La Sábana Santa (IV): la crucifixión

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Vista de la posición adoptada por el Hombre de la Síndone en la crucifixión.

Vista de la posición adoptada por el Hombre de la Síndone en la crucifixión.

Crucificado al mediodía
Eran sobre las doce del mediodía cuando crucificaron a Jesús, tal y como podemos leer en el Evangelio de San Marcos [1]. Previamente lo habían desnudado y al parecer, siguiendo los paradigmas de la Síndone, la Corona de Espinas se la dejaron. En la Síndone, podemos observar en la zona de la nuca, muestras de múltiples puntos por donde se producía otras tantas hemorragias, debido a los movimientos de la cabeza de Jesús sobre el madero y la presión que este producía sobre la cabeza, incrustando con más virulencia las púas de la corona.

Nada indican los Evangelios y se intuye observando la Síndone, que Jesús no tuviera colocado en el momento del suplicio el llamado “paño de la vergüenza o de pureza”, algunas veces llamado sudario por la voz popular de forma errónea.

Ya hemos apuntado que el madero vertical, el stipe, estaba colocado de forma fija en el lugar del suplicio, por lo que Jesús fue clavado en el patibulum por las muñecas, no por las palmas de las manos. Había varios tipos de cruces, pero el que nos interesa la “Crux patibulata”, que es la que está formada por un travesaño horizontal que se incrustaba en otro vertical fijo formando un ángulo recto. Otros tipos de cruces eran la “humilis” que era baja hasta el punto de que las fieras podían atacar al cadáver y otra que era la “sublimis”, que era muy alta.

Vista del Espacio de Destot, zona por la que se introdujeron los clavos en el Hombre de la Síndone.

Vista del Espacio de Destot, zona por la que se introdujeron los clavos en el Hombre de la Síndone.

Evidentemente, los sayones que clavaron a Jesús en el madero, eran profesionales y sabían perfectamente el lugar por donde debían introducir los clavos. Así, en la muñeca, existe un lugar entre varios huesesillos por el que se puede introducir un clavo y soportar el peso de un hombre. El peso que se le calcula a Jesús es de unos ochenta kilos aproximadamente. Es el llamado espacio de Destot, tal y como apuntó el Dr. Barbet. Al entrar el clavo por este lugar, se produce una flexión del dedo pulgar hacia adentro a causa de pinzar el nervio mediano, por lo que queda explicado el por qué no se ve el dedo pulgar de las manos. No obstante el Dr. Palacio Carvajal, especialista en traumatología y cirugía, defiende que el clavo entró por el carpo, en la muñeca, en la zona cubital de la mano y apunta que tal y como apunta la Sociedad Española de Cirugía de la Mano, “Me informan que en ningún tratado actual, en español, francés, inglés, alemán o italiano, consta su existencia (Espacio de Destot). Solamente aparece repetidas veces en los libros de Sindonología” [2]. En cualquier caso, lo que sí nos ofrece la Síndone es que el Hombre de la Sábana Santa no fue crucificado por las palmas de las manos.

Los clavos utilizados en la crucifixión eran los denominados “clavitrales”, propios de la construcción y que tenían unas dimensiones de entre trece y dieciocho centímetros de largo por uno de ancho. Todo esto es corroborado por la arqueología, la cual en el año 1.971 en la colina de Giv’at ha Mivtar en Jerusalén, encontraron los restos de un hombre que fue crucificado en los albores de nuestra era. El hombre, llamado Yehehanán (Juan), que pertenecía el osario encontrado, tenía las piernas rotas a la altura de la tibia y en las muñecas tenía unas erosiones producidas por un objeto duro, y también, había un clavo de doce centímetros de longitud, el cual, todavía permanecía aún traspasando los talones.

Detalle de las heridas de los pies en la Síndone.

Detalle de las heridas de los pies en la Síndone.

En la imagen que se nos ofrece en la Síndone, vemos un punto de sangre en la muñeca derecha, que en el negativo real es la izquierda.

Los pies eran fijados normalmente con un solo clavo. La imagen de la Síndone así lo demuestra. El clavo de los pies es clavado sobre el metatarso, es decir, inmediatamente sobre los dedos de los pies. En la Síndone podemos ver que primero se colocó sobre el stipe el pie derecho y sobre éste el pie izquierdo (derecho de la Sábana). Para un buen ajuste de los pies, hubo que flexionar las piernas.

El rigor mortis en el cadáver hizo que la pierna izquierda quedara algo más corta que la otra. Este es el origen de las cruces bizantinas, las cuales poseen en la parte inferior del stipe un travesaño para los pies, inclinado, más largo para la pierna derecha para desechar la hipótesis de que Jesús fuera cojo.

J.A. Vieira


[1] Mc 15,25.
[2] CARVALAJ PALACIOS, José de, La Sábana Santa. Estudio de un cirujano. Ed. Espejo de Tinta. 2.007. Págs 129-130.

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