Santa Luisa de Marillac, cofundadora de las Hijas de la Caridad

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Detalle del rostro de la Santa en un retrato.

Detalle del rostro de la Santa en un retrato.

Era hija natural de Luís de Marillac, señor de Ferrières-in-Brie y de Villiers-Adam, asesor del Parlamento, el cual, gracias a su belleza física, a la nobleza de su familia – su padre era Guillermo II de Marillac, muy cercano al rey Luís XIII – y a sus dotes intelectuales, había conseguido un puesto preeminente en la alta sociedad parisina. Sin embargo, su familia, debido a las irregularidades de su vida mundana, lo tenía relegado y sin asignación económica. Luís se había casado en el año 1588 con Marta de la Rosière, que murió sin darle descendencia, cuando aun Luisa no había nacido, luego la niña era hija de madre desconocida ya que su padre estaba viudo cuando ella nació el día 12 de agosto del año 1591. A fin de evitar un escándalo, la familia le asignó una pensión económica. Posteriormente, su padre se casó en segundas nupcias, el 15 de enero de 1595, con Antonieta Le Camus, tía del obispo de Belley, que era viuda y que tenía cuatro hijos de su anterior marido, el señor Thiboust. La pequeña Luisa tenía entonces cuatro años de edad, aunque no se sabe como pasó Luisa esos cuatro primeros años de su vida, antes de que entrara en la casa de su madrastra.

Cuando fue algo mayor la pusieron bajo la protección de las dominicas del Real Monasterio de Saint-Louis, en Poissy, donde hasta los trece años de edad, fue educada como una niña noble, pero carente de todo tipo de afecto familiar. Entre las religiosa estaba una prima de su padre, tía de la niña, que le enseñó a leer, escribir y pintar y que le facilitó una sólida formación humanística. Probablemente, durante ese tiempo que permaneció bajo la tutela del monasterio, Luisa conoció la espiritualidad de Santa Catalina de Siena, que se trasluce en sus posteriores escritos espirituales.

Su padre y su tía murieron en el año 1604 y como consecuencia de las limitaciones financieras en las que se encontró su familia, fue sacada del monasterio, viéndose obligada a interrumpir sus estudios y confiada por su tutor y tío Miguel, como una “señorita pobre”, a una institutriz de Paris, que era muy hábil y muy virtuosa. Hay quienes afirman que era su propia madre, que le enseñó a coser, a bordar y a pintar, junto con otras niñas que también estaban bajo su cuidado. Allí estuvo hasta el año 1613 y, aunque pudo experimentar en carne propia lo que era pasar necesidades materiales, aprendió a llevar para adelante las tareas de una casa, disfrutando a la vez de un ambiente afectivo y piadoso.

"Louise de Marillac". Firma de la Santa.

“Louise de Marillac”. Firma de la Santa.

Tenía ya unos quince años de edad y comprendiendo cuales eran sus orígenes, estuvo a punto de caer en un grave complejo de inferioridad. Como frecuentaba el convento de las capuchinas de San Honorato de Faubourg, se vio atraída hacia la vida contemplativa; quería huir del mundo y hacerse religiosa en dicho monasterio, pero en 1612, fray Honorato de Champigny, que era el provincial de los capuchinos, estimando que Luisa no tenía la suficiente salud física como para llevar la rigurosa vida de las capuchinas, la convenció diciéndole que “el Señor tenía otros designios para ella” y, pensando que una Marillac siempre sería un buen partido, la orientó hacia el matrimonio.

Su tío, Miguel de Marillac, que formó parte activa en la fundación del Carmelo reformado en Francia y que asistía regularmente el círculo de Madame Acarie, en ese ambiente, conoció a quién poco después sería el provincial de los capuchinos que aconsejó a Luisa que se casara, luego muy probablemente su tío paterno participó de manera activa en esta propuesta realizada a Luisa, influyendo también un familiar, que era obispo de Belley, bajo cuya dirección espiritual ella se puso y así, el 5 de febrero del 1613, Luisa se casó en la iglesia de San Gervasio con Antonio Le Gras, de la noble familia de los Montferrand. En octubre siguiente, dio a luz prematuramente a su hijo Miguel y aunque se consagró a su familia, en su interior seguía anhelando cumplir sus deseos de entregarse al servicio de Dios.

Pero la felicidad duró poco en la familia, pues en el año 1622, su esposo contrajo una enfermedad crónica, que lo retuvo durante mucho tiempo en la cama. Ella interpretó aquello como un castigo de Dios por no haberse dedicado completamente a Él, como le había prometido cuando era más joven y este pensamiento le hizo pasar por una gran depresión, tanto física como espiritualmente. Pero, sin embargo, el día de Pentecostés del año siguiente, mientras estaba en oración en la iglesia de San Nicolás des Camps, su mente se iluminó y sus dudas se desvanecieron en un instante. Ella escribe: “En la fiesta de Pentecostés, durante la Santa Misa, cuando yo estaba haciendo oración, mi mente se vio repentinamente liberada de toda duda; debía permanecer con mi esposo porque ya llegaría el momento en el que estaría en disposición de hacer los votos de pobreza, castidad y obediencia, viviendo en una comunidad con otras hermanas que harían lo mismo que yo”.

Relieve neoclásico en la iglesia de San Carlo al Corso, Milán (Italia).

Relieve neoclásico en la iglesia de San Carlo al Corso, Milán (Italia).

A principios de 1625, Luisa conoció al padre Vicente de Paul, que había organizado a las Damas de la Caridad, que predicaba unas misiones en algunas parroquias cercanas a la familia Gondi y que, con la ayuda de unos sacerdotes, había creado la Congregación de la Misión (los Padres Paules o Lazaristas). Atacado por la tuberculosis, su esposo falleció el 21 de diciembre de ese mismo año, dejando a Luisa y a su hijo en una precaria situación económica. Ella, sin embargo, se sintió liberada porque finalmente podría cumplir el que consideraba como objetivo de su vida, llegando a escribir cuales serían sus normas de actuación en el mundo.

San Vicente de Paul se convirtió en su director espiritual y poco a poco, mediante cartas y reuniones personales, le ayudó a encauzar su piedad personal y su solicitud materna hacia los demás. El 5 de febrero de 1630, después de haber visitado Asnières, quiso celebrar su aniversario de bodas asistiendo a Misa. Al recibir la comunión, sintió la experiencia de sus desposorios místicos con Cristo tal y cual ella misma nos lo relata: “Sentí que Nuestro Señor me hacía pensar que le recibiera como el esposo de mi alma”. No tuvo que pasar mucho tiempo para que ella compartiera con los demás aquella experiencia y así, catorce días más tarde, San Vicente que regresaba de una misión en Suresnes, le envió a Margarita Nassau, una pastorcita de aquella aldea a fin de que la enseñase a leer para que posteriormente se dedicara a educar a la juventud de su zona y a servir a los pobres. En 1632, durante la realización de un retiro espiritual, comprendió que definitivamente había llegado el momento de lanzarse al mundo para ayudar a los pobres y, sintiéndose preparada para realizar esta labor, se lo hizo saber a San Vicente.

El 24 de febrero de 1633, mientras curaba a los enfermos de peste, Margarita Nassau murió dejando detrás a otros paisanos que continuaron con su trabajo. En aquellos tiempos, la asistencia caritativa a los pobres estaba completamente desorganizada y las Damas de la Caridad, que muchos años antes había fundado San Vicente, aunque les proporcionaban cuidados y recursos económicos, estos eran totalmente insuficientes. Luisa comprendió que había que poner un cierto orden porque las Damas de la Caridad, aunque tenían dinero para ayudar, no disponían de tiempo o no estaban capacitadas para vivir una vida de entrega total a los pobres y así, el 29 de noviembre, de acuerdo con San Vicente, Luisa reunió bajo un mismo techo, en su casa, a las cuatro jóvenes que tenían más energías o estaban mejor capacitadas, a fin de prepararlas para que se ocuparan de los pobres y enfermos, llevando al mismo tiempo una profunda vida espiritual. Así se iniciaba la Compañía de las Hijas de la Caridad, cuyo lema sería: “Amar a los pobres y honrarlos como honrarían al propio Cristo”.

La Santa, con las Hijas de la Caridad, atendiendo a los pobres. Detalle de un lienzo decimonónico.

La Santa, con las Hijas de la Caridad, atendiendo a los pobres. Detalle de un lienzo decimonónico.

Luisa y las cuatro primeras hermanas hicieron voto de ofrecerse completamente al servicio de Cristo en las personas de los pobres. Colaborando estrechamente, Santa Luisa y San Vicente, con esta nueva fundación intentaron responder a las llamadas de los pobres de su época, ofreciendo educación a los niños abandonados, socorriendo en los campos de batalla a las víctimas de la Guerra de los Treinta Años, atendiendo a los enfermos tanto en sus domicilios como en los hospitales, sirviendo a los discapacitados mentales, educando a las niñas, participando en la creación del hospicio del Santo Nombre de Jesús y del hospital general de Paris.

Pero aunque muy brevemente acabo de describir algunas de las muchas actividades que llevaron a cabo, no todos fueron facilidades. Desde 1644 al 1649 hubo grandes disturbios en Francia que provocaron violencia, carencia de alimentos, enfermedades y todo tipo de calamidades que, inevitablemente, siempre recaían sobre los más pobres, por lo que Luisa y Vicente se vieron forzados a enviar a sus hijas a todos los frentes: iban de aldea en aldea socorriendo y animando a la gente y eso ya de por si era no solo una novedad, sino que ocasionaba múltiples molestias ya que hasta entonces, las religiosas siempre habían permanecido dentro de los monasterios. Las Hijas de la Caridad tenían como monasterio las casas de los enfermos, su capilla era la iglesia parroquial, su claustro eran las calles de las ciudades y pueblos y por clausura, la obediencia a sus superiores.

Ellas mismas atravesaron momentos de crisis internas, pues algunas hermanas, al comprobar que se les exigía demasiado, abandonaron la Compañía o se relajaron en la vida de oración, por lo cual, algunos de los proyectos fracasaron. A ello se juntaba la preocupación por su hijo, cuyo futuro era incierto, ya que aunque había ingresado en un seminario, al poco tiempo se salió del mismo. Ella pensaba que había fracasado en su educación y volvió a sentir un profundo sentimiento de culpabilidad, pero con la ayuda de San Vicente y con el casamiento de su hijo el 18 de enero de 1650 y el nacimiento de su nieta Luisa Renata, volvió a ella la calma.

Vidriera de la Santa, sosteniendo un bebé abandonado. Catedral de Lima, Perú.

Vidriera de la Santa, sosteniendo un bebé abandonado. Catedral de Lima, Perú.

Al conocerse la labor que realizaban en Paris, fueron invitadas para que se hicieran cargo de la organización del hospital de Angers. Luisa fue con tres hermanas a aquella ciudad y negoció con las autoridades civiles y médicas locales las condiciones de trabajo y de colaboración mutua a fin de hacer más eficaz dicha gestión. Aunque padeciendo muchas dificultades, debido a la eficacia de su labor asistencial, muy poco tiempo después, las Hijas de la Caridad estaban presentes en más de treinta localidades francesas e incluso desde el 1652, en Polonia.

Aunque Santa Luisa y San Vicente tenían diferentes personalidades, durante treinta y cinco años estuvieron trabajando juntos, apreciándose mutuamente y pasando por algunos momentos de tensión entre ambos, pero poco a poco naciendo entre ellos una profunda amistad, respetando cada uno el carácter del otro y poniendo todas sus energías al servicio de la obra en la que estaban empeñados. Como consecuencia del duro trabajo, su salud se fue debilitando y rodeada de sus hermanas y de su familia, con sesenta y nueve años de edad, murió el 15 de marzo del año 1660, seis meses antes de la muerte de San Vicente. Ya el mismo San Vicente, en el año 1647, o sea, trece años antes de su muerte, había dicho de ella: “Yo, desde hace diez años la considero como naturalmente muerta, porque al verla podría decirse que acaba de salir de la tumba, ya que su cuerpo es muy débil y su rostro muy pálido, pero su voluntad es muy fuerte”. Su última recomendación a sus religiosas fue: “Prestad mucho cuidado al servicio de los pobres”. Fue sepultada en la iglesia de San Lorenzo en Paris, aunque actualmente sus reliquias se veneran al lado izquierdo del altar mayor en la capilla de la Casa Madre de las Hijas de la Caridad en París.

Los componentes fundamentales de la espiritualidad de Santa Luisa de Marillac fueron las mismas que animaron la vida de San Vicente de Paul. Había leído y asimilado la obra maestra del cardenal francés Pedro Bérulle, que llevando una vida muy ascética se había consagrado a la conversión de los protestantes. Esta obra a la que he hecho referencia es: “Discours de l’etat et des grandeurs de Jesús”. Entre sus libros más queridos sobre lectura espiritual estaba también la “Introducción a la vida devota de San Francisco”. Con su vida y sus actividades fue realmente un apóstol junto a San Vicente. En su vida espiritual se pueden considerar como cuatro etapas:

– En Pentecostés del 1623, el Señor la libera del complejo juvenil que tenía debido a su origen. Le hace comprender que debe atender a su marido en la enfermedad y que eso le servirá como un precioso ejercicio de caridad; ya vendrá el momento en el que se podrá dedicar en exclusiva al servicio de los pobres.
– En el año 1629, San Vicente la introdujo con decisión en el apostolado de la caridad y en esta actividad, Luisa se encuentra a sí misma y encuentra la paz.
– En el año 1634 pronuncia sus votos temporales y un año más tarde, los votos perpetuos, lo que hacen que ya sea plenamente una religiosa que da dado definitivamente su adiós al mundo. Las preocupaciones por su hijo que tanto la habían turbado, quedan definitivamente resueltas.
– Finalmente, después de 1643, mientras sus obras y las de sus hijas prosperaban y atraían cada vez más la atención de los parisinos, su alma se va despojando de lo que es su vida humana y terrena, uniéndose místicamente a Dios.

Vista de la urna con la figura de cera que guarda sus reliquias. Casa Madre de las Hijas de la Caridad, París (Francia).

Vista de la urna con la figura de cera que guarda sus reliquias. Casa Madre de las Hijas de la Caridad, París (Francia).

Aunque se atribuye a San Vicente de Paul la frase de que: “Ninguna Hija de la Caridad será jamás canonizada”, dando a entender que la santidad tenía que ser más una vivencia interior que no tenía por qué traslucirse externamente, la realidad fue que en el año 1886 se inició el proceso diocesano para la beatificación de Luisa. Treinta y cuatro años más tarde, Luisa fue beatificada por el Papa Benedicto XV, el día 9 de mayo del año 1920 y canonizada por el Papa Pío XI, el 11 de marzo del 1934.

El Papa San Juan XXIII, el 10 de febrero del año 1960, la declaró patrona de todas las obras y de los asistentes sociales. Su festividad se celebra en el día de hoy, 15 de marzo.

Antonio Barrero

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19 pensamientos en “Santa Luisa de Marillac, cofundadora de las Hijas de la Caridad

  1. Muchas gracias Antonio pues de verdad que me ha parecido magnífico tu artículo. Nome extraña nada que el haber crecido espiritualmente a la sombra del gran Vicente de Paul haya hechonacer santidades al servicio de los pobres, que es una para mí la única santidad legítima y refrendada por el ejemplo de Cristo. Tener como monastero las casas de los enfermos y las calles como claustro me parece una bella forma de describir el espíritu de las Hijas de la Caridad.

    • Bueno, es que el tándem Luisa-Vicente ó Vicente-Luisa fue una gracia de Dios para la Iglesia y la sociedad de la época, especialmente en Francia. Las Hijas de la Caridad han hecho y siguen haciendo mucho bien en todos aquellos lugares donde ejercen su apostolado. Yo tuve una buenísima experiencia con ellas en unos días que fueron muy dolorosos para mi.

      Sabrás que en la gran beatificación de mártires en Tarragona en el próximo mes de octubre, van dos grupos de Hijas de la Caridad, uno de los cuales es de tu tierra: Valencia.

  2. Los pesares personales de nuestra Santa de hoy se deben a dos cuestiones nada baladíes de esta época que nos ocupa y de épocas pretéritas. En primer lugar, el tema de ser una hija ilegítima, natural, o como se dice más cruelmente, bastarda. Estos hijos siempre fueron considerados lacras o insultos para el “honor” familiar y aunque muchos nobles y reyes los dotaron espléndidamente, en general eran como la prueba andante, respirante y viviente de los “pecados” de sus progenitores, que injustamente les eran cargados como propios. Y la Iglesia no es que hiciera mucho por mejorar esto -y se entiende que no, teniendo en cuenta que muchos hijos ilegítimos de nobles y reyes iban a nutrir sus filas en la alta jerarquía eclesiástica-. Recordemos que Santa Francisca Javier Cabrini no quería atender niños ilegítimos en sus obras de caridad.

    En segundo lugar, y ya exclusivamente derivado de su condición de mujer, el que no pudiera decidir libremente qué hacer con su vida. A pesar de su clara vocación religiosa, se la usa como pieza de ajedrez en el juego de las políticas matrimoniales y se la fuerza a un matrimonio que no deseaba y que, según parece, nunca la acabó de satisfacer. Puede que llegara a apreciar a su marido y a amar a su hijo -pues se tienen que dar circunstancias muy difíciles para que una mujer no ame el fruto de su vientre-; pero no era lo que deseaba para su vida y hasta que no tuvo lo que quiso, no fue feliz. ¿Cuántas otras se vieron en estas tristes circunstancias? ¿Y cuántas más jamás obtuvieron lo que realmente deseaban?

    Por lo menos, ella al fin pudo realizar sus aspiraciones y fueron para bien suyo y de los demás, y, ¡de qué manera! Igual era necesario pasar por todas esas dificultades porque, como religiosa contemplativa, no hubiese hecho tanto bien a los demás como hizo.

    • Yo no puedo estar más de acuerdo contigo en todo lo que dices. Apunto que al menos hasta los años cincuenta-sesenta del siglo pasado, en los seminarios y conventos no admitían a hombres que hubieran sido concebidos fuera del matrimonio.

      Y por fin podemos comprobar – y hay muchísimos casos más – cómo se puede ser religiosa e incluso fundadora de Congregación sin tener que ser virgen.
      Del Papa Francisco se cuenta que estando una vez en uno de los barrios más pobres de Buenos Aires, unos jóvenes le hicieron una entrevista y una muchacha le preguntó: “¿Para ser monja hay que ser virgen?”. “No, no hace falta”, le contestó el entonces cardenal Bergoglio.

  3. La labor que realizo Santa Luisa de Marillac y las Dmas de la Caridad es encomiable.
    Antonio menciona a Margarita Nassau,pero hubieron bastantes mas que murieron de peste u otras enfermedades atendiendo a enfermos.
    En una biografia que tengo de la santa se describen estos sucesos,y como inmediatamente una Dama de la Caridad se prestaba a ocupar el lugar de la fallecida.
    Realmente increible la entrega generosa de estas mujeres,y mas en aquella epoca.
    Gracias por tan buen articulo Antonio.

    • Por supuesto que hubo muchos más hombres y mujeres generosas que dieron su vida atendiendo a los enfermos en aquellas epidemias. Pero eso también ha ocurrido en muchisimos otros momentos de la historia y si no, recuerda el caso del célebre Padre Damián (San Damián de Molokai, que murió contagiado por la lepra). Relee el artículo que sobre los santos y la lepra nos escribió nuestro amigo Damiano.

  4. Gracias por comentar sobre sta gigante de la caridad Antonio. Quizá la figura de San Vicente ha opacado un poco a Luisa pero su santidad no está en tela de juicio de ninguna manera. Me llama mucho la atención todo lo que tuvo que sufrir desde su infancia hasta la tumba (la discriminación por su origen, las penas interiores) y su paso por distintos estados de vida como seglar, madre y religiosa. Esto demuestra aquello que dice el Evangelio sobre la llamada que Dios hace a la gente en diferentes etapas de la vida y a todos nos paga igual como dice ese himno de Vísperas “das al de la tarde lo que al mañanero”. Tenemos una Venerable mexicana que igualmente pasó dificultades, recibió experiencias místicas, convivió con otros futuros santos y fundó congegaciones religiosas siendo seglar: Concepción Cabrera de Armida, su vida es muy parecida a Santa Luisa en eso. Ojalá aprendamos mucho de la paciencia y de la entrega generosa de Luisa. Por cierto ¿Cuando y donde será la beatificación de mártires que mencionas?

    • La beatificación de mártires españoles será en Tarragona el próximo 27 de octubre. Te relaciono las Causas de beatificación porque verás que es una beatificación conjunta de 34 Causas. Más de 500 mártires. Son estas:
      01.- Carmelo Maria Moyano Linares y 9 compañeros carmelitas (Córdoba)
      02.- Teófilo Fernández de Legaria y 4 (Madrid)
      03.- José Nadal Guiu y José Jordán (Lérida)
      04.- José Maria Ruiz Cano y 15 compañeros (Guadalajara)
      05.- Orencio Luís Solá Garriga y 22 compañeros lasalianos (Madrid)
      06.- Antonio Faúndez López y 3 compañeros franciscanos (Cartagena)
      07.- Salvio Huix Miralpeix (Lérida)
      08.- Joaquín Jovani Marín y 14 compañeros operarios diocesanos (Tortosa)
      09.- Ramón J. Castaño y 1 compañero dominico (Bilbao)
      10.- Juan Huguet Cardona (Menorca)
      11.- Alberto Marco Alemán y 24 compañeros carmelitas y lasalianos (Madrid)
      12.- Josefa Martínez Pérez y 12 compañeras Hijas de la Caridad (Valencia)
      13.- Jaime Puig Mirosa y 19 compañeros Sagrada Familia (Barcelona)
      14.- Josefa García Solanas y 9 compañeras mínimas descalzas (Barcelona)
      15.- Hermenegildo Iza Aregita y 5 compañeros trinitarios (Ciudad Real)
      16.- Mariano Alcalá Pérez y 18 compañeros mercedarios? (Lérida)
      17.- Manuel Basulto Jiménez y 5 compañeros (Jaén)
      18.- Francisca Inés Valverde González (Jaén)
      19.- Rafael Gascó del Tejo e hijo (Lérida)
      20.- Ricardo Gil Barcelón y 1 compañero orionista (Valencia)
      21.- Mauro Palazuelos Maruri y 17 compañeros benedictinos (Barbastro)
      22.- José Máximo Moro briz y 4 compañeros (Avila)
      23.- Juan de Jesús Vilaregut Farré y 4 compañeros (Lérida)
      24.- Manuel Borrás Ferrer y 146 compañeros (Tarragona)
      25.- Melchora Cortés Bueno y 14 compañeras Hijas de la Caridad (Madrid)
      26.- Manuel Sanz Domínguez (Madrid)
      27.- José J. Gorosterrazu Jairena y 5 compañeros redentoristas (Cuenca)
      28.- Casimiro González García y 67 compañeros (Lérida)
      29.- Mauricio Iñiguez de Heredia y 23 compañeros hospitalarios (varias)
      30.- Aurelia Arambarri Fuente y 3 compañeras (Madrid)
      31.- Fortunato Velasco Tobar y 14 compañeros paules (Teruel)
      32.- Miguel Francisco González Diez y 31 compañeros capuchinos (Madrid)
      33.- José Guardiet Pujol (Barcelona)
      34.- Juliana González Trujillano y 2 compañeras (Madrid)

  5. ( por fin he solucionado el problema que tenia mi pc, y puedo comentar en el blog)

    Como Daniel, yo también pienso que San Vicente de Paúl dejo la figura de Santa Luisa un poco de lado, pero es incuestionable la santidad de esta mujer que tantos sufrimientos soporto desde su nacimiento.
    Dios la tenia elegida desde el primer momento para algo grande, y así fue porque la labor que desarrollo en su tierra, desgastándose para y por los demás fue una magna obra de caridad, que aun hoy sus hijas con su ejemplo y el de San Vicente de Paúl lo están dando en todas las partes del mundo donde están

    • Estoy de acuerdo contigo y con Daniel en que San Vicente de Paul ha eclipsado la figura de Santa Luisa de Marillac, pero está claro que el trabajo conjunto de ambos fue el que puso en marcha esta inmensa obra de las Hijas de la Caridad. Pero ¿nos extraña que un santo eclipse a una santa? Es lo de siempre, como diria Ana Maria y yo también ratifico.

  6. Antonio

    Hermosa vida de entrega de Santa Luisa. Dedicarse a los enfermos no es nada fácil y lo digo por experiencia, se necesita muchas fuerzas y sobre todo amor para poder realizar bien esta obra.

    Me da pena la situación de nuestra santa por eso de ser (hija ilegítima). Pero recuerdo que una vez fui a sacar un acta de matrimonio a mi parroquia y llega en ese momento un señor queriendo sacar una fe de bautismo de una niña bautizada en el año 2000 el cual no la encontraron sino en el libro de los hijos ilegítimos!!!!!!!!!!! No me digas que existe aún eso en la Iglesia Antonio.

    • Emmanuel,
      Pues claro que hay casos de curas ultramontanos en todos lados. Aquí en España, los hay que se niegan a bautizar o dar la Primera Comunión a hijos de madres solteras o divorciadas e incluso a ellas mismas. Hay alguno que ha pedido públicamente en sus sermones que recen por ellas para que se arrepientan. ¡Vaya barbaridad el dar publicidad a temas que conciernen a cuestiones muy personales! Esperemos que eso cambie con estos posibles nuevos soplos de aire fresco que se avecinan en la Iglesia.

      Y tengo que referirme de nuevo al Papa Francisco contando una anécdota verídica. Un día, una señora, en Buenos Aires, le dijo al entonces cardenal Bergoglio: “Mi hijo se ha alejado de la Iglesia”. ¿Sabes cual fue la contestación del cardenal? Le preguntó a la señora si su hijo era una buena persona y cuando ella le dijo que si, él le contestó: “Pues eso es lo que vale”. Más claro: el agua.

      • ¿Que se arrepientan? ¿De qué? ¿Y ellos saben de todas las circunstancias familiares y personales que hay detrás de cada madre soltera y divorciada? ¿Si eran mujeres maltratadas? ¿Si el padre no cumplía con sus obligaciones familiares? ¿A ellos no se les pide arrepentimiento? ¿Y si, simplemente, una mujer no ha querido aguantar a ningún hombre sólo para que sus hijos tengan un padre? Es increíble que en pleno siglo XXI sigamos con esas mentalidades medievales dentro de la Iglesia.

        • Ana Maria,
          Por eso mismo les llamo “curas ultramontanos” porque son realmente unos fachas meapilas, que cualquiera sabe cómo se comportan en sus vidas privadas. Está claro que ni tienen los pies en la tierra ni conocen la caridad cristiana. Y peor es aun que sus obispos los mantengan en sus puestos.

  7. Aunque conocía de nombre a esta Santa y de ser fundadora de las Hijas de la Caridad no sabía más de ella y me ha dejado impresionado su vida, como siendo casada y con un hijo se puedo dedicar por completo a lo qu realmente deseaba hasta llegar a ser una santa, una duda Antonio ¿aun quedaran descendientes de Santa Luisa? porque veo que mencionas a su nieta.

  8. Antonio, estoy estudiando a las Hermanas de la Caridad que llegaron a Costa Rica en 1872 procedentes de Guatemala. Entiendo que la casa madre estaba en Paris y que es la misma que citas en este mismo artículo.
    Estoy buscando información de las Hijas de la Caridad y su vinculación con la enfermería. Si tuvieras alguna referencia al respecto, te agradecería me informases.

    Felicidades por el artículo.

    Atentamente,
    Julian Vargas.

    • Julián,
      Yo no tengo esa información pero si envías la pregunta al blog (en la sección contacto), me enviarán tu e-mail personal y te pondré en contacto con algunas hermanas que posiblemente puedan ayudarte.
      Gracias por confiar en nosotros y te animo a que nos sigas visitando y dando a conocer a tus amigos.

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