Santa Teresa Margarita Redi, virgen carmelita

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del rostro de la Santa en un óleo realizado post-mortem por la pintora Anna Bacherini Piattoli (1720-1788). Monasterio carmelita de Florencia, Italia.

Detalle del rostro de la Santa en un óleo realizado post-mortem por la pintora Anna Bacherini Piattoli (1720-1788). Monasterio carmelita de Florencia, Italia.

Nació en Arezzo, en el seno de la noble y devota familia de los Redi, el día 15 de julio del año 1747. Sus padres, Ignacio y Camila, la hicieron bautizar por un tío paterno el día siguiente de su nacimiento, festividad de Nuestra Señora del Carmen, imponiéndosele el nombre de Ana María. Su padrino de bautismo fue el cardenal Enrique Enríquez, pues como he dicho, su familia pertenecía a la nobleza toscana.
Ana María era la segunda de un total de trece hermanos, algunos de los cuales murieron siendo muy pequeños y como su madre era de constitución física muy débil, con tantos alumbramientos quedó prácticamente inválida, por lo que ella, junto con su madre, tuvo que hacerse cargo de sus hermanos.

Como su familia era muy piadosa y en su casa se respiraba calor y amor, la niña recibió una profunda formación cristiana y, según su padre, con solo seis años de edad era una “pequeña contemplativa”. Ella misma lo confirmaría más tarde cuando le dijo a su confesor: “Desde mi infancia no he anhelado otra cosa que convertirme en una santa”. Siempre andaba preguntando a cualquier persona mayor que ella, fuera o no de la familia: ¿Quién es Dios? y cuando su madre le dijo un día que “Dios es Amor”, a ella se le iluminó el rostro y de esta contestación hizo el lema de su vida, buscando en todo momento cómo corresponderle a ese Dios que la había amado primero, llegando incluso a instalar un altar en su dormitorio donde se pasaba las horas en oración. Cecchino, que era uno de sus hermanos, estando un día espiándola salió corriendo diciendo que su hermana se parecía a la Virgen. Siendo muy piadosa, a la vez era muy activa: aprendió a tejer y a coser, pero aun realizando estos trabajos estaba sumida en una profunda oración.

Muy cerca de su casa había una pequeña iglesia decorada con frescos sobre la vida de San Francisco de Asís y ella le tomó tanta admiración por su amor a la pobreza, que lo convirtió en su santo patrono. Con siete años de edad hizo su primera confesión, que en aquellas fechas se realizaba unos años antes de hacer la primera comunión.

Con nueve años de edad, fue enviada al internado del monasterio benedictino de Santa Apolonia en Florencia. Mientras que en muchas familias se pensaba que invertir en la educación de las niñas era una pérdida de tiempo y de dinero, su padre siempre defendió que la educación de todos sus hijos era la mejor inversión aunque hubiera que ajustar el presupuesto familiar. La vida en el internado era sencilla y austera, acentuándose en ella su inclinación al recogimiento y a la oración y aunque algunas asignaturas no se le dieron bien, como el latín y las matemáticas, las monjas la consideraban como una niña modelo, sencilla, alegre y obediente. Ella, allí era feliz aunque no podía tener el recogimiento del que gozaba en su casa pues el ambiente del internado era muy diferente: cualquier práctica religiosa que se saliera de la normalidad llamaba poderosamente la atención de sus compañeras, a las que no podía “sobornar” regalándole estampitas como hacía en su casa con sus hermanos cuando la interrumpían en sus ratos de oración. Allí, tenía que esconderse e intentar pasar desapercibida.

Relicario con los cabellos de la Santa. Monasterio carmelita de Florencia, Italia.

Relicario con los cabellos de la Santa. Monasterio carmelita de Florencia, Italia.

Decía: “Los méritos de una buena acción pueden disminuir cuando los exponemos a los ojos de otras personas para conseguir su aprobación o para que nos den satisfacción. Tenemos que prescindir del amor propio y del orgullo si queremos estar en paz con Dios”. A las monjas esta actitud de Ana María no les pasó desapercibida, aunque ella intentara ocultar su piedad. Cuando estaban en la iglesia, la veían absorta ante el sagrario y sin poderlo impedir, los suspiros y las lágrimas se les escapaban cuando las niñas mayores y las propias monjas se acercaban a recibir la Eucaristía; por eso, las monjas quisieron recompensarla permitiéndole hacer la primera comunión el día de la Asunción, con sólo diez años de edad. A partir de ese momento, su vida espiritual se incrementó con una intensa piedad eucarística y mariana. Ella, siempre con el deseo de no sobresalir en sus prácticas devocionales, no recurría a su confesor tan asiduamente como quería; no quería despertar la curiosidad de sus compañeras y encontró la solución recurriendo a su padre, el cual, en la práctica, fue su consejero espiritual.

Aunque el ambiente de la ciudad estaba contaminado por el jansenismo, influenciada por su padre Ignacio Redi, se hizo devotísima del Sagrado Corazón de Jesús. Su padre Ignacio, no sólo le dio la vida sino que fue también para ella un padre espiritual. Ella misma lo llegó a decir: “Mi padre era tan grande y tan bueno que realmente puedo decir que ha sido mi padre por partida doble”.

Como resultado de un retiro que se realizó en el internado, se puso bajo la dirección espiritual de don Pedro Pellegrini, quién confió plenamente en ella y que de inmediato trató de ayudarla para que se perfeccionara en el camino hacia Dios: le facilitaba libros de lecturas piadosas, la ayudó a avanzar rápidamente en la oración mental y como la veía que crecía en santidad, le permitió algo extraordinario en aquella época: comulgar tan a menudo como lo hacían las monjas.

Estando ya a punto de terminar su estancia en el internado, aunque tenía muy claro que quería hacerse religiosa, estaba algo confundida porque si bien amaba el modo de vida de las benedictinas, tenía algunas dudas. Un día, una antigua amiga que estaba a punto de entrar en un convento carmelita, fue a despedirse de ella al internado de Santa Apolonia; Ana María sintió algo especial y cuando regresó a su habitación escuchó una voz interior que le decía: “Yo soy Teresa y te quiero entre mis hijas”; asustada, se fue a la capilla y experimentó la misma sensación. Esa vocación religiosa que había ido creciendo en ella poco a poco, quedaba perfectamente definida, así que cuando unos meses más tarde regresó a su casa, manifestó a su familia su intención de entrar en un monasterio carmelita, cosa que hizo el 1 de septiembre del año 1764, con diecisiete años de edad, ingresando en el monasterio florentino de Santa Teresa.

Vista del escrito de la profesión religiosa de la Santa, escrito a 12 de marco de 1766. Monasterio carmelita de Florencia, Italia.

Vista del escrito de la profesión religiosa de la Santa, escrito a 12 de marco de 1766. Monasterio carmelita de Florencia, Italia.

Aunque el período de postulantado era de tres meses, ella tuvo que realizarlo algunos meses más porque le salió un absceso en una rodilla por lo que tuvieron que rasparle el hueso –sin anestesia– para quitarle la infección. Sus biógrafos dicen que ella no se quejó durante la intervención quirúrgica temiendo que las monjas no la aceptaran en el noviciado, donde ingresó el 11 de marzo del año siguiente, vistiendo el hábito carmelita y tomando el nombre de Teresa Margarita del Sagrado Corazón de Jesús. Meses más tarde, le confesaría a la madre priora: “Madre, no creo que yo haya tenido un dolor más grande que el tener que dejar a mi padre”.

En el noviciado le dieron la responsabilidad de cuidar de las monjas enfermas, pues aunque la comunidad estaba formada por tan solo trece religiosas, nueve de ellas eran muy ancianas. Aunque siguió con dolencias en la rodilla, más de una noche tuvo que quedarse en vela junto a la cama de una de estas monjas, pero eso no era obstáculo para que al día siguiente ella participara activamente en todos los actos comunitarios, tanto en los religiosos como en los simplemente domésticos. Debido a estas dolencias, a ella le entró la duda de si no habría escogido el camino equivocado, por lo que conforme se acercaba el día de la profesión religiosa manifestó su deseo de profesar como simple hermana lega. La priora no accedió y profesó como una monja de coro asumiendo las tareas de sacristana sin abandonar el cuidado de las hermanas enfermas. Durante los escasos cuatro años que vivió como monja, tuvo el don de milagros, curando a algunas monjas desahuciadas e incluso haciéndose oír por una monja completamente sorda.

Realizaba numerosas penitencias: usaba cilicios, dormía en el suelo dejando las ventanas de la celda abiertas durante el invierno y cerradas en el verano, se restringía en las comidas y se adaptaba en todo a lo establecido por las normas del convento: “La que no sabe conformar su voluntad a la de los demás, nunca será perfecta”. Nunca se excusó aunque la acusaran sin motivo, siempre hablaba bien de los demás, siendo uno de sus lemas preferidos el “hay que simpatizar con los problemas del prójimo, hay que justificar sus faltas y hay que ser caritativa con ellos en pensamiento, palabra y obras”.

Un día, mientras cantaban en el coro las palabras del apóstol Juan en su carta a los Filipenses, “Deus, charitas est”, las monjas vieron que se transformaba y comprendieron que le había ocurrido algo íntimo y extraño: le vino a la mente lo que su madre le dijo cuando, siendo ella niña, le preguntó: ¿Quién es Dios?, respondiéndole su madre: “Dios es Amor”. Durante muchos días sólo solía repetir: Dios es amor, Dios es Amor… y tanto llamó la atención esta actitud melancólica, que las monjas llamaron al mismísimo padre provincial para que la examinara. El Provincial, tras observarla y hablar con ella, le dijo a la comunidad reunida en pleno: “Yo sería muy feliz si todas las hermanas de esta comunidad se vieran afectadas por esta melancolía”.

Texto escrito por la Santa con su propia sangre. Dice: "Jesús, mi querido Amor, yo prometo ser todo tuya, independientemente de las contrariedades a las que me voy a tener que enfrentar".

Texto escrito por la Santa con su propia sangre. Dice: “Jesús, mi querido Amor, yo prometo ser todo tuya, independientemente de las contrariedades a las que me voy a tener que enfrentar”.

A partir de este momento, ella sintió aun más el que siempre le había sido imposible corresponder con amor tanto amor recibido y este pensamiento comenzó a atormentarla hasta el punto de que en una de sus cartas a su director espiritual llega a decirle: “Le digo de manera muy confidencial que me encuentro muy dolorida porque no correspondo como debiera a las exigencias del amor de Dios; me siento reprochada por mi Soberano Bien y soy muy sensible al menor movimiento contrario al amor y al conocimiento de Aquel que me ama. No sé que hacer, ni interior ni exteriormente para impulsar aún más mi amor y no se puede usted imaginar lo terrible que es vivir sin amor cuando en realidad, se está ardiendo en deseos de Él. Esto es una tortura para mí y, por mucho que me esfuerzo, lo veo tan poco que temo que Dios esté disgustado conmigo”. Llegó a sentir, al igual que otros santos, la angustia de no poderle corresponder a Dios con la misma intensidad de amor que la que ella recibía. “Encontrándome en este estado supremo de cansancio, cometo muchos fallos, mi mente está confusa, a veces me desespero y tengo el terrible temor de poder ofender gravemente a Dios. Quiero sólo hacer el bien y siento remordimientos por mi infidelidad, porque no doy todo lo que tengo que dar”.

Su confesor llegó a decir que ella amando tanto, necesitaba amar más y que eso era una cruel tortura para su alma. Amaba, pero no lo creía y en la mima medida en que en su alma crecía el deseo y la necesidad de amar, crecía también el dolor de pensar que no amaba como debía. “Ella estaba en la etapa de un matrimonio espiritual y posiblemente por esta intensidad de amor no habría podido vivir más tiempo del que vivió”. Y de hecho, murió prematuramente como consecuencia de una peritonitis aguda.

Tapiz de canonización de la Santa, con su iconografía habitual: el hábito de carmelita, los lirios de virginidad, las margaritas que aluden a su nombre en religión y el lema "Dios es Amor".

Tapiz de canonización de la Santa, con su iconografía habitual: el hábito de carmelita, los lirios de virginidad, las margaritas que aluden a su nombre en religión y el lema “Dios es Amor”.

A mediados de febrero del año 1770, sor Teresa Margarita escribió una carta a su padre solicitándole empezara una novena al Sagrado Corazón rogando por sus intenciones. El 4 de marzo pidió a su confesor hacer una confesión general como si fuera la última de su vida y recibir al día siguiente la Sagrada Comunión que ella preveía que iba a ser su Viático. La tarde del 6 de marzo, debido a su trabajo en la enfermería del convento, llegó tarde al refectorio y tuvo que cenar sola y mientras regresaba a su celda, se derrumbó experimentando unos violentos espasmos abdominales. Las monjas llamaron al médico, que diagnósticó que era un cólico muy doloroso pero no grave. Debido a los dolores, aquella noche no pudo conciliar el sueño, pero de sus labios no salió una sola queja, para no molestar a las monjas que dormían en las celdas contiguas.

Al regresar el médico a la mañana siguiente, reconoció que sus órganos internos estaban paralizados y le practicó una sangría, comprobando que la sangre que brotaba estaba coagulada. Ante esto, se alarmó y recomendó que se le administraran los últimos sacramentos, pero aunque los vómitos eran constantes, no llamaron al sacerdote y ella no se quejó porque había presentido que la Comunión del día 5 había sido su Viático. Mantuvo presionado el crucifijo en sus manos y susurraba cada vez con voz más tenue los nombres de Jesús y de María. A las tres de la tarde su rostro estaba lívido y fue entonces cuando llamaron al sacerdote que sólo tuvo tiempo para administrarle la Extremaunción antes de morir. Sólo tenía veintidós años de edad y una peritonitis aguda la había llevado a la muerte. Era el 7 de marzo del año 1770. La comunidad quedó aturdida, pues sólo veinticuatro horas antes la habían visto sonriente y llena de vida.

De manera sorprendente, inmediatamente después de su muerte, comenzó una rápida descomposición del cadáver y las monjas tuvieron que acelerar los rituales funerarios. Pero al cabo de tres días, la descomposición se revertió y el cuerpo de la santa adquirió la impresión de una persona dormida. Las monjas, así como algunos sacerdotes y doctores de la zona, certificaron la reversión de su cuerpo, que parecía que estuviera durmiendo y que no había ningún síntoma de corrupción o descomposición.

El 16 de junio de 1783, o sea, trece años después de su muerte, se iniciaron los trámites de apertura del proceso de beatificación y era preceptivo observar en qué estado se encontraba el cuerpo de Teresa Margarita. Aunque las monjas estaban ansiosas por exhumarlo surgieron algunas dificultades de orden político y eclesiástico, pero finalmente se consiguió. El cadáver fue examinado por los doctores Antonio Romiti, Antonio Maria Franchi y otros cirujanos y forenses quienes certificaron que “el cuerpo se conserva en un estado envidiable; la carne blanca y la elasticidad de los músculos muestran la falta de una verdadera desecación, por lo que hay que eliminar cualquier duda acerca de que el cuerpo está incorrupto por razones que van más allá de las leyes conocidas de la naturaleza”. Como los promotores del proceso eran conscientes de que cualquier pequeño error podría ser fatal, examinaron además detenidamente la tumba para comprobar en qué condiciones ambientales se había preservado el cadáver. Su cuerpo estaba incorrupto y así se mantiene en su monasterio de Florencia.

Vista de la urna que contiene el cuerpo incorrupto de la Santa. Monasterio carmelita de Florencia, Italia.

Vista de la urna que contiene el cuerpo incorrupto de la Santa. Monasterio carmelita de Florencia, Italia.

Fue beatificada por el Papa Pío XI el 9 de junio de 1929 y canonizada por el mismo Papa, el 13 de marzo del 1934.

Fuente: http://www.stteresamargaret.org/

Antonio Barrero

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22 pensamientos en “Santa Teresa Margarita Redi, virgen carmelita

  1. ¿Qué puedo decir? Junto con la espiritualidad franciscana, la carmelitana me admira y más quienes vivieron estos principios con una intensidad y una ansiedad a la par. En resumen, la verdadera espiritualidad cristiana -con el apellido que sea- se resumen en Amar y más amar, no en prácticas devocionales ni en la frecuencia constante de rituales ni sacramentos -que ayudan si se saben enfocar, pero son sólo medios externos y pasajeros-; y la oración mental y la meditación me recuerdan las prácticas budistas y religiosas del Shinto, con las cuales comparten similitudes -algunas apenas voy descubriéndolas-.

    Otra santa de origen noble y más noble por su sencillez y candor, aunque debió tener un gran temperamento para soportar el duro trabajo de cuidar a sus compañeras enfermas y más a las ancianas. Aquí no lo incluyeron, pero Santa Teresa Margarita cuidó de una monja que se había vuelto loca y era peligrosa y tuvieron que encerrarla. La cuidó con esmero y cariño aunque aquella la maltratara en su psicosis -en aquél entonces se le llamaba poseída, la psiquiatría estaba ni en pañales-. Admiro a estas mujeres, parece que la santidad la tienen en los genes y les es más sencillo el camino a la misma que a algunos como yo. Simpatizo con ella porque sé que se siente que te hagan una curación en carne viva -me suturaron el codo izquierdo sin anestesia cuando era niño y ya hubiera querido tener su resistencia al dolor-; y con que me identifico en que a veces me pregunto si he hecho lo suficiente o más para amar a Dios y a mi prójimo, y la respuesta es seguir amando sin detenerme, sin miedo a equivocarme. Esa es mi idea.

    Trato de entender el jansenismo, aunque no me queda muy claro salvo que es muy rigorista. ¿Pueden ayudarme?

    En cuanto al fenómeno de la reversión de la corrupción y la posterior conservación de su cadáver conviene analizarlo desde los síntomas de la peritonitis y cómo el clima puede afectar la degradación de la materia, aunque es cierto que hay personas que agonizantes aún sus cuerpos ya comienzan a descomponerse. Tengo mis dudas porque la fe nunca debe ponerse en hechos supuestamente asombrosos, ya el mismo Jesús nos lo advirtió. Y si en algo se caracterizan los verdaderos santos es en su discreción.

    • Bueno, Alejandro, planteas varias cuestiones:
      En la primera estoy absolutamente de acuerdo y es que a los cristianos se nos debe reconocer por el amor, pero por el amor de verdad, traducido en obras concretas, practicado día a día con todos los que nos rodean, con disposición plena a ayudar al que tienes al lado y aun al que ni siquiera conoces, pero para poner eso en práctica, para hacerlo una realidad, es indispensable la oración y los sacramentos, especialmente la Eucaristía. Para dar ese amor, tienes que recibirlo y esas son las formas de poderlo tener para poderlo dar. Supongo que estarás de acuerdo en que sin Eucaristía no puede existir amor cristiano y con eso no estoy diciendo en absoluto que un no cristiano no pueda amar. Puede amar y mucho, pero es, digamos, un amor diferente, que no tiene sus orígenes en Quién nos ama, que puede tener orígenes muy nobles, nobilísimos, pero no sale de Cristo. Sin Eucaristía, sencillamente, no hay amor cristiano.

      El tema del jansenismo es algo complejo como para explicarlo con tres frases, porque como bien sabes, no solo fue una doctrina teológica basada principalmente en los escritos de San Agustín (con o sin errores), sino que al mismo tiempo fue una corriente moral excesivamente rigurosa y lo peor, una corriente política antijesuítica. Yo creo que esto último es lo que dominaba en la Florencia donde vivía Santa Teresa Margarita.

      El tema de la reversión de la corrupción no hay que sacarlo fuera de contexto. Yo no se qué explicación pudiera tener ese fenómeno porque no soy especialista en esa materia, pero es un hecho que ocurrió realmente y, a mi entender, ni hay que darle más importancia ni es lo fundamental en la Santa. Está incorrupta ciertamente, pero la incorrupción por si sola no significa en absoluto santidad. Es principalmente cuestión de condiciones de conservación del cadáver y nada más.

      • Antonio, aprecio tus aportaciones y opiniones, pero debo discrepar al respecto sobre si quien es no cristiano puede amar tal y como Dios nos ama. Es como decir que fuera de la Iglesia no hay salvación, cuando ese paradigma ha sido superado. El Amor verdadero no sabe de religiones ni de dogmas, y no puede tener otro origen que Dios. Por eso el máximo mandamiento es Amarnos los unos a los otros como Él nos amó, aunque haya millones que no lo conozcan y no quieran pertenecer a esa iglesia que está lejos de ser lo que predica. Estoy de acuerdo con que para amar has de ser amado, sí, porque con el ejemplo aprendemos y hacemos; mas lo importante es el amor que damos que, viniendo de cristiano o ateo, es humano de inspiración divina, imperfecto como nosotros y así será mientras vivamos. Lo que importa y salva es no dejar de amar -claro, fijándonos qué merece ser amado-. Si por Eucaristía te refieres a la comunión entre hermanos estoy de acuerdo, pero si te refieres al pan y al vino consagrados, no comulgo con esa idea, Jesús no pudo caer en ese juego que, lo diré a sabiendas de que me lapidarán, se asemeja a los rituales del culto a Mitra.

        Gracias por aclarar mi panorama sobre el jansenismo.

        • Alejandro,
          Está claro que no me he sabido explicar. Dios está en los corazones de todo hombre de buena voluntad por lo que el amor de unos a otros puede ser igual de profundo y verdadero, seas cristiano, budista o simplemente ateo. Pero independientemente de esa calidad y/o calidad de amor, para que el amor sea “cristiano” tiene que provenir de Cristo, como el Verbo encarnado en el vientre de Maria.
          ¿Que un budista puede amar más que un cristiano? Por supuesto que si, pero si el cristiano ama como lo hizo Cristo, que incluso entregó su propia vida, su amor es cristiano, que puede ser tan sincero como el del budista, pero que tiene otro “carisma” especial. De todos modos, coincidimos en el que el Amor está por encima de todo.

          Y por supuesto que fuera de la Iglesia hay salvación. Yo personalmente creo que es más difícil condenarse que salvarse porque la Sangre de Cristo no pudo derramarse en vano, independientemente de que cada hombre lo conozca o no lo conozca. Solo el que odia de corazón, quién hace daño a conciencia a sus semejantes, pone en peligro su salvación, independientemente de la religión que profese o que sea agnóstico o incluso ateo de buena voluntad.

          Y en una cosa si que discrepo: Aun estando de acuerdo en que la Eucaristía es comunión entre hermanos, para mi, el mismísimo Cristo se quedó físicamente entre nosotros bajo las apariencias de pan y vino, simbolos por excelencia de lo que es un alimento, al menos en la cultura mediterránea, que es en la que Él vivió. Para mi, en la Eucaristía como sacramento, está real y físicamente presente el Hijo de Dios hecho hombre y aunque jamás se me ocurriría lapidarte (jaja), esto no se asemeja en absoluto a ningún culto pagano. Es mi sincera y profunda opinión.

  2. Gracias por subir la vida de Teresa Margarita, Antonio!! Vaya que hay mucho que decir de esta santa que desgraciadamente aún en la Orden no es muy conocida por estar de algún modo eclipsada por Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y Teresita. Creo que es un gran referente de una vida de oración y de devoción al Corazon de Jesús mucho antes de que su culto fuera tan extendido. De nuevo gracias por dar a conocer a este “Sol del Carmen de Florencia” como se le llama en el himno de Laudes de su festividad. 🙂

    • Hoy, Teresa Margarita,
      Sol del Carmen de Florencia.
      La mañana resucita
      Con la luz de tu presencia.

      Logras tu anhelo: ser rosa
      Del vergel carmelitano,
      Que tu alma solo rebosa
      De amor a Dios y al hermano.

      Acudes sedienta al pozo
      Abierto en el Corazón
      De Cristo y sacas con gozo
      Las aguas de salvación.

      La noche oscura te asalta,
      Y te abrazas a la cruz,
      Completando lo que falta
      A la pasión de Jesús.

      Mientras vamos de camino
      Queremos vivir, en pos
      De ti, con gesto paulino:
      ”Ocultos con Cristo en Dios”.

      La fe de amor encendida
      Alabe a la Trinidad,
      Padre-origen, Verbo-vida
      Y Espíritu-caridad. Amén

  3. Una santa que prácticamente desconocía, me sorprende lo joven que murió, aunque no por ello dejó de servir a su prójimo y dar ejemplo con su fortaleza. ¡Esas vidas tan cortas son tan intensas!

    • Es verdad, Montse, pero ¿y quienes han vivido con la misma intensidad y rigurosidad y han llegado a la ancianidad? ¿Tienen más méritos?

      • Yo creo que no se puede juzgar la santidad en cuanto a los años vividos. Sean pocos o muchos años de vida, cada santo ha transmitido su amor por Dios y el prójimo a través de diferentes formas, todas válidas. Creo que el estar en este mundo lo determina solamente la voluntad de Dios y en la medida de lo posible, hay que aprovechar el tiempo, que de por sí es corto.

  4. Conocí a esta Santa, tocaya mía, porque me llegó una estampa suya de Italia, precisamente la que aparece en el artículo, en gloria con ángeles y margaritas. La puse en manos de un buen amigo.

    Creo que la Santa de hoy fue admirable en su espiritualidad, irreprochable en su afecto y amor y de una vocación clara y sencilla; pero considero también que fue excesiva en sus penitencias, que sin duda fueron lo que le provocó la muerte. Y es que la muerte por peritonitis aguda, probablemente una de las más dolorosas del momento, está íntimamente relacionada con la pérdida de defensas por prácticas agresivas con la salud como la mala alimentación, el dormir en el suelo y con las ventanas abiertas… y empeorar este cuadro hiriéndose con cilicios. En esto, me parece que no estuvo acertada ni fue un sabio proceder el suyo. Hirió y maltrató su cuerpo hasta que éste dijo “basta” y eso fue lo que la mató, no el exceso de amor en Dios, como podría desprenderse de algunas interpretaciones líricas de su vida.

    Me parece imitable y admirable, pues, en su carácter y afecto, pero no en sus prácticas. Creo que hasta Santa Teresa hubiese reprobado esa actitud, porque la vida en el Carmelo -tengo entendido- ya es bastante dura sin tener que endurecerla aún más.

    Por lo demás, me llama la atención que el padre invirtiera en la formación de su hija -cosa que, como muy bien dices, no hacían todos ni mucho menos-; y me inspira lástima la madre, sometida a la presión forzada de la maternidad y exhausta de tantos embarazos y partos. Eso nos remite a lo que Alejandro y yo comentábamos ayer.

    • Estoy totalmente de acuerdo en que este tipo de prácticas lastimosas para el propio cuerpo físico responden a una interpretación muy forzada de la fe. Quien pretende revivir en su cuerpoparte del dolor de Cristo en el Calvario no sólo mutila un bien preciado que Dios nos ha dado sino que convierte una experiencia de dolor en un acortamiento de la propia vida terrenal y que podría identificarse con un “suicidio involuntario. En términos jurídicos, denominamos “dolo eventual” a aquella acción que muy posiblemente va a alcanzar un resultado delictivo aunque la intención directa de quien la comete no sea esa. Un ejemplo es de aquel que circula por la autopista en sentido contrario a uan alta velocidad, consciente de su acción, y que no le da importancia al resultado que vaya a causar.

    • Ana Maria,
      ¿Por qué es tocaya tuya Santa Teresa Margarita?

      La Regla Carmelitana es rigurosa pero santa Teresa de Ávila tenía una filosofía de vida que ya la quisieran muchos santos para si. ¿Recuerdas aquella anécdota de cuando la invitaron a comer y le pusieron pichones de palomas asados? Una sirvienta murmuraba diciendo bajo cuerda que “vaya santa y cómo se está poniendo”. Santa Teresa se dirigió a ella y le dijo: “Cuando es la hora de la horación, es la hora de la oración y cuando es la hora de comer pichones, es la hora de comer pichones”. Lo tenía clarísimo.

      Salvador,
      Yo tampoco estoy de acuerdo con las disciplinas exageradas, pero hay que ponerse en el pellejo y en la mente de quienes las hacían.

        • Abel,
          Debo estar levitando como Santa Teresa, porque no había caido en ese detalle: su nombre de pila y no el de religión, jaja.

  5. Antonio ya sabes que yo no comparto el tema de las mortificaciones corporales,ya hasta hace poco desconocia el terrible alcance del uso del cilicio.
    Siempre lo habia visto como algo incomodo,que se ponian para sentirse “molestos”,pero lo que no sabia era que se apretaba en las carnes (fuera en la cintura,muslo etc) las llagas,heridas,infecciones y demas que llegaba a ocasionar el uso de este “artefacto”.
    La vida de esta Santa es maravillosa,salvo por este tema,ya se que como siempre dices “eran otros tiempos”,pero es una verdadera lastima.

    Lo de la reversion de la descomposicion del cuerpo me ha sorprendido porque es la primer vez que leo sobre este “fenomeno”,y obviamente no es nada natural.
    Estuvo en estado de descomposicion durante tres dias,al termino de los cuales el proceso revertio,para mi es muy interesante,la verdad.

    • Abel,
      Lo de los cilicios y flagelaciones no son molestos…., son dolorosísimos. De hecho, si estuviéramos hablando de otro tipo de personas, diríamos que eran masoquistas, pero ese calificativo no me atrevo a utilizarlo porque, estemos de acuerdo o no, ellos lo usaban para asemejarse a Cristo en su Pasión y como una forma más de purificación. Intento comprenderlo, aunque no lo comparta.

      Y con respecto a lo de la reversión de la descomposición del cadáver, si no recuerdo mal he oído hablar de otro caso, pero ahora mismo no me acuerdo de quién.

  6. Antonio

    Que pena que nuestra santa haya muerto tan joven, espero que haya sido porque el Señor la llamó a su presencia y no como ya comentan en tu artículo por las duras penitencias que hacía.

    Una mujer que cuidó de hermanas ancianas y enfermas me sorprende que la mayoría lo hayan sido y que pocas monjas estaban en ese convento. ¿Eran días de problemas vocacionales? O mera coincidencia en este monasterio de monjas jejeje????

    Una Santa mas que se nos va en la juventud como Santa Gemma Galgani, Santa Teresita del Niño Jesús y otras mas jeje.

    Me sorprende que el proceso haya comenzado pronto. Tenía entendido que antes debía de esperarse 40 años antes de comenzar un proceso y que ahora son como mínimo 5 años. ¿Qué me puedes decir al respecto?

    Una pregunta más. ¿Le quitaron toda la cabellera a nuestra santa? lo digo por el curioso relicario que ilustras en tu artículo

    • Emmanuel,
      ¿Por qué había tan pocas monjas en el convento en tiempos de Santa Teresa Margarita? Pues supongo que por falta de vocaciones o de medios económicos para poder entrar. Ten en cuenta que se exigía una dote, que no todas las mujeres con vocación religiosa tenían, por lo que muchas tuvieron que renunciar a su vocación. Pero bueno, en este caso concreto, la causa concreta, no la se.

      En cuanto a los plazos para iniciar los procesos de beatificación, tu sabes que al menos en teoría existen, pero que cuando interesa, se “saltan a la torera”. Ejemplos recientes los tenemos, ¿no?

      Y con respecto a las reliquias del pelo, probablemente sean los cabellos cortados en la toma de hábito que alguien los guardaría: posiblemente, su padre.

  7. Conocía a esta santa de nombre nada mas pero nunca había leído nada sobre su vida, me llama la atención que habiendo empezado su proceso tan pronto no haya sido beatificada y canonizada hasta ya entrado el siglo XX, como sea es una gran santa y quien diria aun siendo carmelita, admiradora de San Francisco.

    • ¿Y tu ves raro que se pueda ser carmelita y al mismo tiempo admiradora de San Francisco? Tenemos un caso recientísimo: el Papa Francisco, del que podríamos decir que es un “jesuita franciscano”, ¿no?
      San Francisco es que enamora a todo el que lo llega a conocer.

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