Santos Montano y Máxima de Singidunum

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Icono ortodoxo rumano de los Santos.

Icono ortodoxo rumano de los Santos.

Los santos Montano, sacerdote y su esposa Máxima de Singidunum, en el Danubio, son santos mártires de los tiempos difíciles de la persecución de Diocleciano. Ellos son conmemorados como santos en la Iglesia de Occidente entre las órdenes monásticas, pero también lo son en Oriente, especialmente en las Iglesias rumana y serbia.

El 24 de febrero del 303, los co-emperadores romanos Diocleciano (284-505), Galerio, su hijo (293-311), Maximiano Hércules (286-305) y Constancio Cloro (293-306), el padre del emperador San Constantino el Grande, firmaron un edicto contra los cristianos. Otros dos decretos fueron firmados en el mismo año (abril y 27 de septiembre) y un cuarto en enero-febrero de 304. Estas decisiones imperiales implicaban la destrucción de los lugares de culto cristianos, la quema de los libros cristianos y sus archivos, la pérdida de las propiedades, privilegios y funciones estatales para los cristianos, el castigo de los cristianos que no abjurasen de su fe, incluso con la muerte, prohibiendo asimismo las asambleas cristianas. Como puede verse, estas decisiones sugieren ya la realidad de la fe cristiana. A diferencia de los primeros siglos, los cristianos ya estaban organizados, tenían sus lugares de culto e incluso, privilegios en algunas regiones.

El Imperio Romano era dirigido ya por los dos Augustos y por dos Césares, la llamada «tetrarquía». Por supuesto, las leyes, decretos y decisiones comunes se respetaron de manera diferente en las regiones lideradas por uno u otro de los emperadores. En cualquier caso, en las regiones orientales, dirigidas por Diocleciano (que tenía su capital en Nicomedia, en Asia Menor) y por Galerio (quien lideró la Iliria desde Sirmio), los edictos se aplican estrictamente, por lo que este período, el fin del siglo tercero y el comienzo del cuarto, dio la mayor parte de los mártires cristianos en los dos mil años de historia de nuestra fe.

Los mártires celebrados hoy, Montano y Máxima, vivían en Singidunum (la actual Belgrado), en la provincia llamada Pannonia Inferior, bajo el liderazgo de Galerio. San Montano era el sacerdote de aquella comunidad cristiana. Los historiadores rumanos tratan de demostrar la ascendencia daciano-romana de los mártires, basándose en el hecho de que Pannonia Inferior fue poblada fuertemente en su momento por dacios romanizados. La hipótesis no tiene en realidad ninguna base real. La posibilidad de que los dos fueran dacios o romanos es la misma como si lo hubieran sido de otra nacionalidad. En cualquier caso, ellos eran ciudadanos de la ciudad de Dios.

Icono ortodoxo rumano de los Santos.

Icono ortodoxo rumano de los Santos.

Inmediatamente después de la proclamación de los edictos, sus decisiones fueron aplicadas por el líder romano de Singidunum. En estas condiciones, Montano huyó a Sirmio, capital de la provincia (hoy Mitrovica, a unos 60 kilómetros al oeste de Belgrado), siguiendo el mensaje de Cristo: «Mas cuando os persigan en una ciudad, huid a otra” (Mateo 10, 23). Allí fue capturado por los perseguidores, quienes lo llevaron ante Probo, el gobernador romano de la provincia. El interrogatorio comenzó inmediatamente y San Montano confesó su fe en Cristo y que él era sacerdote. Después de un proceso clásico, Probo le pidió que sacrificara a los dioses romanos y Montano se negó. Durante las torturas, Probo ordenó llamar a la esposa del sacerdote, Máxima. Él creía que ella sería una mujer débil, vería los atroces dolores de su marido y le rogaría que sacrificara. Máxima no hizo lo que el gobernador creía, sino que pidió ser torturada también con su marido, con el fin de convertirse también en una mártir de Cristo. Por último, Probo ordenó que ambos fueran arrojados en el río Sava.

La versión serbia habla de la decapitación de los dos mártires que fueron lanzados posteriormente al río. La versión rumana dice que los soldados se vieron obligados a ponerles piedras sobre sus cuellos, por lo que los dos santos, Montano y Máxima, se ahogaron. Era el día en de 26 de marzo del año 304.

La veneración de los santos
El Martirologio Jeronimiano los menciona el 26 de marzo y el 26 de abril. También las actas martiriales de Montano y Méxima se mencionan en la vida de San Polión, lector de la iglesia de Cibalae, muerto el 28 de abril 304. Sus actas martiriales originales no se conservan. Pero en los tiempos modernos, un sacerdote rumano y profesor de Historia de la Iglesia, Nicolae M. Popescu trató de reconstituir la historia, siguiendo las actas similares del martirio de San Ireneo de Sirmio, que murió unos días después (el 06 de abril 304) en las mismas condiciones. Este texto se lee actualmente con devoción en las iglesias rumanas durante la celebración, el 26 de marzo.

Detalle de la Santa en un icono ortodoxo rumano.

Detalle de la Santa en un icono ortodoxo rumano.

En la moderna Serbia, a Santa Máxima se le tiene una devoción especial. Su intercesión se pidió especialmente por la paz en Kosovo, por la protección de las familias ortodoxas y en especial para las esposas de los sacerdotes. En Rumania, el monasterio de Halmyris (el lugar del descubrimiento de los Santos Epícteto y Astión (8 julio 290) tienen como sus protectores en segundo lugar, a los Santos Montano y Máxima. Una comunidad rumana en Serbia, en el pueblo de Isacova, comunidad Tchupria en la Valle del Morava tiene también como protectores a estos dos santos.

Troparion (Himno) de los santos
«Tus Mártires Montano, sacerdote y Máxima, ¡oh Señor!, en sus luchas recibieron las coronas de incorruptibilidad de ti nuestro Dios para que con tu fuerza acabaran con los tiranos y vencieran a los demonios, haciéndolos impotentes. Por sus intercesiones, ¡oh Cristo nuestro Dios, salva nuestras almas!»

Mitrut Popoiu

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Santa Matrona (Madrona), mártir de Tesalónica

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Óleo de la Santa con su atributo principal, el barco. Círculo de Francesc Tramulles, ss.XVII-XVIII. Sacristía de la catedral de Barcelona (España).

Óleo de la Santa con su atributo principal, el barco. Círculo de Francesc Tramulles, ss.XVII-XVIII. Sacristía de la catedral de Barcelona (España). Fotografía: Harold Toledo Baeza.

La Santa de la que hablaré hoy, día de su fiesta en el calendario occidental, fue en otro tiempo muy popular especialmente en Cataluña y en el mundo ortodoxo, aunque ha ido siendo reemplazada en popularidad por otras Santas de idéntico nombre, como la religiosa ortodoxa Matrona de Quíos y la celebérrima laica Matrona de Moscú. El nombre Matrona, al menos por lo que a la mártir respecta, es bastante curioso, pues alude a un estado de elevado estatus social -las matronas eran las esposas legítimas de alta cuna tanto el mundo griego como el romano- y, sin embargo, nuestra Santa de hoy estaba en el otro extremo de la jerarquía social: era una esclava. El nombre, pues, podría ser un seudónimo, y cabe añadir que al menos en ámbito catalán, se deforma levemente cambiando la T por la D, de suerte que es conocida como Madrona. De todos modos y aun a riesgo de que muchos paisanos la busquen y no la identifiquen, yo prefiero mantener el “nombre” original para referirme a la misma, como ya hice en el caso de la mártir Marina (Margarita) de Antioquía.

Los sinaxarios bizantinos la conmemoran el 27 y el 28 de marzo, dedicándole una nota que en realidad es un resumen de la passio de la mártir, hoy desaparecida. Este relato es muy parecido a otros en los que esclavas cristianas son cruelmente tratadas por sus amos, caso de Santa Agatoclia, el más similar; y además tiene un poderoso toque antisemita que hace dudar de la veracidad de la historia en sí, que no se sabe bien cuándo ubicarla: si en el siglo III, o en el IV de nuestra era. De todos modos, vamos a relatarla.

Esclava y mártir
Matrona era una joven esclava griega, originaria de Tesalónica, que pertenecía a una mujer hebrea llamada Plautila o Pantila, cuyo marido era un alto oficial (un estratopedarca) residente en esta misma ciudad. El nombre de la domina y su religión, a mi entender, no son cosa baladí: si en realidad su nombre era Plautila o Pantila, -nombres genuinamente griegos- entonces seguramente no era hebrea de origen y practicaba la religión judía por conversión, lo que era habitual en muchas damas de la alta sociedad grecorromana (ése fue el caso de Popea Sabina, la segunda esposa del emperador Nerón). Eso sería más lógico, puesto que no era costumbre de los hebreos desposarse con “gentiles” ni a los griegos y romanos les gustaba tomar esposas que no fueran de su mismo origen y alcurnia.

Detalle de la Santa en una vidriera contemporánea en el Ayuntamiento de Barcelona, España.

Detalle de la Santa en una vidriera contemporánea en el Ayuntamiento de Barcelona, España. Fotografía: Harold Toledo Baeza.

El caso es que esta esclava, Matrona, solía acompañar a su ama Plautila cada vez que ésta iba a la sinagoga, pero, como ella misma era cristiana, luego se acercaba ella a la iglesia de los cristianos. Plautila sabía que Matrona había cultivado su fe cristiana desde su niñez, y por eso la insultaba y despreciaba constantemente a causa de su fe, cuando no intentaba forzarla a abrazar el judaísmo. A pesar de las burlas y las humillaciones a las que la sometía su ama, Matrona encontraba tiempo para ir a las asambleas cristianas, hasta que un día fue sorprendida y se dio noticia a la domina. Cuando la dueña increpó a su esclava por asistir a las reuniones clandestinas de los cristianos y le preguntó por qué, en lugar de eso, no acudía a la sinagoga, la sangrante respuesta de Matrona fue: “Porque Dios está presente en la comunidad cristiana, pero hace mucho que abandonó tu sinagoga judía.” (!!!!)

Lógicamente, Plautila montó en cólera al oír la respuesta de su esclava y, tomando un látigo, la azotó salvajemente, la maniató con cuerdas y la encerró dentro de una celda de castigo -otras versiones apuntan que era un armario oscuro o que, simplemente, la ató a un banco de madera, lo que sería más creíble teniendo en cuenta que hablamos de un domicilio particular y no de una cárcel- donde la dejó en la oscuridad toda la noche. A la mañana siguiente, cuando fue a verla, se encontró con que Matrona se había desatado. Cuándo le preguntó cómo era posible, pues ella la había atado muy bien, Matrona respondió que el Señor la había liberado.

Aquello enfureció aún más a Plautila, que volvió a golpearla despiadadamente, primero a bofetadas y puntapiés, y luego, armándose de una gruesa vara, la apaleó hasta romperle todos los huesos. La ató con fuertes correas y la encerró de nuevo. Mandó sellar la puerta para que ningún otro esclavo pudiera socorrerla, y allí la dejó cuatro días, sin comida ni agua.

La curiosidad la llevó a ir a verla de nuevo al cuarto día. Para su estupefacción, Matrona seguía viva, estaba de nuevo desatada -y eso sí que era raro ya, teniendo en cuenta que tenía el cuerpo destrozado- y rezaba silenciosamente. Plautila, perdidos de nuevo los estribos, arrojó a la esclava al suelo y, tomando una correa, la azotó con saña, hasta que le dolió el brazo y dejó la piel de Matrona colgando a tiras de su cuerpo. Arrastrándola de los cabellos la tiró de nuevo al armario, donde murió en la oscuridad, debido a las terribles heridas sufridas.

Detalle del martirio de la Santa en las pinturas del ábside de su iglesia en Poble Sec, Barcelona (España). Fotografía: José Mª Ramón.

Detalle del martirio de la Santa en las pinturas del ábside de su iglesia en Poble Sec, Barcelona (España). Fotografía: José Mª Ramón.

Al hallar el cadáver de Matrona, Pautila lo tomó y, saliendo al tejado de su casa, lo arrojó a la empedrada calle. Otras versiones dicen que lo tiró en unas rocas a las afueras de la ciudad, para que pareciese un accidente y no la acusaran a ella de asesinato -lo cual no tiene mucho sentido, puesto que un amo podía hacer lo que quisiese con su esclavo, cuya vida le pertenecía-. Al poco fue recogido por unos cristianos que la conocían y le dieron sepultura. Más tarde, el obispo Alejandro de Tesalónica levantaría una iglesia en su honor. A través de dos cartas de San Atanasio de Alejandría, se sabe que a mediados del siglo IV hubo en Tesalónica un obispo con ese nombre, Alejandro, luego los hechos debieron ocurrir en ese tiempo.

En cuanto a Pautila, la tradición nos dice que murió accidentalmente años después, cuando salió de nuevo al tejado y resbaló, rodó y fue a estrellarse en medio de la calle, siguiendo la funesta trayectoria del cuerpo de la inocente a la que había enviado a la tumba.

El relato, como se puede ver, parece un poco exagerado: aunque es cierto que la ley permitía a un amo hacer lo que le viniese en gana con su esclavo, la crueldad desmedida y sin sentido estaba muy mal vista y contribuía a empañar la dignidad que se presupone en alguien de alta cuna. Como si no fuese suficientemente truculento, el sinaxario alejandrino de Miguel, obispo de Atrib y Malig, conmemora a Santa Matrona el día 10 de tut (7 de septiembre) con una anotación parecida a la de los sinaxarios bizantinos, pero dándole más dramatismo a estos hechos. Por ejemplo se dice que Pautilla arrojó a Matrona aún viva a un precipicio, ocasionándole la muerte con la caída (!!!). Algo bastante exagerado y que desde luego, no hubiese podido hacer una persona sola.

Vista de la imagen estilo Olot que preside la parroquia de la Santa en Barcelona, España. Fotografía: José Mª Ramón.

Vista de la imagen estilo Olot que preside la parroquia de la Santa en Barcelona, España. Fotografía: José Mª Ramón.

Evidencias históricas y literarias
El conflicto judeo-cristiano, empañado, como decía, de cierto antisemitismo, se hace todavía más sospechoso por cuanto, en el relato de los méritos de la Santa, se lee en el texto original: Άθλησις της Αγίας Μάρτυρος Ματρώνης εκ πόλεως Θεσσαλονίκης. Αυτή θεράπαινα υπήρξε Παντίλλης τινός Ιουδαίας, γυναικός στρατοπεδάρχου εν τη Θεσσαλονικέων πόλει, lo que se traduce como: “Milagro de la mártir Santa Matrona de Tesalónica. Ella curó a una judía llamada Pantila, esposa de un comandante de la guarnición de la ciudad de los tesalonicenses”. (!!). ¿En qué quedamos? ¿Es Pantila su ama, a la que ella mató; o es una beneficiada de un milagro suyo? ¿O ambas cosas a la vez? Imposible saberlo.

El monasterio que se dedicó a la Santa en Tesalónica fue uno de los tres primeros monasterios de esta ciudad. Hasta el inicio de los gobiernos iconoclastas (766) se sabía que había un “monasterio de Santa Matrona, situado fuera de los muros de Tesalónica y fuertemente fortificado. Existió hasta finales del siglo VI, principios del VII”. El libro de los Milagros de San Demetrio menciona una iglesia dedicada a ella, probablemente la erigida por el obispo Alejandro, que estaba situado en la vía Egnatia y que el mismo obispo menciona.

En Occidente, Floro fue el primero en introducirla en su Martirologio redactando una especie de passio latina y colocándola el día 15 de marzo. Adón reprodujo la misma noticia en el mismo día y Usuardo, transformando un poco el elogio hecho por los dos anteriores, la colocó también en ese día, por lo cual, en todos los calendarios occidentales así se conmemoraba. Baronio la copió posteriormente tal cual en el Martirologio Romano. El Martirologio Jeronimiano, que es anterior a estos, la conmemora en una fecha más cercana a los sinaxarios, o sea, el día 25 y el Martirologio Siríaco del siglo IV ni siquiera la menciona.

Culto en Cataluña
Las fuentes no dicen mucho más acerca de ella ni de sus reliquias. Pero, de acuerdo a una tradición recogida en la Leyenda Áurea de Santiago de la Vorágine, cuando en el siglo X los turcos ocuparon Tesalónica, buscaron deshacerse de las reliquias de la Santa para privar a los cristianos locales de su culto y vendieron el cuerpo a unos mercaderes franceses, quienes pagaron 29 monedas de plata y no quisieron pagar 30 porque consideraron que ésa era la suma que se había pagado por Nuestro Señor cuando Judas lo vendió al Sanedrín y tenían muy claro que una Santa no valía tanto como Él (!!).

Detalle de la Santa en las pinturas del ábside de su parroquia en Barcelona, España. Fotografía: José Mª Ramón.

Detalle de la Santa en las pinturas del ábside de su parroquia en Barcelona, España. Fotografía: José Mª Ramón.

Los mercaderes embarcaron el cuerpo en una nave que se dirigía a Marsella y se hicieron a la mar. Cuando el barco llegó a aguas de Barcelona se desencadenó un furioso temporal que puso a la nave en peligro. El patrón ordenó atracar en la playa de Sant Bertran, justo donde arrancaba el camino que conducía a la ermita de Sant Fruitós, en la montaña de Montjuïc, y allí depositaron el cuerpo de Santa Matrona en espera de que amainara la tormenta. Los elementos se calmaron pronto, y la tripulación decidió proseguir viaje con el cuerpo a bordo. Pero el fenómeno se repitió una y otra vez, las aguas se encrespaban para calmarse de inmediato en cuanto lo desembarcaban.

Finalmente, comprendieron que el deseo de la Santa era el de permanecer allí, y depositaron su cuerpo en la ermita Sant Fruitós, en la montaña de Montjuïc, Barcelona, ciudad que durante muchos siglos le rindió devoción.

Las reliquias fueron veneradas primero en la ermita que con el paso del tiempo pasó a ser jurisdicción de la Orden de los monjes capuchinos y al trasladadarse estos al convento de las Ramblas también trasladaron el cuerpo de la Santa. En el primitivo lugar todavía existe una capilla, también dedicada a Santa Madrona, restaurada en 1907.

Grabado coloreado de la Santa como patrona de Barcelona. Fuente: Arxiu dels Caputxins de Catalunya i Balears.

Grabado coloreado de la Santa como patrona de Barcelona. Fuente: Arxiu dels Caputxins de Catalunya i Balears.

Según la Leyenda Áurea, las golondrinas acompañaron el cuerpo de la santa desde que lo embarcaron en Tesalónica hasta su llegada a Barcelona. Al divisar la ciudad gritaron para avisarle del lugar donde se encontraba, desde entonces, cada año, el 27 de marzo, llegan las primeras golondrinas, más chillonas que nunca, en recuerdo de su gesta, puesto que la leyenda afirma que son descendientes de aquellas que viajaron con la Santa y cada año, fieles a una tradición familiar, la visitan y se quedan unos días en Barcelona para hacerle compañía.

Todo esto son tradiciones locales que no tienen contrastación documental y que ciertamente, no son conocidas fuera del ámbito catalán. De hecho, en el Costumari Català de Joan Amades se deforma considerablemente esta tradición, llegando a afirmar que la Santa en realidad era oriunda de Barcelona y que habría marchado a Tesalónica sólo para ganarse la vida como criada, y que por eso, a la vuelta se había empeñado en quedarse en su ciudad natal (!!!). Nada de esto tiene rigor histórico, pero lo cierto es que ha quedado en la iconografía occidental de la Santa, que aparece portando un barco en brazos, símbolo de aquél que le llevó a tierras catalanas, y por eso, además de ser patrona de las comadronas y parturientas, así como de las sirvientas, fue protectora de navegantes y marineros, como también lo son las mártires Fermina, Devota, Julia y Áurea; aunque también se la invocaba contra fiebres malignas y para pedir lluvia en tiempos de sequía.

A mi entender, todo este relato sólo pretende justificar el imposible origen hispano de la Santa, que en realidad es griega y fue “hispanizada” sólo en base al traslado de sus reliquias a la Península, como ocurre en el caso de Santos como Marta de Astorga, Marcelo de León, entre muchos otros.

Lo cierto es que las reliquias fueron veneradas en Barcelona, concretamente en su nueva parroquia del Poble Sec, hasta el año 1909. En este año, y en el marco de los terribles sucesos acontecidos durante la llamada Semana Trágica de Barcelona, las reliquias de la Santa fueron profanadas y quemadas, siendo completamente destruidas. Sin embargo, posteriormente, un vecino llamado Evelí Bulbena donó a esta parroquia una pequeña reliquia que había podido salvar. Esta reliquia es actualmente venerada en la misma iglesia, pero, aunque tuve ocasión de visitar esta pobre parroquia hace unos años, no vi dicho relicario, por lo que supongo no estará expuesta habitualmente.

Vista de una tabla del s.XVI con las dos mártires patronas de Barcelona: Madrona (izqda.) y Eulalia (dcha.)

Vista de una tabla del s.XVI con las dos mártires patronas de Barcelona: Madrona (izqda.) y Eulalia (dcha.)

Patrona de Barcelona
En 1536, el Consell de Cent -órgano medieval de gobierno de la ciudad- declaró que el día de la fiesta de Santa Matrona -que en Barcelona se celebra el 15 de marzo- fuese declarado fiesta de precepto y a ella, copatrona de la ciudad. En momentos difíciles -como las guerras de Sucesión y la de los Segadores- se la invocaba y sus reliquias eran expuestas a veneración en el altar mayor de la catedral. Entre los siglos XIII-XVIII, fue una Santa de gran devoción barcelonina, y hasta mediados del siglo XX, muchas mujeres de Barcelona todavía llevaban en su honor el nombre de Madrona. El día de su fiesta era costumbre que las mujeres, vestidas de peregrinas, hicieran procesiones en honor a la Santa, especialmente vistosas en el s.XVI, y en el techo de su antigua ermita se colgaban muchos barquitos en miniatura como exvotos a la Santa.

Existen muchas otras leyendas locales vinculadas a la Santa, que en mi opinión deforman un poco sus auténticos orígenes: era griega, no hispana. Desgraciadamente, la popularidad de la Santa se ha ido extinguiendo y actualmente es la copatrona olvidada de Barcelona, quien centra la popularidad en otra mártir, Santa Eulalia -ésta sí, hispana-, y en la Virgen de la Merced, también patronas de la ciudad. Quizá la desaparición de las reliquias y la popularidad de estas otras patronas hayan contribuido a ensombrecer la devoción a esta esclava mártir que vino por mar.

Se podría decir mucho más, pero son ya aspectos de culto, tradición y devociones locales que mejor dejo a relatar a compatriotas que conozcan mejor que yo el culto catalán a la Santa. El descubrir a la mujer detrás de la Santa, que era mi objetivo, es bastante más difícil, pero al menos podemos concluir que es una mártir real y que sufrió martirio en el siglo IV en Tesalónica, cuyas reliquias llegaron por mar y actualmente están en su mayor totalidad desaparecidas.

Vista de una imagen de la Santa venerada en Anglesola, España. Fuente: madronesanglesola.blogspot.com.es/

Vista de una imagen de la Santa venerada en Anglesola, España. Fuente: madronesanglesola.blogspot.com.es/

Apolytikion
Con espíritu intrépido conservaste la Fe, y tu alma, Matrona, no fue esclavizada por la crueldad de los torturadores. Te destacaste en medio del combate, derrotando al Astuto; y te desposaste místicamente con el Señor de la creación. ¡Ruégale fervientemente que nos libre de todo mal!

Kontakion
Llena de la luz del Espíritu, oh Matrona, consideraste tu celda de prisión como una cámara nupcial, y desde ella te apresuraste a alcanzar tu morada radiante en el cielo, clamando: «Llena de amor divino por Ti, oh Verbo, con gran alegría he soportado los azotes»
.

Meldelen


Bibliografía:
– AMADES, Joan, Costumari català: el curs de l’any. Vol. 1. Barcelona: Salvat, 2001, p. 890-891.

Enlaces consultados (02/02/2013):
http://www.johnsanidopoulos.com/2011/03/holy-martyr-matrona-of-thessalonica.html
http://ocafs.oca.org/FeastSaintsViewer.asp?FSID=100913
http://orthodoxwiki.org/Matrona_of_Thessalonica
http://devocioteca.blogspot.com.es/2009/03/santa-madrona-la-patrona-oblidada-de.html
http://www.monestirs.cat/monst/bcn/bn02madr.htm
http://bibliogoigs.blogspot.com.es/2009/03/goigs-santa-madrona-la-seva-festa-es-el.html

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De la fiesta de las Palmas a la procesión de las Palmas

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Fresco gótico de la entrada de Jesús en Jerusalén, obra de Giotto di Bondone (1305). Capilla de los Scrovegni, Padua (Italia).

Hoy, los cristianos que nos regimos por el calendario gregoriano, celebramos el Domingo de Ramos, conmemorando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y lo hacemos de una manera muy especial destacando en esta celebración la procesión de las palmas. Pero no siempre se ha celebrado así y de este tema es del que queremos escribir en este primer día de la Semana Santa. Empezaremos recordando el pasaje evangélico según San Juan y a lo largo de esta primera parte del artículo, comprobaremos el por qué hemos escogido esta perícopa evangélica.

“Al día siguiente, al enterarse la numerosa muchedumbre que había llegado para la fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel!” Jesús, habiendo encontrado un borriquillo, se montó en él, según está escrito: “No temas, hija de Sión; mira que viene tu Rey montado en un pollino de asna”. Esto no lo comprendieron sus discípulos de momento; pero cuando Jesús fue glorificado, cayeron en la cuenta de que esto estaba escrito sobre él y que era lo que le habían hecho”. (Juan, 12, 12-16).

El Cuarto Evangelio es el único que narra la entrada de Jesús en Jerusalén inmediatamente después de la cena en Betania con sus amigos Lázaro, María y Marta. Los otros tres evangelistas colocan este evento en un contexto diferente. Para San Juan, Jesús es el ungido de Dios que entra en Jerusalén y lleva aun el olor de aquel perfume con el que María lo ungió el día anterior. Mientras se acercan a la ciudad, Jesús envía a dos de sus discípulos en busca de un borrico sobre el cual ninguno hasta entonces había montado: “Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis una asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, diréis: El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá” (Mateo, 21, 2-3). Esta es la única vez que Jesús se llama a sí mismo Señor y este gesto tiene un inmenso valor pues: “Alégrate, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí que tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna” (Zacarías, 9, 9). Jesús es el Rey que cabalga sobre un asno, que es humilde y manso y no cabalga sobre una mula, que era considerada la cabalgadura real.

Jesús entra en Jerusalén montado en el asno. Tabla gótica de Duccio di Buonisegna, s.XIV.

Los judíos que estaban en Jerusalén, al oír que Jesús venía, le salieron al encuentro y con sus vítores y palmas hicieron que su entrada en la ciudad fuera la entrada digna de un rey: “La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino” (Mateo, 21, 8). ¡Los mantos tendidos en tierra como si fueran alfombras! Esto nos recuerda los homenajes que se les tributaban a los reyes. Los ramos de olivos y las palmas agitados en señal de alegría, son también signos de un vasallaje real. Y como la Pascua era inminente, pues esa era la razón por la cual la ciudad estaba llena, esta escena popular de alegría tiene una gran importancia étnica, por la diversidad de gentes y espontaneidad de la misma, gente que grita: “Hosanna al Hijo de David (Mateo, 21, 9) añadiendo lo que escribe el salmista: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Salmo, 118, 26). Recordemos además que para los judíos llevar ramas en las manos era una señal de alegría y que así lo establecía la ley: “El primer día tomaréis frutos de los mejores árboles, ramos de palmeras, ramas de árboles frondosos y sauces de río y os alegraréis en la presencia de Yahvé por espacio de siete días” (Levítico, 23, 40).

La entrada de Jesús en Jerusalén está ligada en cierta manera a la fiesta hebrea de los Tabernáculos o de las Tiendas, fiesta que se celebraba entre septiembre y octubre. El séptimo día de esa fiesta es el llamado día del “Gran Hosanna”. “Hosanna, socórrenos por tu amor, ¡oh Dios nuestro!, hosanna. Sosténnos, ¡oh nuestro Creador!, hosanna. Defiéndenos, ¡oh nuestro Protector!, hosanna. Hosanna rabbah”. Cantando este himno y portando palmas, los peregrinos daban siete vueltas alrededor del altar del templo. El pueblo y Dios se abrazaban: “Su izquierda está bajo mi cabeza y su derecha me abraza” (Cantar de los Cantares, 2, 6). Finalmente, ofrecían setenta víctimas como sacrificio, una por cada nación del mundo entonces conocido. La salvación sería universal.

Para los primeros cristianos, el séptimo día de la fiesta de los Tabernáculos era la Fiesta de las Palmas. Los cristianos de origen hebreo, se vestían de blanco y subían al Monte de los Olivos. Allí, arrancaban ramas a los árboles y hacían coronas que colocaban sobre sus cabezas. Después, acompañando al obispo de la ciudad que iba montado sobre un asno, bajaban hacia el valle del Cedrón y junto a los antiguos olivos de Getsemaní, leían la perícopa evangélica de Lucas de la entrada de Jesús en Jerusalén. Atravesaban el torrente y subían a la ciudad pasando por la piscina probática donde Jesús curó a un paralítico. En este lugar, leían el texto de la entrada de Jesús en Jerusalén según el evangelio de San Marcos y desde allí se dirigían a la basílica construida por Santa Elena en el lugar del sepulcro. Ante la puerta cerrada se cantaba: “Abridme las puertas de la justicia, quiero entrar y dar gracias al Señor. Es esta la puerta del Señor y por ella entran los justos” (Salmo 118, 19-20) y se leía el mismo pasaje evangélico pero según San Mateo.

Peregrinos en Jerusalén durante la procesión del Domingo de Ramos.

Al atardecer, se clausuraba el día del Hosanna haciendo una gran llamarada de antorchas. Esta antigua procesión de las palmas es mencionada a finales del siglo IV por la peregrina Eteria diciendo textualmente que se desarrollaba desde la basílica del Monte de los Olivos hasta la basílica de la Resurrección el séptimo día de la fiesta de los Tabernáculos. Esta fue la primera fiesta de las Palmas para los antiguos cristianos. En ese mismo siglo IV, San Cirilo, obispo de Jerusalén manifestaba que era lo más natural que se aprovechasen las palmas procedentes del valle del Cedrón, pues habían sido esas mismas las que portaban quienes acompañaron en su día a Jesús desde Betania hasta la Ciudad Santa.

Esta ceremonia se estableció en primer lugar en las Iglesias de Oriente. Incluso los monasterios más solitarios de Egipto y Siria estaban habitados ese día, pues el mismo San Eutimio de Alejandría – también en el siglo IV – dice que al principio de la Cuaresma muchos monjes se retiraban al desierto pero volvían al monasterio para participar en la procesión de las palmas. En Occidente, la primera noticia que tenemos de esta celebración aparece en el Sacramentario Gregoriano del siglo VI.

¿Pero cuando y cómo la celebramos hoy? En primer lugar tenemos que decir que no la denominamos fiesta de las Palmas, sino procesión de las Palmas y la realizamos en el día de hoy, día en que comienza la Semana Mayor, antes de la celebración de la Santa Misa. Esta liturgia es una de las más intensas de la Semana Santa que, como hemos dicho, hoy comienza y es para nosotros un día alegre y triste a la vez: alegre, porque aclamamos a nuestro Rey – y por eso los celebrantes se visten de rojo, el color de los reyes – y triste porque recordamos el largo martirio al que se verá sometido en solo unos días y también por eso, continúan la celebración con el mismo color, el color de la sangre y del amor.

Vista de sacerdotes cristianos celebrando el Domingo de Ramos en Jerusalén (Israel), ataviados del color rojo.

Al inicio de la ceremonia, con la lectura del texto evangélico del hecho que se conmemora y con la bendición de las palmas y los ramos de olivos, se inicia una procesión que, normalmente, debiera recorrer el camino que va desde la iglesia o lugar de la bendición de las palmas, al templo donde se celebrará el Sacrificio. Durante el triunfal trayecto se cantarán himnos de alabanza a nuestro Rey y cantos que nos recuerden la perícopa evangélica del día, pero al llegar al templo de destino, cambiaremos la alegría por el dolor, celebrándose una Misa en la que tres diáconos nos recordarán cantando el texto de la Pasión según nos lo relata el evangelista San Mateo. Todos los textos litúrgicos variables de la celebración eucarística nos recordarán lo mismo: estamos en tiempos de Pasión.

Pueri Hebraeorum, portantes ramos olivarum, obviaverunt Domino, clamantes et dicentes: Hosanna in excelsis.

Pueri Hebraeorum, vestimenta prosternebant in via, et clamabant dicentes: Hosanna Filio David, benedictus qui venit in nomine Domini.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San José Oriol, sacerdote de Barcelona

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Escultura del Santo, obra de Ramon Amadeu (s.XVIII). Capilla del Santo en la iglesia de Santa Maria del Pi, Barcelona (España).

Escultura del Santo, obra de Ramon Amadeu (s.XVIII). Capilla del Santo en la iglesia de Santa Maria del Pi, Barcelona (España).

Este artículo está hecho pensando en nuestro querido compañero Harold, que me consta que es un gran admirador de este santo.

San José Oriol nació en la antigua calle barcelonesa de Cuc, el 23 de noviembre del año 1650, siendo el menor de ocho hermanos, cuyos padres eran Juan Oriol i Vaquero y Gertrudis Bogunyà i Martí, siendo bautizado el mismo día de su nacimiento en Sant Pere de les Puel.les. Confiado de pequeño a la Comunidad de Santa Maria del Mar, fue monaguillo, distinguiéndose por su profunda piedad, por lo cual tanto sus superiores como sus compañeros lo conocían por el apelativo de “el santet”.

En el año 1664 se inscribió en la Universidad de Barcelona y allí se doctoró en Sagrada Teología el día 1 de agosto del 1674; siendo un joven estudiante ya recibió de Dios el carisma de hacer milagros, hecho que se manifestó un día en el que puso sus manos sobre unos carbones ardientes, sin quemarse. Puso “las manos en el fuego” para demostrar la falsedad de la injusta sospecha del marido de su antigua nodriza, Catalina Bruguera, que manifestaba haberlos encontrado juntos mientras se calentaba en la cocina.

Fue ordenado de sacerdote el día 30 de mayo del año 1676 y cantó su primera Misa en la iglesia parroquial de Canet de Mar –en la diócesis de Girona– el día 29 de junio de ese mismo año. Durante toda su vida, se confesó diariamente antes de celebrar la Santa Misa, la cual celebraba con auténtica devoción. A su vuelta a Barcelona, fue preceptor en casa de Tomás Gasneri, mariscal de campo del regente del Consejo Supremo de Aragón, cargo que ocupó durante diez años, ejerciendo al mismo tiempo su ministerio sacerdotal en la iglesia del Oratorio de San Felipe Neri, donde se formaban grandes colas de penitentes que acudían a su confesionario para escuchar unas palabras de consuelo y de serenidad de aquel sencillo y simple sacerdote, que aun siendo humilde hasta el extremo, estaba preparadísimo como doctor en teología que, incluso dominaba la lengua hebrea y era asiduo lector de las obras de San Juan de la Cruz. Aunque inteligentísimo, no era un predicador elocuente, pero el ejemplo de su vida atraía a todos.

Imagen del Santo venerada en su capilla de la catedral de Barcelona, España.

Imagen del Santo venerada en su capilla de la catedral de Barcelona, España.

Perdió a su madre a principios del año 1686 y emprendió una peregrinación a pie hasta Roma, donde permaneció un año frecuentando diariamente el Oratorio de San Felipe. En Roma hizo amistad con los cardenales Leonardo Colloredo y Pedro Mateo Petrucci, que le consiguieron del Papa Inocencio XI el beneficio residencial del título de San Clemente y San Lorenzo, fundado en la capilla de San Leonardo en la iglesia de Santa Maria del Pi en Barcelona. Estuvo de beneficiado más de cuarenta años, santificándose en su asiento en el coro asistiendo puntualmente al canto de las horas canónicas y a las misas conventuales. El rezo de las horas canónicas no era para él una cuestión de rutina diaria, sino una verdadera oración comunitaria. Como beneficiado, tuvo que desempeñar diversas tareas que aunque para él no eran agradables, las cumplía obedientemente: llevar las cuentas y repartir los ingresos entre los beneficiados, anotar la asistencia al coro y otras por el estilo.

Pero allí, atendió siempre con vivísimo celo sus deberes sacerdotales, preocupándose particularmente del cuidado de los soldados y de la gente del mar, catequizando a los niños y dedicándose a la dirección espiritual de cuantos a él acudían. Al mismo tiempo, intensificaba la austeridad de su vida, no durmiendo más de tres horas al día y sentado en una silla, comiendo solamente pan y agua, viviendo en una sencilla buhardilla y utilizando continuamente el cilicio, mortificaciones, que hicieron que sus conciudadanos vieran en él a un santo al que llamaban cariñosamente “el doctor pan y agua”. Cuando recibía algún dinero, inmediatamente lo entregaba a los pobres, contándose de él que llegó a decir que “prefería que lo encontrasen muerto en una casa de mala vida, antes que con una moneda en el bolsillo”.

Deseoso de conseguir el martirio, en el mes de abril del año 1698, quiso ir nuevamente a Roma para recibir del Papa su autorización para marchar a las misiones, pero al llegar a Marsella, cayó gravemente enfermo y él vio en esto un signo sobrenatural mediante el cual, Dios le manifestaba que quería que permaneciera en Barcelona ejerciendo allí su apostolado entre los enfermos y los necesitados. Así, los enfermos se convirtieron en sus hijos predilectos y casi diariamente, en su iglesia parroquial de Santa Maria del Pi, mediante sus oraciones y bendiciones se produjeron prodigiosas curaciones, que lo hicieron aun mucho más popular y famoso.

Vista del sepulcro del Santo en un extremo de su capilla en la iglesia de Santa Maria del Pi, Barcelona (España).

Vista del sepulcro del Santo en un extremo de su capilla en la iglesia de Santa Maria del Pi, Barcelona (España).

Este sencillo y ejemplar sacerdote diocesano, murió el 23 de marzo de 1702 en la calle de la Daguería, pero con su muerte no finalizó su virtud taumatúrgica, porque siempre siguieron verificándose nuevos milagros junto a su tumba en la mencionada iglesia de Santa Maria del Pi. Fue beatificado por el Papa Pío VII el día 5 de septiembre del año 1806 y canonizado el 20 de mayo del año 1909 por el Papa San Pío X, el cual fijó su festividad el día 23 de marzo, fecha de su muerte.

Durante la guerra civil española del año 1936 fue destruida la urna que contenía las reliquias del santo y si actualmente se pueden venerar algunas de sus reliquias tanto en la catedral como en alguna otra iglesia de Barcelona, se debe a la generosidad del venerable Papa Pío XII, que en el año 1941, devolvió a la ciudad de Barcelona unas reliquias que el cardenal Salvatore Casañas había regalado a San Pío X en el año 1908.

Antonio Barrero

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Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (VI)

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Detalle del ayate de San Juan Diego, donde se pueden distinguir más de cerca algunos detalles en la parte superior de la imagen mariana.

Detalle del ayate de San Juan Diego, donde se pueden distinguir más de cerca algunos detalles en la parte superior de la imagen mariana.

Los símbolos en la imagen
Entre los casos más particulares de estudio sobre la Virgen de Guadalupe y que los estudiosos guadalupanos aparicionistas más realce le dan, es a los simbolismos en la imagen guadalupana. Como bien sabemos es un prototipo iconográfico de la Inmaculada o la Virgen apocalíptica, pero la imagen mexicana para los estudiosos está llena de ciertos símbolos que sólo eran perceptibles para los indígenas, cosa que propiciaría la masiva conversión ante el culto a la Virgen del Tepeyac.

Sin duda, algunos de los significados que se han atribuido a la iconografía guadalupana, tienen su apoyo en diversos códices y documentos de la época o en tradiciones prehispánicas, pero del mismo modo existen otros significados y descubrimientos, que no puedo ni me atrevo a decir hasta qué punto son ciertos o si son sólo mera invención de algún autor o mala interpretación. Dejando ya esto en claro, pasaré a describir los simbolismos que para los conocedores del tema se pueden leer en el ayate de San Juan Diego.

Primeramente debo decir que la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de México mide 105 centímetros de ancho por 168 centímetros de largo y representa a una joven entre 18 y 20 años de edad. La prenda en la que la imagen esta estampada es un “ayate” hecho a base de fibra del maguey por ser Juan Diego un macehual, que es decir, una persona del pueblo [1]. Esta prenda, que era como un tipo de capa, se usaba para protegerse de las inclemencias del clima y para cargar objetos de un lugar a otro con mayor facilidad. Todo esto ha hecho que quienes estudian al respecto queden admirados ante la preservación del ayate, puesto que la fibra del maguey contiene una sustancia llamada lignina, la cual tiene la característica de oxidarse fácilmente con la humedad, aún con la ambiental y el escaso ocho por ciento de humedad que contiene esta fibra, la hace factible a una fácil pulverización o resquebrajamiento.

Entre los símbolos que contiene la imagen se encuentran:
La Luna: como bien se sabe este astro siempre acompaña iconográficamente a la Virgen, recordando el Apocalipsis de San Juan sobre la mujer con la luna bajo sus pies. Los que estudian el tema además han concluido que en el caso de la Virgen de Guadalupe, es que luna en náhuatl se dice metzli, y para decir “parada en el centro de la luna” se dice “Metz-xic-co” curiosamente la misma raíz del nombre México, por lo que se ha concluido que la luna, aparte del simbolismo apocalíptico, significa que Nuestra Señora está en el centro de México. Se dice que en una ocasión se trató de platear la luna, pero el artista encargado, al intentar hacerlo, vio como la luna se oscurecía cada vez más, por lo cual solamente se ha procedido a retocarle el color negro a partir de entonces.

Pájaro mexicano llamado tzinitzcan, que posee las plumas del color de las del ángel que está a los pies de la Virgen.

Pájaro mexicano llamado tzinitzcan, que posee las plumas del color de las del ángel que está a los pies de la Virgen.

El ángel: Por la forma en que está acomodado el ángel, se piensa que es en posición de que acaba de volar, así como también lo demuestran sus alas recogidas. Las alas se han dicho que son como de águila, pero debido al colorido se ha comprobado que se tratan de alas del pájaro mexicano conocido como tzinitzcan, ave la cual según narra el “Nican mopohua” fue uno de los que escuchó cantar Juan Diego durante la aparición. En el broche del ángel se puede apreciar con un poco de trabajo la abreviatura Ju. Dgo, haciendo referencia al nombre del vidente Juan Diego.

El manto: El color del manto de la Virgen es un azul verdoso. Según las antiguas tradiciones este color era reservado únicamente para las madres de los tlatoanis o jefes indígenas; por lo mismo con este color de manto, la Virgen simboliza que es la madre de un gran jefe.

Las estrellas: El manto de la Virgen tiene 46 estrellas, que simbolizan la constelación del cielo del 12 de diciembre de 1531, fecha de la aparición.

La túnica: En color ocre, que va del rosa pálido, casi blanco; a sombras oscuras del mismo color. Este color recuerda el cielo al momento del amanecer, hora en que la Virgen se apareció a San Juan Diego.

Adornos en la túnica: Son diversidad de flores y entre ellas se ha logrado distinguir, magnolias, jazmines y girasoles, así como hojas de la flor de Nochebuena o de Pascua, que es de origen mexicano. En su conjunto estas flores simbolizan un lenguaje divino.

La flor de cuatro pétalos: llamada por los aztecas “nahui ollin”, es la forma estilizada de un jazmín. Es la única en toda la imagen y se encuentra ubicada en el vientre de María señalando el lugar donde se encuentra gestándose el Niño Jesús. Para los aztecas esta flor simbolizaba los cuatro movimientos del sol que observaron los astrónomos o los cuatro rumbos del universo; por lo tanto simbolizaría que la Virgen es la madre del niño sol.

Las flores en forma de cascabel: Existen algunas flores en la imagen que tienen cierto parecido a un cascabel, haciendo recuerdo de las danzas indígenas. Estos simbolizan, por la asociación de palabras “noxocoyol”, mi cascabel de pie con “noxocoyou”, mi hijo menor. Recordando con esto que María se refería a Juan Diego como “mi hijo el menor”.

El cinto: Aunque a simple vista parece de color negro se ha logrado distinguir por antiguas crónicas que en verdad es de color morado lo que simboliza que la Virgen está encinta.

La zapatilla negra: simboliza a los españoles, quienes trajeron este tipo de calzado.

Anónimo del siglo XVIII, donde se aprecia la antigua apariencia de la imagen, antes de que los devotos le quitaran hilos de la parte superior y donde se aprecia la corona de rayos que tenía la imagen.

Anónimo del siglo XVIII, donde se aprecia la antigua apariencia de la imagen, antes de que los devotos le quitaran hilos de la parte superior y donde se aprecia la corona de rayos que tenía la imagen.

El broche del cuello: Es un broche dorado de forma ovalada que tiene una pequeña cruz negra, simbolizando que viene en nombre de Cristo.

Anillos y aretes: Tal parece que aunque no a simple vista, a la Virgen debido a los claroscuros de la imagen, se le forman como sobras de anillos en sus dedos y aretes en sus orejas. En mi muy personal opinión pienso que, posiblemente, sea la sombra que dejaron los accesorios que quizás en alguna ocasión algún devoto en agradecimiento mandó a pintarle o a ponerle en metal a la imagen. Como bien se sabe, es común esta práctica entre los devotos de algunos cuadros y posiblemente después, estos fueron retirados pero quedaría la marca; vuelvo a repetir que esto es solo una hipótesis mía.

El cabello suelto: Ente los aztecas significaba una mujer glorificada con un hijo en el vientre.

Las manos: En actitud de oración; tal parece que han sido retocadas; otros autores por su parte dicen que es posible que las manos hayan sido recortadas para lograr asemejarlas con las manos indígenas.

Los rayos de sol: Nos recuerdan que María es la mujer vestida de Sol. Aunque no se ha encontrado nada que lo avale, es bastante popular la idea de que en algún momento se decidió dorar los rayos de sol, los cuales posiblemente, antes no eran en este color. Del mismo modo se agregó el cintillo dorado en la imagen. Representan además que María viene en nombre de tonatiuh, el sol, en nombre de Cristo.

La corona: Debido a antiguas crónicas, se ha llegado a la conclusión de que anteriormente, la imagen de la Virgen tenía una corona natural formada con los mismos rayos de sol. Tal parece que debido a que los fieles devotos querían reliquias de la imagen y se le fueron quitando fibras de la parte superior hasta el grado de desaparecer la corona; también se piensa que quizás la corona haya sido un añadido posterior y que con el tiempo se fue desvaneciendo, por lo cual actualmente es casi imperceptible.

Imagen donde se muestran algunas constelaciones que se han identificado en el manto de la imagen guadalupana.

Imagen donde se muestran algunas constelaciones que se han identificado en el manto de la imagen guadalupana.

La imagen Guadalupana, a lo largo de la historia, parece que ha tenido varios añadidos y retoques, siendo el más reciente el que ocurrió en 1982.

Entre los símbolos y significados de la imagen existen muchos más y se puede profundizar aun más en estos mismos, pero para no alargar tanto el artículo, he decidido sólo enfocarme en estos que son los más visibles y los más usuales. Repito nuevamente, que no puedo asegurar hasta qué grado todos estos simbolismos sean ciertos, con excepción de los que se basan en alguna tradición histórica indígena. Los otros pueden ser solo asociaciones de palabras o quizás querer ver más de lo que hay, pero de todos modos estos son los simbolismos y significados que la mayoría de estudiosos aceptan sobre el acontecimiento guadalupano.

André Efrén

BIBLIOGRAFÍA
– Rojas Sánchez, Mario, “Guadalupe: símbolo y evangelización”, México, s/Ed, s/e, 2001.
– Zarebska, Carla, “Guadalupe”, México, Debolsillo, primera edición, 2005.

CONSULTADO EN LÍNEA
Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe: http://www.virgendeguadalupe.mx/


[1] Los nobles indígenas, en cambio, utilizaban ayates hechos a base de algodón.

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