Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén

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Vista exterior de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, Israel.

El 24 de abril del 2011, Pascua de Resurrección, publicamos un artículo de nuestro compañero Mitrut – “La Resurrección de Nuestro Señor: centro del tiempo y del espacio” – en el que nos explicaba lo que supone esta festividad desde el punto de vista de un ortodoxo. El 8 de abril del pasado año, también Día de Pascua, publicamos un artículo mío – “Cristo ha resucitado; verdaderamente ha resucitado” – en el que daba mi visión como católico. Quienes hayan leído ambos artículos habrán comprobado cómo todos los cristianos tenemos el mismo concepto de esta fiesta que es la Fiesta de todas las fiestas. En este tercer año de nuestro blog, queremos escribir sobre el Santo Sepulcro, la basílica que alberga la Tumba de Cristo y el lugar de su Crucifixión.

Hoy, día de Pascua, es un buen día para que escribamos sobre este santo templo, para mí el más importante de la Cristiandad, pues en él se guarda la tumba de nuestro Señor. En estos tiempos convulsos en Tierra Santa – ¿cuándo no lo han sido? – parece que hay una cierta tranquilidad a la hora de visitar este santuario de la Resurrección, creyendo yo que es la visita-peregrinación más importante que un cristiano puede realizar en su vida; por eso y por el evento que celebramos hoy, hablemos de su historia.

Esta basílica del Santo Sepulcro está situada en la ciudad santa de Jerusalén, santa para las tres religiones monoteístas, pero que al mismo tiempo es la ciudad que, a lo largo de los siglos, ha padecido más conflictos políticos y religiosos de todo el mundo. Para la Biblia, Jerusalén es el centro religioso del pueblo judío, es la ciudad a la que se va para adorar a Dios, es la ciudad que hay que reconstruir después de su destrucción y abandono. En las Sagradas Escrituras se la denomina seiscientas setenta veces como Jerushalaiim, ciento cincuenta veces como Sión, e incluso como la Ciudad de David (2 Sa, 5, 9), la Ciudad del Señor (Isaías, 60, 14) o la Ciudad de nuestro Dios (Salmo 48, 2) y es en esta ciudad santa donde ocurrieron los hechos más transcendentales de nuestra Redención, siendo precisamente estos eventos, los que la hacen santa para los cristianos. A esta ciudad, como tal, le dedicaremos algún día un artículo en concreto.

Panorámica nocturna de la entrada a la Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén (Israel).

Entremos ya en materia hablando de la Basílica del Santo Sepulcro, edificio antiguo, destruido y reconstruido en numerosas ocasiones, donde muchas veces se ofician simultáneamente ceremonias muy diversas y que, teniendo esa visión idílica del mismo antes de visitarlo, parece que nos desilusiona cuando lo vemos por primera vez. Es una basílica donde ofician sus ceremonias los católicos, los ortodoxos bizantinos, los armenios y los coptos, que siendo copropietarios de la misma, al mismo tiempo, de alguna forma no les pertenece ya que está bajo la custodia de los musulmanes. Desde hace siglos, una familia árabe musulmana tiene el privilegio de abrir y cerrar su puerta previo pago de una suma de dinero pactada.

Para los católicos es la “Basílica del Santo Sepulcro”, es la basílica que custodia la roca del Calvario y la tumba de Cristo. Para los ortodoxos es la “Anástasis” o Iglesia de la Resurrección (Ναός της Αναστάσεως) y para los árabes es el “al-Qiama”, tres nombres que reflejan cierta diferencia en la concepción teológica sobre la misma. Está construida sobre el Monte Calvario, lugar donde en el año 30 fue crucificado y murió nuestro Señor (ver el artículo del 16 de marzo del 2011), donde fue sepultado en un sepulcro propiedad de José de Arimatea y donde al tercer día, resucitó. En el año 30, estos dos lugares – Calvario y Tumba – estaban extramuros, fuera de la ciudad amurallada.

Ya en el año 44, la Iglesia de Jerusalén tenía su sede en Sión y en el Gólgota celebraba el recuerdo de la crucifixión, muerte y resurrección de Cristo. El año 70, la ciudad fue sitiada por el ejército romano que estaba dirigido por el futuro emperador Tito, siendo destruido el famoso Templo de Salomón, centro del culto judío. Como acabo de decir, aunque sobre el Calvario y la Tumba no existía construcción alguna, si era lugar de veneración para la primitiva Iglesia de Jerusalén, pero en el año 135, el emperador Adriano profanó la roca del Gólgota y la Tumba de Cristo construyendo sobre ellas algunos templos paganos.

Vista de la Capilla del Gólgota, sobre el monte Calvario mismo. Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, Israel.

Nos lo explica Eusebio de Cesarea (265-340) en su “Vida sobre Constantino”: “En esta cueva sagrada, sucedió entonces que algunas personas impías habían pensado retirarla por completo de la vista de los hombres. Suponían dentro de su locura que así podrían ser capaces de obscurecer la verdad de manera efectiva. Con este fin trajeron una cantidad de desechos desde lejos y con mucho esfuerzo recubrieron totalmente el lugar; luego, habiendo llevado esto a una altura moderada, lo pavimentaron con piedras, escondiendo la cueva sagrada bajo el masivo montón. Después, como si su intento se hubiera llevado exitosamente a cabo, prepararon sobre esta base un verdadero y truculento sepulcro de almas mediante la construcción de un tenebroso altar de ídolos sin vida para el espíritu impuro al cual llaman Venus y ofreciendo allí detestables oblaciones en esos profanos y malditos altares. Porque ellos suponían que su objetivo no podía ser de otra forma totalmente alcanzado, más que enterrando así la cueva sagrada bajo esas nocivas contaminaciones”.

Pero lo que hizo Adriano sirvió para señalar el lugar preciso donde estaban el Gólgota y la Tumba y en el año 326 Santa Elena, después de haber escuchado el informe que previamente le había presentado el obispo Macario de Jerusalén, ordenó remover todos aquellos terrenos con la intención inicial de buscar la Cruz, ya que su hijo Constantino el Grande, la utilizaba como signo de su victoria y buscar el sepulcro. Una vez conseguidos estos objetivos, inició la construcción de la basílica constantiniana. Esto está avalado por las excavaciones arqueológicas realizadas posteriormente. La roca del Gólgota tenía (y tiene) dos grandes hendiduras que algunos creen que fueron producidas por el terremoto ocurrido cuando Jesús murió y del que nos habla el evangelio: “Y al momento, el velo del Templo se rasgó en dos de arriba abajo, la tierra tembló y las rocas se hundieron” (Mateo, 27, 51).

Detalle de la roca del monte Calvario, cuya fractura se atribuye al terremoto que menciona el Evangelio. Capilla del Gólgota, Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén (Israel).

En el año 336, se realizó la solemne dedicación de esta basílica ordenada construir por Santa Elena. El mismo Eusebio de Cesarea en su obra sobre la “Vida de Constantino” alaba la belleza de la obra realizada por Santa Elena y costeada por su hijo, el cual había dado órdenes a los gobernantes de las provincias del Este del Imperio para que prestasen toda su ayuda y facilitasen donaciones que asegurasen que el trabajo “se concretara en una escala de noble y amplia magnificencia”. A partir de su dedicación se convirtió en meta de peregrinaciones tanto de Oriente como de Occidente. San Cirilo, obispo de Jerusalén (315-386) nos dice que la Tumba estaba cubierta de plata y que la gran piedra que la cerró seguía guardada dentro de la basílica. A finales del siglo V, el sagrado edificio se encontraba ya dentro de los muros de la ciudad.

El 20 de mayo del año 614, los persas conquistaron la ciudad de Jerusalén; Cosroes ordenó destruir las iglesias construidas por Constantino, quemó las iglesias del Calvario y la del Sepulcro y destruyó casi toda la ciudad. Todas las iglesias y monasterios cristianos existentes en Palestina fueron arrasados, sus joyas y reliquias fueron robadas y sus monjes y sacerdotes masacrados; hoy los veneramos como santos mártires.

En el año 622 los persas fueron expulsados por el emperador Heraclio quién les obligó a devolver las reliquias robadas entre las cuales se encontraba la Santa Cruz que fue restituida en marzo del año 630. Entre los años 634 al 638, el patriarca Modesto reparó los daños, pero ese mismo año, los musulmanes asediaron y tomaron la ciudad aunque sin originar nuevos desperfectos, pues el Patriarca se presentó ante Omar ibn al-Khattab consiguiendo la protección de Jerusalén y de sus habitantes. Ordenó respetar estos lugares cristianos, permitiendo el culto. El mismo sultán visitó la Iglesia de la Resurrección, pero a la hora de la oración, se salió fuera de ella a orar a fin de que su actitud no pudiera tomarse como pretexto por las futuras generaciones de musulmanes para convertirla en mezquita.

Hueco donde, según la tradición, estuvo hincada la Cruz. Capilla del Gólgota. Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, Israel.

En el año 800 un terremoto destruyó la cúpula del Santo Sepulcro (de la Anástasis), pero el Patriarca Tomás, con la ayuda del emperador Carlomagno reparó los daños en el año 815. En el 841, un aventurero provocó un incendio que dañó a la basílica, daños que fueron reparados, pero un siglo más tarde, en el 935, los musulmanes intentaron erigir una mezquita junto a la basílica y al no conseguirlo, en el 938, durante la procesión de las Palmas prendieron fuego al edificio. En el 965, musulmanes y judíos saquearon el santuario y un año más tarde, fue provocado un nuevo incendio por parte de los musulmanes en represalia por una derrota sufrida en Siria por las tropas de Nicéforos Focas. Es verdad que todos estos ataques no afectaron a los edificios de mampostería, sino solo a la madera por lo que la comunidad cristiana pudo reparar los daños.

En el año 1009, el califa al-Hakim ordenó la destrucción total del edificio; la roca que originariamente cubría la Tumba fue destruida y de esta solo se salvaron las partes más bajas que quedaron protegidas por los escombros. El historiador árabe Yahia ibn Said describe así los acontecimientos: “El hecho santo comenzó un martes, el quinto día antes del fin del mes de Safar del año 400 de la Egira. Solamente las partes de difícil acceso no fueron dañadas”. Durante más de una década se prohibió a los cristianos acercarse o rezar junto a las ruinas. Solo gracias a un tratado de paz firmado por el emperador Argirópulos y el sucesor del sultán egipcio, fue permitida la reconstrucción de los edificios, cosa que realizó el emperador Constantino Monomaco entre los años 1042 al 1048, aprovechando la oportunidad para introducir importantes cambios arquitectónicos.

Al llegar los cruzados en el año 1130, decidieron reestructurar los santuarios, para lo cual construyeron una nueva basílica en forma de cruz conservando dentro de ella los edificios anteriores y se reparó el Santo Sepulcro poniendo una “aedicula” sobre el mismo. Todos esos trabajos finalizaron en el año 1149 y el 15 de julio de dicho año, el obispo Fulquerio consagró la nueva basílica y ordenó grabar en el bronce de la puerta principal la siguiente inscripción: “Este santo lugar ha sido santificado con la sangre de Cristo, por lo tanto nuestra consagración no añade nada a su santidad. Sin embargo, el edificio que cubre este lugar santo ha sido consagrado el 15 de julio por el Patriarca Fulquerios y por otros dignatarios, en el año cuarto de su patriarcado y en el cincuenta aniversario de la captura de la ciudad, la cual en ese momento brillaba como brilla el oro puro. Era el año 1149 del Nacimiento de Cristo.”

Vista de la edícula en el interior de la Basílica, rodeada por fieles con velas con ocasión de la Noche de Pascua. Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén (Israel).

En el año 1188, el ejército de Saladino entró en Jerusalén y la Iglesia del Santo Sepulcro fue cerrada. No se permitían los servicios religiosos y el templo sólo se abría cuando algún peregrino abonaba una importante suma de dinero para poderla visitar. En el año 1244, los karisminos (un grupo árabe) entraron en Jerusalén arrasándola a sangre y fuego, masacrando a numerosos cristianos y dañando gravemente las construcciones existentes en la iglesia de la Resurrección. Las naciones europeas protestaron contra esta masacre y el sultán Ajub se disculpó dos años más tarde ante el Papa Inocencio IV, con la excusa de que él no estaba al tanto de lo que en Jerusalén se había hecho y haciéndole saber que había entregado las llaves de la basílica a dos familias musulmanas a fin de que, previo pago, abrieran las puertas a aquellos peregrinos que se acercaran a venerar la Tumba de Cristo. Actualmente, como dije anteriormente, las llaves las sigue teniendo una familia musulmana.

Por entonces, algunos grupos de cristianos de Oriente se asentaron cerca de la basílica y la reina Santa Tamara de Georgia le hizo un regalo extraordinario al sultán egipcio para que permitiera que los georgianos se vieran exentos de pagar impuestos para poder entrar. Como la basílica no estaba abierta al culto y no era cuidada, se fue deteriorando llegando incluso a caerse parte de la misma.

Algunos reinos europeos, previo pago de importantes sumas de dinero, llegaron a acuerdos con Melek en-Nazer para que sus peregrinos pudieran acceder a la basílica y para que se pudiese establecer una comunidad religiosa de rito latino dentro del templo. Mediante la bula “Gratias agimus”, el Papa Clemente VI dio esta responsabilidad a los Frailes Franciscanos que desde el año 1335 se establecieron en el Monte Sión. Se les permitió vivir dentro de la iglesia y celebrar solemnemente todos los oficios religiosos. Desde entonces, los franciscanos están a cargo de la capilla de la Aparición de Cristo.

Vista de la Piedra de la Unción. Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén (Israel).

De hecho, casi simultáneamente también se les permitió utilizar la basílica a otras comunidades cristianas orientales: bizantinos, armenios y coptos. Cada cual tomó posesión de una parte de la basílica y en el siglo XV ya estaban plenamente establecidos los franciscanos, los ortodoxos griegos, los georgianos, los armenios, los coptos y los etíopes. En todos aquellos años existió una calma relativa entre todas las confesiones cristianas, que convivían juntas y que incluso en alguna ocasión llegaron a celebrar juntos los oficios de la Semana Santa.

En el siglo XVI, los otomanos conquistaron todo el Oriente Medio, convirtiéndose Constantinopla en el centro de poder turco y fue entonces cuando la comunidad griega trató de conseguir el dominio sobre toda la basílica. El Patriarca Theóphanos tomó posesión de la misma así como de la Gruta de la Natividad en Belén y en esos tiempos revueltos, las intrigas entre las diferentes confesiones cristianas, hizo que los sultanes turcos comerciaran con el templo dándole el poder al mejor postor y así, en cuarenta años el Santo Sepulcro cambió de manos hasta seis veces.

En el 1545 un terremoto destruyó parte del campanario y diez años más tarde, los franciscanos pudieron restaurarlo y renovar por completo la “aedicula” consiguiéndose que la roca desnuda de la Tumba se pusiera a la vista. El padre Bonifacio de Ragusa, que era el custodio de Tierra Santa, escribió el 27 de agosto del 1555: “A las cuatro de la tarde, fue descubierta la roca sobre la cual yació el cuerpo de Nuestro Señor”.

A lo largo del siglo XVII, los georgianos y los etíopes tuvieron que dejar la basílica por falta de recursos económicos, adquiriendo los franciscanos la mayor parte de las propiedades abandonadas por los mismos, pero no quedó ahí la cosa, ya que algunos años más tarde, el Patriarca Dositeo (1669-1707) llegó a un acuerdo con los turcos consiguiendo la posesión en exclusiva de la basílica para los ortodoxos. Las naciones europeas no se quedaron de brazos cruzados y forzaron un arreglo por el cual se reintegraban a los franciscanos todo lo confiscado. Esta sentencia fue solemnemente publicada en Jerusalén el 25 de junio del 1690 en presencia de todas las partes en conflicto. Pero los conflictos entre las confesiones cristianas continuaron aunque para no alargar el artículo, no entro en detalles.

Vista del sepulcro de Nuestro Señor. Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén (Israel).

En el año 1808 se incendió el templete del Santo Sepulcro. Como las naciones europeas estaban en guerra con Napoleón, los franciscanos no encontraron el dinero suficiente para conseguir los permisos de restauración y fue entonces cuando Rusia obtuvo el permiso para que fueran los ortodoxos quienes lo restauraran, quitando nuevamente sus derechos a los franciscanos y amenazando Rusia a Turquía con romper las relaciones diplomáticas si se los restituía.

En 1867 un fuerte terremoto hizo tanto daño a la basílica que hubo que derribar la cúpula central y algo similar ocurrió con otro seísmo en el 1927, el cual ocasionó tan graves desperfectos que tuvo que apuntalarse la basílica. A tal grado de deterioro llegó el sagrado templo que en el 1954 se consiguió lo impensable: un acuerdo entre los franciscanos, el Patriarcado Griego Ortodoxo y el Patriarcado Ortodoxo Armenio a fin de encontrar una solución a este problema. Se decidió encargar un detallado informe sobre la estructura del edificio, designándose tres arquitectos que lo entregaron el 11 de julio de ese mismo año. Finalmente, en el año 1971 se iniciaron los trabajos de consolidación y restauración del edificio a cargo de las tres comunidades cristianas y en el año 1994 se acordó restaurar la cúpula diseñándose doce rayos de oro en representación de los doce apóstoles y terminando cada rayo de luz en tres haces que representan a la Santísima Trinidad.

El 2 de enero de 1997 se dio por finalizada la restauración celebrándose una sencilla ceremonia ecuménica que dio nuevas esperanzas a todas las comunidades cristianas. El lugar que albergó el acto de la Resurrección del Hijo de Dios, volvía a ser un faro de unidad cristiana según palabras de Su Beatitud el Patriarca Ortodoxo Griego Diodoros I.

Celebración de la Divina Liturgia Ortodoxa sobre la tumba de Cristo. Basílica del Santo Sepulcro, Jerusalén, Israel.

En esta breve reseña histórica no he querido entrar en demasiados detalles. Este santo lugar ha sufrido a lo largo de estos veinte siglos, todo tipo de calamidades, atropellos y desastres naturales, pero lo que es aun peor: todo tipo de discordias y zancadillas por quienes, llamándose discípulos del Maestro, se han tratado mutuamente peor que fueron tratados por los propios musulmanes y persas. Hoy, nuevamente se ha convertido en una señal de esperanza para todos los cristianos del mundo reunidos en torno a la Tumba de Nuestro Salvador.

¡CRISTO HA RESUCITADO, ALELUYA; VERDADERAMENTE, HA RESUCITADO!

Antonio Barrero

Enlace: http://www.christusrex.org/www1/jhs/TSspmenu_Es.html

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La Sábana Santa (IV): la crucifixión

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Vista de la posición adoptada por el Hombre de la Síndone en la crucifixión.

Vista de la posición adoptada por el Hombre de la Síndone en la crucifixión.

Crucificado al mediodía
Eran sobre las doce del mediodía cuando crucificaron a Jesús, tal y como podemos leer en el Evangelio de San Marcos [1]. Previamente lo habían desnudado y al parecer, siguiendo los paradigmas de la Síndone, la Corona de Espinas se la dejaron. En la Síndone, podemos observar en la zona de la nuca, muestras de múltiples puntos por donde se producía otras tantas hemorragias, debido a los movimientos de la cabeza de Jesús sobre el madero y la presión que este producía sobre la cabeza, incrustando con más virulencia las púas de la corona.

Nada indican los Evangelios y se intuye observando la Síndone, que Jesús no tuviera colocado en el momento del suplicio el llamado “paño de la vergüenza o de pureza”, algunas veces llamado sudario por la voz popular de forma errónea.

Ya hemos apuntado que el madero vertical, el stipe, estaba colocado de forma fija en el lugar del suplicio, por lo que Jesús fue clavado en el patibulum por las muñecas, no por las palmas de las manos. Había varios tipos de cruces, pero el que nos interesa la “Crux patibulata”, que es la que está formada por un travesaño horizontal que se incrustaba en otro vertical fijo formando un ángulo recto. Otros tipos de cruces eran la “humilis” que era baja hasta el punto de que las fieras podían atacar al cadáver y otra que era la “sublimis”, que era muy alta.

Vista del Espacio de Destot, zona por la que se introdujeron los clavos en el Hombre de la Síndone.

Vista del Espacio de Destot, zona por la que se introdujeron los clavos en el Hombre de la Síndone.

Evidentemente, los sayones que clavaron a Jesús en el madero, eran profesionales y sabían perfectamente el lugar por donde debían introducir los clavos. Así, en la muñeca, existe un lugar entre varios huesesillos por el que se puede introducir un clavo y soportar el peso de un hombre. El peso que se le calcula a Jesús es de unos ochenta kilos aproximadamente. Es el llamado espacio de Destot, tal y como apuntó el Dr. Barbet. Al entrar el clavo por este lugar, se produce una flexión del dedo pulgar hacia adentro a causa de pinzar el nervio mediano, por lo que queda explicado el por qué no se ve el dedo pulgar de las manos. No obstante el Dr. Palacio Carvajal, especialista en traumatología y cirugía, defiende que el clavo entró por el carpo, en la muñeca, en la zona cubital de la mano y apunta que tal y como apunta la Sociedad Española de Cirugía de la Mano, “Me informan que en ningún tratado actual, en español, francés, inglés, alemán o italiano, consta su existencia (Espacio de Destot). Solamente aparece repetidas veces en los libros de Sindonología” [2]. En cualquier caso, lo que sí nos ofrece la Síndone es que el Hombre de la Sábana Santa no fue crucificado por las palmas de las manos.

Los clavos utilizados en la crucifixión eran los denominados “clavitrales”, propios de la construcción y que tenían unas dimensiones de entre trece y dieciocho centímetros de largo por uno de ancho. Todo esto es corroborado por la arqueología, la cual en el año 1.971 en la colina de Giv’at ha Mivtar en Jerusalén, encontraron los restos de un hombre que fue crucificado en los albores de nuestra era. El hombre, llamado Yehehanán (Juan), que pertenecía el osario encontrado, tenía las piernas rotas a la altura de la tibia y en las muñecas tenía unas erosiones producidas por un objeto duro, y también, había un clavo de doce centímetros de longitud, el cual, todavía permanecía aún traspasando los talones.

Detalle de las heridas de los pies en la Síndone.

Detalle de las heridas de los pies en la Síndone.

En la imagen que se nos ofrece en la Síndone, vemos un punto de sangre en la muñeca derecha, que en el negativo real es la izquierda.

Los pies eran fijados normalmente con un solo clavo. La imagen de la Síndone así lo demuestra. El clavo de los pies es clavado sobre el metatarso, es decir, inmediatamente sobre los dedos de los pies. En la Síndone podemos ver que primero se colocó sobre el stipe el pie derecho y sobre éste el pie izquierdo (derecho de la Sábana). Para un buen ajuste de los pies, hubo que flexionar las piernas.

El rigor mortis en el cadáver hizo que la pierna izquierda quedara algo más corta que la otra. Este es el origen de las cruces bizantinas, las cuales poseen en la parte inferior del stipe un travesaño para los pies, inclinado, más largo para la pierna derecha para desechar la hipótesis de que Jesús fuera cojo.

J.A. Vieira


[1] Mc 15,25.
[2] CARVALAJ PALACIOS, José de, La Sábana Santa. Estudio de un cirujano. Ed. Espejo de Tinta. 2.007. Págs 129-130.

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El Oficio de Tinieblas

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Ilustración contemporánea del Calvario.

Ilustración contemporánea del Calvario.

El llamado Oficio de Tinieblas o Tenebrae es en la actualidad muy poco conocido, ha quedado como un recuerdo de los antiguos esplendores de la liturgia romana, pero a pesar de esto se le ha querido recuperar adaptándolo a la liturgia reformada o retomando su antiguo ritual de 1962. Este oficio corresponde a los maitines y laudes del jueves, viernes y sábado de la Semana Santa.

Antecedentes litúrgicos
Para conocer el contexto del oficio de Tinieblas hay que tener en cuenta el precedente de la actual Liturgia de las Horas, es decir el antiguo breviario romano.

El Breviarium Romanum es el libro de oraciones del clérigo que consistía en el rezo de los 150 salmos cada semana con ciertas antífonas, lecturas y oraciones, todo repartido en 8 momentos u horas litúrgicas: Maitines, Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completa. El omitir su recitación era considerado pecado, sin una causa justificable, hasta los tiempos del Beato Pablo VI.

Diviserunt sibi vestimenta mea (Antífona)

Con la reforma litúrgica el breviario desapareció y dio lugar a la Liturgia de las Horas que reparte los salmos en cuatro semanas. Maitines fue sustituido por el Oficio de Lectura el cual se vio enriquecido con lecturas más extensas y disminución de salmos. El oficio de Prima fue suprimido junto con la lectura del martirologio. Esto a fin de que las horas quedaran en el simbólico septenario.

Al haberse suprimido el rezo de los Maitines, el Oficio de Tinieblas en Semana Santa desapareció. En algunos lugares quiso reavivarse “Tenebrae” al hacer adaptaciones de la Liturgia de las Horas, no siempre de manera exitosa, para este oficio anual de la Semana Mayor.

Después de Summorum Pontificum, en 2007, el breviario ha regresado con igualdad de derechos que la Liturgia de las Horas y prueba de ello son las constantes y agotadas ediciones que se están realizando para satisfacer la demanda de estos libros tanto en clérigos como en seglares. Desde 2008 el Oficio de Tinieblas ha renacido.

Los oficios de la Semana Santa
Los oficios litúrgicos tradicionales alrededor de la Semana Santa están llenos de significados que acentúan el dolor por la muerte de Cristo, siendo al mismo tiempo esperanzadores al fijar la mirada en el triunfo del Redentor tanto en la Cruz y como en su resurrección. El Himno Vexilla Regis recuerda a la cruz en el contexto de triunfo más que de derrota.

En el contexto del Oficio de Tinieblas debe tenerse en cuenta la liturgia anterior al Beato Pablo VI, ya que sin esta referencia no se puede entender. De aquí en adelante se tratará de exponer lo referente a las ceremonias de esta liturgia hoy caída en desuso, pero no extinta.

Fotografía de la Prisión de Jesucristo en Jerusalén (Israel), donde dice la tradición que estuvo encadenado.

Fotografía de la Prisión de Jesucristo en Jerusalén (Israel), donde dice la tradición que estuvo encadenado.

Desde las primeras Vísperas del domingo anterior al Domingo de Ramos, llamado “Primer Domingo de Pasión”, las imágenes de la Iglesia son cubiertas con velo morado, incluso la cruz del altar. Solamente el Jueves Santo, a causa del gozo eucarístico, la cruz del altar es cubierta con velo blanco. Este signo litúrgico de la velación acentúa el hecho de la proximidad a “la hora” del Redentor. El nombre del Domingo de Ramos corresponde entonces a “II Domingo de Pasión”. El tiempo de Pasión va aún más lejos al eliminar las doxologías (alabanzas finales en honor a la Santísima Trinidad), en especial el Gloria Patri en todos los oficios litúrgicos. Aparece el himno Vexilla Regis, arriba mencionado, un canto egregio a la Cruz del Salvador.

El Domingo de Ramos una jubilosa procesión vitorea a Cristo Rey con palmas, el ministro viste de rojo durante la procesión de los ramos, rica en símbolos e himnos: Pueri hebraeorum, Gloria Laus y otros. La Misa que sigue a la procesión triunfal retoma los “ornamentos” morados y el canto de la Pasión según San Mateo; con ello se cierra el paréntesis que se abrió con la procesión de las palmas y comienza la Semana Mayor.

El Lunes Santo el evangelio narra la intención de matar a Jesús por parte de las autoridades judías. El Martes y Miércoles Santos se lee la Pasión según San Marcos y San Lucas respectivamente. En el breviario todo sigue igual en sus ocho horas litúrgicas, salvo la eliminación de las doxologías como se dijo.

Rezando en la oscuridad
Ahora llegamos al núcleo de nuestro interés: el Oficio de Tinieblas. Este oficio sustituye al rezo normal de los maitines y laudes del Jueves, Viernes y Sábado Santos ya que dentro de la ceremonia están incluidos. Normalmente en estos tres días hay oficios solemnes y mucha actividad en las iglesias y por tal motivo la oración se anticipaba a la noche anterior a fin de que en la mañana hubiese tiempo para la preparación y celebración de las acciones litúrgicas. Al rezarse en la noche y a la luz de las velas el oficio recibió el nombre de Tenebrae, es decir de las tinieblas.

Lo que fue una costumbre generalizada por practicidad términó constituyéndose en una tradición en toda la Iglesia. Los monasterios aún continúan rezando este oficio en la mañana del día que le corresponde sin anticipación nocturna. Debido a esta anticipación de la oración muchos creían que el rezo correspondía a los días Miércoles, Jueves y Viernes Santo, pero los rituales son claros en expresar el día correspondiente al oficio. Cabe aclarar que la iglesia prefiere la celebración de los oficios con luz y aún se mantiene la prohibición de celebrar Misa y oficios litúrgicos en la oscuridad: No solo los cirios que iluminan el altar sino el espacio celebrativo debe estar iluminado.

La Vigilia Pascual o lucernario se realiza, en su primera parte, a oscuras pero al entrar el Cirio Pascual a la Iglesia la iluminación se hace presente, por lo que la parte final de la Vigilia y la Misa se realizan con iluminación y no con velitas. El oficio recibió el nombre no tanto por la oscuridad de la Iglesia sino de la noche en que se anticipaba la oración o la madrugada en que se rezaba, además de que la iluminación anteriormente dependía del número de velas y lámparas con que se contaba.

"La Pietà", conjunto escultórico de la Virgen con Cristo muerto, obra de Michelangelo Buonarrotti (1498-99). Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

“La Pietà”, conjunto escultórico de la Virgen con Cristo muerto, obra de Michelangelo Buonarrotti (1498-99). Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

La particularidad de este oficio, cuando es rezado en coro, recae en los rituales según las diversas tradiciones de rito romano. Se tratará de explicar los diversos signos y rituales de este oficio litúrgico.

En estos días los salmos no finalizan con la doxología Gloria Patri como en todo el tiempo de Pasión. No hay himnos, no hay bendición final, el tono de las antífonas y responsorios es de dolor. La sobriedad del recinto, el altar desnudo en Viernes y Sábado Santo, las imágenes cubiertas y el mismo ambiente en la ceremonia es una invitación a la contemplación y meditación de los misterios de la salvación. Solo viviendo la experiencia del Oficio de Tinieblas puede entenderse esta realidad con sus evocadores signos litúrgicos.

Al respecto comparto la respuesta que me dijo un benedictino cuando le pregunté cómo le había parecido la película “La Pasión de Cristo” producida por Mel Gibson. Él sólo me respondió: “Tenemos la liturgia”. Personalmente al estudiar el oficio de tinieblas no sólo en su traducción e historia, sino en experiencia consiente pude constatar la realidad de una liturgia que expresa los sentimientos con signos muy claros. Así como la Vigilia Pascual poco a poco nos lleva a la expresión de júbilo por la resurrección, de igual manera el Oficio de Tinieblas, en sus rituales, propicia una verdadera contemplación del misterio de la Cruz y el dolor del alma fiel ante el redentor sufriente; en ambas realidades está presente la luz: en Tinieblas como símbolo esperanzador entre el duelo y la muerte, en Pascua como alegría festiva por la presencia del Resucitado. La luz, signo de incorrupción, es también testimonio de la fe como don divino cuyos misterios se expresan fuertemente en los días santos de la Pascua.

Aunque el Oficio se recite en latín, con la inclusión del alfabeto hebreo en el canto de las Lamentaciones, usualmente los libros tienen una traducción de todas las oraciones y lecturas para el estudio de la liturgia y para facilitar a las personas la comprensión de los textos.

Vista de un tenebrario con las 15 velas encendidas.

Vista de un tenebrario con las 15 velas encendidas.

El tenebrario
En la oscuridad de la iglesia aparece a un lado del altar, nunca como elemento central, un candelabro triangular con 15 cirios amarillos, es el tenebrario o tenebrarium; su uso se remonta al menos hasta el siglo VII. El número de 15 velas fue fijado en tiempo de San Pío X en 1915 ya que anteriormente las velas llegaron en diversas épocas incluso a las 72. Los tenebrarios tradicionalmente son triangulares pero existen también en forma circular, en caso de que funjan como candil pendiente del techo. El número de velas corresponden a los salmos que se van cantando durante el oficio, 9 para Maitines y 8 para Laudes.

No es la única iluminación en la Iglesia y que también están encendidos los cirios del altar y las luces del coro que facilitan la visión de los textos, por tanto la iglesia no se encuentra totalmente en oscuridad.

A las velas se les quiere dar la interpretación de los 11 apóstoles, sin Judas el traidor, más las tres Marías junto con la Santísima Virgen para dar el número 15. Al finalizar cada salmo una vela se apaga, intercalándose de izquierda a derecha; es el aparente triunfo de las tinieblas sobre la luz y de allí que al apagarse las velas se simboliza que se va apagando la fe de los 11 apóstoles fieles y de las tres Marías. La vela 15 que permanece encendida representa a la Virgen María, según una interpretación piadosa, debido a que ella no dudó de la resurrección de Cristo. Este apagar de las velas al final de cada salmo se remonta al siglo V.

Después de cierto número de salmos hay responsorios cuyo canto es patético precisamente para expresar el duelo por la pasión de Cristo. Las lecturas de Maitines son tomadas del libro de las Lamentaciones del profeta Jeremías cuyo canto no puede más que definirse como el de un alma quebrantada por un dolor profundísimo. Se incluyen además otras lecturas bíblicas.

Incipit lamentatio Ieremiae prophetae

Al terminar el rezo queda aún un cirio encendido en el tenebrario. Hay varios rituales para concluir. En la tradición monástica durante las últimas estrofas del Benedictus (Cántico de Zacarías) se van apagando progresivamente también las velas del altar y las pocas luces del templo si es que las hay. El oficio termina en un silencio sepulcral en total oscuridad con la única excepción de la vela decimoquinta del candelabro.

En el rito romano la costumbre es diferente. Acabado el rezo de Laudes y una vez apagadas las luces del altar sigue el canto del Miserere o Salmo 50 durante cual el último cirio se oculta tras el altar simbolizando así la sepultura de Cristo y la esperanza de la Iglesia en la resurrección. Terminado el Salmo el director del oficio comienza a hacer ruido con el libro que tiene en sus manos o con las tradicionales carracas y matracas de madera, lo secunda el clero y los fieles en este ruido que simula los fenómenos naturales acaecidos a la muerte de Cristo. La vela encendida sale nuevamente con la luz de la esperanza en la resurrección y a una señal del director, el ruido cesa. La luz perdurable vendrá con la alegría Pascual.

A este ruido en las tinieblas del recinto sacro luego se le añadieron gritos, gemidos y ayes, incluso palabras altisonantes, no generalizadas, que dieron pie a abusos de quienes aprovechaban este triduo de oración para ir a gritar a la Iglesia. Actualmente con la renovación litúrgica solo el ruido de los libros y de las carracas son permitidos en el rezo litúrgico, desprovisto ya de folclor secular y manteniendo la tradición de los signos de esta oración: Solemne austeridad, tristeza en el canto, esperanza en el dolor, oscuridad, ruido y silencio.

La oración termina con la siguiente sentencia de Filipenses 2: 8-9.

Cristo por nosotros se hizo obediente hasta la muerte,
Incluso muerte de cruz,
Por lo cual Dios le ha exaltado y le ha dado el nombre que es sobre todo nombre.
Christus factus es pro nobis obédiens usque ad mortem,
Mortem autem crucis.
Propter quod et Deus exaltávit illum: et dedit illi nomen, quod est super omne nomen.

Christus factus es pro nobis obédiens usque ad mortem

En el oficio del jueves se entona solo la primera parte, el viernes se añade la segunda y el sábado se entona completo.

Nuevas expresiones litúrgicas
Debido a la desaparición casi completa del breviario y por tanto del Oficio de Tinieblas se intenta en algunos lugares la adaptación de la Liturgia de las Horas con algunas particularidades al oficio mencionado. No hay cantos lúgubres en nota gregoriana, no se omiten los himnos y doxologías (Gloria Patri) que maneja la Liturgia de las Horas y se tiende a juntar todas las horas litúrgicas en este oficio. Por una tradición litúrgica se omiten las Vísperas del Jueves y Viernes Santo además del Oficio de Lectura y Completas entre el Sábado Santo y el Domingo de Pascua. Estas omisiones optativas son debido a que los oficios litúrgicos de estos días sustituyen la obligación del rezo litúrgico.

Al existir una cierta nostalgia por las tradiciones aparentemente abolidas se tendió a continuar la costumbre multisecular extrapolando la reforma litúrgica al oficio de tinieblas. De allí que a partir de la Semana Santa del 2008 el Oficio de Tinieblas tradicional reaparece.

Vexilla Regis

Poncho

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Eucaristía (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Presentación de las especies eucarísticas según el rito bizantino.

Presentación de las especies eucarísticas según el rito bizantino.

Pregunta: Soy de Ecuador residiendo en Panamá. A diferencia de EEUU, en nuestros países se nos priva de la Divina Sangre de Cristo en la Eucaristía. He preguntado a muchos sacerdotes sin recibir una respuesta que satisfaga mi inquietud.

Respuesta: Aprovechando esta pregunta, vamos hoy, Jueves Santo, a dedicar un artículo a profundizar en algunas cuestiones de la Eucaristía. Esto tendrá su continuación el día de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Abordaremos en las presentes líneas la cuestión que se nos plantea sobre la comunión bajo las dos especies eucarísticas, y la controvertida cuestión de la recepción de la comunión en la boca o en la mano.

¿Comunión bajo las dos especies?
Como se deja vislumbrar en la pregunta del principio, es un tema que causa cierta perplejidad en algunos cristianos, pero que suele partir de un desconocimiento de la doctrina eucarística. Para responder esta cuestión hay que explicar algunas cosas:

1. Cuando se recibe la Hostia consagrada se está recibiendo a Cristo entero: Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. No sólo se recibe el Cuerpo, sino también su Sangre, aunque haya dos especies eucarísticas: pan y vino. También ocurre lo mismo si sólo se recibe el vino: también se recibe con la Sangre, el Cuerpo de Cristo, todo su ser. A esta doctrina se le llama doctrina de la concomitancia (que significa conexión inseparable). Esta doctrina afirma que Cristo está presente entero en cada especie tras la consagración, pues Él es indivisible: Jesús está entera y verdaderamente en cualquiera de las dos especies consagradas. Esta doctrina es firme desde el Concilio de Trento [1].

Vista de la Sagrada Forma, como se ofrece según el rito católico romano.

Vista de la Sagrada Forma, como se ofrece según el rito católico romano.

2. Por la doctrina anteriormente expuesta, cuando ocurre la consagración en la misa, cada especie se transforma en Cristo entero: el pan se transforma en Cristo entero, el vino se transforma en Cristo entero. Cierto es que el efecto específico de la consagración del pan es que se hace presente el Cuerpo de Cristo, pero por concomitancia todo su ser está ahí: Sangre, Alma y Divinidad. En la consagración segunda, la del vino, ocurre lo mismo: cierto es que el efecto específico es hacer presente en este caso a la Sangre de Cristo, pero ésta es inseparable de su Cuerpo, Alma y Divinidad.

3. Por tanto, dicho lo cual, es erróneo creer que cuando se comulga la Hostia se comulga sólo el cuerpo de Cristo, pues se comulga Él entero. Y así con el vino: no se bebe su Sangre, sino que se toma todo su ser. Una manera muy sencilla de ir formando a los fieles y evitar esta equivocación sería la de cambiar la fórmula de la comunión, “el cuerpo de Cristo”, por la de “éste es Cristo”, que estaría más en consonancia con la realidad sacramental concomitante.

4. Conociendo lo anterior, ya se puede decir que si se comulga sólo con la Hostia no se recibe “un poco de Cristo”, algo incompleto, sino que se recibe, ya lo hemos dicho, a Cristo entero. Si se bebe del cáliz, igual, se recibe a Cristo entero. Son por tanto dos formas o expresiones de recibir lo mismo: a Cristo entero. De esto se deduce fácilmente que no es necesario recibir las dos especies para comulgar bien, aunque se permita en algunos casos como veremos. Recibiendo una, vale, perfecto, se ha recibido a Cristo entero. Es la llamada communio sub una specie y es un sacramento ya válido.

5. Hay algún caso, como el de los celíacos, que no pueden comulgar con la Hostia; entonces pueden hacerlo con el cáliz. En este caso, es prudente que el celíaco avise antes de la misa para que el ministro que preside no consuma todo el cáliz antes de dar la comunión a los fieles o se le prepare otro. No puede negarse esta forma de comunión si es necesaria por enfermedad u otra causa justificada.

6. El dar la comunión bajo las dos especies es un tema que ha traído y trae cola en los foros de debate teológico. Es el Ordinario del lugar (el obispo generalmente) el que puede dar permiso para administrar así la comunión, pero lo normal es que se reserve para casos excepcionales: profesiones religiosas, celebración del matrimonio, misas conventuales, ejercicios espirituales, celebraciones especiales en pequeños grupos (Pascua, Navidad,…). El que el Ordinario dé permiso no significa que se dé porque sí. El presbítero o diácono puede considerar que por razones prácticas, higiénicas, por falta de formación de los fieles u otras dificultades, puede no ser apropiado dar la comunión bajo las dos especies [2]. Precisamente por la adquisición de una forma más plena, por la brillantez del banquete eucarístico y por la expresión más clara que con la comunión bajo las dos especies se tiene, hay que cuidar que esto se realice con la mayor dignidad y respeto.

Presentación de la Eucaristía bajo las dos especies: pan y vino.

Presentación de la Eucaristía bajo las dos especies: pan y vino.

Ahondar en las razones teológicas por las que se ha llegado a esta doctrina de la concomitancia y su repercusión en la comunión bajo una especie sería largo, y aún más si contamos la evolución litúrgica a lo largo de los siglos. Baste decir que se fundamenta en la conexión inseparable de la carne y sangre de Cristo en la última cena con la de la cruz. No hay que olvidar este carácter sacrificial de la eucaristía y el memorial que de este momento de salvación se realiza en ella.

Históricamente podemos decir que hasta el siglo XII-XIII se mantuvo esta comunión bajo las dos especies en el rito latino (no así en las iglesias católicas de rito oriental, en donde se mantiene hasta hoy). Dados los problemas que se presentaban en la administración con el cáliz, se buscaron otras formas de beber de éste: con una cañita (calamus), con una cucharilla, o mojando la hostia en el cáliz (intinción), aunque estos sistemas causan a su vez otros problemas. Estas dificultades de administración, peligro en el derramamiento, las epidemias de esos siglos, la afluencia de numerosos fieles, la falta de higiene y otras causas, hicieron que la comunión bajo las dos especies, sin legislación eclesiástica alguna al respecto, cayera en desuso. La doctrina clásica de la concomitancia hacía posible la praxis de la comunión bajo una especie, y de hecho ya se venía haciendo en algunos casos en los que se veía oportuno: comunión de enfermos, ermitaños, niños, presos…

Por tanto, la práctica se hizo norma, aunque en siglos posteriores hubo defensores de la comunión bajo las dos especies que acusaron a la Iglesia de “robar el cáliz a los fieles” (Jacobo de Mies, Lutero). Hay que decir en defensa de la Iglesia que nunca dogmatizó el hecho de suprimir la comunión bajo el cáliz, sino que su ámbito fue siempre litúrgico. Hubo intentos de restauración en los años de la Reforma protestante y hasta se aprobó la doble comunión en determinadas regiones, pero precisamente el que los protestantes tomaran la comunión bajo las dos especies como su signo distintivo, hizo que Roma, para evitar confusiones y dada la poca formación doctrinal de los fieles, retirara el cáliz de la comunión ordinaria.

Institución de la Eucaristía. Ilustración contemporánea.

Institución de la Eucaristía. Ilustración contemporánea.

No fue hasta el Concilio Vaticano II [3], cuando la cuestión fue de nuevo abordada. Dio la posibilidad a la Santa Sede de determinar los casos en que podía permitirse la comunión bajo las dos especies, aunque no admitió la concesión general. La cuestión hoy está claramente reflejada en la Instrucción General del Misal Romano y abre la puerta a algunos casos (y sólo a esos). Hay veces en que se abusa, sobre todo en determinados grupos y movimientos que parecen no entender que la comunión es válida y fructífera bajo una especie o que creen que la celebración eucarística está mutilada si no todos comulgan bajo las dos especies. Desde luego la responsabilidad última de incumplir las normas litúrgicas establecidas está en el ministro que preside la celebración.

¿Se generalizará en el futuro? Ya veremos, aunque tampoco, a pesar de la brillantez de la comunión bajo las dos especies, hay que dar más importancia a la cuestión, pues por la doctrina de la concomitancia, ya expuesta, no es necesaria.

¿Comunión en la boca o en la mano?
Es un tema litúrgico-sacramental apasionante que a veces provoca más de un desencuentro subido de tono. Intentando no entrar en opiniones personales, me limitaré a contar brevemente los orígenes de ambas praxis y cómo está recogida la cuestión en los documentos eclesiales actuales.

Precisamente por ser un tema controvertido, aquí cada cual arrima el ascua a su sardina y toma de aquí o allí los textos patrísticos que le vienen bien para defender su tesis. Los defensores de la comunión en la mano acuden directamente al Evangelio, a los textos de la institución de la Eucaristía, al conocido “Tomad y comed…”. Sus detractores argumentan que en estos pasajes no aparecen en ningún momento las manos de los apóstoles, pero, aunque así fuera, los apóstoles ya allí habían recibido el orden sacerdotal y podían tomar el Cuerpo de Cristo con las manos. En cuanto a la patrística, más de lo mismo: podemos encontrar citas de uno u otro signo, pero es suficiente con un par de ellas. Así, San Cirilo expone: “Cuando te acerques (a recibir el Cuerpo del Señor), no lo hagas con las palmas de las manos extendidas ni con los dedos separados, sino haciendo de tu mano izquierda como un trono para tu derecha, que ha de recibir al Rey, y luego con la palma de la mano forma un recipiente (cavidad), recoge el cuerpo del Señor y di “Amén” [4]. La autoría de este texto tan claro, esgrimido por los defensores de la comunión en la mano, es cuestionada hoy día por muchos estudiosos del tema, aunque aquí no es momento de hablar de ello. Del papa San León Magno (440-461) encontramos otro texto en el cual afirma que se recibe en la boca lo que se cree por la fe… [5] lo cual denota que en esos siglos la comunión con la boca estaba extendida también.

El cardenal Joseph Ratzinger -futuro papa Benedicto XVI- da la comunión en la boca al papa San Juan Pablo II.

El cardenal Joseph Ratzinger -futuro papa Benedicto XVI- da la comunión en la boca al papa San Juan Pablo II.

Entonces, ¿con qué nos quedamos de esos siglos? ¿Se comulgaba con la boca o con la mano? Pues todo parece indicar que ambas praxis convivían en esos primeros siglos. Decir que no se comulgaba con la mano sería erróneo pues, al menos, excepciones siempre ha habido (tiempos de persecución, ermitaños…). Así, San Basilio afirma: No hace falta demostrar que no constituye una falta grave para una persona comulgar con su propia mano en épocas de persecución cuando no hay sacerdote o diácono [6], lo cual parece indicar que la excepción era comulgar con la mano. Hay que tener presente que la uniformidad en la liturgia es algo que tenemos desde la Edad Media en adelante, por lo que no sería raro entonces una práctica en una comunidad eclesial local y otra en la de la región vecina.

Lo que sí está claro es que en los primeros siglos medievales la comunión en la boca se impone con rotundidad y la escolástica teorizó sobre el tema. El propio Sto. Tomás de Aquino defiende que sólo el ministro toque la Sagrada Hostia: porque por respeto a este sacramento ninguna cosa lo toca que no sea consagrada, por lo tanto los corporales como el cáliz se consagran, lo mismo que las manos del sacerdote, para poder tocar este sacramento. Por eso, a nadie le está permitido tocarle, fuera de un caso de necesidad [7]. Precisamente, esta idea de que sólo las manos consagradas del ministro (recordemos el ritual de ordenación) deben ser las únicas que pudieran tocar la Hostia es el argumento principal hasta hoy de los defensores de la comunión en la mano.

El Concilio de Trento aborda la cuestión directamente y defiende la tradición de la comunión en la boca. Ahora bien, en la recepción sacramental fue siempre costumbre en la Iglesia de Dios, que los laicos tomen la comunión de manos de los sacerdotes y que los sacerdotes celebrantes se comulguen a sí mismos; costumbre, que, por venir de la tradición apostólica, con todo derecho y razón debe ser mantenida [8]. La norma, como vemos, queda clara y la comunión en la mano de los fieles es rechazada de pleno.

Su Santidad Benedicto XVI da la comunión en la mano a doña Sofía de Grecia, reina de España. Fuente: informativos.net.

Su Santidad Benedicto XVI da la comunión en la mano a doña Sofía de Grecia, reina de España. Fuente: informativos.net.

¿Cómo está la cuestión actualmente? Pues la norma general sigue siendo la comunión en la boca, aunque a partir de 1969, por la Instrucción Memoriale Domini se permite en la mano si lo solicita la Conferencia Episcopal correspondiente y se da el beneplácito de la Santa Sede. En la Instrucción General del Misal Romano podemos encontrar esta posibilidad: Si la Comunión se recibe sólo bajo la especie de pan, el sacerdote, teniendo la Hostia un poco elevada, la muestra a cada uno, diciendo: El Cuerpo de Cristo. El que comulga responde: Amén, y recibe el Sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo. Quien comulga, inmediatamente recibe la sagrada Hostia, la consume íntegramente [9].

La Congregación para el Culto Divino determinó en 1985, en una notificación acerca de la comunión en la mano, las condiciones para esta práctica, entre las cuales incluía la manera de colocar las manos, izquierda sobre derecha formando un trono (y sólo así), y la prohibición expresa de obligar a los fieles a la comunión en la mano, pues como ya hemos dicho, la norma general es recibirla en la boca.

También podemos encontrar otros documentos eclesiales que nos hablan sobre el particular, pero baste con uno reciente, la Instrucción Redemptionis sacramentum, de 2004, que nos indica: Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca, si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el Sacramento, en los lugares donde la Conferencia de Obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, se le debe administrar la sagrada hostia. Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano [10].

Queda claro por tanto que la comunión en la mano es una excepción que se concede y no en todos los lugares está permitido. En Roma, por ejemplo, no está autorizada esta concesión, pues los sucesivos pontífices han estimado siempre la comunión en la boca. También hay diócesis en las que se concedió el permiso y luego, el obispo correspondiente derogó dicho permiso por los problemas que se planteaban.

El papa Francisco consagrando el pan durante la Eucaristía.

El papa Francisco consagrando el pan durante la Eucaristía.

Otra praxis paralela, y que está totalmente prohibida, es la acción litúrgica errónea de colocar la patena en el altar (y a veces también el cáliz) de la cual los laicos van comulgando por sí mismos. Se suele dar sobre todo en pequeñas comunidades, movimientos o grupos. Esta práctica es una deformación del sacramento, el cual debe ser recibido del presbítero, diácono u otro ministro autorizado de velar por su distribución. La Eucaristía, como cualquier sacramento, es don que se da y no derecho que uno toma. Varios documentos han amonestado sobre esta práctica irregular. Bastará con la ya mencionada Instrucción General del Misal Romano: Después el sacerdote toma la patena o el copón y se acerca a quienes van a comulgar, los cuales de ordinario, se acercan procesionalmente. No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan consagrado ni el cáliz sagrado, ni mucho menos pasarlo de mano en mano entre ellos. Los fieles comulgan estando de rodillas o de pie, según lo haya determinado la Conferencia de Obispos. Cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia, la cual debe ser determinada por las mismas normas [11].

David Jiménez


[1] Concilio de Trento, Sesión XIII, Decreto sobre la Eucaristía, 16-18.
[2] Introducción General al Misal Romano, 281ss.
[3] Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, 55.
[4] S. Cirilo de Jerusalén, Catequesis Mystagogicas, 21ss.
[5] S. León Magno, Comentario al Evangelio de San Juan. Sermón 91, 3.
[6] S. Basilio, Carta 93.
[7] Sto. Tomás de Aquino. Summa Theologica, IIIa, questio 82
[8] Concilio de Trento, Sesión XIII, Decreto sobre la Eucaristía.
[9] Introducción General al Misal Romano, 161.
[10] Instrucción Redemptionis sacramentum, 92.
[11] Introducción General al Misal Romano, 161.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Semana Santa en México (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Representación del Domingo de Ramos en Iztapalapa, México.

Representación del Domingo de Ramos en Iztapalapa, México.

La conmemoración de la Semana Santa y la Pascua en México llegó con los primeros misioneros a estas tierras, por lo mismo existen registros en las crónicas del siglo XVI de la manera en que los misioneros y los indios recordaban estos días santos. Las celebraciones de Semana Santa comenzaban el último viernes de Viernes de Dolor, realizando en cada casa un altar dedicado a la Virgen de los Dolores con diferentes objetos haciendo alusión a los siete dolores de María y a la Pasión del Señor (sobre esto recomiendo leer el artículo sobre el Cuaresma con la conmemoración del Viernes de Dolor en México para comprender mejor esta celebración).

Especialmente el Domingo de Ramos tuvo gran acogida entre los naturales pues les permitió explayar su espíritu artesanal usando diversas palmas, olivos y ramas de otros árboles que eran tejidos especialmente en formas de cruces o de cálices y adornados con flores; posteriormente de la bendición de los ramos estos eran resguardados todo el año en las viviendas pues se creía (y muchos aun lo creen) que servían para protegerse de peligros como tormentas, truenos, tornados y demás fenómenos naturales.

Diversas figuras que hacen los artesanos mexicanos para el Domingo de Ramos.

Diversas figuras que hacen los artesanos mexicanos para el Domingo de Ramos.

En lo que se refiere a los primeros días de la Semana Santa era costumbre asistir en la catedral de México al Oficio de Tinieblas y al de la Seña. El Jueves Santo, en cambio, aparecían las cofradías con penitentes y disciplinantes, que se azotaban las espaldas hasta sangrar para expiar sus culpas, según la creencia de la época, o algunos como forma de pagar por algún milagro concedido (actualmente en algunos lugares se sigue realizando esta práctica como en el estado de Guerrero). También en este día comenzaban a salir las procesiones con las imágenes más milagrosas de las diversas iglesias de la Nueva España, las cuales muchas veces eran acompañadas también por grupos de disciplinantes. Otra tradición muy difundida desde el periodo virreinal y que en algunos sitios aun se conserva, es la visita de las Siete Casas, recordando los siete lugares a los que fue llevado Jesús después de ser apresado, y consiste en visitar los monumentos eucarísticos que se realizan en siete iglesias este día. Es común que en los templos se repartan mazos de flor de manzanilla, pan o aceite benditos: la primera de estas como “alivio para el dolor de la Virgen por la muerte de su hijo” y el pan en recuerdo de la última cena.

El Viernes Santo, aparte de que fue muy popular las procesiones con imágenes, para rezar el Via Crucis en México los misioneros vieron con buenos ojos la implementación del teatro evangelizador y con esto nació la costumbre de representar el camino de la Cruz con personas que actuaban. Estas representaciones tiene su antecedente en los autos sacramentales españoles; tal parece que una de las primeras representaciones de la Pasión del Señor se llevó a cabo hacía 1538 en los pueblos de Chalco y Amecameca a instancias de los frailes dominicos; cabe mencionar que estas presentaciones en especial comenzaron a realizarse en Santuarios dedicados a alguna imagen del Nazareno o del Santo Sepulcro, como en el caso de Amecameca donde se venera al Señor del Sacromonte.

Señor del Sacromonte, en honor a quién se celebró la representación mas antigua del Vía Crucis en Amecameca, Estado de México.

Señor del Sacromonte, en honor a quién se celebró la representación mas antigua del Vía Crucis en Amecameca, Estado de México.

Posterior a la representación de Chalco-Amecameca, hacía el siglo XVIII, se tiene registro de otra de nombre “La Pasión del Domingo de Ramos” que se escribió en náhuatl y fue escenificada en el Santuario de Jesús Nazareno, en Tepalcingo, Morelos, tal parece que movida por la devoción de la Cofradía de Jesús Nazareno que existía en dicho lugar desde el siglo XVI, que se mantuvo hasta el XIX y que estaba integrada tanto por españoles como por indígenas. La obra estaba dividida en treinta y cinco cuadros basados en los evangelios y en los evangelios apócrifos. Parece que en Tepalcingo no se encuentra ya ninguna copia de dicho manuscrito y el único existente se conserva en la Universidad de Nueva Orleans, Estados Unidos.

Cerca a Tepalcingo, a mediados del siglo XVIII, se llevó a cabo otra representación teatral de la Pasión; esta llevó por nombre “La Pasión según San Mateo” en el pueblo de Axochiapan, Morelos. Los investigadores piensan que esta escenificación estaba basada en la de Tepalcingo, o que quizá ambas estuvieran basadas en una versión aun más antigua.

Jesús Nazareno de Tepalcingo, en su Santuario en el siglo XVIII se realizo una de las primeras representaciones del Vía Crucis.

Jesús Nazareno de Tepalcingo, en su Santuario en el siglo XVIII se realizo una de las primeras representaciones del Vía Crucis.

Hacia 1768 se realizaba un ciclo de representaciones de la Pasión conocido como el Ciclo de la Pasión de Tlalmanalco-Amecameca. En el mes de marzo de ese año, la Inquisición prohibió la realización de este ciclo por considerar que se hacía sin ningún respeto, debido a que quien caracterizaba a Judas de todo hacia payasadas y quien personificaba a Jesús salía casi desnudo. Algunos meses más tarde, en junio, gracias al teólogo Francisco Larrea la representación de la Pasión y muerte de Cristo se permitió de nuevo.

Pero sin duda alguna la representación que más ha trascendido hasta convertirse en la más famosa de México, es la que se representa cada año en Iztapalapa, México, D.F. Esto no quiere decir que no se realicen estas representaciones en otras partes, siendo una costumbre muy popular en casi todo el país, por lo que existen famosas representaciones en cada estado, como la de la ciudad de Querétaro, la de Tamulte en Tabasco y en muchas otras localidades; en otros lugares se prefiere hacer las procesiones con imágenes a la usanza española, con nazarenos encapuchados y costaleros que cargan enormes pasos que llevan las imágenes de la Pasión.

El Vía Crucis de Iztapalapa
Según las leyendas que se narran, hacia 1687 unos campesinos (otras versiones dicen que eran misioneros) provenientes de la villa de Etla, Oaxaca llevaron a restaurar una imagen del Santo Entierro que se veneraba en su localidad. Después de un largo recorrido llegaron al pie del cerro de la Estrella y cayendo la noche se quedaron dormidos; al día siguiente se percataron de que la imagen había desaparecido y después de buscarla por un prolongado espacio de tiempo, la encontraron en una cueva de donde ya no pudieron moverla. Lo que los vecinos del lugar consideraron un milagro y construyeron una ermita en honor al Santo Cristo que comenzó a ser llamado “El Señor de la Cuevita” y se convirtió en el patrón de la localidad.

Señor de la Cuevita, patrón de Iztapalapa en honor a quién se realiza el Vía Crucis más famoso de México.

Señor de la Cuevita, patrón de Iztapalapa en honor a quién se realiza el Vía Crucis más famoso de México.

Hacia 1833 una terrible epidemia de cólera morbus atacó la ciudad, provocando terribles estragos en Iztapalapa, al grado que los cementerios no podían recibir más cuerpos. Esta espantosa experiencia hizo que los pobladores se dirigieran al Santuario a implorar al Señor de la Cuevita para que terminara la epidemia, llevando flores y haciéndole la promesa de que cada año haría memoria de su Pasión y celebrarían una misa en su honor.

Después de la misa a la que asistió todo el pueblo, se notificó que el número de víctimas había descendido; en ese día murieron sólo cinco personas, al día siguiente tres y al tercer día no murió nadie. Lo que llevó a que cada año el pueblo de Iztapalapa, en agradecimiento al palpable milagro, hiciera la representación de la Pasión del Señor. Primero se hizo con imágenes y hacía 1906 se empezó a hacer con personas, todo esto la ha convertido en la representación de la pasión más antigua de México.

Jóvenes participantes del Vía Crucis de Iztapalapa en los papeles de la Virgen, Jesús y la Magdalena.

Jóvenes participantes del Vía Crucis de Iztapalapa en los papeles de la Virgen, Jesús y la Magdalena.

Este Vía Crucis, que se ha ido incrementando cada año con más escenas, desde hace algún tiempo se representa algunos milagros de Jesús como la multiplicación de los panes y peces, el sermón de la Montaña, el Domingo de Ramos, la Última Cena, la oración en el huerto, la prisión de Jesús, pasión, muerte y la Resurrección. Cuentan con más de 100 actores; los personajes principales como Jesús y la Virgen se eligen cada año entre los jóvenes del pueblo de Iztapalapa y barrios aledaños. Quienes son elegidos están comprometidos a una preparación física y espiritual para los papeles de Jesús y María, con oración y ayuno. En el camino de la Cruz, quien representa a Cristo, es seguido por grupos de jóvenes llamados “los apóstoles” vestidos de túnica morada y blanco, que van descalzos todo el camino hasta el Gólgota, coronados de espinas y cargando una cruz hecha a su medida, la cual al momento de la crucifixión elevan a modo de homenaje por la muerte de Cristo. Estos jóvenes hacen esto cada año a modo de ofrenda para agradecer los milagros y favores concedidos por el Señor de la Cuevita.

La mayoría de los pasajes bíblicos se representan en el jardín Cuitlahuac y en el cerro de la Estrella, lugar “elegido” por el Señor de la Cuevita para su primer milagro. Pero este sitio también fue un importante adoratorio prehispánico donde se realizaba el ritual del Fuego Nuevo cada cincuenta años, para anunciar el inicio de un nuevo siglo de acuerdo al calendario mexica. Para esta celebración se hacía un sacrificio para ofrecerle sangre al sol. La sangre de los humanos era considerada el chalchiuatl “líquido precioso”. El día anterior al fuego nuevo las personas se escondían en sus casas y los hombres permanecían armados para defenderse de los monstruos que surgían en caso de no encenderse el fuego.

Niños "apóstoles" en cumplimiento de una promesa hecha al Señor de la Cuevita por los favores recibidos.

Niños “apóstoles” en cumplimiento de una promesa hecha al Señor de la Cuevita por los favores recibidos.

A la puesta del sol, los sacerdotes subían a la cumbre del cerro de la Estrella y cuando las estrellas llegaban al cenit, los sacerdotes con un cuchillo de pedernal herían el pecho del sacrificado y sobre la herida intentaban encender el fuego. Si la flama surgía sería señal de que se iniciaba un nuevo siglo de cincuenta y dos años. Curiosamente todo esto recuerda un poco a la Vigilia Pascual en la cual se bendice una hoguera y se enciende el cirio con el fuego bendito. Posiblemente debido a estos paralelismos, los misioneros vieron a bien implementar el culto al Santo Entierro en este lugar. Del mismo modo hay que decir que durante el periodo colonial y hasta ya muy entrado el siglo XX, la gente tenía creencias parecidas sobre la Semana Santa y en especial sobre el Sábado de Gloria, pues se creía que en esta semana “el diablo está suelto” y que nadie debe hacer nada durante el triduo pascual, se deben dormir temprano, puesto que aquel que se desvele hasta la madrugada en Sábado Santo, corre el riesgo de que el demonio en persona le visite para llevarse su alma. Creencias movidas por diversas leyendas para hacer que la gente se mantenga en oración y visitando los templos en estos días.

La pasión de Iztapalapa está basada en “Los cuatro concilios para la celebración de las tres caídas de Semana Santa” editada por Antonio Vanegas Arroyo, y en “El Mártir del Gólgota” de Enrique Pérez Esrich, publicada en 1878.

La crucifixión en el Cerro de la Estrella que rememora el antiguo sacrificio de los aztecas que ofrendaban sangre a los dioses para el inicio del nuevo ciclo, ahora recuerda el sacrificio de Cristo por nuestro pecados.

La crucifixión en el Cerro de la Estrella que rememora el antiguo sacrificio de los aztecas que ofrendaban sangre a los dioses para el inicio del nuevo ciclo, ahora recuerda el sacrificio de Cristo por nuestro pecados.

Del mismo modo cabe decir que en otros países, como el caso de Filipinas, también se celebra la representación del Vía Crucis por haber sido evangelizados por misioneros provenientes de Nueva España. La diferencia es que en Filipinas, el momento de la crucifixión se realiza con clavos de verdad perforando las manos y aquí en México es totalmente actuado y sin derramar una sola gota de sangre; esto por otro lado no deja aparte que en algunos lugares como Taxco, Guerrero, los penitentes se azotan la espalda hasta sangrar o carguen ramas con espinas en la espalda a pesar de la oposición de la Iglesia a estas prácticas.

La quema de Judas y los festejos por Pascua
Entre las tradiciones que aún se conservan aunque ya en peligro de extinción, esta la quema de Judas el “Sábado santo” antiguamente conocido como “Sábado de Gloria”. Para estas celebraciones los artesanos fabrican muñecos de carrizo recubierto de cartón engomado con formas de demonios y a veces de personajes públicos o famosos. Entre los lugares más destacables en la tradición de elaborar estas artesanías se encuentran Oaxaca, Guanajuato y el Distrito Federal.

Vendedor de Judas en las calles de la ciudad de México.

Vendedor de Judas en las calles de la ciudad de México.

Existen varias hipótesis sobre los orígenes de esta peculiar tradición; una de estas nos dice que podría estar inspirado en las Fallas de Valencia, en la cual los carpinteros elaboraban muñecos de madera que quemaban con pólvora. Otra de las hipótesis es que podría venir del personaje medieval nombrado de diversas maneras como: Carnestoltes, San Tragantón, Pelele, Santo Burlesco, don Carnal, etc. Y curiosamente en Santander, este personaje era llamado Judas, personaje que luchaba contra la Cuaresma y siempre moría. Este personaje se representaba con un muñeco hecho de paja o de trapo y se le paseaba por las calles con música para luego ser enjuiciado y sentenciado a morir quemado. En algunos sitios se realizaba el martes de carnaval o el miércoles de ceniza.

A la llegada de los misioneros españoles trataron de utilizar estas tradiciones para lograr la evangelización y de esta forma hicieron construir muñecos que simbolizaban al traidor Judas Iscariote, para ser quemados en Semana Santa, específicamente el “Sábado de Gloria”, por lo que se piensa que esta tradición pudiera ser del siglo XVI.

En la época colonial, con las quemas de judas, se parodiaban a las ejecuciones del Santo Oficio, las figuras se hacían con la forma de los oidores o los corregidores, lo que llevó a que la Inquisición ofendida la prohibieran, pero esta prohibición no duró mucho puesto que la gente continúo con la tradición.

Para el siglo XIX ya era una tradición muy popular y durante los días previos a la Pascua ya se veían vendedores de los muñecos de cartón conocidos como Judas. En los templos y plazas al escuchar las campanadas de la Iglesia anunciando Pascua, se quemaban enormes muñecos de cartón que simbolizaban al mal, representado en Judas. Del mismo modo en esos momentos se utilizaba un instrumento por demás escandaloso y popular en México, la matraca, la cual con su estruendoso ruido tenía el trabajo de “alejar a los demonios” anunciando que Cristo resucitó.

André Efrén

Quema de Judas el Sábado de Gloria.

Quema de Judas el Sábado de Gloria.

BIBLIOGRAFÍA
– Del Campo, Ángel “Micrós”, “Pascuales”, en Altamirano, Manuel et.al., “Leyendas y Costumbres de México”, México, Editorial del Valle de México, s/e, s/a.
– Iglesias y Cabrera, Sonia, et. al., “La Semana Santa en México con la muerte en la cruz”, México, CONACULTA, primera edición, 2002.
– Schneider, Luis Mario, “Cristos, Santos y Vírgenes”, México, Planeta, primera edición, 1995.

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