado cuando ellas entraban en la misma. Sabiendo que la fortaleza de las dos mujeres se venía abajo y que estaban a punto de abjurar, escribió y dedicó a ellas el Documento Martirial, en el que las animaba a perseverar en la confesión de la fe y recomendaba meditarlo para que lograran acabar lo que habían empezado. Sintiéndose animadas por estas palabras, las dos cristianas se comprometieron a permanecer firmes hasta el final. Antes de partir hacia el martirio, se dirigieron hacia algunas compañeras cristianas, prisioneras con ellas, y les prometieron que, en el momento en que estuviesen ante Jesucristo, intercederían por ellas, para que recobrasen su libertad.

Emira de los Santos Walabonso y María en Niebla, Huelva (España). En la entrada, imagen procesional de Walabonso, hermano de María, adornada para la procesión.

Martirio de las Santas
Llevadas de nuevo ante los jueces, Flora y María fueron nuevamente interrogadas, primero una y después otra. Pero al igual que había sucedido anteriormente, primero una y después la otra, se reafirmaron en sus declaraciones, por lo que fueron sentenciadas a muerte.
Fueron conducidas al lugar de la ejecución y allí, después de santiguarse, ofrecieron sus cuellos al verdugo. Primero fue decapitada Flora y le siguió inmediatamente María. Los cuerpos quedaron expuestos en el mismo lugar de la ejecución, para que fueran pasto de los perros y de las aves carroñeras. Era el 24 de noviembre de 851.

Un día después, los sagrados despojos fueron recogidos por los musulmanes y arrojados al río Guadalquivir. El cuerpo de María apareció al poco tiempo -según Eulogio, por revelación divina pudo ser hallado- y fue sepultado en el monasterio de Cuteclara, donde se había santificado. El de Flora, en cambio, no pudo recuperarse y se perdió definitivamente.
En cambio, las cabezas de las dos mártires sí que se conservaron y fueron primero veneradas en la basílica de San Acisclo, donde “el pueblo cristiano siente visiblemente su protección”, según Eulogio; y actualmente, podemos encontrar sendos cráneos mezclados con los restos de los demás mártires mozárabes, en la iglesia de San Pedro de Córdoba.

Concluye Eulogio diciendo que la intercesión de las Santas por la libertad de los cristianos prisioneros se cumplió, pues si ellas murieron el día 24, el 29 él, estando prisionero, fue liberado.

Vista de la urna que contiene, junto con los restos de los demás mártires cordobeses, los cráneos de las Santas Flora y María. Iglesia de San Pedro de Córdoba, España.

Conclusión
Al tener un testimonio como el de San Eulogio, que conoció personalmente a nuestras mártires, las visitó en la cárcel, las animó a perseverar en el martirio, fue amigo de la propia Santa Flora, tocó las heridas que sufrió en tormento y hasta conoció a su madre; resulta absolutamente ridículo dudar lo más mínimo de la total existencia histórica de estas mártires y de la veracidad de su martirio.

Además, el relato, de total realismo aunque imbuido de consideraciones místicas y espirituales propias del fervor de San Eulogio, no deja entrever ninguna exageración ni dislocación de la realidad. Cabría preguntarse hasta qué punto el martirio de las dos Santas fue necesario, en el sentido en que ellas se entregaron voluntariamente y provocaron la ira de las autoridades con su denostación del Islam; en una época en que, debido a la convivencia -no siempre pacífica, pero convivencia al fin y al cabo- de las tres religiones monoteístas, fácilmente habrían podido salvarse de seguir viviendo en entornos cristianos protegidos. Sin duda, la opresión sufrida por Flora en el entorno familiar, la pérdida de Walabonso por parte de María, y un entorno donde se alentaba a la rebelión contra el sistema islámico gubernamentalmente establecido, favorecieron la reacción “autodestructiva” -si es que se la puede llamar así- y con ella, la condena y ejecución de dos cristianas en una época en que no podemos hablar de persecución oficialmente establecida; sino de tensiones sociales y culturales constantes entre dos religiones que, al menos en la época, eran poco tolerantes la una con la otra. Hoy en día, sin duda alguna y a pesar de lo que algunos siguen manteniendo, el ejemplo a seguir es otro.

El culto a estas dos mártires queda prácticamente reducido a Córdoba y a la ciudad de Niebla, de donde era oriundo el padre de Walabonso y María, que son los patronos de la misma. Es muy difícil encontrar representaciones artísticas de las dos Santas y por ello, su iconografía no está muy desarrollada, limitándose a la representación de dos mujeres con palmas de martirio y una de ellas no siempre con hábito de religiosa, como teóricamente correspondería a María.

Independientemente de las muchas opiniones y debates que espero conseguir con el tema de los cristianos que se abocan voluntariamente al martirio; Santas Flora y María de Córdoba, rogad por nosotros y en especial, por los cristianos perseguidos en todo el mundo.

Meldelen

Bibliografía:
– EULOGIO DE CÓRDOBA, San: Vida y martirio de las Santas vírgenes Flora y María (textos latino y castellano), en Obras completas de San Eulogio (edición bilingüe). Versión castellana del P. Agustín S. Ruiz, benedictino. Editada en el XI centenario del Santo (859-1959). Real Academia de Córdoba, imprenta provincial de Córdoba.


[1] El detalle del hermano musulmán y las dos hermanas cristianas confirma la práctica habitual que, por la ley coránica, se seguía en la educación de los hijos de padres de diferentes religiones: los hijos debían ser educados en la religión del padre y las hijas, en la de la madre. De ahí que el hermano de Flora fuese musulmán y ella y su hermana, cristianas.
[2] La ley romana prohibía escrictamente la flagelación en la cara y en la cabeza, pues existía un enorme riesgo de mutilar la nariz, la boca o sacar los ojos. Esto se debe sin duda a la forma de los látigos romanos. Sin embargo, los látigos empleados en Al-Andalus eran una tira de piel de hipopótamo que, consecuentemente, no podían engancharse como sí lo hacían los romanos. Aún así, parece terrible y exagerada la idea de la flagelación en la cabeza, que desollaría el cráneo y desfiguraría el rostro.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

10 pensamientos en “Santas Flora y María, mártires mozárabes en Córdoba

  1. Muchísimas gracias, Ana Maria, por este maravilloso artículo sobre dos de nuestras santas mártires mozárabes.
    Quiero hacer un pequeño apunte: como tú bien dices, el padre era originario de Elepla (Niebla) y marchó a Córdoba fijando allí su residencia. Pero cuando se casó con la madre de Maria y Walabonso, no estaba en Córdoba, sino que estaba en Niebla – donde también habían musulmanes – y esto es así porque cuando San Eulogio escribe sobre San Walabonso, dice expresamente que nació en Elepla, luego si Walabonso era menor que Maria y era eleplense, esta también tuvo que nacer en Elepla. Nacidos los dos hijos fue cuando todos emigraron a Córdoba.
    Elepla (la actual Niebla) llegó a ser un reino de Taifa (creo que con posterioridad) y fue sede episcopal; la primera sede episcopal de mi provincia, pues tu sabes que soy onubense y vivo a treinta kilómetros de Niebla.

    Una de las fotos que publicas, es una capilla de estos dos santos hermanos situada en Niebla, según la tradición sobre el lugar donde estaba la casa que habitaron, extramuros de la ciudad. Niebla es una ciudad rodeada de murallas romanas, sobre las cuales están construidas otras árabes. Está rodeada en parte por el río Tinto – el único río rojo del mundo – y a sus pies están las ruinas de un embarcadero fenicio y su entrada por el este se hace atravesando un maravilloso puente romano.

    Otra cosa: Es interesante el tema que planteas acerca de si hoy se hubiera considerado martirio el sufrido por muchos de los santos mozárabes cordobeses. Había convivencia pacífica entre musulmanes y cristianos, aunque por ambas partes siempre había exaltados e incluso en temas de impuestos los cristianos estaban gravados – leer los artículos publicados sobre San Eulogio y sobre San Álvaro de Córdoba – , pero a los cristianos que martirizaron normalmente eran a los que “provocaban” a los musulmanes.

    Hoy estamos en el siglo XXI y aunque existen radicales peligrosos en las dos religiones (en una más que en la otra), si tu te presentas ante un musulmán por muy pacífico que sea y le dices: Mahoma es esto o Mahoma es lo otro, estás expuesto a sufrir las consecuencias de este desafío. Y nuestros mártires lo hacían estando especialmente instigados por San Eulogio, que aunque era apoyado por su obispo, era desautorizado por el resto de obispos de la Bética que veían peligrar la convivencia pacífica entre ambas culturas y religiones. Hoy llamaríamos a esto “martirio-suicidio”, ¿o no? Pero bueno, ellos buscaban deliberadamente el martirio, no el suicidio, y la Iglesia Universal tanto en Occidente como en Oriente, los veneran como santos mártires

    Y otra cosa más: hoy es beatificada en Macas, Morona Santiago (Ecuador) la Venerable Maria Troncatti.

    • Querido Antonio;
      gracias por tus apuntes interesantísimos sobre la ciudad de Niebla y su entorno y, sobretodo, por contribuir amablemente al debate que he querido plantear.

      Yo he estudiado con más profundidad el tema de Al-Andalus que el de los reinos cristianos de la Península por resultarme más desconocido y fascinante, así que durante mi preparación a Oposiciones llegué a aclarar muchas dudas que tenía al respecto. Lo que está claro, en primer lugar, es que Al-Andalus no fue la Arcadia dorada y feliz de convivencia siempre pacífica entre cristianos, judíos y musulmanes que a veces, sesgadamente, se nos da a entender. Pero tampoco fue el clima violento de conflictividad que se dio en la Antigüedad pagana, que, siendo en principio tolerante, acabó por publicar edictos y llevar a cabo persecuciones contra religiones menores, y no sólo la cristiana.

      El Islam, en cambio, considera que tanto judíos como cristianos son dimníes (“religiones del Libro”), próximas al Islam, y por tanto, les da un trato preferente y distinto al de otras religiones. Contemplan la tradición del Antiguo Testamento como su propio pasado religioso, venerando las figuras de Abraham, Jacob, Moisés… y aceptan a Isa (Jesús) como uno de los Siete Profetas y también veneran a Mariam (María), como su madre. Por tanto, es lógico que ni judíos ni cristianos podían recibir el mismo trato que los paganos.

      Pero ya sabemos que una cosa es la teoría y otra la práctica. Tú sabes bien que hubo gobernantes pacíficos y tolerantes y hubo otros más fanáticos y belicosos. Por otra parte, como bien has dicho, había cristianos que no estaban por la labor de mantener ese débil equilibrio, y por desgracia, la labor de las autoridades de entonces era mantenerlo, aunque fuese a la fuerza y por la violencia.

      Yo no cuestionaré el papel de mártires de Flora y María. Las admiro por su fortaleza. Pero hoy, desde el siglo XXI y en un mundo globalizado que nos insta de nuevo a convivir con estas religiones que creímos alejadas para siempre, es otro planteamiento el que debemos seguir.

      Hace unos días, un musulmán puso en mis manos un librito que contenía el sermón “El verdadero amor por el Santo Profeta” pronunciado por Su Santidad Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Halifatul Masih V), que es el jefe supremo internacional de la comunidad ahmadí islámica. Como yo siempre estoy abierta a nuevos saberes, leí con mucho gusto el texto de este buen hombre y quedé admirada, porque desde la mezquita Baituh-Futuh de Londres, el 21 de septiembre de 2012 este hombre animó a todos los musulmanes a NO adoptar una actitud belicosa, violenta y vengativa contra los que blasfemen contra el Islam y Muhammad (Mahoma), a ser dignos hijos del Islam siendo pacíficos y a dejar en manos de Dios el juicio de los blasfemos. En eso, según él, consistía el verdadero amor por el Profeta: en no vengarse y dejar todo en manos de Dios. Entenderás que esto tiene que ver directamente con el horrible asunto de las caricaturas y la película obscena sobre Muhammad.

      Yo entiendo la ira de los musulmanes cuando se blasfema contra sus cosas sagradas porque, nosotros, los cristianos, también nos indignaríamos, y así los judíos, hindúes, budistas… y cualquiera que ponga su corazón en lo trascendental. Pero el sermón de este hombre me ayudó a confirmar lo que ya sabía: que NO todos los musulmanes son violentos y predican la violencia, es más, que las posiciones negativas que le atribuimos a toda una comunidad son más bien cosa de una minoría fanática que, por desgracia, es la que compra las armas, aunque habría que ver también quién se las vende… cosa que todos sabemos.

      En resumen: que aunque en el pasado hubo choques y conflictos entre religiones y mártires por ambos lados; hoy en día y sin dejar de aceptar el pasado, tenemos que aprender a convivir pacíficamente y a respetarnos los unos a los otros. Porque están ahí y no se van a marchar, y es mucho lo que podemos aprender de ellos sin dejar, por ello, de ser cristianos.

      Que los mártires del pasado rueguen por esto y por nosotros.

      • Yo estoy en total acuerdo contigo. En España hay una comunidad musulmana muy importante y te pongo el ejemplo de Granada y la convivencia es perfecta; puede haber algún choque entre personas como lo pueda tener yo con mi vecino de enfrente, pero nada más. No existen choques entre comunidades.
        He visitado varias veces Marruecos y la convivencia es perfecta, siendo los marroquíes gente encantadora. Lo mismo me pasa con algunos argelinos y tunecinos, que en Huelva los hay y problemas: ninguno.
        Es verdad que en algunos paises musulmanes existen facciones beligerantes – no hablemos por ejemplo de los talibanes – pero en general, la gente es tan normal y corriente como podamos serlo nosotros. ¿Que existe algún régimen más o menos peligroso? Por su puesto que si, pero algunos regímenes cristianos tampoco son “moco de pavo”.
        En resumen, que creo firmemente que el mundo musulmán es un mundo pacífico, aunque existan importantes excepciones y la convivencia entre ambas culturas y religiones puede ser excelente, como normalmente lo es en Líbano, antes en Siria, Túnez, etc. España tendría mucho que aportar en este entendimiento porque las relaciones entre los paises musulmanes y España, en general son bastante buenas.
        Y he leído el Corán porque lo tengo y para mi es un Libro Sagrado y si en alguna cosa puede ser algo extremista, comparemos con nuestro Antiguo Testamento, a ver qué pensamos luego.

  2. Ana María te doy las gracias por este árticulo de las Santas Mártires mozárabes Flora y María, conocía algo ( pero de pasada ) de los mártires cordobeses, con estos artículos que describen la hagiografia de un Santo/a y mezcla la historia de nuestro país en la antigüedad donde España era un crisol de culturas, la verdad es que yo personalmente aprendo mucho y me hago una idea de la convivencia entre ambas religiones.
    Yo también estoy de acuerdo con vosotros en que aunque de vez en cuando saltarían chispas, en general eran convivencias pacificas donde cada uno aprendía del otro, Toledo al igual que Córdoba en aquellos tiempos tenía conviviendo las tres culturas monoteístas ¿ pero no se si hay Sant@s mártires mozárabes toledanos?

    • Ahora mismo no tengo datos si alguno hay; pero tengo entendido que en Toledo no se dieron tantos choques ni conflictos como en Córdoba. De todos modos, el crisol de las tres culturas fue una constante no sólo en Toledo y en Al-Andalus en general, sino en la Península y hasta en la Europa medieval. Hasta que llegaron gobernantes que se las daban de muy católicos, pero en lo que eran ricos era en intolerancia, y fueron destruyendo este maravilloso crisol.

  3. Ana Maria a mi tambien me parece bastante mal el hecho de que blasfemaran contra el profeta Mahoma,quizas para asi tener mas seguro el martirio.
    No me parece bien que alguien busque el martirio porque si,sinceramente pienso que es un pecado grave,pero como siempre decimos eran otros tiempos y otras mentalidades.
    Lo que ya me parece raro en los musulmanes,tan avanzados que estaban en “higiene” y medicina,es que lanzaran cuerpos al rio de los martirizados o todos los condenados a muerte.
    ¿Era costumbre lanzar a los cristianos sentenciados a muerte al rio?,¿lo hacian tambien con los musulmanes ejecutados por otros crimenes?,¿o solo era algo “puntual”?

    • A mí también me extraña mucho porque los musulmanes de la época podían dar muchas lecciones de salud e higiene a los cristianos del momento; pero observo que en general, en todas las passios de mártires del sur de España se menciona que acaban siendo tirados al río. Puede ser un típico cliché del texto en la mayoría de los casos, pero no en el de Flora y María, por ser San Eulogio una fuente tan fiable.

      Lo único que se me ocurre es que como el Guadalquivir era un río navegable, cuya agua no se usaba para limpieza ni para consumo, digamos que el hecho de arrojar algún cadáver no es tan grave como si se hubiese tratado de aguas que fueran para el consumo humano.

  4. Me parece excelente que exista una fuente fidedigna de estas mártires, esto evita caer en las típicas passios literarias y edificantes. Al igual que los demás lectores, aunque no dudo de la fe y fortaleza de ambas mártires, el provocar a los musulmanes para obtener el martirio me parece una actitud un tanto extrema…

    • Sí, está claro que víctimas totalmente inocentes no eran, ya que fácilmente habrían salvado la vida de no haber entrado deliberadamente en conflicto con las autoridades musulmanas, al menos por lo que respecta a María, acogida en un convento; no tanto ya en el caso de Flora que vivía una situación familiar opresiva e insostenible. Pero este caso es una constante en los mártires mozárabes y vale la pena reflexionarlo; y sobre todo, no encasillarlo ni meterlo en el mismo cajón que las persecuciones de la Antigüedad…

  5. Anyone knows where was Santa Flora buried ? does any church has some of her relics ? or is there a church glorifying her name in Andalucia ?

    same questions for Santa Maria

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*