Siervo de Dios Francisco Orozco y Jiménez, arzobispo de Guadalajara

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Ob. Fco Orozco y Jiménez (Recopilación de fotos Diac. Francesco Lay).

Ob. Fco Orozco y Jiménez (Recopilación de fotos Diac. Francesco Lay).

Francisco Orozco y Jiménez, es para la historia de la Iglesia de México, uno de los obispos más importantes del S. XX. Su figura es la del Buen Pastor, que tiene la responsabilidad de cuidar al rebaño, impidiendo el ataque del lobo y procurando que la doctrina se transmitiera en forma íntegra, predicando la palabra a tiempo y destiempo, a pesar de las adversidades e incomprensiones que resulten del esfuerzo.
La vida de este pastor transcurre durante el periodo más difícil de la Iglesia mexicana: el de la persecución religiosa, y por ser un hombre fiel a sus principios y firme defensor de la Iglesia, igual que San Atanasio de Alejandría, fue desterrado cinco veces del País. No padeció el martirio, pero su sufrimiento fue grande, pues siendo muy apegado a sus fieles, grande fue su dolor al verse lejos de ellos y de su Diócesis.

Infancia y estudios
Nació en la levítica ciudad de Zamora, Michoacán, el 19 de noviembre de 1864, hijo de José María Orozco y Cepeda y de Mariana Jiménez y Quiroz, a quien perdería cuando sólo tenía nueve años. Inició sus estudios en su ciudad natal en 1870, continuándolos en Jacona, Michoacán, en 1874. Luego parte hacia Roma, donde estudió en el Colegio Pío Latino, desde el 15 de agosto de 1876, continuando en la Universidad Gregoriana hasta 1886. Allí obtuvo los grados de Filosofía. Continuó los estudios sacerdotales en la Ciudad Eterna, recibiendo el presbiterado en la gran Urbe por ministerio del Cardenal Parrochi, Vicario del Papa León XIII, durante las Témporas de Invierno en 1887. Francisco Orozco y Jiménez tiene la formación de clérigo romano de hecho y derecho; durante los veintitrés años que estuvo al frente de la Iglesia de Guadalajara, lo mejor de su clero se formó en Roma.

Luego de su ordenación sacerdotal, volvió a su patria, siendo designado capellán de la Hacienda de la Noria y del templo de San Francisco, en Zamora, Michoacán, Vicerrector de la Escuela de Artes de allí mismo, luego, en la Ciudad de México, profesor y Director del Colegio Clerical de San Joaquín y Vicerrector del Seminario Conciliar de México. Fue Notario del V Concilio Provincial Mexicano y del primer Plenario Latinoamericano, celebrados en México y Roma, respectivamente.

Ob. Fco Orozco y Jiménez (Recopilación de fotos Diac. Francesco Lay). Fotografía de sus primeros días como obispo.

Ob. Fco Orozco y Jiménez (Recopilación de fotos Diac. Francesco Lay). Fotografía de sus primeros días como obispo.

Obispo de Chiapas
Fue designado Obispo de Chiapas por el Papa León XIII (con sede entonces en san Cristóbal de las Casas) el 30 de mayo de 1902, siendo consagrado por el Arzobispo de México, Don Próspero María Alarcón y Sánchez de la Barquera, el 15 de agosto de 1903, tomando posesión de su diócesis el 3 de diciembre del mismo año.

En esta sede, una de las más difíciles del país, desarrolló un fecundo episcopado. Trabajó por la unión de sus fieles, que por razones geográficas y étnicas, enfrentaban crisis sociales. Restauró la Catedral, dañada por los temblores de ese año y consagró su Diócesis al Sagrado Corazón de Jesús. Convocó y celebró el Primer Sínodo Diocesano y para mejor atención, hizo intercambio de parroquias entre Chiapas y el país de Guatemala, con la autorización de la Santa Sede. Entre sus obras materiales se recuerda la reedificación del Seminario Conciliar, al que dotó de un cuerpo de docentes bien preparados. Fundó dos Colegios para niños y niñas respectivamente, creó un orfanatorio, hizo venir a su obispado a varias congregaciones religiosas para que colaboraran en la re evangelización de la zona. En la plaza principal de San Cristóbal, hizo construir un monumento a Fray Bartolomé de las Casas, que también fue Obispo de Chiapas y gran defensor de los derechos de los indígenas.

Trabajó para dotar de electricidad a la ciudad. Fomentó un sistema de transporte de tracción animal de Arriaga a Comitán. Se prodigó tanto sobre los indígenas, especialmente por la etnia chamula, que sus enemigos con desprecio lo apodaron “el Obispo Chamula”, acusándolo de sublevar a los indígenas de la región. La realidad era que puso empeño para desterrar de entre ellos la embriaguez y otros vicios, promoviendo su desarrollo social. En 1907 estando de visita en Roma, se dio a la tarea de revisar en los archivos vaticanos todo lo relativo a Chiapas y de lo que encontró, hizo dos tomos de documentos inéditos con abundante e valiosa información sobre la región.

Fotografía oficial del Siervo de Dios como obispo de Chiapas.

Fotografía oficial del Siervo de Dios como obispo de Chiapas.

Interesado por la arqueología, logró reunir muchas piezas prehispánicas y virreinales que trasladó a Guadalajara y que, lamentablemente, se perdieron cuando las tropas carrancistas se posesionaron del palacio episcopal. Apasionado por los libros, integró una rica biblioteca con obras raras, tanto modernas como antiguas, donde había documentos del Archivo de Indias.

En octubre de 1912 sucedió un conflicto en la entidad, pues se cambió la capital del estado de San Cristóbal de las Casas a Tuxtla Gutiérrez, la postura antes encontrada del obispo ante el gobernador Flavio Guillén se había suavizado y este lo invitó a que lo casara en la nueva capital. En este lugar los habitantes eran de pensamiento más liberal y cuando supieron que el obispo iría a la ciudad, se opusieron a su visita. Ante la posibilidad de un conflicto, se cambió la ceremonia a Chiapa de Corzo, después de la cual, el obispo tuvo que radicar en Michoacán, desde donde puso en entredicho [1] a la ciudad durante un año, lo que causó su impopularidad. Desde 1911 hubo levantamientos para que se volvieran los poderes públicos a la antigua capital y se acusaba al Obispo Orozco de ser instigador del alzamiento, por esta dificultad y para evitar que se acrecentara y con el respaldo del Arzobispo de México, José Mora y del Rio, el Prelado tuvo que dejar su silla episcopal y el Papa San Pío X lo trasladó a la Arquidiócesis Tapatía el 23 de noviembre de1912, pues la sede había quedado vacante con la muerte del Arzobispo José de Jesús Ortiz.

Arzobispo de Guadalajara
El 9 de febrero de 1913 tomó posesión de su sede, con un recibimiento apoteótico. Si bien el pueblo lo recibió con alegría, el clero desconfiaba de él, pues teniendo 48 años, lo consideraba muy joven para el puesto; además con la fama de inquieto y levantisco y con el estigma de haber salido de Chiapas con el status de non grato, se tenía la idea de que era un prelado arrogante. Cuando tomó posesión de la Catedral, sucedió que salió desde el Palacio Episcopal, ubicado en la contra esquina de este templo, se dirigió en procesión con ciriales y turiferario, pertiguero, con ropaje conforme al protocolo y al llegar estuvo esperando varios minutos a que el Cabildo Eclesiástico saliera a darle la bienvenida según el protocolo, lo cual no sucedía. Esperó un tiempo prudente y al darse cuenta de que los canónigos querían darse importancia, se dio la media vuelta y regresó a su casa.

Escudo episcopal del Ob. Fco Orozco y Jiménez (Recopilación de fotos Diac. Francesco Lay).

Escudo episcopal del Ob. Fco Orozco y Jiménez (Recopilación de fotos Diac. Francesco Lay).

Allí redactó una carta para el Delegado Apostólico, donde refería el suceso y comisionó a dos jóvenes sacerdotes para llevarla a México y luego volvieran con la respuesta. Uno de estos mensajeros era sobrino de un canónigo. A su regreso, en tono confidencial les hizo saber que el Delegado le autorizaba a disolver el Cabildo y les pidió guardar el secreto. Más tardó en decírselo en que el sobrino fuera a llevar la noticia a su pariente. En esos días, el Cabildo de Canónigos tenía mucho poder económico y eclesiástico. Con este proceder, el Arzobispo tuvo la “espada de Damocles” sobre los canónigos, quienes se portaron dóciles y sin representar nunca ningún problema. El Arzobispo fue discreto de sus intenciones y su facultad al respecto y pudo comenzar a trabajar en paz con su clero. Nunca hizo efectiva su atribución. Luego, con circulares y fotos alusivas, hizo saber a sus diocesanos, que pese a su juventud, había trabajado eficazmente en Chiapas y que su juventud y fortaleza las ponía al servicio de esa su nueva Sede, una de las más importantes después de la México, con la de Puebla y Morelia. Poco a poco el Pastor se ganó el afecto de sus fieles.

En el inicio de su ministerio en Guadalajara, tuvo que enfrentarse con dos problemas, el primero, con el clero dividido, pues una parte era simpatizante del Canónigo Manuel Azpeitia y Palomar, candidato a la mitra tapatía, cuyos simpatizantes irían con el Delegado Apostólico a llevar quejas y versiones injuriosas y con el respaldo del Arzobispo de México, José Mora y del Rio, se buscó que la Santa Sede lo removiera de la seda, proyecto que afortunadamente no logró realizarse.

El otro fue su enfrentamiento a muerte con el Gobierno. En Jalisco los gobernadores Manuel Macario Diéguez, José Guadalupe Zuno Hernández, Silvano Barba González y Everardo topete Arriaga, buscarían a todo lugar su ruina, atentando contra un pastor que se opuso a negociar en circunstancias de inequidad jurídica para la libertad religiosa.

Lienzo-retrato del Siervo de Dios ya como Arzobispo de Guadalajara.

Lienzo-retrato del Siervo de Dios ya como Arzobispo de Guadalajara.

Por esas fechas la ciudad y la diócesis entera, junto con el país, pasaban por muchos problemas sociales, políticos y económicos. La Revolución de 1910, iniciada por Francisco I. Madero buscaba soluciones, pero su plan de trabajo no fue suficiente, por lo que fue derrocado y hecho asesinar por el General Victoriano Huerta, quien se hizo nombrar Presidente de México en febrero de 1913. Muchos se pusieron en su contra y con el Gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza a la cabeza, se pusieron en su contra para también derrocarlo. Desde 1914 éste fue jefe del Ejecutivo, convocando al Congreso Constituyente del que emanó la Constitución Política de 1917, promulgada el 5 de febrero. De 1917 a 1921 fue Presidente de México. Este documento, con el mismo espíritu liberal de la Constitución de 1857, tenía un carácter laico y antirreligioso. En la aplicación de sus leyes está el origen de la persecución religiosa que ocurrió de 1926 a 1929 y en al cual el Arzobispo Orozco estuvo en el ojo del huracán.

El 11 de enero 1914 encabezó una manifestación por los atropellos contra el clero; esto, con autorización del gobernador del Estado, José López Portillo (abuelo del Presidente de México que llevó su mismo nombre y que gobernó de 1976 a 1982), quien llegó a la gubernatura por medio del partido católico. (Este permiso tuvo la oposición de los liberales). El contingente estaba formado por el Seminario, escuelas católicas, el Cabildo Catedralicio, clero y fieles. Inició le marchan el templo de San Francisco con destino al santuario de Nuestra Señora de Guadalupe por la avenida Alcalde/16 de Septiembre. Volvieron por la calle Pedro Loza/Colón. Un testigo refiere que al lado derecho del Arzobispo iba San David Galván. El evento, cargado de motivos religiosos, dio el panorama de un pastor unido a su pueblo, pero contrario al gobierno civil.

En mayo de ese año se reunió con los demás obispos en la ciudad de México para intercambiar pareceres sobre la situación de la Iglesia. Los revolucionarios carrancistas tomaron Zacatecas en junio, estando por entrar a Jalisco. Entonces Orozco dio, desde la capital, indicaciones al Rector del Seminario para que resguardaran los bienes mueble e inmuebles, la biblioteca, los gabinetes de física y química, los instrumentos del observatorio astronómico de esa Institución. El Rector, Don José Mercedes Esparza, con imprudencia y creyendo ingenuamente que el arzobispo se preocupaba de más y que los revolucionarios no se atreverían a tanto, desobedeció las indicaciones y cuando la ciudad fue tomada el 8 de julio, se perdió todo.

Ob. Fco Orozco y Jiménez (Recopilación de fotos Diac. Francesco Lay). Fotografiado junto al Beato Anacleto.

Ob. Fco Orozco y Jiménez (Recopilación de fotos Diac. Francesco Lay). Fotografiado junto al Beato Anacleto.

Cinco veces desterrado
Con la gubernatura del general Manuel M. Diéguez, gobernador del Estado de Jalisco, se acrecentaron las desavenencias ente el Estado y la Iglesia Fueron apresados 82 eclesiásticos y se pidió un préstamo forzoso de 100 000.00 dólares para liberarlos y la Catedral fue despojada y profanada. El 16 de julio de 1914 con los obispos que quedaban en México, suscribió una carta pastoral colectiva, lo que le valió ser desterrado, primero a los Estados Unidos y luego a Roma. Allí recibió encomiendas del Papa para tratar asuntos delicados con los obispos norteamericanos. Durante su exilio de dos años, el gobierno de Diéguez expidió leyes que afectaron los intereses de la Iglesia: la clausura de las escuelas católicas. Por medio de círculos de estudios, emergió la Acción Católica Juvenil Mexicana siendo el Beato Anacleto González Flores uno de los miembros más destacados.

El Arzobispo volvió a su tierra el 20 de noviembre de1916. Por donde ingresó a su Diócesis, había una epidemia de tifus, por lo que se dedicó a auxiliar a los enfermos y moribundos y sin peligro ofició funciones religiosas, visitando confiadamente en su santuario a Nuestra Señora de San Juan de los Lagos. Al conocer el gobernador Diéguez, las noticias del regreso del Arzobispo, en febrero de 1917, lo acusó “por delito de alta traición a la patria”. Entonces, Orozco y Jiménez permaneció oculto, esperanzado que con en la entrada en vigor de la Constitución de 1917 se podría establecer un proceso para defenderse. A pesar de la persecución por parte del Gobierno de Jalisco, se puso en contacto con Venustiano Carranza, solicitando justicia para el clero jalisciense.

Acusado Francisco Orozco de sedición, Carranza no contestó su solicitud. El Arzobispo de Guadalajara fue nuevamente capturado en Lagos de Moreno en febrero de 1918 y desterrado por segunda vez, marchó nuevamente a Estados Unidos. El 3 de julio de 1918 el Gobernador sustituto de Jalisco, Manuel Bouquet, prohibió a sacerdotes extranjeros ejercer su ministerio, redujo la cantidad de sacerdotes a una tercera parte, al establecer un registro oficial de los sacerdotes mexicanos, permitiendo un solo sacerdote por templo para cada cinco mil feligreses.

Vista de la fachada de la catedral de Guadalajara (México), sede del Siervo de Dios Francisco Orozco.

Vista de la fachada de la catedral de Guadalajara (México), sede del Siervo de Dios Francisco Orozco.

Las manifestaciones de la sociedad católica jalisciense iniciaron el 22 de julio de 1918 siendo Anacleto González el líder de las protestas. Se exigió la libertad religiosa. Diéguez, que había asumido nuevamente el cargo de gobernador, sofocó las manifestaciones con la fuerza pública. Por su parte, el clero suspendió los cultos y los feligreses boicotearon la prensa, los transportes y el comercio. El Arzobispo regresó a Guadalajara el 14 de octubre de 1919, recibiendo la bienvenida de sus fieles en la Catedral, a plena luz del día, con un sabor de “Domingo de Ramos”. Se encontró luego con que el Palacio Episcopal había sido confiscado (luego fue demolido y en su lugar se construyó el Palacio del Ayuntamiento) y tuvo que vivir hospedado en una casa de la calle Alcalde.

Durante este período, Orozco y Jiménez establecieron una junta diocesana de Acción Católico-Social y reanudó la Asociación de Damas Católicas; de esta forma influyó nuevamente en la sociedad jalisciense. El 1 de marzo de 1923 José Guadalupe Zuno asumió el gobierno de Jalisco y las relaciones con la Iglesia nuevamente fueron intensas. La sociedad católica llamó a las armas a través del semanario El Cruzado. Zuno responsabilizó de cualquier movimiento religioso armado a Francisco Orozco y Jiménez.

Bajo la Presidencia del General Álvaro Obregón fue nuevamente desterrado el 24 de mayo de 1924 durante un año. El General Obregón le temía al Arzobispo tapatio y para amedrentarlo, orquestó un atentado en su casa con una bomba de dinamita. La explosión no causó daños pero el aviso era elocuente. El 1 de diciembre de 1924 tomó posesión como Presidente de México el General Plutarco Elías Calles. La hostilidad de su gobierno contra el clero y los católicos arreciaba en vez de disminuir. Hacia 1925, con la aplicación de la “Ley Calles” estalló la rebelión armada conocida como la “Guerra Cristera”. Un blanco inmediato de las hostilidades era Don Francisco Orozco, quien tuvo que ejercer su ministerio escondido, dirigiendo a su Diócesis desde los lugares más insólitos e inhóspitos, como en la barranca. Disfrazado de ranchero, dejándose crecer la barba, con cambios constantes de domicilio, pasando pobrezas, hambre y privaciones.

Por esos días contrajo una grave enfermedad que le hizo volver a Guadalajara cuando la persecución era de lo más encarnizada en esta ciudad. En 1929 entre los obispos mexicanos y el Presidente de la República, Emilio Porte Gil, se hicieron los arreglos para restablecer el orden y el culto público. Por parte de los prelados mexicanos estuvieron Leopoldo Ruiz y Flores, arzobispo de Morelia, y Pascual Díaz Barreto, obispo de Tabasco. Orozco no fue interlocutor por estar oculto y eso le hizo perder influencia entre los obispos. El Gobierno pidió entonces la presencia del arzobispo de Guadalajara y amenazó con hacerlo presentar a la fuerza si no lo hacía voluntariamente. Orozco se confió en la reanudación de cultos y el arreglo del conflicto armado y salió a la luz solamente para ser desterrado por cuarta vez. Esto porque entre las condiciones pactadas para firmar la paz, el gobierno determinó su expulsión del país. Su reacción fue de enojo y exclamó: “¿Para eso me llamaron? yo hubiera podido seguir en mi escondite. El destierro es peor que la muerte”. Se refugió en Chicago. El periodo duró once meses, de junio de 1929 a mayo de 1930.

Fotografía del Siervo de Dios en su tiempo de exilio -con la barba crecida- mostrando su devoción a la Virgen.

Fotografía del Siervo de Dios en su tiempo de exilio -con la barba crecida- mostrando su devoción a la Virgen.

Volvió a Guadalajara para poder consagrar obispo auxiliar a Don José Garibi Rivera, quien sería luego su coadjutor y después el primer Cardenal mexicano. En 1932, sufrió a plena luz del día su quinto destierro, detenido como criminal en plena calle, en Lagos de Moreno. Expulsado, se dirigió nuevamente a Estados nidos y luego a Roma, donde el destierro era más llevadero. Cuando estuvo en California, tuvo el proyecto de construir un templo en la Colina de Nagasaki, en Japón, lugar del martirio de San Felipe de Jesús, primer y hasta entonces único santo mexicano.

El 12 de diciembre de ese mismo año, tuvo en Roma una de los pocos momentos de gloria que la Providencia le otorgó, durante la celebración del 25º aniversario de la extensión del Patronato de Nuestra Señora de Guadalupe sobre Latinoamérica. El Papa Pío XI le permitió celebrar misa en su presencia con todo el esplendor del ritual pontificio. Con el marco único del altar bajo el baldaquino de Bernini, la figura del Prelado Perseguido, destacó como un sol; tanto que el cardenal Dominioni, respondiendo a la observación de otro purpurado, en el sentido de que el arzobispo Díaz parecía un cardenal, le dijo: “es más cardenal que cualquiera de nosotros”.

A sus 66 años, más enfermo, pensando en la muerte y con crisis de nostalgias más frecuentes y deseoso de volver a Guadalajara, pudo volver a su Sede gracias a las gestiones de Monseñor Garibi, quien logró del Presidente Lázaro Cárdenas, la autorización para que volviera y no se le molestara, aduciendo para ello las razones de que estaba anciano y enfermo. Y volvió el 18 de agosto de 1934. De los 23 años de su episcopado en Guadalajara, más de 8 los vivió en el destierro.

La razón de tanto ensañamiento con él, es porque el Gobierno Mexicano lo consideró siempre como el autor intelectual e instigador del movimiento armado. La prensa abonó sospechas al atribuirle falsedades sin cuenta, pero nunca se le pudo comprobar nada. El Subsecretario de Guerra, General Piña, afirmó en algún momento que el Gobierno no tenía datos o pruebas para afirmar su participación en el movimiento alzado. La Cristiada causó afectaciones en la economía nacional y por eso se buscaba a toda costa un culpable. Publicaciones extranjeras se ocuparon de exonerarlo, pero sin embargo el gobierno se sentía débil ante el arzobispo, porque con la sola presencia del pastor en su Diócesis, se producían movimientos alzados contra el ejército federal. (No era un activista, pero era un símbolo de la defensa de su fe que daba aliento a las causa justas. Los cristeros se sentían respaldados por su presencia, la cual, de alguna manera garantizaba la seguridad de sus intenciones, sin embargo, Orozco se mantuvo al margen de la lucha armada).

Foto del Ob. Fco Orozco y Jiménez en sus últimos días. (Recopilación de fotos Diac. Francesco Lay).

Foto del Ob. Fco Orozco y Jiménez en sus últimos días. (Recopilación de fotos Diac. Francesco Lay).

Ante el movimiento Cristero, la postura de los obispos mexicanos se dividió en tres: los que estaban en contra, la mayoría; los que lo apoyaron, unos pocos; los que decidieron ser pastores para atender la necesidades de los fieles, permaneciendo a su lado, entre ellos Francisco Orozco y Jiménez. Su plan de trabajo fue concentrar a los sacerdotes en la ciudad o grandes poblaciones, sin prohibir que quien quisiera, ejerciera su sacerdocio con discreción. Por este motivo la Iglesia de Guadalajara dio un timbre de gloria al martirologio, pues muchos de estos sacerdotes y también laicos, dieron su vida por Cristo Rey y Santa María de Guadalupe, siendo reconocidos hoy, como santos y beatos. Orozco, siendo pastor y padre, sufrió la muerte de estos testigos de Cristo.

Se relata que a los pocos meses del martirio de San Atilano Cruz, al encontrar en su escritorio una foto de él, exclamó entre lágrimas: “¡Me mataron un ángel!”.
Consagró como sacerdotes a los siguientes santos: Agustín Caloca, Atilano Cruz, José María Robles, Toribio Romo, Tranquilino Ubiarco. Tuvo también una cercana colaboración con san Cristóbal Magallanes. Es seguro que tuvo también trato con Santa María de Jesús Sacramentado Venegas y con las Beatas Vicenta de Santa Dorotea Chávez y María Guadalupe García Zavala.

Hombre de carácter y con cualidades de dirigente, supo dotar a sus parroquias de los sacerdotes idóneos tanto en tiempo de paz como en tiempos de guerra. Las visitas pastorales eran hechas puntualmente y en los libros parroquiales dejaba las observaciones necesarias, unas veces corrigiendo, otras, dando las gracias o felicitando. En los momentos de dificultad, supo hacer un buen equipo con sacerdotes íntegros y leales con los cuales pudo gobernar a distancia su Diócesis.

Es importante resaltar su visión de permitir la participación de los laicos en la vida pastoral de la Iglesia; con ello, se adelantó al Concilio Vaticano II, promoviendo la Acción Católica, la Adoración Nocturna, las Asociaciones Marianas y logrando que los seglares tomaran conciencia de su compromiso bautismal. Fruto de esto es el grupo de mártires beatificados, encabezado por Anacleto González Flores.

Vista del sepulcro del Siervo de Dios, con su busto-retrato en la parte superior.

Vista del sepulcro del Siervo de Dios, con su busto-retrato en la parte superior.

Devoción Mariana
Tuvo un gran amor a la Madre de Dios. Experimentó una gran alegría cuando coronó, con autoridad pontificia, a la Imagen de Nuestra Señora de Zapopan en su Catedral el 18 de enero de 1921. Siendo un gran acontecimiento para la Diócesis. Dos sucesos muestran su carácter: luego de la ceremonia, al volver con la Imagen de la Virgen a su santuario, en medio de una gran muchedumbre que hacia la peregrinación, un individuo de entre la multitud se acercó a la carroza y le increpó: “¿Con autorización de quien hace esto?” y como se dice aquí en México, con las pantalones bien fajados, le respondió: “¡Con la mía!”, retirándose con vergüenza el sujeto. Luego, en el trayecto, viendo tantas muestra de cariño a la Señora, y sin duda también a él, iba llorando como un niño y dirigiéndose a la Imagen de Nuestra Madre, le decía: “¡Madre mía, mi Diócesis, Madre mía, mi Diócesis!” Con sus esfuerzos obtuvo que se erigiera canónicamente en Colegiata el santuario de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos. Y promovió la devoción a nuestra Señora de la Esperanza de Jacona, Patrona de Zamora, Michoacán.

Muerte
Murió la tarde del 18 de febrero de 1936, hacia las 18.45 horas. De su casa fue trasladado al Sagrario Metropolitano; el gobierno se negaba a que se le dieran honras públicas y nuevamente por mediación de su sucesor, José Garibi, el Secretario de Gobernación, Silvano Barba, autorizó sus funerales públicos. Los fieles acudieron en masa y fue un tumulto dentro y fuera de la Catedral con el arribo de sus restos. Todos querían rendirle tributo. Tanta gente hizo temer a la autoridad municipal, que se buscó una excusa para terminar pronto las exequias. La razón aducida fue que se estaba interrumpiendo el tránsito vehicular fuera de la Catedral. Algo risible en una ciudad con cerca de 200 000 habitantes por entonces y con muy pocos vehículos. Como si la angosta calle frente al recinto fuera la única.

Obviamente cualquier orden oficial en ese momento hubiera provocado la desobediencia pública. Un innumerable cortejo lo acompañó hasta el panteón de Belén o de Santa Paula. Antes de ser depositado en la cripta, autoridades sanitarias exigieron que se les mostrara el cuerpo del arzobispo y que se abriera el féretro. Incluso muerto, el cinco veces proscrito y siempre perseguido Francisco Orozco y Jiménez infundía miedo a sus enemigos. En contraste, en febrero de 1942, de manera discreta y en el marco del cuarto centenario de la fundación de Guadalajara, sus restos fueron exhumados y depositados en la capilla del Santísimo de la Catedral tapatía. Sobre su sepulcro hay una escultura de un león herido, que resguarda insignias episcopales, inspirada en el monumento del León de Lucerna. En 2006, al cumplirse 70 años de su deceso, se colocó en la pared sobre su sepulcro, un busto de mármol, que conmemora este aniversario. En ese mismo año se abrió la causa para su canonización.

Detalle de la lápida y la escultura del león herido en la tumba del Siervo de Dios.

Detalle de la lápida y la escultura del león herido en la tumba del Siervo de Dios.

A continuación se transcribe su Carta Pastoral 17, fechada el 15 de agosto de 1927, en la que se refleja los eventos de su pontificado: “No pasaremos en silencio los ejemplos domésticos; a cinco Mártires Mexicanos veneramos en los altares: San Felipe de Jesús, y los Beatos Bartolomé Laurel, Pedro de Zúñiga, Luis Flores y Bartolomé Gutiérrez; ese honor aún no alcanzan otros muchos que con sus sudores y su sangre regaron este suelo querido, como son los Mártires de Cajonos de Oaxaca, los de Etzatlán en Jalisco y los Jesuitas en Tepehuanes y Franciscanos, Dominicos y Agustinos, cuyo recuerdo ahora es justo revivir. No es, pues, una medida para los tiempos primordiales y otra para los de decaimiento; ni la Fe ni la Religión Cristiana, ni la Iglesia Católica van cambiando con los tiempos: no hay más que una Fe, un sólo Bautismo y un sólo Señor: Una fides, unum Baptisma, unus Dominus, según lo dejó asentado el Apóstol. A Dios Nuestro Señor sea dadas gracias por el buen ejemplo que de refresco hemos recibido últimamente por el valor heroico con que han sufrido el Martirio, no ya uno o dos entre el Venerable Clero y los fieles, sino una ya verdadera pléyade de ínclitos confesores de Cristo. Ufana debe estar la Iglesia de México al contar ya en sus purísimas glorias a tantos Confesores de Cristo; muchos nombres en el momento se conservan con toda veneración en las Diócesis respectivas y sólo vagamente los va rumiando el sentimiento cristiano en las distantes. Pero seáme lícito consignar aquí algunos que la voz pública ya preconiza. Aparece en primer término el buen P. David Galván, de Guadalajara, de unos diez años atrás, lo mismo que algunos Sacerdotes de Zacatecas; y de estos últimos meses el señor Cura Batis, de Durango, dos jóvenes sacrificados en Zamora, uno guanajuatense y el otro mexicano (del Estado de México), a quienes agregamos una docena cuando menos, de varios jóvenes de la benemérita Asociación Católica de la Juventud Mexicana en varios lugares. Las circunstancias actuales no me proporcionan desgraciadamente en este momento datos suficientes para ampliar más estas noticias. Pero sí, a pesar de la amargura sentida en los primeros momentos, levanto hoy mi voz, que quisiera resonara por todas partes pregonando la grande gloria y la incomparable aureola con que mi amada Esposa, la Iglesia de Guadalajara, ciñe su frente, con los nombres imperecederos de siete denodados sacerdotes y siete seglares, dejando a un lado los no menos gloriosos nombres de tantos que en el campo de batalla han sucumbido heroicamente por su religión. Los siete sacerdotes son: el Padre Jenaro Sánchez, colgado y apuñalado; el Sr. Cura de Nochistlán, Don Román Adame, ajusticiado cruel y villanamente en Yahualica, después de haber exigido y recibido de uno y otro vecindario por su rescate más de seis mil pesos; el P. Don Sabás Reyes, héroe del cumplimiento de su ministerio sacerdotal y con nota de crueldad neroniana sacrificado en Tototlán; el Sr. Cura de Tecolotlán, Don José. María Robles, cruelmente sacrificado en una montaña pero glorificado por el portento de haberse encontrado por los mismos soldados en su lecho un lirio en forma de cruz, según noticias fidedignas; el respetabilísimo y benemérito señor cura de Totatiche, Don Cristóbal de Magallanes, acompañado de su novel y ejemplar sacerdote Don Agustín Caloca, fusilados en Colotlán, cierra por ahora y esta serie el humilde y abnegado sacerdote Don José Isabel Flores, que por más de treinta años regenteó la Vicaría de Minatitlán, en donde fue ahorcado después de haber sufrido siniestras amenazas y tormentos con toda heroicidad. Los nombres de Anacleto González Flores, Luis Padilla, Jorge y Ramón Vargas, hermanos Y Ezequiel y Salvador Huerta, también hermanos, son bien conocidos con todos los detalles de su heroico fin. Pero al hablar de esta manera, no por eso quiero adelantarme al juicio elevado y respetabilísimo de la Santa Sede, a quién corresponde dictaminar, discernir y aquilatar los méritos de las víctimas enumeradas. Dejándolo, pues, a salvo, me concreto a reproducir y consignar aquí para edificación y estímulo vuestro, el concepto favorable y respetuoso en que ya tienen su memoria la pública estimación de los fieles”.

Humberto

Bibliografía
– Marcos Arana Cervantes, Después de la Tormenta, José Garibi, su testimonio
– Los Autores del Informador, Diario Independiente
– Francisco Belgodere y Guillermo Ma. Havers, Obispos Mexicanos del S. XX.
– P. Rafael Haro Llamas, El Padre Galván, una vida sacerdotal en el marco de su tiempo.
– Inocencia Valdés Salazar, Cardenal José Garibi Rivera, apuntes para su biografía.
Viva Cristo Rey, Conferencia del Episcopado Mexicano
– Guillermo Ma. Havers, Testigos de Cristo en México, V Centenario de la Evangelización de América Latina.
– P. Tomás de Hijar Ornelas, Cronista Diocesano. El “Pecado” de Monseñor Francisco Orozco y Jiménez, Articulo del Semanario Diocesano, Órgano de Formación e información Católica del a Arquidiócesis de Guadalajara.
– Wikipedia: Articulo Francisco Orozco y Jiménez


[1] El entredicho es un castigo eclesiástico que prohíbe la celebración de la misa, le recepción de los sacramentos y los funerales cristianos. La única diferencia con la excomunión es que no hay expulsión de la comunidad.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

12 pensamientos en “Siervo de Dios Francisco Orozco y Jiménez, arzobispo de Guadalajara

  1. Que curioso, cuando lei el titulo y de donde provenia este siervo de Dios, pense que habia sido martirizado, pero lego me di cuenta que que no fue asi. Es algo raro para mi, pero luego me recordo a San Rafael Guizar y Valencia. Gracias por el Articulo.

  2. Había cerca de una treintena de oispos en México en estos tiempos. La mayoría, pasó por las mismas dificultades. Sin embargo, Don Francisco Orozco fue el más atacado. San Rafael Guízar también padeció el destierro y la muerte del Beato Angel Darío Acosta Zurita. En el camino a los altares se le adelantó a nuestro Arzobispo, quien ciertamente no derramó su sangre por Cristo, pero de que sufrió por su causa no hay duda.
    Hay algunas fotos del episcopado reunido para foto oficial, en una de ellas me parece reconocer a San Rafael, pero no estoy seguro, por eso y dado que la calidad de la foto sería problematica, no la puse. Me alegra que te haya gustado el artículo. Debo reconocer que por ahí se me fueron algunos ortográficos. Mil disculpas.

  3. Gracias, Humberto, por este artículo sobre este Siervo de Dios, del cual algo sabía vagamente, pero gracias a tu trabajo he podido comprobar que fue un hombre de acción tanto desde el punto de vista humano como espiritual.
    Espero que su Causa siga su curso en este nuevo pontificado que se inaugurará dentro de un mes, más o menos.

    • Toño, la vida de este Siervo de Dios tiene una riqueza muy grande que ofrecernos a todos, especielmente en este tiempo lleno de conformismos y en el que se busca la ventaja personal. Cuando hice el artículo realmente no imagine que me fuera a salir tan extenso, porque trate de condensar lo más importante. Este Pastor fue el único obispo que no estuvo de acuerdo con la suspensión de cultos y tampoco era de la idea de hacer arreglos con el gobierno para pacificar la guerra cristera, porque no le convencìa que fuera a haber un proceso justo. La historia le darìa la razón. Aquí en Guadalajara, en los ámbitos sacerdotales, se le conoce como Francisco “el Grande”.
      Permìteme terminar esta intervención platicándote un testimonio que me dió el P. Vicente Enríquez Peregrina (+) cuando yo era un adolescente. El me platicó que estuvo presente en la exhumación de su cuerpo cuando se trasladó a la catedral. Muchos esperaban que su cuerpo estuviera incorrupto pero no fue así. Según me lo describiò este sacerdote, sus restos se habían descompuesto y de había transformado en una sustancia gelatinosa. Esto lo refiero porque muchas personas piensan que la incorrupción del cadáver va unida a la santidad de la persona. Lo cual ni es seguro ni tampoco es la regla.

  4. APRECIADO BETO:
    EXTRAORDINARIO ARTÍCULO, GRACIAS POR ESCRIBIRLO, FUE UN VERDADERO PLACER LEERLO. FELICIDADES!!!!!

    • Señora Leticia, el pasado 9 de febrero se ajustó un siglo de que Don Francisco Orozco tomó posesión como Arzobispo de Guadalajara; el dìa 18 de este mismo mes cumplio 76 años de muerto. de manera discreta pero notoria a la vez, la arquidiíócesis ha recordado estos aniversarios. Me da gusto que le haya gustado el artículo. Y sí, si se vale encomendarse a la intercesión de este Siervo de Dios. Pero sobre todo, imitar sus ejemplos de paciencia y constancia ante la adversidad

  5. don Humberto gracias por este interesante artículo sobre don Francisco Orozco ya alog había escuchado sobre él pero muy poco la verdad, ignoraba que había sido Obispo de Chiapas por ejemplo, algo interesante, ojalá y que su causa progrese pronto.

    • André, este personaje no se ha librado de la controversia. Tu sabes las condiciones políticas que se vivieron hasta la década de los ochenta respecto a la religión, la Iglesia y otros puntos relacionados. El sucesor del Señor Orozco, que fue el Cardenal Garibi, tuvo un gran trabajo al tratar de conciliar luego de estos años difíciles a la Iglesia Católica con los nuevos tiempos. Creo que a el le tocó realizar de manera callada la operación cicatriz, y pienso que si no hubo una exaltación de este obispo, es porque trató cuidadosamente de no lastimar heridas que aún no cerraban. Por eso el contraste de su sepelio con su inhumación en la Catedral. Ciertamentamente no tiene mucha fama ni es muy conocido por todos, aún en esta Ciudad. Pero creo, a esta distancia del tiempo, su figura puede ser estudiada con mayor detenimiento y que su obra y legado pueden ser redescubiertos para su mejor aprovechamiento. Si Dios lo quiere, (yo así lo deseo) su glorificación hacia los altares, espero que sea pronto.

  6. Mi nombre es José de Jesús Rodríguez Ponce, actualmente vivo en Saltillo, Coahuila, México.
    Nací en un Rancho llamado los Laureles, localizado entre las barrancas formadas por el Río Verde entre Tepatitlán y Yahualica en Jalisco.
    Y si, fue ahí en ese rancho (estratégicamente ubicado como refugio para ocultarse) donde mi bisabuelo Luciano Ponce Vega (arriero y campesino) llegó con el Ciervo, ambos vestidos de arrieros y con barba crecida, para darle refugio y protección del gobierno que lo perseguía.
    Durante su estancia en el rancho Los Laureles, que debe haber sido uno o dos años; ayudó a construir – con sus propias manos – una pequeña capilla donde celebraba misas (aún se conserva una inscripción hecha por el con sus iniciales) y es ahí donde hasta el día de hoy se celebra a la Virgen de Guadalupe cada 12 de Febrero, esta fecha fue instituida por el para no llamar la atención del gobierno de entonces.
    Claro que estoy orgulloso de lo que hizo mi bisabuelo y me doy cuenta que de haberlo sabido el gobierno, habrían acabado con todos los que vivían ahí (12 familias de 12 miembros cada una en promedio) y yo no existiría.
    Gracias por toda la información que comparten de la historia del Ciervo, ya que estoy convencido que debe ser elevado a los altares.

    • Bueno, no me queda sino agradecerle su testimonio y haber leído este artículo. Yo también deseo sinceramente que sea elevado al honor de los altares
      Dios le bendiga.

  7. Buscando en la web, por algún lado, leí que Don Francisco Orozco y Jimenez fue “cardenal in pectore”, es decir, que murió antes de ser nombrado oficialmente. Sin embargo, no he encontrado por ningún lado algún texto que sustente dicha información. De casualidad, ¿alguien sabe algo al respecto?
    Gracias, de antemano.

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