Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia (II)

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Tabla renacentista de la Santa, obra de Giovanni di Pietro (siglo XVI).

Tabla renacentista de la Santa, obra de Giovanni di Pietro (siglo XVI).

La Europa de Catalina, como nuestro mundo de hoy, estuvo marcada por la violencia y por un futuro incierto: el Papado había huido a Avignon, desgarrando la Iglesia y dividiendo países, ciudades y Órdenes religiosas, incluida la dominica; las ciudades habían quedado diezmadas por la peste bubónica, conocida como la Peste Negra. Había un declive de la vitalidad en la Iglesia y una pérdida de identidad, así como una crisis en la vida religiosa. (Carta del Padre Fray Timothy Radcliffe, Maestro de la Orden de Predicadores de Santo Domingo de Guzmán (Dominicos).

Catalina se negó a resignarse ante este sufrimiento y esta división. Nuestro propio mundo está lacerado por la violencia: violencia étnica o tribal en África y en los Balcanes; amenaza de una guerra nuclear; violencia en nuestras ciudades y familias. Catalina nos invita a tener el coraje de ser pacificadores, aunque esto conlleve que nosotros mismos tengamos que sufrir persecución y rechazo.

La paz, para Catalina, significaba por encima de todo la paz en la Iglesia, la curación del Gran Cisma. Y al mismo tiempo percibimos su intenso amor por la Iglesia, que para ella no era “otra cosa que el mismo Cristo”, junto a su coraje y libertad. Amó tanto a la Iglesia que no dudó en denunciar los fallos de los clérigos y obispos en su búsqueda de riqueza y posición social, y les exigió que fueran el misterio de Cristo en el mundo, la servidora humilde de todos. Incluso se atrevió a decir a Dios lo que tenía que hacer, cuando rogó: “Te apremio, pues, puesto que tú sabes, puedes y quieres, que tengas misericordia del mundo y envíes el calor de la caridad con paz y unión a la Santa Iglesia. No quiero que tardes más”.

La Iglesia de nuestro tiempo sufre también divisiones, causadas por incomprensiones, intolerancia y una pérdida del “calor de la caridad y la paz”. Hoy el amor por la Iglesia se entiende a veces como un silencio falto de sentido crítico. ¡No se debe “agitar la barca”! Pero Catalina nunca pudo permanecer en silencio. Escribió a un importante prelado: “No os quedéis más en silencio. Gritad con cien mil lenguas. Veo que el mundo está perdido por callar. La esposa de Cristo está descolorida, ha perdido el color”. Que Santa Catalina nos enseñe su amor profundo al Cuerpo de Cristo, y su sabiduría y coraje para decir con verdad y abiertamente, palabras que unen en lugar de dividir, que iluminan en vez de oscurecer, y que curan en lugar de herir. (Carta del Padre Fray Timothy Radcliffe, Maestro de la Orden de Predicadores de Santo Domingo de Guzmán (Dominicos).

Sus escritos
Tanto su vida como predicación fueron momentos acompañados por sus hermanos dominicos y otros actores. Contó con la ayuda de dos frailes que la acompañaban y en parte le hacían de amanuenses. Tenemos por un lado “El Diálogo o Tratado de la Divina Providencia”, Fue en el “día de María”, como Catalina llamaba al sábado, que empezó a escribir su famoso “Diálogo”, un tratado inspirado sobre las virtudes cristianas que fue escrito durante cinco días de éxtasis religioso, del nueve al catorce de octubre de 1378; 26 Oraciones; y 381 cartas, grandes trabajos de la literatura toscana vernácula. Santa Catalina llamaba a esta obra simplemente como “el libro”, que era como una especie de coloquio entre el amor de Dios y ella, que planteaba además cuestiones de la cristiandad de su época y de la Iglesia. Sus 26 oraciones fueron escritas estando en éxtasis en lugares y circunstancias diversas.

Estigmatización de la Santa. Obra de Domenico Mecarino (siglo XVI).

Estigmatización de la Santa. Obra de Domenico Mecarino (siglo XVI).

Y por otra parte tenemos cientos de cartas dirigidas a pobres, a sacerdotes, Papas, nobles, religiosos, reyes. Casi todas sus cartas comienzan por: “En el nombre de Jesús Crucificado y de la dulce María”, después continúa: “Yo, Catalina, sierva y esclava de los servidores de Jesucristo, te escribo en su preciosa sangre con el deseo de…”

Teología vivida de la Santa
Tiene en mente una Eclesiología peculiar fuera de la imagen que se tenía en su tiempo. Se nutre de la Palabra de Dios por parte de los dominicos en Siena y sobre todo de la oración. Habla de un Dios que conoce desde el silencio, un Dios a partir de los acontecimiento sociales y eclesiales que la rodean y de la palabra y, contrastados con otros actores con quien va realizando este camino con ella. Llega a ser capaz de expresar su teología con imágenes como: el fuego, el puente, el río, el mar, el cántaro, que son elementos de los paisajes comunes; así ella hablaba de Dios con imágenes que la gente entendía. Habla de lo que vive y de la vivencia del diálogo con el Señor y lo que le rodea.

Vivió intensamente las intuiciones teológicas que recibía de fuentes externas y las convertía en parte de su experiencia iluminada por la fe, fruto de su oración y así disfrutaba y saboreaba las verdades divinas. No huyó de la realidad pero permaneció en un diálogo con aquel al que se ha unido espiritualmente, su Señor, una celda interior a la que vuelve internamente y que invita a cada uno de los que le siguen a entrar en esa celda interior; ese silencio interior, algo que no tiene sentido hoy en nuestra sociedad sumergida en el ruido, en la música, en los sonidos, si el hombre actual no está estimulado por algo externo piensa, y le da miedo pensar. El hombre necesita de una introspección y conocerse así mismo, llegar hasta su conciencia y encontrarse ahí con su Señor; la conciencia del hombre es el sagrario donde habita Dios contigo mismo.

Éxtasis de la Santa. Óleo de Agostino Carracci (ca. 1590). Galeria Borghese, Roma (Italia).

Éxtasis de la Santa. Óleo de Agostino Carracci (ca. 1590). Galeria Borghese, Roma (Italia).

Catalina fue una mujer de deseo y descubrió que el deseo era la base de nuestra relación con Dios (Diálogos, capítulo 3-12). El deseo es lo que mueve nuestra vida. Y la relación que llevó con el Señor es de sentirse hija, esposa y amada por su Señor. De ahí la pasión por servir a su Señor. ¿Dónde estás nuestras pasiones? ¿En qué las centralizamos? ¿A dónde tendemos? Nos conocemos y, ¿tenemos en claro el propio conocimiento de nosotros mismos? ¿El conocimiento de Dios?

Una mujer plena y fértil, fecundó la Iglesia y la sociedad a base de una relación con Dios, los marginados, su comunidad (aquellos que la seguían). Una mujer preocupada no sólo por las almas sino el hombre en sí, en su totalidad. Habla de un Dios misericordioso.

En el ámbito temporal político
Santa Catalina nos enseña, al hombre de hoy y para todos los tiempos y épocas, que el cristiano como miembro de un Estado puede y debe intervenir en la política con pleno derecho. Ya que sobre todo, los laicos intervenimos en los asuntos temporales. En la actuación política el cristiano nunca ha de olvidarse de que es cristiano y lo que conlleva serlo, es un ciudadano para el Estado pero a la vez es un miembro de la Iglesia y como tal debe defender sus derechos. Nuestro ser como cristianos no puede ser individualista y que nuestro principal deber es hacer presente a Cristo en el mundo.

Un modelo para la mujer de hoy
Santa Catalina es plenamente mujer, laica, dominica, contemplativa y a la vez activa. Dijo de ella el Padre Dominico de Abbrescia OP: “Ella encarna el ser dominico como ninguna otra mujer”. Como mujer, debemos de admiramos de su libertad y sentido de identidad al ejercer su vocación de mujer en la Iglesia. Mostró su valía femenina con su vida y su entrega. Amó con delicadeza a sus hermanos religiosos, pobres y necesitados, siempre exhortando con firmeza siendo totalmente de Dios y para los hombres. Atenta a los signos de su tiempo, vivió su misión como ciudadana, embajadora, pacificadora, hija digna de la Iglesia.

Vista del cráneo de la Santa, venerado en la iglesia de Santo Domingo, Siena (Italia).

Vista del cráneo de la Santa, venerado en la iglesia de Santo Domingo, Siena (Italia).

Como terciaria dominica, fue una apasionada por la verdad, una mujer de misericordia y de compasión, que vemos reflejado en su actuar como apóstol y como contemplativa. Con voz enérgica fue escuchada, pero también ignorada y aun así no dejaba de negociar; congregó en torno a su figura una escuela de discípulos. Abrió caminos llenos de obstáculos en su tiempo, problemáticas entre ciudades, reyes y el propio papa. Plenamente se realizó porque se dejó moldear por el Espíritu Santo y de ahí que su ser sea imitable para todos los cristianos, sobre todo un claro ejemplo para la mujer. Nos ofrece una respuesta libertadora de la identidad porque se conoció a sí misma. Se sumergió en los grandes problemas de su tiempo y fue una mujer capaz de hablar libremente y sobre todo de escuchar los problemas.

Doctora de la Iglesia
Nuestra Santa comparte este mismo título con Santa Teresa de Jesús, Santa Teresita del Niño Jesús y ahora con Santa Hildelgarda de Bingen. Lo que suma cuatro doctoras de la Iglesia.

“¿Qué diremos de la eminencia de Santa Catalina?”, se preguntaba el Beato Pablo VI, “lo que sorprende en la Santa es su ciencia infusa, es decir, la asimilación tan profunda y embriagadora de la verdad divina y de los misterios de la fe contenidos en los libros del Antiguo y Nuevo Testamento: una asimilación favorecida, sí, por dones particulares pero evidentemente prodigiosos, debido a un carisma de sabiduría del Espíritu Santo, un carisma místico”. Y recalca el Beato Pablo VI en su proclamación como Doctora de la Iglesia: “Catalina es la mística del Cuerpo Místico de Cristo, es decir, de la Iglesia”. “Mi naturaleza es fuego – decía Catalina – Fuego que arde por Cristo y por la Iglesia”. (Homilía pronunciada por el Beato Papa Pablo VI en la basílica de San Pedro, el domingo 4 de octubre de 1970, en el acto de la proclamación de Santa Catalina de Siena como doctora de la Iglesia Universal. Texto de L’Ossservatore Romano del 11 de octubre de 1970).

Vista del sepulcro de la Santa. Iglesia de Santa Maria sopra Minerva, Roma (Italia).

Vista del sepulcro de la Santa. Iglesia de Santa Maria sopra Minerva, Roma (Italia).

Catalina será el alma de toda la reforma dominicana, tanto de los frailes, como de las monjas y laicos. Sobre todo, a partir de su canonización en 1461, va a influir su vida y su doctrina en el estilo que asumirá la mujer dominica en todos los continentes y en todas las épocas. Muchos monasterios, congregaciones, asociaciones llevarán su nombre. Atrae su ser una gran contemplativa comprometida con su tiempo, su amor ardiente a la Iglesia y al Papa, su estilo joven y apasionado, su maternidad espiritual, su celo por la Orden y su relación modélica con los distintos miembros de la familia dominicana.

Emmanuel

Bibliografía:
– Louis de Wohl “Al Asalto del Cielo: historia de Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia”, 8va Edición, Colección Arcaduz, España.
– Fr Ángel Melcón o.p. “Santa Catalina de Siena: Agonía y Esperanza” Cuadernos dominicos. Ensayos 7, México 1983
– H. Aschehoug, “Santa Catalina de Siena”, Editorial Encuentro, Madrid, 2009
Santa Catalina de Siena, Virgen, Doctora de la Iglesia, Co patrona de Europa (1347-1380) En este enlace.
– Dominicas de Santa Catalina de Siena. Autor: Domicatalinas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia (I)

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La Santa en oración. Tabla gótica de Giovanni di Matteo (siglo XV).

La Santa en oración. Tabla gótica de Giovanni di Matteo (siglo XV).

Para mí, hablar de Santa Catalina de Siena es hablar de una Santa de la cual tenemos mucha necesidad actualmente; vivimos en un mundo en el cual existen conflictos, incertidumbre, en el que no podemos conocer el futuro que se nos aproxima, no sabemos si esperar glorias, amenazas o simplemente promesas que no se cumplen; y en estas circunstancias resulta, pues, reconfortante oír la voz de esta mujer, una voz de temple, de valor: la fe de Catalina.

Santa Catalina puede iluminar con claridad admirable nuestra marcha audaz y esperanzada hacia un futuro mejor. Si bien el hombre se ha enfrentado a diversos y diferentes conflictos a lo largo de su propia historia, éste nunca ha estado solo, porque Dios omnipotente siempre ha enviado a su Iglesia grandes hombres y mujeres, quienes han dado una gran luz no sólo a la propia Iglesia sino a la humanidad misma.

Santa Catalina nació en Siena -junto con su hermana melliza Juana, que moriría a corta edad-, el 25 de marzo de 1347, que era Domingo de Ramos y coincidía además con la fiesta de la Anunciación. Sus padres eran Jacobo Benincasa y Lapa Picacenti; el oficio del padre era el de tintóreo de pieles y la familia era numerosa, ya que Catalina sería la penúltima de veinticinco hijos de este matrimonio.

De su niñez y vida la conocemos por los mismos frailes dominicos, sobre todo por el Beato fray Raimundo de Capua, que escribió la biografía de la Santa, y para ello iría a ver a la señora Lapa, mujer de ochenta años de edad tras la muerte de la Santa, para conocer su infancia y niñez y contamos además datos de quienes tuvo por confesores y directores espirituales. Fue una niña trabajadora, piadosa y de oración. Se sabe que a los doce años la querían dar por matrimonio, mas sin embargo hasta el cabello se cortó como señal de que “cortaba con el mundo”. Buscó algo más que el hecho de que se le asignare un “¡Buen marido!” porque la mujer en su tiempo solo aspiraba a que se le impusiera un hombre por marido. Tuvo un especial afecto y devoción a la Santísima Virgen María y a Santo Domingo.

Su primer confidente sería su primo Fr. Tomás de la Fuente; este fraile vivió con Catalina en su casa antes de ser fraile dominico, pero ya con la idea de entrar a la Orden de los Predicadores, y se cree que de ahí le viene la idea a Catalina de ingresar en dicha orden. Posteriormente, en sus misiones de paz y reconciliación, sería Fr. Bartolomé Dominici y finalmente, desde 1374 hasta su muerte, sería su director espiritual y confesor el Beato Raimundo de Capua, según la propia Santa lo escribe: “lo tuve como padre amadísimo de mi alma” y le fue “dado por la dulce Madre María”. Tuvo una formación dominica desde muy niña, ya que frecuentaba un convento dominico. Amaba tanto el hábito de la Orden que pensó en disfrazarse de hombre para ingresar, cosa que contó tiempo después a su confesor, porque deseaba trabajar por la “conversión del prójimo”.

La Santa se corta el cabello como símbolo de su renuncia al mundo. Detalle de la pintura de Alessandro Fraschi (1893-96), Casa-Santuario de la Santa en Siena, Italia.

La Santa se corta el cabello como símbolo de su renuncia al mundo. Detalle de la pintura de Alessandro Fraschi (1893-96), Casa-Santuario de la Santa en Siena, Italia.

Una vez vio en sueños a todos los santos fundadores, invitándola a entrar en sus órdenes, pero ella identificó a Santo Domingo, que le mostraba el hábito de las Hermanas de Penitencia diciéndole: “Hija queridísima ten ánimo y no temas ningún obstáculo. Ten seguro que un día vestirás este hábito que tanto deseas”. La emoción y la alegría la despertaron.

En muchas ocasiones trató de ingresar con las Hermanas de Penitencia de la Orden Tercera de Santo Domingo, que tuvieron su origen en una cofradía de seglares que el Santo había fundado, dándole el nombre de Milicia de Jesucristo; pero no la aceptaron por ser demasiado joven y además sólo aceptaban mujeres viudas de cierta edad. Su madre fue y suplicó en varias ocasiones, hasta que analizaron su vocación y fue aceptada a la edad de diecinueve años.

En este tiempo había herejes en el sur de Francia y el norte de Italia, muchos bienes eclesiásticos habían pasado a manos de seglares, que los administraban y disponían de ellos como si los hubiesen heredado legítimamente de sus padres. Para su Primera Orden de Monjas Contemplativas y la Segunda Orden de Hermanos Predicadores había elegido Santo Domingo una vida de extrema pobreza. Pero la pobreza de las catedrales, iglesias parroquiales, abadías y conventos constituían, después del pillaje, un obstáculo para la labor de los obispos y de los sacerdotes, así como para la labor caritativa y actividad misionera de los antiguos conventos. Una de las tareas de la Milicia era tratar de recuperar para la Iglesia lo que legalmente le pertenecía. Si bien como he mencionado la Milicia la conformaba viudas de avanzada edad, también había hombres y mujeres casados que vivían de una forma semi-conventual. Tanto hombres como mujeres se comprometían a no interferir jamás en aquello en que se habían comprometido; pues recordemos la legislación de la Iglesia sobre el matrimonio, que no se podía hacer votos sin consentimiento de su pareja.

A partir de entonces su vida fue más recogida y su oración más asidua. Se propuso guardar el más riguroso silencio, y no hablar sino para confesar sus pecados. Continuamente estaba en su cuarto y sólo salía de él para ir a la Iglesia. Velaba mientras dormían los dominicos, sus hermanos; y cuando oía el segundo toque de maitines de madrugada, no antes, decía a su celestial Esposo: “Hasta ahora, Señor, mis hermanos han descansado y yo he velado por ellos cantando tus alabanzas, para que los libres del mal. Ahora se levantan ellos para alabarte: ampáralos y déjame a mí descansar un poco”.

La Santa, recibiendo la comunión de manos de Cristo. Tabla gótica de Giovanni di Paolo di Grazia.

La Santa, recibiendo la comunión de manos de Cristo. Tabla gótica de Giovanni di Paolo di Grazia.

Catalina tenía el anhelo de salvar al prójimo, así que dedicarse sólo a la contemplación y penitencia le seguían dejando esa inquietud, hasta que un día oyó en una visión: “Ahora, esposa mía, trabaja con valor; ejecuta sin miedo los trabajos que mi providencia te confiará”. Así su contemplación pasaba a ser también una acción apostólica. Con sus propias palabras Catalina dirá: “Las flores para Dios, los frutos para el prójimo”. Porque “sólo de las flores no se vive, sino de los frutos”. “A Dios, pues, la alabanza y el honor; la fatiga al prójimo”.

Cuando comenzó a salir, lo hizo hacia todos los caminos: llegó a palacios, calabozos, hospitales y a todos auxiliaba, se ocupaba del bien de la persona misma, de su cuerpo y de su alma. Intrépida y humilde montaba en su borriquillo, porque era de “complexión débil y además extenuada por las penitencias”. Educada por los mismos dominicos y llevando por doquier su vocación, definió al dominico, como escribiría más tarde al Beato Raimundo de Capua, como que ha de ser “hijo verdadero y pregonero de la palabra encarnada, no tanto con la voz sino con la propia vida, aprendiendo siempre del Maestro de la verdad. De este modo dará fruto y será conducto por el que Dios hará llegar la gracia al corazón de los oyentes. Nunca podremos alcanzar y comprender la vida santa, la sed del hombre de Dios y de la salvación de las almas, si no nos aplicamos a la escuela del Verbo”. Escribió a sus confesores en varias ocasiones, donde les comunicaba cómo deseaba verlos en su vocación, como le llega a escribir a Fr. Bartolomé: “Deseo ver en ti la fuerza y abundancia y plenitud del Espíritu Santo, como los Apóstoles en Pentecostés, a fin de que puedas crecer y fructificar, en ti y en el prójimo la palabra dulce de Dios…”

Dios le regaló delicadísimas gracias místicas con mucha frecuencia. Muchas veces el Señor vino a visitarla a su celda y la instruía interiormente. Aprendió milagrosamente a leer. El Señor le enseñó a diferenciar las verdaderas apariciones de las falsas. A veces caminaba Jesús a su lado cuando rezaba el breviario, otras experimentaba que Jesús la abrazaba y estrechaba junto a su corazón, otras el Señor le daba a beber de su costado… Todas las mañanas salía de su celda y caminaba la distancia que la separaba de San Domenico para ir a Misa con sus hermanas Mantellatas. Con su piedad y recogimiento resultaba casi indiscreta. Al comulgar, estallaba en sollozos. El padre Tommasso le había prohibido estas lágrimas en la iglesia, pero Catalina se había acusado humildemente de no poderlas contener. Muchas veces entraba en éxtasis al recibir la Hostia. Un día de carnaval, Catalina no dejaba de implorar: “Concédeme Señor la plenitud de la fe”. Su oración fue escuchada y el Señor se apareció diciéndole “He resuelto desposarme contigo en la fe y celebrar solemnemente nuestras bodas”. Y mientras el Señor pronunciaba estas palabras, he aquí que aparecen la Virgen, San Juan Evangelista, San Pablo y el profeta David; y María coloca la mano de Catalina en la de su hijo. Jesús sacó entonces un anillo de oro que colocó en el dedo de su esposa: “Yo tu Creador y tu Salvador -dijo- me desposo contigo y te doy mi fe, que no vacilará jamás…” En adelante Catalina llevó siempre su anillo nupcial y sólo era visible para ella. Su vida solitaria se prolongó hasta los diecinueve años. El Señor la invita a salir de su celda y compartir la vida con su familia.

Desposorios místicos de la Santa. Tabla gótica de Giovanni di Paolo di Grazia (siglo XV).

Desposorios místicos de la Santa. Tabla gótica de Giovanni di Paolo di Grazia (siglo XV).

Europa en el siglo XIV era una Europa de fe, era toda una Cristiandad, un ideal en común, pecaba la sociedad, pero tenía en su mente la conciencia del pecado. El orden religioso y político estaban íntimamente unidos. Con la Bula “Unam Sanctam” los pontífices anteriores a Bonifacio VIII hablaban de dos órdenes: “El espiritual y el temporal”, el primero en manos del papa; el temporal, en manos de los reyes, pero los reyes no pueden servirse de ella más que en atención a la Iglesia, según la voluntad del Papa.

Felipe IV el Hermoso hizo prisionero al papa Bonifacio VIII y es cuando se debilita y quebranta el Papado. Su sucesor, Clemente V, de origen francés y presionado por el rey de Francia abandona Roma y se instala en Avignon, exilio que durará más de sesenta años (1309-1376). Santa Catalina no fue la primera voz que pedía el retorno del Papa a Roma; pero no le hacen caso, ya que la mayoría de los cardenales eran franceses y por tanto los siguientes pontífices también lo serían.

Esta crisis del pontificado repercutió en toda la cristiandad y la disciplina del clero se relajó. El lujo y los placeres mundanos invadieron al clero y pocos obispos residían en sus diócesis. La corte del papa era lujosa, refinada, repleta de cardenales aseglarados, de jurisconsultos y de letrados que administran la Iglesia con eficacia, pero que no daban ejemplo de piedad y de vida cristiana. El poeta Petrarca denunció con fuertes palabras esa Corte diciendo: “Infierno de los vivos, letrina de los vicios, la más hedionda de las ciudades”. Santa Brígida de Suecia, desde Roma, clamó contra “ese lupanar en que se ha convertido la Iglesia”, pero nadie le hacía caso. Comenzó una lucha de reinos contra reinos, señoríos contra señoríos, crisis económica, pestes… Los turcos pusieron un pie en Europa y el inglés Wiclef predicó en Inglaterra una doctrina herética. A esto le tocó vivir y enfrentar a Santa Catalina.

Si bien Catalina dejó en parte las prisiones, hospitales y demás obras hacia los necesitados, comenzó en ella el Señor una gran labor de enfrentarse a los problemas y “poderosos de su tiempo”. Santa Catalina jugó un papel importante en la pacificación de ciudades y con el papado. A un gobernante florentino le dijo: “Yo estoy aquí para hacer la Voluntad de Dios, no para mezclarme de vuestras disputas políticas”. Vemos su destacada participación política, pero nunca obró en defensa de unos determinados intereses políticos, sino a favor de los supremos intereses de la Iglesia de Cristo, es decir, de su misión salvadora estrictamente sobrenatural. Negoció la paz entre Florencia y el Papa buscando conseguir la paz y no los intereses del Papa ni de los florentinos. Catalina llegó a reprender a sus conciudadanos diciendo: “Qué vergüenza para nosotros conciudadanos, exclamar, creer o imaginar que nos ocupamos de política”, añadiendo: “Que nadie tenga la facultad de pretender imponer reglas al Espíritu Santo y a sus servidores”.

La Santa ante el Papa en Aviñón. Tabla gótica de Giovanni di Paolo (ca.1460-63). Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid (España).

La Santa ante el Papa en Aviñón. Tabla gótica de Giovanni di Paolo (ca.1460-63). Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid (España).

Gregorio XI había hecho un voto secreto de regresar a Roma, pero no se decidía al notar la resistencia de su corte. Aprovechando la presencia de Catalina en Avignon, le consultó el caso. “Cumpla lo que le ha prometido a Dios”, fue la respuesta de Catalina. La Santa recibió del Señor la certeza de que el papa debía regresar a Roma y aquél fue el momento en que se lo pudo comunicar. El papa, sorprendido de que supiese por revelación lo que él no había confiado a nadie, decidió cumplir con su traslado a Roma. Catalina le escribió en varias ocasiones animándole a apresurar su retorno a Roma. El Papa salió de Avignon el 14 de septiembre de 1376.

Escribía al Papa Gregorio XI: “No más guerras, padre mío, no más guerras”. Porque en la guerra, “como pensáis que tenéis necesidad de los príncipes y de los grandes, os creéis obligados a darles pastores según sus ideas”. “No me parece en absoluto -añade- que Dios quiera que nos apeguemos al poder temporal de manera que ocasionemos al pérdida de las almas… el tesoro de la Iglesia es la Sangre de Cristo vertida por el rescate de los hombres, no por los asuntos temporales…”

Catalina se enfrentó desde el ámbito familiar, eclesial, intereses políticos, nobleza… incomprensión por parte de la misma Orden a la cual pertenecía, lo que hace suponer que no era muchas veces recibida, digamos “en alfombra roja”, pero aun así permaneció fiel a la Iglesia, unida a ella reflejando la imagen de Cristo, anunciando su salvación. Aunque los historiadores no tienen con precisión el dato de que haya sido llamada por un capítulo de la misma orden, se cree que si llegó a ser convocada para que explicara su forma de predicar, sus palabras y su comportamiento.

En 1378 ocurrió el gran Cisma de Occidente en la Iglesia. Al morir Gregorio XI, fue elegido el papa Urbano VI. Más tarde muchos cardenales declararon la elección nula y eligieron un nuevo papa, Clemente VII. Con él, se fueron a Avignon.

Muerte de la Santa. Tabla de Girolamo di Benvenuto (siglo XVI).

Muerte de la Santa. Tabla de Girolamo di Benvenuto (siglo XVI).

Santa Catalina sufrió muchísimo por Jesús y su Iglesia. Escribió a los cardenales y príncipes de varios países, implorándoles que reconocieran al papa Urbano y así acabar con el cisma. También escribió al mismo papa Urbano, exhortándole a dominar su difícil temperamento, que había sido en parte causa de la división. El papa la escuchó y le pidió ir a Roma para ayudarle a persuadir a los cismáticos. Pero de camino a Roma un ataque de apoplejía la dejó semiparalítica y después de ocho días de sufrimientos, murió en Roma hacia el mediodía, en su casita romana de la vía del Papa (hoy de Santa Clara), el 29 de abril del año 1380. Tenía treinta y tres años de edad.

Sus últimas palabras fueron “Tú me llamas, Señor, vengo a ti no por mis méritos sino por tu misericordia… Sangre, sangre, sangre…”. Sangre es un vocablo que refiere el P. García Villoslada que salpica de rojo todas las páginas de los escritos de la Santa; para saludar, para despedirse, para expresar las ideas más hondas de la vida espiritual y mística, ella se vale continuamente de la voz sangre; sangre que en su pluma significa amor de Cristo, caridad, perdón, dulzura infinita, luz divina, vestido nupcial, los sacramentos, el mismo Cristo; y en aquella época, en que tanto disputaban los teólogos sobre la sangre de Cristo y los fieles se enfervorizaban con la devota invocación ¡Sangre de Cristo, embriágame!, y los artistas pintaban al Redentor con las llagas abiertas y goteantes; y el cuerpo místico sangraba por tantas heridas espirituales y materiales, la palabra sangre, tan repetida por Catalina, se convierte en el mejor símbolo de aquel siglo verdaderamente atormentado y sangriento.

El pueblo romano acudió al templo de Santa Maria sopra Minerva; el pueblo quería alguna reliquia de aquella que consideraba santa. Fue venerado su cuerpo desde el día de su muerte. Fue sepultada en el cementerio de la Minerva y en 1383, su discípulo Fr. Raimundo de Capua hizo depositar sus restos en un sepulcro marmóreo dentro de la Iglesia. En 1430 San Antonino, que era el Prior de la Minerva, para honrarla especialmente la depositó en la capilla del Rosario y finalmente en 1855, el Beato Papa Pio IX hizo trasladar el sarcófago al altar mayor donde hoy se venera.

Vista de diversos relicarios de la Santa conservados en Siena, Italia.

Vista de diversos relicarios de la Santa conservados en Siena, Italia.

Pío II la declaró santa en 1461 en la solemnidad de la fiesta de San Pedro y San Pablo. Inicialmente su fiesta se le conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril. En 1628 Urbano VIII la movió al día siguiente, para no superponer la fiesta con la de San Pedro de Verona, hasta que en 1969 volvió a su fecha primitiva. En 1939, el venerable Papa Pío XII la declaró patrona principal de Italia, junto a San Francisco de Asís. En 1970 el Beato Pablo VI le otorgó el título de Doctora de la Iglesia, siendo la segunda mujer en obtener tal distinción (después de Santa Teresa de Jesús y antes de Santa Teresita del Niño Jesús). En 1999, bajo el pontificado del papa San Juan Pablo II, se convirtió en una de las Santas Patronas de Europa.

Emmanuel

Bibliografía
– Louis de Wohl, “Al Asalto del Cielo: Historia de Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia”, 8va Edición, Colección Arcaduz, España.
– Fr Ángel Melcón o.p. “Santa Catalina de Siena: Agonía y Esperanza”. Cuadernos dominicos. Ensayos 7, México 1983
– H. Aschehoug, “Santa Catalina de Siena”, Editorial Encuentro, Madrid, 2009
Santa Catalina de Siena, Virgen, Doctora de la Iglesia, Co patrona de Europa (1347-1380) En este enlace.
Dominicas de Santa Catalina de Siena, Autor: Domicatalinas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa María Guadalupe García Zavala, virgen cofundadora

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Fotografía de la Santa que ha servido para su estampa más difundida.

Fotografía de la Santa que ha servido para su estampa más difundida.

La santidad no consiste en hacer obras aparatosas. Por ello, al referir la vida de esta Santa no se hallarán hechos milagrosos ni hechos extraordinarios. La manera como este mujer se hizo Santa fue en una vida normal, cumpliendo sus obligaciones cotidianas con responsabilidad y practicando su fe y viviendo los valores evangélicos con alegría y esperanza. Los santos se dan en racimo porque la Iglesia es comunidad. Los bienaventurados no son seres solitarios sino personas sociales que coinciden en un tiempo y lugar, animándose con su testimonio para dar a conocer a Cristo a los demás hermanos. Esta Santa coincide en un tiempo en que la Arquidiócesis de Guadalajara, duramente probada por la persecución religiosa, está reconstruyéndose física, espiritual y materialmente. Ya no es tiempo de mártires, es tiempo de confesores. Y no es casualidad que las tres únicas mujeres hasta hace poco elevadas al honor de los altares hayan coincidido en esta ciudad: Santa María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre con la Beata Vicenta de Santa Dorotea Chávez Orozco; las tres son referentes de tres hospitales en esta ciudad. Ellas vivieron la caridad de tal manera que la hicieron plan de vida y la concretizaron en el servicio a los más necesitados en el cuerpo y el alma: los enfermos.

Esta biografía se ha redactado unas semanas antes de la canonización. Con la debida precaución y para efectos prácticos, se le menciona a la Madre Lupita, como se le dice con cariño en Guadalajara, como Santa y no como Beata.

María Guadalupe García Zavala nació el 27 de abril de 1878 en la ciudad de Zapopan, Jalisco; sus padres fueron Fortino García y María del Refugio Zavala. Fue bautizada al día siguiente en la parroquia de San Pedro Apóstol, recibiendo el nombre de Anastasia Guadalupe. En la familia en que nació hubo otros siete hermanos y fue realmente un hogar cristiano. Su padre era un comerciante que tenía una tienda en los portales frente a la Basílica de Nuestra Señora de Zapopan (espacio que hoy ocupa la plaza Juan Pablo II) y con su trabajo, Don Fortino dio a su esposa y a sus hijos una vida sin penurias económicas.

La Santa, retratada en su juventud.

La Santa, retratada en su juventud.

La Santa fue confirmada por el Arzobispo de Guadalajara Pedro Loza y Pardavé, el 1 de julio 1878 e hizo su Primera Comunión en la Basílica Zapopana, el 8 de septiembre de 1887, habiendo sido preparada por su tía, la hoy Sierva de Dios Librada Orozco. Su infancia es la de una niña normal, quien desde pequeña dio señales de estar proclive a las obras de caridad. En sus tiempos, los estudios eran limitados y pronto los acabó. Estudió música pero se dio cuenta de que no tenía aptitudes para ello y mejor estudió corte y confección, que llegó a dominar como un arte. Alegre y sencilla, era muy bonita pero también otras cualidades la adornaban: tenía un trato amable, era servicial, bien educada y hogareña. Pronto tuvo un novio, Gustavo Arreola, con quien se comprometió en matrimonio, sin embargo, por un detalle simple se dio cuenta de que ser casada no era su vocación y se rompió el compromiso.

Hacia 1898, en la parroquia del Dulce Nombre de Jesús de Guadalajara, se inscribió en las Conferencias de San Vicente de Paúl y junto con otras señoritas de esta asociación, se dedicó a atender a los enfermos de un hospital ubicado en la calle de Garibaldi 880, a dos cuadras del templo. El nosocomio se llamaba Beata Margarita (María de Alacoque) y lo había fundado el padre Salomé Gutiérrez y era más bien un corral donde se atendían a los enfermos. El 13 de mayo de ese año fue comisionada para disponer la operación de un enfermo con pólipos en la nariz. Contra toda la asepsia de la época se puso a hervir algodones suficientes en una olla de barro. La sala de operaciones era un tejaban sin ladrillos, bien barrido y regado para que no se levantara el polvo. Bien se ve que cuando todo falta, Dios asiste, pues el enfermo duró dieciocho días internado y se retiró perfectamente aliviado.

La referida Conferencia tenía como Director al Siervo de Dios padre Cipriano Íñiguez Martín del Campo, quien tenía el proyecto de fundar una congregación religiosa. Este padre se sorprendió por la grandeza de alma y por las grandes virtudes de la Señorita Lupita, que a sus veintitrés años era muy entregada en el servicio a los pobres y los enfermos con abnegación, entusiasmo y notable piedad. Para estas fechas ella tenía el deseo de consagrarse en la vida religiosa y hasta pensó en ingresar en la Congregación de las Madres Franciscanas del Refugio, fundada por su tía, la ya mencionada Madre Librada Orozco. Manifestando su inclinación al padre Cipriano Íñiguez, éste le platicó de su inspiración de fundar una congregación religiosa que atendiera a los enfermos y a los pobres en el Hospital de la Beata Margarita, que por esas fechas ya estaba a su cargo y que ella era la pieza clave para dar inicio a su proyecto. Ella aceptó la propuesta y quedó al cargo de la naciente comunidad, la cual comenzó a habitar en un sencillo edificio, en donde se dormía en un petate y cuyas habitantes comían lo recolectado de la limosna que se pedía de casa en casa. A pesar de las limitaciones, estas jóvenes siempre tenían un corazón alegre, generoso y vigilante para proporcionar alivio a sus enfermos.

La Santa fotografíada con el arzobispo Orozco y el personal del Sanatorio, el día de la aprobación diocesana.

La Santa fotografíada con el arzobispo Orozco y el personal del Sanatorio, el día de la aprobación diocesana.

Los primeros votos los pronunció el 8 de diciembre de 1901 en la Casa de Ejercicios del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Cada cinco años renovaba estos votos en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. El 25 de marzo de 1924, sin recibir aún por escrito la aprobación de las Constituciones y de la Congregación, pronunció sus votos perpetuos. El 24 de mayo de 1935 el Arzobispo de Guadalajara Don Francisco Orozco y Jiménez recibió su profesión perpetua de votos simples. Ese día el prelado dio por escrito la autorización diocesana de la Congregación.

Durante la persecución religiosa fue hecha prisionera con la hermana Isaura Zapién, en la casa de algún jefe militar. Allí estuvo incomunicada por tres días, durante los cuales, quienes tuvieron trato con ella quedaron edificados con su manera de actuar y por lo cual le dijeron a la otra religiosa: “Tienen una superiora muy santa”. En una ocasión los revolucionarios se posesionaron del lugar y se apostaban en muchos lugares. Había mucha inseguridad y zozobra en estos calamitosos días y la santa tenía que cambiar constantemente de lugar la Reserva Eucarística para que no fuera profanada. Mientras las tropas hacían la ronda por el edificio, al cruzarse con unos soldados, le dijo al Señor Sacramentado en voz baja: “Cuídate Señor, cuídate”.

En este hospital, las religiosas escondieron en varias ocasiones al arzobispo Don Francisco Orozco y Jiménez así como a algunos otros sacerdotes. Por eso se trató de incautar el edificio, evento que afortunadamente no pasó.

La Santa, fotografiada el día de sus Bodas de Oro (17 de octubre de 1946).

La Santa, fotografiada el día de sus Bodas de Oro (17 de octubre de 1946).

El Fundador de la Obra, Don Cipriano Íñiguez murió el 9 de octubre de 1931 y para el 26 de noviembre siguiente, el arzobispo Orozco se presentó en el Hospital con el nuevo director del hospital y guía espiritual de la Congregación, el padre José Guadalupe González y dispuso nombrar un consejo para aligerar la carga de la Madre Lupita, que en las elecciones resultó constituida Superiora General, cargo en el que fue confirmada el 17 de octubre de 1935, día de la fiesta de Santa Margarita María de Alacoque.

En su nuevo puesto no rehuyó, sino que aceptó con alegría ser enfermera. No temía arrodillarse en el suelo para atender a los enfermos. A ellos los amaba de corazón y estaba siempre pendiente de darles el mejor servicio y de que nada les faltara. Durante su vida, las casas de su instituto se multiplicaron a siete y hasta 1985 había ochenta y cuatro fundaciones, incluso fuera de México.

Fue mujer con don de mando y de decisiones, prudente en sus juicios y sabia en sus consejos. Era muy amable en el trato con sus religiosas y sus familiares. Los ancianos siempre recibieron un trato preferencial y era muy frecuente ver que renunciaba a su plato de comida para que alguna hermana no se quedara sin comer.

Le gustaban mucho las flores, que cultivaba en los jardines del hospital. A veces le pedían permiso de cortarlas para llevárselas al Santísimo Sacramento en la capilla del sanatorio. Ella les respondía: “Aquí las tiene, son de Él, desde aquí le dan gloria”. También tenía mucha simpatía por los animales y después de visitar a sus enfermos, atendía a sus pájaros, que trataba con cariño. También visitaba las colmenas de las abejas, que la maravillaban con su trabajo.

Siempre tuvo la presencia de Dios en su vida. El celo de la gloria del Señor la urgía en el cumplimiento del deber y en su afán de santificación. Nada quería que no fuera querido por Dios. “Así lo quiere Dios y así lo quiero yo”. Para fortalecer su vida espiritual le gustaba meditar constantemente los misterios de nuestra Redención y la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Por ello, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús fue un pilar en los sesenta años de su vida religiosa. Cada mes de junio lo celebraba de especial manera y por esta razón tenía mucho afecto a Santa Margarita María de Alacoque. La espiritualidad de su Congregación fue orientada para vivir el amor misericordioso del Corazón de Cristo, vivido y expresado bajo la perspectiva de la cruz. Ese mes se multiplicaban las horas santas, los actos de reparación y otros actos piadosos para estimular a sus religiosas a conocer y experimentar el amor de Cristo; por ello, propagaba incansablemente el acto de consagración.

La Santa, fotografiada en la antigua capilla del hospital.

La Santa, fotografiada en la antigua capilla del hospital.

Con la Santísima Virgen María tuvo un muy grande amor. Desde los inicios de su Congregación trató de infundir en sus religiosas y también con las personas que tenía trato, el cariño hacia la Madre de Dios. Promovía la devoción a las advocaciones de María Auxiliadora de los Cristianos y de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. En su correspondencia, en sus pláticas, en sus consejos, nunca dejó de hacer mención de María. Le gustaba hablar de ella para hacerla conocer y amar. De manera especial celebraba en diciembre el día 8 a la Inmaculada Concepción y el 12, a Nuestra Señora de Guadalupe, de quien había tomado su nombre al hacer profesión religiosa: María Guadalupe.

Mención especial merece su devoción a Nuestra Señora de Zapopan. Habiendo nacido bajo la sombra de su santuario, era lógico que le profesara especial cariño. Cuando su imagen era llevada al hospital, preparaba la visita para sacar el mayor provecho espiritual. La procesión y la recepción eran muy ordenadas. Se invitaba a la comunidad médica y a los familiares de los pacientes internados, a los bienhechores y los amigos. Luego la imagen era llevada con cada enfermo y se le daba una bendición personal. Se solemnizaba el rezo del rosario y había alabanzas con mucho fervor. Cabe señalar que la bendita imagen portó por cierto tiempo una peluca hecha con una trenza del cabello de nuestra Santa. Esta cabellera se guarda ahora como reliquia en un salón del hospital donde también se exhiben otros recuerdos de la Madre Lupita. Asociada a esta devoción y por razones obvias, también tuvo una especial predilección por San José.

Llena de caridad hacia el que sufre, trató que con sus palabras y obras, las penas y necesidades de quienes acudían a ella se desvanecieran o tuvieran solución. Cuando en el hospital encontraba personas que lloraban y estaban desesperadas por la salud de sus familiares enfermos, se les acercaba, les hablaba con ternura hasta calmarlos y dejarlos con cierta tranquilidad. Pobres, enfermos, desvalidos, ancianos, niños, jóvenes, todos cabían en el corazón de la Madre Lupita. A nadie dejaba ir con las manos vacías y menos irse desconsolados, porque hasta lloraba con ellos. A las jóvenes que habían dado un mal paso y habían salido embarazadas, las asilaba en el hospital, les brindaba techo, alimento y atención médica. Cuando nacían los bebés, si la familia de la madre no quería hacerse cargo de la criatura, le buscaba unos padres que lo adoptaran, procurando que fueran buenos cristianos y ciudadanos honorables. Decía: “Ni pensar que estos niños sufran o mueran por vergüenza de sus padres”.

La Santa, ya anciana, fotografiada con una de las criaturas atendidas en el hospital.

La Santa, ya anciana, fotografiada con una de las criaturas atendidas en el hospital.

Nunca aceptó consideraciones especiales por ser superiora. Exclamaba: “La vida común en todo”. Trató de vivir lo mejor que pudo la vida de comunidad. Aconsejaba y daba guía espiritual a sus religiosas y siempre las trató como lo que eran: hermanas. Supo corregir con caridad, pero con mucha firmeza. Sobresalía por su prudencia, siempre meditaba sus actos antes de actuar, sobre todo en asuntos delicados: fundaciones, compromisos de índole económica. Nunca se le escuchó decir palabra inútiles y si alguna vez era humillada, lo callaba y lo guardaba en su corazón. Con sus trabajadores era responsable y les pagaba justamente su labor; también les daba a ellos y sus familiares los servicios sociales a su alcance.

Tuvo un gran amor y respeto por los sacerdotes, a quienes consideró como lo que son: representantes de Cristo. Ya fuera en asistencia médica o de apoyo económico o alimenticio, procuró que los ministros del Señor fueran atendidos con solicitud y generosidad. A los seminaristas pobres y necesitados también dio sustento. En las casas fundadas por ella, siempre estuvieron abiertas las puertas para ayudar a quienes se preparaban al sacerdocio.

Aconsejaba a una religiosa: “La humanidad sufre y Dios nos ha escogido a nosotros, para aliviar en todo lo que se pueda ese dolor. No haga usted duro su corazón a la desgracia ajena, sufra con el que sufre, consuele al que llora, cure al enfermo. Es el destino al cual Dios nos llamó y tenemos que hacer constancia. No nos llamó solo para asegurar nuestro bienestar, sino para que por medio de nosotras otras personas logren encontrar remediada su necesidad por alguien de quien lo esperan todo por creernos cerca de Dios. Olvídese de usted misma y entréguese a los sacrificios que Dios le pida. No importa que jamás se tome en cuenta lo que se hace, que a fin de cuentas, sólo Dios lo pagará”.

Sobria en su manera de vivir, nunca buscó la comodidad. Durante años durmió a las puertas del hospital para estar atenta a las necesidades de quienes acudían por una enfermedad, para pedir un consejo o por cualquier otro problema. Todos eran atendidos con amabilidad. Ya fuera levantándose de la cama o de la mesa para atender, lo hacía con rapidez y alegría diciendo: “Es Dios quien me llama”.

Fotografía de la Santa, ya enferma y anciana, un año antes de morir.

Fotografía de la Santa, ya enferma y anciana, un año antes de morir.

Tuvo dones preternaturales, como adivinar los problemas de las almas antes de que se los contaran, también tuvo el don de consejo, con el cual muchas personas se vieron beneficiadas.

El 13 de octubre de 1961 se bendijo y consagró el nuevo oratorio del Hospital. En esa ocasión celebró su sesenta aniversario de vida religiosa y la misa del evento estuvo presidida por el arzobispo y primer cardenal mexicano José Garibi Rivera.

Durante su última enfermedad, en una ocasión la fue a visitar el prelado antes mencionado. Al pasar por las estancias de la comunidad, observó una foto en el buró de una religiosa y le preguntó a su acompañante: “Hermana, ¿quién es esa santita?”. A lo que la religiosa le respondió: “Eminencia, es nuestra Madre Lupita”. El cardenal le dijo entonces: “Bueno, bueno, nada más espero que se muera para ponerla en los altares”.

En su ancianidad estuvo enferma del corazón y de diabetes. Sin embargo, nunca dejó de estar alegre. Aún en su última enfermedad no dejaba de decir cosas con sentido del humor y les decía a quienes la atendían: “Me admira que siendo enfermeras, no sepan cuándo se va a morir un enfermo. Ahora no me muero, por favor vuelvan a sus enfermos que tanto las necesitan”.

Su agonía comenzó una noche antes de su muerte, muchos sacerdotes que fueron ayudados por ella iban llegando para auxiliarla espiritualmente hasta muy de madrugada. Por fin, como a las 08.30 horas del 24 de junio de 1963, luego de recibir la Bendición con el Santísimo Sacramento, entregó su alma al Señor.

Los funerales se realizaron a las 12.00 horas del mismo día de su muerte en la capilla de hospital, siendo presididos por el arzobispo coadjutor de Guadalajara, Don Francisco Javier Nuño Guerrero, pues el cardenal Garibi estaba en Roma luego de la muerte de San Juan XXIII y participando en el Cónclave. Varias misas se sucedieron posteriormente, presidiendo una de ellas Don Arturo Espinoza, párroco del Dulce Nombre de Jesús. Luego se organizó el cortejo para llevarla a sepultar al Panteón de Mezquitán.

Vista de la urna-relicario de la Santa. Capilla del Hospital de Santa Margarita.

Vista de la urna-relicario de la Santa. Capilla del Hospital de Santa Margarita.

El 5 de noviembre de 1968 sus restos fueron exhumados y llevados a la capilla del hospital de Santa Margarita donde actualmente reposan en una urna a mano derecha del presbiterio.

La promulgación del decreto de virtudes heroicas se hizo el 1 de julio de 2000 y fue beatificada por San Juan Pablo II el 25 de abril de 2004; el 20 de diciembre de 2012 el Papa Benedicto XVI autorizó el decreto de un milagro hecho por intercesión de la Beata y el 11 de febrero fijó la fecha de su canonización, 12 de mayo de 2013. Esta ceremonia la habrá de realizar el Papa Francisco.

El milagro autorizado para su canonización consiste en que la Señora Wintila Godoy Sales, de 81 años de edad, sufrió un accidente vascular cerebral el 12 de abril de 2008. Una tomografía tomada en el Hospital de Santa Margarita, donde fue internada, reveló una hemorragia intercraneal severa. En este lugar la familia la encomendó con profunda fe a la Beata Lupita. Luego la señora fue trasladada al Seguro Social donde los médicos se asombraron por la rápida recuperación. Nuevos estudios mostraron la ausencia de hemorragia e inflamación del encéfalo y el tálamo. Para junio se hizo un nuevo chequeo, pues la paciente no mostraba secuelas ni afectaciones, ya que el pronóstico era grave. La curación fue estudiada en la Curia Diocesana de Guadalajara y enviándose luego a Roma, a la Congregación para los Santos un expediente sobre el caso, donde teólogos y cardenales dieron un resultado aprobatorio en la clara intervención de Dios por la intercesión de la Madre Lupita.

Su celebración litúrgica se conmemora el 27 de abril. Caso curioso, pues ordinariamente se lleva a cabo en el aniversario de la muerte y no el día de su nacimiento. Tal vez esto se deba a que coincide con la Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista.

Humberto

Bibliografía:
– María del Rosario Plácito Aguirre, Una Mujer que se forja y consume al calor del Corazón de Cristo. Breve biografía de la Sierva de Dios R.M. Ma. Guadalupe García Zavala
– Sonia Gabriela Ceja Ramírez, Otra mujer jalisciense a los Altares. La santidad a nuestro alcance. En Semanario Arquidiocesano de Guadalajara, órgano de formación e información católica.
Página web www.nesaints.faithweb.com

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Las Santas Doncellas de Tolosa

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Vista de la curiosa escultura de las Santas, en Tautavel (Francia).

Vista de la curiosa escultura de las Santas, en Tautavel (Francia).

Pregunta: He encontrado en internet esta foto de un relicario de Toulouse. En él dice “Saintes Puelles” (Santas Niñas). ¿Qué puede ser? No tengo ni idea. España.

Respuesta: Son las Santas Doncellas de Tolosa (17 de octubre). Según la tradición, tras el martirio de San Saturnino, que quedó con el cráneo y el cuerpo destrozados tras haber sido arrastrado por toda la ciudad atado a la cola de un toro, sus discípulos tenían miedo de recoger su cadáver por miedo a los perseguidores. Pero dos mujeres que habían sido bautizadas por él sí se atrevieron a hacerlo.

Fueron primero a las gradas del capitolio, donde el mártir se había roto el cráneo, y recogieron la sangre y los sesos esparcidos, guardándolos en una vasija. Luego se procuraron un ataúd de madera y colocaron en él el cuerpo del mártir, cavaron una fosa y lo colocaron allí, para luego cubrir y disimular el lugar del entierro para evitar su profanación.

Por esta acción, fueron detenidas y llevadas ante el prefecto que había condenado a Saturnino, y tras afearles su conducta, mandó desnudarlas y llevarlas por las calles de Tolosa a golpes de látigo, entre las burlas y las injurias del populacho. Finalmente fueron expulsadas de la ciudad.

Alegres de haber padecido por la causa cristiana, se dirigieron a Carcasona y moraron en un lugar llamado Recaudo (hoy día Mas-Saintes-Puelles, en honor a ellas), donde vivieron dedicadas a ejercicios de piedad y buenas obras, hasta su muerte. Los habitantes del lugar las honraron inmediatamente y fueron enterradas en una capilla vecina a la actual parroquia de San Miguel. Cuando este santuario fue destruido, las reliquias de ambas fueron trasladadas a esta parroquia local.

Las Santas son azotadas y expulsadas de la ciudad. Oratorio Saint Michel, Mas-Saintes-Puelles, Francia.

Las Santas son azotadas y expulsadas de la ciudad. Oratorio Saint Michel, Mas-Saintes-Puelles, Francia.

Tolosa siempre ha guardado el recuerdo de estas dos mujeres y ha celebrado su fiesta. En 1537 ya tenían una misa expresamente dedicada a ellas (Sanctarum Puellarum), como se despreden de un Breviario de Tolosa hoy conservado en la Biblioteca Nacional de París. Posteriormente algunos críticos lograron suprimir el culto a estas heroínas. Imagino que la relación está en que la existencia de ambas se desprende únicamente del relato del martirio de San Saturnino. Algunas teorías extrañas afirman que son un desdoblamiento del culto a las dos Marías (la Magdalena y la de Betania), confundiendo a la Santa Doncella que lleva el tarro con los sesos del mártir, con María Magdalena llevando el vaso de perfume (!!). Pero sinceramente me parece una tesis muy forzada.

Asimismo, y a partir del estudio de una curiosa y simpática escultura doble de las Doncellas, se ha llegado a creer que serían siamesas (!!) por estar las dos figuras fusionadas, lo cual no tiene sentido; en primer lugar, porque las personas nacidas con esta malformación congénita no sobrevivirían -se practicaba el infanticidio con este tipo de neonatos- y porque la fusión de las figuras es un recurso artístico, no la representación natural de una malformación. Y en segundo lugar, porque la interpretación de la figura no es segura: hay quien afirma que podría tratarse de una noble de Huesca y su criada (?).

Sea como fuere, el culto a estas dos Santas fue restituido a finales del siglo XIX. Yo, personalmente, las considero mártires aunque no acabaran sus vidas con una muerte violenta, pero sí sufrieron humillación pública y tortura por haber ejercido la caridad de recoger y dar sepultura al cadáver de un mártir expuesto de forma vergonzosa.

Relicario de las Santas conservado en Tolosa, Francia.

Relicario de las Santas conservado en Tolosa, Francia.

La iconografía las representa juntas, una llevando la vasija con la sangre y los sesos de San Saturnino, y otra portando un libro. Te agradezco mucho la fotografía porque hasta hoy no tenía ninguna imagen relacionada con ellas.

Los nombres, por cierto, de una y de otra, son absolutamente desconocidos; y lo más curioso es que nadie ha intentado inventárselos, lo que hubiese sido más frecuente, de ahí que se las siga llamando simplemente “Santas Doncellas”. Lo que nos debería hacer reflexionar sobre la gran cantidad de santos y mártires cuyos nombres nunca sabremos.

Meldelen

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Santos Mártires de Escitia Menor (III)

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Detalle de los Santos Cirilo y Kindeas, mártires de Axiópolis, en un icono pintado por las monjas del monasterio Diaconesti, Rumanía.

Detalle de los Santos Cirilo y Kindeas, mártires de Axiópolis, en un icono pintado por las monjas del monasterio Diaconesti, Rumanía.

Santos mártires de Axiópolis, los soldados Cirilo, Kindeas y Dasio (26 de Abril)
Una inscripción descubierta en el año 1947 por el arqueólogo Ion Barnea en el pueblo rumano de Cernavodă atrajo de nuevo la atención de los historiadores y de los teólogos acerca de tres de los muchos mártires de Escitia Menor durante la persecución romana. El texto de la inscripción, hoy en el Museo Nacional de Historia de Bucarest, escrito en griego, era: “Kyrillō Kyndaia Taseiō aratheitomai eufrasin”, que significa “Kyrillos, Kyndaias y Taseios traigo alabanza”. Este texto fue interpretado por diferentes investigaciones, que trataron de resolver un caso hagiológico muy complicado.

El nombre de la antigua ciudad griega y posteriormente romana situada en el mismo lugar de Cernavodă, era Axiópolis, un puerto en el Danubio, probablemente fundada por los habitantes de la metrópolis de la provincia, Tomis (hoy Constanza). Su importancia consistía más tarde también en el hecho de que fue la sede de la legión romana II Herculea. Parece que el cristianismo pronto se asentó allí, como en Tomis, debido a que muchos martirologios antiguos (el Siríaco, el Jeronimiano y el Griego) tomaron nota de los mártires en Axiópolis durante la persecución de Diocleciano, en el año 303. A continuación, vamos a hablar de los tres primeros mártires.

Inscripción en griego en conmemoración de los mártires Cirilo, Kindeas y Dasio.

Inscripción en griego en conmemoración de los mártires Cirilo, Kindeas y Dasio.

San Kyrillos o Cirilo era muy popular en Axiópolis, porque era celebrado él solo, el día 12 de mayo (Breviarium Syriacum) y junto con Chindeus (Kyndeas), el 9 de marzo (de nuevo el Breviarium Siriacum) y el 26 de abril (Martirologio Jeronimiano, en el códice Epternaciensis de París ), pero también el 9 de mayo (Martirologio Jeronimiano, en un códice de Berna, junto con Quindeas y Zenón), el 10 de mayo (el mismo códice, junto con Quindeas, Zenon, Dión, y Crispo Acacio). Su fiesta, celebrada cinco veces en el año, puede ser una señal de que era un santo local, que tal vez murió el 26 de abril, porque el martirologio Jeronimiano habla en ese día de su nacimiento a la vida eterna. El historiador Procopio de Cesarea (siglo VI) escribe sobre una famosa fortaleza de Justiniano, cerca de Axiópolis, que estaba puesta bajo el patronazgo de San Cirilo. También es posible que las ruinas de una gran iglesia cimiterial descubierta allí, pudiera ser el lugar original de su tumba. La inscripción de los tres santos también fue descubierta junto a estas ruinas. En una variante del martirologio Jeronimiano de Monte Cassino, San Cirilo (9 de mayo) es nombrado como obispo, lo cual es muy difícil de creer, porque en la época de Justiniano había más obispados de la región, además de Tomis. En este caso, Cirilo pudiera ser el obispo de Gortina (Creta), que murió durante la misma persecución, pero que se celebra en otro día (14 de junio y 9 de julio) o puede ser un obispo auxiliar (corepíscopo).

San Chindeas (Kyndeas o Quindeas) se asocia con Cirilo el día 9 de marzo, el 26 de abril (como Vindeas), y el 9 y 10 de mayo como hemos visto antes. El Breviarium Siriacum los celebra por separado el día 20 de enero. Hoy en día un santo con este nombre se celebra en los menologios ortodoxos el 1 de agosto, como originario de Perge (Panfilia). Podría ser de ascendencia romana, ya que su nombre deriva probablemente de Quintus. Victricio de Rouen (principios del siglo V) lo menciona en su De laude Sanctorum entre los santos taumaturgos de Tracia y Moesia.

Detalle del martirio de San Dasio. Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

Detalle del martirio de San Dasio. Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostólica Vaticana, Roma (Italia).

San Dasio (o Tasio, Taxius) aparece junto con los mártires de Axiópolis, lo que significa un gran problema. Normalmente él es considerado como mártir de Durostorum (hoy Silistra en Bulgaria, a unos 60 km al sur), celebrándose el 20 de noviembre. Pero los martirologios lo asocian con los mártires de Axiópolis, el 4 de octubre (el Acta de martirio de Taxius y Hermes de Axiópolis) y el 5 de agosto (Martirologio Jeronimiano: “En Axiopoli Hirenei, Eraclii, Dasii”). El nombre de la ciudad y la inscripción puede ser una señal de que él hubiera muerto allí, tal vez junto con Cirilo y Kindeas.

El martirio de Dasio de Durostorum se puede resumir de la siguiente manera: Murió el día 20 de noviembre del 304, durante la persecución de Diocleciano. Eso ocurrió en el marco de la fiesta romana de Saturnalia, muy popular entre los soldados. En dicha ocasión, un soldado solía ser elegido por sorteo para ser el representante simbólico de Saturno. Estaba vestido con ropas imperiales y durante treinta días se le permitía cometer los actos más monstruosos, entre ellos especialmente los actos de violencia sexual. Al final de esta celebración, el soldado era sacrificado ritualmente a Saturno, por lo general mediante la espada. En el 304 el sorteo recayó sobre el soldado cristiano Dasio, que “encendido de celo” y sabedor de la brevedad del tiempo, decidió que era mejor sufrir torturas durante algún tiempo en el nombre de Jesucristo y heredar la vida eterna de los santos, que aceptar los treinta días de alegría. Así que confesó su fe y que prefería ser sacrificado por su fe en Cristo. Fue encarcelado y el segundo día el general Bassus procedió a la sentencia. Dasio confesó que como cristiano obedecía sólo al emperador celestial, que vivía en su gracia y se enriquecía con su amor divino. Después de algunos intentos y torturas para convencerlo a abjurar de su fe, Bassus ordenó la decapitación de Dasio. Es posible que sólo después, sus reliquias fueran transportadas a Durostorum. Más tarde, en el año 579, su ataúd fue transportado a Ancona, en Italia, donde se mantiene hasta ahora en la iglesia de San Ciríaco. Sobre él, está escrito en griego “aquí está el santo mártir Dasio traído de Dorostolon”. Parte de sus reliquias fueron enviadas por el Papa Juan Pablo II, como un regalo, para la nueva recreada diócesis metropolitana de Durostorum (Iglesia Ortodoxa de Bulgaria), el 22-23 de octubre del año 2003.

Los santos Cirilo, Kindeas y Dasio actualmente se celebran de forma conjunta en la Iglesia Ortodoxa de Rumanía, el día 26 de mayo. Hay un proyecto para construir un monasterio en el lugar donde se descubrió la inscripción sobre ellos.

Mencionemos también otros mártires celebrados en Axiópolis:
9 de mayo: San Zenón (conmemorado junto con Cirilo y Kindeas, de acuerdo con el martirologio Jeronimiano de Berna).
10 de mayo: los Santos Zenón, Dión, Acacio y Crispo, junto con Kindeas, (en el mismo martirologio)
12 de mayo: algunos mártires sin nombres celebrados junto con Cirilo (Breviarium Syriacum)
5 de agosto: Santos Ireneo y Heraclio (junto con Dasio, en el martirologio Jeronimiano).
4 de octubre: San Hermes (probablemente diácono de Heraclea, en Tracia), celebrado junto con Taxio (así aparecen los dos en las Actas martiriales en Axiópolis).

Detalle de los santos mártires de Ozovia en un icono del monasterio Diaconesti (Rumanía): Quintiliano (izqda.), Máximo (centro) y Dadas (dcha.)

Detalle de los santos mártires de Ozovia en un icono del monasterio Diaconesti (Rumanía): Quintiliano (izqda.), Máximo (centro) y Dadas (dcha.)

Santos mártires Quintiliano, Máximo y Dadas de Ozovia/Ozobia (28 de abril)
La persecución de Diocleciano fue muy cruel en algunas regiones, entre las que también estaba Escitia Menor. A pesar del hecho de que era una pequeña provincia en un margen del imperio, los celosos líderes de las legiones romanas estacionadas allí, hicieron que los decretos imperiales fueran aplicados a los cristianos de manera estricta. A finales del mes de abril se celebran muchos mártires en las pequeñas ciudades de Escitia, como Axiópolis (hoy, Cernavodă) y en la capital de Moesia Inferior, Durostorum (hoy Silistra). Son varios los mártires de Durostorum, Pasícrates y Valentín, Nicandro y Marciano, Julio el Veterano y Hesiquio (murieron en el mismo año 298, del 26 de abril al 8 de julio) junto con Emiliano (18 de julio 362), el cual tendrá su propio artículo.

Aquí vamos a informar de otros tres, que no eran soldados, mártires asesinados en Ozovia u Ozobia, un pequeño pueblo cerca de Durostorum, en fecha de 28 de abril. Eran Máximo y Quintiliano, se supone que romanos, y Dadas, probablemente un personaje local (de Dacia). Máximo era lector, que es un grado clerical inferior, que se daba a los que solían leer pasajes de la Biblia durante los servicios divinos.

Los tres cristianos fueron arrestados después de la proclamación del edicto de persecución de Diocleciano. De acuerdo con este decreto, se ordenó que todas las personas hicieran sacrificios a los dioses antiguos, a fin de revelar a aquellos que eran cristianos clandestinamente. Algunas personas hicieron saber a los gobernadores de Moesia Inferion, Tarquinio y Gavinio, que existían tres cristianos y, consecuentemente, fueron arrestados y llevados a Durostorum.

Detalle de los Santos Quintiliano Máximo y Dada en un calendario eslavo.

Detalle de los Santos Quintiliano Máximo y Dada en un calendario eslavo.

Su proceso siguió el camino clásico. Los gobernadores les pidieron que se identificaran y Máximo respondió que él era cristiano, y posteriormente dijo que se llamaba Máximo. Era costumbre entre los cristianos decir en primer lugar su identidad y sólo después, sus nombres. Tarquinio le pidió que sacrificara a los dioses, pero Máximo respondió agresivamente diciendo que el emperador era un pecador y no un dios y que existía un solo Dios, que es Jesucristo, el emperador del cielo que cuida de todos los hombres. Los otros dos también se negaron a sacrificar, por lo que fueron enviados a la cárcel, donde un ángel les reveló su muerte martirial y los alentó. El segundo día fueron golpeados, pero se mantuvieron en su fe. Al mediodía fueron enviados de vuelta a la cárcel, y más tarde, llevados a su pueblo natal, Ozovia, donde fueron decapitados. Era el día 28 de abril, probablemente del año 304.

Sticheira (himno) de las Vísperas de estos Santos
Sois testigos de la Increada Trinidad, contra los tiranos, vosotros tres, mártires que habéis muerto y ahora os habéis hecho dignos de la vida en la que no se envejece y habéis heredado el alimento que es la fuente de la vida. Por lo tanto, ¡pedid a Dios que conceda la paz y la gran misericordia a nuestras almas!

Mitrut Popoiu

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