San Cipriano de Cartago: sus escritos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Página iluminada con el Santo trabajando en su escritorio. Ms. urb. lat. 63, fol. 8v. Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

Dije en el artículo que sobre San Cipriano de Cartago publicamos el pasado día 8 de octubre, que antes de que terminara este año, publicaríamos otro artículo sobre sus escritos y esto es lo que me he planteado hacer hoy.

Los escritos de San Cipriano de Cartago han tenido siempre como objetivo precisar la doctrina, corregir los errores, promover las virtudes y dirimir algunas controversias en determinadas ocasiones. Sus obras se pueden dividir en cuatro grupos: dogmáticas, apologéticas, morales y cartas.

Obras dogmáticas
“Testimonia ad Quirinum”, escrita en el año 248 es una antología recopilada, realizada a petición de un amigo, que incluye pasajes de las Sagradas Escrituras directamente contra los judíos y normas para inculcar a los cristianos la observancia de los preceptos morales.

“De lapsis”, escrita en el año 251 que es un vivo retrato de las costumbres relajantes de los cristianos frente a las persecuciones aunque al mismo tiempo describe algunos episodios de heroísmo; en ella polemiza duramente contra sus adversarios religiosos y recomienda a los fieles tener la máxima cautela a la hora de readmitir a quienes hubieran apostatados y posteriormente mostraran arrepentimiento, aunque siempre dando esperanzas a los verdaderamente arrepentidos.

“De catholicae ecclesiae unitate”, escrita en el mismo año y presentada ante el primer concilio de Cartago sobre la cuestión de los “lapsi”. En esta obra defiende que la Iglesia construida por Cristo es solo Una y está fundamentada sobre Pedro, aunque manteniendo que cada obispo representa a Pedro en su diócesis; en esta obra también defiende que fuera de la Iglesia no existe salvación.

Obras apologéticas
“Ad Donatum”, escrita en el 246, es una autobiografía escrita para un amigo. En ella habla sobre la corrupción pagana – que él dice contemplar desde la cima de una montaña imaginaria -, exaltando las ventajas y la gloria que tiene la conversión a la fe en Cristo, haciendo uso en esta obra, de una retórica convencional pero con ciertos arrebatos de entusiasmo y de ternura.

El Santo ante el procónsul Galerio. Detalle de un frontal románico catalán.

“Ad Demetrianum”, escrita en el año 252; en ella hace elucubraciones sobre las eternas transformaciones de la naturaleza intentando demostrar, contra Demetriano, que los cristianos no son los responsables de las calamidades naturales que ocurrían en aquella época, como por ejemplo, la peste. Esas calamidades eran causadas o bien por los malos hábitos de higiene o por la incredulidad e inmoralidad de los paganos.

“Ad Fortunatum”, escrita en el 257 y que es una recopilación de textos bíblicos redactada a petición del obispo Fortunato con la intención de ilustrar a los cristianos acerca de cuales son sus obligaciones y para estimularlos a permanecer en la fe en tiempos de persecuciones.

“Quod idola dii non sint”, escrita en el 246 y en la que contrapone la mendacidad de los dioses falsos con la eternidad del verdadero Dios.

Obras morales
“De habitu virginum”, del 249, que es una instrucción pastoral dirigida a las vírgenes, distinguiendo perfectamente entre obligaciones y consejos y en la que las invita a llevar una vida de mortificación, a no buscar la gloria mundana, ni las riquezas, aconsejándolas que no busquen ni el esplendor en las vestimentas ni el refinamiento y embellecimiento excesivo del cuerpo.

“De dominica oratione”, escrita en el año 252, que es un sermón inspirado en Tertuliano y que escribió con el fin de que se pronunciara ante los catecúmenos que se preparaban para recibir el bautismo: se trata de un comentario a la oración del “Padre nuestro”, que es precedido de algunas consideraciones sobre la necesidad de la oración y sobre las excelencias de las enseñanzas de Cristo.

“De mortalitate”, escrita entre los años 252-253, que es una exhortación a los cristianos para que venzan el desaliento producido por el espectáculo de la desolación y de muerte debido a las epidemias de peste; para los cristianos, la muerte es ganancia porque cambian los bienes terrenales por los eternos.

Escultura del Santo en el exterior del Duomo di Santa Maria Nascente, Milán (Italia). Fotografía: Claudio Bertolesi.

Las cartas
Se conservan ochenta y una cartas escritas por San Cipriano de Cartago. Dieciséis de ellas fueron escritas entre los años 248-258 constituyendo la parte más rica de su producción literaria. Son apuntes dogmáticos, éticos, ascéticos y biográficos y en ellas compagina una fusión muy singular entre su vigor autoritario y su bondad comprensiva; ambas, caracterizaban su ánimo y su actitud. El vivo sentido de la disciplina, de la jerarquía y de la unidad de la Iglesia, la prudencia que se ha de tener contra los excesos de deseos por conseguir el martirio, la defensa de las prerrogativas episcopales, la dulzura en el consuelo a los que están encarcelados y con los que sufren, la intensidad de la fe en la contemplación de las promesas divinas y del premio que se obtendrá después de la muerte… Todo esto, confiere a estas cartas un gran valor como documento humano y pastoral de primerísimo orden. Algunas de estas cartas, por su contenido y por su estilo, son bellísimas.

La doctrina de San Cipriano de Cartago
El pensamiento de San Cipriano no tiene mucha importancia en el campo teológico y dogmático, ya sea por su forma un tanto desordenada a la hora de escribir, como porque hacia prevalecer sobre todo, los intereses éticos y apologéticos, pero vale la pena prestar atención a una idea central que prevalece en toda su obra: la unidad de la Iglesia y el amor hacia ella: “No se puede tener a Dios por Padre, si no se tiene a la Iglesia por Madre” (De catholicae ecclesiae unitate). Para él, la base de la unidad de la Iglesia es su unión con la Cátedra de Pedro, reconociendo el Primado de Roma y eso lo piensa y enseña aun en la época en que tuvo “sus más y sus menos” con el Papa San Esteban I (recordar el artículo anterior). El dice en esta obra: “Sobre Pedro está edificada la Iglesia y le ha sido confiada las ovejas a pastorear y aunque a todos los apóstoles les fue concedido el mismo poder, fue establecida una sola Cátedra y se determinó que su autoridad es el origen y la naturaleza de la unidad. Es cierto que como Pedro son todos los demás, pero el Primado ha sido dado a Pedro, existiendo una sola piedra y una sola Cátedra. Todos somos pastores, pero hay una sola grey que debe ser pastoreada por todos los apóstoles con un consenso unánime. Quién no conserva esta unidad, ¿puede mantener la fe? El que abandona la Cátedra de Pedro sobre la cual está fundada la Iglesia, ¿pretende pertenecer a la Iglesia?”.

Detalle de la imagen procesional del Santo venerada en Vieiro, Lugo (España).

En su carta número 59, cuando habla de los cismáticos que fueron a Roma para patrocinar su causa en contra de él – recordar el artículo anterior -, San Cipriano afirma: “Ellos osaron cruzar el mar para acercarse a la sede de Pedro, que es la iglesia principal de donde sale la unidad entre los obispos”. El dice que “las iglesias locales son las ramas de un solo árbol cuyo tronco es la Iglesia de Roma, que es para las otras iglesias, lo que Pedro es para el resto de los apóstoles”.

Sobre la base de estas afirmaciones de Unidad, él combatió las intrigas y la envidia, los celos y las discordias entre los fieles y sus obispos, afirmando que aun en las acciones más hermosas, como por ejemplo el martirio, si no hay unidad, no sirven para nada. Hay que salvaguardar siempre la unidad entre los obispos y los fieles porque esta es la mayor prueba de que se está dentro de la ortodoxia. La unidad es para él un imperativo de la acción pastoral del obispo: “Esta unidad debemos conservarla con decisión y de modo muy particular, nosotros los obispos que formamos el gobierno de la Iglesia y que tenemos que demostrar que el episcopado en su conjunto es uno e indivisible. Uno es el episcopado del que cada uno de nosotros y de forma conjunta y solidaria, tenemos una parte”.

San Cipriano destaca la figura del obispo dentro de su diócesis, pero la actitud de independencia del episcopado africano contra Roma con ocasión de la controversia sobre el bautismo, parece que agrieta su concepto de la unidad de la Iglesia y su reconocimiento del Primado de Pedro. Sin embargo, él solo se definió simplemente como alguien que apoyaba fundamentalmente el papel de cada obispo en su diócesis, como representante legítimo de los apóstoles, que tenían que estar unidos a Roma en la fe, pero que eso no le daba derecho a Roma para que impusiera sus criterios sin más ni más. No existe duda alguna de que su actitud práctica en la controversia bautismal nos puede dejar perplejos y aparece como contradictorio con lo que él predicaba, pero eso no era así por lo que es necesario destacar varias cosas:

Primero: En aquella época, no existía una doctrina explícita y claramente definida sobre el Primado de Roma, por lo que no se puede pretender que San Cipriano se enfrentaba a esta doctrina.

Icono ortodoxo grecoamericano del Santo.

Segundo: Cuando sobre este tema (el del bautismo), él se opone a Roma, lo hizo de buena fe y apoyado por todo el episcopado africano, aunque es verdad que estuvo al borde de la herejía y se expuso a la excomunión. Pensando lo que él pensaba sobre la unidad de la Iglesia, en su cabeza no entraba el que un hereje, que estaba fuera de esa unidad eclesial pudiese bautizar. El dice textualmente: “El bautismo es Uno, como el Espíritu Santo es Uno y la Iglesia es Una. Nosotros no rebautizamos, nosotros bautizamos a aquellos que vienen de la herejía, ya que ellos no han podido recibir absolutamente nada de quienes son herejes”.

Tercero: La autonomía jurisdiccional del episcopado local acerca de la Sede de Pedro probablemente él no lo veía como contraria a su reconocimiento sobre la unidad de la Iglesia. Para él era compatible una cosa con la otra ya que en sus escritos utiliza algunas expresiones que concilia plenamente estas dos posiciones que nos pueden parecer contradictorias. El llega a decir que “cada obispo es libre en la administración de su iglesia local, aunque desde luego tiene que rendir cuenta ante el Señor sobre su conducta”. Se ve a las claras que este no es el sentir de un hereje ni de alguien que quiera que su manera de pensar prevalezca sobre su iglesia y sus fieles y mucho menos, sobre el sucesor de Pedro: “Nosotros, no queremos violentar ni dictar las leyes, como hacen algunos otros”.

Como ya dijimos en el artículo anterior, el prestigio de San Cipriano de Cartago fue enorme tanto en la antigüedad como en la Edad Media. Han sido muchos quienes a lo largo de la historia, han alabado su oratoria, entre ellos San Jerónimo e incluso quienes han pretendido aprovecharse de este prestigio, como por ejemplo, cuando en el Segundo Concilio de Constantinopla, celebrado en el año 553, los macedonianos presentaron el “De Trinitate” de Novaciano como si fuese una obra de San Cipriano a fin de valerse del prestigio de este para que fuese valorada aquella obra.

Para realizar este artículo me he basado en los trabajos de Gian Domenico Gordini, profesor de Historia Eclesiástica del seminario regional de Bologna.

Antonio Barrero


O Oriens,
Splendor lúcis aetérnae,
Et sol iustitiae,
Veni
Et illumina sedéntes in ténebris,
Et umbra mortis.
Oh Sol, que naces de lo alto,
Resplandor de la luz eterna,
Y sol de justicia,
Ven
Ahora para iluminar a los que viven en tinieblas
Y en sombra de muerte

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

25 pensamientos en “San Cipriano de Cartago: sus escritos

  1. Muy buen resumen de las obras de San Cipriano. Me gusta su frase ¨Nadie puede tener a Dios como padre si no tiene a la Iglesia como madre¨, esto en el sentido eclesial y de unidad.
    Sobre la devoci;on a San Cipriano en México siempre hay superstición. Se le relaciona con San Cipriano brujo pero se le representa como San Cipriano obispo y siempre en cuestiones de hechiceria, superstición y fanátismo.
    Ojála que las personas que dicen tenerle devoción se familiarizaran con su vida y testimonio de fe.
    Felicidades por este artículo.

  2. Antonio, buen articulo sobre este gran santo.
    Alguna vez leí que fue martirizado oportunamente, porque su celo hubiera sido capaz de un cisma. Solo Dios sabe que hubiera sucedido.
    Opino que San Cipriano reune en su persona tres grados de santidad: Pastor, Maestro y Testigo.
    Por otro lado hoy se ha dado a conocer que el Papa Benedico XVI, en audiencia al Cardenal Angelo Amato ha autorizado algunos milagros para beatos y siervos de Dios. Entre ellos, uno obtenido por intercesión de la Beata María Guadalupe García Zavala, de quien me comprometí a publicar su biografía el año entrante. Me da gusto por nuestra nueva próxima Santa, de quien he tenido la oportunidad de venerar su sepulcro.

    • Gracias, Humberto. Das en el clavo cuando dices que lo más importante de él es su testimonio como buen pastor de su grey a la que no quiere dejar ni siquiera para ir a recibir la corona del martirio, que es un maestro que nos quiere dejar por escrito cuales son sus pensamientos sobre las controversias de su tiempo y que finalmente, cuando ve sus tareas completadas, no tiene empacho en derramar su sangre por aquello que ha defendido y en lo que ha creído.

      Y con respecto a los decretos publicados ayer, además del reconocimiento del milagro que dará paso a la canonización de la Madre Maria Guadalupe Garcia Zavala, está el de la Madre Laura de Santa Catalina de Siena Montoya y Upegui, colombiana y algunos otros más.

      • Curiosamente la Madre Lupita Zavala y la Madre Montoya fueron beatificadas juntas en el 2004, al parecer ahora también van ser canonizadas juntas. En México solo se tiene una santa reconocida, con la Madre Lupita ya van a ser 2.

  3. Bueno Humberto

    Con el permiso de Antonio meteré mi cuchara. No creo que porque haya sido martirizado San Cipriano pudiese éste causar un cisma. Recuerdo que mi maestro de Historia de la Iglesia me decía que los que han propiciado cismas “no lo hacen con esa intención”, sino más bien, “llevaron a un extremo sus ideas” y más aún no las analizaron en comunión con los demás pastores de la época, sino que se aferraron a sus ideas.

    Para mi San Cipriano es un Santo Importante. Primero es que dio a entender la Autoridad en su Diócesis de un Obispo como sucesor de los Apóstoles como aquel que “gobierna y santifica en el nombre de Dios su diócesis” que le ha sido encomendada por el Papa. De hecho en el artículo anterior sobre San Cipriano puso nuestro Santo al mismo Romano Pontífice en su lugar. Y su lugar o Diócesis es Roma (que no tiene los mismos problemas ni necesidades de una diócesis en latinoamérica, o la de una africana, o la misma de Milán o las de Asia. Cada obispo conoce las problemáticas y necesidades de su diócesis ¿Para qué se entromete Roma? Pero mejor ahí le dejo.

    Quiza en lo siguiente me pueda Auxiliar Ana María como Historiadora que es.

    Ahora bien. No se si ya es en este tiempo en la Historia de la Iglesia que se concibe a la Iglesia como Emperatriz más que como Cuerpo Místico de Cristo. Porque si mal no recuerdo así se comprendía a la Iglesia y ¿Qué no sería similar la concepción del Obispo de Roma? Es decir, como un soberano!!!!!

    Por cierto Antonio ¿Quién es Novaciano? del que se valieron los macedonios de la obra de Trinitate. ¿Existe aun esta obra? ¿Tiene similitud con la obra de San Agustín?

    • Enmanuel,
      Me planteas tantos temas en este comentario que inevitablemente o tengo que ser escueto en las contestaciones o tengo que darte varías respuestas más extensas, lo que obligaría a más de un comentario. Opto, a medias, por lo primero.

      Ya Ana te ha dado algunas explicaciones del por qué Roma se ha creido siempre que es el ombligo del mundo y todo debe pasar por ella. Lo es además, porque se lo han consentido y como muestra te diré que cuando el Vaticano ha tratado tan humillantemente a los teólogos de la liberación, los obispos latinoamericanos se han callado, como en Misa. Para mi es simplemente cobardía o condescendencia con Roma y con quienes explotan al pueblo y son denunciados por estos valientes teólogos.

      Es verdad que los apóstoles tenía a Pedro como su cabeza, pero las decisiones las tomaban colegiadamente – acordémonos del Primer Concilio de Jerusalén – e incluso llegaron a enfrentarse a él como por ejemplo hizo San Pablo en más de una ocasión.
      Nosotros, basándonos en el pasaje de Mateo, 16, 18, decimos que Pedro está por encima de los otros apóstoles, pero eso, ni es cierto ni fue considerado cierto en la primitiva Iglesia y si no, lee a San Agustín que, explicando este versículo en su artículo 270 dice concretamente: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra que es tu confesión, que Cristo es el Hijo de Dios viviente, edificaré mi iglesia”. Y en su artículo 76 también dice: “Los que edifican sobre humanos dicen, yo soy de Pablo, yo soy de Apolos, yo soy de Pedro. Pero los que edifican sobre la confesión de Pedro y la Divinidad de Cristo, dicen: Yo soy de Cristo. Porque la Iglesia está edificada sobre Cristo y no sobre Pedro”. Y eso lo dice San Agustín, que sí es considerado como Doctor de la Iglesia.

      Por cierto, Ana Maria, San Cipriano no es Doctor de la Iglesia y qué dudas cabe que no lo es porque mantuvo las posiciones que mantuvo.
      Enmanuel, sobre Novaciano y demás, te comento luego.

      • Emmanuel,
        Continúo: Yo coincido con tu maestro de Historia en que siempre, los oficialistas, veían al demonio detrás de aquellos obispos que discrepaban de las doctrinas oficiales y que fueron declarados herejes en los primeros Concilios Ecuménicos. La verdad es que no existieron diálogos suficientes entre ellos, hubo personajes intransigentes por ambos lados – acordémonos de San Cirilo de Alejandría y de San Jerónimo que, a veces, “más borricos” y manipuladores no pudieron ser – y, sobre todo, hubo mucha falta de caridad. Y que conste que yo no defiendo las doctrinas nestorianas, monofisitas u otras parecidas, sino que acepto el Credo tal cual fue definido en los primeros Concilios, pero de todo hubo. Y, desde luego, declarar hereje al contrario, a los cristianos nos ha gustado siempre más que a “un perro el pan seco”.

        Y con respecto a quién fue Novaciano te diré que fue un sacerdote romano y teólogo de mediados del siglo III, considerado anti-papa, que descontento con la elección de San Cornelio, no reconoció su autoridad. Negó la absolución de los “lapsi” – de lo que hemos hablado suficientemente en este artículo y en el anterior – y afirmaba que la Iglesia no tenía poder para reconciliarse con quienes durante las persecuciones, habían renegado de la fe y posteriormente se habían arrepentido.

        Entre sus obras está “De Trinitate”, en la que, entre otras cosas dice que el Hijo es inferior al Padre, cosa que sabes está abiertamente contra lo que afirmamos en el Credo y por lo cual, está también en contra de las posiciones defendidas por San Agustín. Quiero también decirte que fue el primer teólogo que escribió toda su obra en latín.
        Por si quieres entretenerte, aquí la tienes…… en latín, claro. http://www.thelatinlibrary.com/novatian.html

  4. Yo, lo que opino acerca de las ideas y visiones de San Cipriano, especialmente lo que más me interesaba que es la controversia de los lapsi; ya lo comenté en su artículo pasado, no voy a repetir todo lo escrito en aquel entonces. A mi comentario me remito.

    Lo que sí me sorprende es que, viendo la caterva de escritos de este Padre de la Iglesia y la profundidad de los mismos, sea considerado todavía sólo Padre y no Doctor de la Iglesia -pues creo que no es Doctor, que me corrijan si yerro-. ¿Podría deberse este no reconocimiento a sus conflictos con Roma? Yo creo que sí; y respondiendo a Emmanuel que me pidió auxilio en el comentario superior, decir que no soy una experta en Historia de la Iglesia; pero en general Roma se destacó siempre por querer mantenerse en su rol de caput mundi, generando una gran cantidad de conflictos a su alrededor: que si las herejías tardoantiguas, que si las herejías medievales, que si los cismas ortodoxo y protestante… y claro, son los DEMÁS los que obran mal, los herejes, los cismáticos… ELLA nunca se equivoca, ella siempre tiene razón. ¿Qué oportuno, no?

    No niego a la Santa Iglesia Católica como Madre, pues soy católica, pero no por eso dejo de considerar a los no católicos como mis hermanos en Cristo, iguales que yo y con el mismo derecho a la salvación. Creo que Roma ha pecado mucho de creerse el ombligo del mundo y ha dado lugar a episodios realmente bochornosos, no sólo en el pasado, cuando no entendió las necesidades o los diferentes contextos históricos, políticos y sociales de otras diócesis o comunidades cristianas alejadas geográficamente; sino en la actualidad, cuando se ha cubierto de ridículo al querer implantar las costumbres occidentales y la liturgia romana en tierras de misión, especialmente en África, donde ya es suficiente que muchos africanos hayan aceptado a Cristo, para que encima se les obligue a renunciar a sus costumbres musicales y de danza a la hora de amenizar la liturgia. Y es que cada pueblo tiene derecho a alabar a Cristo a su manera, dentro de los dogmas y la catequesis, pero en lo que es a costumbres y liturgias, Roma debe dejar ya de empeñarse en imponer su ley por todo el mundo. No hay que matar la diversidad de la Iglesia, ni siquiera dentro de la misma Iglesia Católica.

    • Prácticamente, en la contestación que le acabo de dar anteriormente a Emmanuel, me pronuncio sobre lo que dices – con lo cual coincido – y te comento lo del por qué, a mi modesto entender, San Cipriano no es Doctor de la Iglesia

      • Cierto Ana María

        Nunca me había puesto a pensar de que “Roma siempre ha tenido la razón de las cosas” jejeje

        Y con lo de la Teología de la Liberación Antonio, eso es verdad se les “cierra” a los obispos latinos y callan el tema. Mira que le constó su Vida a Mons Oscar Romero que de Santo y Mártir a mi ver tiene mucho y su proceso está mas lento que el crecimiento de un Roble. Pero no hablemos del B JPII que va tan acelerado que me da miedo que se vallan de boca en Roman jajaja.

        Me extraña que hayan canonizado a san Cipriano jajaja, bueno aún no le correspondía al papa en es época el proceso de canonización, si no seguiría de Siervo de Dios jeje.

        Antonio, Ana María ¿Por qué tenerle miedo a alguien que, si me refiero a los obispos latinos, está hasta el otro lado del charco y un poco más haya?

        • Pues eso debió pensar Enrique VIII de Inglaterra cuando se rió en la cara de Roma y por eso es de negra memoria para muchos; que no aprecian realmente dónde estaba el lado oscuro de semejante personaje.

          Pero a los que no tienen el arrojo del Tudor o de Lutero -si bien es cierto que a éste último lo respaldaban los príncipes alemanes- el brazo de Roma les asusta, porque el brazo de Roma es largo. El Papa no cruzará el mar para darte un coscorrón, pero te puede mandar la excomunión, el anatema o lo que sea que puede hacer para hacerte creer que tu alma se va a ir derecha a las calderas de Pedro Botero -perdón por la expresión-; y a eso, hay muchos que le tienen más miedo que a una tormenta de verano.

          • Ana María

            Pues si mal no recuerdo en centroamérica y si la memoria no me falla en Nicaragua es donde nuestro Beatísimo Padre JPII Ya se sonaba a un sacerdote pues hasta se le vio “Encabronado” como decimos en México al “Santo Padre”

          • jajajajajaja ¡¡¡Que atrevimientos los míos!!!! o “qué ocurrencias las mías” diría mi madre +

  5. Muy interesante conocer las obras de este gran Santo,lastima que no se le haya reconocido con el titulo de Doctor de la Iglesia,¿quiza algun dia….?
    De las obras apologeticas me interesa en especial “Ad Demetrianum”,mira que echar la culpa a los cristianos de las calamidades naturales y epidemias,jajaja.
    ¿Quien era Demetriano por cierto? ¿algun emperador?

      • Antonio

        No todos son o podemos ser un “pan de Dios”. Pero me haces que me acuerde de tu comentario donde hablas sobre San Cirilo de Alejandría y de San Jerónimo que son santos si, pero no de mi devoción que intransigentes y manipuladores fueron.
        ¿Por qué haces referencia a ellos?

        • Precisamente por eso. Decía que “en ambos bandos” existían gente intransigente que dificultaban las posibilidades de un diálogo sereno entre quienes mantenían las posiciones ortodoxas y quienes defendian, muy posiblemente de buena fe, las posiciones contrarias.
          Y cuando escribimos sobre estos dos santos, vimos que precisamente no se distinguieron por su moderación sino por todo lo contrario: vehemencia, lo que le llevó a uno hasta manipular los preliminares de un Concilio (San Cirilo) y al otro a insultar incluso a quienes pensaban lo contrario que él (San Jerónimo). En ese sentido, dejaron mucho que desear como discípulos de Cristo por mucho que ahora los distingamos con aureolas y doctorados.

  6. Antonio, ya me he puesto un poco al día y tengo que decirte que me ha gustado mucho leer tu articulo de hoy.
    Veo la grandeza de este Santo Obispo por el valor de sus obras, las morales y las cartas, sobre todo estas ultimas serian útiles hoy en día.
    ¿ es doctor de la Iglesia o esta recomendado para serlo en un futuro?

    PD: me sumo a la alegría por la canonización de la Beata Maria Guadalupe.

    • Fue un obispo, un mártir y un santo grandioso, pero mucho me temo que no le den jamás el título de Doctor de la Iglesia, que por cierto, a él no le hace falta para nada. Mucho tendrían que cambiar las cosas y no parece que por ahí vayan los tiros.

      • Antonio, a proposito de lo que se dice en este capítulo del nombramiento de Doctor de la Iglesia para San Cipriano, tengo entendido que este título se da cuando se cumplen ciertos requisitos con el candidato: eximia doctrina, santidad preclara, muchas devoción al candidato. También tengo entendido que a un mártir no se le puede otorgar este grado.
        Dado lo anterior, no creo que ni San Cipriano o la Iglesia requieran el nombramiento. Leyendo su vida y comentando su doctrina, considero que este santo tiene mucho que ofrecernos, que nosotros tenemos mucho que aprender de él, y que no es desdén para él no recibir este titulo ni la Iglesia peca de omisión al no dárselo. El Evangelio que nos han explicado los santos padres o los doctores de la Iglesia, ese si que es importante conocerlo, estudiarlo y vivirlo. Pienso yo. Gracias.

        • Humberto,
          Es verdad que la Iglesia católica vincula el título de Doctor a tres condiciones: eminente doctrina teológica (que no tiene por qué ser dogmática), santidad en grado insigne y que sea declarado formalmente por la Iglesia, bien por un Papa o por un Concilio.
          Pero, ¿por qué han quedado excluidos los mártires? Porque a los doctores de la Iglesia, en la liturgia oficiada en su honor, se les honra de una manera especial, como por ejemplo en el introito, la inclusión del Credo en la Misa o incluso una antífona especial antes y después del canto del Magnificat en el oficio de Vísperas y esto, de hacerse, se hace normalmente con los confesores y no con los mártires porque, digamos, que estos últimos no tienen “necesidad” de ese honor especial ya que ese honor lo consiguieron derramando su sangre. Pero es verdad, no hay ningún Doctor de la Iglesia que sea mártir aunque esta no es una de las tres condiciones de las que te hablé en un principio.

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