San Felipe Neri, apóstol de Roma (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Dibujo-retrato del Santo a lápiz negro  y rojo sobre papel, obra de Pedro Pablo Rubens.

Dibujo-retrato del Santo a lápiz negro y rojo sobre papel, obra de Pedro Pablo Rubens.

Siendo la diócesis de Roma la sede del Papa, esta Iglesia ha de ser la primera en dar ejemplo de caridad, de fraternidad, pobreza, ser el ejemplo para todas las demás Iglesias Particulares y para los cristianos y no cristianos. Es precisamente en Roma donde el Emérito Papa Benedicto XVI convocó “el Año de la Fe” que dio inicio el 11 de octubre del año pasado, en el 50 aniversario dela inauguración del Concilio Vaticano II. El Papa Benedicto XVI dijo que con este “Año de la Fe” pretende “dar un renovado impulso a la misión de toda la Iglesia, para conducir a los hombres lejos del desierto en el cual muy a menudo se encuentran en sus vidas, a la amistad con Cristo que nos da su vida plenamente”. Benedicto XVI convocó el Año de la Fe con la Carta apostólica “Porta fidei” del 11 de octubre de 2011.

A lo largo de la historia la Iglesia misma ha sido testigo de hombres y mujeres que han salido del anonimato y se enfrentan a las circunstancias que enfrenta la sociedad y la Iglesia en un periodo particular. La Iglesia, que es la esposa de Cristo, “está descolorida, ha perdido el color”, llegó a expresar Santa Catalina de Siena. La Iglesia necesita color, color que surge hoy en día, gracias a la participación de los laicos y de muchos movimientos que llevan a cabo desde la asistencia a enfermos, misiones, en combatir la pobreza y la desigualdad social, participan de la liturgia de la iglesia, luchan contra los vicios como lo son las drogas y el alcoholismo, etc.

Más sin embargo en el siglo XVI llegó un hombre extranjero a “la Ciudad Eterna” Roma, la sede del cristianismo desde hacía siglos. Ese hombre sería llamado “el Apóstol de Roma” por re-evangelizar la diócesis del papa, una ciudad que en su tiempo dejaba mucho de que hablar. Ese hombre se llamaba Felipe.

San Felipe Neri nació un sábado por la mañana, el 21 de julio de 1515 en Florencia; era el segundo hijo de cuatro, del matrimonio de Francisco Neri y de Lucrecia. Su hermana mayor era Catalina, quien tendría dos hijas: Lucrecia, quien tomaría los votos como monja dominica en San Pedro mártir con el nombre de Catalina sor María Victoria; y Dianora, también monja dominica en Santa Lucía de Vía San Gallo, con el nombre de Sor Ana María. Sería con Sor Ana María con quien tendría una correspondencia el Padre Felipe de tipo epistolar. De su otra hermana Isabel no tendría descendencia alguna y de su hermano menor Antonio tampoco, pues murió siendo un niño.

La Virgen se aparece al Santo. Obra de Corrado Giaquinto.

La Virgen se aparece al Santo. Obra de Corrado Giaquinto.

La infancia y niñez de Felipe los conocemos por el testimonio de su anciana hermana Isabel en los procesos de canonización en julio de 1596. Al parecer de niño era muy obediente. Decía Isabel: “Jamás causó disgusto a su padre ni hizo algo por lo que lo regañase (excepto por un enojo que una vez hizo a su hermana)… Era pacífico y jamás se enojó; era alegre y burlón”. De joven manifestó sentimientos religiosos, pero sin embargo no se entretenía en altarcitos, como lo hacían otros. Los dominicos de San Marcos transmitían a la familia un espíritu religioso. Por los problemas y luchas en Florencia en que expulsaron y retornaron los Medici y por problemas económicos, fue enviado Felipe con el primo de su padre, Rómulo, a realizar una actividad comercial en Campania, quizás para iniciarse en las actividades del comercio.

Probablemente a los 18 años se dirigió a San Germano (Cassino) y ahí conocería a los monjes benedictinos. No regresaría nunca a Florencia y los lazos familiares serían mínimos; sólo unas cuantas cartas. Amó la privacía, la reserva, era cortés, desenvuelto, bien preparado para la vida. Alrededor de 1534 dejó San Germano y se dirigió a Roma. Cuando iba ingresando a la ciudad salía un cortejo de ermitaños pobres de Roma: serían los futuros capuchinos, predicadores desde el edicto de abril de 1534. La Roma que encontró era una ciudad despoblada que después del saqueo de hacía siete años, la población pasó de cincuenta mil habitantes a treinta mil. El aduanero Florentino Galeotto Del Caccia lo acogió en su casa como preceptor de sus dos hijos. De estos dos hijos del aduanero, uno se volvió cisterciense y el otro sacerdote y párroco.

En Roma estudió filosofía en el Estudio General de la orden de San Agustín y la teología en la Sapienza. Más sin embargo le duró poco la experiencia, pues para Felipe no le agradó ser un erudito: “él será siempre propenso a la realidad viva, palpitante”. No quiere decir que no tuviera inteligencia, sino todo lo contrario tenía una inteligencia clara. Frecuentaba los hospitales, sobre todo el de San Jacobo; y su nombre aparece en la matrícula de una confraternidad de Santa María de la Purificación. Le llega un creciente sentimiento religioso, un interés por las cosas del espíritu. Tuvo devoción especial a la “Visita de las Siete Iglesias”, antigua forma de piedad popular, que él reinicia y comienza a practicar solo. Vistió como ermitaño, descubrió las abandonadas catacumbas de San Sebastián. Las catacumbas era el sitio de las primeras generaciones cristianas, la heroica vida de los mártires; la Roma sagrada de los apóstoles Pedro y Pablo.

La Virgen se aparece al Santo. Obra de Giambattista Tiepolo.

La Virgen se aparece al Santo. Obra de Giambattista Tiepolo.

Había vivido en Roma casi una década, de acuerdo con las palabras del Cardenal Federico Borromeo: «En el principio de su conversión le había referido Felipe con ‘gran humildad’ pidió al Espíritu Santo que le diese espíritu». Felipe llegó a confesar a su médico, Vittori: «Me decía que a los treinta años estaba con gran fervor y pedía al Espíritu Santo que le diese un cúmulo de espíritu; y me dijo que se le había dado tanto, que lo lanzó a tierra y al levantarse sintió alzado el costado y una contusión por dentro, la cual le duró mientras vivió». Dos costillas, como se verificará también en el examen de los restos mortales, permanecerán separadas de los cartílagos y formarán un grupo visible sobre el flanco izquierdo. Desde entonces experimentó singulares y violentas palpitaciones del corazón testimoniadas por no pocos, y extenuantes calores, aún en invierno.

Más tarde se supuso que el episodio sucedió en Pentecostés del año 1544, ambientado en las catacumbas de San Sebastián (donde fue colocado un recuerdo) y se habló de un globo de fuego que hubiese entrado en el cuerpo, en las vísceras de Felipe. Todos estos aspectos particulares pertenecen a una cierta tradición y devoción filipense, pero están privados de documentación alguna. (Pbro. Antonio Cistellini, “San Felipe Neri, breve historia de una gran vida”).

Como sacerdote mantendrá amistad con los dominicos de la Minerva; y en Santa María de la Strada, con los primeros jesuitas. En la casa y Archicofradía de San Jerónimo de la Caridad conoció a Buosignore Cacciaguerra, místico convertido; Enrique Pietra, quien sería el fundador de la Congregación de la Doctrina Cristiana; Pensabene Turchetti, fundador del Oratorio en Fermo. Es aquí donde conoce en este ambiente al Padre Persiano Rosa, de la Compañía de Roma, con quien congenió por el ánimo alegre y el espíritu sereno.

El 16 de agosto de 1548 fue erigida una cofradía, “la de la Santísima Trinidad”, fundada por Felipe y el Padre Persiano; y que tenía por objetivo “el culto Eucarístico. Ahí se celebró por primera vez en Roma, la devoción Eucarística de las Cuarenta Horas. En 1550 el Vicariato confiere a la Cofradía una nueva y estable finalidad: la asistencia a los peregrinos y convalecientes. Ahora se llamará la institución “Santísima Trinidad de los Peregrinos”. Al parecer, por insistencias del Padre Persiano a Felipe para de que se ordenase sacerdote, en San Tommaso in Parione, en marzo de 1551, tomó la tonsura, las órdenes menores y el subdiaconado; en San Juan de Letrán, el Sábado Santo 28 de marzo le fue conferido el diaconado; y el 29 de mayo, en San Tommaso in Parione, el presbiterado.

Pintura del Santo existente en la iglesia de la Santa Cruz, Paulmy (Francia). Obra de Touraine (s. XVII).

Pintura del Santo existente en la iglesia de la Santa Cruz, Paulmy (Francia). Obra de Touraine (s. XVII).

En San Jerónimo se dedicó al ejercicio de la confesión, a él recurrirán jóvenes menores de 17 años, hombres y mujeres. Pronto comenzaron a crecer los miembros de San Jerónimo y fue hasta en 1554 como el momento preciso para la configuración de aquello que será llamado, pocos años después, el Oratorio. A finales del pontificado de Pablo IV tiene un conspicuo crecimiento. Los que recurrían a ese espacio eran hombres y mujeres de todas las actividades y situaciones sociales. Los más eminentes y célebres del inolvidable cerco filipense de aquel tiempo fueron la comparsa de Francisco María Tarugi y César Baronio, futuros cardenales.

Para entonces, las Indias suscitaban extraordinaria admiración en Roma. Las noticias de los misioneros del Nuevo Mundo y del Extremo Oriente; y las cartas del jesuita Francisco Javier tuvieron un inmenso éxito. Felipe se dirigió a un autorizado consejero, paisano suyo, monje en Tre Fontane, el cisterciense Agustín Ghettini, un santo hombre que tomó tiempo para reflexionar, orar y le dio una clara respuesta: «¡Tus Indias son Roma!». Veinte años antes, Ignacio había pedido al Papa poder ir como misionero a Tierra Santa, y el Papa le había respondido: «Italia es una buena Jerusalén».

Es probable que, aquello que comenzó en San Jerónimo haya querido llamarse con una locución de origen antiguo, «Oratorio», por ser el lugar de la oración y los encuentros espirituales que pasó a convertirse con frecuencia en sinónimo de confraternidad. Fue desde el principio una experiencia de agrupación totalmente singular, ni siquiera podía llamarse asociación, porque era de participación libre, sin estatutos y elenco de inscritos: una acogida espontánea, reglamentándose necesariamente en la práctica. La estructura, ahora ya completa del Oratorio, bosquejada en sus formas esenciales en el desván de San Jerónimo, está delineada detalladamente en las antiguas memorias, entre las cuales está el autorizado ensayo breve de Baronio “De origine Oratorii”.

Emmanuel

Enlace consultado (04/04/13):
http://www.oratorio.org.mx/spanish/biblioteca/documentos/Cistellini

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

10 pensamientos en “San Felipe Neri, apóstol de Roma (I)

  1. Interesante Articulo Sobre San Felipe Neri, pensaba que el Don Místico que experimento fue ya siendo Sacerdote.
    Ojala y pronto puedan continuar con la vida de el.
    Excelente Articulo!

    • Sintió un gran gozo. El espíritu Santo aletea en todos los hombres. No pensemos solo en obispos y curas. Imagínate semejante encuentro divino con Felipe un hombre que lo buscó de por vida.

  2. Quiero agradecer la ayuda e interés del Padre Mario Avilés Mata Procurador General de los Oratorianos en la elaboración de este artículo, así como las imágenes que se presentan en esta primera parte como en la segunda parte.

  3. Me ha gustado mucho leer este primer articulo sobre el Grab San Felipe Ner, es uno de los Santos mas conocidos en todo el mundo, su cercanía, su humildad, su santidad fueron clave para reconciliar al pueblo romano con la Iglesia ( que como bien dices, en el siglo XVI y XVII dejaba mucho que desear).
    El padre cisterciense no pudo contestarle mejor, al decirle que sus Indias eran Roma, efectivamente Roma también era tierra de misión.
    Sacerdotes como San Felipe Neri son los que necesitamos para la nueva evangelización.
    Gracias Emmanuel

    • David

      Lo mismo digo yo, necesitamos sacerdotes como el, hombres de caridad, oración, sacerdotes catequistas, hombres que se acerquen a los pobres, a los que sufren. Por eso he propuesto en este año de la Fe a San Felipe Neri

  4. Muchas gracias Emmanuel. También en Valencia tuvo San Felipe Neri un enorme impacto devocional pues en el año 1645 su Congregación fundó un convento que se finalizó por el sabio Padre Tosca en el año 1736. Se afirma que este fue el primer convento oratoniano fuera de tierras italianas. La sucesora natural de aquella fundación fue la magnífica actual Parroquia de Santo Tomás Apóstol y San Felipe Neri, donde se reúnen el casi centenar de miembros que se reúnen allí con el fin de atender ancianos y otras necesidades como el diálogo entre culturas. También tienen un oratorio en la Capilla de la Virgen de la Luz en la Plaza de San Felipe Neri.
    Adjunto sus gozos http://gogistesvalencians.blogspot.com.es/2013/04/gozos-al-glorioso-padre-san-felipe-neri.html

    • Conozco ese templo del que hablas, Salvador, y recomiendo su visita pues es una iglesia muy bella. Recientemente han sido restaurados unos bonitos frescos de santas mártires en las capillas de la entrada. El Santo que preside el altar mayor, con todo, no es San Felipe Neri sino Santo Tomás apóstol. Y en la capilla del Sacramento está el sepulcro de la Beata Luisa María Frías Cañizares, mártir de la Guerra Civil. Tengo colección de fotos tomadas por mí de esta iglesia, pero me falta justo ese sepulcro ya que siempre he encontrado culto en la capilla, o no llevaba la cámara.

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