Anne Askew (1521-1546): poetisa, predicadora, mártir protestante

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Portada impresa de la First Examination de Anne Askew, donde aparece representada como una mártir de la Antigüedad. Nótese la tiara papal que corona la cabeza de la bestia que pisa.

Portada impresa de la First Examination de Anne Askew, donde aparece representada como una mártir de la Antigüedad. Nótese la tiara papal que corona la cabeza de la bestia que pisa.

A lo largo de los dos años y más que llevamos trabajando en este blog, esta servidora ha tratado de honrar la memoria de las mujeres que dieron su vida por la fe. Así, se ha hablado de mártires de la Antigüedad, de mártires católicas y de mártires ortodoxas. Pero quedaba otra rama de mujeres cristianas a las que honrar y así, hoy, doy inicio a lo que será una serie de artículos con los que pretendo honrar también la memoria de aquellas mujeres que también dieron su vida por la fe cristiana, pero desde la rama del protestantismo y en el conflictivo panorama de las guerras de religión en la Edad Moderna.

No es fácil abordar este tema desde un blog católico y estoy segura de que encontraremos puntos de conflicto y de desacuerdo con los planteamientos y pensamientos que veremos expuestos aquí. Pero sería hipócrita por mi parte decir que pretendo honrar a las mártires cristianas de todos los tiempos -que es lo que pretendo- y olvidar a la gran cantidad de mujeres protestantes que se vieron envueltas en la persecución y el conflicto de las guerras de religión europeas. Aun cuando podamos disentir en algunos planteamientos y siempre sea duro mirarse al espejo y admitir que unos y otros somos culpables de la sangre vertida en el nombre del Señor; no podemos, en pleno siglo XXI, dar la espalda a esa realidad y eludir admitir los errores del pasado. Sólo así podremos mirar hacia el futuro y construir un nuevo mundo en que los cristianos, unidos en nuestra diversidad, aprendamos del pasado para no volver a errar en el futuro.

La mujer de quien me propongo hablar hoy es quizá uno de los casos más sorprendentes y admirables de fortaleza y convicción frente a la adversidad. Poetisa, predicadora y mártir, Anne Askew es el ejemplo perfecto de una mujer culta, formada y de principios inamovibles, que condenada a muerte por sus ideas religiosas, rehusó implicar a otros y; sometida a tortura, no delató a quienes eran sus discípulos, benefactores y colaboradores; entre quienes estaba la misma reina de Inglaterra. Con ello, al tiempo que condenaba su vida, salvaba la de los demás.

Tiempos convulsos
Anne Askew (nacida Anne Ayscough) nació en 1521 en South Kelsey, Lincolnshire (Inglaterra). Era hija de sir William Askew de Stallingborough, miembro de la alta burguesía, rico propietario de tierras y caballero en la corte del rey Enrique VIII. Su madre, Elizabeth Askew (nacida Wrottesley) murió cuando Anne era muy joven. Poco tiempo después, el padre de Anne se casó con Elizabeth Hutton, de modo que ella y sus hermanos y hermanas fueron criados por su madrastra.

Grabado decimonónico de Anne Askew por los Illman Brothers, representándola como una dama victoriana romántica. Copyright: Hades Muse.

Grabado decimonónico de Anne Askew por los Illman Brothers, representándola como una dama victoriana romántica. Copyright: Hades Muse.

Anne tuvo una buena infancia y recibió una buena educación, ya que se le permitía asistir a las lecciones destinadas a sus hermanos varones, que les eran impartidas en el hogar. Trabajadora e inteligente, lectora ávida, pronto demostró una sorprendente habilidad para los estudios bíblicos, ya que era capaz de memorizar pasajes enteros de las Sagradas Escrituras.
Las primeras Biblias conocidas en inglés -hasta ese momento sólo habían existido en latín- se imprimieron cuando ella tenía unos 5 años. Después que llegaron a Inglaterra y tras leer y estudiar mucho las Sagradas Escrituras, Anne optó libremente por aceptar los principios de la Reforma, convirtiéndose, más tarde, en una fervorosa protestante.

Su vida coincidió con la Reforma Anglicana. En 1533, el rey Enrique VIII se divorció de su esposa, Catalina de Aragón, y se casó con Ana Bolena. En 1534, se declaró a sí mismo cabeza de la Iglesia Anglicana. Dos años después, en 1536, la familia Askew se vio implicada en la Reforma Anglicana cuando sir William se desplazó a Louth para sofocar una revuelta católica contra la disolución de los monasterios. En lugar de ello, fue hecho prisionero por los rebeldes y obligado a representarlos.

Ese mismo año, Martha Askew, hermana de Anne, enfermó y murió. Estaba prometida a Thomas Kyme, católico, rico propietario de tierras local aunque de estatus inferior a los Askew, y sir William, para no perder aquella conexión tan lucrativa, obligó a Anne a casarse con Kyme. Sólo tenía 15 años de edad y aquello fue en contra de su voluntad.

No fue un matrimonio feliz, pero se cree que tuvieron dos hijos, uno de ellos llamado William, como su abuelo. Anne no era lo que la época exigía ser a toda esposa: sumisa, obediente y reverente con su marido. Tenía un fuerte carácter y sus propias ideas y convicciones, que defendía a capa y espada. Eso sería determinante en su vida y destino.

La predicadora
En 1536, bajo la influencia de Thomas Cromwell, el rey Enrique VIII determinó que cada parroquia en Inglaterra debía tener un ejemplar de la Biblia en inglés, para que los fieles pudieran leer las Sagradas Escrituras. Eso permitió a los protestantes alfabetizados acceder más fácilmente a la lectura de la Biblia. Asistían a las lecturas públicas de la Biblia en las iglesias y compartían sus puntos de vista sobre el Evangelio. Anne era uno de ellos.

La actriz galesa Emma Stansfield interpreta a Anne Askew en la ficción televisiva "Los Tudor" (2007).

La actriz galesa Emma Stansfield interpreta a Anne Askew en la ficción televisiva “Los Tudor” (2007).

Poco a poco, Anne se fue volviendo más devota en sus creencias protestantes reformistas. Su marido, Thomas, que como decíamos, era católico romano, calificó sus creencias de desagradables y se fue enfureciendo cada vez más contra ella; aunque también admitía que era la mujer más devota que había visto en su vida “pues siempre empezaba a orar a medianoche, y continuaba durante algunas horas ese ejercicio”.

Pero pronto las circunstancias se volvieron adversas para los protestantes. En 1539, el Acta de los Seis Artículos reafirmó la doctrina católica como base de la Iglesia Anglicana, y endureció las leyes contra la herejía. Un año más tarde, en un giro radical, Enrique VIII ordenó retirar todas las Biblias en inglés y en 1543 se prohibió a todas las mujeres y a todos los plebeyos leer la Biblia. Anne, sin embargo, no tenía la menor intención de abandonar sus creencias protestantes y mucho menos dejar de leer la Biblia. Su marido, no sabiendo qué hacer con su lista e indomable esposa, pidió consejo a los sacerdotes locales. Ellos le aconsejaron echarla de casa (!!!) para que así, muerta de vergüenza, accediera a cambiar su comportamiento. Pero eso era no conocer a Anne en absoluto: se marchó a vivir con su hermano Francis y pidió poder divorciarse de su marido. Cuando los tribunales de Lincoln rechazaron su petición, marchó a Londres, buscando apoyo entre sus amigos y contactos de la Corte. Retomó su apellido de soltera -Askew- y pidió de nuevo el divorcio, alegando que su matrimonio no era válido, ya que ella y su marido tenían creencias distintas.

Un viejo amigo, John Lascelles, presentó a Anne a los protestantes evangelistas de Londres. Después del aislamiento sufrido en Lincolnshire, el clima de la Reforma en Londres debió ser refrescante para Anne. Allí pronto conoció a muchas personas que compartían sus creencias, por lo que empezó a dar charlas y a predicar entre ellos, entregando libros protestantes a quienes acudían a oírla. Como era una noble, pronto llamó la atención; y como era apasionada y convincente en sus palabras, pronto se convirtió en una de los predicadores más conocidos en Londres. Por desgracia, esto también llegó a oídos de las autoridades.

Interrogatorio de Anne Askew ante el obispo Stephen Gardiner. Grabado decimonónico.

Interrogatorio de Anne Askew ante el obispo Stephen Gardiner. Grabado decimonónico.

Examinada
Anne Askew fue arrestada en marzo de 1545 y sometida a una serie de interrogatorios en Sadlers hall por el Lord alcalde, sir Martin Bowes, el juez Dare y otros comisionados. Durante el tiempo permaneció detenida, Anne empezó a escribir lo que le estaba sucediendo. Tomó nota de las preguntas de sus interrogadores y de las repuestas que ella daba. Estas memorias, que de hecho, son lo único que nos ha quedado de ella, fueron posteriormente publicadas bajo el título First Examinations of Anne Askew. Contienen una relación detallada de estos interrogatorios, en los que no entro en detalle porque me veo restringida por la extensión del artículo. Sin embargo, sí que citaré algunos ejemplos.

Anne respondió a sus preguntas sobre la religión de forma sincera pero hábil, de modo que no se la pudo implicar en el cargo de herejía. Por ejemplo, cuando le preguntaron acerca de una de sus frases más célebres, lanzada durante una de sus predicaciones – “Prefiero leer cinco líneas de la Biblia a oír cinco misas en el templo” – respondió que no pretendía ser despectiva con la predicación, sino decir que la lectura bíblica había sido de gran edificación para ella, no así el oír misa. A la pregunta de por qué había sostenido que Dios no estaba presente en la iglesia, ella replicó: “Sobre esto no digo nada que no afirme San Pablo a los atenienses, en el capítulo 18 de los Hechos: que Dios no mora en templos hechos por mano de hombre”. Y a otras muchas preguntas sobre sus creencias, se reafirmaba en decir: “Creo en todo lo que la Escritura me ha enseñado”. En cierto momento le preguntaron si en algún momento un ratón se comía la Hostia -el pan consagrado del sacramento de la Eucaristía– ¿estaría o no recibiendo a Dios ese ratón? Ella nos dice en sus escritos que se limitó a sonreír, sin dar la menor respuesta. Y es que el tema de la presencia de Cristo en la Eucaristía era un asunto espinoso: los reformistas sostenían que era pan consagrado, pero que no se producía la Transubstanciación, seguía siendo pan consagrado, no el cuerpo y la sangre reales de Cristo, según defiende esta doctrina. Preguntada acerca de qué creería si las Escrituras negaran la presencia de Cristo en la Eucaristía, ella respondió: “En esto, y en todo lo demás, creo en lo que Cristo y sus apóstoles nos enseñaron”. Es de entender, pues, que fuera realmente difícil acusarla de herejía.

Tras esto, fue retenida 11 días en prisión, ilegalmente -puesto que no se había probado ningún cargo contra ella-. Una prima suya trabajó duramente para conseguir su liberación, dirigiéndose al Lord alcalde, al Canciller y al obispo. Anne fue finalmente convocada por orden del obispo y se la sometió a un nuevo y largo interrogatorio. Mantuvo el estilo de sus respuestas, breves, hábiles y concisas. Cuando se la quiso obligar a firmar un documento que contenía los artículos de la fe anglicana, Anne escribió que, de esa doctrina, creía todo lo que concordaba con las Sagradas Escrituras. Esto enfureció al obispo e hizo falta mucha persuasión por parte de su prima para lograr su libertad. El marido de Anne fue llamado desde Lincoln y se le ordenó llevarla de nuevo a casa y mantenerla allí. Pero Anne se escapó pronto y regresó a Londres, donde reanudó sus predicaciones.

Anne fue de nuevo detenida e interrogada en marzo de 1546, un año después de su primera detención. Esta vez fue juzgada de nuevo ante otro tipo de tribunal, conocido como “the quest”. Su función era determinar si un prisionero podía ser acusado de herejía. Si era así, delegaban dicho prisionero a un tribunal superior para un interrogatorio más profundo. Nuevamente, y tras largos interrogatorios, fue liberada. Regresó a casa de su hermano, pero esta vez, Anne ya había sido marcada e identificada por sus ideas. Su tiempo se estaba agotando.

Anne Askew se niega a retractarse de sus creencias. Mural "The Martydom of Anne Askew", obra de Violet Oakley (1874-1961). Pennsylvania State Capitol, EEUU.

Anne Askew se niega a retractarse de sus creencias. Mural “The Martydom of Anne Askew”, obra de Violet Oakley (1874-1961). Pennsylvania State Capitol, EEUU.

Condenada a muerte
En 1554, un año antes de la primera llegada de Anne a Londres, el rey Enrique VIII se había desposado con su sexta esposa, Catherine Parr. La reina Catherine era simpatizante de la Reforma protestante, lo que le había granjeado numerosos enemigos en la Corte. En 1546, el obispo Stephen Gardiner y el Lord Canciller Thomas Wriothesley buscaban cómo acabar con la herejía, desacreditar a la nueva reina y enfrentarse al clima protestante que la rodeaba. En el complot que se formó en torno a la reina, se pensó que Anne podría ser un instrumento más que útil.

A principios de 1546, la petición de divorcio por parte de Anne se había desestimando y se le había ordenado regresar junto a su marido. El que ella rechazara obedecer sirvió al obispo Gardiner de excusa perfecta.

Anne fue convocada de nuevo en Londres en mayo de 1546. Nuevamente fue detenida e interrogada acerca de sus creencias religiosas, esta vez por miembros del Consejo real. Intentaron provocarla para que se delatase como hereje, pero Anne, una vez más, respondió con preguntas, silencios y citas de la Biblia. El obispo Gardiner se enfureció y la acusó de hablar con acertijos. La instó a dar respuestas directas, pero ella respondió: “No cantaré una nueva canción al Señor en tierra extraña”. De nuevo, el obispo le dijo que hablaba en parábolas, a lo que ella respondió : “Si os muestro la verdad abiertamente, no la aceptaréis”. El obispo entonces la tachó de loro parlanchín – en esa época, como en muchas otras estaba mal visto que las mujeres hablasen tanto como ella lo hacía, nos preguntamos sin embargo si lo que molestaba al obispo era una mujer habladora, o que no hubiese manera de vencerla en lid dialéctica -. A este insulto, ella respondió: “Estoy dispuesta a sufrirlo todo de vuestras manos, no sólo vuestras reprensiones, sino todo lo que venga después, y gustosamente”. Y hablaba totalmente en serio, como pronto veremos.

Sin duda tenía una lengua de oro con la que sabía protegerse, pero frente a quienes ya habían decidido su caída inexorable, nada podía hacer. El 18 de junio Anne fue definitivamente acusada de herejía y encerrada en la prisión de Newgate hasta su ejecución.

Anne Askew enviada a prisión. Ilustración contemporánea.

Anne Askew enviada a prisión. Ilustración contemporánea.

Anne había sido acusada de negar la doctrina de la transubstanciación (recordemos, es la creencia en que el pan y el vino, en el sacramento de la Eucaristía, una vez que son consagrados se transforman literalmente el cuerpo y sangre de Cristo). Cuando el obispo Gardiner le anunció que iba a ser quemada viva por negar el dogma de la transubstanciación, Anne declaró al tribunal eclesiástico que “he examinado las Escrituras y en ninguna parte he encontrado que ni Cristo, ni sus apóstoles, condenaran a nadie a muerte”. Así les echaba en cara que, llamándose cristianos, se reconociesen con derecho de ordenar su muerte. Y a partir de este momento, se sintió feliz de poder mostrar abiertamente sus creencias protestantes, sin tener que dar más rodeos para salvaguardarse. Al igual que en sus anteriores interrogatorios, Anne empezó a escribir todo lo que sucedía. Puso por escrito sus doctrinas y dio una explicación acerca de por qué no era capaz de aceptar la doctrina de la transubstanciación.

A este respecto, durante los interrogatorios se le había dicho: “¿Cómo podéis ignorar las mismísimas palabras de Cristo cuando dijo: “Éste es mi Cuerpo” “Ésta es mi Sangre”?” Ella había replicado: “El significado de las palabras de Cristo en este pasaje es similar al que podemos ver en otras partes de la Escritura cuando dice: “Yo soy el Camino”, “Yo soy la viña”, “He aquí el Cordero de Dios”, “Esa roca era Cristo” y otras referencias a Él mismo. No debéis, en estos textos, tomar a Cristo literalmente por los objetos con los que elige significarse, porque entonces le estaríais tomando por un camino, por una viña, por un cordero o una roca, contrariamente al Espíritu Santo. Todos ellos pretenden representar a Cristo, así como el pan representa a Su cuerpo”. Es decir, que al igual que es común en las creencias luteranas, Anne Askew sostenía que no debía interpretarse el pan y el vino como cuerpo y sangre de Cristo literalmente, sino simbólicamente. Por lo tanto, rechazaba que el sacerdote pudiese convertir el pan y el vino en el auténtico cuerpo y sangre de Cristo. Así lo diría posteriormente a sus torturadores: “He leído en las Sagradas Escrituras que Dios hizo al hombre, pero que el hombre pueda hacer a Dios, eso no lo he leído en ninguna parte”.

Torturada
Sin embargo, al ser condenada a muerte, su proceso dejaba de ser de naturaleza religiosa, para convertirse en una cuestión política. Fue llevada a la Torre de Londres y se la encarceló en la torre Cradle. Iba a tener el tristísimo honor de convertirse en la primera y única mujer que sufrió tortura en dicho lugar, en toda la historia de Inglaterra.

Anne Askew torturada en el potro. Grabado decimonónico.

Anne Askew torturada en el potro. Grabado decimonónico.

La tortura no tuvo como objeto hacerla retractarse de sus creencias protestantes, consideradas herejía por la fe anglicana, sino implicarla en una conjura política contra algunas personas correligionarias suyas, miembros de la Corte. Le preguntaron acerca de lady Catherine Brandon (duquesa de Suffolk), lady Anne Calthorpe (condesa de Sussex), lady Anne Stanhope (condesa de Hertford), lady Denny y lady Fitzwilliam. Todas estas nobles eran cercanas a la reina y, si Anne confesaba que compartían sus creencias, ello les daría pie a condenarlas también por herejes y acercarse más a lograr la caída de la reina.

Pero como Anne rehusó hablar ni dar nombres, fue torturada en el potro con la intención de obligarla a hablar y, de paso, a arrepentirse de sus afirmaciones y creencias. Fue inútil: ni renunció a sus ideas, ni delató absolutamente a nadie. Durante el tormento, Anne se desmayó dos veces y se la reanimó cada vez. A sir Anthony Kingston, que era lugarteniente de la Torre, se le ordenó torturarla una tercera vez, pero se negó. Y es que existía una ley del reino que prohibía que una mujer fuese torturada, así que corrió a consultar al rey acerca de esta cuestión. Éste, sin embargo, consintió la tortura.

Pero mientras él estaba ausente, la tortura prosiguió y con tanta crueldad, que ha quedado constancia de que los gritos de dolor de Anne se oían desde el exterior de la Torre, en los patios y plantas adyacentes. El lord Canciller Wriothesley y sir Richard Rich se encargaron de torturarla personalmente, como ella misma escribiría después: “Entonces ellos me pusieron en el potro, porque no confesaba los nombres de damas y caballeros que compartieran mis opiniones, y así me tuvieron mucho tiempo; y como me quedaba quieta y no lloraba, milord Canciller y el maestro Rich se esforzaron en torturarme con sus propias manos, hasta que estuve casi muerta”.

Anne Askew torturada en el potro – Los Tudor (2007)

Después de este espantoso tormento y como solía suceder con las personas que han sido torturadas en el potro, Anne ya fue incapaz de caminar y de valerse por sí misma, al tener las articulaciones rotas y desencajadas. Con todo, su suplicio no había terminado. “Entonces el teniente logró que me liberaran del potro. Incapaz de contenerme, me desvanecí, y ellos me reanimaron. Luego permanecí dos largas horas sentada en el suelo, razonando con milord Canciller, el cual, con muchas palabras lisonjeras, pretendía que abandonara mis ideas. Pero mi Señor Dios -gracias sean dadas por su bondad eterna- me dio la gracia de perseverar, y lo haré, espero, hasta el final”.

“Luego fui llevada a una casa y me echaron en una cama, con los huesos tan cansados y doloridos como una vez los tuvo el paciente Job; gracias a Dios sean dadas por ello.” Nicholas Saxton, ex-obispo de Salisbury, la visitó y la urgió a cambiar de opinión, aconsejándole que se retractase, como él mismo había hecho en el pasado. “Entonces, milord Canciller me mandó a decir que si yo abandonaba mis opiniones, no debía temer nada; pero que si no lo hacía, sería enviada de nuevo a Newgate y quemada. Y le mandé a decir que prefería morir a quebrantar mi fe”. Y esto fue exactamente lo que ocurrió.

Quemada
Anne Askew empleó sus últimas horas en escribir minuciosamente una negativa a su retractación, para desmentir el rumor de que se había retractado. Las últimas palabras escritas por Anne son una oración: “¡Oh Señor, tengo más enemigos ahora que cabellos en mi cabeza! Pero tú, Señor, no permitas que me superen con vanas palabras, sino lucha Tú en mi lugar, pues en Ti pongo yo mi cuidado. Con todo el despecho que pueden imaginar, se abalanzan sobre mí, que soy Tu pobre criatura. Sin embargo, dulce Señor, no me dejes a merced de los que están en mi contra, porque en Ti está todo mi consuelo. Asimismo, Señor, te pido de corazón que sea Tu voluntad el mostrar tu bondad y tu misericordia: perdónales por la violencia que me hacen y que me han hecho. Abre tú también sus ciegos corazones, para que en lo sucesivo hagan lo que es recto ante Tus ojos, lo que es solamente aceptable por Ti, sin todas las vanas fantasías de los hombres pecadores. ¡Que así sea, oh Señor, que así sea!”

Anne Askew quemada en la hoguera. Grabado coloreado perteneciente al Book of Martyrs de John Foxe   (1869).

Anne Askew quemada en la hoguera. Grabado coloreado perteneciente al Book of Martyrs de John Foxe (1869).

Anne tuvo que ser llevada al lugar de su ejecución, en Smithsfield, sentada en una silla, pues sus dañadas piernas ya no podían sostenerla. Fue fijada a la estaca con gruesas cadenas en torno a su cuerpo, porque se resbalaba al no poder mantenerse en pie y las cuerdas no eran suficientes.

Las ejecuciones de herejes siempre generaban una gran expectación y había acudido tanta gente a presenciar la quema, que la multitud tuvo que ser empujada hacia atrás para que hubiese espacio suficiente para poder encender la pira. Unos amigos habían suministrado pólvora, que le fue colocada para acelerar su muerte: una serie de saquillos, colgados de su cuerpo y de los otros condenados.

Otros tres protestantes, entre ellos su amigo y tutor John Lascelles, fueron quemados junto a ella. Mientras amontonaban los haces de leña junto a ellos, el dr. Shaxton, un predicador, se acercó a ellos y dio inicio a su sermón. Anne prestó atención a las prédicas del sacerdote y replicaba; cuando estaba de acuerdo con él, así lo manifestaba; cuando oía algo con lo que disentía, exclamaba: “Ahí se ha equivocado, está hablando sin respetar el libro”. Cuando estuvo preparada la pira y terminó el sermón, los tres condenados empezaron a rezar. Se les ofreció una última oportunidad para obtener el perdón del rey si aceptaban retractarse de sus ideas. Anne ni siquiera echó un vistazo a los documentos que le presentaban, diciendo que no había sido llevada a la hoguera para negar a su Señor y Maestro. Los otros se adhirieron también a su afirmación.

Entonces, el lord alcalde dio orden de encender la hoguera mediante el grito Fiat iustitia! (“hágase justicia”). Anne y sus compañeros protestantes fueron quemados ante una enorme multitud. Era el 16 de julio de 1546, y ella tenía sólo 25 años de edad.

Con su muerte, Anne dio muestra una vez más del extraordinario coraje que había mostrado a lo largo de su vida. Y es que, a pesar de que estaba quemándose viva, mantuvo la compostura hasta que las llamas empezaron a lamerle el pecho, momento en que empezó a gritar. Afortunadamente su sufrimiento no duraría mucho más: los saquillos de pólvora, que estaban colgados de los cuerpos de los reos, explotaron cuando las llamas los tocaron, matándolos al instante.

Anne Askew quemada en la hoguera – Los Tudor (2007)

Memoria
Ya sabemos que los protestantes no rinden culto a los Santos, pero eso no significa que no conmemoren a sus mártires. Desde el principio se consideró a Anne Askew como una mártir de la fe luterana, quizá con más fundamento que otras mujeres contemporáneas -Ana Bolena, Lady Jane Grey- cuyas ejecuciones tienen más de político que de religioso, algo que no ocurre en el caso de Anne Askew.

Ya en el siglo XVII se le dedicaron muchas baladas, honrando su martirio. Thomas Fuller dijo de ella que “subió a los cielos en un carro de fuego”, haciendo alusión a la naturaleza de su muerte, pero también estableciendo un paralelismo con el profeta Elías. Precisamente por haber redactado de su puño y letra su proceso de interrogatorio y condena, su memoria se mantuvo siempre viva, experimentando un resurgimiento en época victoriana. John Foxe, en su Book of Martyrs, la incluyó entre los mártires conmemorados en dicha obra. Copias de sus Examinations fueron publicadas por este mismo autor en su obra Acts and Monuments (1563), que fue uno de sus mayores impulsores en recordarla como una mártir.

Las Examinations son, como decía, lo único que nos ha quedado de esta predicadora, puesto que sus cenizas fueron esparcidas, como se procedía con los restos de los que eran quemados por herejía. Pero se sabe también que fue poetisa y que compuso diversas baladas de carácter religioso, pues ella no podía desvincularse, como persona, de su profunda espiritualidad. No se conserva ninguno, salvo uno titulado I Am a Woman Poor and Blind (“Soy una mujer pobre y ciega”) que se atribuye a su autoría, y aunque no se puede asegurar al 100%, no cabe duda de que el poema se refiere a ella. En él hace examen de conciencia y desde una profunda humildad se pone en manos de Dios.

En una época en que a las mujeres no se les permitía tener voz propia, ella había sido una afamada predicadora. Puede que se la juzgue como imprudente, incluso insensata, pero a diferencia de otros, permaneció leal a sus amigos y a sus creencias hasta el final. No fue una víctima de las maquinaciones políticorreligiosas de la época -como sí lo fueron Ana Bolena y Lady Jane Grey-, sino una mujer determinada a manifestar sus opiniones y a aceptar las consecuencias de ello. Así lo había expresado a sus interrogadores y así lo cumplió.

Meldelen

Bibliografía:
– ASKEW, Anne, The Examinations of Anne Askew, editado por Elaine B. Veilin en Women Writers in English (1350-1850). Oxford University Press, 1996. Disponible en Google Play.
– FOXE, John, The Book of Martyrs
– FOXE, John, Acts and Monuments.

Consultado en línea (21/02/2013):
http://historysheroes.e2bn.org/hero/4265
http://www.exclassics.com/foxe/foxe209.htm

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

20 pensamientos en “Anne Askew (1521-1546): poetisa, predicadora, mártir protestante

  1. Ana Maria,
    En primer lugar quiero agradecerte el valor que has tenido al iniciar esta serie de artículos sobre algunas de las mujeres mártires protestantes, estando completamente de acuerdo en el planteamiento que haces al principio del artículo. Desde mi punto de vista no existe ningún tipo de controversias, porque los mártires, mártires son y gozan de la presencia de Dios, pues por Él dieron su vida.

    Anne Askew, mujer íntegra que se sacrificó por no implicar a nadie, es un ejemplo a seguir. Nosotros, ante cualquier contratiempo o acusación, estamos siempre dispuestos a excusarnos, a implicar a otros para no asumir nuestros involuntarios fallos o nuestros voluntarios errores, no asumiendo nuestras responsabilidades en numerosas ocasiones y aparentando siempre una honradez, de la que a veces carecemos.

    Si nos centramos en el relato que nos haces de su vida, y sin entrar en las controversias que podamos tener con algunas de sus ideas, vemos múltiples actuaciones suyas, que nos hacen pensar en lo arraigado de sus convicciones y en la claridad de sus ideas y, aunque con errores – que seguro que los tuvo – , tenemos de alguna u otra forma, abundantes ejemplos a imitar en nuestras vidas, aunque los momentos históricos e incluso los posicionamientos sean distintos. Prefiero dejar algunos temas concretos para el debate, que espero surja de la lectura de este artículo.

    Ruego a Santa Anne Askew, que nunca será oficialmente canonizada, para que interceda por nuestras Iglesias a fin de que mediante el ecumenismo, se acerquen unas a otras, y consigamos algún día la Unidad que Cristo desea.

    • “La santità non è frutto di scelta umana. Non la si può valutare con criteri umani, né stabilire con procedure umane… la santità appartiene a Dio. I santi non sono che uomini di Dio. Con un loro modo particolare, definiscono il quadro delle relazioni tra Dio e umanità, con criteri che solo Dio stabilisce. La santità trascende gli angusti confini delle nostre divisioni, dei nostri scismi. L’unità della Chiesa la si raggiunge e realizza grazie alla loro dignità, che diventa comprensibile solo in questo mondo. I santi fanno così da ponte nelle relazioni interecclesiali, non solo perché intercedono per la Chiesa, ma perché attingono la loro bontà da quella fonte unica, che è il solo Signore; sono il fondamento della sua Chiesa Una e Santa.”

      (S. E. Chrisostomos Konstantinidis, Metropolita di Efeso)

      “I santi non conoscono le frontiere, le nazioni; non conoscono nessuna divisione né appartenenza. Loro sono al di sopra di tutti e per tutti! I santi sono il legame più forte tra la terra e il cielo, e ancora tra i popoli stessi. Loro sono i nostri rappresentanti davanti al Signore e mediatori tra i popoli. Loro portano pace laddove c’è discordia e degli sconosciuti fanno amici.”

      (S. B. Stefan, Arcivescovo di Ohrid e di Macedonia)

      “Insieme con voi non posso dimenticare quanto quel Concilio abbia significato per il cammino ecumenico. Mi piace ricordare le parole che il beato Giovanni XXIII, di cui ricorderemo tra breve il 50° della scomparsa, pronunciò nel memorabile discorso di inaugurazione: «La Chiesa Cattolica ritiene suo dovere adoperarsi attivamente perché si compia il grande mistero di quell’unità che Cristo Gesù con ardentissime preghiere ha chiesto al Padre Celeste nell’imminenza del suo sacrificio; essa gode di pace soavissima, sapendo di essere intimamente unita a Cristo in quelle preghiere». Questo Papa Giovanni.
      Sì, cari fratelli e sorelle in Cristo, sentiamoci tutti intimamente uniti alla preghiera del nostro Salvatore nell’Ultima Cena, alla sua invocazione: ut unum sint. Chiediamo al Padre misericordioso di vivere in pienezza quella fede che abbiamo ricevuto in dono nel giorno del nostro Battesimo, e di poterne dare testimonianza libera, gioiosa e coraggiosa. Sarà questo il nostro migliore servizio alla causa dell’unità tra i cristiani, un servizio di speranza per un mondo ancora segnato da divisioni, da contrasti e da rivalità. Più saremo fedeli alla sua volontà, nei pensieri, nelle parole e nelle opere, e più cammineremo realmente e sostanzialmente verso l’unità”

      (S. S. Papa Francesco, vescovo di Roma e successore di Pietro)

    • Querido amigo Antonio, no quito ni añado nada a lo que has dicho, yo misma no lo habría podido haber descrito mejor. Especialmente destaco tu reflexión sobre la integridad de Anne a la hora de implicar a nadie más en su proceso, y eso que le estaban rompiendo las articulaciones en ese maldito aparato. Bastaba dar los nombres de esas nobles para verse libre de la tortura; y bastaba que una de esas nobles, interrogada, mencionara a la reina, para que fueran cayendo todas como un castillo de naipes: Anne, las nobles, y la reina incluida. Al fin y al cabo, con la cantidad de gente que se había ejecutado a capricho del rey y de sus funcionarios, dos reinas incluidas, ¿qué importaban unas cuantas más? En ese sentido, el silencio de Anne en medio de la tortura adquiere tintes de auténtica heroicidad; y a eso súmale que también moría por defender sus ideas cristianas, que puede que no coincidan plenamente con las nuestras como católicos, pero que eso no obsta a quitarle el menor mérito. No tiene nada que envidiarle a las grandes mártires de la Antigüedad, como tampoco a las mártires católicas del siguiente período.

      Gracias también, Damiano, por tu selección de textos en los que vienes aportar, si no he entendido mal, que la santidad no entiende de fronteras, de religiones ni de distintas confesiones dentro de una misma religión. Sin duda Anne Askew es un ejemplo de santidad y fortaleza y, aunque sabemos claramente que los protestantes no se acogen a la intercesión de los Santos ni la Virgen y apelan directamente al Dios vivo, no me cabe duda de que ella está en su presencia y que ruega por toda la humanidad.

  2. Ana Maria gracias por este articulo de la martir Anne Askew.
    Como no,la conoci por la serie de “Los Tudor”,por eso he leido con detenimiento tu articulo,dado que la serie,aunque buena en su calidad,se tomaba unas licencias historicas bastante graves (para mi entender).

    Una cuestion que planteo y lo hago por la gente que visita el blog,¿no seria mejor añadir en otros apartados tanto a los santos Ortodoxos despues del cisma como a los martires protestantes o de otra indole?
    Creo que habran bastante confusiones,no por mi parte,pero bueno…es una idea para mejorar la localizacion segun el tipo de articulos.

    • Estimado Abel,
      a relación de la propuesta de organización que haces en el blog, si te fijas, ya está llevada a término en las etiquetas. Dentro de las categorías”Mártires”, “Confesores”, “Vírgenes y Viudas”, que están reseñadas en el árbol directorio a la derecha de la página, contemplamos las etiquetas “Ortodoxos” (se entiende, santos ortodoxos tras el cisma de 1050) y “Protestantes” (posteriores a la primera Reforma de Lutero), que puedes ver en azul al final del artículo. Con eso debería bastar para hacer la diferenciación, ya que no nos podemos permitir sobrecargar más el árbol directorio, que es demasiado complejo ya para lo deseable en una web. Las etiquetas son también un modo de clasificación y sirven para orientarse, aunque su localización sea más discreta, al estar al final de cada artículo.

      Por otra parte, notificamos a nuestros lectores que hemos actualizado el artículo del pasado 15 de febrero, dedicado a la basílica romana de San Pietro in Vincoli, con mayor información sobre las reliquias que le dan nombre: las cadenas de San Pedro. Animamos a revisar el nuevo contenido -disponible al final del artículo- y a comentar. http://www.preguntasantoral.es/2013/02/san-pietro-in-vincoli/

      Y por último, decir que hemos sobrepasado ya los cinco millones de visitas. El Equipo PreguntaSantoral está gratamente sorprendido por la acogida que ha tenido nuestro blog en sus escasos años de existencia. Eso sí, si este agradecimiento se expresara también en forma de donaciones, podríamos asegurar que este blog durara muchos años más, lo cual, actualmente y debido a la falta de estas donaciones, está en jaque.

    • Yo, aunque en principio me ando con cautela y escepticismo con las ficciones históricas para novela y televisión, he visto entera la serie “Los Tudor” por si podía tener alguna aplicación didáctica útil para mis futuros alumnos de Secundaria. He concluido que no: aunque muy amena y muy acertada en algunos puntos, la cantidad de fallos históricos e historiográficos que comete, unido a las licencias que se toman por cuestiones de argumento, hacen que la haya desestimado como recurso educativo. Si a eso le sumas el exceso de escenas de sexo sin sentido ni finalidad que no sea el mero desnudo y el morbo puro y duro; comprenderás que no es nada apta para el público al que pensaba dirigirlo, y eso que muchos chavales de esa edad ya lo han visto, ¡y con qué consecuencias! (Niñas que se enamoran de Enrique VIII pensando que era así de guapo y de atlético, que aplauden sus crueldades y excesos simplemente porque es guapo (?); chavales que llaman “puta” a Ana Bolena y a Katherine Howard (¡¡las pobres!!), lecturas totalmente distorsionadas de la Historia que a una le rompen el corazón, de verdad). ¡Cuánto daño hace una serie histórica mal hecha!

      Lo único que he podido salvar entre tanto desnudo y tanto vestuario inventado; es la breve intervención dedicada a Anne Askew, que como has visto, es demasiado rápida y demasiado inexacta. No se le hace justicia alguna: no le confieren a la mártir la dignidad que merece ni se destaca suficientemente la relevancia de su sacrificio, y eso que Emma Stansfield hace un papel excelente en los pocos minutos que le dedican. Supongo que eso es mejor que nada; porque ahora, gracias a esta serie, seguramente Anne Askew será más conocida de lo que ya era, y mucho, en todo el mundo.

      En fin, que para saber más sobre Los Tudor, y mejor sabido; mejor nos vamos a los manuales de Historia y a otros recursos de ocio más acertados: hay muchas películas dedicadas a este tema donde al menos, el vestuario está bien hecho y Enrique VIII parece Enrique VIII, no el modelo de Hugo Boss intentando ser Enrique VIII. Nihil novum sub sole.

      • NO PODRIA ESTAR MAS DE ACUERDO CONTI ENRIQUE VIII ERA UN OBESO ASQUEROSO Y MACHISTA , SUS ESPOSAS NO ERN NINGUNAS PUTAS FUERON VICTIMAS DE COMPLOT EN SU CONTRA , ESA SERIE NUNCA LE HE VISTO (LA PASAN MUY TARDE EN MI PAIS CHILE) PERO POR LO COMERCIALES HE VISTO QUE HAY MUCHAS ESCENAS DE SEXO Y MUCHOS ERRORES HISTORICOS , OJALA SIGAS HABLANDO DE MAS MARTIRES PROTESTANTES

        • Bueno, sinceramente, lo de obeso y machista es propio de la época, no se le culpa al ciervo por tener cuernos; si me entiendes. Como hombre de la Edad Moderna y rey decidido a reforzar su poder, Enrique VIII se comportó como lo que era, ni más, ni menos. Se excedió en crueldad, en cambios de humor y sus caprichos le costaron la vida a muchos inocentes, empezando por los desgraciados que se cruzaron en su camino; pero aún así, no dejó de ser hijo de su tiempo.

          Ahora, lo que no es de recibo es que chavales del siglo XXI, viendo la serie Los Tudor, hagan alarde de crueldad y machismo aplaudiendo las acciones de ese rey y tildando de prostitutas a las pobres infortunadas que en vano intentaron complacerle; convertir la tragedia de las seis esposas en un burdo concurso de belleza, banalizar la muerte y el sufrimiento de Tomás Moro, el cardenal Wolsey, Thomas Cromwell y los derrotados de la serie, como si estuviesen viendo una peli fantástica, me parece que es para llorar. La historia de esa época es una historia terrible y hay que tomársela en serio, cosa que no parece desprenderse de la serie.

  3. Magnífico artículo ¡¡¡¡ Sin duda uno de los que más me ha hecho pensar en los ya muchos que lanzan cargas de profundidad sobre las verdades qu etenemos asumidas como tales. Y es que la buena de Anne Askew contesta en los interrogatorios de una forma tan contundente, tan sabia, tan inexcusable, tan transparente , que sus frecuentes referencias a la literalidad de las Escrituras nos parece argumento más que suficiente para considerar irrepochable su verdad. Y ello sin pejuicio de que todas las verdades son igual de respetables. Si a ello unimos su férreo silencio en la no delación a pesar de lo insufrible de sus torturas nos encontramos con una mujer EXCEPCIONAL ¡¡¡¡¡

    • Muchísimas gracias 🙂 Fíjate, Salvador, que yo ya conocía a algunas mártires protestantes, pero cuando me encontré hace un par de años con Anne Askew, me quedé de piedra.

      Hablas de su conocimiento de la Biblia. Algo que distingue muchísimo a los protestantes de las otras confesiones cristianas es su profundísimo conocimiento de las Sagradas Escrituras, que de hecho es uno de los pilares de su confesión (“sola scriptura”). Entre católicos y ortodoxos, este dominio fue, hasta hace relativamente poco, exclusivo del clero, que lo interpretaba para el pueblo, y aún hoy en día no es fácil que los feligreses alcancen tanto nivel si no se entregan a ello. Pero en el mundo protestante, desde que Lutero impulsara que las Sagradas Escrituras llegaran al pueblo en su lengua materna -no en vano él es el primero en traducir la Biblia a una lengua vulgar, el alemán- los partidarios de la Reforma pasaron a ser, en cada fiel y por incentivo de la comunidad y las predicaciones, profundos conocedores de la Biblia, ya que ya no precisaban que un sacerdote las leyera y las interpretara por ellos.

      De ahí que precisamente los primeros movimientos feministas y abolicionistas surgieran en las comunidades protestantes: estamos hablando de gente que se cultivaba por sí misma en la lectura de la Biblia y en el canto de los salmos, en cuyo dominio también siguen siendo claramente superiores.

      Gente, por tanto, alfabetizada y autónoma en cuanto a lectura y canto, cosa que tardó todavía en verse entre los católicos y aún hoy en día… bueno, no me considero una experta en música, pero cuando oigo cantar a una feligresía protestante y a una católica, se va de un extremo al otro. Jajajaja. No en vano el arte del “gospel” también nació entre ellos. Como cantaba Withney Houston,

      “Jesus loves me
      oh, yes, He does
      Jesus loves me
      oh yes, He does
      cause the Bible
      tells me so.”

  4. Wow!! Que te puedo decir Anita sino felicitarte. Me quedé anonadado al terminar de leer tu artículo, comparto la opinión de muchos de los amigos al decir que esta chica murió como verdadera Mártir. A veces pensamos que nuestros hermanos separados son malos y que tratan de conseguir adeptos mediante la predicación, pero no tomamos en cuenta que aunque no están en comunión con Roma y tienen divergencias en doctrina y culto también confiesan el nombre de Jesucristo. Eso si, una cosa es el fanatismo y otra muy diferente la devoción. Me admira que haya hombres y mujeres que hayan dado la vida por Cristo confiando sobretodo en su palabra como veo que lo hizo esta mujer admirable, pero me admira más que estos hermanos sean de otras confesiones que, al fin y al cabo, son diversas maneras de entender el mensaje de Cristo. Enhorabuena y espero pronto leer más artículos de estos mártires de otras confesiones cristianas. 🙂

    • Gracias, de corazón, David, por tu reflexión. Precisamente eso es lo que he intentado con este artículo y lo que llevo intentando hacer que comprendan, desde hace mucho tiempo, algunos hermanos que le tienen tirria a los protestantes, con escaso éxito por desgracia. Yo, es cierto que no conozco a muchos protestantes, pero estoy familiarizada con su devenir histórico y los pocos con los que he tenido contacto con personas espléndidas. Una de ellas, paciente de mi madre, me ha regalado algunos textos y reflexiones evangélicas que he leído con mucho gusto, fundamentados únicamente en la Biblia.

      Seguiré hablando, en el futuro, de otras mártires del protestantismo que, al igual que las católicas, ortodoxas y antiguas, son mujeres heroicas de gran santidad.

  5. Un poco tarde, pero no importa. A decir verdad desconocía la vida de esta mujer que vivió en un periodo de la historia que me llama mucho la atención: la dinastía Tudor. Una mujer que no deja de sorprenderme por su libertad de conciencia y de acciones, creyente -me atrevo a decir que radical, pero propia de la época- y valiente, que supo ignorar lo que en la Biblia no es palabra de Dios por mucho que lo diga un apóstol como Pablo de Tarso sobre el papel de la mujer en la iglesia -¿de qué otra forma entenderíamos que Anne predicara en Londres y dejara a su marido por razones de piedad cuando el mismo apóstol ordena que las mujeres permanezcan calladas en el templo y sumisas a su marido “en pro de santificarse con la maternidad”? No deja de llamarme la atención que el rey Enrique VIII buscara la separación de la iglesia de Inglaterra del Papa por cuestiones legales, no religiosas, por lo tanto no tolerando la reforma protestante y condenando los trabajos de Lutero y compañía -el título Defensor Fidei no le fue retirado sino hasta años después-, aunque permitiera a Thomas Cranmmer permanecer en la sede de Canterbury -legal y canónicamente válido, contrario a lo que muchos han tratado de negar, la sucesión apostólica en la iglesia de Inglaterra es tan real como en la católica y la ortodoxa- pese a su simpatía pro luterana y su ministro espiritual Thomas Crownwell fuese juzgado por herejía y traición. Hay mucha tela de dónde cortar tratándose de la historia, aunque un amigo inglés me comentó que Enrique VIII nunca debió reinar -no recuerdo porqué-.

    Anne Askew es mártir, sí, no recibe veneración y con toda seguridad no la querría para no ser incongruente con su teología protestante. No la había oído mencionar de no haber sido por esta serie que vi hasta el final y con todo y sus licencias es un estimulante para buscar la realidad histórica lejos del celuloide y más cerca de los libros. Además de los movimientos abolicionista y feminista, no olvides que los movimientos en favor de los derechos de las “minorías” negras fueron iniciados por los protestantes -los hermanos cuáqueros-. El capitalismo tiene bases protestantes -los famosos “Peregrinos” del Mayflower lo fueron- y la educación de las masas y no sólo de los nobles se originó en las iglesias protestantes -para salvarse debían entender la Biblia-.

    ¡Te agradezco el aporte de hoy! Aunque en general las escenas de las ejecuciones de Thomas Moro y del Obispo John Fisher me parecieron muy cercanas a la realidad; no así las de Ana Bolena y Catherine Howard.

    • Alejandro, el movimiento abolicionista es precisamente el movimiento de a favor de las minorías negras, por eso se llama así: abolición de la esclavitud. También he mencionado la educación Bíblica, aunque lo he hecho en un comentario a Salvador.

      Supongo que interpelada por las palabras de Pablo de Tarso; Anne hubiese respondido que Jesús se rodeaba de mujeres en sus predicaciones, que ellas estuvieron con Él hasta el final mientras que los hombres habían puesto pies en polvorosa, y que ellas fueron determinantes en las primeras comunidades cristianas, así como derramaron generosamente su sangre en las persecuciones. Todo cosas que se caen por su peso y nuestra inteligencia fácilmente sabe deducir.

      Enrique VIII, como alguna vez he comentado, simplemente siguió la misma mentalidad política de los demás gobernantes europeos en su época: el reforzar su poder a toda costa, y cayese quien cayese. En ese sentido, Cromwell me inspira tanta lástima como Moro y como las dos reinas ejecutadas, así como las demás víctimas de las maquinaciones y caprichos del rey.

      Por último, decir que las ejecuciones en la serie de Los Tudor están bastante acertadas, salvo la de Anne Askew, que no coincide y la despoja de su dignidad. La de Ana Bolena es bastante más coincidente de lo que crees, sólo le faltó que le vendasen los ojos. En cuanto a Katherine Howard, digo lo mismo; sólo sobraba esa escena nocturna en la que estaba probando su cabeza en el tajo. Lo probó, pero no desnuda. Qué obsesión con sacar a las mujeres de la serie desnudas.

      • Sobre Enrique VIII recae todo el mal que provoco con sus caprichos,la ruptura con Roma cuando se empeño en casarse con Ana Bolena.
        Pensar que todas las desgracias las provoco un solo hombre..espantoso la verdad.
        Y encima para el solo considero su legitima esposa a Jane Seymour..¡por haberle dado un heredero varon!.
        La figura de esta reina ha quedado bastante a la sombra de las demas,en parte debido a lo breve de su reinado,por fallecer de fiebre puerperal tras el parto (creo que sobrevivio algo mas de un mes tras el nacimiento del niño).
        Ella “reconcilio” al rey con su hija mayor Maria,y consiguio que tanto ella como Isabel regresaran a la corte con ellos.
        Tambien medio en el conflicto de los sublevados (Robert Aske) que no estaban a favor de las reformas religiosas..aunque para lo que luego sirvio.
        Me he enrollado,es que me fascina el tema ;P

        • Cuando quien provoca el mal es un rey, es mucho mal el que se provoca. Por eso dijo William Warham aquello de “ira principis mors est”. De todos modos, hay que ver el tema con consciencia histórica: otros reyes, cuando querían, obtenían el divorcio de sus esposas y se casaban con nuevas esposas; incluso obtenían bulas papales para matrimonios que claramente no eran adecuados por consanguinidad, o si no las obtenían, las falsificaban (caso de los Reyes Católicos). Es, según se mire, lógico que Enrique VIII montase en cólera cuando le negaron el divorcio desde Roma, primero, porque lo que había valido para otros de repente no valía para él; y segundo, que no valía para él por razones puramente políticas y nada que ver con la ortodoxia de la fe católica: a la Iglesia le interesaba la alianza con el católico emperador Carlos V, quien era sobrino de Catalina de Aragón y por tanto, cuya causa apoyaba. Política pura y dura, nada de religión. Así que hasta cierto punto, no le culpo de romper con Roma.

          Lo que no tiene perdón de Dios es el haber ido desechando una esposa tras otra con el empeño de tener el puñetero hijo varón. Aunque, según dice mi madre, al final recibió castigo por la justicia divina: el príncipe Edward, hijo de Jane Seymour, apenas reinó y fue sucedido por sus dos hermanas, a intervalos declaradas legítimas, a intervalos declaradas bastardas, María e Isabel. Y precisamente el reinado de la segunda es probablemente la época más querida y recordada por la historiografía británica. En cierto modo, el legado de Ana Bolena, injustamente asesinada -como casi todos-, perduró, aunque es cierto también que la hija no hizo nada por honrar la memoria de la madre. Tuvieron que ser sus correligionarios los que lo hicieron, encabezados por John Foxe, quien también honró a Anne Askew.

  6. Que decirte Ana María.

    Al principio creí que Anne Askew era Protestante Anglicana, sino Luterana. Que como me habéis dicho antes en un articulo reciente los Anglicanos no son protestantes; ¿Entonces que son?

    Segundo. Vaya mujer!!!!

    Su martirio tambien tiene que ver con motivos políticos y no solo de su fe, porque a mi ver creo en parte querían eliminar tanto a la reina como a gente noble que compaginaba con sus ideas, pero ¿Sería en si las ideas lo que la llevó a la muerte? ¿O era el medio para eliminar a ciertos actores de ese tiempo que no les convenía a otros?

    No pretendo hacer a un lado la vida ejemplar y astucia e inteligencia y habilidad de esta gran mujer de escasos 25 años. Pero no puedo separar su martirio de acontecimientos políticos que a mi ver se ven claros.

    Me alegra saber que con su puño escribió muchas cosas, entre ellas su proceso. No se si eso ha pasado con algún mártir católico. A mi ver Anne es ejemplar y como bien dices quizá no sea nunca canonizada pero ni le hace falta. Porque “los mártires, mártires son” como dijo Antonio.

    Una pregunta más. ¿Qué tanta relación directa tuvo Anne con la reina y la gente noble que mencionas de la cual querían que confesara sus nombres en el tormento?

    • Como ya te dije, Emmanuel, los anglicanos no son protestantes. Son católicos, pero separados de Roma, con su iglesia propia, la Iglesia de Inglaterra, con su cabeza propia, que es el rey o reina (actualmente, la reina Isabel II), con su clero y sus artículos de fe, pero todos emanados de la fe católica. Ellos se consideran católicos, pero no romanos. Para evitar confusiones, los llamamos anglicanos.

      Los protestantes son las diversas confesiones emanadas de las reformas de Lutero, Calvino y demás reformistas. Cada una de ellas con diferencias particulares pero iguales en los rasgos generales: sola fides, sola scriptura. Fueron considerados herejes tanto por católicos como por anglicanos hasta que ante la certeza de que no iban a desaparecer, tocó respetarles. Es un error, por tanto, meter a los anglicanos entre los protestantes.

      Segundo, el martirio de Anne Askew no tiene nada de político, sino de religioso. Se la quema viva por sus ideas protestantes, especialmente por su negación de la doctrina de la transubstanciación eucarística. Por lo tanto, muere por su fe protestante, de la que intentaron hacerla retractarse diversas veces.

      Es la tortura lo que tiene motivos políticos. Ella ya estaba condenada a muerte; no hacía ninguna falta torturarla -y de hecho, estaba prohibido por la ley-, pero como el obispo Gardiner estaba obsesionado con purgar la “herejía” en la corte, la manda torturar para que delate los nombres de esas personas nobles y de la reina; que la habrían acogido, la habrían ayudado a salir adelante con donaciones monetarias y colaboraciones, y también habrían oído sus prédicas.

      Y sí, ella no es la única mártir que nos ha dejado escritos, aunque concretamente de su proceso, ya no sé quién más podría haberlo hecho. Recordemos que Tomás Moro era un gran humanista y nos ha dejado su “Utopía”, inspiración de humanistas y sabios posteriores.

      • Muchas gracias Ana María

        Me gustó tu definición sobre los Anglicanos, no había pensado lo que tu me defines en tu primer párrafo.

        Pobre de Anne pero sin duda goza de la presencia del Señor.

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