María Santísima, Reina de todos los santos (XII)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"Madonna del Miracolo", óleo de Domenico Bartolini (1813-1887) que conmemora la conversión de Alfonso Ratisbone ante una aparición de la Inmaculada. Basílica de San Andrea delle Fratte, Roma (Italia). Fotografía: K. Drake, 2006.

“Madonna del Miracolo”, óleo de Domenico Bartolini (1813-1887) que conmemora la conversión de Alfonso Ratisbone ante una aparición de la Inmaculada. Basílica de San Andrea delle Fratte, Roma (Italia). Fotografía: K. Drake, 2006.

En el artículo anterior, publicado el pasado 24 de enero, nos quedamos en lo que había supuesto el culto a la Santísima Virgen en Occidente durante la Edad Moderna y prometimos seguir informando sobre este mismo culto mariano, pero ya en la Edad Contemporánea, o sea, desde el siglo XIX al XXI. Pues hagamos eso, basándonos siempre en las mismas fuentes.

Después de la demolición de la Reforma y de las actitudes audaces del jansenismo, se inició en la Iglesia en el siglo XIX – particularmente con motivo de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción en el año 1854 – una vigorosa recuperación del culto mariano, recuperación que conduciría a la “Edad de María”, como así ha sido llamado el tiempo transcurrido durante los pontificados de Pío XII y de San Juan XXIII. Efectivamente, existe en todas partes, en todos los ámbitos y bajo todas las formas, lo que podríamos llamar un florecimiento primaveral del culto a María. Pero desmenucemos un poquito este tema para explicarlo.

La actividad mariana de los Papas es el primero de varios factores que nos han conducido a esta “Edad de María”. Pío VII, en el año 1814, extendía a toda la Iglesia la festividad de los “Siete Dolores de María Santísima”, que ya era celebrada por los Siervos de María. El Beato Pío IX, en el 1854, publicaba, como ya hemos dicho, la famosa encíclica “Ineffabilis Deus”, definiendo el dogma de la Inmaculada Concepción. León XIII, promovía notablemente la devoción al Rosario escribiendo sobre este tema doce cartas, entre los años 1883 al 1901. San Pío X, en el año 1904, ordenaba celebrar solemnes fiestas con ocasión del quincuagésimo aniversario de la definición dogmática de la Inmaculada publicando el día 2 de febrero de ese año la encíclica “Ad diem illum”. También extendía a toda la Iglesia la festividad de la aparición de la Inmaculada a Santa Bernardette Soubirous en Lourdes, el día 11 de febrero.

Benedicto XV, en el año 1921 instituía la festividad de “María Medianera de todas las gracias”, con misa y oficio propios para las diócesis de Bélgica y para todas aquellas otras diócesis y familias religiosas que lo habían solicitado a Roma. Asimismo, constituía tres comisiones – una romana, una belga y otra española – para estudiar a fondo la cuestión de la posible definición dogmática de esa mediación universal de María. El Papa Pío XI, en el año 1931, promovía la solemne celebración del décimo quinto centenario del Concilio de Éfeso (431), publicando el día 25 de diciembre la encíclica “Lux veritatis”, por la que se extendía a toda la Iglesia la fiesta litúrgica de la “Divina Maternidad de María”. Asimismo, el 29 de diciembre del 1934 publicaba la encíclica “Ingravescentibus malis” sobre el Santo Rosario.

"Inmaculado Corazón de María", óleo de Charles Bosseron Chambers (1882-1964).

“Inmaculado Corazón de María”, óleo de Charles Bosseron Chambers (1882-1964).

El venerable Papa Pío XII, el 31 de octubre de 1942, consagraba solemnemente toda la Iglesia y todo el género humano al Corazón de María y, recordando esta solemne consagración, dos años más tarde, extendía a toda la Iglesia la fiesta litúrgica del “Inmaculado Corazón de María”. Este mismo Papa, el 1 de noviembre de 1950, en la clausura del Año Santo, definía como dogma de fe la Asunción de María Santísima en cuerpo y alma a los Cielos, publicando la Constitución Apostólica “Munificentissimus Deus”. Al año siguiente, publicaba la encíclica “Ingruentium malorum” sobre el rezo del rosario en el seno de la familia. En el 1954, con ocasión del primer centenario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción, convocaba por primera vez en la historia de toda la Iglesia un “Año Mariano”, y en la clausura del mismo, el día 31 de mayo, instituía la festividad litúrgica de “María Santísima Reina”, mediante la encíclica “Ad coeli Reginam”.

El Papa San Juan XXIII no dejó pasar ni una sola ocasión para promover el culto a María. Existe un texto buenísimo, escrito por Gabriel M. Roschini – en cuya obra me baso al realizar estos artículos – cuyo título es: “La Madonna nella vita en el magistero di Giovanni XXIII”, publicado en “Marianum”, XXV, en el año 1963. Este papa escogió la festividad de la Divina Maternidad de María para inaugurar el Concilio Vaticano II y ya antes de esa fecha, concretamente el 26 de septiembre de 1959, publicó la encíclica “Grata recordatio” sobre el rosario, escribiendo sus famosas reflexiones sobre los misterios de la Santísima Virgen: la Anunciación, la visita a su prima Isabel, el nacimiento de Cristo, la presentación de Jesús en el templo, la asunción de María al cielo, la coronación de María como Reina de los ángeles y de los santos…

El Beato Papa Pablo VI, que clausuró el Concilio Vaticano II el 21 de noviembre de 1964, proclamaba solemnemente a María Santísima, como “Madre de toda la Iglesia”, siendo importantísima también su Exhortación Apostólica “Marialis Cultus” sobre la recta ordenación y desarrollo del culto a la Santísima Virgen María. Recordemos asimismo sus encíclicas “Mense maio”, publicada el 29 de abril de 1965, en la cual invitaba a rezar a María durante el mes de mayo y la “Christi Matri”, del 15 de septiembre del año siguiente, en la que ordenaba súplicas a la Santísima Virgen durante el mes de octubre. A fin de no alargar en demasía este apartado y sabiendo que existe abundante documentación al alcance de todos, omito las referencias a los pontificados posteriores.

"Nuestra Señora, Reina de Todos los Santos". Mosaico contemporáneo  en la iglesia de San José, Springer, Nuevo México (EEUU).

“Nuestra Señora, Reina de Todos los Santos”. Mosaico contemporáneo en la iglesia de San José, Springer, Nuevo México (EEUU).

Las famosas apariciones marianas en diversos lugares del mundo han sido otro factor importante que nos han conducido a lo que hemos llamado el florecimiento de la “Edad de María”. Recordemos algunas de ellas:

La aparición de la Virgen a Santa Catalina Labouré en París entre los años 1830 y 1836; la aparición de la Virgen Dolorosa en La Salette en el año 1846; la aparición de la Inmaculada a Santa Bernardita Soubirous en Lourdes en el año 1858; la de la Virgen de Knock en Irlanda a un grupo de vecinos en el año 1879; la aparición a los tres pastorcitos en Fátima en el año 1917, la aparición a los cinco niños de Beauraing en Bélgica en el año 1932 y algunas otras más. Los santuarios erigidos en los lugares de las apariciones, especialmente los de Lourdes y Fátima; son metas de imponentes y continuas peregrinaciones provenientes de todas las partes del mundo, y esta devoción se ve muchas veces recompensada con la realización de milagrosas curaciones.

Otro factor importante son las nuevas prácticas de culto mariano, como por ejemplo la práctica piadosa del “mes de mayo o mes de las flores”, que aunque iniciada en el siglo XVIII, se universalizó durante el siglo XIX, difundiéndose en infinidad de parroquias de varias naciones europeas y americanas. En el siglo XIX, gracias a San Vicente Pallotti y al Beato Luís Maria Monti, se difundió la piadosa práctica del llamado “tributo cotidiano” a María Inmaculada, que es una especie de rezo acompañado de salmos e himnos.

La práctica del “primer sábado de cada mes como reparación mariana”, tuvo su origen en Rovigo (Italia) en el año 1889, siendo obra de la Sierva de Dios María Dolores Inglese y de las Siervas de María Reparadoras. Afín a ésta, está la “Pía Práctica Expiatoria Mariana”, que intenta consagrar un día del mes de mayo a la reparación de las blasfemias contra María. Esta iniciativa surgió en Venecia en el año 1932 por obra de Luigi Picchini, y fue confiada a la Orden Franciscana, estando muy difundida en casi todas las diócesis italianas y en algunas naciones europeas.

Terminemos hablando de las Sociedades Mariológicas y dejemos para el siguiente artículo la enumeración de otros factores que han conducido a la llamada “Edad de María”.

"Virgen Coronada", lienzo de Jean-Auguste Dominique Ingres (1859). Colección privada.

“Virgen Coronada”, lienzo de Jean-Auguste Dominique Ingres (1859). Colección privada.

Estas Sociedades Mariológicas han surgido en varias naciones a lo largo del siglo XX. En Bélgica, en el año 1931 y gracias al canónigo G. Bittremieux, surgió la “Sociedad Mariológica Flamenca”; en Francia, cuatro años más tarde, se fundó la “Sociedad francesa de estudios marianos”. En España, en el 1941 nacía la “Sociedad Mariológica Española”; en Portugal, tres años más tarde, la “Academia Mariana Portuguesa”. En Canadá, en el 1948, iniciaba su andadura la “Sociedad Canadiense de estudios marianos”; en los Estados Unidos, la “Sociedad Mariológica de América”. En México, en el año 1954, la “Sociedad Mariológica Mexicana”, en Polonia, la homónima polaca y así, muchas otras.

Todas ellas publicaron y publican numerosos estudios sobre los dogmas marianos, trabajando de forma indirecta en el incremento del culto a María, el cual, para ser verdadero, debe emanar de los dogmas y no de supercherías, que muchas veces florecen al amparo de determinados intereses político-religioso-económicos, en vez de un verdadero culto a María. Ejemplo de estos últimos, tenemos a miles, algunos muy famosos incluso en España, donde se explotan a incautos con el beneplácito de algún jerarca que es mejor no nombrar.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es