Santos Juan Casiano y Germán de Escitia

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Icono ortodoxo rumano de los dos Santos.

Icono ortodoxo rumano de los dos Santos.

Los santos Juan Casiano y Germán, que se conmemoran en Oriente el 29 (o 28) de febrero y en Occidente el 23 de julio, se encuentran entre los “santos peregrinos” que viajaron mucho durante su vida y que conocían las realidades de las regiones oriental y occidental del mundo cristiano de los siglos IV y V.

Juan Casiano y Germán eran amigos desde la infancia. Los años de su nacimiento y lugares no se conocen con certeza, pero pueden estar alrededor del año 360 en Scyhia, una provincia en el norte de la península balcánica entre el Danubio y el Mar Negro, conocida hoy como Dobuja, que es la parte más oriental de Rumanía. Aunque no se hace mención de este lugar en los escritos de San Juan Casiano, esta hipótesis proviene de una mención de Genadio de Marsella, un discípulo de San Juan. En su “De viris Illustribus” 62, el obispo galo habla de la ascendencia escita (“natione Schytha”) de Juan. La hipótesis es aceptada, tanto en la Iglesia católica como en la ortodoxa, aunque hay algunos eruditos que entienden el gentilicio “schytha” como una referencia al Desierto Escete de Egipto, donde durante un tiempo, vivían los monjes del desierto, o tal vez una alusión a Escitópolis (Palestina). Algunas otras hipótesis sobre los orígenes de los dos santos están de más aquí, incluyendo la Provenza o incluso Siria. En cualquier caso, algunas menciones en las obras de Casiano sugieren el nacimiento en una familia rica, y una educación clásica; el latín era su lengua materna.

San Juan menciona en su libro “Collationes” que él y Germán eran hermanos “no por nacimiento, sino por el espíritu” (Coll. 16,1). Entre los años 378-380, los dos, junto con una hermana de Casiano, hicieron una peregrinación a Belén. Esta última se mantuvo durante el resto de su vida en un monasterio de monjas, pero los dos amigos permanecieron solos durante un tiempo en una celda cerca de la Iglesia del Sepulcro Santo. Durante este tiempo oyeron hablar de los ascetas en Egipto, por lo que decidieron visitar las comunidades monásticas allí existentes.

Después de tres años en Palestina, viajaron hasta el desierto de Sketis y Nitria situados al oeste del delta del Nilo (probablemente desde el 384 al 394) y visitaron a numerosos monjes, con los que tenían “entrevistas”, más tarde descritas en Collationes. En este tiempo, el desierto de Escete se dividió entre los monjes “antropomorfista”, los adeptos de la interpretación literal de la Escritura y los “origenistas”, que preferían la alegoría y aceptaban algunas otras teorías de un Padre de la Iglesia recientemente fallecido, tal como la teoría de apokastasis, o incluso la preexistencia de las almas. La disputa entre las dos partes consistía en el hecho de si la contemplación de Dios podía ser vista como un acto material, o sea, con otras palabras, si los ascetas podían ver a Dios, ¿Dios era material “a imagen y semejanza del hombre”?, o incluso, ¿el acto de la contemplación se debía al hombre o por la gracia divina?

Icono ortodoxo rumano de San Germán.

Icono ortodoxo rumano de San Germán.

Las ideas ascéticas y teológicas promovidas por San Juan Casiano en sus trabajos sugieren que estos dos monjes escitas conocían a algunos monjes “origenistas”, probablemente a Evagrio del Ponto entre ellos, con quienes compartían la idea de los siete pecados capitales (de hecho ocho, según Casiano) y la triple vida ascética consistente en la purificación (purgatio o catarsis), iluminación (illuminatio o theoria) y la deificación (unitio o theosis), respectivamente.

La lucha entre estas dos visiones ascéticas terminó unos quince años después de la llegada de Juan y de Germán. En el año 399 los “antropomorfistas” ayudados por el patriarca Teófilo de Alejandría, comenzaron una guerra contra los “origenistas” que huyeron a otros lugares. Junto a los más conocidos “origenistas”, los llamados “Hermanos Largos”, Juan y Germán salieron de Egipto y marcharon a Constantinopla, donde apelaron al arzobispo San Juan Crisóstomo para conseguir su protección. Mientras tanto, Casiano fue ordenado diácono y Germán de sacerdote y se convirtieron en miembros del clero de la capital. Hay una hipótesis que afirma que Casiano tomó el nombre de Juan sólo en este momento y que lo hizo en honor de su protector. De todas formas los ataques de Teófilo fueron más allá contra los “origenistas” y San Juan Crisóstomo fue condenado y depuesto después, en el consejo de la Encina en el año 404. Una de las acusaciones fue el hecho de que también aceptaba las enseñanzas origenistas.

El latinoparlante Casiano dejó al cabo de un año Constantinopla para ir, junto con Germán, a Roma donde trataron de encontrar apoyo para Juan Crisóstomo, suplicando su causa ante el Papa Inocencio I. A partir de este momento, ya no hay ninguna otra mención sobre Germán, por lo que es probable que muriese en este período de tiempo. Otra posibilidad es que Germán se fuera junto con Casiano al monasterio de Marsella, o incluso que regresara a casa en Escitia.

Durante la época romana, Casiano se reunió con el futuro Papa, San León Magno, con quien contrajo una amistad que duró toda la vida. Después de una nueva marcha a Oriente, en Antioquía y Palestina (donde probablemente fue ordenado sacerdote, aunque otras fuentes dicen que fue después de su regreso de Roma), recibió la propuesta de establecerse en las Galias y fundar allí un monasterio conforme a las normas vistas en Egipto. Esto sucedió alrededor del año 415, cuando llegó a Marsella y fundó la abadía de San Víctor, un complejo de monasterios de monjes y monjas. La iglesia del monasterio fue construida sobre la tumba de un mártir del siglo III, San Víctor.

Icono ortodoxo rumano de San Juan Casiano.

Icono ortodoxo rumano de San Juan Casiano.

En cualquier caso, Casiano no llevó por primera vez la vida monástica a las Galias, pues el ascetismo ya existía en la Provenza a través de la abadía de Menerfes, fundada por Castor obispo de Apt; y la de Lerins, encabezada por el obispo Honorato. Pero el mérito especial de San Juan Casiano es que llevó la disciplina monástica egipcia a Occidente y su monasterio sirvió como modelo para el desarrollo monástico posterior en el cristianismo occidental. Los logros y los escritos de san Juan Casiano influenciaron a San Benito, que llevó a su regla monástica algunos de los principales principios ascéticos y recomendó la lectura del corpus de los escritos de Casiano.

Los escritos de San Juan Casiano
En Marsella, San Juan Casiano comenzó a escribir sus obras más conocidas. Alrededor del 417-418, publicó, a petición de Castor, obispo de Apt y del futuro Papa León I, las Instituciones monásticas (De institutio coenobitorum et de octo principalium vitiorum remediis libri XII). Este trabajo trata sobre la organización de las comunidades monásticas, discutiendo sobre la ropa, la oración y las reglas de la vida monástica (los 4 primeros libros) y sobre la moralidad y los ocho vicios y su curación (gula, lujuria, avaricia, arrogancia, ira, envidia, akedia y jactancia (en los libros 5 al 12).

Algunos años más tarde (después del 420, pero no más tarde del 426) Casiano escribió sus “entrevistas”, también conocidas como “Conferencias”, o “Collationes” (que significa en latín, comidas de vísperas: Collationes Patrum in scetica eremo), dedicadas al archidiácono León, al obispo de Frejus y al monje Eladio, y que trata sobre “la formación del hombre interior y la perfección del corazón”, siendo de esta forma la segunda parte de su obra, mientras que la primera era la formación “corporal”. Este segundo libro fue terminado entre el 426 y el 429 (libros 18 a 24) e iba dirigido especialmente a los monjes ermitaños.

Finalmente, en el año 430 San Juan escribió su tercer libro, “Sobre la Encarnación del Señor” (De incarnation Domini contra Nestorium libri VII), a petición del archidiácono León, el futuro Papa León el Grande. Su texto puede ser visto como un texto preparatorio del Tercer Concilio Ecuménico, que trata de la doctrina de Nestorio y la mención sobre el título de Madre de Dios dado a la Virgen María. Todos los escritos de Juan Casiano están en latín, pero posteriormente fueron traducidas al griego para el uso de los monjes, algo que fue un gran privilegio y honor, no muy generalizado en la Iglesia antigua.

Icono ortodoxo ruso de San Juan Casiano, datado en 1800.

Icono ortodoxo ruso de San Juan Casiano, datado en 1800.

Las enseñanzas de San Juan Casiano
Las enseñanzas más importantes de San Juan Casiano consisten en su visión acerca de la triple purificación ascética, iluminación y divinización, que posteriormente, en la teología católica se ha considerado de estas tres formas. En el primer nivel, la lucha del monje contra los pecados más “materiales” y contra la voluntad a través de su vida ascética. Más tarde, durante la iluminación, practicando la santidad revelada en el Evangelio a través de la enseñanza recibida de Dios en el Sermón de la Montaña, con base en el ejercicio del amor. La etapa final de la unificación con Dios (theosis) es rara vez recibida por un monje y se describe después de la unión del matrimonio del Canticum. Esta etapa es acompañada generalmente con el refugio del monje en la soledad.

Otra enseñanza notable de Juan Casiano implica la soteriología. Se opuso a Pelagio, quien creía que el ser humano recibe la salvación por medio de su propia lucha, sin la ayuda divina, pero también estaba en desacuerdo con San Agustín, quien destacó la importancia del pecado original y declaró la necesidad absoluta de la gracia divina en el inicio de una vida santa. Casiano adoptó un punto de vista intermedio, que fue condenado posteriormente como semi-pelagianismo, por haber mencionado en algunas de sus conferencias que los primeros pasos para la salvación están en poder de la persona, sin necesidad de la ayuda de Dios (Conferencias: Libro 3: con Abba Pafnucio, libro 5 con Abba Serapión y libro 13 con Abba Chaeremon). Esta posición fue condenada unos cien años más tarde, en el concilio de Orange (en el sur de Francia) en el año 529, cuando la teoría agustiniana fue aceptada como la teología soteriológica normativa para la Iglesia Católica. En cualquier caso, su teoría es aceptada como norma en la Iglesia Ortodoxa, que la interpreta de manera diferente, ya que no contradice la obra de la gracia divina en cualquiera de las fases de la lucha humana.

Veneración de los Santos Juan Casiano y Germán
San Juan Casiano murió en Marsella en el año 435 y fue enterrado en la iglesia del Monasterio de San Víctor que él construyó. Sus reliquias se conservan hasta hoy en una capilla subterránea del monasterio, mientras que el cráneo y la mano derecha están en un relicario en la iglesia principal. Sobre San Germán no hay más datos después de que los dos amigos llegaron a Roma en el 403. La santidad de Juan Casiano fue reconocida generalmente en la Iglesia desde los comienzos. En el 470, cuando Genadio compuso su “De viris Illustribus”, nombró a Juan Casiano como “sanctus Casianus”, un título usado por muchos Papas al hablar de él, como San Gregorio Magno, en una carta dirigida a la abadesa Respecta de Marsella (PL LXXII, col. 866), o Benedicto XIV, quien escribió que no se admite ninguna duda acerca de su santidad (De canonizatione sanctorum II, 29). También está incluido en el Martirologio Galicano y en el Martirologio Romano el 23 de julio. Incluso no estando incluido en el calendario general de la Iglesia Católica Romana, la Iglesia local de Marsella celebra su fiesta el 23 de julio, mientras que las Iglesias orientales ortodoxas generalmente los conmemora el 29 de febrero del año bisiesto, o el 28, en el resto de años.

Sarcófago de San Juan Casiano. Abadía de San Víctor, Marsella (Francia). Fotografía: Dominique Pipet.

Sarcófago de San Juan Casiano. Abadía de San Víctor, Marsella (Francia). Fotografía: Dominique Pipet.

La Iglesia Ortodoxa de Rumanía, hace poco tiempo, en el año 1992, canonizó también a su amigo San Germán, conmemorándose los dos santos conjuntamente en el mismo día del año. En Casimcea, aldea cercana a Constanza se ha construido en los últimos años un monasterio en honor de san Juan Casiano. Para más información, consultad este enlace.

La Hermeneia Ortodoxa de Dionisio de Furna, un teólogo griego y pintor de los siglos XVII-XVIII, describe que san Juan Casiano se pinta como un monje viejo, con potente barba, llevando en sus manos la inscripción: “Si el exceso de sueño se junta con la falta de abstinencia, durante la vigilia y no se despide la malicia, como al humo de juncos (se precipitan) las abejas, (y arden, como arde un fuego)”.

Troparion (Himnos) de los Santos
San Juan Casiano:

¡La imagen de Dios se ha conservado verdaderamente en ti, ¡oh Padre!, para que tomaras la cruz y siguieras a Cristo. De este modo nos enseñaste a hacer caso omiso de la carne, que fallece, para que a su vez, cuidemos el alma, ya que es inmortal. Por lo tanto tu espíritu, venerable Juan Casiano, se regocija con los ángeles!

Urna que contiene parte del cráneo de San Juan Casiano. Abadía de San Víctor, Marsella (Francia). Fotografía: Dominique Pipet.

Urna que contiene parte del cráneo de San Juan Casiano. Abadía de San Víctor, Marsella (Francia). Fotografía: Dominique Pipet.

San Germán:
¡Te ocupaste de tus trabajos, con vigilias incansables, con la oración y con el ayuno, Santísimo Padre Germán, junto con San Juan Casiano, que viene de la tierra de Dobrogea, y recibiste los flujos de la gracia sacerdotal a través de la oración de Juan Crisóstomo. Te has ganado por tu celo las riquezas de los dones espirituales de Tierra Santa y por lo tanto, digno para muchas personas por seguir a Cristo. Por lo tanto, Padre de Dobrogea, ruega a Cristo nuestro Dios, para que salve nuestras almas!

Mitrut Popoiu

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Santa Anne Line, mártir católica inglesa

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Detalle de la imagen de la Santa que se venera en la iglesia de Santa Etheldreda de Londres, Reino Unido.

Detalle de la imagen de la Santa que se venera en la iglesia de Santa Etheldreda de Londres, Reino Unido.

La Santa de quien hablaré hoy, día de su fiesta, forma parte de los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales, que fueron ejecutados por la autoridad político-religiosa del anglicanismo por perseverar en la fe católica. Recordemos que ya vimos un brillante ejemplo de este grupo de mártires con Santa Margaret Clitherow, quien también fue martirizada, anteriormente a nuestra mártir de hoy, por rehusar declarar y considerarse culpable de haber alojado sacerdotes en su hogar. Esto también será la causa de la muerte de nuestra Santa de hoy, aunque naturalmente las circunstancias de su vida y martirio son diferentes.

Anne era la segunda hija de William Heigham de Dunmow y de Anne Allen, quienes eran de modales caballerescos y ardiente fe calvinista. Cuando ella y su hermano William anunciaron su intención de convertirse a la fe católica, ambos fueron expulsados del hogar y desheredados, después que intentó diversas veces, sin éxito, que ambos apostataran.

Anne contraería matrimonio con Roger Line, converso a la fe católica como ella; pero poco después de la boda, en 1586, él fue arrestado por ser visto yendo a misa. Después de un breve confinamiento fue liberado y se le permitió exiliarse a Flandes, donde moriría en 1594. A pesar de ello, nunca se olvidó de su esposa: aunque vivía muy pobremente, percibía una pequeñísima pensión procedente del monarca español y la compartía con Anne, a la que le enviaba la mitad de la misma, a Londres. Sin embargo, al enviudar, Anne quedó en una situación muy precaria, no sólo material sino también física, ya que su salud era muy mala. Pasando tanta necesidad, su único consuelo era apoyarse en la Divina Providencia, con la esperanza de que su situación mejorara.

En el año 1595, el jesuita John Gerard estableció una casa de refugio para sacerdotes católicos en Londres, cuya función era cobijar y atender a los sacerdotes novatos que llegaban a la ciudad o que estaban allí ejerciendo su ministerio. Anne fue convocada para encargarse de la gestión de este hogar y ella aceptó convencida. Gobernó y administró aquel refugio con eficiencia, atendiendo a los sacerdotes en el día a día con el afecto de una madre y la solicitud y entrega de una sirvienta.

Por desgracia, esta rutina no duró mucho, ya que los perseguidores de los católicos descubrieron este hogar en 1597 y lograron encerrar al padre Gerard en la Torre de Londres, aunque posteriormente lograría escapar. Debido a este episodio y a que las autoridades ya habían empezado a sospechar de ella, Anne se vio obligada a trasladarse a otra casa, muy apartada de la ciudad, donde acabaría por ver recrudecida su acusación al tratarse de un vecindario católico: fue delatada por un vecino anglicano.

El día de la Candelaria de 1601 (2 de febrero), el padre Francis Page estaba oficiando la Misa en casa de Anne cuando irrumpió un puñado de soldados. El sacerdote se desvistió rápidamente, se ocultó en un lugar especial que ella le había preparado y, cuando pudo salir, se mezcló con los feligreses, de modo que logró escapar. Pero Anne no tuvo tanta suerte: la evidencia que supuso el altar acabó de propiciar su arresto por los perseguidores que la encerraron en la prisión de Newgate.

Ilustración de la Santa dirigiéndose al público momentos antes de ser ahorcada.

Ilustración de la Santa dirigiéndose al público momentos antes de ser ahorcada.

Fue juzgada el día 26 de febrero por el juez Popham, bajo la imputación de haber dado refugio y asistencia a unos sacerdotes misioneros. Estaba tan débil en aquel momento, que hubo de ser trasladada al tribunal sentada en una silla, y así la dejaron permanecer durante todo el juicio.
Aunque el hecho en sí no se hubiese podido demostrar, debido a la falta de pruebas concretas, ella misma no dudó en admitir que había refugiado a un sacerdote y que, lejos de lamentarlo, lo que lamentaba era “no haber podido socorrer a un millar más”. Fue declarada culpable y condenada a muerte.

Al día siguiente, el 27 de febrero de 1601, fue llevada a las horcas de Tyburn, donde eran ajusticiados todos los reos de muerte, y ahorcada junto con su confesor y amigo, el jesuita Roger Filcock y el benedictino Mark Barkworth. Primero fue testigo de la ejecución de los dos hombres, que fueron cruelmente destripados y luego ahorcados [1]. A ella, por ser mujer, la ley la dispensaba de sufrir el destripamiento, por lo que fue directamente ahorcada.
Después de subir al patíbulo y antes de que el verdugo le cubriera la cabeza con la capucha, tal cual era costumbre con los ahorcados, ella, a voz en grito, se dirigió hacia todos los presentes exclamando las palabras que había pronunciado durante el juicio: “He sido condenada por haber dado hospitalidad a un sacerdote católico, y estoy tan lejos de arrepentirme de haber hecho tal cosa, que lo que más lamento, con todo mi corazón, es no haber podido socorrer a un millar de ellos, y no solamente a uno”.

Anne Line fue beatificada por el papa Pío XI el 15 de diciembre de 1929, y canonizada por el papa Beato Pablo VI el 25 de octubre de 1970. Su fiesta se celebra hoy, día de su martirio, 27 de febrero; aunque el grupo en el cual se la conmemora, los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales, se celebra el 25 de octubre.

Meldelen


[1] Ser colgado, arrastrado y descuartizado era el género de muerte que en Inglaterra estaba reservada a los varones acusados de alta traición: atados a una valla, eran arrastrados por un caballo hasta el lugar de la ejecución, y una vez allí, ahorcados hasta que casi se asfixiaban, luego descolgados, emasculados, destripados y cortados en cuatro pedazos, que eran exhibidos en diferentes lugares del país (por ejemplo, el puente de Londres). Como se consideraba indecente hacer esto con el cuerpo de una mujer, las acusadas de alta traición solían ser quemadas vivas.

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Nuestra Señora de la Soledad de Parral

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Antigua fotografía de la Virgen de la Soledad contemporánea a la coronación pontificia. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

Antigua fotografía de la Virgen de la Soledad contemporánea a la coronación pontificia. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

Pocos conocen los pormenores de esta advocación mariana, otrora muy extendida en tierras chihuahuenses y cuya devoción ha decaído. Me refiero a Nuestra Señora de la Soledad, imagen antiquísima venerada en la Iglesia de San Juan de Dios en Parral, al sur del estado de Chihuahua en México. En las tierras norteñas son pocas la devociones propias y generalmente son desconocidas o con culto anual; mencionaré por ejemplo a Nuestra Señora de Caldas en Cd. Jiménez, la Virgen de Guadalupe del Conchos (al parecer es la copia de la guadalupana más antigua que existe), Jesús Nazareno de Cusihuiriachi tenido por milagroso, el Señor de los Guerreros o del Tizonazo (venerado en el estado Durango al inicio de la Cuaresma pero cuyas romerías son famosas en todo Chihuahua), San Lorenzo en Cd. Juárez, Nuestro Padre Jesús Nazareno de Ojinaga que apareció en esta ciudad fronteriza inexplicablemente; son algunas de las imágenes más famosas con veneración en Chihuahua. Pero es la Virgen de la Soledad la que sobresale por su importancia: Es la única imagen mariana con coronación pontificia en la entidad, además de ser declarada la reina y patrona de todo Chihuahua. Hoy la devoción está reducida a un culto local muy fervoroso, pero en declive. Trataré de dar los pormenores de esta advocación poco conocida.

Agradezco a las personas que me han facilitado información especialmente a los que en Parral y en el estado de Chihuahua contribuyen al renacimiento del culto mariano en vista del 70 aniversario de la coronación pontificia en 2013, como humilde preparación al jubileo de diamante de dicha advocación mariana.

La Soledad de María
Antes de exponer la historia y culto a Nuestra Señora de la Soledad es preciso conocer los pormenores y orígenes de esta advocación mariana muy extendida en España y en Hispanoamérica.

Honrar a María Santísima en su soledad tras la muerte y sepultura de su Divino Hijo es adentrarse profundamente en los misterios de la redención y en el papel decisivo que la Madre del Mesías tuvo en dicha obra salvífica. No es por nada que las imágenes de la Dolorosa en cualquiera de sus variantes sirvan de modelo para exponer a la Virgen María como corredentora.

Interior del Templo de San Juan de Dios en Parral, Chihuahua donde se venera a la Virgen Santísima de la Soledad. Cada viernes es tradición en Parral visitar a la Virgen y rezar el rosario. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

Interior del Templo de San Juan de Dios en Parral, Chihuahua donde se venera a la Virgen Santísima de la Soledad. Cada viernes es tradición en Parral visitar a la Virgen y rezar el rosario. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

Al contemplar el misterio de la soledad de Nuestra Señora debe considerarse la separación del Hijo y la Madre. La soledad de María ha de entenderse desde que la piedra cierra el sepulcro de Cristo hasta la gloriosa resurrección, ya que según una piadosa tradición fue a su Madre a quien se presentó por primera vez el Señor resucitado. El arte se ha encargado de plasmar este momento: María postrada que adora a su Hijo resucitado que se le manifiesta glorioso. Este episodio es llamado La Pascua de María y se compagina con la antífona Regina Coeli, que expresa el júbilo por la resurrección en torno a María.

Una leyenda presenta un antecedente a este misterio mariano de la Soledad. María Santísima tras la sepultura de su Hijo quiso quedarse a solas en su inmenso dolor retirándose a una cueva próxima al Gólgota donde el domingo de Pascua le fue manifestado Cristo resucitado. En tal lugar se construyó una ermita en honor a sus dolores. Esto, como se dijo, es una leyenda; pero lo más probable es que Nuestra Señora regresara a Jerusalén en compañía de las santas mujeres y quedara bajo la tutela del Apóstol San Juan que la recibió como propia al pie de la cruz.

Con estas consideraciones se entiende que la “Virgen de la Soledad” pertenece al grupo de Dolorosas, advocaciones marianas que ponen énfasis en los sufrimientos de Nuestra Señora asociada a la Pasión de Cristo. En este grupo está la típica “Virgen Dolorosa”, que acompaña a su Hijo hasta la cruz; generalmente se le representa con vestido azul oscuro en contraparte con el vestido negro que es de luto por lo que se reserva para la “Soledad”, cuando María Santísima hace duelo por el Hijo muerto.

Otras variantes de la Dolorosa son presentadas a continuación: “La Virgen de la Esperanza” (en la Resurrección), a esta pertenece la famosa Virgen de la Macarena. La “Virgen de las Angustias” que lleva en brazos el cuerpo inerte del crucificado, llamada también “La Piedad” o “Nuestra Señora de la Compasión”. La “Virgen de las siete espadas o los siete dolores” en memoria de los siete momentos dolorosos de la vida de Cristo. Otro nombre es “Virgen de la Amargura” en memoria de ese dolor amargo por la muerte de Cristo. La Soledad, ataviada siempre de negro es, como ya se dijo, la contemplación de la desolación de María tras la crucifixión de Cristo y antes de la Resurrección.

La iconografía de la Soledad tiene los atributos dados en España: María vestida de negro en duelo por la cruel muerte de su Hijo y un pañuelo para secar sus copiosas lágrimas. Se le añade el corazón traspasado por una espada en memoria a la profecía de Simeón: “Una espada traspasará tu alma”. Puede llevar también en sus manos la corona de espinas y los clavos de la crucifixión o estar rodeada por la cruz y los instrumentos de la pasión. Tradicionalmente las esculturas ponen lágrimas en sus mejillas.

Momento en que el Siervo de Dios Mons. Luís Maria Martínez, Arzobispo Primado de México, y Mons. Antonio Guízar, Obispo de Chihuahua, coronan a la Virgen con autoridad y en nombre de Su Santidad Pío XII. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

Momento en que el Siervo de Dios Mons. Luís Maria Martínez, Arzobispo Primado de México, y Mons. Antonio Guízar, Obispo de Chihuahua, coronan a la Virgen con autoridad y en nombre de Su Santidad Pío XII. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

Gracias a los frailes Servitas (Orden de los Siervos de María) la devoción a los Dolores de María se expande por el mundo, siendo el periodo de mayor difusión el siglo XVII, precisamente cuando llega a Parral la imagen. Hoy es rara la Iglesia que entre las imágenes marianas más veneradas no tenga a la Dolorosa en alguna de sus manifestaciones de piedad. La Virgen Dolorosa de la Soledad es una de las devociones más sentidas en México, su imagen está presente en casi todas las iglesias, la más famosa es la Virgen de la Soledad de Oaxaca. No debe de olvidarse que recientemente el Papa Benedicto XVI elevó al grado de Basílica menor el Santuario de la Virgen de la Soledad en Querétaro donde varias curaciones tenidas como verdaderos milagros han acaecido.

Las fiestas litúrgicas en honor a la Madre dolorosa surgen como respuesta a la devoción enraizada entre los fieles cristianos. En el calendario litúrgico tradicional el viernes anterior al domingo de Ramos es conocido como “Viernes de Dolores” debido a que el “Viernes Santo” no puede hacerse esta conmemoración de la Madre Dolorosa. El 15 de Septiembre se conmemoran los “Siete Dolores”, festividad propia de los servitas que en 1814 el Papa Pío VII extendía a toda la Iglesia. En la Misa propia de estos días se canta la secuencia Stabat Mater, con notación gregoriana propia que enfatiza en la melodía los acervos dolores de la virgen por lo que difiere bastante del tono “popular” de este himno.

El día mariano por excelencia es el sábado, precisamente por el dolor y la soledad de María, después de la crucifixión, que con fe inquebrantable esperaba la resurrección Pascual. De allí que el Sábado Santo, incorrectamente llamado sábado de gloria, se presenta como un día propio para la contemplación de la Mater Dolorosa en su soledad. Estos son los antecedentes de “Nuestra Reina”.

Acercamiento a la imagen tal como se encuentra en la actualidad. Erróneamente se le ha puesto el Corazón de Jesús en su pecho y no el Corazón traspasado  propio de la advocación mariana. Igualmente no luce una corona o diadema real como le corresponde a todas las imágenes coronadas. (Cortesía de Ángel Rodríguez)

Acercamiento a la imagen tal como se encuentra en la actualidad. Erróneamente se le ha puesto el Corazón de Jesús en su pecho y no el Corazón traspasado  propio de la advocación mariana. Igualmente no luce una corona o diadema real como le corresponde a todas las imágenes coronadas. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

La Virgen de la Soledad de Parral
Parral, uno de los centros mineros de mayor importancia de México; llamada “la capital del mundo” ha forjado fiestas, leyenda y folclore en torno a sus muy variadas tradiciones y entre ellas se destaca la devoción a la Virgen de la Soledad cuya presencia en territorio chihuahuense se remonta a más de tres siglos.

El Real de Minas de San José del Parral, hoy ciudad de Parral, al sur del estado de Chihuahua, fue fundada en 1631 y debido a la minería se convirtió en una de las ciudades más prosperas del virreinato. Años después, el 6 de enero de 1687 se bendice la Iglesia de hospital, el cual ya estaba funcionando bajo la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Quedó responsable del hospital Fray Bartolomé de Quezada, médico cirujano, quien en ese mismo año expuso a la veneración en el templo de San Juan de Dios, anexo al hospital, una bella imagen de la Virgen de la Soledad que había traído de España.

Pronto aquella imagen de la dolorosa fue centro de especial devoción por parte de los parralenses y mineros de la región. Fue llamada “milagrosa” pues se le atribuyeron prodigios. Dice la leyenda que un minero se encontraba en el hospital postrado en cama y en trance de muerte y en su agonía pide a los Hermanos hospitalarios que le lleven la imagen de Nuestra Señora. Ante esta petición colocaron frente a la cama del enfermo la imagen mariana que fue trasladada desde la iglesia hasta el hospital. Durante la noche el moribundo fue recuperándose progresivamente y por la mañana se encontraba totalmente sano. Del mismo modo la peste que asolaba el lugar comenzó a desaparecer. Desde entonces los religiosos colocaron a la Virgen de la Soledad en el altar mayor moviendo la estatua de San Juan de Dios, titular del templo a uno de los lados del retablo; la devoción aumento entre el pueblo minero en especial con la “visita” los viernes a la Virgen y los honores que se le rendían en semana santa. Por dos siglos los religiosos de la Orden de San Juan de Dios fueron los responsables del templo, el hospital anexo y la devoción a la Virgen hasta que el impío de Benito Juárez les expulsó de suelo mexicano y el hospital fue convertido en “escuela”. A pesar de estos eventos que conmocionaron el siglo XIX, la devoción mariana permaneció inalterable.

Hay una leyenda más en torno a la imagen, se dice que un día, a inicios del siglo XIX, encontraron la imagen decapitada; se hicieron pesquisas para encontrar la cabeza y al sacrílego culpable. Después de mucho buscar se encontró la cabeza en casa de un hombre al cual encontraron muerto. La cabeza estaba envuelta en tela dentro de un baúl con objetos personales del difunto que al parecer iba a fugarse. Nadie supo las intenciones del ladrón, quien era considerado devoto de la Virgen, el secreto se lo llevó a la tumba.

Detalle del rostro de la imagen, el estilo de la talla española es propio del siglo XVII. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

Detalle del rostro de la imagen, el estilo de la talla española es propio del siglo XVII. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

La talla española de la Virgen es rústica pero tiene un encanto conmovedor que no siempre capta el ángulo de la cámara fotográfica, su tamaño no excede el metro cincuenta de altura. Dejo expresar la descripción de la imagen a un parralense: La Sagrada Imagen, de la Virgen de la Soledad, aun y cuando expresa en su rostro tanto y tan profundo dolor, no deja de maravillar la belleza del mismo. Cierto es que, no existe otra imagen en el mundo, bajo esta dolorosa advocación, que mostrando una tristeza tan profunda, como si acabara de llorar la muerte de su Hijo amado, ostente un rostro tan bello, tan perfecto y hermoso; mismo que pareciera ser de alguien vivo. Un hecho que han presenciado muchos fieles que postrados ante la Imagen, buscando su intercesión y auxilio, han mirado que el rostro, por algunos momentos, deja la expresión de dolor para mostrar una dulce sonrisa, con gran ternura y compasión; pero más sorprendente resulta escuchar los relatos de muchos devotos a Ella, quienes dicen haber observado como una o varias de sus lágrimas descienden por sus mejillas. Esto sin duda alguna, es un privilegio que no todos podemos presenciar, tal vez se trate de un regalo que la Santísima Virgen concede para algunos de sus hijos, quienes en esos momentos obtienen la seguridad de haber sido escuchados por Nuestra Santísima Madre.

La coronación pontificia: Parral, sucursal del cielo
En 1921, el Obispo de Chihuahua Mons. Antonio Guízar y Valencia (Hermano del Obispo de Veracruz San Rafael Guízar y Valencia) vio la conveniencia de coronar canónicamente a la Virgen de la Soledad debido al culto antiquísimo y constante. A causa de la persecución religiosa y a los siguientes hostigamientos contra la fe católica en México por parte del gobierno federal, tal proyecto piadoso no pudo concretarse sino hasta muchos años después con la llegada a Parral del Padre Agustín Pelayo Brambila, sacerdote aun recordado en todo Chihuahua por su celo apostólico y uno de los más cercanos colaboradores al Obispo Guízar en la reorganización y fortalecimiento de la Iglesia Chihuahuense postrevolucionaria. El Congreso Eucarístico Diocesano de 1940, apenas pocos años después del martirio de San Pedro de Jesús Maldonado Lucero demostró la vitalidad de la Iglesia chihuahuense que resurgía fortalecida de la persecución religiosa; la coronación mariana vendría a ser otro signo de la presencia viva de la Iglesia en la sociedad chihuahuense.

En 1942 en una reunión con la “Asociación de la Virgen de la Soledad” la idea de la coronación pontificia resurgió y el 15 de Septiembre de ese mismo año el P. Pelayo anuncio públicamente que el proyecto de coronación se iniciaba. Mons. Guízar se unió al proyecto incluyendo no solo a la ciudad de Parral sino a todo el estado de Chihuahua, que en ese tiempo coincidía también con la diócesis del mismo nombre. El 17 de junio 1943 el obispo lanzó una misiva para leerse en toda la diócesis invitando a la feligresía a ofrecer un ayuno en honor a la Santísima Virgen como preparación a la esperada coronación.

Antigua fotografía del retablo de la Iglesia de San Juan de Dios, se ve la Imagen en el lugar donde otrora se encontraba el patrón de la Iglesia. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

Antigua fotografía del retablo de la Iglesia de San Juan de Dios, se ve la Imagen en el lugar donde otrora se encontraba el patrón de la Iglesia. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

Roma envió la respuesta al delegado apostólico en México con fecha del 17 de Julio de 1943 en el que se autorizaba a coronar a la Virgen de la Soledad en nombre de Su Santidad el Papa Pío XII. El pueblo recibió con alegría la decisión papal con una preparación espiritual; un congreso mariano en Parral tuvo lugar los días previos a la coronación y devociones en diversas iglesias de la diócesis hacían referencia al acontecimiento.

El 21 de octubre aterriza en Parral la avioneta en la que llegaba el arzobispo primado de México, la bienvenida al prelado fue una apoteosis nunca antes vista, prueba de que incluso pocos años después de las cruentas persecuciones la Iglesia del norte de México aún mantenía viva la fe cristiana y el amor a los ministros de Cristo. El 22 de octubre de 1943, después de una solemne vigilia, se llevó a cabo la Misa pontifical celebrada por Siervo de Dios Mons. Luis Maria Martínez, arzobispo primado de México que ese día declaró a Parral como “la sucursal del cielo” ante una multitud de más de 40,000 fieles. Para tal ocasión el arzobispo vistió ornamentos traídos de Roma, en calidad de préstamo, y que pertenecían al Papa Pío XII. Terminada la Misa el arzobispo de México y el Obispo de Chihuahua tomaron juntos la corona de oro cuajada de piedras preciosas y la colocaron en las sienes de la imagen coronándola con la autoridad y en nombre del papa Pío XII al tiempo que se le declaraba reina y patrona de todo Chihuahua. Los vivas en honor a Cristo, a la Virgen, al Papa y a los prelados no dejaron de escucharse en la ceremonia. El día concluyó con ceremonias festivas y la tradicional pirotecnia que iluminó la noche. Desde entonces cada 22 de octubre se conmemora la coronación como el día de Nuestra Señora de la Soledad.

A raíz de la coronación pontificia el pueblo católico de Chihuahua pidió al Papa Pío XII la declaración del dogma de la Asunción de María. Siete años después, el 1º de Noviembre de 1950, año santo, el Papa proclamó el dogma ante el gozo de toda la cristiandad.

Por seguridad la imagen no porta la corona de la ceremonia pontificia la cual solo luce una vez al año, el aniversario de la coronación. En su lugar lleva un resplandor a modo de diadema. A pesar de no usar la corona original es de lamentar que durante el año no esté coronada, siquiera con una diadema que haga patente el hecho de ser reina.

Devociones
En torno a la Virgen de la Soledad existen diversas devociones que aun hoy se practican. Es antiquísima la tradición del rosario todos los viernes del año en el templo de San Juan de Dios, así mismo como la visita de la imagen peregrina en las parroquias, es “el visieteo” de la Virgen. El recibimiento a la Virgen se da en medio de muestras de afecto y folclore popular: Adornos en las calles, banderas de colores, globos, flores, música y los tradicionales “matachines” o danzantes.

Más de 40,000 personas acompañando a la Santísima Virgen de la Soledad el día de su Coronación. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

Más de 40,000 personas acompañando a la Santísima Virgen de la Soledad el día de su Coronación. (Cortesía de Ángel Rodríguez).

Los devotos visitan a nuestra señora en el templo de San Juan de Dios pero también ella les visita; es una muestra simbólica del amor reciproco entre madre e hijo. El por qué acompañar a la Virgen en su peregrinación o por qué recibirla con tanto gozo y alegría en cada lugar que visita, es personal y solo puede ser respondido de manera individual. El peregrino que acompaña en su caminar a la Virgen de la Soledad, busca la comunión con lo divino mediante le sacrificio de hacer el recorrido y así mostrar su veneración y agradecimiento a nuestra Reina. El viaje del peregrino tiene como meta expresar la gratitud y lograr un cambio a través de la acción de llegar hasta el destino.

A 70 años de su coronación pontificia la devoción a la Virgen de la Soledad ha decaído notablemente. En el año 2000 la centenaria “Asociación de la Virgen de la Soledad” fue disuelta por el clero. Pocos, fuera de Parral y sus alrededores, saben que esta advocación es la única imagen mariana coronada con autoridad papal y que es además la reina y patrona del Estado de Chihuahua. La Ciudad de Chihuahua capital tiene una hermosa iglesia erigida en su honor en los riscos de una montaña que asemeja el Calvario. La antigua misión de Guadalupe en Cd. Juárez venera una talla de la Virgen a un lado del sagrario. Estas son de las pocas expresiones de fe a la Virgen de la Soledad fuera de Parral, más las de algunas parroquias que veneran a la dolorosa el Viernes Santo.

Por parte de los clérigos hay poco interés en reavivar la devoción mariana antes bien se muestran renuentes, apáticos o indiferentes a todo lo que tenga que ver con devoción popular aunque esta sea antiquísima. Cada viernes se sigue el tradicional rosario a los pies de la Virgen, la devoción se mantiene en las familias, el nombre de Soledad “Chole” aún está en los bautizos como tributo a la Virgen, las tradiciones anuales se mantienen con el folclore norteño. Se espera un nuevo impulso al acercarse el jubileo de diamante de la coronación pontificia.

Que en estas letras se pueda tributar gloria a la Santísima Virgen María de la Soledad, nuestra Reina, la corredentora. Haciendo votos de que su devoción vuelva a resurgir en tierras chihuahuenses y que así como nuestra entidad fue pionera en la petición de la proclamación del dogma de la Asunción de María pueda también, si Dios lo quiere, una vez reavivado el fervor mariano, hacer la petición al trono de San Pedro para la declaración del 5º dogma mariano: La Co-redención y Mediación universal de María Santísima.

Poncho

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Tarasio, patriarca de Constantinopla

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Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

San Tarasio, patriarca de Constantinopla (784-806) es conocido en la historia de la Iglesia como el que lideró el Sínodo Ecuménico que llevó a cabo el restablecimiento del culto a los iconos en el Imperio Bizantino, cosa que se celebra el 25 de febrero.

Tarasio como laico
La fuente más importante sobre su vida es la “Vida de Tarasios” escrita por Ignacio, su diácono y secretario. Otra fuente es la Crónica de Teófanes Confesor y la vida y la correspondencia de San Teodoro de Studion.
Tarasio nació en Constantinopla en torno al año 730, siendo hijo del eparca Georgios y su esposa Enkrateia. En el momento en que Constantino VI y su madre, Irene, accedieron al trono del Imperio bizantino en el año 780, Tarasio era un funcionario en el aparato burocrático (protasekretis) de la corte imperial. Más tarde obtuvo el rango de senador y finalmente se convirtió en secretario imperial (asekretis) del emperador Constantino VI el Porphyrogenetos.

El Imperio de Oriente estaba a la vez influenciado por las doctrinas orientales iconoclastas, impuestas por la dinastía Isauriana, que provenía de las regiones existentes en las fronteras con el nuevo mundo islámico. La lucha iconoclasta de ninguna manera era más fácil que la de los antiguos emperadores romanos contra los cristianos. Los ikonodouloi (defensores de los iconos) fueron golpeados e incluso asesinados y muchas iglesias fueron objeto de vandalismo. La Iglesia de Roma se negó a permanecer en comunión con el patriarca de Constantinopla, quien en ese momento era partidario de las políticas oficiales. Sólo después de la muerte de León IV (775/780) y al comienzo del reinado de su hijo menor Constantino VI (780/797), bajo la regencia de su madre Irene, la situación de los iconos empezó a cambiar.

El último patriarca iconoclasta, Paulos IV se arrepintió de su anterior iconoclasia y renunció a su trono el 31 de agosto del 784, viviendo como un simple monje. En esta situación, la emperatriz convocó un consejo local en su palacio de Magnaura y previa consulta al patriarca antiguo, el pueblo y los nobles, decidieron proponer a Tarasio para este puesto, el cual, en ese momento era un simple laico. La Crónica de Teófanes reproduce el discurso de Tarasio que se negó, pero que de todos modos se dejó convencer.

Sin embargo, como todos los bizantinos educados, Tarasio estaba bien versado en teología y la elección de este laico cualificado como obispo no fue el primer caso en la historia de la Iglesia (casos similares son probables en San Ambrosio y San Nicolás de Myra). Tarasio aceptó la función con la condición de que la unidad de la iglesia sería restaurada con los otros patriarcados y con Roma y que se realizara un Sínodo para la restauración de los iconos. En cuestión de días, fue ordenado diácono y luego de sacerdote. La consagración como obispo y patriarca se llevó a cabo en el día de Navidad del año 784.

Icono ortodoxo griego de los padres del Séptimo Concilio Ecuménico.

Icono ortodoxo griego de los padres del Séptimo Concilio Ecuménico.

El Séptimo Concilio Ecuménico
Como patriarca, Tarasio persuadió a la emperatriz Irene para que escribiera al Papa Adriano I, invitándole a enviar delegados a Constantinopla para un nuevo Consejo, con el fin de repudiar la herejía iconoclasta. La respuesta llegó el 26 de octubre 785. El Papa sostuvo que la elección de un laico como patriarca estaba en contra de los cánones, pero finalmente aceptó la situación, con el fin de restablecer la comunión eclesiástica. El Papa accedió a enviar delegados, y se convocó el sínodo que se celebró en la iglesia de los Santos Apóstoles, el 17 de agosto, 786. Durante la última reunión preparatoria, el 31 de julio, en ausencia del patriarca, algunas tropas de soldados rebeldes fieles al antiguo emperador iconoclasta Constantino V, distorsionaron la calma e insultaron a los obispos y monjes. De todos modos, el patriarca y la emperatriz mantuvieron su posición de continuar con el Consejo. Esta situación se repitió durante la inauguración. Tarasio y el abad Platón de Sakkoudion (el mentor de San Teodoro de Stoudion) realizaban sus discursos, pero no podían seguir debido al caos creado por los soldados. Más tarde, las tropas rebeldes se retiraron de la ciudad: la emperatriz, motivada por el peligro de un ataque musulmán, los envió a Asia Menor, en lugar de enviar a algunas tropas favorables de Tracia, que eran conocidas como iconódulos.

Pero esta situación no hizo posible aun la celebración del Sínodo que comenzó un año más tarde, a partir del 24 de septiembre del 787, en la catedral de Santa Sofía de Nicea y no en la ciudad capital. El Sínodo es reconocido como el Séptimo Concilio Ecuménico o como el Segundo Concilio de Nicea. Aunque por lo general se llama como lo llamaba el emperador, que aun no estaba coronado y que participó en las reuniones. El Patriarca desempeñó la función de presidente en funciones de los trescientos sesenta y cinco obispos reunidos, que condenaron la iconoclastia y aprobaron formalmente la veneración de los iconos. La clausura oficial de la reunión ocurrió el 23 de octubre en el Palacio Magnaura, que era la residencia de Irene. Tarasio e Irene aceptaron fácilmente la reintegración de los obispos iconoclastas que se arrepintieron y a todos los que prometieron que iban a cambiar su opinión. Este indulto fue duramente criticado por los monjes de Stoudion, los más fuertes partidarios durante las disputas iconoclastas. En cualquier caso, la política del Patriarca hizo que en el próximo período no existiera ninguna resistencia iconoclasta.

Los últimos años del Patriarca
Siete años más tarde Tarasio se vio involucrado en la controversia iniciada por Constantino VI, quien se divorció de su esposa, María de Amnia, acusándola de tratar de envenenarlo. Tarasio aprobó tácitamente esta situación y los monjes constantinopolitanos se escandalizaron con el consentimiento del patriarca. El abad Platón de Sakkoudion y su sobrino Teodoro Estudita fueron exiliados a causa de su posición, pero continuó el alboroto. Gran parte de la ira estaba dirigida contra Tarasio por permitir el matrimonio del emperador con Teódota, a pesar de que se había negado a oficiar la ceremonia. Sólo más tarde, después de que Constantino VI perdiera su trono en favor de su madre (18 de agosto 797), y bajo una fuerte presión de Teodoro, Tarasio excomulgó a José, el sacerdote que había llevado a cabo este matrimonio ilegítimo.

Detalle del Santo en la ilustración de un calendario para el Prólogo de Ochrid.

Detalle del Santo en la ilustración de un calendario para el Prólogo de Ochrid.

Los últimos años de su patriarcado estuvieron marcados por una nueva usurpación. Nicéforo, un patricio de Seleucia, nombrado ministro de Hacienda por Irene, se las ingenió para destronar a Irene y enviarla al exilio, con la ayuda de los patricios y los eunucos. Fue elegido como emperador en su lugar el 31 de octubre 802 y fue coronado por Tarasio, en contra de la opinión pública, haciendo después lo mismo con Staurakios como co-emperador, en el año 803.
Tarasio tenía una débil personalidad, pero sirvió con lealtad a los tres regímenes imperiales de Constantino, Irene y Nicéforo. De todos modos, su reputación sufrió críticas por su supuesta tolerancia con los obispos electos a través de la simonía, aunque él publicó un documento oficial que condenaba esta práctica. A pesar de estas débiles habilidades organizativas, Tarasio vivió una vida muy austera y gastaba su dinero agradando a Dios, alimentando y dando consuelo a los ancianos, a los pobres, a las viudas y a los huérfanos. Cada año, el día de Pascua, se dispuso de una comida para ellos, que él mismo servía. Él ordenó la construcción de un monasterio en la orilla europea del estrecho del Bósforo que luego tomó su nombre. Murió el 25 de febrero del año 806 y fue enterrado en su monasterio.

La veneración
Aunque algunos expertos han criticado la debilidad Tarasio ante el poder imperial, el Patriarca fue venerado en las Iglesias Orientales Ortodoxas por su defensa del uso de los iconos y su lucha por la paz y la unidad de la Iglesia. Su fiesta se celebra el 25 de febrero, tanto en el Este como en las Iglesias occidentales.

Troparion (himno) de San Tarasio
¡Tú brillabas como una luz del Espíritu, adornado con una vida ejemplar y vestido con las vestiduras jerárquicas. Calmaste la turbulencia de la herejía y te convertiste en un pilar y fundamento de la Iglesia, que alaba tus luchas, Santo Padre Tarasio!

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Siervo de Dios Saturnino García Lara, presbítero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Siervo de Dios.

En la Ciudad de Morelia, cerca del Bosque Cuauhtémoc, lugar favorito de paseo de los morelianos, existe una pequeña y recoleta capilla construida en 1780 dedicada a la imagen de Jesús al momento de ser flagelado, conocida popularmente con el sencillo sombre de La Columna. Esta capilla fue el escenario donde discurrió entre la sencillez y la caridad la discreta vida sacerdotal de un sencillo hombre que es tenido como santo por diversos sectores de la sociedad moreliana que aún con cariño lo recuerda como el “Padre Nino”.

En vida, fue una persona muy apegada a los niños, los enfermos y ancianos que necesitaban de ayuda, principalmente de tipo espiritual. Quienes lo conocieron expresan la caridad que lo distinguió, la nobleza y los sabios consejos que daba.

Saturnino García Lara nació el 21 de noviembre de 1903 en el rancho Los Martínez del municipio de Valle de Santiago, Guanajuato, donde pasó su infancia. Fue alumno del Seminario de Morelia y durante la persecución, del Pontificio Colegio Pio Latino Americano en Roma, Italia, donde recibió la ordenación sacerdotal el 31 de octubre de 1932. Después de su ordenación fue capellán de las Madres Adoratrices y vicario en algunas parroquias. Desde finales de los años 60 y hasta su muerte fue destinado como capellán del Templo del Señor de la Columna en el Centro Histórico de Morelia.

Aprovechó todas las oportunidades de su ministerio para formar cristianamente la conciencia de los niños y cultivar en ellos la vocación a la vida consagrada. Así fundó una escuela apostólica bajo el nombre del Señor San José, de la Santísima Virgen de Guadalupe y de San Juan Bosco, donde por más de 50 años dio frutos en beneficio de esta Arquidiócesis moreliana. De esta escuela salieron numerosos sacerdotes y obispos, entre ellos Mons. Manuel Castro Ruíz, III Arzobispo de Yucatán con sede en Mérida y nuestro actual Arzobispo Alberto Suárez Inda. Lo que hace extraordinaria la vida del Padre Nino es su caridad, su celo apostólico, su vida interior y su alegría.

Fotografía del Siervo de Dios en su juventud, cuando seminarista, superpuesta con la imagen del templo de San José, en Morelia (México).

Muchas personas de Morelia aún recuerdan el itinerario diario del Padre: a las cinco y media de la mañana se veía encendida la luz de su habitación, a las 6 meditaba en su breviario para con calma y sosiego revestirse y celebrar la misa en su capilla. Después de la misa y de un frugal desayuno (casi siempre pan dulce, jugo y café) se dirigía a Catedral para concelebrar la misa conventual con los demás canónigos. Una vez terminada la misa atendía algunos asuntos de su Escuela Apostólica y al mediodía, después del Ángelus, recorría toda la Calzada de piedra del siglo XVII que separa el acueducto del Santuario de Guadalupe, rezando el rosario todo el recorrido y generalmente acompañado de algún seminarista para postrarse largo rato en oración ante la Morenita.

Por la tarde después de comer pobremente visitaba a los enfermos o acudía con las familias de clase alta para solicitar “de limosna” como solía decir, alimentos, cobijas, dinero para los pobres en primer lugar y para sus seminaristas en segundo. Debo agregar que por medio de testimonios de mi familia (mi abuela, tías y mi padre) y de otras personas que se confesaban con él, se que muchas de las cosas que le regalaban a él para su uso personal o para su comida las regalaba a los necesitados. Era tal su desprendimiento que siempre traía la misma sotana raída por el uso y tomando en cuenta que en los años 60, 70 y 80 muchos sacerdotes y hasta obispos no usaban sotana en público por las restricciones gubernamentales el Padre nunca se vistió de civil, pues solía decir “el obrero viste su overol y yo como obrero de la viña del Señor debo vestir como tal”.

La gente que lo conoció recuerdan de el que nunca manifestó disgusto y si algo le molestaba reía y movía los brazos pero sin señales de enojo. Como capellán restauró materialmente la Capilla y la imagen del Señor de la Columna.

Tenía el don de consejo pues los primeros viernes de mes, ya fuera en la Catedral o en La Columna eran largas filas de fieles las que se formaban para confesarse con él.

Vista de la Capilla del Cristo de la Columna, en Morelia (México), restaurada por el Siervo de Dios Saturnino García Lara.

Aún se le recuerda por su manera tan calmada y devota de celebrar la misa y por su paciencia y bondad en el confesionario, pues muchos de sus dirigidos espirituales son sacerdotes o laicos comprometidos de la Arquidiócesis. Incluso llegó a escribir algunos cuentos, leyendas y fábulas morales y catequéticas para niños que leía en las posadas y que han sido recopiladas recientemente por varios escritores de la ciudad.

Por su dedicación, Mons. Estanislao Alcaráz Figueroa lo nombró Canónigo de la S.I. Catedral Metropolitana y en este oficio se distinguió siempre por su puntualidad y disposición.
Falleció de muerte natural en los anexos de su amado Templo, en su pobre habitación el 18 de diciembre de 1995, a la avanzada edad de 92 años, rodeado de varios sacerdotes, ex alumnos de la Apostólica y algunas religiosas. Sus últimas palabras fueron “Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía”.

Su causa de canonización fue abierta recientemente en 2008 por Don Alberto que ha expresado de su maestro “Dios Nuestro Señor se manifestó a nosotros a través de la fe con que el Padre Saturnino celebró diariamente el Santo Sacrificio de la Misa, y la caridad que practicó con todas las personas”.

Vista del seoulcro del Siervo de Dios.

Se ha creado una Asociación civil, casi todos los miembros ex alumnos del Padre y morelianos que promueve la causa y que pronto dispondrá de una página web y un museo en la casa que habitó para promover el conocimiento de su vida en que supo hacer de las cosas ordinarias algo extraordinario. Aunque en Morelia goza de fama de santidad, en algunas partes de la misma Diócesis es desconocido pero espero que con este breve semblanza podamos difundir su obra y su vida.

Rogamos a Dios que si es su voluntad podamos verlo elevado a los altares como modelo de caridad y vida sacerdotal.

Daniel

BIBLIOGRAFÍA:
– Patronato AMIGOS DEL PADRE SATURNINO, A.C.
Oficina para las causas de los santos, Arquidiócesis de Morelia
La Jornada, Diario de Michoacán; jueves 5 de septiembre de 2008, sección sociales.

FUENTES ORALES:
-Aída Roa García, Familia Loaiza Díaz, Loaiza Gutiérrez, Pbro. Rafael Tirado (Postulador de la Causa), Pbro. Diego Carrillo Cortés, Pbro. Enrique Cortés Castro, Mons. Alberto Suárez Inda.

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