Beato Pablo VI, papa (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Venerable pontífice, tomada en 1977.

Fotografía del Venerable pontífice, tomada en 1977.

En el artículo de ayer escribimos resumidamente la vida del Venerable Papa Pablo VI antes de ser elegido Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. En el artículo de hoy nos proponemos dar algunas pinceladas, sólo algunas, sobre su importante pontificado y sobre su Causa de beatificación.

Como dijimos ayer, dada su cercanía a sus dos predecesores, su conocimiento de la Curia Vaticana y su actividad en el Concilio Vaticano II, el cardenal Montini era un probable sucesor de San Juan XXIII y así fue elegido en el cónclave de 1963, teniendo como primera misión el dar continuidad al Concilio. Él sabía lo que se le venía encima y no tuvo miedo al aceptar: “Esta responsabilidad es única y me traerá una gran soledad y, aunque yo era ya antes un solitario, ahora mi soledad llegará a ser completa e impresionante”.

A muchos les extrañó el nombre escogido: Pablo, pero enseguida se supo cual había sido el significado de esa elección cuando él eligió como fecha de su coronación, no la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo el día 29 de junio, sino el día siguiente, dedicado a la conmemoración en solitario del apóstol Pablo. Como San Pablo, él quería acercar a Cristo tanto a los que estaban cerca como a los que estaban lejos de Él y para realizar esta tarea, consideró que el diálogo era una herramienta primordial, como dejó bien claro en la encíclica “Ecclesiam suam” publicada el 6 de agosto de 1964. Fue el Papa del diálogo ecuménico en perfecta línea con las directrices emanadas del Concilio.

Para hacerse más cercano, acabó con parte del ceremonial tradicional y, aunque fue el último Papa coronado, donó su propia tiara a una basílica mariana estadounidense y con el motu proprio “Pontificalis Domus” suspendió casi todas las funciones ceremoniales en la corte papal, abolió la Guardia Palatina y la Guardia Noble, dejando como único cuerpo militar en el Vaticano a la Guardia Suiza. Asimismo, entre otras muchas innovaciones, reformó la Curia vaticana a fin de reducir la burocracia, estableció el Sínodo de los Obispos como institución permanente de la Iglesia, creó el Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso, cambió las normas del Cónclave haciendo que los cardenales mayores de ochenta años no fueran electores, reformó la liturgia dándole entrada a las lenguas vernáculas y muchas otras cosas igualmente importantes, que omito para hacer breve el artículo, a fin de adaptar la Iglesia a los tiempos.

Vista de la tiara papal del Venerable, regalo de la archidiócesis de Milán, que él donó a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, Washington (EEUU).

Vista de la tiara papal del Venerable, regalo de la archidiócesis de Milán, que él donó a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, Washington (EEUU).

Su primera preocupación fue la continuidad y conclusión del Concilio que había iniciado el Papa Juan – y que según el derecho canónico quedaba suspendido a la muerte del Papa -, dirigiendo sagaz y firmemente los trabajos conciliares hasta su conclusión el día 8 de diciembre de 1965. Bajo su pontificado se celebraron la Segunda Sesión (1963), la Tercera (1964) y la Cuarta (1965). Aconsejo consultar esta web. Con posterioridad se dedicaría a poner en práctica la renovación y modernización de la Iglesia según el espíritu del Concilio.

Aunque en estos dos primeros años de su pontificado realizó un trabajo agotador, los siguientes no estuvieron exentos de problemas al poner en práctica las reformas conciliares. Fue este el período más doloroso de su pontificado, pues tenía que probar continuamente su fidelidad a la tradición de la Iglesia, pero al mismo tiempo tenía que abrirla al mundo moderno. Esto le originó muchas críticas y quejas, provenientes tanto de la derecha como de la izquierda.

La derecha se alineó con la rebelión encabezada por el arzobispo tradicionalista Marcel Lefevre, mientras que desde la izquierda no le faltaron insinuaciones calumniosas y las interpretaciones tendenciosas de sus opciones pastorales, sobre todo con la publicación de la encíclica “Humanae vitae” sobre el control de la natalidad, que fue publicada el 26 de julio del 1968. También le ocasionó numerosos problemas la puesta en marcha de la reforma que adaptaba la liturgia a los tiempos actuales, continuando con la labor que había iniciado su antecesor Pío XII cuando el 29 de junio de 1943 promulgó la encíclica “Mystici Corporis Christi” y el 20 de noviembre de 1947, la “Mediator Dei”. Pero el Papa, para llevar adelante estas reformas, fue incansable en dialogar con todos, tanto dentro como fuera de la Iglesia, con los hermanos ortodoxos, con los no cristianos y con los ateos.

Se reunió con todos los sacerdotes de su nueva diócesis: Roma; y les dijo que lo mismo que en Milán había comenzado un diálogo con el mundo moderno, como obispo de Roma, quería que todos sus sacerdotes buscaran el contacto con todas las personas de todas las clases sociales, independientemente de su manera de pensar en cuestiones de fe. Para intensificar este diálogo, fue el primer Papa en la historia moderna de la Iglesia que realizó una serie de grandes viajes misioneros que lo llevaron a todas las partes del mundo. El más memorable, realizado a principios de enero de 1964, fue a Tierra Santa, donde se encontró con el Patriarca Ecuménico Atenágoras I, tomando ambos el inicio de unas nuevas relaciones entre las dos Iglesias, entre Roma y Constantinopla, relaciones que continúan vivas y vigentes aun hoy en día.

Fotografía del encuentro entre el Venerable y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I.

Fotografía del encuentro entre el Venerable y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I.

Ya, durante las intervenciones de los padres conciliares, gracias a las indicaciones de Juan XXIII y posteriormente de Pablo VI, se evitaron hacer declaraciones que hiriesen a nuestros hermanos ortodoxos. Pablo VI, a través del cardenal presidente de la Secretaría para la unidad de los cristianos, garantizó que los documentos conciliares fueran abiertos a las sensibilidades del resto de las Iglesias cristianas, representantes de las cuales habían participado como invitados en el propio Concilio. El punto culminante de esta nueva relación entre las Iglesias Católica y Ortodoxa fue cuando el día 7 de diciembre del año 1965, se revocaron las excomuniones del año 1054 que mutuamente se habían lanzado entre sí, Roma y Constantinopla.

No menos importantes fueron las acciones políticas llevadas a cabo para renovar los tratados con los países del bloque comunista a fin de conseguir que la Iglesia, que estaba perseguida, consiguiera un mínimo espacio de libertad. Para conseguir lo que fue llamada la “ostpolitki”, tuvo de remover de sus sedes a dos ilustres prelados campeones de la lucha anticomunista: el cardenal de Esztergom József Mindszenty y el arzobispo de Praga Josef Beran; esto le ocasionó críticas muy duras por parte del ala más ultratradicionalista de la Iglesia, que vio en estas medidas una abdicación de la intransigencia doctrinal de su predecesor Pío XII y una ofensa a muchos católicos que habían sido víctimas de los regímenes marxistas. Pero como el Papa tenía muy claro que la ley suprema que debía imperar en la política de la Iglesia, era la salvación de las almas, para conseguir este objetivo, no tuvo miedo en alcanzar ciertos compromisos de carácter puramente político.

Vista del Venerable en el trono pontificio, fotografiado durante el Concilio Vaticano II.

Vista del Venerable en el trono pontificio, fotografiado durante el Concilio Vaticano II.

En el corazón de Pablo VI lo prioritario era la fe y para difundirla a toda costa, soportó heroicamente todas las adversidades, sin perder jamás ni la esperanza ni el amor. Esto fue visto al día siguiente del asesinato del primer ministro italiano Aldo Moro, amigo suyo de juventud, a manos de las Brigadas Rojas, que lo tuvieron secuestrado durante cincuenta y cinco días, durante los cuales el Papa hizo un llamamiento para que tuvieran un gesto de auténtica humanidad y lo liberaran. El Papa, ya enfermo, el 13 de mayo de 1978, presidió los funerales en la Basílica Lateranense, pronunciando delante de todo el mundo, unas palabras de esperanza y de perdón. Algo parecido ocurrió cuando se produjeron los últimos fusilamientos por parte del dictador Franco, intercediendo Pablo VI en solicitud de clemencia para los condenados.

Pocas semanas después, la tarde del domingo 6 de agosto de 1978, moría silenciosamente y de manera imprevista – infarto de miocardio – en la residencia de Castelgandolfo. Entonces fue cuando muchos de los que lo habían despreciado y vilipendiado, se dieron cuenta de que había muerto un verdadero padre, cosa que fue reconocida por la misma prensa internacional. Y lo demostraron los solemnes funerales en los que hubo una inmensa participación de autoridades y de gente anónima, aun siendo uno de los días más calurosos del romano mes de agosto. Un larguísimo, apasionante y espontáneo aplauso acompañó al simple ataúd de madera en el que había sido puesto en el mismísimo suelo cuando fue transportado a su sepultura dentro de la basílica vaticana. En su testamento dejó dicho que no se le erigiese ningún mausoleo y que fuese sepultado en la misma tierra; gesto de humildad, parecido a cuando abandonó la tiara y la silla gestatoria. Para él, el obispo de Roma tenía que dar siempre muestras de pobreza y de humildad.

Vista del cuerpo del Venerable durante su funeral en el Vaticano (1978). Fotografía: David Lees. Fuente: Corbis Images.

Vista del cuerpo del Venerable durante su funeral en el Vaticano (1978). Fotografía: David Lees. Fuente: Corbis Images.

De esta humildad dio una prueba suprema cuando públicamente pidió perdón a la Iglesia Bizantina por todo el daño que le había hecho la Iglesia Católica a lo largo de los siglos, postrándose inesperadamente para besarle los pies al metropolita ortodoxo Melitón, representante del Patriarca Ecuménico Atenágoras I. El mismísimo Patriarca escribiría posteriormente al secretario del Papa: “Usted tiene la dicha de estar cercano a la persona más grande no sólo de toda la Iglesia Universal, sino de todo el mundo. Esa personalidad del Papa constituye un gran tesoro para toda la Iglesia, un nuevo profeta que esperábamos y que nos predice como será el futuro”. Con estas palabras, el santo Patriarca Atenágoras expresaba lo que sentía por el Papa Montini: profeta de la civilización del amor, quien aun en medio de críticas e incomprensiones, no se cansó de exhortar, no sólo a la Iglesia sino a todo el mundo, convencido como estaba de que el verdadero humanismo no podía entrar en conflicto con un auténtico cristianismo, así como que no podían ser contradictorios el progreso científico y la fe cristiana. Dio testimonio de esta manera de pensar en su “Credo del popolo di Dio” proclamado en la conclusión del Año de la Fe de 1968, que conmemoraba el XIX centenario del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo.

Exactamente, diez años más tarde, en la misma solemnidad del 29 de junio, mientras se celebraba el decimoquinto aniversario de su coronación y teniendo el presentimiento de que su muerte estaba ya cercana, con humildad pero con firmeza hizo como propio el testamento de San Pablo cuando afirmaba: “He terminado la carrera, pero he conservado la fe” (Segunda Epístola a Timoteo, 4, 7). El propio Papa, dos años antes de ser elevado a la cátedra de Pedro había dado testimonio de esta espiritualidad y forma de entender la Iglesia cuando escribió de su puño y letra “Pensiero della morte”, documento que fue publicado después de su fallecimiento. Es indiscutible la coherencia de su pensamiento con su estilo pastoral y con su propia vida: una total dedicación al servicio de la Iglesia, primero como fiel servidor de los Papas Pío XI y Pío XII y posteriormente, siendo Papa él mismo, con su entrega total al pueblo de Dios, haciendo verdadera la frase de San Gregorio Magno de que el Papa es el “siervo de los siervos de Dios”. Su visión de la Iglesia fue posteriormente expresada de forma magnífica por el célebre filósofo francés Jean Guitton en sus “Colloqui con Paolo VI”.

Sus encíclicas fueron:
“Mense Maio” publicada el abril del año 1965 sobre la Virgen María.
“Ecclesiam Suam” (6 de agosto de 1964) sobre la identificación de la Iglesia con el Cuerpo de Cristo.
“Misterium fidei” (3 de septiembre de 1965) en la que se opuso a quienes daban a la Eucaristía sólo un carácter simbólico.
“Sacerdotales caelibatus” (24 de junio de 1967), sobre el celibato sacerdotal.
“Populorum progressio” (26 de marzo de 1967), en la que defendía que la economía tenía que estar al servicio de toda la humanidad y no sólo al servicio de unos pocos. En esta encíclica afirmaba que la paz del mundo estaba condicionada a la justicia.
“Humanae vitae” (25 de julio de 1968), en la que trataba sobre el matrimonio y el control de la natalidad.

Vista de la austera tumba del Beato en las Grutas Vaticanas. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Vista de la austera tumba del Beato en las Grutas Vaticanas. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

La Causa de beatificación del Papa Montini fue propuesta por algunas conferencias episcopales de América Latina y de Europa, así como por la diócesis de Brescia y la archidiócesis de Milán. El “Nihil obstat” fue concedido por la Santa Sede el día 18 de marzo de 1993, por lo que recibió el título de Siervo de Dios. Como dije al principio del artículo de ayer, fue declarado Venerable mediante decreto de Benedicto XVI, de fecha 20 de diciembre de 2012. Finalmente, el 19 de octubre de 2014 fue beatificado en Roma por el papa Francisco.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

27 pensamientos en “Beato Pablo VI, papa (II)

  1. Excelente la segunda parte de tu artículo Toño! Vaya que el Papa Paulo VI tiene mucho que decirnos a los cristianos del siglo XXI. Me llama poderosamente la atención su preocupación por la unidad de los Cristianos y su humildad, vaya que renunciar a siglos de protocolo y hacerse cercano a la gente no ha de ser fácil! Aquí compruebo que sin duda Dios manda gente apta para dirigir a su Iglesia según las circunstancias lo pidan. Solo me queda una pregunta amigo: al renuncar a la tiara abolió completamente su uso o dejo a sus sucesores la potestad para volverla a usar? Por que Benedicto XVI recuperó algunos ornamentos en desuso y optó por los mas ricos a diferencia de Francisco que usa unos mas austeros. 🙂

    • El decidió dejar de usar la tiara y esa norma la han seguido sus sucesores. Aunque él la hubiese prohibido, el Papa siguiente la podía
      haber instaurado de nuevo, pero no ha sido así. Si algún día, un Papa quisiera usarla, ¿quién se lo iba a impedir? Como tu bien dices ¿no ha recuperado Benedicto XVI el uso de ornamentos del pasado?
      Cada Papa tiene su “estilo” y esperemos que de una vez se vuelva a la sencillez de la primitiva Iglesia.

  2. Antonio

    Pablo VI nos dejó la herencia de un Concilio que lamentablemente muchos critican sin tan solo haberla leído. Yo cada ves que puedo leo algo y voy descubriendo coass nuevas. Nos dejó además “Los Sínodos de los Obispos” cosa ya olvidada anteriormente en la Iglesia y ahora ya son permanentes. Nos dejó “Caritas” un excelente organismo de la Iglesia para ayudar a muchos pobres y diferentes circunstancias. Se mejora con él las relaciones con las otras confesiones cristianas.

    La exhortación Apostólica Postsinodal Evangelii Nuntiandi creo que es un documento para digerir en años un documento breve que entre mas le rascas mas encuentras donde nos dice: “La evangelización consiste en transformar a la humanidad, y esta transformación sólo en posible mediante la transformación de cada hombre a través de la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio.”

    “Toda la labor evangelizadora de la Iglesia, todo el esfuerzo que se ponga en las técnicas y en la preparación de los anunciadores, serán infecundos si no están vitalizados por el Espíritu Santo, el agente principal de la evangelización.”

    • ¿Qué puedo decir ante estos deseos expresados por ti? Que yo también los comparto totalmente, pero además, quiero decirte que parece que de nuevo podemos recuperar la esperanza, ¿no? Ojala se instale de nuevo en el Vaticano el estilo de Juan XXIII y Pablo VI.

  3. Como decía ayer, aunque conocí a Pablo VI a través del documento papal que tenía mi abuela en casa -finalmente supongo que será una bendición apostólica-; en realidad no supe más detalles hasta que fui a la universidad y estudié más a fondo la Historia de contemporánea de España, donde teníamos una asignatura dedicada exclusivamente al franquismo y a la transición democrática. Allí aprendí más sobre el papel denunciador de la dictadura por parte del Pablo VI y de su antecesor; los primeros y únicos en volver abiertamente la espalda al régimen franquista, que hasta el momento había obtenido el beneplácito de la Iglesia Católica, primero, en franco apoyo y abierta colaboración; después, en simple indiferencia, tan pecaminoso lo uno como lo otro. A través de la postura de ambos Papas y de obispos como Tarancón, la Iglesia se posicionó abiertamente en contra de un régimen que no sobreviviría a su cabeza visible.

    Esto y el abandono de la parafernalia regia propia del Papado, junto con su acercamiento ecuménico al mundo ortodoxo (¡¡¡bravo por esas devoluciones de reliquias robadas a mansalva a los ortodoxos!!!) es lo que me parece más llamativo y significativo, aparte de su doctrina social y los aires renovadores que aportó a la Iglesia y que, en buena parte, han sido enrarecidos por sus sucesores. Esperemos que con el papa Francisco pueda recuperarse algo de ese espíritu que la Iglesia necesita más que hoy en día para no verse abandonada a su descrédito social; pero sólo el tiempo dirá si esto es así. No soy nada amiga de hacer juicios a priori.

    • La Iglesia es sabia y espero que el Papa Francisco limpie la casa por dentro, abra las ventanas de par en par para que entre aire fresco y abandone la senda emprendida por sus dos predecesores, cuyas actuaciones solo han servido para alimentar a los forofos y para aumentar el descrédito de la Iglesia ante la inmensa mayoría de fieles sencillos y de todo el mundo en general. Así lo pienso sinceramente y así lo expreso.

  4. Antonio debo decirte que desconocia que Caritas vio su nacimiento de la mano de este Papa,antes de serlo.
    Creia que era una organizacion de principios del siglo pasado..o incluso antes.
    Tambien que es una lastima que fuera el ultimo Papa coronado,a mi personalmente me gustaria ver a los Papas con tiara en algunas solemnidades,eso si,me da igual que sean de plata,bronce o madrea labrada (creo que es una tradicion que se podria haber conservado).

    • Pues yo dejaría para siempre la tiara en el baúl de los recuerdos y de ponerles una tiara, les pondría la que llevó Cristo en la cruz: un casquete de espinas.

      • Con lo defensor que eres tu de las tradiciones….¿que mal hay en llevar tiara en algunas solemnidades?
        Tendrias que ser el primero en ponerte el casquete de espinas..¡¡por proponerlo!! jajaja 😉

  5. Toño, las palabras son pocas y el espacio es breve para hablar de este Papa. Yo comparto dos ideas a todo lo que se ha dicho aquí: en algún lugar leí sobre la conciencia que este pontífice tenía de su misión, al grado de exclamar: “¡Yo Soy Pedro!”. Sin duda alguna sabía la trascendencia de su ministerio y la responsabilidad anexa. Creo que actuó en conciencia por su gran amor a la Iglesia. Y otra anécdota: el sufrimiento que tuvo por hacer bien las cosas. La incomprensión, la burla y la desconfianza de muchos sobre su modo de proceder. También en alguna ocasión leí sobre como le dolía la revisión de expedientes de sacerdotes que colgaban sus hábitos por aquellos días tan difíciles del postconcilio, al grado de sudar intensamente y mojar su solideo. En una ocasión casi lloraba al revisar el expediente de un sacerdote muy anciano que solicitaba dejar el ministerio.
    Sin duda alguna el legado de Pablo VI todavía perdura y que su imagen en vez de desvanecerse con el paso del tiempo se agiganta. Pablo II y no VI, le llamó un jerarca ortodoxo, aclarando que el primero había sido precisamente San Pablo y él, con su manera de evangelizar, se había convertido en el continuador de su obra apostólica.
    Yo me alegre mucho cuando fue declarado Venerable y espero en Dios poder mirarlo pronto en el honor de los altares.

    Gracias.

    • Gracias a ti. Comparto todo lo que dices porque Pablo VI y Juan XXIII son los dos únicos papas que admiro y venero, de los que yo he conocido, claro, pués cuando nací lo era Pío XII.
      Yo también espero que se haga realidad ese rumor que corre de que puede ser beatificado dentro del Año de la Fe. Y desde luego, lo de Pablo II, es de justicia absoluta.

  6. Gracias Antonio, por estos dos artículos del Gran Papa Pablo VI describen su vida tal y como fue con sus luces y con sus obras.
    Al igual que San Pablo Apóstol fue un hombre de gentes, gran dialogador y un incansable buscador del consenso entre los hermanos ortodoxos, anglicanos etc ( para mi fue lo mas destacado de su pontificado), aunque también fue una magna labor clausurar el Concilio y mas aun seguirlo cumpliendo con lo acordado, como bien comentas en el articulo no fue nada fácil y le costo muchos sufrimientos e incomprensión.
    Refiriéndome a lo comentado antes, yo soy partidario de ver al Papa con la tiara en algunas celebraciones y con en fanón, son símbolos propios del Papado y que en mi opinión caracterizan al Papa y son tradiciones que no deberían haber desaparecido ( aunque el fanón lo recupero el Papa emérito Benedicto XVI).
    Otra cosa que se me olvida y que me ha llamado mucho la atención es el llamamiento que lanzo al mundo por la Paz y la reconciliación con motivo del secuestro y posterior asesinato de Aldo Moro, quien desconocía que fuese amigo suyo de juventud.

    • Si queremos trabajar al máximo por la unidad de las Iglesias, a mi entender, hay que quitar todo aquello que “huele a Papado a la antigua usanza” y promover que el obispo de Roma, sea visto ahora como lo fue antes: “primus inter pares” (el primero entre iguales). Pensemos en los antiguos patriarcados de Jerusalén, Antioquía, Constantinopla y Alejandría, que eran considerados, junto con Roma, los cinco centros principales de la Iglesia.

      • Totalmente de acuerdo contigo Antonio.

        Beato Juan XXIII y V. Pablo VI fueron extraordinarios lástima que hay quienes trataron de opacar el trabajo que realizaron.

        La Iglesia debe de ser sencilla, al igual sus pastores. La Iglesia de Roma como el Obispo de Roma deben de dar el primer ejemplo hacia todas las Iglesias. La Iglesia debe tratar de abrirse al mundo y dejar las absurdas condenaciones hacia aquellos que piensan distinto y sobre todo los absurdos castigos como a los que ha ejecutado en muchos actores de la teología de la liberación. Con los demás Cristianos y no cristianos y ateos debe de buscar lo que nos une y no lo que nos separa. El diálogo es trabajo de todos, todos somos hijos de un mismo Padre.

        A mi me encantan los hermosos ornamentos que usó Benedicto XVI pero usar la tiara, o la famosa silla gestatoria, o aquellos anillos y pectorales ostentosos no tienen sentido, sería una vergüenza por parte de la jerarquía si quisieran regresar a semejantes cosas. Nuestro Señor fue un hombre sencillo, humilde no se ocupan de semejantes cosas. Y así debemos de ser todos los cristianos.

  7. Estoy de acuerdo en que no es necesaria la ostentación, es mas sería una contradicción de la Iglesia si la hiciera mostrando las cruces pectorales, o anillos como los de el Papa Leon XIII que estaban cargados de piedras preciosas y utilizando las silla gestatoria y los flabelos ( abanicos papales), todo eso es mas propio del gran Faraón que de un Papa que su tarea es unir al rebaño de Cristo.
    Ahora, en mi humilde opinión no estaría reñido que en alguna celebración mostrase la tiara como signo del Papado, por citar un ejemplo la Reina de Inglaterra en determinadas ocasiones lleva puesta la corona.

    • Yo ya sabes que pienso igual que David, Antronio,no creo que sea ninguna mala “señal” el llevar en algunas ocasiones muy puntuales la tiara.

  8. Sinceramente que desonocía los númeross aportes que dejo Pablo VI a la iglesia y al mundo es muy interesante todo lo que hizo y que muchas cosas aun perduren como el caso de Caritas, ojala y pronto sea batificado, gracias.

  9. Muchas gracias, Antonio, por este par de artículos donde nos hablas del Venerable Pablo IV. Por este Romano Pontífice, lo mismo que por la mayoría de los hemos tenido a los largo del siglo XX, siento admiración y considero que han sido verdaderos pastores de la grey de Cristo, en comparación con lo que se pudo ver en otras épocas de la historia de la Iglesia.
    No comparto la afirmación de que los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI hallan “desmontado” el Concilie Ecuménico y la obra de Pablo VI y de Juan XXIII (y con todo respeto, más de Pablo que de Juan, al fin y al cabo, en los hechos concretos, fue a él al que le tocó todo ese chorizo del “postconcilio”). Entiendo que no ha todos les gusta las personalidades de los anteriores Papas (En particular, pues no me gustaba mucho ciertas actuaciones pero sobre todo, ciertas omisiones de Juan Pablo II), pero de ahí a decir que “desmontaron” lo anterior me parece demasiado; tanto el magisterio de los dos como los actos de gobierno emanados durante sus años de ministerio petrino (que cualquiera puede leer e investigar, gracias a D.os) permanecen en la línea marcada por sus predecesores… Juan Pablo II es verdad que fue más mediático, pero hay que ver el efecto de su actividad en toda la Iglesia Universal antes de decir si fue malo o “desmontó” algo. Quizás la valoración que ustedes, como españoles, tengan de él sea muy distinta a la que acá en América se le tiene por cuestión de temperamento o algo así, pero negar que sus pronunciamientos fueron muy importantes para varios países americanos durante los duros años de la operación Cóndor y la escuela de las Américas me parece a mi, que he visto el testimonio de sus efectos, que no es muy justo por mucho que él no me guste: simplemente al César lo que es del César; además él fue Pedro, y si soy católico, pues creo que el Espíritu de Dios lo ha asistido en sus buenas acciones.
    No pienso lo mismo de Benedicto XVI: no viajó lo que en el mismo periodo de tiempo viajó Juan Pablo, ni tuvo tanta cobertura en los medios, y además buen número de fieles no les gustaba por su poca presencia fisica (comparada a la de otros Papas, incluyendo a Pablo VI). Sin embargo, su magisterio fue impecable, y en cuanto a su gobierno, pues fue el que tomó las medidas más radicales frente a la pederastia. Estuvo lo más cercano que pudo a las victimas, y tuvo un régimen de vida austero, pero nada de ésto salió en los medios: al fin y al cabo, no era un Papa “de cara bonita”. Es su magisterio, sobre todo, lo que más ha impactado aquí en mi tierra Colombia (y al fin y al cabo es lo que se espera de un Obispo de Roma) y también ha tenido un impacto positivo en la juventud católica de mi tierra sobre todo después de la JMJ Madrid, a la que muchos compañeros de la PJ colombiana acudieron después de muchos sacrificios y privaciones, pero la que ha revitalizado mucho nuestra acción pastoral hacia la juventud. Su renuncia, de hecho, fue gran motivo de tristeza para muchos… Si en Europa se le ve de otra manera, pues lo entiendo, pero de ahí a decir que “desmontaron”, pues me parece demasiado atrevido, sobre todo cuando las pruebas de lo contrario están ahí y se pueden leer

    • ¿Qué los dos últimos pontífices no han desmontado las enseñanzas del Vaticano II? ¿Y qué significa, si no, que se hayan apartado a muchos teólogos de la enseñanza, que se haya atacado a la Teología de la Liberación mientras se bendecía a los dictadores –recordemos los gestos con Ernesto Cardenal y con Pinochet – , que se haya atacado sin piedad a cuantos sacerdotes querían casarse, o a cuantos homosexuales hayan querido expresar libremente su homosexualidad, o como se ha ninguneado a tantísimas mujeres valiosas que estaban y están dispuestas a aportar lo mejor de si mismas a la Iglesia y a los pobres y que por el hecho de ser mujeres se ven apartadas, que se diga que fuera de la Iglesia Catolica no hay salvación…., y cuantas cosas más? Si eso no es cargarse la doctrina del Concilio, que venga Dios y lo vea.

      • Antonio, con todo respeto:
        Dime en qué parte de los documentos del Concilio Ecuménico están las cosas que tú dices que desmontaron… Si hubo acciones negativas, las habrá en cualquier pontificado, al fin y al cabo hombres son también, pero ¿en dónde del concilio se habla de los temas que has puesto? Que una cosa es el concilio y otra muy distinta las ideas, opiniones y propuestas teológicas del Postconcilio… Todo eso que mencionas: teología de la liberación, ordenación de mujeres, posición frente a la homosexualidad, etc, son problemas del postconcilio y nada tienen que ver ni con los debates ni con las conclusiones doctrinales del concilio, que son problemas de una época muy distinta (el postmodernismo) a las cuales el concilio no podía responder (porque apenas fue una respuesta tardía al modernismo, que ya estaba muriendo). Además, que si es así, entonces Pablo VI es el primero en caer pues durante el concilio fue él quien sacó del debate el asunto del celibato de los presbíteros de rito romano y dejó en claro que no admitiría discusión en ello; también está bajo su pontificado la declaración sobre ética sexual publicada en 1976 en cual condena el ejercicio de prácticas homosexuales; entonces ¿Pablo VI desmontó el concilio también? Pues no, como ninguno de sus sucesores, pues esos problemas no fueron ampliamente abordados en los documentos del concilio.
        En cuanto a la famosa frase “extra Ecclesia nulla salus” entonces el concilio sería el culpable de desmontarse a si mismo pues él mismo es quien lo dice, ¿o no has leído la Lumen Gentium y la Ad Gentes? Ahora bien, noto que tal vez te refieras a la interpretación negativa de esa frase: pues te digo que su interpretación positiva y más actual, en el sentido de la absoluta necesidad de los medios de salvación de la Iglesia y más para quienes la conocen y la integran, y de su misión impostergable de evangelizar (que es a lo que realmente apunta la frase en su sentido original patrísitico) se debe nada menos que a teologos como Ratzinguer: si, así es, la interpretación más auténtica y avanzada de la frase tal se debe a él, y es en ese sentido que la enseña tanto el concilio como el catecismo de la Iglesia como Benedicto XVI (Por si las dudas, leer Lumen Gentium 13-14, Catecismo de la Iglesia Católica 846-848, audiencia general del 6 de junio de 2007): todo aquel estando dentro de la Iglesia se aleje de ella en el corazón, se aleja de la salvación, y es así como se ha enseñado desde el concilio por todos los papas hasta hoy, incluyendo Pablo VI, así que ¿dónde está el “desmonte”?
        Otra cosa es la actitud hacia dictadores o el famoso gesto hacia Cardenal, pero esos no son actos de magisterio y de gobierno sino fallas, graves por su puesto, pero no comprometen su magisterio y menos lo propuesto por el Concilio… No confundamos las cosas: Una cosa es la enseñanza doctrinal y pastoral consignada en los documentos del Concilio, y otra cosa acciones que, pudiendo ser deprorables en algunos casos, no se pueden considerar ” desmonte del Concilio”… ¿O alguno de esos Papas ha abrogado alguno de esos documentos y declaraciones? Y ya he dicho que lo usted acusa pues no está en esos documentos… Si nos parecen bien o mal sus actuaciones en esas materias es otro asunto, pero no metamos al concilio en esto como si fuera la panacea universal: que tanto los mal llamados “progresistas” como los mal llamados “integristas” lo viven invocando cada cual a su antojo, o mejor, invocan el famoso “espíritu del concilio” (que por más que se le busque, no se le encuentra…) Más bien, acojamos lo que quedó allí escrito tal cual, sin andarle añadiendo nada, y dejemos a otro tipo de análisis (históricos, filosóficos y sociológicos) el desmenuzar esas cuestiones. Dejemos descansar en paz al concilio, que ya muy aporreado está por unos y otros usandolo de excusa para tirarse del pelo; el concilio no es progresista ni tradicionalista, es un concilio de la Iglesia y ya.

        • Me dices que durante los dos últimos pontificados no se han derogado ninguno de los documentos del Concilio Vaticano II. ¡Pues hasta ahí se podía haber llegado! Pero hacer caso omiso de muchas de las recomendaciones del concilio o no desarrollarlas, es convertirlas en papel mojado. ¿Eso no es desmontarlo?
          Y solo dos pequeñas puntualizaciones: sabes que soy mucho mayor que tu, que tenía más de veinte años cuando se celebró el Concilio y que me he leído y releído todos sus documentos mucho antes de que tu nacieras. Y finalmente, ¿dónde menciono yo la ordenación de las mujeres? Y que conste que, aunque no lo mencione, no es que yo esté en contra, pero ese es ya otro tema.
          Está claro que en tu opinión influyen tus circunstancias y en la mía, las mías.

          • Entonces no hay más que decir, Antonio, es tu opinión personal… Me sostengo en mi discrepancia, que por muy joven que sea respecto a vos está claro que lo escrito escrito está, pasen 10, 20 o 50 años: los documentos del concilio y las actas del concilio ahí están, y según lo que he leído y sigo leyendo, no veo motivos para sostener esa afirmación. De todos modos, está claro que son dos opiniones distintas, y ambas han quedado expresadas, y por supuesto, parte de dos ambientes y circunstancias distintas: que por allá no se ven las cosas lo mismo que acá, y que un simple joven no pensará lo mismo que alguien mucho mayor, y por supuesto, la enseñanza teológica acá también tendrá matices distintos y así podemos seguir. En todo caso agradesco que me hallas permitido expresar mi discrepancia, en la que me sostengo, y agradesco sus respectivas respuestas.

  10. Dairon, estamos entre compañeros y amigos, unidos por muchos lazos y por una misma fe, independientemente de que podamos discrepar en algunas cosas, quizás también influenciados, como tu muy bien dices, por los ambientes en los cuales cada uno vive.
    Fuera de estas discrepancias, sabes que en lo importante coincidimos y que el afecto entre ambos es mutuo, aunque yo pudiera ser tu abuelo y tu mi nieto, jaja.
    Un abrazo.

    • Ome, Antonio, eso está bien claro! Gracias a Dios eso es lo bonito de la fe. Los mismo desde acá, y muy pronto desde el bosque tropical…

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