Santo Rey David (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Tabla gótica flamenca del Santo en su atuendo real.

Tabla gótica flamenca del Santo en su atuendo real.

Estando David en Jerusalén, durante el asedio de Rabba por parte de los amonitas, cometió adulterio con Bethsabé, mujer de Urías el Hitita, que era uno de sus oficiales más valientes. Para ocultar su pecado, hizo venir desde el frente al marido traicionado, ordenándole que fuera adonde estaba su esposa. No consiguiendo su propósito, lo hizo emborrachar y posteriormente, ordenó a Joab que lo hiciera morir en una acción de guerra, culpando de ello a los amonitas. Así, desembarazándose de Urías, tomó como esposa a su viuda, que posteriormente sería la madre de su hijo Salomón. Este episodio es la parte más oscura de la vida de David, pero ante la dura reprimenda que le hizo el profeta Natán, él se arrepintió de su pecado. Yahvé lo perdonó, inflingiéndole sin embargo algunos castigos ejemplares: el hijo fruto del adulterio moriría y la ofensa que hizo al honor de Urías reclamaba una humillación ejemplar.

En aquella época se iniciaron una serie de desórdenes en la Casa de David: primero, Amnón que era su primogénito, cometería incesto con su hermana Tamar y Absalón lo vengaría matando a Amnón. Más tarde, Absalón se revelaría contra su propio padre, por lo cual David humilló a su mujer y lo excluyó del trono forzando su fuga; asimismo, las revueltas de Sheba ensombrecerían a Israel. Otro pecado de David fue el censo que intentó realizar de todo Israel, ya que lo hacía para vanagloriarse, descuidando el aspecto teocrático de su reino y la propia voluntad de su pueblo. A pesar de que no fue acabado y registrado, como nos cuentan los dos Libros de las Crónicas, Dios castigó a todo el reino de Israel con una epidemia de peste que mató a setenta mil personas, y esto, aunque el rey se había arrepentido de aquel fallo.

Podríamos decir sumariamente, que los últimos eventos de la vida de David fueron los siguientes: dominada la revuelta de Absalón, él retornó al trono con solemnes manifestaciones populares, no pudo ocultar su enorme dolor por la muerte de su hijo, depuso a Joab como cabeza del ejército sustituyéndolo por Amasa, que sin embargo, fue muerto a traición, organizó internamente su reino, perdonó a Semei que lo había maldecido y ofendido durante su fuga y entregó a los gabanoitas los dos hijos de Resfa, que era la concubina de Saúl y a cinco hijos de Merab, hija mayor de Saúl. Posteriormente, ya viejo y enfermo, se vio forzado a intervenir en la sucesión al trono. No tuvo el coraje suficiente para reprender a Adonías que era su segundo hijo y que llegó a hacerse aclamar como rey y solo bajo la presión del profeta Natán, decidió que fuese consagrado como rey su hijo Salomón, el cual fue aclamado por el pueblo.

David espía a Betsabé durante su baño. Lienzo de Francesco Hayez (1859). Pinacoteca de Brera, Milán (Italia).

David espía a Betsabé durante su baño. Lienzo de Francesco Hayez (1859). Pinacoteca de Brera, Milán (Italia).

David dio gracias a Dios porque vio que su dinastía continuaría, aconsejó al nuevo rey para que fuese fuerte, para que observara todo lo prescrito por las leyes de Moisés y le dio instrucciones sobre cómo comportarse con Joab, Barzilai y Simi. Hizo entronizar a Salomón por segunda vez y así, murió en Jerusalén con setenta y un años de edad, colmado de riquezas y coronado de gloria (I Par., 29, 26-28).

De diversas mujeres, había tenido seis hijos en Hebrón y nueve en Jerusalén, sin contar a aquellos que tuvo con las concubinas, además de una hija. El Libro del Eclesiástico, en su capítulo 47, elogia su fuerza física, su victoria contra Goliat, sus victorias militares y las derrotas infringidas a los filisteos, su obra a favor del culto divino por medio de los salmos y de los instrumentos musicales, por el esplendor y la solemnidad de las fiestas y por haber alabado a Dios todos sus días y amado de todo corazón a su Creador, el cual le perdonó sus pecados, exaltó su poder y le otorgó una alianza real y un trono de gloria en Israel (Eclesiástico, 47).

En el Segundo Libro de Samuel se le llama “Hombre de Dios exaltado”, “el ungido del Dios de Jacob y “el suave salmista de Israel”. En el Nuevo Testamento es mencionado en numerosas ocasiones, aún por boca del mismo Cristo.

Con sus virtudes y culpas, David, de alguna manera, es el centro de la revelación, por cuanto el Mesías está en estrecha relación con su persona, con su reino, con su dinastía, con su descendencia. Isaías dice que el Mesías será el brote de la raíz de Jessé, San Mateo dice que Jesús es descendiente de David, los Libros de las Crónicas y San Lucas dirán que David estará sentado en su trono eternamente y otras muchas alabanzas que a su persona, aparecen en distintos Libros Sagrados.

Es cierto que sus sombras ofuscaron su virtud: en el Primer Libro de Samuel, se le atribuyen mentiras, ficciones, exterminios de tribus y de pueblos, venganzas y maquinaciones para matar a personas e incluso traición a su propia patria. Pero todo esto es anterior a su ascenso al trono y está conectado con las guerras dirigidas contra él por parte del rey Saúl. Esta guerra era injusta y David tenía el derecho a defenderse por lo que, todas sus acciones de guerra, tenían un propósito defensivo. Dios intervenía en los momentos justos para impedir que cometiera otros crímenes.

Natán reprende a David por su adulterio con Betsabé. Iluminación griega de un salterio bizantino.

Natán reprende a David por su adulterio con Betsabé. Iluminación griega de un salterio bizantino.

Es verdad que según los criterios evangélicos, David debería ser condenado, pero se trataba de acciones de guerra que serían justificadas actualmente según el derecho internacional. El exterminio completo de los pueblos vencidos se practicaba en gran escala fuera de Israel, pero David aparece como más comprensivo, más suave si se le compara con los antiguos conquistadores asirios y babilónicos.

Su grave pecado fue el adulterio y el homicidio subsiguiente. En este caso, David actuó como un despótico rey que le quitó su esposa a uno de sus más valerosos soldados, que intentó esconder su pecado engañando y emborrachando al marido y que posteriormente, fue el culpable de su muerte. Pero David se arrepintió, lloró amargamente su pecado – se le atribuye en ese momento la composición del salmo “Miserere mei Deus” – y Dios le perdonó ese pecado, que llevó sobre sus espaldas durante toda su vida.

Es verdad que cometió otro pecado con el intento de hacer el censo de Israel, pero también en este caso, se arrepintió y pagó su pena. Después de haber sido proclamado rey de todas las tribus de Israel, se nota un cierto período de decadencia en su corte: incesto, venganza, asesinato – ya lo hemos relatado anteriormente – y David no tuvo la fuerza necesaria para prevenir ni para reprimir estos abusos, fue débil, aunque en otros muchos momentos – como también hemos relatado – fue astuto. Podríamos decir que fueron debilidades de padre. Todo esto es reprobable, pero valga como atenuante la situación política de entonces y la disminución de sus energías físicas; esto no puede impedirnos reconocerle una fe inquebrantable en Dios, una confianza constante e inquebrantable y un amor a Dios como padre.

Todo esto destaca porque su vida estuvo llena de tribulaciones y de mortales emboscadas. Sería demasiado larga la enumeración de sus virtudes, pero resaltemos el perdón a sus perseguidores y calumniadores, el amor y la observancia de la Ley escrita por Moisés tanto desde el punto de vista moral como litúrgico y su celo por el culto y la gloria de Dios. David quiso darle al Arca una sede conveniente, proveyó de todo lo necesario para construir el Templo, dio una sólida organización al servicio divino con respecto a los sacerdotes, levitas y ministros de rango inferior. El Primer Libro de las Crónicas resalta esta obra de David: estuvo en contacto continuo con los sumos sacerdotes Abiatar y Sadoc y con los profetas Samuel, Natán y Gad. Consultó al Señor en todas las vicisitudes de su vida y Yahvé siempre le respondió.

El rey David cantando los Salmos. Fresco ortodoxo griego.

El rey David cantando los Salmos. Fresco ortodoxo griego.

Tuvo el don de la inspiración divina para componer el Libro de los Salmos y el diseño del Templo; el mismo Samuel lo exalta como un gran santo y el Espíritu de Dios estuvo con él desde su juventud hasta su muerte y continuó en su descendencia. Caminó en la presencia de Dios con un corazón sincero, fiel, justo y recto, como es mencionado en el Segundo Libro de las Crónicas y en el Primero de los Reyes, los cuales, refiriéndose a Dios lo denominan como “el Dios de David”. Fue realmente un modelo para los futuros reyes de Judá. Y además, se puede decir también que fue un profeta porque algunos de sus salmos son ciertamente mesiánicos.

Flavio Josefo hizo un elogio muy noble sobre el rey David, ofreciendo además algunas noticias sobre su sepulcro (Antiq., VII, 12, 2). Estas noticias fueron precedidas por varias leyendas que decían que Salomón había escondido un tesoro de incalculable valor, que había sido saqueado por Juan Ircano, quién sustrajo tres mil talentos de plata. Este saqueo, posteriormente fue repetido también por Herodes el Grande, que se encontró oro en abundancia. Sin embargo, también se dice que Herodes, queriendo hacer un exacto reconocimiento de los huesos de David y de Salomón, tuvo que desistir porque dos de sus sirvientes que estaban sobre la tumba, fueron devorados por unas llamas misteriosas que salieron del sepulcro. Herodes, para reparar la ofensa, erigió en la entrada un monumento de mármol blanco, que es mencionado también por el historiador Nicolás de Damasco. Flavio Josefo atribuye las desgracias que abatieron a la familia de Herodes, a la violación del sepulcro de David.

Dos son las tradiciones existentes sobre el presunto sepulcro de David: una lo coloca en Belén y la otra, que es más creíble, lo sitúa en Jerusalén, pero en el Monte Sión y no en el Cenáculo. En tiempos de Cristo, este sepulcro era muy conocido, pero fue destruido por Adriano en el año 133. Actualmente hay un cenotafio en el lugar del Cenáculo.

Presunto sepulcro del rey David en Monte Sión, Jerusalén (Israel).

Presunto sepulcro del rey David en Monte Sión, Jerusalén (Israel).

El Martirologio Romano lo conmemora el día 29 de diciembre: “Hierosolymis Sancti David regis et prophetae” (En Jerusalén, San David rey y profeta). Los griegos lo conmemoran, junto con San José y San Jacobo el hermano del Señor, el domingo después de la Navidad; los armenios lo hacen el 14 de khalots (22 de diciembre); los coptos, el 23 de khoiak (9 de diciembre) y los melquitas, el 2 de diciembre. Los hebreos festejan su nacimiento y su muerte el segundo día de Pentecostés. Es el santo patrono de los poetas y de los músicos.

Homilía de San Nicolás Velimirovich sobre el arrepentimiento del rey David
“Y David dijo a Natán:” He pecado contra el Señor” (II Samuel 12:13). “Mis lágrimas son mi pan de día y de noche” (Salmo 42:3).
El rey David pecó en contra de Dios y se arrepintió, y Dios lo perdonó. El pecado del rey era grande, pero más grande aún fue su arrepentimiento. Era culpable ante Dios de dos graves pecados: el adulterio y el asesinato. Pero cuando Natán, el profeta de Dios le denunció, él lanzó un grito de angustia: “¡He pecado contra el Señor!” Así confesó su pecado y se arrepintió amargamente. Desconsolado, oró a Dios, con llanto y con ayuno, tirado en el suelo y soportando dócilmente los terribles golpes que Dios envió sobre él, su casa y su pueblo a causa de sus pecados.

En sus salmos penitenciales, dice: “Yo soy un gusano, no un hombre” (Salmo 22:6), “Por la voz de mi gemido mis huesos se aferran a mi carne” (Salmo 102:5), “Yo he comido ceniza como pan y mi bebida mezclada con lágrimas” (Salmo 102:7, 9), “Mis rodillas están debilitadas por el ayuno” (Salmo 109:24).
Aquí está el verdadero arrepentimiento, aquí está un verdadero penitente. No se endurece en el pecado ni tampoco cae en la desesperación pero, con la esperanza en la misericordia de Dios, se arrepintió sin cesar. Y Dios, que ama al penitente, mostró misericordia con este modelo de penitencia. Dios lo perdonó y glorificó por encima de todos los reyes de Israel, y le dio la gran gracia de componer las oraciones penitenciales más bellas y profetizar la venida al mundo del Santísimo Salvador, el cual, sería de su descendencia.

Escultura contemporánea del rey David en Monte Sión, Jerusalén (Israel).

Escultura contemporánea del rey David en Monte Sión, Jerusalén (Israel).

Hermanos, ¿verdad que es maravillosa la misericordia de Dios para con los penitentes? Tanta misericordia tenía Dios en este arrepentido David que Él no se avergonzó de tomar sobre sí la carne de la semilla de David. Bienaventurados los que no se endurece en el pecado y que no caen en la desesperación a causa del pecado. El arrepentimiento salva del mal, tanto a unos como a otros. ¡Oh Señor misericordioso!, ablanda nuestros corazones con lágrimas de arrepentimiento. A ti sea la gloria y la alabanza por siempre. Amén”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– AMSLER, S., “David, Roi et Messie”, Neuchâtel, 1963
“Biblia de Jerusalén”, Imprenta Elespuru Hermanos, S.A., Bilbao, 1967
– MARIANI, B. “Bibliotheca sanctorum” vol. IV, Città N. Editrice, Roma, 1987
– RICCIOTTI, G., “Storia d’Israele”, Torino, 1932

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

11 pensamientos en “Santo Rey David (II)

  1. Otro aspecto admirable que la biblia ha exaltado en este personaje fue su don artístico, ese mismo que le valió el acceso a la cámara del rey Saúl para tranquilizarlo durante sus episodios psicóticos con ayuda de su arpa y su voz. Por fuera interpretando canciones y por dentro esperando pacientemente para llevar a cabo sus planes de conquista por orden de Dios.

    Siendo justo con los redactores de las crónicas, incluir que David cayó y pecó de adulterio con la mujer de su más cercano colaborador lo muestra como lo que fue: un hombre como todos -por mucho contacto que mantuviera con Dios, este no lo transformó en un ser inmaculado-, capaz de las más grandes hazañas y de las peores bajezas. Me sorprende que el profeta Natán no hiciera público el hecho, después de todo la Ley era para todos y el rey no estaba exento y era tan culpable como Betsabé de su acto. Me parece algo arbitrario que la ley para el pueblo sea una cosa y para el rey otra, por mucho arrepentimiento que este mostrara al final, que es loable. Si no supiera que Dios no puede desear la muerte de un inocente en el vientre de su madre diría que ese dios es un bárbaro cruel al castigar en los hijos el pecado de sus padres, pero no hace falta: en la antigüedad la mortandad infantil era tremendamente común, por eso las familias eran numerosas. Para la humanidad bastante primitiva era -es aún- común ver en los desastres naturales la mano de una divinidad enfadada, y la manifestación más concreta de su ira es la peste que diezma poblaciones en tiempo récord, todo a consecuencia de las deficientes condiciones sanitarias e higiénicas. Los cronistas pudieron haber editado todo esto y presentarnos un David dechado de virtudes, pero el Espíritu les inspiró a decir la verdad.

    No me sorprende que en su propia casa se gestara la rebelión, tomando en cuenta que los hijos de las esposas y concubinas tendrían pocas posibilidades de ascender al trono u heredar a lo grande ante la presencia de un primogénito de sangre o por aclamación popular, lo que al final favoreció a Salomón por encima de sus medio hermanos. Tal vez David sí perdono a sus conspiradores, pero al morir ya no había más garantía para estos de supervivencia y el rey Salomón se desharía de éstos, incluso si se refugiaban en el santuario como Joab el ex comandante en jefe.

    Lo rescatable de David, como bien mencionas, es el ejemplo que nos da de confianza en Dios pese a estar hundidos en el pecado y a nada de la desesperación. Esa confianza en Dios y su actuar fueron sus tablas de salvación, aunque no por eso debería considerarsele santo. Autor de los salmos, de algunos que no de todos. Es como atribuir los proverbios, el sensual cantar de los cantares y otros a Salomón, sólo es simbólico.

    • Alejandro,
      Comparto lo que manifiestas en tu comentario y quisiera recalcar solamente el hecho de que Dios no puede castigar en los hijos los pecados que cometan sus padres. Y eso lo creo así, por mucho que en algún pasaje de la Biblia se diga lo contrario.

  2. Yo quisiera comentar un poco el tema del adulterio con Betsabé, partiendo por delante la idea de que David se arrepintió ejemplarmente y que por tanto, se redimió a sí mismo.

    Pero partiendo desde el punto en que David comete el adulterio, siempre me ha inspirado lástima la figura de Betsabé, como mujer que soy. La Biblia no es nada benévola con las mujeres, lo que no es de extrañas puesto que es el escrito de una cultura y una religión absolutamente patriarcales. Se canta mucho el arrepentimiento del rey David, pero el destino de la desdichada Betsabé también debería mover a lástima. Ni él ni ella tenían la culpa de que él la viese bañándose, pero la actitud del rey, despótica y desconsiderada hacia ella y hacia su marido (por otra parte, típica actitud de reyes y nobles, que querían conseguir lo que veían con sólo chasquear los dedos) me mueven a indignación. Podría haberse contentado con espiarla, pero no, la desea, manda que se la traigan, la mancilla con el adulterio -no sé si calificar eso de “violación”, está claro que ella no fue de buen grado, pero tampoco se opuso porque era el rey- y luego, satisfecho, la manda de vuelta a su casa. Pero aún no contento, se las apaña para matar a Urías que era su fiel servidor, y se queda con su viuda. ¡Bravo! Yo a ese tipo de hombre lo califico con un apelativo muy concreto que no repetiré aquí. Y se habla del honor de Urías, que sí, fue humillado y asesinado, pero más humillada que Betsabé… pero claro, las mujeres son simples objetos de comprar, vender o robar en este tipo de relatos.

    Me pregunto si en su ejemplar arrepentimiento también pediría perdón a Betsabé, y no sólo a Dios. En cualquier caso, coincido en que su arrepentimiento le redimió y son conmovedoras las expresiones de miseria y autohumillación que se dirige a sí mismo en los Salmos.

    Con todo, como bien dices en el artículo, bien se podría considerar el adulterio como un crimen menor comparado con los innumerables crímenes de guerra y acción despóticas y de abuso de poder; pero claro, estamos en otros tiempos y la idiosincrasia de la época justificaba actuaciones que hoy día son injustificables. Pero mientras me lamento de la suerte de la infortunada Betsabé, robada, mancillada, enviudada y luego despreciada, me alegro de que ciertas acciones sigan siendo detestables hoy como en el pasado. Especialmente -y esto es lo más importante- porque durante la Historia, el adultero femenino ha sido no severa, sino severísimamente castigado, mientras que el adulterio masculino estaba asumido y hasta bien visto. El ejemplo del rey David debiera haberles recordado a todos esos hipócritas que eso no es así.

    • ¿Qué quieres que te comente? Que por desgracia, desde siempre y aun hoy en pleno siglo XXI, en caso de adulterio y aun de violación, la mujer siempre lleva las de perder. No solo soportando la vejación que el adulterio forzado o violación le haya supuesto, sino aceptando incluso a un hijo no deseado ni buscado y lo que es aun más grave, siendo castigada ella si no se somete a lo que con posterioridad quiera el violador.
      En nuestra sociedad no se llega a las aberraciones a las que se someten a mujeres, que son castigadas aun con la muerte si no aceptan casarse con su violador, pero sin embargo nos empeñamos en mantener leyes discriminatorias o, si tenemos algunas leyes más permisivas y comprensivas con las mujeres, forzamos a que esas leyes sean cambiadas. Creo que sabes por donde voy. Sencillamente, aberrante.
      Dicho todo esto y lamentando que no se fuera tan comprensivo con ella como se fue con él, tengo que reconocer que su arrepentimiento fue sincero y queda suficientemente demostrado si se lee atentamente el salmo Miserere.

      • Concuerdo con ambos, Betsabé fue utilizada como un objeto de deseo de un rey que no se contentó con quitarle el trono al legítimo monarca, sino la mujer a su más cercano colaborador y éste nunca se enteró de las maquinaciones de ambos, lo que lo haría ver como un idiota ante sus pares machos y machistas. Por ahí he leído comentarios sobre el motivo por el cual Betsabé se bañó fuera de casa -ya le echan en primer lugar la culpa- y David entonces pudo hacerla de vouyerista… Tal vez no en nuestra sociedad y ni así, cuando leemos en las noticias que una mujer fue mutilada de su nariz y ojeras por desobedecer a su marido impuesto, quemada viva, apedreada por habérsele levantado la burka, golpeada por el hombre con quien vive y luego éste la viola… en fin, no alargo más. Yo no sé si el hombre pidió perdón a Betsabé -ahora ya esposa principal-, quizás sí y eso diría que la penitencia lo transformó, pero nada dice al respecto la escritura.

        • Bueno, lo cierto es que no se sabe en qué circunstancias se estaba bañando Betsabé. Los pintores la pintan bañándose en el bosque, en el patio de su casa o hasta en la azotea; así como pintaron el célebre motivo de Susana y los viejos -otro temita bíblico que daría que hablar, pero no aquí ni ahora-. Existe la posibilidad de que lo que estuviera haciendo ella fuese el baño ritual purificador que cada mujer hebrea estaba obligada a hacer tras su período menstrual; que tenía lugar en espacios más reservados y siempre atendida por mujeres. No sabemos ni cómo ni por qué David llegó a verla; pero sinceramente, no me imagino a una esposa hebrea de alta alcurnia bañándose descocada en cualquier parte como si fuese la diosa Diana.

          Culpar a una mujer del deseo que despierta en un hombre me parece algo incalificable, y lo más repulsivo es que algunos indeseables siguen usando ese argumento para justificar abusos y violaciones. Sin comentarios.

          Por último, insistir en que al menos David afrontó sus actos y se arrepintió hondamente. Está redimido. No puedo decir eso de muchos otros matarifes y violadores, míticos o históricos.

  3. Gracias Antonio. Hace tiempo recuerdo haber visto una película de estas de sesión de tarde que no me pareció de demasiada calidad a pesar de estar interpretada en el papel de David por Gregory Peck. En ella se describía cómo David había mandado a una batalla al marido de Betsabé con la certeza de que allí moriría. Su título era “David y Betsabé”. Cosas de la cinematografía.

    • Yo no he visto esa película, no la conozco, pero que díficil es ver una película que trate de historia y solo se ciña a los hechos. Siempre están contaminadas por las ocurrencias del guionista.

  4. Toño, ¿Qué puedo agregar que no haya sido puesto en las intervenciones de nuestros hermanos? Solo puedo agregar desde mi experiencia, que es el primer santo del Antiguo Testamento cuya vida leo en esta página web. HAs desarrollado su historia y su figura como lo que realmente es. un ser humano que a pesar de sus pecados supo responder a Yavé y que supo alcanzar metas de santidad. Sin meterme en arqueología o estudios biblicos, su imagen para mi sera la de un heroe del pueblo de Dios. Los salmos a él atribuidos, sobre todo el 50, llamado MIserere, evocan los sentimientos y aspiraciones de la humanidad para con Dios.
    Como anécdota te refiero que en México se tiene la costumbre de cantar en cada cumnpleaños al festejado una canción que se llaman las Mañanitas (algo semejante al Happy Birthday tu you). Hay dos versiones las populares y las tapatías. Pues bien, en el primer caso comienzan así: “Estas son las mañanitas, que cantaba el Rey David, hoy por ser día de tu santo, te las cantamos a ti”.
    Saludos.

    • Las mañanitas también se cantan por estas tierras, Humberto.
      En este blog ya hemos publicado artículos sobre Abrahám, Adán y no recuerdo si sobre algún otro personaje más del Antiguo Testamento y el mes que viene, publicamos dos sobre Moisés.

  5. No sé si habéis oido hablar del Código Bíblico, en el que hay profecías. Pues para David estaba previsto, que iba a ser la música en forma humana. Esa profecía se ha cumplido. Además, él protege a los músicos y cantantes y ahora tiene su propio reino; el Mundo de la Música. Por eso digo que una vida sin David no es vida, porque sin música nos aburrimos. Con el mp3 me acompaña David donde quiera que vaya.

    Un saludo para todos.

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