Santo Rey David (I)

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Escultura del Santo, obra de Paris Nogari (ca. 1536-1601). Capilla Borghese, Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Escultura del Santo, obra de Paris Nogari (ca. 1536-1601). Capilla Borghese, Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

El rey David fue el fundador de la dinastía de Israel que reinó hasta la destrucción de Jerusalén en el año 587 antes de Cristo, fue un profeta y el escritor del libro de los Salmos. Según algunos, su nombre proviene del acádico Dawidum, que se podría traducir por “comandante o cabecilla”, aunque en hebreo significa “querido, acariciado”. El relato de su vida aparece en las Sagradas Escrituras, concretamente en los libros Primero y Segundo de Samuel, en el Primer libro de los Reyes y en el Primero de los Paralipómenos (o Crónicas). Es también citado en otros libros profanos, no pertenecientes a las Escrituras Sagradas, pero nosotros, inevitablemente, para hablar de él, nos tenemos que basar en los Libros Sagrados.

David descendía de la tribu de Judá, de la línea Fares-Esron. Su genealogía aparece en I Par., 2, 3-17 y en el libro de Ruth (Ruth, 4, 13-18). Había nacido en Belén de Efratá y era el octavo de los hijos de Jessé. “Era rubio, de ojos bellos y de aspecto agradable” (I Samuel, 16, 12) y pastoreaba el rebaño de su padre. Pero era también estimado en la corte del rey Saúl por tocar la cítara, por ser un buen guerrero y por su don de palabra. Durante la guerra de Saúl contra los filisteos, había sido introducido en la corte “como hábil cantor al son de la cítara” (I Samuel, 16, 17), ya que con su canto y con su música levantaba la melancolía del rey.

Al principio, Saúl cogió afecto a David y lo ascendió a su servicio en calidad de escudero, mientras que al mismo tiempo, cuando el rey sufría ataques de melancolía, la música y el canto de David lo calmaban. Muy pronto se hizo amigo de Jonathan, hijo de Saúl, pero la admiración y el afecto de Saúl se transformaron en odio cuando entrevió que él podría ser su sucesor en el reino y, por tanto, un adversario a eliminar. Nos sigue diciendo el Primer Libro de Samuel que Dios rechazó al rey Saúl y que sin el consentimiento de éste, el profeta Samuel ungió a David como rey. Saúl lo llamó a la corte y le dijo que prescindía de él y que se volviera a casa de su padre Jessé. Pero su padre lo envió para que se informara sobre la situación en la que se encontraban sus hermanos que habían partido al frente para luchar contra los filisteos y es allí donde sucede el combate entre David y el gigante Goliat, al que mató con su honda, provocando así la desbandada de los filisteos.

icono ortodoxo griego de David tocando la lira.

icono ortodoxo griego de David tocando la lira.

La popularidad que consiguió David con este acto fue tan enorme que produjo el célebre canto de las israelitas: “Saúl ha matado a mil, pero David ha matado a diez mil” (I Samuel, 18, 7), lo que provocó aun más los celos de Saúl. En dos ocasiones intentó en vano atravesarlo con una lanza, luego lo puso al frente de un grupo de soldados esperando que muriese en alguna estratagema militar, pero el valor, la suerte, la victoria y la popularidad de David aumentaba cada vez más los celos de Saúl. Lo humilló al negarle a su hija Merab, que le estaba prometida como esposa y le concedió a Micol, después de haberlo expuesto a la muerte en una acción militar contra los filisteos.

Habiendo estallado nuevamente la guerra contra los filisteos, David les infringió una estrepitosa derrota. La manía homicida de Saúl hizo que intentara de nuevo matarlo con una lanza pero fue salvado por una estratagema un tanto tragicómica de Micol (I Samuel, 19, 13-17). David se refugió junto a Samuel en Ramá y posteriormente en Naiot, pero delatado por algunos traidores, Dios lo salvó invistiendo a Saúl y a sus hombres con un espíritu profético: “Entonces Saúl envió mensajeros para que trajeran a David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban y a Samuel que también estaba allí y los presidía. Y vino el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saúl y ellos también profetizaron” (I Samuel, 19, 20). Esto ocurrió por tres veces. David hizo un pacto de amistad con Jonathan, que no llegó a calmar a su padre Saúl, el cual quería tenerlo entre sus manos a cualquier precio. David huyó a Nob, a casa del sacerdote Abimelec, que consultó al Señor y le donó los panes sagrados y la espada de Goliat.

Traicionado por Doeg el idumeo, que era el siervo principal de Saúl, se refugió en Gat entre los filisteos, junto al rey Aquis. Descendió hasta Odollam, donde fue alcanzado por su familia y juntó una banda de forajidos formada por seiscientos hombres. Con su familia se estableció en Moab, pero el profeta Gad le ordenó que volviera a Judá y se estableciese en el bosque de Haret. También llegó el sacerdote Abiatar, llevando consigo a Edof. Se asentó en Kelia, conquistada a los filisteos y luego marchó al desierto de Zif, siempre perseguido por Saúl. Este, en el momento de estrechar el cerco en torno a David, se vio obligado a desistir debido a un nuevo brote de guerra contra los filisteos. Concluida la guerra, Saúl lo intentó de nuevo, pero David, por motivos religiosos, respetó la vida del rey que había caído en sus manos junto a la caverna de Engadi.

David, expectante con la honda, aguarda la llegada de Goliat. Escultura de Miguel Ángel Buonarruotti (1501-1504) en mármol de Carrara. Galleria dell'Accademia, Florencia (Italia).

David, expectante con la honda, aguarda la llegada de Goliat. Escultura de Miguel Ángel Buonarruotti (1501-1504) en mármol de Carrara. Galleria dell’Accademia, Florencia (Italia).

En el desierto de Faran, estuvo listo para tomar venganza contra Nabal, el cual le negó alimento para su gente, más fue calmado por Abigail, quién se había convertido en su esposa junto con Aquinoam, mientras que Saúl, fue herido por Micol. David perdonó nuevamente la vida a Saúl en Hakila y se puso a seguro en Gat, junto al rey Aquis, el cual le regaló la ciudad de Siklag que, desde ese momento, pasó como propiedad al rey de Judá. Allí David se estableció durante dieciséis meses, saqueando las zonas del sur y, sin misericordia, matando a todo ser humano vivo.

Estallando de nuevo la guerra, David marchó contra Saúl, pero los filisteos no se fiaron de él y lo obligaron a huir a Siklag. Allí se encontró con que la ciudad había sido devastada por los amalecitas, a los que persiguió y venció. Con el botín conseguido hizo regalos a sus aliados, a sus parientes y a los ancianos de Judá. Entretanto, sobre los montes de Gelboé, Israel fue derrotado y Saúl encontró la muerte junto con sus hijos Jonathan, Abinadab y Malquisua. David los lloró amargamente.

Pero David, había atraído hacia sí las simpatías de la tribu de Judá y no solo por sus capacidades o por sus victorias militares, sino por su reacción ante la lucha que mantuvo contra él el rey Saúl, que era de la tribu de Benjamín. Con la muerte de Saúl y la derrota de Israel, la oposición hacia el rey y su Casa, explotó. El antiguo antagonismo entre Judá y Efraín, encontró una razón más para reabrirse de nuevo. Como posteriormente ocurriría con la muerte de Salomón, que Efraín no quiso saber nada de Judá, era ahora Judá el que no quería saber nada de la Casa de Saúl.

David, triunfante sobre Goliat. Escultura de bronce obra de Andrea Verrocchio (ca. 1472-1475). Museo del Bargello, Florencia (Italia).

David, triunfante sobre Goliat. Escultura de bronce obra de Andrea Verrocchio (ca. 1472-1475). Museo del Bargello, Florencia (Italia).

Pero la unción clandestina que Samuel había realizado a David, tenía que hacerse de dominio público, así que la adhesión a su causa por parte de los sacerdotes Sadoc y Abiatar y de los profetas Samuel, Gad y Natán, sí como el enorme éxito de sus hazañas, tenían que eliminar cualquier duda a la elección de David como rey de Judá. David consideró que tenía que tomar las riendas de su tribu y, aconsejado por Yahvé fue a Hebrón donde fue ungido como rey por los hombres de la tribu de Judá. Él, sin embargo, no se aprovechó de esta situación para extender su reinado sobre las otras tribus, las cuales, bajo la guía de Abner, seguían a Ishbaal, que era el único hijo superviviente de Saúl.

Después de reinar durante siete años en Hebrón, apareció una nueva circunstancia favorable a David y era que Abner se separó de Ishbaal, poniéndose a favor de David. El hijo de Saúl fue asesinado y posteriormente, también lo fue Abner por traidor. Así, desaparecieron todos los contendientes al trono. David se mostró magnánimo con todos y fue reconocido como rey por todas las tribus de Israel. Transfirió su capital a Jerusalén, que era una ciudad más neutral, que había echado a los jebuseos y que tomó el nombre de “Ciudad de David”. Allí reinó durante treinta y tres años, que sumándole los siete de Hebrón, hizo que su reinado fuese de cuarenta años.

Su reino se caracterizó por múltiples acciones bélicas y por una intensa actividad religiosa y social. Entre las primeras, caben destacar dos episodios contra los filisteos en el valle de Refraím, la anexión de Gat, sus victorias sobre los moabitas, sobre Adadezer rey de Soba, sobre los arameos, idumeos, amonitas y amalecitas, muchos de los cuales tuvieron que rendirle tributos después de haber sido derrotados. Su reino se extendió desde el paso de Emath hasta el río Nilo.

Pero como he dicho antes, su reinado también se distinguió por una intensa actividad religiosa y social: transportó el Arca de la Alianza a Jerusalén, proyectó la construcción de un Templo y organizó el culto divino. El transporte del arca se vio empañado, ya que por la muerte de Uza, no estuvieron presentes los levitas, no aplicándose las prescripciones de Moisés.

El rey David, en una tabla gótica de Pedro de Berruguete (s.XV).

El rey David, en una tabla gótica de Pedro de Berruguete (s.XV).

La construcción del Templo, que fue una iniciativa espontánea de David y que el profeta Natán le hizo saber en un primer momento, que contaba con la bendición de Yahvé, al final no pudo hacerlo, pues fue considerado un hombre de guerra, que había derramado mucha sangre y el Templo tenía que ser considerado un lugar de paz, aunque en compensación por este contratiempo, Dios le prometía una descendencia duradera: su reino y su Casa, no tendrían fin.

Fue su hijo Salomón quien finalmente construyó el Templo, siendo “Dios para él como un padre y él para Dios, como un hijo” (I Par., 17, 13). Dios castigará a David cuando éste se lo merezca, pero nunca le negará su asistencia divina.

Pero en la vida de David hubo un hecho pecaminoso que lo marcó, aunque posteriormente se arrepintiese amarga y sinceramente. De esto trataremos en el artículo de mañana.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– AMSLER, S., “David, Roi et Messie”, Neuchâtel, 1963
“Biblia de Jerusalén”, Imprenta Elespuru Hermanos, S.A., Bilbao, 1967
– MARIANI, B. “Bibliotheca sanctorum” vol. IV, Città N. Editrice, Roma, 1987
– RICCIOTTI, G., “Storia d’Israele”, Torino, 1932

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

10 pensamientos en “Santo Rey David (I)

  1. Sin duda, amigo Antonio, el rey David es un pilar para la historia del judaísmo y del propio cristianismo al considerarlo profeta y una imagen mesiánica, aunque sospecho, como han hecho muchos historiadores, que se ha interpolado su figura -entre la historia y la leyenda- con la de Jesús. Ya desde los tiempos evangélicos se insiste en su ascendencia davídica y los apóstoles esperaban que ese Mesías fuese descendiente de aquél y que restableciera su trono expulsando a los romanos, cosa que en la práctica hicieron los asmoneos con los griegos pero no teóricamente al no ser descendientes de sangre. Y sospecho que los cristianos, obligados a demostrar que Jesús cumplió a raja tabla las profecías del Antiguo Testamento, lo presentaron como descendiente de David, algo que el propio Jesús deja en duda cuando le respondió a los fariseos en el templo (“si en el salmo que atribuyen a David éste le llama Señor, ¿cómo puede ser su hijo?…”). A decir verdad dudo mucho que la historia sea como lo relata la Biblia y la arqueología ha ido desenterrando que Israel como tal no pudo ser el imperio sino un estado tribal apenas unido por un rey benjaminita llamado Saúl y en rebelión contra un advenedizo llamado David apoyado, sin duda, por Jonathan, el príncipe heredero. Y ese pequeño reino estuvo rodeado, a su vez, por Egipto, Asiria y el imperio Hitita. Fácil nunca la tuvo y lógico que pelearían armados por el fanatismo religioso ritual para conservar su independencia en la tierra de sus ancestros.

    No creo que Saúl estuviera poseído por demonios, sino que se volvió paranoico a consecuencia de las intrigas palaciegas y las presiones políticas para mantener su poder. Para mí, Samuel fue no sólo profeta, sino conspirador que se apoyó en su creencia de que Dios rechazó a Saúl por violar una norma religiosa y así, con todo su poder moral -después de todo seguía siendo un juez y elector formal de Saúl- lo destituyó en ausencia y eligió a ese chico de un lugar perdido de Judá, y sin duda Saúl no ignoraba la fama de éste y trató tantas veces de matarlo. Muchos lo condenan, yo tengo pena por este pobre hombre cuyo dios tribal lo abandonó a su suerte.

    No quería decirlo, pero me atreveré a correr ese riesgo. El personaje más unido a David en los primeros años de su vida en la corte hasta la caída de Saúl no fue una mujer, Micol, sino Jonathan, el príncipe heredero: lo quería tanto como a su propia alma -con juramento solemne de por vida- y por delante suyo arrostrando a su padre que lo llamó hijo de mujer perdida, causa de la vergüenza de la desnudez de su madre. Y cuando la batalla del monte Gelboé puso fin a su vida, David lloró a los montes que su amor fue más grato que el amor de las mujeres.Por mucho que los traductores escriban amistad, el término original es amor. Ese amor que supera diferencias sociales -él un pastor y aquél un príncipe-, supera todos los obstáculos y corre todos los riesgos -amenaza de muerte por parte de Saúl, intervención de Jonathan y su humillación, aviso a David y reunión de éstos en la campiña de noche- y es fiel para toda la vida -David protegió al hijo discapacitado de Jonathan-. Un amor como el que se profesaron Ruth y Nohemí -a donde vayás yo iré, donde mueras he de morir yo, tu pueblo será mi pueblo y tu dios mi dios… que sólo la muerte nos pueda separar- y la escritura lo celebra. No digo que hubiera algo sexual en lo absoluto, sino verdadero amor más que pasión -por Betsabé- o agradecimiento -por Abigail- o mero compromiso dinástico -Micol-, ese amor que sólo viene de Dios, que desconoce distancia y sexo.

    • Yo me limito a exponer lo que dicen las Escrituras y tu eres muy dueño que interpretar los hechos como lo estimes conveniente. En eso, me niego a entrar.
      Lo que si te aseguro, y tu lo sabes perfectamente igual que yo, es que existen numerosos pasajes que hacen descendiente a Jesús de la estirpe de David, por parte de José, claro.

      • Lo sé muy bien, Antonio amigo. Esas mismas genealogías fueron escritas al menos 30 años después de la muerte de Jesús -por lo que su fiabilidad es por lo menos para dudar- y si bien se hacía aprender desde niños los nombres de los ancestros mediante el inmemorial sistema de repetición vocal, es más que probable que además de la ascendencia davídica de José -o de María- hubiera otras familias con ese mismo rasgo. Y Jesús, fuera o no descendiente del mítico rey, le restó importancia en su misión salvadora.

    • Si titulo el artículo como “santo Rey David” es que en el Martirologio se le menciona como santo y en el artículo de mañana hablaremos de su festividad, aunque veo que se ha adelantado André.
      A muchos personajes del Antiguo Testamento se les considera santos y ya en este blog hemos escrito sobre algunos de ellos. Y lo seguiremos haciendo.

  2. Bueno, con toda honestidad debo decir que, al igual que el resto de personajes destacados del Antiguo Testamento, considero que el rey David es una figura más mítica que histórica; y que las razones para considerarlo Santo se me antojan tan relativas como considerar Santo a Adán, Abel y demás personajes bíblicos. Puede que el rey David existiera como un líder tribal local, pero todo lo demás me parece pura mitología hebraica; ya que el Antiguo Testamento es una especie de relato heroico fundacional al estilo de las antiguas epopeyas griegas, sólo que con menos monstruos y un solo Dios.

    Aunque Alejandro menciona el ejemplo de David y Jonathan y también el de Noemí y Ruth; quiero recordar, como él mismo admite, que no se insinúa nada sexual ni parecido y por tanto, lo que no se dice no debe ser asumido. La homosexualidad es tabú y condena en la Biblia, por lo que no hay cabida en ella esta orientación salvo para condenarla una y mil veces. Además, Noemí y Ruth eran suegra y nuera… no sé, algunos grupos LGTB no sé qué se toman cuando leen algunos pasajes de la Biblia y las vidas de los Santos. Les gusta imaginar e inventarse lo que no está. Es mejor recurrir a los escritos griegos y romanos si se trata de encontrar auténticas relaciones homosexuales.

    En fin, que me voy de tema. Para mí, el David que conocemos es figura mitológica más que personaje histórico. El texto bíblico no puede ser interpretado al pie de la letra como documento historiográfico. Lo que no significa que no tenga visos de verdad; como es la referencia a los filisteos, uno de los Pueblos del Mar que vienen atestiguados incluso en las inscripciones jeroglíficas egipcias (aunque ellos los llaman “pelesets”). El marco es histórico, así como es posible que lo sean algunos personajes o sucesos, pero el conjunto del relato es una construcción mítica para glorificar el pasado de Israel. Mírese si no la derrota del gigante Goliat a manos del pequeño David: toda una alegoría. No cabe pues, interpretar al pie de la letra lo que es un pasado mítico y moralizante para fundamentar la legitimidad del pueblo hebreo sobre la propiedad de unas tierras y de una alianza divina.

    • Te digo lo mismo que a Alejandro. Expongo lo que dice la Biblia y no me pronuncio interpretándola. Solo una cosa te diré: ¡claro que no se puede tomar todo al pie de la letra! ¿Para qué existiria entonces la exégesis bíblica?
      Mitificado o no, David es un personaje real y no creo que nadie, con dos dedos de frente, ponga en duda su existencia. Otra cosa es lo referente a si es santo o no en el sentido tradicional en el que nosotros hablamos. Pero es que lo mismo podemos decir de personajes de hace solo veinte años. No hace falta irse tan lejos en el tiempo.

  3. Muchas gracias Antonio. Más allá de las interpretaciones que se puedan hacer sobre la sexualidad de David, que en este caso me parecen frágiles, su importancia histórica para mí queda fuera de toda duda. Además inspiró parte de la letra de una de mis canciones de culto particulares como es el “Aleluya” de Leonard Cohen. En ella se hacen referencias a nuestro rey y por escuchar tantas veces este bello himno el personaje me es casi ya familiar.

    • Gracias, Salvador, por tu comentario. A mi, como poco, me parece atrevido insinuar cual fue la sexualidad de un personaje que vivió hace casi tres mil años, sin ser entendido en la materia y sin haber estudiado a fondo ese personaje.
      Tu sabes que innumerables episodios de la Biblia no pueden ser tomados al pie de la letra: creación del mundo en seis días, diluvio universal, separación de las aguas del Mar Rojo y muchísimos otros, pero para ello hay unas ciencias, como la exégesis bíblica, la historia y la arqueología, que van dado luz poco a poco e interpretando esos acontecimientos, confirmándolos o desmintiéndolos.
      Yo, como geólogo conozco bien lo que pasó en la isla griega de Santorini contemporáneamente a la salida de Israel de Egipto y la influencia que pudo tener aquella catástrofe volcánica en las llamadas plagas de Egipto, y asun así, me callo y, cuando he escrito sobre Moisés (que aun no se ha publicado), no digo ni pío sobre el tema. A veces se está más guapo calladito.

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