Santa Flavia Domitila, mártir romana

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Tabla gótica de la Santa, obra de Andrea di Bonaiuto (1365).

Tabla gótica de la Santa, obra de Andrea di Bonaiuto (1365).

La Santa de quien me propongo hablar en este artículo puede que suene a muchos, dado que aunque no se incluye entre las mártires de principal veneración en la cultura cristiana europea, su nombre, que denota un ilustre rango, es de cierta familiaridad para aquellos que han explorado un poco la antigua Roma cristiana -quienes quizás, la conozcan más como “Domitila” a secas, que como Flavia Domitila-. Además, es una mártir que plantea un complejo problema hagiográfico que voy a intentar explicar, a riesgo de que el artículo resulte largo y tedioso, con lo cual pido de antemano disculpas a mis lectores, pero me veo en la obligación de exponer las cosas con la mayor claridad posible.

Flavia Domitila: entre la Historia y la leyenda
¿Quién fue Flavia Domitila, más conocida como Domitila a secas en los santorales? En priner lugar, lo que nos dice su nombre, es que era una mujer de alta estirpe romana. Nos lo revela su dua nomina, el doble nombre, formado por el praenomen (Flavia) que designaba la pertenencia a una gens romana (los Flavios, llamados así seguramente porque algún antepasado tenía el cabello rubio –flavius, flavia es igual a “rubio, rubia”- algo rarísimo en las tribus itálicas); y el nomen, Domitilla, que sí sería su nombre propio. Por lo tanto, estamos hablando de una mujer noble, una matrona romana de alta alcurnia. Eso ya da ciertas garantías sobre su existencia histórica.

Pero, como suele suceder muchas veces, hay una Domitila histórica y otra Domitila legendaria. Las historias que muchas veces recibimos como vivencias de los Santos no tienen rigor histórico, sino que son invenciones de piadosos autores y tradiciones populares que dan como fruto la passio, que debe ser analizada críticamente si es que queremos conocer a la persona real que hay detrás del Santo. En el caso de muchos, esto es imposible, porque no quedan datos fidedignos de la existencia histórica de esa persona, o se sabe tan poco que no da para nada. En el caso de Flavia Domitila, afortunadamente, esto no es así: podemos llegar a vislumbrar a la mujer detrás de la Santa, a diferenciar los datos históricos de los legendarios. Es lo que me propongo hacer, relatando primero la passio, y luego presentando a su auténtica protagonista.

Flavia Domitila, la legendaria
La passio que nos habla de Santa Flavia Domitila fue redactada en el siglo VI. Si, como veremos después, la Santa sufrió martirio en el siglo I, han pasado nada menos que 500 años entre la muerte de la protagonista y la redacción de la passio. Por pura lógica, semejante texto no ofrece muchas garantías de fiabilidad, y por supuesto, está considerado legendario. Pero vamos a ver el contenido en sus detalles.

Lienzo de la Santa acompañada de los Santos Nereo y Aquiles, obra de Il Pomarancio (1598-99). Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Lienzo de la Santa acompañada de los Santos Nereo y Aquiles, obra de Il Pomarancio (1598-99). Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Según este texto, Flavia Domitila era hija de una matrona cristiana llamada Plautila. Siendo una doncella muy rica, tenía a sus órdenes dos eunucos, llamados Nereo y Aquiles; y estaba prometida en matrimonio a un joven llamado Aureliano, pero esto no era visto con buenos ojos por los dos esclavos, especialmente que ella se peinase, engalanase y acicalase para recibir a su prometido. Los hagiógrafos posteriores, que han analizado críticamente la passio, han pensado que debió ser redactado por algún autor familiarizado con el maniqueísmo, por su furibundo ataque al matrimonio y a la maternidad, ya que las razones que el autor pone en boca de Nereo y Aquiles para disuadir a Domitila de la boda son claramente exageradas: consideran la vida matrimonial inferior a la virginidad, describen el matrimonio como algo aborrecible, dan detalles repugnantes sobre la maternidad, embarazo y parto; califican al marido como un yugo brutal y a los hijos como una condena ingrata. En resumen, el matrimonio es una constante humillación para la mujer, mientras que la virginidad hace semejante al mismo Dios.

Con tales argumentos, no es de extrañar que al final Domitila acabase siendo convencida por los esclavos, quienes la llevaron ante el papa Clemente -que era de origen liberto- para que le impusiese el velo de las vírgenes consagradas. El Papa le advirtió a Domitila que el cancelamiento del compromiso matrimonial podía traerle problemas, pero ella estaba decidida a consagrar su virginidad a Cristo y así lo hizo.

Naturalmente, las consecuencias no se hicieron esperar: furioso con la pérdida de la prometida y su rica dote, la denunció al emperador Domiciano por ser cristiana, y también a los dos eunucos. El emperador hizo desterrar a Nereo y Aquiles a la isla Ponciana. Allí tuvieron conocimiento de que Furio y Prisco, dos discípulos de Simón el Mago, se dedicaban a la predicación. Indignados por lo que ellos consideraban falsas predicaciones, escribieron a Marcelo, hijo del pretor Manos, que había sido discípulo del apóstol Pedro, para que divulgara el fracaso de Simón el Mago ante Pedro según se sabía por los Hechos de los Apóstoles. Poco después, Aureliano trató de obligar a los dos eunucos a que sacrificaran a los dioses, pero ante su resistencia fueron trasladados a Terracina. Allí, por orden del procónsul Rufo, fueron sentenciados a tortura por flagelación y muerte por decapitación. Auspicio, padre nutricio de Domitila, mandó enterrar sus cadáveres en las catacumbas de la familia Flavia en un arenario de la Vía Ardeatina, junto al sepulcro de Aurelia Petronila.

El papa Clemente impone el velo a Domitila en presencia de Nereo y Aquiles. Fresco de Il Pomarancio, Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

El papa Clemente impone el velo a Domitila en presencia de Nereo y Aquiles. Fresco de Il Pomarancio, Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia). Fuente: www.vallicella.org

Aureliano, satisfecho con haber quitado a los eunucos de en medio, aún tenía esperanzas de que Domitila pudiese aceptarlo por esposo. De modo que le envió a dos muchachas, Teodora y Eufrosine, prometidas de Sulpicio y Serviliano respectivamente, para que ellas, con dulces maneras, trataran de disuadirle para que contrajera nupcias. Como suele pasar en estos relatos, no sólo no lograron su objetivo, sino que además Domitila las convenció para que se consagraran vírgenes como ella y sus ex prometidos se convirtieran al cristianismo. Aquello acabó por desesperar a Aureliano, quien, sumido en la depresión, se entregó a una desenfrenada bacanal que le provocaría una indigestión, de cual moriría dos días después (!!!).

Cuando Luxurio, hermano de Aureliano, supo esto, resolvió vengarse de ello y mandó decapitar a Sulpicio y Serviliano. Luego ordenó que Domitila, Teodora y Eufrosine fueran desterradas a Terracina, donde trató de obligarlas a sacrificar a los dioses. Ante la negativa de las mujeres dispuso que fueran encerradas en sus aposentos y que se prendiera fuego a la casa. Cuando ésta estuvo reducida a cenizas, se buscaron entre los escombros los cadáveres y fueron hallados intactos, milagrosamente no tocados por las llamas. Un diácono cristiano tomó los tres cuerpos y los enterró en un sepulcro nuevo.

Hasta aquí el relato de la passio. Como se ve, no ofrece garantías por los clichés propios de estos textos que también presenta y las contradicciones que ofrece entre ficción y realidad histórica. Los mártires Nereo y Aquiles, que presenta como eunucos, el papa San Dámaso dice que eran oficiales del ejército romano, antes de convertirse al cristianismo, como se desprende de uno de sus versos. Como ya se ha dicho también, las razones que dan los dos eunucos para disuadir a Domitila del matrimonio no son propias de una mentalidad cristiana propia del siglo I, que sería la época en que vivió nuestra Santa, sino una construcción posterior del siglo VI, época en que el maniqueísmo empezaba a despuntar. Pero sobre todo, lo que disuade de concederle valor histórico a la passio es, ante todo, la existencia de datos que sí nos informan de quién fue la auténtica Flavia Domitila, y la no coincidencia de estos datos con los que ofrece el relato del siglo VI.

Domitila, Teodora y Eufrosina mueren quemadas en su casa. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Domitila, Teodora y Eufrosina mueren quemadas en su casa. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia). Fotografía: Alvaro de Alvariis.

Flavia Domitila, la histórica
Teniendo claro que la passio del siglo VI no nos sirve para conocer a la auténtica mártir, veamos qué datos tenemos que nos aseguran su existencia histórica. Partimos, en primer lugar, de dos textos fundamentales para conocerla, que citaremos textualmente.

Eusebio de Cesarea, en su “Storia Eclesiastica” (III, 18, 4) escribe: “Pasado el año quince del reinado de Domiciano, Flavia Domitila, nieta por parte de la hermana de Flavio Clemente, que fue luego uno de los cónsules de Roma (año 95), junto con otras numerosas personas, fue deportada a la isla de Ponza por haber confesado a Cristo”.

A su vez, Dión Casio, en la “Historia romana” (LXVII, 13-24), afirma que el emperador Domiciano “junto a muchos otros, asesinó a Flavio Clemente, aunque era su primo y tenía por mujer a Flavia Domitila, que era incluso de su misma sangre. Los dos fueron acusados de ateísmo y junto con otros que seguían las costumbres de los judíos, fueron condenados a muerte y sus bienes confiscados. Sin embargo, Domitila fue deportada a la isla de Pandataria”.

De estas dos historias se puede deducir que al final del siglo I, dos matronas llamadas Flavia Domitila, emparentadas ambas con la familia imperial de los Flavios, fueron condenadas por su adhesión al cristianismo: una, nieta del cónsul Flavio Clemente, deportada a la isla de Ponza; y otra, esposa del mismo Flavio Clemente, deportada a la isla de Pandataria. Es cierto que Dión Casio, cuando habla de la Domitila deportada a Pandataria (la actual Ventotene), no menciona el cristianismo, sino más bien el “ateísmo”, pero hay que tener en cuenta que ésta era la acusación que los paganos hacían a los primeros seguidores de Cristo. También dice que seguían “las costumbres de los judíos”, pero ocurre que ellos tampoco diferenciaban a judíos de cristianos, lo tenían por la misma religión. De modo que este texto, decir “ateo” o “judío” es lo mismo que decir “cristiano”. Para ellos no había diferencia.

Gloria de los Santos Cesáreo, Nereo, Aquiles, Teodora, Eufrosine y Flavia Domitila. Fresco de Il Pormarancio. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Gloria de los Santos Cesáreo, Nereo, Aquiles, Teodora, Eufrosine y Flavia Domitila. Fresco de Il Pormarancio. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia). Fuente: www.vallicella.org

Así que, por de pronto, dos Domitilas, ambas deportadas por su fe cristiana. La pregunta es, ¿puede considerarse esto martirio? Recordemos que la passio también menciona las deportaciones de Domitila, Nereo y Aquiles junto con otros correligionarios, pero al final, las mujeres mueren quemadas, ¿quizá para hacerlo más convincente? La realidad es que nadie de la familia imperial podría ser ejecutado de esta manera, por su alto abolengo -como ya expliqué en un anterior artículo– mientras que en cambio, el destierro o deportación sí está documentado como forma de castigo para los miembros de la familia imperial -no hay más que leerse la Vida de los doce Césares de Suetonio si uno quiere incidir, aunque sea someramente, en este tema-. Aunque parece que enviar a una persona al exilio parezca cosa de risa comparado con morir quemado vivo, lo cierto es que era un castigo durísimo para alguien de alta alcurnia: pasar de vivir con todas las comodidades, servido por esclavos y con una vida de ocio y calma; a quedar abandonados en una isla sin apenas recursos ni dotaciones, expuestos a la muerte por inanición o enfermedad. De hecho, precisamente por la obra de Suetonio sabemos que el emperador Augusto había hecho desterrar a su hija Julia a la mismísima Pandataria, donde dio orden de que se la dejara morir de hambre. En efecto, el exilio a una isla desierta sí es martirio: una muerte lenta y miserable, sin torturas ni ejecución, pero peor que un hachazo en la nuca, según se mire.
Se ha llegado a especular con el hecho de que si una de estas Domitilas fue víctima de una conjura en el exilio y asesinada, pero eso tampoco es que añada mucho a la cuestión del martirio: sea como fuere, una de las dos retornó a Roma, pero sólo para ser enterrada.

Así pues, tenemos una Domitila legendaria, inexistente, deportada y quemada viva; y dos Domitilas históricas, reales, que por su fe cristiana fueron deportadas a islas desiertas y seguramente consumaron su martirio muriendo de hambre o enfermedad. Pero, ¿no es extraño que se hable de dos personas de idéntico nombre e idéntico destino? ¿Hay dos Domitilas, o en realidad es una sola?
Algunos estudiosos, entre los cuales está Mommsen, Aubé y Styger, mantienen que se pueden identificar en una sola persona a estas dos Domitilas, suponiendo que sólo se ha tratado de errores históricos de los dos autores antes citados. Es decir, que sería una única Flavia Domitila, ¿pero, cuál? ¿La esposa de Flavio Clemente, o la otra? ¿La enviada a Ponza, o la enviada a Pandataria?
Sin embargo, De Rossi, examinando la genealogía de la familia imperial, sostiene, contrariamente, que se trata de dos personas distintas. Dice que la Domitila citada por Eusebio era nieta de Flavio Clemente, mientras que la recordada por Dión Casio era la esposa del cónsul mártir, con el cual tuvo siete hijos. Para él, es imposible unirlas en una sola persona, los detalles son demasiado diferenciadores.

Los mártires Domitila, Nereo y Aquiles. Lienzo de Peter Paul Rubens. Iglesia de Santa Maria In Vallicella, Roma (Italia).

Los mártires Domitila, Nereo y Aquiles. Lienzo de Peter Paul Rubens. Iglesia de Santa Maria In Vallicella, Roma (Italia).

En este sentido, tiene gran importancia una inscripción rota encontrada en el siglo XVIII en el área del cementerio existente en la Vía Ardeatina -que por algo es conocida como “catacumba de Domitila”- y que, con la integración propuesta por Mommsen, dice: “TATIA BAUCYL (la…un) – / TRIX SEPTEM LIB (erorum pronepotum) / DIVI VESPASIAN(i filiorum Fl. Clementis et) FLAVIAE DOMITIL(lae uxoris eius, divi) / VESPASIANI NEPTIS A (ccepto loco e) / IUS BENEFICIO HOC SEPULCHRU(m feci) / MEIS LIBERTIS LIBERTABUS PO(sterisque eorum)”. Esta inscripción, que se conserva en la pared del fondo de la Basílica de los Santos Nereo y Aquiles en dicho cementerio, precisa por lo tanto que Tacia Baucila, nodriza de los siete hijos de Flavio y de Flavia Domitila, obtuvo de ésta última el terreno para excavar un sepulcro. En este caso, la matrona que donó la catacumba que lleva su nombre también es la mártir, cosa que no ocurre en el caso de Santa Balbina. En este documento epigráfico se precisa también que Flavia Domitila era “neptis” o sea, nieta de Vespasiano, padre de Domiciano, confirmando así la afirmación de Dión Casio, según la cual, la mujer de Flavio Clemente era “consanguínea” del mismo Domiciano.

Respecto a las confusiones en las que cayeron los historiadores al indicar los lugares donde fueron deportadas las dos Domitilas, Humberto Fasola sostiene que las islas de Ponza y de Pandataria fueron señaladas intencionadamente para confundir la una con la otra. A Ponza fueron deportados las hijas de Calígula y un hijo de Germánico; mientras que en Pandataria fueron confinados Julia, hija de Augusto (a quien ya había mencionado, la que murió de hambre); Agripina, mujer de Germánico y Octavia, mujer de Nerón.

La veneración de la Flavia Domitila deportada a Ponza es antiquísima. San Jerónimo, en una de sus cartas a Eustoquio, dice que la viuda Paula, en su viaje hacia Oriente, visitó en dicha isla el lugar donde la Santa “longum martyrium duxerat” (sufrió un largo martirio). Si el mismo San Jerónimo y Santa Paula no dudaban de que la Domitila deportada a Ponza había sufrido un largo martirio -hambre, sed, enfermedad-; entonces no cabe dudar de su corona de mártir y mucho menos, del lugar donde la conquistó.

Sin embargo, el nombre de Domitila no figura ni en la “Depositio martyrum”, ni en el Martirologio Jeronimiano, aunque se la conmemoraba el día 12 de mayo. Esta conmemoración, que no es anterior a siglo IX, fue introducida en los libros litúrgicos influenciada por el Martirologio de Floro, el cual la incluye en su elenco ,probablemente por error, cambiando un FLAVI(us) recordado en el Martirologio Jeronimiano el día 7 de mayo; fecha en la que actualmente se la conmemora.

Vista del sepulcro de los mártires Domitila, Nereo y Aquiles, tras la rejilla bajo el altar mayor. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Vista del sepulcro de los mártires Domitila, Nereo y Aquiles, tras la rejilla bajo el altar mayor. Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia).

Reliquias e iconografía
Primitivamente, los cuerpos de los tres mártires -Domitila, Nereo y Aquiles- estuvieron enterrados en la catacumba de la Via Ardeatina, la que lleva el nombre de ella. Sobre esta primitiva tumba fue levantada una basílica subterránea para honrar a estos mártires. En 1213, los cuerpos de los tres fueron extraídos de este lugar y en 1228 sepultados en San Adriano al Foro Romano. Finalmente, el cardenal Baronio los trasladó el 12 de mayo de 1597 a la Basílica romana de los Santos Nereo y Aquiles. Ese mismo año, Baronio también trasladó las cabezas de los tres -que habían separado de sus cuerpos- a esta iglesia, para que allí recibieran veneración en preciosos relicarios. En 1870, los cuerpos de los mártires fueron robados, pero afortunadamente fueron recuperados y actualmente se veneran en una urna de pórfido rojo, situado en una rejilla bajo el altar mayor. Así pues, allí reposa el cuerpo de una Flavia Domitila -¿cuál de las dos? No se sabe-. ¿Y dónde están los restos de la otra Domitila? Tampoco se sabe.

Es cierto que en la iglesia de Saint John Evangelist de Clinton (EEUU) se veneran las reliquias de una mártir a la que se le da exactamente este nombre -Flavia Domitila- y se la considera una de estas dos mártires romanas, pero a juzgar por su aspecto y por el vas sanguinis que la acompaña, estamos hablando de una mártir de las catacumbas y no de una de las dos que fueron deportadas, pues éstas no sufrieron derramamiento de sangre sino la muerte lenta del exilio.

En la iconografía y en el arte, no se hace ninguna distinción entre ninguna de las dos Flavias Domitilas. Los artistas prácticamente ignoran el debate hagiográfico y se ciñen a la passio del siglo VI, por lo que se la representa casi siempre junto a los mártires Nereo y Aquiles, sus presuntos esclavos. Aparece como una noble matrona romana, revestida de lujosos ropajes, y generalmente coronada con una diadema radiada, símbolo de su linaje imperial o quizá, de su corona de martirio. Son también conocidas las escenas en que el papa Clemente le impone el velo de las vírgenes, aunque el lirio no forma parte de su habitual iconografía, ya que éste, como atributo de virginidad, no empieza a introducirse universalmente hasta el siglo XIX en las Santas y Santos, siendo hasta ese momento únicamente atributo de la Virgen y alguna otra excepción puntual. No tiene otros atributos significativos, aunque bien es cierto que el pintor gótico italiano Andrea di Bonaiuto la representa, en la tabla que encabeza este mismo artículo, portando el monograma del Nombre de Jesús (IHS). Y también es curioso destacar que la inmensa mayoría de sus representaciones artísticas la muestran como una mujer rubia, algo nada frecuente y quizá alusivo al significado de su praenomen (Flavia, “rubia”).

Vista del altar mayor de la Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia). Tras la rejilla bajo el altar reposan las reliquias de los mártires Domitila, Nereo y Aquiles.

Vista del altar mayor de la Basílica de los Santos Nereo y Aquiles, Roma (Italia). Tras la rejilla bajo el altar reposan las reliquias de los mártires Domitila, Nereo y Aquiles. Fuente: www.vallicella.org

Se la llama indistintamente Flavia Domitila o Domitila a secas, como decíamos, y es muy importante no confundirla con otra Santa de nombre Flavia, presunta hermana de San Plácido, discípulo de San Benito, Eutiquio y Victorino; que sufrieron martirio a manos de los sarracenos en Mesina. Esta otra mártir de nombre Flavia también tiene su propio intríngulis hagiográfico, pero eso lo dejaremos para otro artículo.

Conclusiones: dos Santas históricas, una legendaria
Recapitulando todo lo dicho hasta ahora, se puede afirmar que no hay una, sino dos mártires romanas llamadas Flavia Domitila; cuya existencia histórica está contrastada por las fuentes historiográficas (Eusebio de Cesarea, Dión Casio) y por las arqueológicas (inscripción en la catacumba de Domitila). Fueron dos mujeres de alta alcurnia, de familia imperial, una, deportada a Ponza, y otra, esposa del cónsul Flavio Clemente y madre de siete hijos, fundadora de la catacumba romana que lleva su nombre, que fue desterrada a Pandataria. No cabe, pues, dudar de la existencia de estas dos mártires romanas. Como se ve, la no coincidencia con el relato de la passio nos hace descartar a la Domitila virgen quemada con Teodora y Eufrosine como legendaria.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova, Roma.

Enlace consultado (18/03/2013):
– Parroquia de Santa Maria In Vallicella (Basílica de los Santos Nereo y Aquiles): http://www.vallicella.org/

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

16 pensamientos en “Santa Flavia Domitila, mártir romana

  1. Otra santa, o mejor dichos, dos santas de las que sí tenemos noticias más fidedignas. Algo leí sobre ella cuando estudié la biografía y el periodo de gobierno de Domiciano y las purgas que este llevó a cabo en sus últimos años de gobierno para deshacerse de varios miembros de la alta alcurnia romana que pudieran representar un peligro para él -ya que se creía dios y veía enemigos hasta en sus amigos más cercanos- y para las costumbres romanas ancestrales. Sobre que el estatus los habría salvado de la ignominia, no sé, ahí tienes a Mesalina que, pese a su condición de Augusta y esposa de un emperador reinante, fue decapitada por adúltera y conspiradora y su memoria condenada.

    Es bien cierto, el exilio es la muerte en vida. Y más cuando se le priva de alimento, el pobre desgraciado se vuelve loco y devoraría hasta la paja del jergón, como le pasó a un miembro de la familia imperial caído en desgracia.

    Con el ejemplo de Flavia Domitila se comprueba que el cristianismo emergente no sólo captó la atención -en su gran mayoría- de las clases más desfavorecidas, sino de todos aquellos y aquellas de corazón sincero, de todas las clases sociales.

    • Pero es que la decapitación no es una muerte con ignonimia, Alejandro. La muerte con ignonimia es la muerte humillante, vergonzosa y con dolor: la tortura, la crucifixión, la quema, el descuartizamiento… la decapitación es muerte de nobles, rápida, expeditiva y limpia comparada con estos otros métodos. Lo que tienes que contemplar es cómo concebían ellos una muerte digna, y era así, o abriéndose las venas en la bañera. Aunque luego esa persona fallecida fuese sometida a una damnatio memoriae, la muerte había sido digna, y no ignonimiosa. ¡No es lo mismo que te corten la cabeza a que te claven en un madero, vaya!

      Y sí, coincido en lo último que has dicho. Muchos historiadores o personas no creyentes que estudian el cristianismo lo han calificado de secta de ladrones y prostitutas en sus primeros siglos, pero fíjate que estamos aún en el siglo I y ya hay cristianos entre los nobles imperiales. Por supuesto, eso no significa nada, porque en el cristianismo no hay -¡o no debería haber!- distinción entre ricos y pobres.

      • Pero las ha habido desde los tiempos apostólicos y las siguen habiendo hasta la fecha. El propio apóstol Pablo se quejaba amargamente en la epístola a los corintios. En la teoría suena muy bonito, pero en la práctica fue siempre otra cosa. Y a veces los propios apóstoles propiciaron ese retroceso en el plan original de Jesús en aras de salvar las conversiones de ciudades y pueblos enteros, o facilitarlas.

        • Así es, pero es que los seres humanos somos falibles y todo lo queremos controlar. El plan divino, las religiones, son bellísimos y perfectos; pero los humanos somos lo que somos y a veces no damos para más. Otras, nos superamos a nosotros mismos.

  2. Las fotografías ilustran muy bien el articulo, aunque faltaron las de la Catacumba de Domitila y la basílica subterránea. La Basílica donde reposan las reliquias tiene aun el encanto liturgico de las antiguas basílicas paleo-cristianas. Bajo el altar, donde se conservan los restos, esta la ´fenestella´ o reja, creo que de mármol, tipica de los altares primitivos por donde los fieles introducían su mano para tocar la urna de las reliquias. Desconocía los pormenores de esta´´s´´ santa´´s´´ y creo que en nuestro tiempo debe abordarse la vida de estos santos con la seriedad propia de una historia libre de supuestos y leyendas, pero sin caer en un negacionismo cómodo que excluya de tajo la realidad de la persona. Algo parecido pasa con santa Filomena, a la cua ya tienen tiempo que no le dedican artículos.

    • No me pareció oportuno poner las fotografías de la catacumba y la Basílica subterránea antes que las que hay, porque el espacio disponible en el artículo es limitado para la introducción de fotos y he preferido incidir en la iconografía y episodios de la vida de la Santa, precisamente porque es una Santa poco frecuente en el arte y quería dar a conocer algunas obras principales dedicadas a ella. Por supuesto, el entorno del sepulcro sí que no podía faltar.

      Verás que mi artículo no cae en el negacionismo cómodo aunque se aborda una historia libre de supuestos y leyendas.

      En mi último artículo publicado sobre Santa Filomena, dije que ése iba a ser el último, ¿recuerdas? No se le van a dedicar más artículos a esta mártir de las catacumbas, al menos de momento, porque con dos años enteros de publicaciones mensuales sobre ella, creo que ya era más que suficiente y que, por mi parte, estaba todo dicho.

      • Por eso me encanto el artículo, aborda con sencillez los elementos indispensables para conocer a estas santas. Los negacionistas ante cualquier piedra en el camino la esquivan.
        Lastima de Santa Filomena, ojalá regrese en una 2a. temporada.

  3. Muchas gracias, Ana Maria, por un artículo en el que has tenido que trabajar bastante, porque has desmenuzado con detenimiento no solo la separación de leyenda y realidad, sino que incluso, dentro de esta, los problemas concretos de identificación de esta santa que, dicho sea de paso, han traído de cabeza a los bolandistas. Santa real, santa famosa, pero también santa “confusa”.
    Es verdad que dices que, inevitablemente, el artículo tenía que ser largo, pero también es verdad que su lectura se hace interesante y amena, al menos, para mí que “disfruto” cuando se toca a fondo estos temas hagiográficos tan complejos. Quizás, esos sean los temas que hacen que la hagiografía sea una ciencia y no la mera relación de una biografía concreta.

    Sobre la santa, sus orígenes de alta alcurnia, su verdadera relación con los santos Nereo y Aquiles, el quienes y cómo eran los cristianos de los primeros siglos y temas por el estilo, no quiero entrar, porque seguro que por ahí van a ir la mayoría de los comentarios que se hagan y que, aun siendo muy interesantes, hace que yo me decante por destacar el trabajo de clarificación que tu has realizado en este artículo. Trabajos como este le dan categoría a este blog y ese es su principal objetivo.
    De veras, que muchas gracias.

    • Gracias a ti por la ayuda que me prestas siempre con algunos datos bibliográficos que a menudo son dificilísimos de encontrar. Las passio, los detalles de la iconografía, del arte, las leyendas, son material fácil y accesible; pero la información hagiográfica científica… ¡qué difícil es conseguirla!

      Y luego sí que es verdad es una tarea agotadora contrastar y desmenuzar la ficción de la realidad; más en estos casos cuando te esperabas una Santa Domitila y te salen ¡tres! Pero a fin de cuentas, sólo dos son probables y por la forma en que te expresas, parece que eres partidario sólo de una, jajaja.

        • Podría ser, porque, aunque se sabe que los nombres de mujeres se repetían dentro de una gens romana (hay varias Agripinas y varias Clodias y varias Julias, ¿por qué no varias Domitilas?), precisamente que dos de ese mismo nombre fueran cristianas y mártires y murieron exiliadas en una isla, ya es más difícil. Lo lógico es que sólo sea una, la que tenemos en reliquias, ya que de la otra, no tenemos nada.

  4. Ana María, has desarrollado el tema de un amanera magistral. Todo cuanto expones yo y a lo conocìa., què bueno que hoy lo pones a disposiciòn un tanto màs a la mano que los libros. No todos leen, pero creo que por medio del internt habrà muchos màs que lleguen a este conocimiento. Esta santa me recuerda a una vecina que ya murio, le decíamos Doña Tila. Es una pena que los nombres antiguos pierdan su presencia porque se dice que son feos o anticuados. Si supieramos de etimologías, otro sería el panorama. Gracias por tu trabajo.

    • Pues si todo ya lo conocías y dices que está bien expuesto, me doy por muy satisfecha 🙂 Es cierto que antes había nombres que hoy están desapareciendo (Domitila, Balbina, Petronila, Madrona…) pero es que los nombres son modas y costumbres, tienen sus períodos de auge y de decadencia. El llamar a un nombre feo o anticuado simplemente es por la forma en que suena y sí que es verdad que hay que saber etimología para entenderlos plenamente (ejemplo: Metrodora o Gliceria, que suenan fatal pero su significado es bellísimo).

      De todos modos, si yo me hubiese llamado Domitila no permitiría que se me abreviara como Tila, suena a infusión calmante. Jajajaja.

  5. íGracias Ana María. De lo que recuerdo de aquel latín remoto que estdiábamos en B.U.P es que lso romanos tenan el praenomen, nomen y cognomen. El nomen solía acabar en IO para hacer referencia a la tribu a la que se pertenecía. No sé si es exacto o si la memoria me falla.

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