Venerable Margarita Occhiena

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Lienzo-retrato de la Venerable “Mamma Margherita”.

Pregunta: Don Bosco, ¿a quien eligió como patrono y por qué? ¿Y que frase le enseñó a Don Bosco?

Respuesta: San Juan Bosco eligió como patrono de su Congregación a San Francisco de Sales, obispo de Ginebra (Suiza). Los dos habían nacido en la Saboya, San Francisco en la parte francesa y San Juan Bosco en la italiana. La espiritualidad de San Francisco de Sales, en aquella época, influía bastante en el Piamonte italiano, porque él exponía en sus escritos un proyecto de santificación desde lo que sencillamente se hace cada día, desde la alegría, amabilidad y entrega a todos. Son esos pensamientos los que indujeron a Don Bosco a cogerlo como patrono y no una frase en concreto. Lo ilusionó su sencilla y cotidiana actividad y el valor que él le daba para conseguir la santificación personal.

Pregunta: ¿Que le dijo mamá Margarita a Juan Bosco el día de la ordenación sacerdotal?

Respuesta: Pues le dijo: “Ya eres sacerdote, estás más cerca de Jesús. Yo no he leído tus libros, pero recuerda que comenzar a decir Misa quiere decir comenzar a sufrir. No te darás cuenta enseguida, pero poco a poco verás que tu madre te ha dicho la verdad. De ahora en adelante piensa solamente en la salvación de las almas y no te preocupes por mí.”

Aprovechando esta última pregunta y siendo hoy la festividad de San Juan Bosco, digamos algo de su santa madre, Mamá Margarita, que tanto influyó en la educación y posterior vida de su hijo e incluso en la obra fundada por él.
Lo que sabemos sobre ella, lo es principalmente, gracias a su hijo que, por mandato del beato Papa Pío IX tuvo que escribir su autobiografía, que conocemos como “Memorias del Oratorio”. También escribieron sobre ella Giovanni Battista Leymone, Angelo Amadei y Eugenio Ceria, constando toda esta documentación en el proceso de beatificación de Margarita Occhiena.

Ese era su nombre y había nacido en Capriglio (Asti) – una aldea de unos cuatrocientos habitantes – el día 1 de abril del año 1788, siendo bautizada el mismo día de su nacimiento en la parroquia del pueblo. Sus padres eran unos pequeños propietarios que tuvieron nueve hijos, formando una familia profundamente piadosa. De su infancia no se conoce casi nada, salvo que su vida fue la sencilla vida de una mujer de pueblo, honesta, limpia y fervorosa. Estuvo viviendo en la casa paterna hasta que con veinticuatro años contrajo matrimonio con Francisco Luís Bosco, un aparcero que era viudo y tenía un hijo llamado Antonio. Estuvieron casados cinco años, se fueron a vivir a la granja Biglione en el territorio de Becchi di Castelnuovo y tuvieron tres hijos: José, Juan y Melchor.

Ilustración contemporánea de la Venerable “Mamma Margherita”.

El 12 de mayo de 1817 su esposo murió como consecuencia de una pulmonía y ella se quedó viuda y con cinco personas a su cargo: sus tres hijos, el hijo que aportó su esposo al matrimonio y su suegra, anciana y minusválida. Así, comenzó para ella y su familia un período muy difícil, viviendo humilde y muy pobremente, sacando a su familia adelante trabajando dentro y fuera de casa y teniendo siempre plena confianza en Dios.

Educó cristianamente a sus hijos, protegiendo especialmente a Juan que se venía cohibido por la prepotencia de su hermanastro, que no quería que Juan estudiara. Para conseguir la paz en el hogar, sin poder, tuvo que enviar a su hijo Juan fuera de casa a fin de que pudiese estudiar. Que mamá Margarita tuvo una importante influencia en la educación cristiana de Don Bosco lo demuestra el sueño que Juan tuvo cuando con nueve años de edad vio a un hombre que para identificarse le dijo: “Yo soy el hijo de aquella a quién tu madre te enseñó a saludar tres veces al día”.

Pero no se puede escribir sobre Mamá Margarita sin recurrir constantemente a lo que dije al principio: fue su propio hijo quien, al escribir su autobiografía, nos dio mucha información sobre su madre. “Yo tenía solamente dos años cuando mi padre murió y al hacerse cargo de nosotros, mi madre tuvo que ocuparse de la casa y del trabajo que hacía mi padre en el campo. Ella era una mujer fuerte pero el trabajo del campo es muy duro y ella sola no podía con todo. Mis hermanos y yo la ayudábamos. En esta habitación, cuando tenía nueve años, tuve un sueño y este sueño me acompañó a lo largo de toda mi vida Me pareció estar en un lugar cerca de mi casa, era como un gran patio de juego de la escuela. Había muchos muchachos, algunos de ellos decían palabrotas y yo me lancé hacia ellos golpeándoles con mis puños. Fue entonces cunado apareció un hombre que me dijo: “Con los puños no lo hagas, sino con amabilidad vencerás a estos muchachos”. Juan le contó el sueño completo a su madre: “Cuando por la mañana le conté el sueño a mi madre ella me dijo que a lo mejor, cuando fuera mayor, yo sería pastor de almas”.

Mamá Margarita inculcó a sus hijos la idea de “vivir en la presencia de Dios”: “Recordad hijos míos que Dios os ve siempre” y que a él siempre había que darle gracias porque era el creador del universo, el que hacía que con el paso de las estaciones, el campo floreciera, llegaran las cosechas, floreciera la vida: “Una noche, estábamos tomando el fresco en la puerta de mi casa y veíamos las estrellas; entonces mi madre nos dijo que solo Dios había creado el mundo y había puesto a todas esas estrellas en el cielo”. Dios formaba parte de su familia: “Jesús era uno más de la familia y mi madre Margarita me enseñó de memoria algunos pasajes de la Biblia, porque como nosotros no podíamos ir al catecismo, ella misma nos lo enseñó”.

Detalle de la Venerable “Mamma Margherita” en una ilustración contemporánea.

Era además una mujer que, a pesar de que tenía que trabajar duramente para sacar a su familia adelante, que pasó graves dificultades y duros contratiempos, nunca perdió su plena confianza en Dios. “Habíamos trabajado mucho en el campo y cuando se acercaba la hora de la cosecha, una fuerte granizada se la llevó. Mi madre nos dijo que Dios sabría por qué. El Señor nos la dio y el Señor nos la quitó”. Al utilizar estas palabras, Mamá Margarita nos está demostrando que, aunque era analfabeta, conocía las Escrituras porque son las mismas palabras pronunciadas por el Justo Job cuando perdió todos sus bienes e hijos (Job, 1, 21).

Cuando San Juan Bosco iba a hacer su primera comunión en el día de Pascua del año 1826, ella le dijo: “Juanito mío, Jesús te prepara hoy un gran regalo. Para ti es un gran día porque Dios se ha adueñado de tu corazón y ahora me tienes que prometer que siempre harás cuanto puedas para ser bueno”.

Casi con veinte años de edad, San Juan Bosco quiso entrar en un convento franciscano y al enterarse el párroco de su pueblo, intentó quitarle la idea de la cabeza tanto a él como a su madre, diciéndole que un hijo tenía la obligación de ayudar a su madre cuando fuera anciana. La madre le dijo a su hijo: “El párroco ha venido a decirme que quieres entrar en un convento. Yo quiero que lo pienses con tranquilidad y cuando lo hayas decidido, sigue tu camino sin mirar a nadie a la cara. Lo más importante es la voluntad del Señor. Don Dámaso quiere que yo te haga cambiar de idea, porque en el futuro podría tener necesidad de ti, pero yo te digo que en estas cosas, tu madre no cuenta nada porque Dios está antes que todo. Yo nací pobre, he vivido pobre y quiero morir pobre. Y te digo más: si alguna vez eres sacerdote y por desgracia te hicieras rico, yo no pondré mis pies en tu casa”.

Entre 1835 y 1841, cuando su hijo Juan estuvo en el seminario, ella mantuvo un contacto continuo con él y durante las vacaciones de verano iban al cortijo Sussambrino donde trabajaba como aparcero su hijo José o bien se marchaban a Becchi. Ya te comenté al principio lo que le dijo a su hijo cuando el día 5 de junio del año 1841, día del Corpus Christi, Juan fue ordenado de sacerdote; aun así, lo repito: “Ya eres sacerdote, estás más cerca de Jesús. Yo no he leído tus libros, pero recuerda que comenzar a decir Misa quiere decir comenzar a sufrir. No te darás cuenta enseguida, pero poco a poco verás que tu madre te ha dicho la verdad. De ahora en adelante piensa solamente en la salvación de las almas y no te preocupes por mí”.

Don Bosco y “Mamma Margherita” llegan a la casita Pinardi. Ilustración contemporánea.

Ordenado su hijo de sacerdote, ella creyó que había cumplido su misión y se dispuso a vivir más tranquilamente en una casa que había construido su hijo José en Becchi, pero cuando Don Bosco comenzó su trabajo con los jóvenes en Valdocco, tuvo la necesidad de tener consigo a alguien de su completa confianza para que lo ayudase y aconsejase. Ya su madre era mayor, estaba físicamente agotada y vivía tranquila con sus hijos José y Antonio y con sus nietos. Cuando Don Bosco se atrevió a insinuárselo, esta fue su respuesta: “Si te parece que esto agrada al Señor, yo estoy preparada para ir enseguida”. Y se fue con su hijo a Valdocco y allí se quedó durante diez años, siendo su mayor apoyo hasta que le llegó la hora de su muerte. Fue la madre de todos los huérfanos allí recogidos, les preparaba la comida, lavaba sus ropas, atendía sus confidencias y sobre todo, les daba cariño a muchos jóvenes y niños que nunca lo habían recibido en su vida. Allí empezaron a llamarla “Mamá Margarita”; era la primera cooperadora de la obra de su hijo y de alguna forma, sin saberlo, fue la cofundadora de la gran familia salesiana.

Un día, anciana, cansada y agotada, viendo que los muchachos jugueteando lo destrozaban todo, le dijo a su hijo: “No puedo más”; su hijo se calló pero le señaló con el dedo un crucifijo que estaba colgado en la pared y ella lo comprendió inmediatamente: agachó la cabeza y siguió cosiendo unos pantalones que estaban agujereados. Nunca jamás se quejó y siendo un modelo de santidad para todos, el día 25 de noviembre de 1856, con sesenta y ocho años de edad, Mamá Margarita murió en Valdocco rodeada de sus muchachos.

Placa de mármol dedicada a la Venerable en Valdocco, Italia.

Obtenido el “nihil obstat” el 7 de marzo de 1995, el 9 de mayo del 1996 se abrió el proceso diocesano de su Causa de canonización, siendo reconocida su validez por la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, el día 6 de junio de 1997.

En el verano del año 2005, el rector mayor de los salesianos solicitó al Papa Benedicto XVI que acelerara el proceso de beatificación, entregándole una carta firmada por todos los obispos salesianos del mundo y el 15 de noviembre del año siguiente, fue aprobado el decreto por el que se la declaraba Venerable. Está en proceso de investigación el milagro preceptivo para la beatificación.

Antonio Barrero

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San David Galván Bermúdez

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Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Entre los Santos Mártires Mexicanos del siglo XX, el primero en dar la vida por Cristo y el Evangelio, fue San David Galván Bermúdez, sacerdote diocesano tapatío, cuya vida, con sombras y luces, nos ofrece un ejemplo muy humano de cómo ser santo, aun sin padecer el martirio.

Nació en Guadalajara, capital del estado de Jalisco, el 29 de enero de 1882, hijo de Trinidad Galván y de Mariana Bermúdez. Recibió el bautismo el 2 de febrero siguiente en el Templo de Nuestra Señora del Pilar, vicaría del Sagrario Metropolitano.
De familia humilde, su padre trabajaba como zapatero; cuando tenía tres años murió su madre. El papá contrae nuevas nupcias con Victoriana Medina, con quien tuvo dos hijas: María Trinidad y Flavia.

El 19 de septiembre de 1886 recibió la Confirmación de manos del Arzobispo Pedro Loza y Pardavé. Desde pequeño estuvo atraído a la religión; inclinado a la piedad y participaba constantemente en misa. Su formación escolar la inició en la escuela de la Sociedad Católica, pasando luego a completar la primaria y la secundaria en la escuela anexa al seminario.

En 1895 ingresó al Seminario Diocesano de Guadalajara, por entonces instalado en el inmueble que hasta hace un par de años albergó la XV Zona Militar. Estudió filosofía con notable progreso, pero en 1899, al salir de vacaciones tuvo una crisis vocacional y decidió abandonar los estudios eclesiásticos. Su salida del seminario tuvo también los motivos de que el plantel no tenía una disciplina y formación de calidad, los seminaristas no estaban de acuerdo con el proceder del Rector y se manifestaron en su contra, San David era unos de los que estaba al frente. Se dedicó entonces a trabajar con su padre el oficio de zapatero y en otras ocasiones, a ser maestro de escuela. En esta época su familia se fue a vivir al barrio del Retiro. Llevó por este tiempo una vida algo disipada, pues le gustaba embriagarse; su carácter era violento, en una ocasión terminó encarcelado por golpear a su novia porque la halló bailando con otro.

A pesar de lo antes mencionado, la vocación de David continuaba latiendo y tras una seria reflexión, volvió al seminario en 1902. Su vocación sacerdotal se la encomendó a Nuestra Señora de Zapopan, a quien le agradecía el haber retomado sus estudios clericales y de quien fue gran devoto. San David se entrevistó con el prefecto general del Seminario, un varón sabio y virtuoso, don Miguel M. de la Mora, quien conocía el temperamento del joven y lo creía capaz de grandes acciones. Por ese motivo lo readmitió, sometiéndolo a una especial y severísima vigilancia, que él ejerció personalmente, obteniendo resultados que, en lo personal, no le dejaron lugar a duda acerca de la recta intención del joven Galván para aspirar al estado eclesiástico.

Vista del bonete y el breviario usados por el Santo durante su ministerio sacerdotal.

Vista del bonete y el breviario usados por el Santo durante su ministerio sacerdotal.

Al regresar a su casa, como así llamaba al Seminario, era otro, muy distinto del indisciplinado y pendenciero seminarista que se había dado de baja. Este periodo de su vida fue difícil y decisivo, pues así como el oro se purifica en el crisol, su vida tuvo un cambio que transformó su existencia. Este proceso lo superó a pesar de los muchos sacrificios impuestos: ser disciplinado, dedicado al estudio, dar un buen ejemplo a sus condiscípulos, etc.

Como seminarista sobresalió por el dominio de su carácter, su fervor en la oración, su despego a las aficiones mundanas, el buen ejemplo dado a sus compañeros seminaristas y su constancia por superar las adversidades: ganarse la confianza de sus superiores, demostrar una vocación verdadera y perseverar en ella. Estricto en el cumplimiento del reglamento del seminario; fue tal su empeño por ser un buen seminarista que fue nombrado maestro del mismo, antes de ser ordenado sacerdote. Esto reflejaba la plena confianza que obtuvo luego de los dirigentes del Seminario.

Por ministerio del Arzobispo José de Jesús Ortiz, recibió las órdenes menores el 23 de diciembre de 1905. Del mismo Pastor recibió el Subdiaconado el 9 de mayo de 1909, el Diaconado el día 15 del mismo mes y el Jueves de Ascensión del mismo año, 20 de mayo, fue ordenado sacerdote, en el templo de Nuestra Señora de la Soledad. (Donde ahora se halla la plaza de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres). Su Cantamisa la celebró en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Después, quedó adscrito a la Parroquia del Sagrario Metropolitano.

Fue maestro del Seminario Menor, dando clases de latín y Cátedras de Derecho Natural y de Sociología. Director de la Revista “Voz de Aliento” y capellán del Hospital de San José y del Orfanatorio de la Luz.

Reliquia ósea del Santo.

Reliquia ósea del Santo.

Como sacerdote, se le recuerdan sus largas horas de oración ante el Santísimo, desde el Coro de la Iglesia de Santa Mónica, anexa al Seminario. Oraba mucho ante el crucifijo de su cuarto. La celebración de la Misa, la vivía con gran fervor, dedicando tiempo de oración para prepararla y también para dar gracias. Devotísimo de la Santísima Virgen María, inculcaba el cariño a ella en los niñas; el eje de esta devoción era el rosario cotidiano. Era muy fervoroso en el rezo del Oficio Divino.

Su alimentación era frugal y su forma de vestir, sencilla. Atendía a los enfermos y socorría a las necesidades de los pobres; proveía de zapatos a las niñas del orfanato para que pudieran comulgar, pues las religiosas, no permitían que lo hicieran descalzas. Convivía mucho con esas pequeñas del orfanato y cuando las visitaba, le gustaba regalarles nieve y daba ropa a las que la necesitaban.

Hombre de su tiempo, conforme al espíritu de la Encíclica del Papa León XIII, “Rerum Novarum”, que trataba sobre la cuestión social y la condición de vida de los trabajadores, colaboró en la formación de un sindicato de zapateros, para que supieran defender sus derechos y lograran abatir su pobreza.

Prudente formador en el Seminario, tuvo impacto en sus clases, logrando el mejor resultado. Obediente con los superiores, mortificado en sus gustos, huía de las ocasiones que pudieran excitar sus concupiscencias. Le disgustaban los chistes obscenos. Mantuvo un buen humor en las dificultades cotidianas de la vida. Tuvo entre sus alumnos a los Beatos Anacleto González Flores y Luís Padilla; también convivió con San José María Robles, cuando era seminarista y diácono. Con él y otra persona hizo un viaje a la ciudad México en 1910, durante las celebraciones del Centenario de la Independencia.

Hacia 1914 fue enviado a Amatitán, Jalisco, pues la guerra de la Revolución aquí en Guadalajara era una amenaza para los sacerdotes y más para los docentes del Seminario, a quienes los masones, que constituían gran parte de la élite gobernante, aborrecían por su labor formadora y por su apostolado en revistas y periódicos católicos. En ese lugar, aunque estuvo por breve tiempo, se ganó el corazón de los lugareños por su jovialidad y sentido del humor, por su dedicación al catecismo y su convivencia sencilla y entrañable. En la celebración de sus misas, en la Hacienda de San José del Refugio, participaban casi todos los trabajadores y también casi todos comulgaban. Convivía tan familiarmente, que en una ocasión que había una fiesta, sorprendió gratamente a los presentes al torear él mismo.

Vista de la urna con los restos del Santo e imagen yacente de bronce. Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Guadalajara, México.

Vista de la urna con los restos del Santo e imagen yacente de bronce. Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Guadalajara, México.

Allí en Amatitán le halló la llamada “Revolución Carrancista”, una guerra que además de sus fines políticos, económicos y sociales, tuvo un cariz de persecución religiosa. Los bandos revolucionarios que lucharon por todo el territorio nacional, por influencia del odio de la masonería y de sectas protestantes, persiguieron a los obispos, sacerdotes y creyentes.

Profanaron iglesias, destruyeron instituciones educativas y de asistencia social. Por esta causa, cuando un ex condiscípulo suyo, el capitán Enrique Vera, llegó al poblado, apresó a San David. Aunque le dio ciertas libertades y atenciones con intereses particulares, lo encarceló luego en Ameca, Jalisco, donde estuvo preso por algunos días y después fue trasladado a la Penitenciaría de Escobedo, en Guadalajara. (Donde hoy está el Parque de la Revolución). El referido militar jugó un papel decisivo en su martirio, como luego se verá.

En enero de 1915 esperaba su nombramiento a una de las parroquias rurales más necesitadas, como La Yesca, Atemanica o El Salvador, con difícil acceso y con pobreza muy alta. Él estaba gustoso de ir a uno de esos lugares, donde podría realizar un fecundo ministerio sacerdotal.

De diciembre de 1914 a enero de 1915, la ciudad de Guadalajara se vio convulsionada en sangrientas batallas. Dos grupos antagónicos luchaban por apoderarse de la plaza: Los “Carrancistas” y los “Villistas”. [1] Había muchos muertos y heridos de ambos bandos y San David ejerció el apostolado de asistir a los agonizantes y moribundos en plena calle. Al realizar este heroico ministerio, a quien se atrevió a pedirle que no acudiera para que no sufriera de los riesgos que conllevaría su misión, le respondió: “¡Qué mayor gloria que morir salvando un alma a quien acabo de absolver!”

Detalle de la urna con los restos del Santo. Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Guadalajara, México.

Detalle de la urna con los restos del Santo. Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Guadalajara, México.

El 30 de enero de 1915, desde la madrugada, se desarrolló una batalla de las más sangrientas, desde las orillas de la ciudad, hasta el mismo centro, afuera del Palacio de Gobierno y de la Catedral. Como se dio cuenta de la magnitud de la carnicería dijo: “¡Cuántos pobrecitos morirán hoy sin confesión!” E invitó al Padre José María Araiza para que lo ayudara. Este padre le preguntó que si tenía algún salvoconducto y el santo le respondió que un militar se lo había otorgado. Llegaron al Jardín Botánico, frente al Hospital Civil, fundado por el Siervo de Dios Don Fray Antonio Alcalde OP, Obispo de Guadalajara. A punto de atender a los caídos, fueron aprendidos por unos militares que los llevaron ante el Capitán Enrique Vera, antes mencionado. Él se había casado por la Iglesia, pero abandonó a su esposa, hundiéndose en una vida llena de crímenes en la Revolución. Le gustó una joven llamada Josefina, que resultó ser hija de Flavia Galván y por tanto sobrina del santo. Cuando ambos se encontraron en Amatitán, el capitán Vera le propuso a San David que consintiera y ayudara en su plan de casarse con esta muchacha. Naturalmente se opuso a ello, diciéndole que eso era un pecado gravísimo y lo invitaba a no ofender a Dios y a desistir de sus intenciones. Entonces, cuando lo apresó, le ofreció dejarlo libre a cambio de su apoyo, pero el santo no aceptó. Enrique Vera se sintió derrotado interiormente, y decidió entregarlo al General Manuel M. Diéguez, Gobernador del Estado y acérrimo enemigo y perseguidor de la Iglesia, con la seguridad de que sería condenado a muerte, pero como se dijo antes, fue dejado en libertad al no haberse demostrado que estaba ejerciendo su ministerio sacerdotal. Entonces al encontrárselo nuevamente de frente, con odio y sed de venganza, decidió descargar en él todo su coraje.

En prisión, viendo el temor del Padre Araiza, San David le dijo: “No te asustes, de aquí a un rato, ya estaremos en el cielo” y como el padre le insistiera en que tenía hambre, el santo le respondió: “No importa que no hayamos desayunado, nos iremos a comer con Dios”. Ambos sacerdotes se confesaron y se administraron el sacramento de la Unción. Luego San David fue conducido a un costado del Hospital Civil, por la calle General Calderón. En tanto, familiares y amigos gestionaban desesperados el indulto de los dos sacerdotes; a pesar de las prisas solamente salvaron la vida del Padre Araiza. Llegaron con el indulto cuando lo estaban fusilando.

Placa conmemorativa en el lugar donde el Santo fue fusilado.

Placa conmemorativa en el lugar donde el Santo fue fusilado.

Puesto ante el paredón, dijo: “Luego, ¿sí me van a fusilar?” ante la respuesta afirmativa, repartió las pertenencias que llevaba y dirigiéndose al pelotón les dijo: “Les perdono lo que ahora van a hacer conmigo”. No aceptó vendarse los ojos, y llevándose las manos al pecho, sereno y humilde dijo: “¡Pues que sea aquí!”, luego de la descarga, el cuerpo rodó en el suelo. Su cadáver presentó balazos en el pecho, en la frente y en el cuello, y como eran balas expansivas, casi le desprendieron la cabeza. Su rostro, sin embargo, no tenía manchas de sangre. Con todo eso, aún le dieron el tiro de gracia. En lo que llegaba el Ministerio Público y se llevaban el cadáver para hacerle la autopsia, muchas personas pudieron impregnar con la sangre del santo, pedazos de algodón, y también tocar sus rosarios con sus despojos, pues tenían la certeza de estar frente a un verdadero mártir. Fue velado y sepultado el 31 de enero siguiente, en el Panteón de Mezquitán. Quince días después de saciar su sed de venganza, el capitán Enrique Vera murió ahorcado y acribillado junto Luis Vera, su hermano, en Atoyac, Jalisco. Así terminó la vida de quien no quiso escuchar los consejos de su amigo y que por una criminal pasión cerró los oídos y el corazón, para dar paso a la furia contra el sacerdote y la religión.

En junio de 1922 sus restos fueron trasladados al templo de Nuestra Señora del Rosario, el cual estaba en construcción, en el barrio del Retiro. De allí en adelante se le profesó una devoción popular y hasta se tuvo la costumbre de rezarle cuatro lunes seguidos para obtener un favor, existiendo un folleto para ese fin; situación peculiar, pues es sabido que no puede darse ]culto a ningún candidato a los altares antes de que la Santa Sede se pronuncie. [2] Actualmente, cada lunes a las 6 de la tarde se celebra la Eucaristía en su memoria, continuando de esta manera la devoción de los lunes dedicados a él.

Detalle de la imagen yacente de bronce que hay bajo su sepulcro. Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, Guadalajara (México).

Detalle de la imagen yacente de bronce que hay bajo su sepulcro. Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, Guadalajara (México).

Beatificado el 22 de noviembre de 1992 y canonizado el 21 de mayo de 2000 por el papa San Juan Pablo II, junto con el grupo de mártires encabezado por San Cristóbal Magallanes Jara.

Sus restos se veneran en el crucero poniente de la hoy Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, conocida popularmente como templo del Padre Galván. Están en un nicho del muro norte, debajo del cual hay una imagen yacente, de bronce, sobre una plancha de mármol, la misma sobre la cual se realizó su autopsia en la Cruz Roja, (ubicada por entonces en la Alameda o Parque Morelos).

Es Patrono de la facultad de Filosofía del Seminario de Guadalajara. En el calendario diocesano, la Ciudad Episcopal (Guadalajara) lo celebra como memoria obligatoria el 30 de enero, aniversario de su martirio y porque sus reliquias se ubican en la urbe y por ser, junto con San Julio Álvarez y San Genaro Sánchez, los tres santos oriundos de esta ciudad. [3] Junto con el grupo de los Santos Mártires Mexicanos, su memoria, con rango de opcional, fue insertada en el calendario universal, en la misma fecha de su canonización. [4]

Humberto


[1] Los “carrancistas” eran denominados los seguidores del General Venustiano Carranza, que fue Presidente de México y quien promulgó la constitución de 1917. Los “villistas” eran los simpatizantes del General Francisco “Pancho” Villa.
[2] Si bien dicho folleto, con licencia eclesiástica, hace plegaria a Cristo, pidiéndole el descanso eterno de su siervo, y que luego, por los méritos de su martirio, socorra las necesidades de los que le imploran.
[3] San José Genaro Sánchez Delgadillo, conforme a su Acta de Bautismo, efectuado en la Parroquia de San Juan Bautista de Mexicaltzingo, nació en Guadalajara. Sin embargo, hay una opinión generalizada de que nació en el Rancho de Agualele, en Zapopan, Jalisco, (lugar hasta ahora que no se ha podido identificar con precisión) municipio conurbado de la Capital. Según esa opinión, el santo sí nació en Zapopan, pero la madre quiso que se bautizara en Mexicaltzingo por razones especiales y quedó asentado que nació en la Capital.
[4] En la Arquidiócesis de Guadalajara la celebración litúrgica de estos Mártires tiene el rango de Fiesta y en el resto de México es Memoria obligatoria.

Bibliografía
¡Viva Cristo Rey!. Conferencia del Episcopado Mexicano
El Padre Galván. Una vida sacerdotal en el Marco Histórico de su Tiempo. Pbro. Rafael Haro Llamas
La Criba de San David Galván. Artículo del Semanario, Órgano de Formación e Información Católica de la Arquidiócesis de Guadalajara. P. Tomás de Hijar Ornelas

Agradecimiento al M.I. Mons. y Sr. Cango. José Guadalupe Ramiro Valdés Sánchez Vicario General de la Arquidiócesis de Guadalajara, antiguo Párroco de Nuestra Señora del Rosario y al M.I. Mons. Ramiro Vázquez Sainz, actual Párroco de Nuestra Señora del Rosario, por sus aclaraciones para la elaboración de este artículo.

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Pasionistas Mártires de Daimiel: ¿quiénes eran? (III)

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Fotografía del Beato Justiniano en su hábito de pasionista.

Fotografía del Beato Justiniano en su hábito de pasionista.

En esta tercera parte de los Mártires Pasionistas de Daimiel, comenzaré a narrar las vidas de dos de los supervivientes al primer fusilamiento en Manzanares (23 de julio de 1936): el Padre Justiniano de San Gabriel, de 26 años de edad y de Eufrasio del Amor Misericordioso, de 21 años.

Beato Justiniano de San Gabriel (Justiniano Cuesta Redondo) 1910-1936
El Padre Justiniano Cuesta nació en Alba de los Cardaños (Palencia) el 19 de agosto de 1910, hijo de Gregorio Cuesta Mediavilla y de Florentina Redondo Mediavilla. Don Jesús Cabrero Diez le bautizó el día 21 del mismo mes y le dio el nombre de Justiniano, que fue el elegido por el padrino Juan Cuesta.

Fue confirmado en San Martín de los Herreros el 12 de septiembre de 1911.Creció muy mimado por todos, especialmente por el abuelo materno, que era maestro y le enseñó muchas cosas.
El 29 de diciembre de 1915 hubo en Alba gran fiesta: canto misa Don Miguel Redondo, tío materno de Justiniano. A este no se le borró jamás aquella experiencia: el arco triunfal, los cantos en la iglesia, las mozas que cantaban coplas al son de la pandereta.
A su madre le dijo: “Mamá, quiero ser como el tío Miguel…” “¿De verdad, hijo?” “De verdad, mamá” “¡Dios te oiga!”

Justiniano se lo tomó muy en serio, se preparó a conciencia, estudió bien el catecismo e hizo la primera comunión. La madre le preguntó que le había pedido a Jesús, y el le respondió de nuevo: “Ser como el tío Miguel”.
En 1920 el tío José fue a Corella para ser pasionista. Y le escribió a Justiniano a quien se le planteo un dilema: ¿con el tío Miguel o con el tío José?
Las cartas que el tío José escribía desde tan lejos eran tan alegres, estaba contentísimo y no paraba de hablar de la Virgen del Villar.
Justiniano se decidió finalmente por irse con el tío José y su madre le preguntó: “¿No decías que te ibas con el tío Miguel?” “Si mamá, pero si voy con el tío José puedo ser misionero allá muy lejos, y te escribiré cosas muy bonitas” Florentina se emociono al escuchar la respuesta de su hijo.

“No quiso abandonar su pueblo natal sin antes ir de peregrinación a la Virgen del Brezo, célebre en aquella comarca. Con harta edificación de todos, le vimos acudir allí, descalzo, atravesando montes y collados, dejando impresas con sangre sus huellas en el largo canchal que hay que subir para adorar la cruz que corona una de las elevadas y ariscas montañas que circundan el santuario” (Padre Zenón Merino: Necrológica).

Fotografía del Beato, acompañado de su padre, el día que cantó misa.

Fotografía del Beato, acompañado de su padre, el día que cantó misa.

La romería tuvo lugar el 21 de septiembre, fiesta de San Mateo. El día 27 Justiniano y otros cuatro compañeros emprendieron el viaje a la lejana Corella. Llegaron el día 29, fiesta de San Miguel Arcángel, uno de los principales patronos de la congregación pasionista y titular de una de las parroquias de Corella. Le recibió el tío José, ya novicio revestido del habito. ¡Como se le quedo a Justiniano grabada esa imagen de su tío alto, delgado, con la mirada en el suelo y las manos dentro de las mangas!

En Corella, Justiniano estudiaba con mucho interés. No quería que a sus padres les llegaran malos informes y malas calificaciones. El primer año sacó todo sobresaliente, como también el segundo, al tercer curso solo le costó un poco más el latín. En cuarto curso ya no obtuvo sobresalientes, pero todas las notas fueron “muy bien”.

Con quince años llegó el momento de pasar al noviciado. Tenia que elegir: o volver a casa o seguir a Jesucristo. En ocasiones lo tenía todo muy claro, pero en otros momentos caminaba a tientas, a ciegas. El 23 de septiembre de 1925 le sometieron a examen para admitirle o rechazarle. No hubo mas que un reparo: “Su mala pronunciación”. El día 28 vistió el hábito.

En el segundo examen de su comportamiento recibió una advertencia: “Tiene algunos defectos tanto físicos como morales. Aunque se ha corregido bastante en la pronunciación, no deja de ser bastante defectuosa, sobre todo al hablar. En el fervor también ha dejado bastante que desear, pues no se le ha visto tan generoso con Dios como debía. Como estas faltas no se consideraron de importancia, tuvo todos los votos a su favor”.

Lápida con los nombres de todos los mártires. Daimiel, Ciudad Real (España).

Lápida con los nombres de todos los mártires. Daimiel, Ciudad Real (España).

Justiniano no echa la advertencia en saco roto y así tras pasar el siguiente examen en el que se le reconocieron sus esfuerzos de enmienda se consagró al Señor en la vida pasionista el 29 de septiembre de 1926. El 17 de octubre llegó a Daimiel para continuar los cursos de Humanidades, y después de Filosofía (que se le daba muy bien).

Hombre inquieto y soñador, todas las curiosidades le parecían útiles para la catequesis, el púlpito o la simple conversación. De sus tres cuadernos de curiosidades en el segundo transcribe esta norma: “Omne quod tibi interest selige,scribe clare et concise” (todo lo que te parezca interesante, selecciónalo y escríbelo de manera clara y concisa). Por poner algunos ejemplos de los títulos que daba a sus temas aquí van unos cuantos, algunos muy curiosos: Dulcificar el vinagre, propiedades curativas del agua, Iglesia submarina, Mármol sucio, Lágrimas femeninas…

El 2 de octubre de 1930 Justiniano y sus compañeros abandonaron Daimiel y llegaron a Zaragoza para estudiar Teología. Allí se encontró con la sorpresa de ver a su tío José Redondo, ya sacerdote. En abril de 1931 llegó la Segunda República, con los incendios que se produjeron en mayo. En julio los alumnos marcharon a sus hogares, regresando el 12 de septiembre.

La profesión perpetua de Justiniano de San Gabriel (nombre que tomó), tuvo lugar durante la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Los compañeros de Justiniano fundaron la revista “Religión y Ciencia”, como órgano interno de trabajo y expresión de los estudiantes. En ella, Justiniano publicó varios trabajos como: “El Misterio de la Santísima Trinidad”, “La Pasión de Cristo”, “La Belleza de María” y crónicas, como la de su propia ordenación sacerdotal que a punto estuvo de serle diferida.

El 8 de mayo de 1933 la curia provincial estudio su caso: “El segundo consultor informa, como director de los estudiantes de Zaragoza, que entre los ordenados hay uno, Justiniano, que adolece de un defecto muy notable al hablar, hasta tal grado que a su juicio llega a ser impedimento canónico. Se determina posponer su ordenación para estimular al interesado a poner mas empeño en corregir tal defecto, que según el especialista es psicológico”. La “amenaza” surtió efecto, Justiniano se enmendó notablemente y el 15 de abril de 1934 fue ordenado sacerdote de Jesucristo en la Cartuja de “Aula Dei”, de Zaragoza. Permaneció otro año en Zaragoza preparándose para el ejercicio del apostolado a las órdenes del joven doctor en Teología, Paulino Alonso. Se estrenó en el púlpito el primer viernes de Cuaresma de 1935 y confiaron en él nada menos que para el sermón del Jueves Santo. A pesar de los tropiezos en pronunciación, se le vio ilusionado.

Teca con reliquia ex-ossibus de todos los mártires pasionistas de Daimiel.

Teca con reliquia ex-ossibus de todos los mártires pasionistas de Daimiel.

El 24 de agosto de 1935 el Padre Justiniano se traslado a Daimiel como profesor de griego y subdirector del catecismo de la Paz. Era un sacerdote que sembraba simpatía y derrochaba bondad, soñaba con las misiones de Alaska y se sacrificaba por todos. Sin embargo su vida prometedora quedó truncada: la muerte le espero en dos ocasiones, el 23 de julio y el 23 de octubre. En el primer fusilamiento el Padre Justiniano sufrió una descarga de perdigones en el rostro.
Tras avisar a la Cruz Roja para que se llevaran a los supervivientes fueron trasladados al Hospital Municipal donde fueron atendidos por los ángeles que son las Hijas de la Caridad. El Padre Justiniano fue llevado a Valdepeñas, al doctor Urena, en un intento de salvarle el ojo, pero resulto inútil.

El 1 de agosto las Hijas de la Caridad dejaron el hospital, quedando los supervivientes en manos de los milicianos, que solo deseaban su pronta recuperación para volverlos a fusilar. Sabemos que Justiniano escribió varias cartas informando de los sucesos. La mañana del 23 de octubre a los seis supervivientes se les hizo subir a una furgoneta y poco después caían acribillados a balazos. La FAI no quiso más complicaciones y les dieron el tiro de gracia. El examen forense realizado a Justiniano por el doctor Francisco Alonso dice: “Herida de bala en región precordial por debajo de la tercera costilla izquierda, otra herida por bala con orificio de entrada debajo del maxilar y salida por bóveda”.

Beato Eufrasio del Amor Misericordioso (Eufrasio de Celis Santos) 1915-1936
Eufrasio de Celis Santos nació en Salinas de Pisuerga (Palencia) el 13 de marzo de 1915. Sus padres se llamaban Emiliano de Celis y Juana Santos, siendo bautizado el día 21 por Don Tomas Hospital Hidalgo, añadiéndole al de Eufrasio, el nombre de Benito (por ser el santo del día). Era el tercero de los hijos que el matrimonio Celis Santos tenia, los otros tres eran María Rosario, Eutiquio (mayores que Eufrasio) y Severino, nacido después de Eufrasio. Recibió la confirmación en Barcenilla de Pisuerga el 14 de septiembre de 1915, que le fue administrada por Mons. Ramón Barberán y Boada, de Palencia. La primera comunión la celebró el 8 de abril de 1923, y ya pequeño ayudaba al párroco en las funciones y al organista Evencio Zurita en los cánticos, aunque alguno de sus compañeros comentó que no tenía buen oído. También se revestía con unos papeles de periódico y hacia que celebraba misa, mientras su hermano pequeño, Severiano, hacia de monaguillo.

Fotografía del Beato Eufrasio en su hábito de pasionista.

Fotografía del Beato Eufrasio en su hábito de pasionista.

El 26 de febrero de 1927 llegó a Zaragoza con un grupo de compañeros, entre ellos su paisano Ismael Vielba. Lo paso muy mal al principio como escribiría mas adelante: “Cuando ingresé en el colegio, a pesar del contento y entusiasmo con que iba, estuve ocho o quince días como saben” (Corella, 23-IX-1931). Eufrasio llegó a Zaragoza bien preparado. Llevó consigo dos cuadernos con apuntes y temas, con un gran cuidado, limpieza y ortografía de los mismos.

Con su madre se mostraba muy cariñoso; en una carta fechada del 27 de marzo de 1931 decía: “Sin duda habrá descubierto el objeto de esta carta: ¡felicitar un hijo a su madre! No puede hallarse cosa mas encantadora que esta, donde se muestra el filial amor, se presenta el aroma del corazón, se desean mil parabienes, se piden al cielo multitud de bendiciones y amorosamente se congratulan. ¡Quien pudiera estar ahí en ese día a felicitaros! Mas el amante siempre esta unido al amado, aunque la distancia los separen. No puede menos de hallarse un hijo interiormente con su madre”

En 1931 las calificaciones son ligeramente inferiores. Como en otros estudiantes influyeron las tensiones ambientales. Siendo un muchacho que llamaba la atención por su desarrollo humano e intelectual, los mismos profesores comentaban con él las crisis políticas. A primeros de julio regresó a Salinas en aquellas vacaciones “forzadas” por las circunstancias. Su primera experiencia al regresar fue muy desagradable, quiso ir a saludar al maestro, le rodearon cuatro jóvenes y le amenazaron a fin de que no regresara a Zaragoza. En adelante Eufrasio se encerró en casa y no salía más que para ir a la iglesia.

El día 8 de septiembre llego el telegrama con las buenas nuevas. Volvió a Zaragoza el día 12 y el 14, él y sus compañeros marcharon a Corella, donde fueron recibidos por el superior: Ildefonso de la Cruz y el Maestro de Novicios, Fulgencio de Santa Teresa. El 4 de octubre recibió el hábito y comenzó el noviciado en medio de una fuerte crisis, mas psicológica que auténticamente vocacional. El día 6 escribe a sus padres: “Con gran alegría recibí en mis manos la suya del 29 p. pdo. Pero mucho mayor es la que experimento ahora, al trazar estas líneas, viéndome revestido del hábito pasionista. Rueguen mucho por mi para que me anime y sea bueno”.

Vista de la pila bautismal en la que fue bautizado el Beato Eufrasio. Iglesia de Salinas del Pisuerga, España.

Vista de la pila bautismal en la que fue bautizado el Beato Eufrasio. Iglesia de Salinas del Pisuerga, España.

En el capitulo del 24 de septiembre, antes de la toma de habito los profesores comentaban: “…Todos confesaron el daño inmenso que las vacaciones en su pueblo habían obrado en su alma, pero persuadidos todos de que no era mas que una tentación del diablo se procedió a la votación y por unanimidad fue aprobado”. La confianza que depositaron en el joven Eufrasio no quedó defraudada, pues el 9 de enero de 1932 decían: “todos los padres quedaron gratamente sorprendidos de la transformación que se había operado en el novicio y satisfechos de su conducta verdaderamente ejemplar”.

En el verano de 1932 cesó el maestro Padre Fulgencio y llego el nuevo, Padre Francisco Inchausti, quien asegura: “En los últimos meses dio muestras de sólida vocación religiosa y de enmienda de sus defectos pasados, los cuales no solamente manifestaba a su Padre Maestro, sino que también los exageraba. Por lo tanto no hubo ningún reparo sobre su conducta y carácter y todos le dieron voto favorable”. El 23 de octubre de 1932 emitió los votos, permaneciendo aquel curso en Corella, incrementándose en el su fervor mariano: “Aprovecho la ocasión para recomendarles una vez mas que sean muy devotos de María… Estemos seguros que si amamos a María, ella nos protegerá en vida y mucho más en la hora de la muerte. Rueguen mucho para que me de fuerzas y valor para cumplir las obligaciones que he contraído”.

Además de estudiar, le encantaban las flores, en una carta pide a sus padres semilla de “pasionaria”: “…pues no se encuentra aquí, y a ver si en esta primavera puedo verla ya con flores en mi jardín” (Corella, 21-1-1934). En agosto de 1934 anuncia su próximo traslado a Daimiel, con otros catorce compañeros: “¡Que bueno es Dios que en todas partes nos proporciona lugar para vivir, por mas que los enemigos de la religión se empeñen en echarnos de todas partes, como en México que nos han quitado tres casas que teníamos. Pero no hay que temer: la palabra de Dios no falla” (Corella, 15-7-1934).

El 21 de diciembre de 1935 les escribía a sus padres: “Yo creo que el año entrante ha de ser trágico para España. El horizonte es de triunfar o ser vencidos. Les digo esto para animarles a la lucha y para que desde ahora recen todos los días alguna oración al cielo. Se lo pido por amor a Dios y por amor a España. A mi me toca entrar en quintas y conmigo somos nueve en el convento. No se la suerte que me tocara ¡en estos tiempos!”. Eufrasio sobrevivió al primer fusilamiento en la estación de Manzanares, quedando con lesiones graves en el rostro. Tras tres meses de recuperación en un Hospital solo salió junto a los demás supervivientes para ser fusilado de nuevo. La autopsia del doctor Francisco Alonso dice: “Herida por bala en el hipocondrio derecho sin orificio de salida, otra bala con orificio de entrada por el oído izquierdo y salida por el pómulo derecho”.

Sepulcro con los restos de los mártires. Convento pasionista de Daimiel, Ciudad Real, España.

Sepulcro con los restos de los mártires. Convento pasionista de Daimiel, Ciudad Real, España.

¡Beatos Mártires Pasionistas, rogad por nosotros!

Abel

Bibliografía:
– GARCÍA MACHO, Pablo, Rosas del Calvario “Martires Pasionistas de Daimiel”, Ed. Edicep.
– PIELAGOS, Fernando C.P. “Homenaje a los 26 Martires Pasionistas de Daimiel” Ed. Pasionistas.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Agatha Lin Zhao y compañeros, mártires en China

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa devocional italiana de la Santa, perteneciente a la serie del ilustrador Bertino.

Estampa devocional italiana de la Santa, perteneciente a la serie del ilustrador Bertino.

Aunque existen una gran cantidad de mártires en Asia, víctimas de las persecuciones desatadas por el choque cultural entre el cristianismo y las diferentes religiones, tradiciones e idiosincrasias asiáticas, siempre es muy complejo escribir sobre ellos, pues los datos que tenemos de cada uno son muy escasos. Eso ocurre especialmente con los mártires chinos, de los cuales hay muy poca información y desde luego, ésta es prácticamente inexistente en español.

Pero a pesar de ello, en este blog hemos intentado superar las barreras de la desinformación y la lengua, y gracias a la generosidad y esfuerzo de los compañeros, hemos podido saber ya de Santa Lucía Yi Zhenmei, Santa Magdalena de Nagasaki, los mártires coreanos; y muchos otros de los que -espero- seguiremos hablando. Hoy os presento a Santa Agatha Lin Zhao (o Tchao), una virgen catequista que sufrió martirio durante la rebelión de los boxer (1899-1901).

Es difícil explicar en pocas líneas el contexto histórico de las persecuciones contra los cristianos en China, que en modo alguno deben ser extrapoladas a otras persecuciones conocidas, al menos, fuera del ámbito asiático. El pueblo y la cultura chinas, que desde siempre han manifestado una gran convicción de lo elevado y moralmente superior de sus creencias y costumbres y una desestimación de lo ajeno y extranjero rayano en el desprecio, no tomó a bien la injerencia occidental en su mundo particular. Desde muy pronto mostraron una enorme resistencia a la llegada de toda influencia occidental -y, considerando los fenómenos de colonización y neocolonización a largo de la Historia, ¿quién podría culparles?-. Por desgracia, cometieron el error de extender su persecución a quienes eran sus mismos compatriotas, haciendo pagar justos por pecadores. La rebelión de los boxer, movimiento contra la influencia comercial, política, religiosa y tecnológica foránea en China durante los últimos años del siglo XIX; incluyó la lucha contra una religión occidental: el cristianismo. Y por tanto, convirtieron en víctimas a los cristianos, incluidos, y de modo especial, los cristianos chinos. Éstos eran vistos como traidores a ojos de los rebeldes, culpables de trastocar la cultura china y el carácter nacional del país. Hubo muchas víctimas entre laicos y religiosos, sobretodo catequistas. Ése fue el caso de nuestra Santa de hoy.

Lin Zhao nació en 1817, en el pueblo de Qinglong, provincia de Ghizou, en una familia china de religión cristiana católica. Pocos días después de su nacimiento, su padre fue arrestado a causa de su fe, por lo que la niña no fue bautizada hasta tres años después, cuando él fue liberado. En su bautismo, a Lin le impusieron el nombre de Agatha (Águeda), en honor a la mártir de Catania, a la que imitaría en su virginidad y martirio.

Ilustración de la Santa. Destaca el velo blanco, símbolo de su virginidad.

Ilustración de la Santa. Destaca el velo blanco, símbolo de su virginidad.

A diferencia de como solía hacerse con las niñas de su época, Agatha aprendió muy pronto a leer y a escribir, pues era una muchacha inteligente. A pesar de ello, como solía hacerse entre las familias chinas, sus padres la prometieron en matrimonio, sin su consentimiento, al heredero de la vecina familia Li. Ella no lo descubrió hasta que cumplió 18 años de edad, momento en que le fue revelado su compromiso. Agatha reaccionó con gran disgusto, revelando a sus padres que había hecho voto de virginidad a Cristo y que no podía entregarse a otro hombre. A pesar de que cancelar el contrato matrimonial les supondría un gran conflicto con la familia Li y una pérdida de respetabilidad social en su entorno, Agatha ganó la batalla con su insistencia y fortaleza: finalmente, sus padres la dejaron estar y anularon los planes de matrimonio. Ese mismo año, el padre fray Matthew Liu, franciscano chino, la animó a entrar en un colegio femenino en Guiyang, donde cultivó su avispada inteligencia.

Pero dos años después, se vería obligada a regresar a casa. Su padre fue de nuevo arrestado, encarcelado y torturado. Su familia se quedó sin posesiones a causa de ello, de modo que no podían seguir viviendo en tan paupérrimas condiciones. Agatha y su madre se vieron obligadas a trabajar para ganar algo de dinero y mantener a la familia. De nuevo, fray Liu la visitó y la animó a que enseñara el catecismo a los niños cristianos de la zona, lo que hacía en sus ratos libres.

Cuando el padre nuevamente fue liberado, su salud estaba destrozada a causa de las torturas y era ya incapaz de trabajar. Acabó muriendo a causa de este deterioro físico, y en ese momento, la madre de Agatha se retiró a vivir con un hijo suyo que había tenido de un matrimonio anterior.

Eso liberaba a Agatha de todas las responsabilidades para con su familia y le daba la oportunidad de seguir su vocación. Tenía 25 años de edad en aquel momento, y a pesar de su juventud, se convirtió en la directora de la nueva escuela femenina de fray Liu, donde realizó formalmente su voto de pureza.
Apenas un año después, el nuevo Adminsitrador Apostólico de la diócesis de Guizhou, monseñor Bai, la nombró superiora del convento de Guiyang. Allí mantuvo una vida austera y entregada completamente al cuidado de los pobres y de los niños.

Ilustración de la Santa perteneciente a una serie de estampas devocionales italianas. Fuente: www.tuttocollezioni.it.

Ilustración de la Santa perteneciente a una serie de estampas devocionales italianas. Fuente: www.tuttocollezioni.it.

En 1857, Lawrence Puang Wang Bin y Jerome Lu Tingmei, dos cristianos, fueron encarcelados, y con ellos también fue encarcelada Agatha -quien entonces tenía 39 años de edad-, pues se había convertido en un personaje relevante. Durante el juicio al que fueron sometidos, el mandarín -magistrado de la provincia- de Maokou, Dai Luzhi, no vaciló en burlarse de ella, haciendo especial hincapié en el voto de virginidad, que era visto como incomprensible por la idiosincrasia china. El interrogatorio de Agatha se desarrolló de la siguiente manera:[1]
“¿Cómo te llamas?”
“Me llamo Lin”.
“¿Ése es tu nombre de soltera o es el apellido de tu marido?”
“No estoy casada”.
“¡Qué! ¿Por qué no te has casado?”
“He consagrado mi castidad”.
“¿Qué estás diciendo? ¡Eso va en contra de las relaciones humanas! ¿Quién te ha enseñado esas cosas? ¿Para qué estás aquí?”
“Para instruir a las niñas”.
“¿Instruirlas en qué? Para eso ya están los mandarines”
“Las niñas no entienden el mandarín
[2], entienden el dialecto Han [3], de ahí que me necesiten para instruirlas”.
“Eres una Han, y estás enseñando cosas de bárbaros
[4]. Estás embrujando a ciudadanos inocentes con las supersticiones de tu culto. Dices que las enseñas a leer, ¿pero quién sabe si más tarde no las arrastrarás a ese maligno culto del que no te arrepientes de pertenecer?”
“No me arrepiento, pero no soy más que una mujer insignificante. Sólo respeto la supremacía de Dios, que no puede ser abandonada”.
“No te has casado, lo que demuestra que predicas la extinción de las relaciones humanas, ¿y aún dices no pertenecer a una secta?”

Y a continuación se burló de ella, de su virginidad consagrada y empezó a cuestionar que, a su edad, todavía fuese virgen, lo que parecía poco probable a sus ojos. Agatha no quiso seguir el juego de tan degradante insulto. Simplemente respondió:
“¿Es una falta de respeto a las autoridades el hecho de ser un templo a la castidad?”
Wang Bing y Lu Tingmei, al oír sus palabras, empezaron a aplaudirle. Eso enfureció al mandarín, que dando un golpe sobre la mesa, gritó:
“¡No tienes ni idea de lo que estás diciendo! El gobierno ha ordenado a tu descarriada secta que se marche, que vuelva por donde vino. Si tú no escuchas ni acatas las órdenes del gobierno, éste puede ordenar inmediatamente tu muerte, ¿o es que no lo sabes? ¿Reconocerás que estás equivocada?”
Pero Agatha no respondió. Entonces Dai Luzhi se dirigió hacia los otros dos inquiriéndoles sobre el asunto, pero ellos únicamente respondieron:
“¡Ella tiene razón!”
Por lo que, perdiendo la paciencia, el mandarín los condenó a muerte a los tres.

Al día siguiente, 28 de enero de 1858, Agatha y sus compañeros fueron decapitados en la ribera de un río. Llevada al lugar de ejecución, ella no iba atada, sino que acompañó de buen grado a los guardias. El verdugo le arrancó bruscamente el velo blanco de la cabeza, liberando la cabellera oscura. Mientras el tribunal observaba desde el otro lado del río, ella se arrodilló en el margen izquierdo. Le ataron bruscamente los pequeños pies, y aunque pidió a quienes la maniataban que fueran despacio, no le hicieron caso.
El verdugo fue considerablemente torpe y cruel con la víctima. El primer golpe de hacha, que debía haberla decapitado, le dio en la cara, lo que la derribó en el suelo. Luego tomó un cuchillo y procedió a cortar para desprenderle la cabeza de los hombros, pero, no se sabe si por mero entretenimiento o por orden expresa del mandarín, se detuvo para sacarle rápidamente el abrigo que llevaba puesto. Entonces le sorprendió la voz de la mártir, que seguía viva:
“Prefiero que me cortes cien veces con tu cuchillo antes que me quites las ropas”
Entonces, en medio de un caos sangriento, el verdugo descargó siete golpes con el cuchillo sobre el cuello de Agatha, pero ni aún así lograba separar la cabeza del cuerpo. Lo logró al vigésimo golpe (!!!!). Era la mañana del 28 de enero de 1858, como decía, a las nueve de la mañana, y ella tenía casi cuarenta años de edad.

Vista del cofre que contiene las reliquias de la Santa: huesos y cabellos. Casa-Museo de la Venerable Pauline Jaricot, Lyon (Francia)

Vista del cofre que contiene las reliquias de la Santa: huesos y cabellos. Casa-Museo de la Venerable Pauline Jaricot, Lyon (Francia)

A pesar de la oposición de la mártir, cuando estuvo muerta desnudaron su cadáver y lo examinaron, confirmando que, ciertamente, era virgen. Ante esta evidencia, el mandarín se vio obligado a admitir que había cometido un error al burlarse y cuestionar la virginidad de la mártir.
Hubo testigos no cristianos del martirio que afirmaron posteriormente haber visto tres luces esféricas en el cielo en el momento en que los mártires eran decapitados. También dijeron haber visto tres rayos de luz flotar sobre los cadáveres expuestos de los mártires, dos de color rojo por los dos varones, y uno blanco por Agatha.

Otro prodigio se cuenta sobre el momento inmediato a la muerte de la Santa, que a mí, personalmente, me parece una leyenda. Se dice que un barbero que pasaba por allí vio los cadáveres expuestos, y, acercándose a las cabezas cortadas, vio las trenzas negras colgando de la cabeza de Agatha y le pareció un cabello tan bonito, que lo cortó para poder venderlo. Al llegar la noche, sin embargo, los lugareños oyeron la voz de la mártir gritando: “¡Me han robado mi cabello! ¡Devolvédmelo!”, por lo que el barbero, aterrado, se apresuró a devolver las trenzas al lugar de la ejecución. Personalmente esto me parece un cuento chino -nunca mejor dicho- ya que a la Santa, que había sacrificado generosamente su vida por su fe, sometiéndose a un martirio lento y horrible, poco le iba a importar lo que hiciesen con su cabello después de muerta; por mucho que sea propio de las mujeres chinas el enorgullecerse de su cabello.

Las reliquias de la Santa, que constituyen unos pocos huesos y, por cierto, las negras trenzas de su cabello, se conservan en la Casa-Museo de la Venerable Pauline Jaricot en Lyon (Francia).
Agatha Lin Zhao, Lawrence Wang Bing y Jerome Lu Tingmei, mártires de Maokou, fueron beatificados el 2 de mayo de 1909 por el papa San Pío X y canonizados por el papa San Juan Pablo II el 1 de octubre de 2000, dentro del grupo de 120 mártires chinos. Aunque hemos publicado su artículo hoy, día de su martirio, se la celebra dentro de su grupo el 9 de julio y el 18 de febrero a título personal.

Fuente: http://www.chinesemartyrs.ca/Saints/ViewSaints.aspx?id=13

Meldelen


[1] La traducción es aproximada y orientativa, pues he tenido que traducir y abreviar del original chino y los traductores automáticos de Google todavía no saben captar todos los matices y particularidades de la expresión china. Pido disculpas por las posibles malinterpretaciones y alteraciones que puedan darse en el texto. Ojalá en el futuro tengamos disponibles traducciones al inglés o a otro idioma de alfabeto latino para poder captar mejor su esencia.
[2] El chino mandarín es el dialecto más hablado en China actualmente, pero en principio, era la lengua culta, la lengua de los sabios, que no todos dominaban.
[3] Los Han son la etnia más numerosa en China, constituyen la mayoría de la población, aunque históricamente han estado sometidos por minorías que ostentaban la cultura y el poder, como los manchúes.
[4] Los chinos, al igual que los griegos y los romanos, llamaban “bárbaros” (extranjeros) a todos los que no pertenecen a su cultura. Aquí, “bárbaro” es sinónimo de extranjero, pero también de cristiano.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Nuestra Señora de la Soledad de Oaxaca

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Ntra. Sra. de la Soledad de Oaxaca. Foto del P. Gabriel García Muñoz.

¡Oh María mar de gracia y de virtudes y ahora mar inmenso de dolores donde entraron como ríos caudalosos las penas y tormentos!
Ofrecimientos del Rosario a los Dolores de María Sma. Sor Juana Inés de la Cruz.

En el día que se celebraba la festividad de la Expectación de María Santísima, en el estado mexicano de Oaxaca con la capital del mismo nombre se celebró a su Santa Patrona: Nuestra Señora de la Soledad.

Al fundarse la ciudad de la Antequera de Oaxaca en el año de 1532, por orden de Carlos V, se inició la construcción de espacios de culto, apoyando así la obra de la Evangelización en estas tierras. Es bajo este concepto que después de 50 años de fundada la ciudad se hace mención de una cofradía dedicada a San Sebastián y la Soledad de Nuestra Señora establecida en una ermita del mismo nombre.

Narra la piadosa leyenda que en 1617, (otras versiones supuestamente registran los hechos en 1543, aludiendo a la mención de la dicha cofradía), un arriero que venía del Puerto de Veracruz hacia la ciudad de Guatemala, llevaba una recua de mulas y en los cerros de la cercana a la Ciudad de la Antequera de Oaxaca, una mula sin saber de donde, se unió a la recua cargada con una caja. Viendo el arriero que nadie la reclamaba, siguió su camino. Estando ya en la ciudad al pasar a tomar agua para los animales frente a la Ermita de San Sebastián mártir, la mencionada mula se echó por el peso de la carga misteriosa que llevaba. Ya desesperado el hombre, porque no había poder humano que la hiciera levantar, y poder así reanudar su camino, no queriendo meterse en problemas, llamó a las autoridades civiles para abrir la caja. Al llegar estos, se abrió el contenido, percatándose que contenía una imagen de Cristo Resucitado junto con una cabeza y manos labradas y con un rótulo que decía “Nuestra Señora de la Soledad al pie de la Cruz“. La mula al no sentir su peso se levantó y momentos después cayó muerta.

Grande fue su asombro al descubrir tales objetos por lo que las autoridades en ese momento objetaron que tal asunto no era de su competencia y llamaron a la autoridad eclesiástica para que decidieran que hacer ante el hecho. El Obispo de la ciudad, Fray Bartolomé Bohórquez ordenó que era señal del cielo que la imagen de María Santísima en su Soledad fuera albergada temporalmente en la humilde ermita frente a la cual se produjeron tales acontecimientos y para mayor honra de la Virgen ordenó que sobre el inmueble se construyera un Santuario a la Madre de Cristo que se había dignado en dejar su efigie en la ciudad Oaxaqueña; mientras la imagen del Cristo Resucitado fue enviado a la Ermita de la Santa Veracruz, hoy Templo del Carmen de Arriba. Las imágenes son de suponer que procedían de algún taller español con destino a Guatemala.

Portada de la Basílica de la Soledad, Cdad. de Oaxaca, México.

Quizás la orden del Obispo Bohórquez, sobre la construcción del santuario solo se limitó a una ampliación de la Ermita de San Sebastián, pues los trabajos del nuevo templo se iniciaron en 1682, cuyo resultado es la iglesia que hoy podemos admirar. Todo esto fue posible gracias a la magnificencia de un devoto de la Santísima Virgen, el rico arcediano Don Pedro de Órtola y Carvajal, contando con la autorización del Virrey Tomás Manrique de la Cerda y siendo el primer capellán el Padre Fernando Méndez. El templo fue consagrado el 6 de septiembre de 1690 por el obispo Sariñana y Cuenca.

Al Santuario se le anexó un convento de monjas agustinas recoletas en 1682 y que se acabó en totalmente en 1689; sin embargo, para hermosear la finca, en 1718 se terminó la excelente fachada de cantera al templo y que ahora conocemos. Su arquitecto fue el betlemita Fray Sebastián de San Felipe, y auspiciada por el nuevo obispo, Fray Ángel Maldonado.

Las monjas fundadoras venían de la ciudad de Puebla de los Ángeles, del monasterio de Santa Mónica que a la vez había sido fundado por el obispo de esa ciudad, Don Manuel Fernández de Santa Cruz; el mismo escogió a las monjas que llegarían a la fundación oaxaqueña, llegando el 14 de enero de 1697. Entre las que venían estaba la Madre María de San José. Esta religiosa fue una de las monjas “iluminadas” más famosas en la época novohispana. Ella misma nos cuenta en sus escritos el largo viaje a Oaxaca y los primeros días para establecer el convento a la que se encontraron muchas dificultades. La relación entre los miembros de la ciudad y el nuevo convento era delicada. Las monjas fueron acusadas primero de haber enviado y cambiado a Puebla la imagen de la Virgen solitaria patrona de la ciudad, por la que se hallaba en la ciudad poblana y de la que ya he escrito en un artículo anterior, (ver Nuestra Señora de la Soledad de Puebla). Más tarde fueron también acusadas de dar las dotes dejadas por los benefactores del nuevo convento para mujeres locales y dárselas a jóvenes de Puebla para que pudieran entrar en el Convento de Nuestra Señora. Este último conflicto duro años y alcanzó tal magnitud que se tuvo que consultar al ayuntamiento, al obispo y hasta el Virrey para poder resolver la disputa.

Exvoto a la Virgen. Museo de la Basílica de la Soledad, Oaxaca, México.

La misma religiosa escribe una experiencia mística con la patrona del convento, debido a la súplica de la religiosa que hace a la Virgen al interceder por el obispo de la ciudad Don Ángel Maldonado que pasaba graves conflictos sobre su propuesta a elección como arzobispo. Ella relata lo siguiente:
“Un día, sumamente afligida con este gran trabajo, me fui al coro y estando suplicándole a Nuestra Señora de la Soledad que serenase este pleito por sus extraños piadoso, que ya veía que no teníamos, después de Su Majestad, otro áspero que Vuestra Señoría, pues aquí me pasó lo que voy a decir. Esta imagen de Nuestra Señora de la Soledad está en su nicho y tiene vidrieras, pues dentro de este nicho vi a Vuestra Señoría Ilustrísima estando de rodillas al lado de esta soberana imagen. Díjome esta Señora que viese cómo le tenía a su siervo defendiéndolo de los trabajos en que se hallaba. Ya se deja entender el consuelo con que quedé, y siempre pidiendo y rogando a Su Divina Majestad y a su Santísima Madre que se acabe este trabajo. Y cada día estaban las materias de peor calidad y los ánimos de este lugar más turbados y más indignos en contra de Vuestra Señoría. Y cuando más estaban todos enfurecidos, estaba Vuestra Señoría más sosegado…”
Los relatos de la Madre María de San José demuestran la aguda rivalidad que existía entre las ciudades novohispanas con respecto a sus instituciones religiosas y sus bienes.

Así poco a poco se fue acrecentando la devoción de la sacra imagen de María en toda la región Oaxaqueña, contándose innumerables milagros que por intercesión de la misma Madre de Dios a través de su efigie se concedían y que se expresaban a través de las muchas ofrendas y exvotos que aún existen en el templo.

La Virgen en su nicho. Basílica de la Soledad de Oaxaca, México.

El arraigo al culto de la Virgen Solitaria ha sido excepcional; la totalidad de los templos de los pueblos oaxaqueños se cuenta con una réplica de la imagen, algunas notables dentro de la misma ciudad como las que se encuentran en templo de La Merced, de San Juan de Dios o San Felipe Neri; fuera de la ciudad existen la que se veneran en Santa María del Tule, Tehuantepec, Mitla o incluso en la Catedral de México hay una magnifica pintura novohispana. La devoción de los oaxaqueños hacia “Su Virgen”, es tal que fuera de su estado difunde su culto, pudiéndose ver templos y altares dedicados a esta advocación en Puebla y la Ciudad de México.

Con todo esto, Nuestra Señora de la Soledad, fue coronada pontificiamente el 18 de enero de 1904. Tal coronación fue posible gracias al esfuerzo del primer arzobispo de la ciudad de la Antequera de Oaxaca, Dn. Eulogio Gillow y Zavalza. La corona fue hecha con las joyas y esmeraldas que donó el prelado y que pertenecieron a su señora madre Doña María Josefa Zavalza y Gutiérrez, Condesa de Selva Nevada. Siendo Delegado de su Santidad San Pío X en tal solemnidad, Monseñor Ridolfi.

El Santuario fue elevado a la dignidad de Basílica Menor, agregada a la Basílica de San Juan de Letrán en Roma, bajo el pontificado de San Juan XXIII en 1960. Durante el primer viaje a México que hizo el Papa San Juan Pablo II, el 29 de Enero de 1979 llegó a Oaxaca y en la Basílica se postró ante la Venerable imagen de María. Monseñor Bartolomé Carrasco Briceño, el Incansable Arzobispo de Oaxaca le hizo entrega de una réplica en plata de la Virgen oaxaqueña en nombre de toda la arquidiócesis. Luego, emocionado, Juan Pablo II pidió a los Obispos se acercaran para impartir la bendición “Urbi et orbi”… Lo hizo… Lágrimas, vivas y porras, tapizaron el acto. El Arzobispo dijo al Papa: “También los oaxaqueños amamos a la Virgen”.

Nuestra Señora de la Soledad, además de ser patrona de Oaxaca, lo fue de los marinos que la llenaron de perlas. Esta imagen fue una de las más ricas del continente pues su corona, (robada a principios de la década de los 90`s), era de 2 kilos de oro y 600 piedras preciosas que la adornaban.

La Coronacion Pontificia de la Imagen.

El fervor del pueblo oaxaqueño se desborda en un gran respeto hacía la Virgen de la Soledad durante la Cuaresma y de dolor el Viernes Santo cambiándoles su ricos ropajes por los de luto, según la costumbre de las damas nobles de Castilla del Siglo XVI y llevada en procesión por la calles para concluir con el “Pésame” en su templo. Pero el pueblo desborda su alegría hacia Ella en las fiestas decembrinas.

El día previo que se festeja a la Virgen, el 17 de diciembre salen en peregrinación varias personas de todas las etnias oaxaqueñas, para arribar a la Basílica a oír misa y cantar la “Mañanitas” a la Virgen, después hay participación de danzas, como la de los negritos, el Tigre, la Danza de la Pluma, los cuerudos, la danza de los Machetes, el Jarabe Mixteco, los chenteños, las chilenas, los sones costeños y el fandango del Valle y otras más en honor a la santa patrona. Esta es la fiesta religiosa por excelencia de los oaxaqueños…

Tacho de Santa María

Bibliografía:
– CASASOLA, Gustavo, 6 siglos de Historia Gráfica de México 1325-1976 Tomo I. Editorial: Gustavo Casasola. S.A
– LAVRÍN, Asunción y LORETO, Rosalva, Monjas y Beatas. La escritura femenina en la espiritualidad barroca novohispana. Siglos XVII y XVIII. Editorial: Universidad de la Américas-Puebla/Archivo General de la Nación. Primera edición Febrero de 2002. Puebla, México.
– VARGAS UGARTE, Rubén, Historia del culto de María en Iberoamérica y de sus imágenes y santuarios más celebrados. Tomo I y II. Tercera edición Madrid, 1956.

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