María Santísima, Reina de todos los santos (XI)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

“Virgen del Rosario” (Virgen de El Escorial). Lienzo de Bartolomé Esteban Murillo (1650-55). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

En artículos anteriores hemos visto el culto que ha recibido Nuestra Señora en Occidente, tanto en la Edad Antigua como en la Edad Media. En este artículo vamos a ver como recibió culto en la Edad Moderna.

El culto mariano en la Edad Moderna (siglos XVI al XIX)
En el siglo XVI la legitimidad de algunas prácticas del culto mariano fueron puestas en entredicho por quienes apoyaban la llamada Reforma. Incluso dentro del catolicismo hubo quienes, como Erasmo de Rotterdam, atacaron algunas devociones populares a la Santísima Virgen, ya que en verdad eran más o menos exageradas.
Los jansenistas, en su pseudorreforma galicana, se mostraron hostiles al culto mariano hasta el punto de que Andrea Schurius intentó que se reformara el breviario romano según sus propias ideas. Son famosos sus “monita salutaria B. Mariae Virginis ad cultores suos indiscretos”, que fue publicado por Adán Widenfeld en el año 1673 y que fue incluida en el célebre Índice de Libros Prohibidos tres años más tarde.

Durante este período de tiempo, la liturgia romana se enriqueció con nuevas fiestas marianas: La fiesta de Nuestra Señora de las Nieves, que ya se celebraba en la Basílica romana de Santa María la Mayor y que fue extendida a toda la Iglesia por el Papa San Pío V; la fiesta del Santo Nombre de María instituida en el año 1683 por el Beato papa Inocencio XI en memoria de una victoria contra los turcos en Viena; la fiesta de Nuestra Señora de la Merced – que ya era celebrada por los mercedarios – pero que fue extendida a toda la Iglesia por el Papa Inocencio XII en el año 1690; la fiesta de Nuestra Señora del Rosario – celebrada por los dominicos – pero extendida a toda la Iglesia en el año 1716 por el Papa Clemente XI; la fiesta de Nuestra Señora del Carmen – celebrada ya por los carmelitas – pero que el Papa Benedicto XIII extendió a toda la Iglesia en el año 1726; la fiesta de los “Siete Dolores”, que el mismo Papa prescribió se celebrara el viernes de la Semana de Pasión y alguna otra.

En el siglo XVII surgió la costumbre de coronar solemnemente a algunas imágenes célebres de la Santísima Virgen. Esta costumbre fue iniciada por el Papa Clemente VIII cuando coronó a la imagen que se veneraba en la basílica de Santa María la Mayor de Roma, pero que siguió con algunas otras imágenes. Uno de los que promovieron este uso fue el conde Alessandro Sforza de Piacenza, el cual donó parte de sus bienes para crear un fondo para la adquisición de tres coronas de oro cada año. Entre los años 1631 al 1792, solamente en la ciudad de Roma, fueron coronadas ciento cuatro imágenes de la Virgen. ¡Una barbaridad!
El fraile capuchino Anselmo de Reno Centese, en su obra “Le immagini mariane già coronate in Italia e all’Estero”, publicada en el año 1933, nos enumera hasta ciento setenta y seis imágenes coronadas de la Santísima Virgen.

“Coronación de la Virgen”, lienzo de Diego Velázquez (1635-1648). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

En el año 1563, el jesuita belga Jean Leunis constituía en Roma la primera Congregación Mariana con un grupo de alumnos del Colegio Romano. Rápidamente, las congregaciones marianas, de manos principalmente de los jesuitas, se extendieron por todo el mundo hasta el punto de que han llegado a existir la desorbitada cifra de ochenta y cinco mil. Estas asociaciones han tenido en sus filas a varios millones de asociados pertenecientes a todas las clases sociales. Han existido y aun existen Congregaciones Marianas Obreras.

En el 1595, en Alcalá de Henares, la madre franciscana Inés de San Pablo fundó la “Confraternidad de la esclavitud mariana”. Esta nueva forma de devoción se extendió rápidamente por toda España, Bélgica, Alemania, Italia y Francia, auspiciadas por el cardenal de Bérulle, el venerable Olier, el venerable Boudon y especialmente, gracias a San Luís María Grignion de Montfort que fue el fundador de la “Compañía de María” y el autor del clásico “Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen”. El objetivo de este movimiento mariano era el vivir con intensidad la consagración personal a la Madre de Dios.

La predicación mariana continuó en la Edad Moderna. En el siglo XVI, entre los grandes oradores marianos se distinguieron Alfonso Salmerón, Próspero Rossetti – autor de “Los discursos sobre el Ave María”Santo Tomás de Villanueva, San Bernardo, llamado el “Doctor mellifluus”, Bernardo de Luxemburgo – autor de “Sermones sobre el santo rosario” – y otros. En el XVII, destacó por su elocuencia el agustino Abrahán de Santa Clara, Angelo Francesco Tignosi, San Roberto Bellarmino, San Francisco de Sales, que escribió más de veinte discursos marianos, San Lorenzo de Brindisi y muchos otros, y en el XVIII, San Luís Maria Grignion de Montfort, San Leonardo de Porto Mauricio, San Alfonso Maria de Liguori, San Francisco Maria de Jerónimo, etc.

En el siglo XVI, bajo el influjo de la Reforma y del Renacimiento, las popularísimas representaciones sacras que ya habían aparecido en los siglos anteriores, aumentaron por toda Europa, destacando en España, Calderón de la Barca y Lope de Vega y en Portugal, Gil Vicente. En ese mismo siglo nació en Alemania la célebre representación de la Pasión de Cristo de Oberammergau (Baviera), aunque un siglo más tarde, este género literario decayó.

Andrea Hecht y Frederik Mayer interpretan el papel de María y de Jesús en la representación de la Pasión de Oberammergau. Alemania, 10 de mayo de 2010.

El 15 de agosto de 1638, el rey Luís XIII, postrado ante la Virgen Dolorosa, consagraba a ella todo el territorio francés y pocos años más tarde, en el 1647, el emperador Fernando III hacía lo mismo en Austria. Juan Casimiro, rey de Polonia, en el 1656, consagraba su reino a María incluyendo en las letanías la plegaria: “Reina de Polonia, ruega por nosotros”. O sea, en el siglo XVII, varios reinos europeos tomaron la costumbre de consagrar a María sus respectivos territorios.

En esos siglos, con respecto a la literatura mariana escrita en lengua latina, merecen destacarse la obra de Iacopo Sannazzaro, “De partu Virginis”, publicada en el año 1526, el “De Beata Virgine Dei Matre Maria” de San José de Anchieta que además le compuso más de ¡cincuenta mil versos!, el “In Natali Mariae Virginis Sanctissimae” del obispo Francesco Patrizi, el “Carmen epicum de Virginis in caelum assumptae triumphis” de Paolo Segneri y muchas otras. En la literatura italiana sobresalieron Vittoria Colonna, Verónica Gambara, Torcuato Tasso, Gabriele Chiabrera, Fulvio Testi Redi, Varano Parini y muchísimos otros. En la literatura francesa: Pierre Gringoire, Francoise Berenguer de la Tour d’Aubenas, la Beata Catalina de Ambroise, Anne des Marquets, Jean Passerat, etc., etc., etc.

En España, en el siglo XVI, que fue el gran Siglo de Oro de nuestra literatura, no lo fue sólo a nivel profano sino que también lo fue a nivel mariano, destacando Fray Luís de León, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila, San Juan de Ávila, el venerable Luís de Granada, Luís de Acevedo – que fue el primero que publicó en castellano un “Mariale” completo – el famoso Lope de Vega, que escribió tantos dramas y autos marianos que es considerado como el más fecundo poeta mariano de todos los tiempos, Calderón de la Barca, Rojas Zorrilla, Agustín Moreto y Cavana, Leonardo Fernández de Moratín y muchísimos otros sobre cuyas obras podríamos escribir varios artículos más, cosa que no hacemos para no alargar en demasía los artículos de esta serie mariana.

“Virgen del Magnificat”, tabla de Sandro Botticelli (1481). Galería de los Uffizi, Florencia.

En la literatura portuguesa, acordémonos de Gil Vicente, autor de varios “autos”, de Diego Bernardes, Luís Camoes, Luís de Sousa, Rodrigo Lobo, etc. En la alemana hay que decir que el mismísimo Lutero dedicó a la Virgen María unos cánticos que son exquisitos, a Juan Scheffler, al capuchino Procopio de Templin, a Gottlieb Klopstock, a Wolfgang Goethe que en su obra “Fausto” le dedica una bellísima oración a la Virgen y muchos otros más. En la literatura inglesa recordemos a Henric Constable, Thomas Lodge, Juan Beaumont, Ben Jonson… En la húngara (también en este país es su Edad de Oro), acordémonos del bellísimo canto “¿Dónde estás tú, estrella brillante de los húngaros?” que fue compuesto en 1651, o la “Corona de las rosas” de Stephan Gÿongyösi, a Vladislav Amadeo, Miguel Bozoki, etc. Podríamos seguir hablando de la literatura mariana polaca, holandesa, belga… pero sería alargarnos muchísimo.

Escribir sobre la pintura mariana en la Edad Moderna también es una atrevida tarea y no me meteré en este berenjenal, pero al menos mencionemos a Leonardo da Vinci, Rafael, Miguel Ángel, Murillo, Velázquez, Alonso Cano, Ribera, El Greco y tantos otros. Y en cuanto a la música, pues “tres cuartos de lo mismo” ya que el siglo XVI es el siglo de los grandes maestros de la música polifónica: Josquim de Près, Constanzo Festa, Palestrina, que es un verdadero maestro no sólo de la música sacra en general, sino de la música mariana en particular: recordemos su “Magnificat”, “Stabat Mater”, “Ave Maria”… Juan Sebastián Bach con su maravilloso “Magnificat”, Antonio Vivaldi, etc. ¡Para qué seguir si me voy a quedar corto de todos modos!

En el próximo artículo escribiremos sobre el culto a María en Occidente en la Edad Contemporánea, basándonos como siempre en la obra de Gabriel M. Roschini.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

10 pensamientos en “María Santísima, Reina de todos los santos (XI)

  1. Magnífico como siempre, Antonio, esta síntesis tuya a partir del trabajo de Roschini… lo he dicho mil veces pero no me canso de repetirlo: he aprendido más de María con estos artículos que en todos mis años de misas y catequesis. ¡Hay que ver!

    Al final de tu artículo mencionas la música. Yo quiero hacer una propuesta de tres obras que, para mí, son de lo mejor que se ha dedicado a María en la música clásica europea occidental -habrá otros lugares del mundo y otros tipos de música que le han dedicado maravillas, seguro… pero como cantora de coro estoy más familiarizado con ésta-.

    En la transición de música renacentista a barroca, es imprescindible conocer el “Vespro della Beata Vergine Maria” (1610), de Claudio Monteverdi (1567-1543). Son, como bien dice su nombre, unas vísperas dedicadas a la Virgen, que -se cree- fueron especialmente compuestas para ser interpretadas en la Basílica de San Marcos de Venecia. Allí las representó Sir John Elliott Gardiner, en su presunto contexto de creación, y por eso recomiendo visualizar esta magnífica edición, que te ofrece unas tomas de la Basílica de infarto, estrictamente seleccionadas de acuerdo con el texto musical. Hay unos vídeos en Youtube para abrir boca, aunque no entiendo por qué no se ha incluido la primera pieza, Deus in adjutorium meum (versículo y respuesta), que es una obertura magnífica y espectacular.

    Dejo únicamente el Dixit Dominus para abrir boca: http://www.youtube.com/watch?v=WQCOr8UiS7I

    No se puede describir la maravilla que es esto. Y además muy difícil de cantar… doy fe 😀 Y eso que sólo nos atrevimos con el Deus in adjutorium y el Dixit Dominus. Pero hay que oír las Vísperas enteras… y con el texto, por supuesto.

    Mi segunda propuesta es el Magnificat (1733) de Johann Sebastian Bach (1685-1750), que es mucho más conocido por eso de que la música barroca alemana es mucho más popular y espectacular al oído. Está claro que Bach era un fuera de serie y ha hecho maravillas, pero destaco ésta por ser un tema mariano. Igualmente creo que todos los Magnificats valen la pena ser oídos. Éste también fue interpretado donde fui cantora, aunque en éste no participé.

    http://youtu.be/x1uFnc45wAE

    Y por último, considero también imprescindible el Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736). He leído que fue el primer Stabat Mater barroco, que no se había modificado desde la versión medieval. Y francamente, es maravilloso, se me pone un nudo en la garganta cada vez que lo oigo… los matices, la progresión… no tengo palabras. Es curioso que según se interprete esta obra, se le puede dar un elegante sabor barroco y palaciego (si se toca y canta rápido) o romántica, lírica y trágica (si se toca y canta lenta). Personalmente, prefiero lento y trágico, es más acorde con el texto.

    http://youtu.be/ELXeLkkhfXk

    Bueno, pues éstas son mis tres propuestas de música mariana. No soy una experta y sólo responden a mi gusto personal, pero me parecen imprescindibles… siento haber echado el rollo, pero bueno, mejor hablar de música que sé poco, porque si me pongo a hablar de arte, no acabo nunca. Prácticamente me gusta la representación de María en todos los estilos artísticos, aunque en el gótico es sobresaliente.

    • Gracias, Ana Maria, no tanto por tus elogios (a los que me tienes acostumbrado, jajaja) sino por el enriquecimiento que has hecho al artículo aportando tu comentario y los links. De huesos sabré yo más que tu, pero de arte y de música…. me quito el sombrero.

      • Jajaja, pon el sombrero en su sitio, Antonio, porque de arte todavía tengo mucho que aprender y de música, poco y mal. Son disciplinas en las que uno tiende a creer que sabe mucho y que lo sabe todo y es más fácil equivocarse que acertar. Mi bagaje artístico me lo sigo construyendo cada día y el musical, se lo debo a mi novio, que él sí que sabe y además, es un excelente solista…

  2. Buen artículo sobre nuestra Madre. Creo quie es muy importante hacer que la conozcan, la amen y se propague su devoción. Importante es también limpiarla de paja. Se dice que Ad Iesus per Mariam. Eso es lo más cierto. Si la devoción a la Madre de Dios no nos hace cambiar y no nos hace ser semejantes a su Hijo, es una mala devoción. Considero que hay que alabarla, pero sober todo, imitarla. Concluyo con la primera estrofa de un himno latino traducido al español dedicado a la Panagia: “Cada día, alma mía, dí alabanzas a María” y con el cual quiso ser sepultado San Casimiro. Quiera Dios que la mejor manera de glorificar a María es cumpliendo las últimas palabras de ella que refiere el Evangelio y que acabamos de escuchar este domingo pasado: “Hagan lo que Él les diga”

    • Yo estoy de acuerdo contigo, Humberto. A Maria tenemos que quererla y venerarla con locura por ser la Madre de Dios y nuestra madre, pero ella no es un fin en si misma: es el mejor camino que nos lleva a Jesús, que si que debe ser nuestra meta final.

  3. Antonio esta serie de articulos de Maria Santisima,Reina de todos los santos es fabulosa,¡me encanta!.
    A saber cuantas partes mas tendras guardadas para ir publicando,jejeje. 😉

  4. Antonio

    Yo creía que las devociones marianas propias de cada Orden eran veneradas pronto en la Iglesia en si. Pero me aclaras que pasó unos siglos para que se extendieran a toda la Iglesia.

    Ya quisiera ver tu artículo sobre el siglo XX con tantos acontecimientos marianos y movimientos.

    🙂

    Antonio y la Devoción a la Divina Infantita cosa que conocí en León, México. Cuándo data esto? Pues hasta existen los Infantitos (Misioneros de la Natividad de María)

    • Es una devoción que se ha extendido mucho el de la Divina Infantita y ultimamente ha habido algunos problemas con la Iglesia por aquello de “Divina” pues María no es “Divina” dice la Iglesia, por lo mismo en muchos templos se ha optado por llamarle “La Inmaculada Niña” o “Inmaculada Infantita” o como “Virgen de la Natividad”.

  5. Antonio excelente artículo como siempre metarde un poco en poder leerlo pero ya lo lei y como siempre me ha parecido interesantisimo, gracias a ests artículos conocemos cada vez mejor el culto inmemorial que ha tenido la Santísima Virgen.

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