Santa Pulqueria, emperatriz de Oriente

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Iluminación de la Santa, revestida de la púrpura imperial, en el Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

Iluminación de la Santa, revestida de la púrpura imperial, en el Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

Pregunta: Yo tengo una tía-abuela que se llama Pulqueria y nunca ha sabido mucho sobre la vida de su santa patrona; lo único que sabe es que era una reina y que su fiesta es el día 10 de septiembre.

Respuesta: Pues reina, lo que se dice reina, no era; era emperatriz del Imperio Bizantino y efectivamente, aquí la conmemoramos el 10 de septiembre, pero eso es porque al que la introdujo en el Martirologio, se le ocurrió ponerla en ese día, pero ella en realidad murió en el mes de julio, aunque no se sabe el día exacto. Pero hablemos algo de ella.

Según las crónicas bizantinas, Santa Pulqueria (Aelia Pulqueria) era hija de los emperadores Arcadio y Eudoxia y nació en Constantinopla el 19 de enero del año 399. Tuvo tres hermanas: Flacila, Arcadia y Marina – estas dos últimas, menores que ella – y un hermano, Teodosio II. El nombre de Pulqueria le vino dado en memoria de la hija de los emperadores Teodosio I y Placila – sus abuelos – la cual había muerto con solo un año de edad. Recién nacida estuvo involucrada junto con su madre en el tumulto de los godos en Gaina y siendo aun niña perdió a su hermana mayor en el otoño del 403 y a sus padres (la madre, en el 404 y el padre, en el 408), por lo cual junto con sus otros hermanos tuvieron que quedar bajo la custodia de un eunuco llamado Antíoco.

Recibió una buena educación y como era muy inteligente y de una firme voluntad, muy pronto se convirtió en un apoyo incondicional para su hermano Teodosio, heredero del trono, el cual, aunque era muy bueno y devoto, tenía poco carácter, interesándole más las artes que la política. Ella dominaba las lenguas latina y griega y tenía una formación filosófica, teológica e histórica excepcional, era muy piadosa y defensora de la fe emanada de los concilios ecuménicos y aunque tenía el título de “Nobilísima”, el 4 de julio del año 414, con solo quince años de edad, fue declarada “Augusta”, como co-regente con el emperador. Una de sus residencias preferidas era el palacio de las Rufanianas, situado en los suburbios asiáticos de la capital.

El 30 de diciembre de ese mismo año, el prefecto del pretorio Aureliano hizo instalar en el Senado, tres bustos en honor de Pulqueria y de los emperadores Honorio y Teodosio II. La joven soberana cumplió sus deberes con una extrema religiosidad, consagrando su virginidad al Señor, sellando públicamente su voto con la donación a la iglesia de Santa Sofía de un espléndido altar.

Moneda imperial bizantina de Aelia Pulqueria. Anverso: la Santa luciendo la diadema imperial y siendo coronada por la mano de Dios, inscripción: “Aelia Pulqueria, Augusta”. Reverso: Victoria alada con la Cruz.

En el palacio imperial se cantaban de día y de noche las horas canónicas, se leían las Sagradas Escrituras, se trabajaba manualmente y se hacían las comidas y los ayunos como era costumbre en la Iglesia, aunque bien es verdad que la corte no era un monasterio y que en ella, en muchas ocasiones, predominaron las intrigas palaciegas. Prueba de ello es que Pulqueria prohibió que los hombres accedieran a su apartamento y a los de sus hermanas, ya que los oficiales bizantinos no se distinguían por su buena conducta.

Aunque la educación de su hermano Teodosio II quedó en manos de gente experimentada en las letras, ciencias y armas, ella se encargó de enseñarle los secretos del protocolo imperial, lo instruyó en los ejercicios de piedad y le inculcó el respeto hacia su pueblo, el clero y los monjes. Aun así, Teodosio II nunca se distinguió por su capacidad de gobierno y de hecho de él se ha dicho “que su incapacidad era tan grande que apenas se le puede acusar de haber aumentado los infortunios de su pueblo con sus actos, ya que no tomaba ninguna decisión”; era Pulqueria quien con prudencia gobernaba en la práctica.

Entre las medidas legislativas que impulsó están los decretos del 31 de octubre y del 6 de noviembre del año 415 contra la herejía montanista y la eunomiana y contra el exceso de personal pagano entre los funcionarios públicos. También vigiló la influencia de los judíos en la Corte aunque no favoreció ningún movimiento antisemítico. Tuvo como consejero al Patriarca Ático de Constantinopla el cual, en el año 416 dedicó a ella y a sus hermanos un bellísimo tratado hoy perdido: “De Fide et Virginitate”.

Lienzo anónimo lombardo de la Santa. El título reproduce la misma inscripción de las monedas bizantinas: “Aelia Pulqueria, Augusta”.

De acuerdo con la Corte Bizantina, favoreció el restablecimiento de la plena comunión entre el Patriarcado de Constantinopla y la Sede Apostólica y la inserción en los dípticos de San Juan Crisóstomo – que por cierto, no tuvo buen trato con la madre de Pulqueria – pero también un poco más tarde, tuvo que intervenir en las controversias del Patriarca Ático con la Sede Apostólica.

El 13 de febrero del año 421 en presencia del emperador Teodosio II se inauguró una cisterna pública que llevaba su nombre y el 7 de junio del mismo año, consiguió que su hermano se desposase con Atenaide, una virgen griega que ella se encargó de buscarle entre las vírgenes más bellas y ricas del imperio, aunque era pagana como su padre. Atenaide se bautizó tomando el nombre de Eudoxia. Inevitablemente, las dos cuñadas chocaron porque Eudoxia quiso limitar el poder de Pulqueria para lo cual influyó en su esposo Teodosio y cuando fue proclamada “Augusta” el 2 de enero del 423, a cuenta de las controversias nestorianas, entró en claro conflicto con su cuñada Pulqueria – que también era Augusta – agravándose las tensiones entre las dos mujeres y acusándola de “corrompida por los hombres” y de incesto, consiguió que el Patriarca Nestorio prohibiera a Pulqueria la entrada en el palacio patriarcal en el acostumbrado ágape ofrecido los domingos, que quitara sus imágenes pintadas en el altar votivo que ella había ofrecido en Santa Sofía, le retirara el permiso para que pudiese asistir a la celebración de la Pascua en la catedral e incluso le prohibió recibir la Comunión. Asimismo, consiguió que Teodosio II desterrara a Pulqueria al palacio de Ebdomón, en la periferia de la capital del Imperio.

Este destierro en parte le vino bien, porque ella lo consideró como un favor del cielo, llevando una vida más reposada, consagrando todo su tiempo a la oración, a la lectura de las Sagradas Escrituras y a la práctica de obras de caridad. Nunca se llegó a quejar de la ingratitud de su hermano ni de las intrigas de su cuñada, a quién ella misma le había facilitado su acceso al trono, al proponerla como esposa a su hermano.

Por entonces, ante la actitud del hereje Patriarca Nestorio, San Cirilo de Alejandría escribió en la primavera del año 430 extensas cartas dirigidas al emperador Teodosio II y a Pulqueria en la que, posicionándose junto a Pulqueria, les manifestaba que ésta era una “verdadera esposa de Cristo” y que esperaba que como tal fuera acogida nuevamente en la Corte imperial.

Ilustración a la acuarela de las Santas Dróside, mártir (izqda.) y Pulqueria, emperatriz (dcha.)

Teodosio II, sopesando su respuesta, lo hizo el 19 de noviembre del mismo año reprimiendo a San Cirilo por “intentar sembrar la discordia” entre su familia escribiendo una carta por separado a su hermana, como si entre ellos no estuviesen de acuerdo en materia de doctrina, o sea, como si Teodosio II se hubiera dejado influenciar por el nestorianismo. De la irritación del emperador se puede sospechar que Pulqueria había hecho causa común con San Cirilo, lo que no impidió que, durante el Concilio de Éfeso en el año 431 – que fue convocado por Teodosio, aconsejado por Pulqueria – se celebrase el sínodo anticiriliano capitaneado por Juan de Antioquía, que intentó atraerse a las dos “Augustas” a la causa nestoriana.

En las negociaciones unionistas del año 432, Cirilo solicitó nuevamente la intervención de Pulqueria para conseguir la adhesión de Juan de Antioquía y después de una primera carta enviada que no obtuvo respuesta. El Patriarca Cirilo de Alejandría rogó al nuevo Patriarca Maximiano de Constantinopla para que la convenciera a fin de que ella le ayudase trabajando por el dogma emanado del Concilio y defendido por Cirilo.
Con esta misma intención, desde Alejandría se envió una importante suma de dinero a dos sirvientas de Pulqueria: Marcela y Droseria, para que la persuadieran y atendiera los ruegos de Cirilo. ¡Las cosas de San Cirilo…!

Parece que fue menos exitosa la petición que hicieron a las dos “Augustas” en el año 435, los obispos de la provincia del Eufrates a favor de Nestorio y en contra de Juan de Antioquía.

Eudoxia fue en peregrinación a Jerusalén en el año 438 y la ausencia de su cuñada le permitió a Pulqueria recuperar su preponderancia en la Corte, pero temiendo que al regreso de Eudoxia el ambiente se tensara nuevamente, como efectivamente ocurrió por las intrigas de los favoritos de la emperatriz y por los celos femeninos entre ellas dos.

Icono ortodoxo americano de la Santa, revestida de la púrpura imperial.

En el año 440 fue condenado a muerte uno de los “favoritos” de Eudoxia, llamado Paulino, acusado de cortejar a la emperatriz y más tarde, por esta misma infidelidad, Eudoxia fue desterrada definitivamente a Jerusalén, no regresando jamás a la Corte. Hubo una reorganización en la Corte y Pulqueria fue llamada de nuevo, aunque no para recuperar su antiguo puesto de gobierno. Sin embargo empezaron a recurrir a ella todos aquellos que necesitaban su apoyo, como por ejemplo, Teodoreto de Ciro en el 446, preocupado por el abuso de poder del emperador que había impuesto grandes gravámenes a su ciudad. Aquella decadencia fue consecuencia de que los destinos del gobierno quitados a Pulqueria, recayó en un eunuco llamado Crisafio, que era admirador de Eudoxia y que durante diez años administró el Imperio de manera arbitraria. En el contexto de las intrigas fomentadas por Crisafio hay que insertar la historia de las relaciones de Santa Pulqueria con San Flaviano, que trataremos más adelante.

Estando Pulqueria en Ebdomon, Teodosio II brindó su apoyo incondicional a Eutiquio y a la herejía monofisita, entrando en conflicto con este, el Papa San León Magno en el mes de junio del año 449. San León le envió una carta a Pulqueria pidiéndole ayuda para poder luchar contra esta nueva herejía, pero informado el Papa de que su carta no se la habían entregado, lo intentó de nuevo el 13 de octubre protestando contra el “latrocinio efesino” y solicitando su intervención a fin de conseguir que los obispos bizantinos participasen en un concilio general que San León quería reunir en Italia.

Entretanto, el emperador Teodosio II expulsó a San Flaviano de la sede constantinopolitana – en cuya muerte se ha intentado implicar injustamente a Santa Pulqueria – sustituyéndolo por el monofisita egipcio Anatolio. Aunque Pulqueria se mantenía fiel en la ortodoxia, la influencia sobre su hermano iba en declive y apoyó esta decisión. Según Teófanes, la emperatriz reconoció su propio error. El Papa escribió de nuevo y el diácono Hilario se adhirió a la petición del Papa dirigiéndose a ella como “gloriosísima y clementísima Augusta” y lo mismo hizo Gala Placidia que se dirigió a su sobrina apoyando al Papa. Pulqueria respondió enseguida a León el 17 de marzo del 450, por lo que este pudo experimentar con alegría cómo la soberana se mantenía dentro de la ortodoxia emanada del Concilio de Éfeso.

Lienzo de las Santas Pulqueria, Gertrudis y Cunegunda, obra de Guido Reni. Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Pero en medio de todas estas apelaciones, el emperador murió el 28 de junio de ese mismo año como consecuencia de una caída de un caballo cuando estaba de caza y Pulqueria, por expreso deseo de su hermano antes de morir, se vio nuevamente encumbrada como suprema autoridad imperial, desposándose cuando tenía cincuenta y un años, con un oficial veterano, siete años mayor que ella, natural de Tracia y de origen humilde llamado Marciano al que previamente le hizo prometer que respetaría su virginidad. Marciano aceptó y ambos gobernaron juntos.

La ceremonia de proclamación imperial fue fastuosa siendo coronados por el Patriarca Anatolio. Se dice que en ella, fue Pulqueria quien puso la diadema imperial sobre la cabeza de su esposo y que después de la ceremonia hizo desaparecer a Crisafio. El Papa San León Magno envió a Constantinopla una delegación pontificia para mostrar su alegría por la voluntad pacificadora de Pulqueria y solicitarle su ayuda para restablecer la unidad de la Iglesia proponiéndole nuevamente la realización de un concilio en Italia, al que se opusieron los obispos bizantinos. Durante la permanencia de la delegación pontificia en Constantinopla se hizo transferir a la iglesia de los santos Apóstoles el cuerpo de San Flaviano.

Tras sucesivas tentativas por parte de Roma y de Pulqueria se convocó el Concilio de Calcedonia. Cuando hablamos de tentativas, nos estamos refiriendo a las cartas de Pulqueria a León (22 de noviembre del 450) y de León a Pulqueria (13 de abril, 9 de junio y 20 de julio del 451).

El Concilio de Calcedonia condenó la herejía monofisita y se deshizo en elogios aclamándola “como guardiana de la fe, pacificadora, pía, creyente y una segunda Elena”. Estos títulos no eran simples galanterías de los obispos orientales, sino signo de que estos sabían por experiencia la importancia de conservar la buena voluntad de la emperatriz. En la antigua versión latina de esta alabanza dada a Santa Elena, se dice que “defendió y salvó la cruz de Cristo” y el Concilio compara a Pulqueria con Elena. Ella y su esposo intervinieron el 25 de octubre en la sexta sesión del Concilio. Un escritor monofisita la describe inclinada ante los pies de Diodoro, como un último conmovedor intento de convencer al Patriarca que aceptara la doctrina del Concilio para evitarse la condena del mismo. La definición conciliar fue puesta sobre el “martyrium” de Santa Eufemia de Calcedonia y posteriormente, presentada a los emperadores, que hicieron todo lo que estaba a su alcance para que los decretos conciliares quedaran establecidos en todo Oriente, aunque fracasaron en Egipto y Siria.

Detalle de Santa Pulqueria, emperatriz; y Santa Escolástica, virgen benedictina. Obra de Hyppolite Flandrin en la galería de Santos de la iglesia de San Vicente de Paúl, París (Francia). Fotografía: Barryra.

Como consecuencia de las primeras agitaciones monofisitas en Palestina después del Concilio de Calcedonia, en la primavera del 453, Pulqueria dirigió dos cartas a los monjes palestinos y a Santa Bassa y sus monjas, a fin de convencerles de que el Concilio no había propiciado una reavivación del nestorianismo, sino que lo condenó al igual que al monofisismo.

La última carta de San León a Santa Pulqueria es del 21 de marzo del 453 y trata de la consolidación del dogma calcedoniense, además de desearle augurios de buena salud y de prosperidad. No se sabe si Pulqueria recibió esta carta porque posiblemente ya había muerto, pues Idacio dice que “la reina Pulqueria murió en el mes de julio del tercer año del reinado del príncipe Marciano”, o sea, en julio del 453. En su testamento, que fue redactado por su esposo, la emperatriz donó todos sus bienes a los pobres.

A Santa Pulqueria se deben la construcción de muchas iglesias, entre ellas las famosas iglesias marianas de Blakhernae, Khalkopratia y Hodegetria. En esta última puso el famoso icono del mismo nombre, presuntamente pintado por el evangelista San Lucas y que ella llevó desde Jerusalén. Creó una universidad en Grecia donde se enseñaba el griego, literatura y filosofía, redactó el llamado “Código de Teodosio” donde se recogen las reglas y principios que deben regir a todo buen gobernante.

Convocó dos Concilios (el de Éfeso en el 431 y el de Calcedonia en el 451), ayudó y apoyó a la Iglesia de Jerusalén, recibiendo como regalo las reliquias del protomártir San Esteban, que fueron puestas en una iglesia construida en su nombre en la capital imperial. Asimismo, trasladó los restos de San Juan Crisóstomo desde la cárcel hasta la iglesia de Todos los Santos.

Aunque murió en el mes de julio del 453, el cardenal Baronio introdujo su culto en el Martirologio Romano el día 10 de septiembre y por eso en ese día lo celebra tu tía-abuela. Podría extenderme mucho más explicando el culto a esta santa tanto en Oriente como en Occidente, pero deliberadamente no lo hago a fin de no alargar en demasía este artículo.

Antonio Barrero

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29 pensamientos en “Santa Pulqueria, emperatriz de Oriente

  1. Conocía a esta emperatriz bizantina de oídas, de haber examinado alguna moneda suya en clase de Numismática y sobretodo por su curioso nombre, derivado del adjetivo latino “pulchra”, que significa “hermosa” y cuyo superlativo es pulquérrima.

    Lo que más me sorprende es que se le permitiera mantenerse virgen y soltera casi toda su vida, mientras ejercía el poder. Qué otro caso puedo citar? El de Isabel I de Inglaterra y poco más. Normalmente las mujeres de la realeza, aún no siendo herederas, estaban obligadas a casarse y dar descendencia para asegurar la perpetuidad del linaje: o eso, o las metían en un convento. El caso de Aelia Pulqueria es muy extraordinario, ciertamente.

    • Gracias, Ana Maria por comentar el significado etimológico del nombre Pulqueria, cosa que se me ha escapado y debía haber hecho.

      ¿Por qué le consintieron mantenerse virgen aunque no fuera la costumbre de la época entre las personas de su mismo rango? Pues a mí se me ocurre como explicación dos motivos: que cuando estaba bajo la potestad de sus padres, ellos fueron tolerantes y que ella debió ser una mujer que tenía las ideas muy claras, que no se amedrentaba fácilmente y que no se dejó coaccionar por muchas presiones que recibiera. Otra explicación no le encuentro.

      • De hecho, la mujer tenía la libertad/derecho de decidir consagrar su vida a Dios, tal como Pulqueria hizo. Muchas mujeres de la corte romana y bizantina obraron de esta manera y se mantuvieron vírgenes. La diferencia con Pulqueria era que su popularidad (y su sentido del deber) le orillaron a manejar también los asuntos políticos y a poner bajo tutela al medianamente incapaz Teodosio II.
        La prueba de que al final la costumbre se impuso es que terminó casándose con Marciano para darle legitimidad a su gobierno, al no ser éste de “estirpe noble” (esto entre comillas porque la dinastía teodosiana provino de un militar). Así las cosas por Bizancio.

    • Muchas gracias, Tacho, por el enlace que nos has puesto, pero a mi entender, en ese cuadro se dice que se representa a santa Pulqueria como podría decirse que es cualquier otra santa de origen parecido. No le veo ningún atributo en especial.

      • Bueno, lleva la maqueta de una iglesia, el lirio de la virginidad y la tiara imperial, pero es una iconografía católica y barroca, y por tanto, anacrónica. La selección de imágenes para el presente artículo ha sido bastante más acertada al haber intentado ofrecer una imagen más bizantina de la Santa y, por tanto, más correcta, con la excepción de las obras de Reni y Flandrin, que también pecan de anacronismo.

        • Creo que la imagen de santa Pulcheria de Magón es digna de rescatarse. Imaginense, es la demostración de una santa tan particular en pleno siglo XVIII y del otro lado del mundo. Prueba de que no había mudado su funcionalidad en el cristianismo. En cuanto al “anacronismo” recordemos que la pintura de esta epoca es simbólica, no histórica. No le pidamos peras al olmo ni lo condenemos por no darlas, cuando su naturaleza no lo exige. Felicidades por el articulo me ha gustado y me servirá mucho ya que hoy daré una ponencia del mismo cuadro criticado, saludos.

          • Yo no he condenado la pintura en ningún momento. Destacar el anacronismo de una pieza forma parte de la crítica artística y es un aspecto tan valorable como cualquier otro, no necesariamente debe interpretarse de forma negativa. Además, el hecho de que asuma la estética de la época es la base de su anacronismo y ayuda a su contextualización.

  2. Toño, me da gusto que hayas escrito sobre esta santa. En lo particular la admiro por su talento para ser gobernante y por el detalle de guardar su virginidad.
    Yo ya conocía a esta santa mujer de hace tiempo, cuando leía la vida de San Juan Crisóstomo y alg de la historia del imperio romano de oriente.
    Recuerdo que en la película de Atila, con Jack Palance, hay una intervención de este personaje.
    Cuando hay casos como este de santos orientales, venerados tanto por católicos como ortodoxos, me lleno de esperanza, porque pienso que con su intercesión, la unión de lso dos pulmones de la Iglesia, puede ser más rápida.
    Me quedan dos inquietudes: ¿que sabes de sus reliquias? Y Santa Irene Emperatriz, que murió muchos tiempo depués de consumado el cisma de oriente, la he visto en elgunos santorales latinos. ¿A qué se debe?

    Saludos

    • Humberto,
      Existen infinidad de santos que vivieron en el primer milenio, antes del Gran Cisma y que, por lo tanto, son venerados tanto en Oriente como en Occidente. De muchos de ellos hemos escrito ya en este blog.

      Con respecto a las reliquias de Santa Pulqueria, tengo que decirte que nunca he visto ningún relicario suyo, por lo que deduzco que no se conservan, aunque si se que en el monasterio Xiropotamou del Monte Athos hay algunos objetos suyos. Tu sabes que yo tengo fotos de relicarios y tumbas de miles de santos de Oriente, pero de Santa Pulqueria, nada de nada.

      Y con respecto a Santa Irene tengo que decirte que la Iglesia Católica venera solo a Santa Irene la Joven, emperatriz de Oriente (que vivió en el siglo VIII).
      Otra es, Santa Piroska de Hungría, emperatriz de Oriente, que era hija de San Ladislao, que vivió en el siglo XII después del Gran Cisma, pero que al casarse con el emperador bizantino Juan II Comneno, se adhirió a la fe ortodoxa cambiando su nombre de Piroska por el de Irene. Aunque aparece en algunos calendarios católicos, en realidad solo es venerada como santa por la Iglesia Bizantina.

  3. Junto con la emperatriz Teodora, la esposa de Justiniano, e Irene, verdadera emperatriz reinante y no sólo regente o consorte, es una de las mujeres, entre otras tantas, que guiaron los destinos de un imperio que salvó, en parte, la herencia romana y la griega y por ende fue posible el Renacimiento con el paso de los siglos. Si bien no conozco más que someramente la historia del imperio bizantino, se puede decir que las herejías iconoclasta, monofisita y nestoriana fueron apoyadas por hombres y vencidas por mujeres, sus esposas o familiares cercanos, en una clara demostración de que el verdadero poder estaba detrás del trono y la doctrina imperante en el momento era la religión del gobernante o la clase dominante. No demerito las cuestiones espirituales, pero debe verse que en la época el Emperador era jefe de la iglesia, el Patriarca de Constantinopla se hacía llamar Ecumémico y León I se hizo llamar Sumo Pontífice, lo que confirma mis palabras, religión y política eran claro cesaropapismo.

    En fin, buen aporte el de hoy.

    ¡Gracias, Antonio!

    • No estoy muy convencida de que el Renacimiento en Ocidente tenga que ver con la herencia del Imperio Bizantino, al menos no total ni exclusivamente. Es cierto que los estilos románico y gótico en Italia fueron muy particulares, pero las trazas clasicistas que los caracterizan se deben a la particular idiosincrasia italiana de su convencimiento de ser superiores artística y moralmente a los “bárbaros” del continente europeo, aunque es cierto que ésta es una concepción básicamente decimonónica y tengo dudas de que pueda ser anterior. Digamos que la herencia romana nunca llegó a perderse del todo y el Renacimiento italiano tiene más de local – los autores antiguos siempre se habían estudiado y conservado en las bibliotecas monásticas, por no olvidar a las grandes universidades medievales y a los humanistas; así como el descubrimiento de nuevas ruinas arqueológicas, sin mencionar las que siempre habían estado a la vista – que de herencia bizantina, sin menospreciar ésta del todo, claro. Pero no olvidemos que el Renacimiento es mucho más amplio y cada zona de Europa lo vivió a su manera: hay trazas en el gótico medieval que ya anuncian el Renacimiento; como se desprende de la calidad material y detallista del gótico flamenco.

      • Alejandro,
        Siempre se ha dicho que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Yo diría aun más y es que ese hombre, posiblemente, no hubiera sido nada sin esa mujer, pero bueno, quizás haya quienes no estén de acuerdo conmigo.

        Cada herejía de las que haces mención fue combatida por un Concilio Ecuménico y detrás de los Concilios siempre hubo algún emperador o emperatriz convocantes. En Oriente, son venerados como santos estos emperadores y la familia que los rodeaba, especialmente, su madre y su esposa. De una de ellas, ya escribimos en el pasado mes de noviembre: Santa Ipomoni.

        Y al igual que ocurre con los emperadores, ocurre con los papas de Roma y los patriarcas de Constantinopla, que casi siempre, han ido agarraditos de la mano. Y que conste que yo no dudo de la santidad personal de cada uno de ellos, pero que el poder religioso y el poder político iban a menudo “a la limón”, eso lo sabes tu mejor que yo.
        Supongo que quienes lean esto sabrán que nos estamos refiriendo al Primer Milenio, porque después del 1054, vino la ruptura total.

        • Estoy de acuerdo contigo, Antonio. Y la capacidad de las mujeres de la familia imperial para gobernar junto o paralelamente a su consorte está más que demostrado y por el rencor y envidia de los biógrafos oficiales que no se tentaron en tildarlas de hechiceras, herejes o prostitutas. Aunque Pulqueria no llegó a sacarle los ojos a su esposo como sí hizo Irene con su hijo para mantenerse en el poder -y vieras que si a pesar de esto es santa… al buen entendedor-

          La ruptura ya estuvo desde hacía tiempo, primero de modo temporal con Focio, Ignacio, Nicolás I y Miguel El borracho; por aspectos más que nada políticos, en segundo lugar culturales y finalmente los religiosos. Lo sucedido en 1054 fue la gota que derramó el vaso y teóricamente es inválido por parte de la iglesia romana el proceder de los legados, pues al morir el papa perdieron todo poder y cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde.

      • Puede decirse que efectivamente el Renacimiento italiano fue primero y por la cercanía de estos temporal y culturalmente a la herencia romana y “bárbara” y al deseo de estilo propio que tanto caracterizó a los pintores previos a este que es uno de los primeros fenómenos globales, según lo califican los historiadores neoliberales. Pero con la caída del imperio bizantino y el exilio forzado de sus eruditos laicos y religiosos llegó a Europa un conocimiento en sus fuentes originales, lo que se sabe que en Occidente se mantuvo de copias de copias en latín, y para los humanistas fue motivo de celebración tener un manuscrito en griego de las obras de Aristóteles, Galeno y Avicena. Y no lo niego, el Renacimiento fue paulatino según la zona geográfica. No exclusivo, y sí un detonante 🙂

  4. Antonio hace ya tiempo que esperaba la publicacion de este articulo dedicado a Santa Pulqueria,por la que siempre habia mostrado mucha curiosidad a pesar de de conocer de ella mas que datos basicos.
    Fascinante la vida que llevo,bien podrian hacer una mini-serie de tv o una pelicula,porque le ocurrido de todo.
    Una desgracia que el tratado que el Patriarca Ático de Constantinopla “De Fide et Virginitate” haya desaparecido y no se conserve nada (al menos que sepamos).

    • Pues fíjate, que de esta santa yo oí hablar siendo un chiquillo en el colegio. Recuerdo que había dos mujeres – que eran las que nos preparaban la leche y el queso que nos mandaban los americanos – que eran hermanas y se llamaban Quiteria y Pulqueria. Aquellos nombres a mi se me quedaron por lo raro que eran y ya entonces procuré saber alguna cosilla de cada una de estas santas, que en aquellos tiempos yo creía que también eran hermanas al igual que lo eran las mujeres que nos daban el queso y la leche. ¡Cosas de chiquillos!
      Perdona por contarte esta batallita de abuelo viejo.

  5. Saint Pulcheria and Marcian were celebrated in the Orthodox Church yesterday (sunday, 17th), but anyway the Vesper and Morning service were concentrated on the Feast of St. Theodore Tiron, also celebrated on the 17th. I could say that Pulcheria, as also Theodora at the 7th ec. council and the other Theodora (wife of Justinian) at the 5th are so important in the political game. Anyway, to speak about the caesaropapism is on the one hands nothing new, on the others, something anachronistic. In the age there was no distinction between Church and State, laicity affair and religious one, … this distinction came only in the Illuminism and the period which followed. And the fact that this caesaropapism happened only in the east is just the result of the power concentration in the middle/ages Byzantium during in Rome there was no state to concentrate concretely the power around it. Two models, a byzantine caesaropapism and a roman papo/caesarism – systems which are not bad nor wrong, but the results of the historical conjunctures.
    In any case, coming back to Pulcheria, a saint with defects but still a saint – no one is perfect – a virgin interested about her Augustal status but though a real believer, interested in the walking of two important synods – that means, important in the whole history of the christology.

    • Estoy absolutamente de acuerdo contigo en que tanto Santa Teodora como Santa Pulqueria jugaron un papel importante en las convocatorias de Concilios Ecuménicos, que fueron mujeres que influenciaron en su tiempo, que en realidad tenían poder de decisión y que no eran simples emperatrices consortes. Influyeron y mucho en la historia e incluso, en el dogma de la Iglesia. Ese papel no se los quita nadie independientemente de que se pueda estar más o menos de acuerdo en que esas posiciones conlleven necesariamente la santidad personal.

      Se que no es nada nuevo hablar de las estrechas relaciones que casi siempre ha existido entre el poder religioso y el político, que incluso en aquella época casi no había diferencia entre Iglesia y Estado, que, incluso como tu les llamas, existían un cesaropapismo bizantino y un cesaropapismo romano, pero esas relaciones, quizás inevitables en aquellas épocas, a mi personalmente me chocan, porque de aquellos barros vienen estos lodos.
      La Iglesia jamás se ha apartado de la política, jamás ha renunciado a influir en ella. La Iglesia tiene la obligación de evangelizar, de proclamar la doctrina de Cristo, pero no tiene ningún derecho en imponer esa doctrina a quienes no quieran admitirla. Entonces era inevitable esa relación, el Estado no era laico, pero hoy en día, en una sociedad moderna del siglo XXI, el Estado tiene el deber moral de ser laico, de no agarrarse a ninguna doctrina en concreto y de defender el derecho de toda persona a creer en lo que estime oportuno.

      ¿Cómo hablando de la vida de una santa concreta que ayudó a la Iglesia podemos llegar a hacer estos comentarios también muy concretos en los que nos referimos a esa influencia pero en sentido contrario? Porque inevitablemente esa es una espinita que más de uno llevamos clavada y si no lo expresamos, reventamos. ¡Qué poco nos acordamos de aquellas divinas palabras de “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Ni antes ni ahora somos capaces de cumplir a rajatabla este mandato del Maestro

  6. Pues disculpadme pero yo no acabo de quedar convencido de los rasgos de santidad, para otros evidentes, que se puedan reunir en torno a la figuara de Santa Pulqueria. Que fue una gran gobernante, seguro. Que vivió mil peripecias, cierto. Que salvaguardó su virginidad a todo trapo, plausible. Que luchó contra algunasherejías de su tiempo, es posible. Pero de todo eso a afirmar su santidad para mía hay aún un camino a recorrer y no sé si esta gran gobernante lo hizo.

    • Como he dicho más arriba, sin querer prejuzgar la santidad de Pulqueria, repito que el papel que a ella le tocó jugar en su momento no tiene por qué conllevar necesariamente esa santidad personal.
      Si era santa, lo sería por sus obras, por su trato con los pobres, por su vida de oración, por la práctica de las obras de misericordia, pero no por su influencia en combatir una doctrina que se consideraba herética y que así fue declarada por el Concilio.
      Tuvo que ser tenida por santa, porque si no, no se entienden las palabras de San Cirilo de Alejandría que llega a decir de ella que “era una verdadera esposa de Cristo”, ni los padres conciliares le hubieran dirigido los elogios de “guardiana de la fe, pacificadora, pía, creyente y una segunda Elena”.

  7. Vaya, cuando leí el nombre solté una pequeña carcajada. Y bueno, “pulquería” es en México un tipo de cantina donde se venden “pulques”, una bebida fermentada ancestral (hay un debate al respecto pero se dice que es una invención precolombina), que esta hecha con aguamiel de maguey fermentado, que desplazada por la cerveza, tiene cada vez menos “devotos”, pero aún los tiene. Claro, luego noté que la santa del día de hoy se escribe “Pulqueria” y no “pulquería”, un acento hace la diferencia. Pero bueno, solo traigo esto a cuento por puro ocio. Y con aquello de lo arbitrarios que son los patronazgos, creo que los artesanos del pulque bien podrían apropiarse a Santa Pulqueria para que guarde de la extinción a las viejas y cada vez menos numerosas pulquerías.

    • Espero que no lo hagan, porque estarían apelando a una falsa etimología, como hacen los que reivindican a Santa Tecla como patrona de Internet (!!!!!). Y es que Pulqueria significa bellísima en latín, no “cantina donde se sirve el pulque”, jajaja.

  8. Santa Pulquería ni cuando nos dieron historia de los Concilios oí hablar de ella 🙁 a para historiador que tuve jejejeje ¿O quizá no presté atención?

    Se ha comentado mucho acerca de esta Santa y yo que creí que Santa Catalina de Siena jugó un papel muy importante en su tiempo, sin saber que otra mujer mucho tiempo antes ya había marcado con su huella la misma historia de la Iglesia. Debió de ser muy inteligente, astuta para saber moverse ante diferentes problemáticas que tuvo.

    ¿Quién heredó el trono tas su muerte Antonio? Puesto que no tuvo hijos.

    • Hay muchas otras mujeres que influenciaron en la historia de la Iglesia y no necesariamente Santas. Ahí tienes a las amantes, hijas y hermanas de los Papas. Las emperatrices y reinas europeas también. Ellas influyeron políticamente en su tiempo también, aunque se las haya demonizado o tachado de prostitutas.

  9. Antonio un articulo muy detallado, yo conocia ya de antes a esta santa y siempre su nombre ma parecio curioso porque eso que ya mencionaron que aqui pulqueria es una cantina donde venden pulque jeje, sin duda fue una mujer determinante en muchos acontecimientos históricos y de una importancia enorme no por nada la comparan con Santa Elena, es curioso como en una época en que se hacia de menos a la mujer, alguien como Santa Pulqueria demostró que podian gobernar tan bien como un hombre.

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