Beato Pablo VI, papa (I)

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Foto tomada al Venerable en el año 1945.

Foto tomada al Venerable en el año 1945.

El día 20 de diciembre del año pasado, el Papa Benedicto XVI firmó el decreto por el que se reconocían las virtudes heroicas del Papa Pablo VI, lo que equivale a su declaración como venerable. Hay quienes afirman que es muy posible que en este Año de la Fe, la Iglesia proceda a su beatificación, cosa que a mí me agradaría e ilusionaría y que creo es de justicia, pero el tiempo dirá qué hay de verdad en esta afirmación.

Juan Bautista Montini – que así se llamaba – nació en el seno de una familia burguesa de gran tradición católica, el 26 de septiembre del año 1897, en Concesio (Brescia), en la Lombardía italiana. Era el segundo de los tres hijos de Giorgio Montini – que era un célebre abogado, director durante veinticinco años del periódico “Il Cittadino” y un hombre muy sensible en cuestiones políticas y sociales – y de Giudetta Alghisi, que pertenecía a una noble familia. Juan Bautista recibió el bautismo en la parroquia de su pueblo cuatro días después de su nacimiento, el 30 de septiembre, exactamente el mismo día en el que moría en el convento carmelita de Lisieux Santa Teresa del Niño Jesús. Se le impusieron los nombres de Juan Bautista Enrique Antonio Maria Montini.

Los primeros estudios los realizó en la escuela de las Esclavas de la Caridad, siendo posteriormente alumno en Brescia, en el colegio Cesare Arici, regentado por los jesuitas. Asimismo, frecuentó el círculo de estudiantes del Oratorio de San Felipe Neri y con algunos compañeros fundó la revista “La fionda”. El influjo del espíritu de San Felipe Neri caracterizó toda su juventud y de manera particular su apostolado sacerdotal entre los jóvenes estudiantes.

Por consejo de su director espiritual, el padre Julio Bevilacqua, en el año 1916 entró en el seminario diocesano, donde recibió la tonsura el 30 de noviembre del año 1919. Sin embargo, debido a su frágil salud, vivió en su casa familiar mientras realizaba los cursos de teología. Durante este tiempo solicitó entrar en el monasterio de los monjes benedictinos de la abadía de Santa Maria Magdalena de Marsella, que habían sido expulsados de Francia y que se habían establecido en Chieri (Torino), pero el padre abad le hizo comprender que su salud no le permitiría adaptarse a la vida monástica, aunque le profetizó que algún día él daría honor de manera muy particular a San Benito. En efecto: el 24 de octubre del año 1964, cuando siendo ya Papa visitó la abadía de Montecassino, proclamó a San Benito como patrono de Europa.

Fotografía del Venerable el día de su ordenación sacerdotal.

Fotografía del Venerable el día de su ordenación sacerdotal.

El 20 de mayo del año 1920 fue ordenado sacerdote por Monseñor Giacinto Gaggia, en la catedral de Brescia, celebrando su primera misa en la iglesia de la “Madonna delle Grazie”, cercana a su casa. Se doctoró en derecho canónico en Milán y fue enviado por su obispo a Roma para que completara sus estudios en la Universidad Gregoriana como alumno del Pontificio Seminario Lombardo, del que pasó a la Academia Pontificia Eclesiástica.

El 4 de enero de 1923 entró a formar parte del cuerpo diplomático de la Santa Sede, siendo enviado ese mismo año a Polonia como secretario de la Nunciatura en Varsovia, aunque allí solo permaneció cuatro meses, porque el clima era extremadamente frío y muy perjudicial para su salud. De allí regresó a Roma donde permaneció en la Secretaría de Estado hasta el año 1954, asumiendo distintas responsabilidades, como la de Pro-secretario de Estado para los asuntos ordinarios. Siendo ya Papa, intentó volver a Polonia en visita pastoral, pero las autoridades comunistas no se lo permitieron.

El 27 de noviembre del año 1923 fue nombrado asistente del Círculo Universitario Romano donde realizó una fecunda actividad apostólica entre los jóvenes estudiantes, labor por la que sentía verdadera vocación, llegando a ser asistente nacional de la Federación de Universitarios Católicos Italianos. Esa responsabilidad le hizo visitar numerosas ciudades italianas, donde en diversos círculos estudiantiles se ganó el aprecio como conferenciante por su palabra lúcida y profunda, inspirada siempre en un intenso sentimiento religioso que compaginaba con una sorprendente apertura hacia los problemas de la sociedad moderna, algo que posteriormente sería una de las características más sobresalientes de su pontificado.

El aquel tiempo difundió entre los jóvenes estudiantes la práctica de pequeños retiros espirituales, bien en santuarios o en monasterios. En uno de esos actos, en la Abadía romana de San Pablo, tuvo su primer encuentro con el abad don Ildefonso Schuster, futuro cardenal de Milán a quien él sucedería y que fue beatificado por el Papa San Juan Pablo II en mayo del año 1996. Tuvo que enfrentarse a las políticas fascistas de Benito Mussolini, que se mostraba muy hostil con los movimientos juveniles de inspiración católica, lo que le originó severas críticas dentro del mismísimo Vaticano, debido a las presiones que el dictador realizó sobre la Santa Sede para que retirara a monseñor Montini como asistente general de la Federación de Universitarios Católicos Italianos. El dictador lo consiguió y desde entonces tuvo que dedicarse casi exclusivamente a trabajos diplomáticos dentro de la Secretaría de Estado.

El Venerable Pablo VI atendiendo al Venerable Pío XII durante su pontificado.

El Venerable Pablo VI atendiendo al Venerable Pío XII durante su pontificado.

Eran los tiempos del final del pontificado de Pío XI y se estaba a las puertas del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la cual marcó dolorosamente los primeros años del pontificado del Papa Pío XII, el cual, cuando era Secretario de Estado había tenido como colaborador directo a monseñor Montini, al que apreciaba de un modo muy particular hasta el punto de quererlo tener junto a sí cuando, en mayo de 1938, fue a Budapest como legado del Papa Pío XI en el Congreso Eucarístico Internacional. El cardenal Pacelli – futuro Pío XII – ya lo había nombrado previamente en el año 1931 como profesor de historia en la Academia Pontificia para diplomáticos y como Sustituto de las Relaciones Ordinarias de la Secretaría de Estado.

Cuando el cardenal Eugenio Pacelli fue elegido Papa (Pío XII), confirmó a monseñor Montini en sus tareas y todas las mañanas despachaban directamente. El mismo Pablo VI llegó a decir que “la bondad del Papa Pío XII abrió en mí la oportunidad de examinar los pensamientos e incluso el alma de este gran pontífice”. Durante la Segunda Guerra Mundial, bajo las órdenes del Papa Pío XII, monseñor Montini dirigió la transformación de la Secretaria de Estado Vaticana en una gran central de caridad con la intención de ayudar a los damnificados por la Guerra, especialmente en la ciudad de Roma. Se creó la Pontificia Comisión de Asistencia para organizar la ayuda a los más necesitados facilitándoles vivienda, comida diaria gratis, y de manera particular, a los judíos que estaban amenazados por los fascistas. Crearon una oficina de información para los prisioneros de guerra y los refugiados, a los que les abrieron las puertas del Vaticano y de la residencia de Castel Gandolfo, donde llegaron a residir hasta quince mil personas y atendieron a más de once millones de peticiones sobre personas desaparecidas. Por todo esto, monseñor Montini fue atacado en diferentes ocasiones por el gobierno fascista de Mussolini, quien consideraba que por su culpa, el Vaticano se entrometía en su política.

En secreto, ayudó al movimiento de resistencia nacional que hizo caer a Mussolini el 25 de julio de 1943 y a la liberación de Italia, dos años más tarde. Entonces, lo mismo que anteriormente había ayudado a los soldados aliados y a los judíos que habían escapado de los campos de concentración, una vez liberada Roma, ayudó a los soldados alemanes abandonados y a cuantas personas refugiadas o desplazadas acudieron solicitando ayuda. En esta tarea formaron una especie de piña los principales dirigentes de la Secretaría de Estado: el cardenal Luigi Maglione, monseñor Tardini y Montini. Esta Pontificia Comisión de Asistencia, se convertiría ya bajo su pontificado, en “Cáritas Italiana”.

El Venerable Pablo VI junto al Venerable Pío XII, papa.

El Venerable Pablo VI junto al Venerable Pío XII, papa.

Cuando en el año 1944 murió el Secretario de Estado cardenal Maglione, el Papa no quiso sustituirlo por otro cardenal sino que se valió de sus dos fieles colaboradores Montini y Tardini, nombrándolos jefes del Departamento de Estado para que dirigieran día a día el gobierno central de la Iglesia. Pío XII llegó a decir de él: “Su mente está ricamente cultivada, su capacidad poco común para la reflexión y el estudio lo lleva a evitar todas las distracciones y relajaciones innecesarias. Ha querido entrar de lleno en la historia de su tiempo y con un profundo conocimiento, ha llegado a formar parte de esa historia de aflicción. Quiso compartir los sufrimientos de su tiempo en su propio corazón y en su propia alma. Lo quiero como a un hijo”.

Organizó de manera muy especial la celebración del Año Santo en 1950, que llegó a ser el más grandioso de todos los celebrados hasta esa fecha. La mayor parte de todo este trabajo organizativo cayó sobre las espaldas de monseñor Montini, que era el Sustituto para los Asuntos Ordinarios y finalizado el jubileo, en el consistorio de enero de 1953, fue nombrado Prosecretario para los Asuntos Ordinarios, aunque no se le distinguió ni con la responsabilidad de la Secretaría de Estado ni con el capelo cardenalicio, que hubiera sido lo lógico.

Una vez finalizado el Año Mariano en 1954, después de la muerte del Beato cardenal Schuster, arzobispo de Milán el día 30 de agosto, el Papa Pío XII, que estaba gravemente enfermo, confió a monseñor Juan Bautista Montini la dirección de la diócesis más grande de Europa, nombrándolo arzobispo de Milán, lo que lo convirtió automáticamente en presidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Con este alejamiento de Roma, lo que el Papa quiso es que monseñor Montini adquiriese una experiencia pastoral que no tenía y que le habría de ser necesaria para las responsabilidades que más tarde recaerían sobre él. Al separarse, Montini y Pío XII, lloraron como lloran un hijo y un padre cuando se separan. Fue consagrado como obispo por el Decano del Colegio Cardenalicio – el cardenal Eugenio Tisserant – en la mismísima Basílica de San Pedro el día 12 de diciembre de 1954, cosa que hubiera querido hacer el mismo Papa, que no pudo por estar enfermo en cama. Aun así, desde la cama y a través de la radio, pronunció el sermón de la Misa de consagración.

El Venerable, como arzobispo de Milán, abrazando a un niño.

El Venerable, como arzobispo de Milán, abrazando a un niño.

Tomó posesión de su sede de Milán, en la tarde del día 6 de enero del año siguiente y rápidamente comenzó a desempeñar su tarea pastoral reuniéndose con los sacerdotes, religiosos, sindicatos, intelectuales, asociaciones católicas de todo tipo y con numerosísimos fieles. Las expectativas de esta gran diócesis no le desilusionaron. Fue el arzobispo de los trabajadores y de los jóvenes, se preocupó de manera extraordinaria de los problemas sociales de los obreros y estudiantes. Inmediatamente se le consideró un progresista, porque utilizaba métodos innovadores para llegar a la gente, porque realizaba las reuniones tanto en las iglesias, como en las fábricas, escuelas, hospitales, cuarteles, etc., porque predicaba que los católicos tenían que amar con obras concretas tanto a los creyentes como a los no creyentes y porque, cuando el clero anglicano realizó una visita a Milán en el año 1957, los atendió personalmente iniciándose una personal amistad con el Primado de la Iglesia de Inglaterra.

En una diócesis tan enorme, que estaba descristianizándose, organizó en 1957 una grandiosa misión ciudadana que llamó la atención de todo el episcopado europeo. Esta misión fue precedida de una carta pastoral en la que demostraba conocer toda la problemática social y cultural de la archidiócesis así como la religiosidad de las clases populares. Comenzó una nueva evangelización como una de las necesidades prioritarias de la Iglesia. Como consideraba que los templos debían servir también como lugares de reunión del pueblo, construyó más de cien iglesias tanto en la periferia de Milán como en los pueblos donde había mayor actividad industrial.

En octubre de 1958 murió el Papa Pío XII y muchos creyeron que Montini, aunque no era cardenal, podría sustituirle en la Sede de Pedro. Parece que recibió algunos votos en el cónclave de 1958 en el que él, al no ser cardenal, estaba ausente, pero sin embargo la elección recayó en el cardenal-patriarca de Venecia, Angelo Giuseppe Roncalli, quien tomó el nombre de Juan XXIII (San Juan XXIII) y como, debido a su enfermedad, el Papa Pío XII no había realizado consistorios en los últimos años de su pontificado, San Juan XXIII, tres semanas después de haber sido elegido Papa, designó a un grupo de cardenales que Pío XII tenía “in pectore”, entre los que se encontraba el arzobispo de Milán, que era también amigo personal del hasta entonces cardenal-patriarca de Venecia. Así, el arzobispo Montini fue elevado al cardenalato el día 15 de diciembre del año 1958, con el título de los “Santi Silvestro e Martino ai Monti”. Asimismo, le dio responsabilidades en varios Dicasterios Vaticanos, por lo que, compaginando con su responsabilidad pastoral en Milán, tuvo que participar en el gobierno de la Iglesia realizando numerosos viajes por Europa, África y América.

El Venerable, ataviado como cardenal, saludando  al público.

El Venerable, ataviado como cardenal, saludando al público.

Como comentamos en los artículos de los días 29 y 30 de diciembre del año pasado, el Papa San Juan XIII convocó el Concilio Vaticano II, nombrando a Montini miembro de la Comisión preparatoria y solicitándole que trasladara su residencia al Vaticano. En la sesión de apertura, el día 11 de octubre de 1962, el cardenal Juan Bautista Montini se hizo apreciar por todos los padres conciliares por el vigor que mostró en una de las discusiones sobre la reforma de la liturgia, defendiendo el derecho a la supervivencia de las peculiaridades litúrgicas y canónicas de las iglesias locales. Recordemos que él provenía de una archidiócesis con Rito propio: el Ambrosiano. Quizás por este prestigio adquirido en las sesiones conciliares y por su cercanía a los dos Papas anteriores, cuando murió el Papa San Juan XXIII, todos estaban seguros de que el nuevo Papa sería Montini y efectivamente, después de un breve cónclave, el 21 de junio de 1963 fue elegido como Sumo Pontífice, tomando el nombre de Pablo VI.

En el artículo de mañana trataremos de su labor como sucesor del apóstol Pedro.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es