La teología de San Juan Evangelista

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo ruso del Santo, obra de Simon Ushakov (1673).

A fin de ser capaz de escribir un artículo sobre la teología de Juan el Evangelista, debería haber leído al menos una pequeña parte de la inmensa literatura teológica escrita acerca de este hombre maravilloso, tradicionalmente conocido como el discípulo amado, el teólogo del amor o más popularmente, San Juan el Teólogo. Antes de seguir, debo confesar que no he leído mucho acerca de este santo apóstol, salvo el Cuarto Evangelio, las tres Epístolas y el Apocalipsis así como algunas introducciones a los libros bíblicos, algunos comentarios generales al Nuevo Testamento, algunos artículos enciclopédicos y otros cuantos artículos sobre el tema. Debo añadir también que he leído la vida de San Juan Evangelista, tal y como aparece en las colecciones de las vidas de los santos según la tradición ortodoxa. Todo esto significa que este artículo no puede pretender ser más que un simple ensayo.

Debo decir algo especial al mencionar su nombre: en la Iglesia Oriental no hay tantos santos que lleven el título de “el Teólogo”. De hecho, sólo hay tres ejemplos: este Juan, tradicionalmente el autor de los libros bíblicos citados, San Gregorio Nacianceno (329-390), arzobispo emérito de Constantinopla durante el segundo Concilio Ecuménico (381) y autor de la conocida obra “Cinco discursos teológicos” contra los arrianos y San Simeón “El Nuevo Teólogo” (949-1022), un monje del famoso monasterio Stoudion en Constantinopla. Hay que señalar que el primero, San Juan apóstol, fue inicialmente nominado como “Nuevo Teólogo” sólo en son de burla por su estilo de escritura y por su misticismo, cosas que no estaban muy bien vistas en su época.

Es común en estos tres teólogos de la Iglesia, su conexión especial con la Persona y la actividad de Nuestro Señor Jesucristo. San Juan escribió excepcionalmente acerca del Dios del amor, que se ha encarnado y vino al mundo con el fin de salvar a sus queridos seres humanos de la muerte y de la corrupción. Gregorio llegó a Constantinopla como el obispo más simbólico de la comunidad de Nicea, que convocaba a todos a una sola reunión como grupo en la capilla de la Anástasis, incluidos todos los demás cristianos de la ciudad (arrianos) que negaban a Jesucristo como Dios, Consustancial con el Padre. Dice la tradición que Gregorio habló de Jesucristo de tal manera, que al final de su apostolado (¡que duró alrededor de unos tres años!), no permaneció en la comunidad de Constantinopla ni un solo arriano, ya que aceptaron la verdad de la fe ortodoxa, que prevaleció después del Segundo Concilio Ecuménico. San Simeón escribió algunos tratados sobre la luz divina y, en contra de la tendencia racionalista de su época, promovió un Jesús de los corazones, en vez de hablar de manera filosófica acerca de la “Divina Palabra de la Vida”.

Juan reclinando su cabeza en el pecho de Jesús. Icono ortodoxo griego.

Pero sigamos centrados en Juan, “uno de los discípulos, al cual Jesús amaba” (Juan 13,23). Hoy en día también hay muchas dudas sobre el hecho de que este discípulo sea la misma persona a quién se pueda atribuir la autoría del Evangelio que tradicionalmente ha llevado su nombre. Es un hecho real el que los manuscritos griegos originales atestiguan el evangelio como “según Juan”, pero no dicen nada acerca de su cualidad (discípulo, apóstol, presbítero, etc. Esto ha hecho que algunos exégetas modernos duden de que este sea el apóstol Juan, hijo de Zebedeo. El número de los argumentos de esta duda crece cada año, pero no tengo la intención de hacer que este sea el tema de mi trabajo, pues sobre esto ya se publicó un artículo en este mismo blog el día 10 de junio de este mismo año.

Las dudas son aún mayores en lo que se refiere a las Epístolas, pero su paternidad sobre el Apocalipsis está casi generalmente negada en las Iglesias occidentales, sobre todo en los círculos escolásticos. En esta situación, es difícil quedarse con algo del único discípulo que asistió a la crucifixión de su Maestro (Juan 19,26: él es una vez más nominado como “el discípulo a quien amaba”) y probablemente el único que asistió a su entierro. También uno de los primeros que, junto con Pedro, vieron la tumba vacía (Juan 20, 2: aquí él es “el otro discípulo, a quien Jesús amaba”, Juan 20,8). Pero yo no comparto esta opinión, debido a algunas razones que pueden parecer subjetivas.

El Evangelio
El autor del Cuarto Evangelio, escribió un prólogo muy conocido, que comienza con las palabras: “En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Todas las cosas fueron hechas por él y sin él nada fue hecho”, un paralelo increíble con el libro del Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra…”(Génesis 1,1). Hecha la materia, el autor del Evangelio vuelve a reescribir el Génesis o, mejor dicho, completa el texto en la forma en la que los rabinos judíos solían escribir los comentarios conocidos como Midrashim y Targumim. El Cuarto Evangelio tiene la intención de decir, desde el principio, que Jesucristo no sólo es el Mesías esperado, sino la Palabra de Dios, Consustancial con Dios y a-temporal, a-espacial como Su Padre, el Todopoderoso. La Palabra de Dios es Aquel en quien estaba la “vida”, y esta vida es “la luz de los hombres” (1, 4), que “brilla en las tinieblas”, imposible de ser ahogada en la oscuridad (1,5) y que “es la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo”(1,9).

Vista del papiro Bodmer 66 (ca. 200 d.C) hallado en Egipto, escrito en griego, contiene el Evangelio de San Juan. Museo Cologny de Ginebra, Suiza.

Esta compleja descripción del Logos Divino, más allá de todo lo creado, pero no extraño a ellos, nos revela a un profundo teólogo que conocía a fondo lo que significaba para él y para toda la humanidad el conocimiento de Dios, el conocimiento más allá de la razón. Me pregunto quién podría entender perfectamente la profundidad de Dios -que él mismo se revela al mundo como una luz en el interior de cada ser humano- si no es “el discípulo a quien Jesús amaba”, con quien Jesús podría haber compartido una enseñanza tan misteriosa de un Dios loco que decidió morir por los seres humanos.

Aunque probablemente, al menos al principio, no eran tantos, el autor del Evangelio es uno de los que le recibieron, como la Palabra divina “que a todos los que la recibieron les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre: los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino nacidos de Dios”(Juan 1,12-13).

Para el “hipotético Juan Evangelista” -que podría haber sido al menos el autor de este tratado teológico fantástico, que es también conocido como “el Prólogo de Juan”-, a los que creen en la misión de la Palabra divina, que “fue hecha carne y habitó entre nosotros […] lleno de gracia y de verdad”(Juan 1,14), ¿Dios puede habitar en medio de sus criaturas, si no es por amor? Estos creyentes locos en el Dios crucificado no nacieron como algo natural, sino como seres sobrenaturales, destinados a convertirse en hijos de Dios.

El Dios de Juan el Evangelista, que ofrece su carne para ser comida y su sangre para ser bebida, de hecho debía estar loco, porque le dice a un auditorio conservador que “Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros”(Juan 6,53), y lo hace, hablando del futuro Sacramento de la Sagrada Eucaristía, una posibilidad milagrosa de compartir, tanto entonces como ahora, la divinidad de una manera tan profunda.

Jesús resucita a la hija de Jairo. Juan, que aparece como un joven imberbe en el marco de la puerta, fue de los pocos testigos del milagro. Lienzo de Vasiliy Polenov (1871).

El Dios de Juan el Evangelista llora cuando sus seres queridos se están muriendo, incluso aun conociendo el hecho de que la resurrección vendrá pronto. Él sabe lo que significa oír hablar de un amigo (Lázaro) que murió (Juan, 11, 35: “Y Jesús lloró”), imagen que es maravillosamente completada con la actitud de Jesús ante la muerte de un hijo (Lucas 7,11-17) o una hija (Mateo 9, 18-26; Marcos y Lucas 5, 21-43 y 8, 40-56).

El Jesús de Juan el evangelista es el que acepta – por amor – el profundo arrepentimiento de la mujer pecadora que ungió los pies del Maestro (Juan 12,3), sin siquiera saber (ella) que ella estaba profetizando la muerte súbita del Divino Logos.

Juan menciona, no sólo una sino muchas veces, que Jesús es la encarnación del Amor divino. Después de la Resurrección, Jesús pregunta tres veces a su discípulo Pedro si lo ama, y Pedro le responde positivamente. Después de haber sido instado a seguir a su maestro, Pedro “girando alrededor, ve al discípulo a quien amaba Jesús, el que también se apoyó en su pecho en la cena…” y le preguntó si a él le pasaría lo que a éste y Jesús le dio una respuesta clara: “Si quiero que él se quede hasta que yo venga, ¿a ti, qué? Sígueme.” (Juan 21, 20-22). Al final, el autor del Evangelio se revela de forma muy misteriosa como el discípulo: “Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.” (Juan, 21,24).

El actor búlgaro Christo Jivkov y la actriz rumana Maia Morgenstern interpretan los papeles de Juan y María en la película “La Pasión” (2004) de Mel Gibson.

Las Epístolas
Las tres epístolas de Juan están escritas en la misma forma que el Evangelio y con el mismo tema, es decir, presentar a Jesucristo como Dios y el Amor encarnado en el mundo, el que permanece entre nosotros, si respetamos el mandamiento de amarnos los unos a los otros. El prólogo de la primera epístola nos asombra por su similitud con la del Evangelio: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos, de la Palabra de vida, porque la vida fue manifestada, y la hemos visto…”(1 Juan 1,1-2). La misma oposición entre la luz y la oscuridad como en el Evangelio se presenta aquí aún más fuerte: “Dios es luz, y en él no hay tiniebla alguna” y “si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado “(versículos 5 y 7). La importancia de la comunión eucarística aparece aquí como en el Evangelio.

Una vez más, el Evangelio muestra que el mundo no le conoció (Juan 1,10) y la misma idea se sigue en la Primera Epístola (1 Juan 3,1). Hay algunas otras ideas similares, como lo opuesto a Dios, como los hijos del diablo y los seguidores del anticristo (Evangelio 8, 37-45: Primera Epístola 2, 16-18; Segunda Epístola 1,7, Tercera Epístola 1, 11), la importancia del amor entre los hermanos (Evangelio y Primera Epístola 3,14), después, el mandamiento del amor (Evangelio 13, 34-35 y 15, 12-13; Primera Epístola 3, 16,23; Segunda Epístola 1,6); el deseo de permanecer en el Señor, como el único camino en el que el Señor permanece en nosotros (Evangelio 15,4; Primera Epístola 3,24). Conocemos a Dios como Amor y Luz, que murió por nosotros y que permanece en nosotros (Evangelio 15,7; Primera Epístola 4,10) y Juan nos dice que nadie ha visto a Dios (Evangelio 1, 18; Primera Epístola 4,12). Resumiendo: mensajes muy parecidos.

El Santo desterrado en la isla de Patmos, recibiendo la revelación del Apocalipsis mientras su ayudante Procopio lo redacta. Icono bizantino, museo de Novgorod (Rusia).

El Apocalipsis
En lo que se refiere al Apocalipsis, el fin del libro es claramente diferente al del Evangelio y las Epístolas. La diferencia de estilo, de ideas e incluso de léxicos es bastante normal. Un libro profético utilizaría imágenes y situaciones de una manera bastante nueva, así que si tratamos de hacer un paralelismo con el Evangelio, entonces veremos más diferencias que similitudes. Una de las importantes “señales” de que el Juan del Apocalipsis puede ser otro Juan, es el hecho de que él no se llama a sí mismo como “apóstol”, “discípulo” o “evangelista”, sino “Yo, Juan, vuestro hermano, y compañero en la tribulación….” (Ap. 1, 9). En contraste con esto, me gustaría dar fe del – ideacional, que no léxico – paralelismo entre el prólogo de la Primera Epístola, antes citada, y el del Apocalipsis: “… [Juan], quien confesó la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto“(Ap. 1, 2). El Hijo del Hombre, la alusión al libro profético de Daniel, está siempre rodeado de una luz, casi imperceptible tanto en el Apocalipsis (1, 14 y 16), como en el Evangelio, y más aún, en la Primera Epístola. Todo el libro del Apocalipsis se presenta como una batalla entre los seres (no tantos) que confiesan al Señor y luchan a su lado contra las fuerzas del mal, el anticristo, la bestia/dragón y el mismo diablo, cosa que también es muy familiar en el Evangelio, pero especialmente en las Epístolas.

Un moderno especialista alemán, en sus notas de Estudios del Nuevo Testamento en el “Einleitung in das Neue Testament” (5 ª ed., Vandehoek, Göttingen, 2005, 617 pp), dice que el autor del Apocalipsis tiene dos fuentes principales, a saber: los libros del Antiguo Testamento (especialmente los Profetas y los Salmos) y la liturgia, ya que este Juan hace muchas alusiones a domingos, altar, los rituales, la Eucaristía, textos compuestos en los himnos antifónicos, doxologías, trisagios “Axios”-aclamaciones y oraciones de agradecimiento. Pero aún más importante que las fuentes utilizadas por el autor, es el hecho de que todo trata acerca del Reino de Dios que está a punto de llegar, un concepto que también está presente en el Evangelio de Juan: dos veces en relación con la misión de Juan el Bautista (3, 3; 3,5) y una vez en relación a la Pasión de Jesús (18,36).

“La apertura del quinto sello” (1608-1614), lienzo de Domenikos Theotokopoulos “El Greco”. Metropolitan Museum of Art, Nueva York (EEUU).

La imagen tantas veces invocada del Cordero en el Apocalipsis está presente en la confesión del mismísimo Bautista acerca de Jesús (1,36), con la mención especial de que el Evangelio utiliza para este cuadro la palabra “amnos”, sinónimo de “arneion”, tal como aparece en el Apocalipsis y que se utiliza también como un signo de la paternidad diferente de las dos obras. De todos modos el Cordero, como algo que se ofrece por el bien del mundo, es una imagen común del Evangelio y del libro profético. La idea del amor fraternal, omnipresente en el Evangelio y en las Epístolas, marca un paralelismo con la idea de la comunión fraterna en la Iglesia, en el Apocalipsis (2, 20; 7, 3; 19, 2.5; 22, 3).

Una cosa más que me gustaría tener en cuenta sobre el Apocalipsis: Si el Evangelio está destinado a marcar un paralelismo con el Génesis, el Apocalipsis termina de la misma manera, la presentación de la Nueva Jerusalén como el nuevo paraíso del Señor, de la que no pueden faltar los elementos especiales: el río maravilloso (Ap. 22, 1. cf Gn. 2,10), los árboles (entre ellos, el Árbol de la Vida, Ap. 21,23 y 22,2, cf Gn. 2,9), las piedras preciosas (Ap. 21,13.19. – 21 cf. Gn. 2,11), los hombres como reyes (Ap. 21, 24 cf. Gn. 2,8.19), la presencia de Dios (Ap. 21,24, cf. Gn. 3,8), los querubines (Ap. 21, 12 cf. Gn. 3,.24), la paz y la inocencia (Ap. 21,1-6, cf. Gn. 2, 13), etc.

Teología del Amor divino
Las ideas teológicas del libro del Apocalipsis necesitarían otro artículo. Yo diría, como dicen los comentaristas occidentales modernos, que hay tantas diferencias entre este libro y el Evangelio, como similitudes. Depende de qué posición tomaría cualquiera de nosotros. Yo prefiero la posición tradicional, según la cual, los dos libros son de Juan. Me gustaría ver positivamente las diferencias entre ellos, que son gratuitas y causadas por una intención suya diferente y por el tipo de comunicación. Sin pretender decir que estoy en lo cierto, yo diría que lo mejor que estos libros hacen es dar una imagen original de Juan el Apóstol, un hombre muy interesado en lo que significa el amor divino, ¿cómo podemos nosotros, los mortales, acceder al amor divino y a la luz que, normalmente, se encuentra más allá de nuestro poder de conocimiento? Un apóstol interesado en cómo el mundo fue creado y cómo iba a terminar, que tenía una imagen redonda del Cosmos siendo restaurado al final en una forma aún más gloriosa de como lo fue creado en el principio. Un apóstol interesado sobre cómo fue posible que el Verbo divino se hizo hombre, sufrió y murió por nosotros, pero que también resucitó y reina en su reino, esperando a que lo siguiéramos.

El apóstol ha observado este modo de espera como activo: Dios comparte con nosotros a sí mismo, en su propia carne y sangre, a fin de que para nosotros sea accesible la fuente del agua viva. El mismo Dios nos ama y espera de nosotros el mismo amor, que no sólo debe dirigirse a él, sino a todos los seres vivientes. Por eso, este hombre no puede ser otro que el apóstol del amor: Juan, el hijo del Trueno.

Mitrut Popoiu

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9 pensamientos en “La teología de San Juan Evangelista

  1. Dumitru,
    Yo se que cuando el Equipo de Redacción te propuso a ti, que eres teólogo, hacer este artículo sobre un tema tan complejo y amplio como la teología de San Juan, te puso en un compromiso porque ¿cómo resumir en tres folios toda una doctrina que ha ocupado cientos y cientos de trabajos y volúmenes?

    Asimismo se que has tenido que hacer un enorme esfuerzo de síntesis para escribir estas cuatro páginas, pero creo que ha valido la pena porque – aunque sea de manera telegráfica – nos enuncias los grandes principios en los que se basa la teología de este apóstol.

    Yo te agradezco de todo corazón este esfuerzo y este trabajo, que resumiéndolo en dos ideas, son:
    “Y el Verbo de hizo carne y habitó entre nosotros” ( καὶ ὁ λόγος σὰρξ ἐγένετο καὶ ἐσκήνωσεν ἐν ἡμῖν) (Juan, 1, 14) y
    “Dios es amor y quién permanece en el amor, en Dios permanece y Dios en él” (ὁ θεὸς ἀγάπη ἐστίν, καὶ ὁ μένων ἐν τῇ ἀγάπῃ ἐν τῷ θεῷ μένει καὶ ὁ θεὸς ἐν αὐτῷ) (1ª Juan, 4, 16).

    Gracias, Dumitru y Feliz Navidad.

    • Dear Antonio,
      thanks for the co-work. I am quite counscient of the fact that I have used sometimes some words or constructions quite complicated. But a master as you can always manage this inappropriate things. I know that the success of an article is not its complicated phrases, but a simple and clear language. And you managed that.

      Feliz Ano Nuevo to you, your family and to all the colleagues and coworkers in this website !

  2. Bien por este artículo dedicado a san Juan Evangelista. En occidente no se ha negado su autoría del Apocalipsis salvo por algunos exegetas y los herejes modernistas. Según tengo entendido en el tetramorfos oriental a san Juan no le corresponde el águila sino el ángel, espero alguien me diga si esto es cierto.

    • hello,
      I am living in Germany and here quite all believe that John the Evangelis and the autor of the Apocalypse are different persons. Maybe that is because I am in a protestant faculy, I don’t know. But I believed that there would be important to point the fact that even if the concepts and the lexica from Apocalypse, respectively Gospel+Epistles are really different (even a simple student with a small Old Greek basis quite observe that), the general ideas are quite symilar…
      Anyway writing on this subject better and conciser is really for me very difficult.Thanks for appreciations! I wish you also a good time at the end of the year and a beautiful life in the next one!

  3. De niña, mi evangelista favorito siempre fue San Juan, no sólo por sus representaciones artísticas, donde lo representaban joven y guapo; sino por ser su Evangelio tan distinto y diferente de los sinópticos; y por ser el autor del Apocalipsis, un libro con el que es imposible aburrirse.

    De todos modos, al crecer y al leer ya con más profundidad e interiorización los Evangelios, he cambiado de preferencias. Sin duda, puedo afirmar con total convicción de que mi evangelista es Lucas. Su Evangelio me llega al corazón como ninguno. Aún así, reconozco el valimiento de San Juan y de su teología y te agradezco que nos hayas hablado hoy de él, Mitrut.

  4. Mitrut como dice Antonio ,realmente has trabajado en este articulo.
    Yo de San Juan tan solo he leido el Apocalipsis,y ahora estoy leyendo otro tambien sobre el Apocalipsis de San Juan,muy interesante por que el autor explica las diferentes interpretaciones que se pueden dar de cada capitulo.
    ¡Gracias por el articulo!

  5. Muchas gracias Mitrut. Dentro de mi supina ignorancia teológica y evangélica me quedo con el magnífico artículo que has realizado y que incide en cuestiones que me han hecho pensar. En todo caso, surgen las dudas por los motivos que has expresado si en realidad San Juan Apóstol fue la mano que escribió “su Evangelio” o si fue atribuido a él por la concordancia del nombre.

  6. Muy interesante el articulo Mitrut hablas de muchos aspectos interesantes del evangelio de San Juan y del apocalipsis es interesante las dudas que hay sobre su autoría

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