Santos Héspero, Zoe, Ciríaco y Teódulo, mártires de Atalia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Representación de los mártires de Atalia en un calendario ortodoxo para el Prólogo de Ochrid.

Representación de los mártires de Atalia en un calendario ortodoxo para el Prólogo de Ochrid.

Los sinaxarios bizantinos conmemoran hoy, día 2 de mayo, el martirio de cuatro cristianos de una misma familia. Una passio griega, inédita, pero cuya traducción latina fue publicada por D. Papebroeck en las Acta Sanctorum hace saber que los esposos Héspero (o Hesperio) y Zoe; y sus hijos, Ciríaco y Teódulo, eran cristianos de origen italiano y de condición servil (es decir, que eran esclavos), y fueron comprados por un rico habitante de Atalia, en Panfilia (Asia Menor), llamado Catulo, romano de origen y pagano de religión. Hesperio y Zoe habían sido fieles cristianos desde su niñez y como tales habían educado a sus dos hijos.

En una ocasión, Catulo envió a Héspero a la ciudad de Tritonia con el objetivo de resolverle algún negocio. Aprovechando la ausencia del padre, Ciríaco y Teódulo se dirigieron a su madre y le pidieron su bendición para poder escapar, pues estaban hartos de tener que tratar con paganos y cansados de soportar al amo. Zoe, que era una mujer sensata, no les dio la bendición para tal cosa. Viendo que la madre no aprobaba la huida, los dos hermanos cambiaron de táctica y solicitaron que, al menos, les diera la bendición y permiso para revelar a su amo que eran cristianos. Esto sí que les fue concedido. Así pues, Ciríaco y Teódulo se dirigieron a su amo y se confesaron cristianos, esperando algún severo castigo y, quizá, la gloria del martirio. Aunque Catulo quedó sorprendido con la revelación, por el momento no los hizo castigar, sino que los mandó, junto a su madre, donde estaba Héspero, en Tritonia. Allí, durante algún tiempo, la familia vivió en paz y armonía, pero interiormente estaban preparándose para el martirio.

La ocasión llegó cuando al amo, Catulo, le nació un hijo varón. Esto fue de gran alegría para él, de modo que ofreció un gran sacrificio a la diosa Fortuna, a la que obsequió con ofrendas de vino y alimentos. Después de estas primicias ofrecidas a la diosa, se hizo un gran banquete con las ofrendas y, tal y como era costumbre, las sobras del banquete fueron ofrecidas a los esclavos, que estaban contentos de poder consumirlas. Todos, menos la familia cristiana de Héspero y Zoe, que se negaron a comer la comida porque ésta había sido previamente ofrecida a una diosa pagana; y por tanto, la consideraban impura. Tanto, que incluso la misma Zoe se encargó de derramar el vino por el suelo y de arrojar los pedazos de carne a los perros de la casa.

Icono ortodoxo griego de Santa Zoe, mártir de Atalia.

Icono ortodoxo griego de Santa Zoe, mártir de Atalia.

Esto fue considerado un gran insulto por parte de Catulo, primero, como sacrilegio a la divinidad -por despreciar las ofrendas realizadas a la Fortuna- y segundo; porque entre las obligaciones de un esclavo estaba el asistir y participar de los banquetes y ofrendas de su amo, así como consumir sus sobras. Molesto por el ultraje y la desobediencia, Catulo mandó llamar a los cuatro y, en presencia de sus padres, Ciríaco y Teódulo fueron torturados.

Los dos muchachos fueron desnudados, colgados de un árbol y sus cuerpos desgarrados con instrumentos de hierro. Mientras veían esto, los padres animaban a sus hijos a perseverar en la confesión de Cristo hasta el final.

Catulo entonces ordenó que tanto Héspero como Zoe sufrieran la misma tortura, pero como no consiguió nada con ello, ordenó que los cuatro fueran arrojados a un horno encendido, donde perecieron abrasados por las llamas. El relato martirial adorna la muerte de los mártires añadiendo que las llamas no consumieron los cuerpos y que durante el tiempo en que ardieron se oía un cántico angelical de bienvenida para los nuevos mártires en el cielo.

Quizá lo más interesante del presente relato sea el contraste de la obediencia-desobediencia de los esclavos a su amo. En tanto que esclavos, son cumplidores de las órdenes de su amo, obedientes y sometidos a su condición: Héspero marcha a Tritonia en cuanto se le ordena, Zoe se niega a bendecir la huida de sus hijos, sabiendo que las penas como castigo al esclavo prófugo eran durísimas, desde el azotamiento, hasta la crucifixión, y que el mismo hecho de huir era una acción reprobable. Pero en tanto que cristianos, se niegan a consumir el alimento ofrecido a una diosa pagana y lo arrojan por el suelo, cometiendo sacrilegio porque se sienten moralmente incapaces de participar en un sacrificio pagano, aunque sea comiendo los restos de las ofrendas. Esto revela un gran sentido de la coherencia y la sensatez de estos cristianos.

Icono ortodoxo griego de Santa Zoe, mártir de Atalia.

Icono ortodoxo griego de Santa Zoe, mártir de Atalia.

También en el Martirologio Romano se hace memoria de estos mártires de Atalia el día 2 de mayo, pero a Héspero le llaman Exuperio, diciendo además que el martirio habría ocurrido en tiempos del emperador Adriano (117-138).

En Constantinopla eran muy celebrados en dos iglesias a ellos dedicadas y donde presuntamente se venerarían sus reliquias, que actualmente no se conservan. No se sabe nada más de ellos pero, a juzgar por el relato, nada hace dudar de su existencia histórica ni de la autenticidad de su martirio.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

10 pensamientos en “Santos Héspero, Zoe, Ciríaco y Teódulo, mártires de Atalia

  1. Cuando leí el motivo por el cual esta familia fue brutalizada, me acordé del pasaje de Pablo en su “primera” carta a los corintios 10, 23-33 donde menciona las objeciones que ciertos escrupulosos tenían con aquellos cristianos que participaban en los banquetes dedicados a deidades paganas. Parece que el apóstol da margen de acción y después pone límites -¿quién lo entiende?-. Ya con el tiempo aquella conducta se volvió más intransigente y se hizo razón para considerar a esos cristianos como apóstatas. Como esclavos estaban obligados a obedecer bajo pena de tortura o muerte, pero como cristianos se ampararon en la libertad de la gracia y pagaron muy caro, logrando así el martirio. Y no sólo los hubiese considerado apóstatas, sino herejes como nicolaitas u otros sectarios acusados por la emergente iglesia jerárquica; a veces no sin razón, otras por no obedecer a los jerarcas.

    • Bueno, creo que San Pablo habló claro: dijo a los cristianos esclavos que en todo debían obedecer a sus amos, salvo en aquelo que implicara ser desleal a la fe cristiana. Lo que esta familia cumplió perfectamente, especialmente la madre, que no permitió a sus hijos escapar. Fueron fieles y coherentes en todo lo que se les había enseñado, en mi humilde opinión.

  2. Es sorprendente como de unos santos que, aunque son históricos, se sabe tan poco de ellos, hayas podido hacer un artículo en el que sobre todo destacas lo que para mi es lo más importante: ellos tenían claro que, como esclavos, tenían que obedecer a sus amos pero que cuando estas órdenes iban en contra de lo que les dictaba su fe, Dios estaba por encima de todo.
    “Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Quién tenga la mente enrevesada le buscará cinco pies al gato, pero el evangelio lo dice clarísimo y así lo entendía el Serafín de Asís cuando, refiriéndose a lo dictaminado por Cristo en los evangelios decía que: “a la letra y sin glosa”.
    También lo tuvo claro Tomás Moro, quién al terminar su alegato después de conocer su sentencia de muerte, decía: “muero como siervo fiel al rey, pero sobre todo, como siervo fiel a Dios”.
    Muchas gracias, Ana Maria, por este buen artículo.

    • Gracias, amigo. Es cierto que se sabe poquísimo de ellos, esto y nada más, pero el relato es perfectamente creíble, ya que muchos esclavos cristianos debieron pasar por este conflicto interior. No son los únicos martirizados por no participar del banquete de una ofrenda a un dios pagano; me consta que entre los mártires de Aquileya se enjuiciaba a más de uno por no haber querido tomar la carne ofrecida a los dioses. Esto me recuerda, indirectamente, a esa madre y sus siete hijos mencionados en el Libro de los Macabeos (de quienes espero poder hablar un día también) que fueron torturados y ejecutados por no querer comer carne de cerdo; prohibida por la Torá. Y aún tengo otro ejemplo más: entre los mártires escilitanos, de quienes hablaste hace tiempo, destaca Santa Donata, quien dijo a su juez: “Damos al César el honor que se le debe, pero sólo tememos a Dios.”

  3. Opino que cristianso como estos mártires son los que han dado base a la Iglesia actual. Es una verdadera pena que tanto sacrificio hoy no nos sea significativo. Los cristianos de hoy somos muy comodines, nos gusta al vida facil, sin compromiso y no conocemos bien y menos la vivimos a nuestra fe. Qué bueno que hayas sacado a la luz las vidas de estos santos, cuyo ejemplo es luz perenne par los seguidores de Cristro en este Siglo XXI.

    • En realidad, estoy convencida de que incluso en esos tiempos habría cristianos que beberían el vino y comerían la carne sin importarles si habían sido ofrecidos a la diosa Fortuna o a Perico de los Palotes, con perdón por la expresión. La prueba es que había muchos lapsi, como San Cipriano nos atestigua, que para escapar del tormento y de la muerte sacrificaron, comieron lo sacrificado e hicieron lo que se les pedía, para sobrevivir. Y gracias a que muchos sobrevivieron entonces, hoy existe el cristianismo, ya que si todos, todos todos, hubiesen sido mártires, la fe se habría extinguido. Hubo que huir, hubo que esconderse, y por desgracia, hubo que sacrificar, para poder sobrevivir. Yo no les culpo. No todos estamos llamados a ser mártires, el martirio es algo horrible, y lo mejor para todos es que no haya más mártires ni se derrame ni una gota de sangre más, Dios quiera en que algún día vivamos en un mundo así.

      Por supuesto, nada de esto quita el menor mérito a los mártires y a los que sí dieron ejemplo de valor y fortaleza en la adversidad. Es cierto que son, o que deberían ser, como fueron antaño, inspiración de los cristianos actuales, aunque no necesariamente para martirio. Hoy en día necesitamos gente de fe que se entregue al prójimo, más que mártires que se entreguen al verdugo, pero sus virtudes son atemporales.

  4. Gracias por el articulo Ana Maria,te parecera mentira,pero no conocia a esta familia santa.
    Me suenan algunas Santa Zoe,pero claro esta,ninguna es la de esta familia,dado que su festividad los conmemora a todos juntos.
    Leyendo algunos comentarios anteriores a mi me parecen dar a entender que estan de acuerdo en que esta familia cristiana cumpliera con su cometido como esclavos,el sevir a sus amos,no escaparse,no se….una impresion como si fuera lo que les tocaba vivir y asumir,sin posibilidad de otra cosa,salvo vivir su fe.

    • Es que no les quedaba otra, Abel. Desobedecer a los amos o intentar escapar se pagaba con la tortura o la muerte por crucifixión. Por supuesto que nos parece una aberración, pero estamos en la Antigüedad romana, en una sociedad de base esclavista. Era lo que había, y si hasta San Pablo les recomendaba obediencia, era porque no se concebía ni esperaba otra cosa de ellos.

    • La Santa Zoe a la que tú haces referencia es una mártir romana asociada a San Sebastián, de la que quizá hable un día. Nuestra mártir de hoy es una madre esclava en Asia Menor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CAPTCHA

*