Santa Ferbuta (Tárbula) y compañeras, mártires en Persia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle de la Santa en un calendario ortodoxo para el Prólogo de Ochrid.

Detalle de la Santa en un calendario ortodoxo para el Prólogo de Ochrid.

Pregunta: ¿Qué me podrían decir de Santa Ferbuta, mártir en Persia? Lo único que sale es que murió en la persecución de Sapor ll, rey de Persia. Gracias.

Respuesta: La Santa por la que me preguntas aparece en muchos martirologios, tanto orientales como occidentales, con diversos nombres, todos bastante raros para nuestros oídos debido a su origen persa: Pherbutha, Thermutha, Thermo, Derphuta, Tarbula y Tharbo. Esta última variante es la más próxima a su nombre original persa. La fuente principal sobre su vida es la “Historia Eclesiástica” de Sozomeno, a la cual posteriores comentaristas le han añadido algunas imprecisiones.

Este relato nos sitúa algo lejos de la Roma imperial y del contexto de las persecuciones. Ferbuta era hermana de San Simeón Bar-Sabbâ’è, obispo de Seleucia-Ctesifonte, uno de los mártires más ilustres en tiempos de Sapor II, quien probablemente lo mató el 17 de abril del año 341. Sozomeno dice que Ferbuta era una virgen consagrada a Dios, pero algunas fuentes siríacas dicen que era viuda, aunque igualmente decidida a observar perfecta castidad en su viudedad, junto con dos compañeras: su hermana Mekadostâ y una esclava, las cuales fueron también martirizadas con ella.

Ambas hermanas, acompañadas de sus propias esclavas, servían en el harén de la reina persa. Ferbuta se distinguía por su luminosa belleza, y la reina, que le había cogido cariño, le aconsejó que se casara para ganar alta posición y no tuviese que vivir como una de sus esclavas. Ella declaró que era cristiana y que había hecho voto de virginidad -o de castidad, en el caso de que ya fuese viuda- para ser esposa de Cristo, por lo que no podía casarse. Por aquel entonces, la reina cayó enferma, y el rey Sapor hizo venir unos médicos judíos para que la curaran. Cuando vinieron a examinarla, quedaron deslumbrados por la gracia de Ferbuta, que estaba junto a ella. Uno de ellos la pidió en matrimonio, mas ella lo rechazó por las razones ya expuestas.

El médico, despechado, quiso vengarse, y yendo ante Sapor, le dijo que la enfermedad de la reina se debía a que sus esclavas más cercanas le habían administrado un veneno. Inmediatamente Ferbuta, su hermana y su esclava fueron arrestadas y llevadas ante el rey, con la acusación de haber envenenado a la reina para vengarse de la muerte de su hermano Simeón. Esta acusación pareció verosímil en tanto en cuanto provenía de un ambiente judío cercano a la reina.

Ella declaró sin miedo alguno, llena de compostura, que era inocente del crimen que se les imputaba y que si las hacían matar, sería injustamente, pero que ellas aceptarían su destino. Sus palabras fueron desdeñadas, y fueron a la cárcel, donde esperaron su sentencia.

Aquella noche Ferbuta recibió la visita de un esclavo de su juez, Mauptis, quien le reveló que su señor estaba enamorado de ella desde que había visto su hermosura en el tribunal; y que le enviaba para decirle que, si aceptaba ser su esposa, haría que la liberaran a ella y a sus compañeras. No sería el último chantaje que le harían: durante días, Ferbuta recibió muchas visitas de esclavos de pretendientes suyos, que le ofrecerían la libertad a cambio del matrimonio. Huelga decir que la joven los despidió a todos con una negativa, dispuesta, con gran dignidad, a perder la vida antes que venderse.

Martirio de la Santa en presencia de sus dos compañeras. Grabado de 1830 para una edición del Libro de los Mártires de John Foxe.

Martirio de la Santa en presencia de sus dos compañeras. Grabado de 1830 para una edición del Libro de los Mártires de John Foxe.

Fueron sentenciadas a muerte por traición y la forma de ejecución era ciertamente espantosa, pues se dispuso que fueran troceadas con una sierra. Este macabro proceder había sido aconsejado por los médicos, que luego tomaron los miembros cortados de Ferbuta y colocaron tres en un lado y tres en otro, e hicieron caminar a la reina entre ellos, asegurándole que así sanaría de su enfermedad, purgando el supuesto veneno que la cristiana le había suministrado. A continuación, los restos troceados de las ajusticiadas fueron arrojados a un pozo, de donde fueron recuperados por la comunidad cristiana, cosidos y sepultados.

Sozomeno dice que fueron martirizadas el 9 de abril del 342, o sea, exactamente un año después que lo fuera su hermano Simeón. En cuanto a la localidad donde fueron martirizadas, exactamente no lo precisa; sólo dice Persia, pero bien podría ser la propia Seleucia porque en dicha ciudad, con cierta periodicidad, residía el rey.

Los martirologios recuerdan a estas tres santas en diversos días: los griegos lo hacen el 19 de marzo y el 4, 5 y 6 de abril; los sirios, el 5 de mayo y el 19 de abril. El Martirologio Romano lo hace el 22 de abril (como Tarbula) y el 20 de marzo (como Derphuta).

El relato del martirio de Ferbuta, su hermana Mekadosta y la esclava de ambas es ciertamente estremecedor, y presenta algunas inconsistencias, pero no en el género de muerte ni en el ritual de sangre posterior, que está documentado en la antigua Persia. Se sabe que era tradición descuartizar un animal vivo -a menudo, un perro- y colocar los pedazos colgados entre dos árboles, bajo los cuales debía pasar un ejército recién llegado de la batalla. Se creía que, al salpicarse con la sangre del perro sacrificado, los soldados se purificaban automáticamente de las muertes que habían causado en el combate y podían entrar limpios -espiritualmente hablando- en la ciudad y en sus hogares. Rituales de sangre como éste eran muy habituales en el mundo antiguo y especialmente en Oriente -la sangre lavada con sangre- por lo que es perfectamente creíble que se recomendara a la reina salpicarse con la sangre, o al menos caminar entre los restos de aquellas que habían sido acusadas de su envenenamiento, para purgar dicho mal. Por lo que estos atroces detalles son, por desgracia, perfectamente verosímiles.

Martirio de Santa Tárbula y compañeras. Grabado de Adriaen Collaert (1608) para Triumphus Jesu Christi Crucifixi, del P. Bartolomeo Ricci SJ. Kirishitan Bunko, Sophia University, Tokyo, Japón.

Martirio de Santa Tárbula y compañeras. Grabado de Adriaen Collaert (1608) para Triumphus Jesu Christi Crucifixi, del P. Bartolomeo Ricci SJ. Kirishitan Bunko, Sophia University, Tokyo, Japón.

Lo que no es tan verosímil es la venganza del médico judío al verse rechazado por una hermosa cristiana; semejante detalle tiene todo el aspecto de un cuento manchado por el antisemitismo. Y, no contentos con ello, también todos los jueces se enamoran de ella y hay un desfile de pretendientes por la prisión para salvar a la cristiana con el matrimonio. Incluso aceptando que Ferbuta fuera más hermosa que la mismísima Helena de Troya, lo cierto es que si se la acusaba de envenenamiento real, lo que implica regicidio y por tanto alta traición, no había posibilidad de salvarla y menos con algo tan fácil como aceptar un matrimonio.

Por lo demás, creo que te he dicho cuanto podía de esta Santa. No se sabe más de ella, así como tampoco de sus reliquias, que debieron perderse. Aunque es conocida tanto en la Iglesia Católica como Ortodoxa, parece ser más conocida y venerada por ésta última. Es una de las diversas mártires persas que sufrieron martirio por su fe bajo una jurisdicción distinta a la habitual, la romana imperial. Espero haberte ayudado y con el tiempo, seguir hablando de alguna más.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La tumba de San Pedro

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle de San Pedro apóstol en un fresco paleocristiano de las catacumbas de Domitila, Roma (Italia).

Detalle de San Pedro apóstol en un fresco paleocristiano de las catacumbas de Domitila, Roma (Italia).

Según la tradición, Pedro abandonó Jerusalén para unirse al apóstol Pablo en la capital del imperio romano, o sea, en Roma, pero en el Nuevo Testamento no se menciona nunca que Pedro viajara a Roma y si lo hizo, ¿dónde están las pruebas de que San Pedro estuviese allí?

En el año 312 de nuestra era, cuando dos generales de provincia, Constantino y Majencio luchaban para convertirse en emperador, sus ejércitos se encontraron en el puente Milvio, justo en las afueras de Roma. La noche antes de la batalla, Constantino tuvo una visión: una cruz en llamas que ardía en el cielo con las dos primeras letras del nombre de Cristo en griego. Un día después, el ejército de Majencio fue derrotado y como tributo de su victoria, Constantino decidió construir una gran basílica justo en el lugar donde los cristianos creían que el apóstol Pedro estaba enterrado.

Pero esto no fue una tarea fácil puesto que la tumba estaba en la ladera de una colina: la colina Vaticana. San Pedro estaba enterrado en el cementerio que se extendía en el lado sur de la colina y por eso, para construir allí la basílica, Constantino tuvo que cortar literalmente la sima de la colina y trasladar varios miles de toneladas de tierra. Para realizar este trabajo, gastó una enorme cantidad de dinero y realizó un esfuerzo tremendo, que se habría ahorrado si no estaba totalmente seguro de que alguien como Pedro estaba enterrado allí.

Pero la fortaleza de esta tradición cristiana, que ha permanecido durante diecinueve siglos y que decía que Pedro estaba sepultado bajo la basílica, aunque era convincente, no era decisiva. En este blog hemos hablado muchas veces de las catacumbas romanas y es que, en efecto, toda la ciudad de Roma está construida sobre una base de roca volcánica blanda, fácil de excavar, por lo que debajo de las calles de la ciudad se excavaron cientos de catacumbas para construir cementerios subterráneos. Los estrechos túneles y los pasajes de esas catacumbas están repletos de elaborados mausoleos y criptas para los ricos y nichos para los pobres.

Vista del nicho perteneciente a San Pedro apóstol, bajo la colina vaticana, Roma (Italia).

Vista del nicho perteneciente a San Pedro apóstol, bajo la colina vaticana, Roma (Italia).

Las catacumbas suponían una forma muy económica y práctica para enterrar a la gente en un espacio muy reducido, porque si lo pensamos bien, los cementerios ocupan espacios grandes y se necesita mucho dinero para comprar esos terrenos y si, como así sucede en Roma, es posible descender en ellas varios niveles – algunas catacumbas tienen incluso cuatro niveles desde la superficie -, también es factible enterrar a un mayor número de personas que en un cementerio que discurre por la superficie. Pero también sabemos, que esos cementerios subterráneos fueron usados como refugio por los cristianos en tiempos de persecución, como lugares de culto de la nueva religión y como sepultura de los mártires. De muchísimos de estos cuerpos santos extraídos de las catacumbas, también hemos tratado – y seguiremos tratando – aquí.

Bajo el suelo de la iglesia de Santa Domitila, o sea, en sus catacumbas, los arqueólogos hicieron un descubrimiento importante: numerosos frescos del siglo I pintados sobre yeso húmedo. Creyeron que su valor era mucho más que decorativo, pues durante el siglo I, en Roma, había una tradición muy arraigada de hacer retratos post mortem. Muchos romanos querían tener retratos meticulosamente precisos de ellos mismos, para colocarlos en sus tumbas tras su muerte. En esa catacumba se encontró una imagen de Pedro que reproducimos en una de las fotos del artículo y, si nos fijamos en esta imagen de Pedro, lo que apreciamos básicamente es una cara cuadrada, pelo rubio, mandíbula grande y con una frondosa barba. Curiosamente, la misma imagen que encontraremos en todos los iconos de Pedro desde la fecha de este retrato hasta el día de hoy. En opinión de muchos historiadores, hagiógrafos e iconógrafos, esta es la representación real del aspecto de Pedro.

Vista de la inscripción encontrada en el nicho. La escritura sobrepuesta permite leerla: PETROS ENI, en griego, "Pedro está dentro". Necrópolis vaticana, Roma (Italia).

Vista de la inscripción encontrada en el nicho. La escritura sobrepuesta permite leerla: PETROS ENI, en griego, “Pedro está dentro”. Necrópolis vaticana, Roma (Italia).

Una tradición de casi dos mil años de antigüedad y una imagen del siglo I después de Cristo encontrada en las catacumbas de Domitila, afianzaban el hecho de que Pedro hubiera viajado a Roma, pero la prueba más fehaciente estaba por encontrarse, lo que ocurrió bajo la basílica de San Pedro del Vaticano en el siglo pasado. El 28 de junio del año 1939, el recién elegido Papa Pío XII, tuvo el coraje de abrir a la ciencia los subterráneos de la basílica, dando las órdenes oportunas para que se iniciasen los trabajos de excavación. Los trabajos, además de difíciles y delicados, suponían asimismo asumir una responsabilidad importante: los técnicos tenían que ser prudentes, tener un gran espíritu de observación y una capacitación muy específica. Los arqueólogos que excavaban en su subsuelo, hicieron un descubrimiento asombroso: desenterraron una calle subterránea repleta de magníficas tumbas del siglo I, que Constantino había enterrado bajo tierra para formar la base de su basílica; es lo que se ha venido en llamar la necrópolis vaticana.

Entonces, en uno de los lados, los arqueólogos descubrieron una pared y una tumba que estaba directamente bajo el altar de la basílica superior y que tenía todas las características de ser la tumba de Pedro. Descubrieron que la tumba había sido cubierta por los cristianos con monedas que los peregrinos habían depositado durante siglos, encontrándose cerca de mil trescientas monedas sobre dicha tumba y, además de esta tumba y otras circundantes, los arqueólogos encontraron huesos humanos, aunque pertenecían a más de un individuo.

Vista de los huesos del Santo, hallados en la necrópolis vaticana.

Vista de los huesos del Santo, hallados en la necrópolis vaticana.

En 1956, una segunda investigación levantó nuevas esperanzas de que ésta fuera realmente la tumba de Pedro. Encargaron a una epigrafista romana, catedrática de epigrafía griega de la Universidad de Roma, llamada Margherita Guarducci, para que intentara analizar y descifrar las inscripciones que los peregrinos cristianos habían dejado sobre la lápida de la tumba de Pedro. Esta científica, publicó en el año 1969 un magnífico libro titulado Pietro ritrovato en el que describe todo su trabajo de investigación. Aconsejo leerlo: está escrito en italiano y publicado por el editor Arnoldo Mondadori.

En cuanto comenzó el estudio de las mismas, se percató de que había un pequeño nicho (loculus) que se había excavado en el lado norte de una pared en la que aparecían varios graffiti y preguntó a los trabajadores del Vaticano qué había habido originariamente en ese nicho. Los trabajadores, que habían retirado sin el consentimiento de los arqueólogos unos huesos encontrados en ese nicho, respondieron que allí había habido un conjunto de restos óseos, a los que no le dieron importancia y que se hallaron durante una de las excavaciones, los cuales se habían guardado en una pequeña caja de madera con una tapa fijada por un par de clavos, que se encontraba junto con otras, en un almacén bajo la basílica.

Un estudio antropológico realizado por el profesor Venerando Correnti, titular de la cátedra de Antropología de la Universidad de Palermo, reveló que esos huesos, de color claro, casi blanco, databan del siglo I después de Cristo y que pertenecían a un solo individuo. Restos de tierra indicaban que, inicialmente, el difunto había sido enterrado en el suelo y no en una tumba y se trataba de los restos de un solo individuo de sexo masculino, de constitución robusta y de unos sesenta o setenta años, edad que encaja perfectamente con la edad de Pedro al sufrir el martirio en tiempos de Nerón. En la pequeña cajita de madera de 35 x 26 x 10 centímetros, había pequeños fragmentos del cráneo, de la mandíbula, un diente, fragmento de costillas y de vértebras, la mano izquierda casi entera y fragmentos de la pelvis y otros huesos.

Otro detalle de los huesos del Santo hallados en la necrópolis vaticana.

Otro detalle de los huesos del Santo hallados en la necrópolis vaticana.

Pero además, hubo otro descubrimiento que no dejó lugar a dudas acerca de a quién pertenecían esos huesos. Esos huesos habían estado envueltos con una tela de color púrpura y dorada y se habían colocado en ese pequeño nicho recubierto de mármol, lo que sin duda es un símbolo de gran respeto; y en el interior del nicho, sobre los huesos, había una inscripción que contenían dos palabras en griego: Πέτρ(ος) ενι, que significa “Pedro está dentro”.

Fueron encontrados otros vestigios de confirmaban que esos restos eran de San Pedro. Por poner solo un ejemplo de los muchos encontrados, diremos que junto al mausoleo de los Valerios, que era uno de los más grandes de toda la necrópolis vaticana y que fue construido entre los años 161-180, se encontraba otro epígrafe que, descifrado decía: “Pedro, ruega por los santos hombres cristianos que están sepultados junto a tu cuerpo”. Se trataba de una plegaria al apóstol para obtener su intercesión a favor de aquellos hombres piadosos que yacían en dicho mausoleo. Los graffiti y símbolos encontrados en ese mausoleo eran similares a los aparecidos en otras catacumbas romanas junto a los sepulcros de los mártires, como por ejemplo, en las catacumbas de Calixto junto a la llamada Cripta de los Papas o en las catacumbas de Priscila, junto a la cripta del mártir San Crescención.

Una vez finalizados los largos y laboriosos estudios de la profesora Guarducci y del profesor Correnti, solicitaron audiencia al Beato Papa Pablo VI que estaba preparando su viaje a Palestina. Cuenta la profesora que, al decirle al Papa cuáles eran sus conclusiones, “en los ojos del Papa se encendió una luz y, con voz conmocionada, manifestó su alegría y me preguntó si podría darse la noticia”. Ella le dijo que redactaría un minucioso informe acompañado de numerosas fotos y que cuando volviera de su viaje de Palestina, le permitiera examinar el cráneo de San Pedro que se encuentra en la Basílica Lateranense. Se analizó dicho cráneo y también el de San Pablo, realizándose los correspondientes exámenes antropométricos y químicos y una vez finalizados todos los estudios, se dio a conocer la noticia.

Otra vista de los restos del Santo hallados en la necrópolis vaticana.

Otra vista de los restos del Santo hallados en la necrópolis vaticana.

La mañana del 26 de junio de 1968, en la acostumbrada audiencia general de los miércoles, el Papa comunicó al mundo que los huesos de San Pedro habían sido encontrados. Este anuncio servía de conclusión al “Año de la Fe”, año en el cual, según una tradición muy antigua, se conmemoraba el décimo noveno centenario del martirio del apóstol, A la mañana del día siguiente, las reliquias fueron devueltas a su lugar de descanso original bajo el altar situado en el centro de la basílica de San Pedro en el Vaticano. Todos estos hechos sugieren que Pedro estuvo en Roma y que allí está sepultado.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatos Jaime Puig y XIX compañeros mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Composición contemporánea con las fotografías de los Beatos.

Composición contemporánea con las fotografías de los Beatos.

Este grupo de religiosos Hijos de la Sagrada Familia – Congregación fundada por San José Manyanet, del que ya publicamos un artículo en este blog – forman parte de los mártires que serán beatificados el próximo día 13 de octubre en Tarragona. A fin de no hacer demasiado extenso el artículo, voy a reseñar brevemente la biografía de cada uno de los mártires, utilizando información facilitada por la propia Congregación, quién además nos ha autorizado a usarla.

Beato Jaime Puig Mirosa
Nació en Tarrasa (Barcelona), en el año 1908. El día de su bautismo, su abuelo Jaume ofreció una peseta por el bautismo de agua y otra por el bautismo de sangre. Sacerdote y educador, era de trato amable, superior de la comunidad y director del colegio Santa Maria, de Blanes (Gerona). Su fortaleza espiritual, su fina sensibilidad y su alma de artista eran reconocidas especialmente en la música. Con el ex alumno Sebastián Llorens, escondió la imagen de la Virgen del Vilar, patrona de Blanes y los dos fueron asesinados en plena calle hacia el atardecer del 30 de julio de 1936. Sus últimas palabras fueron: “¡Dios mío, Dios mío!”. Fue inhumado en un hoyo del cementerio porque era sacerdote. Hoy sus restos descansan en el “panteón de los mártires” en el santuario de San José Manyanet de Barcelona.

Beato Narciso Sitjá Basté
Nació en Sant Andreu de Palomar (Barcelona), en el año 1867. Fue uno de los primeros religiosos del Instituto, maestro de novicios y consultor general del fundador. Era un educador y un consejero espiritual incomparable. Sobresalió en la práctica de todas las virtudes religiosas, en el ministerio de la predicación, en el confesionario y en la promoción de la devoción a la Sagrada Familia. Además, era poeta y músico. Fue detenido en Barcelona, en casa de sus familiares donde ejercía también el ministerio sacerdotal y de quienes se despidió con estas palabras dirigidas a su cuñada: “¡Marieta, hasta el cielo!”. Fue asesinado en la Riera de Sant Andreu de Palomar, el día 9 de agosto de 1936. Quedó con la mano levantada en un gesto de perdonar a sus verdugos. Fue enterrado en el cementerio de la misma población.

Fotografía del Beato Beato Sebastián Llorens Telarroja.

Fotografía del Beato Beato Sebastián Llorens Telarroja.

Beato Sebastián Llorens Telarroja
Nació en Tordera (Gerona), en el año 1909. Fue ex alumno del colegio de Santa Maria, de Blanes y de los beatos Segismundo Sagalés y Jaime Puig. Era un joven del campo, piadoso y estudioso, congregante de San Luís, afiliado en la “Federació de Joves Cristians de Catalunya” y miembro de la Tercera Orden de San Francisco de Asís. La Eucaristía y la devoción a la Virgen fueron los dos grandes amores que le impulsaron con generosidad y sacrificio a toda clase de buenas obras. Su última empresa, mientras pensaba seriamente en el proyecto de su matrimonio, fue poner a salvo la imagen de la Virgen del Vilar, con riesgo de su vida. La madre del cielo lo asoció al beato Jaime Puig en el martirio, el día 30 de julio de 1936. Sus restos mortales descansan en el nicho familiar del cementerio de Blanes.

Beato Juan Cuscó Oliver
Nació en La Granada del Penedès (Barcelona) en el año 1872. Fue sacerdote, superior de la comunidad y director del colegio de San José en Tremp. Buen confesor de religiosas y director de almas, era también un verdadero maestro en quién resplandecían cualidades excelentes, apreciadas por sus alumnos tanto como por sus familiares. Obligado a abandonar el colegio, fue detenido en Alòs d’Isil al intentar cruzar la frontera para ir a Roma, y conducido a la cárcel de Esterri d’Àneu y a la provincial de Lérida el día 16 de agosto de 1936. Con otros 72 compañeros sacerdotes y religiosos y el beato Pedro Sadurní, atados con cuerdas de dos en dos por los codos y agrupados de cinco en cinco parejas, fueron conducidos en camiones hasta el cementerio y asesinados el día 21 del mismo mes. Con el beato Pedro Sadurní se habían preparado espiritualmente con el sacramento de la reconciliación.

Beato Pedro Sadurní Raventós
Nació en Vilnova i La Geltrú (Barcelona) en el año 1883. Era sacerdote y profesor de ciencias en el colegio de San José de Tremp. Hombre de estudio, estaba dotado de un talento privilegiado y poseía una extensa cultura en todas las ramas del conocimiento humano. Tenía la habilidad de comunicar a los alumnos, junto con los conocimientos científicos, el amor al estudio y el deseo de aprender. Había sido profesor del seminario Sagrada Familia y especialmente, del colegio San Ramón de Peñafort de Vilafranca del Penedès. Acompañando al beato Juan Cuscó, que era su superior con el deseo de llegar a Roma, padeció los mismos sufrimientos que él y los otros 72 compañeros religiosos y sacerdotes. Consciente y preparado para el martirio, fue asesinado en la madrugada del día 21 de agosto de 1936.

Beato Fermín Martorell
Nació en Margalef (Tarragona) en el año 1879. Era sacerdote, vicario y ecónomo de la comunidad y profesor de primaria del colegio San Pedro apóstol de Reus. Austero consigo mismo, sabía respetar y contentar a todos. Tanto en el colegio de Reus como anteriormente, en el de Vilafranca del Penedés, fue muy apreciado por los alumnos gracias a la abnegación y dedicación constantes. Detenido por ser sacerdote el día 27 de julio de 1936, fue conducido al barco-prisión “Río Segre”, anclado en el puerto de Tarragona. Allí se encontró con otros cuatro religiosos de la comunidad. Un mes más tarde, el día 25 de agosto, fue trasladado en camión, atado de pies y manos, juntamente con otros 16 compañeros y asesinado a las diez de la mañana en la “Pujada de Vilardida” (Vila-rodona).

Vista de una pintura contemporánea que representa a los Beatos junto a la Sagrada Familia.

Vista de una pintura contemporánea que representa a los Beatos junto a la Sagrada Familia.

Beato Francisco Llach Candell
Nació en Torelló (Barcelona) en el año 1889. Era el más pequeño de cuatro hermanos del Instituto. Sacerdote, secretario de la comunidad y profesor de ciencias en el colegio de San Pedro apóstol de Reus. Renía una gran inteligencia y preparación para la docencia, destacando por la virtud de la paciencia. Había enseñado también en los colegios de Blanes y Vilafranca del Penedés. Encarcelado con otros religiosos, primero en Reus – en donde organizó unos ejercicios espirituales en preparación para la muerte -el 25 de julio de 1936 fue trasladado al barco-prisión “Cabo Cullera”, anclado en el puerto de Tarragona y, dos días después, al “Río Segre”. Conducido en camión y atado de pies y manos con otros 16 compañeros, fue asesinado en la “Pujada de Vilardida” (Vila-rodona), el día 25 de agosto de 1936.

Beato Eduardo Cabanach Majem
Nació en Bellmunt (Tarragona) en el año 1908. Fue sacerdote y director de la Congregación mariana postescolar del colegio de San Pedro apóstol de Reus. Era ex alumno del colegio San Miguel Arcángel de Molins de Rei. Había prometido vivir y morir en el Instituto, ofreciendo su vida y sus bienes patrimoniales por “las vocaciones nazarenas”. Tres de sus hermanos eran también religiosos, dos de ellos jesuitas. Consiguió llevarse el breviario a la prisión de Reus y a los barcos de Tarragona, donde lo rezaba diariamente. El día 25 de agosto de 1936 fue llevado desde el barco “Río Segre” en camión, atado de pies y manos junto con otros religiosos, siendo asesinado en la “Pujada de Vilardida” (Vila-rodona).

Beato Ramón Cabanach Majem
Nació en Barcelona en el año 1911. Era hermano del beato Eduardo y fue sacerdote y director de la Congregación mariana escolar del colegio San Pedro apóstol de Reus. Era consciente de que “su vocación era buscar y formar vocaciones religiosas y sacerdotales” para el Instituto. Destacó por su amor a la Eucaristía; de hecho, el día 20 de julio de 1936, cuando el colegio ya estaba rodeado de milicianos, revestido de roquete y estola, retiró la reserva del Santísimo y la puso a salvo, pasando sorprendentemente en medio de los milicianos. Encarcelado con los otros religiosos de la comunidad, los animaba con las palabras de Santa Felicidad, la mártir africana: “Mañana no estaremos solos al sufrir, pues Cristo estará con nosotros”. Salió del barco “Río Segre” hasta la “Pujada de Vilardida” (Vila-rodona), donde fue asesinado el día 25 de agosto de 1936.

Beato Juan Franquesa Costa
Nació en Santa Fe (Lérida) en el año 1867. Era sacerdote, poeta y apóstol de la devoción a la Sagrada Familia que propagó con todos los medios a su alcance, tanto en el confesionario, como en el púlpito y en la prensa. San José Manyanet lo nombró primer director de la revista “Sagrada Familia”. Escribió varios libros sobre la Eucaristía y un mes dedicado a la Sagrada Familia, trescientas décimas tituladas “Nazarenas” y numerosísimas poesías. Escribió también sobre otros temas religiosos que divulgaba en diversas publicaciones. La persecución le sorprendió predicando unos ejercicios espirituales en Barcelona y se refugió en San Boi de Llobregat y en Santa Fe. Fue detenido en la estación de ferrocarril de Sant Guim de Freixenet por ser sacerdote y asesinado en Cervera, el día 2 de septiembre de 1936.

Ilustración contemporánea de los Beatos, junto a la Sagrada Familia y al fundador, San José Manyanet.

Ilustración contemporánea de los Beatos, junto a la Sagrada Familia y al fundador, San José Manyanet.

Beato Segismundo Sagalés Vila
Nació en Vic (Barcelona) en el año 1888. Era religioso coadjutor, maestro de párvulos en el colegio de Jesús, María y José de Barcelona. Tanto en Barcelona, como antes en Reus y Blanes, las familias querían que sus hijos fueran a la clase del beato Segismundo porque, además de ser eficiente, era una persona que irradiaba paz y alegría, le encantaba tener flores, pájaros, peces y un mono, que era “el ayudante de la clase”. Siempre estaba alegre y de buen humor, a pesar del cáncer de cuello que padecía y que le producía grandes dolores. Puso a salvo los restos mortales de San José Manyanet. No temía a la muerte, pero sí caer en manos de las milicias. Detenido en Calldetenes, fue asesinado en Múnter el día 8 de septiembre de 1936. Hoy reposa en el “panteón de los mártires” en el santuario de San José Manyanet de Barcelona.

Beato José Vila Barri
Nació en Camprodón (Gerona) en el año 1910. Ordenado sacerdote en Gerona el 7 de marzo de 1936, al estallar la guerra, residía con trece religiosos filósofos bajo su cuidado, en el pueblo de Mosqueroles (Barcelona). No descansó hasta haber encontrado refugio para todos. Huyendo a través del bosque con dos de ellos, llegó a Vic, a casa de su hermana, en donde se alojó con un tío suyo que era escolapio. Juntos rezaban el breviario y el rosario. El 20 de septiembre de 1936, el escolapio salió para marcharse a Roma, pero fue detenido. Al atardecer del mismo día, lo fueron también el beato José y su cuñado. Encarcelados los tres en Vic, los sacerdotes fueron asesinados en la “Terma llarga” (Granollers de la Plana) la noche del día 21 de septiembre. El beato José reposa en “el panteón de los mártires” en el santuario de San José Manyanet en Barcelona.

Beato Pedro Verdaguer Taurina
Nació en Manlleu (Barcelona) en el año 1908. Era sacerdote, secretario del colegio San Ramón de Vilafranca del Penedés y prefecto de la Congregación mariana. Era buen dibujante y realizó en grandes dimensiones el escudo de la Congregación, que presidía el comedor del seminario. Obligada la comunidad a abandonar el colegio en mayo de 1936, permaneció en el colegio de San Luís de Begues mientras arreglaba los papeles para trasladarse a la delegación argentina del Instituto. Refugiado en Manlleu, tuvo que atravesar el río Ter por la noche a fin de evitar a los milicianos; llegado a Barcelona, mientras residía en una pensión en el distrito de Ciutat Vella, fue reconocido como sacerdote y detenido en un control. Encarcelado en la cárcel de San Elías, fue asesinado en el cementerio de Montcada el día 15 de octubre de 1936.

Medalla contemporánea de los mártires (anverso), realizada con ocasión de su inminente beatificación.

Medalla conmemorativa de los mártires (anverso), realizada con ocasión de su inminente beatificación.

Beato Roberto Montserrat Beliart
Nació en Reus (Tarragona) en el año 1911. Ordenado sacerdote en Gerona el 7 de marzo de 1936, estaba destinado a la delegación argentina del Instituto. Era serio, formal y muy buen músico. El sábado 18 de julio celebró una misa para despedirse de sus familiares en el santuario de la Misericordia de su ciudad natal. Al regresar a Barcelona el domingo 19, pudo llegar todavía hasta el seminario Sagrada Familia de Les Corts. Escondido en varios domicilios y dando clases de música, a primeros de noviembre de 1936, los milicianos acordonaron el perímetro de la pensión en donde se alojaba en el Ensanche y registraron piso por piso hasta que lo encontraron. Detenido juntamente con el dueño de la pensión y trasladado a la cárcel de San Elías, fue asesinado el día 13 del mismo mes en la pared del cementerio de Montcada, por ser sacerdote.

Beato Antonio Mascaró Colomina
Nació en Albelda (Huesca) en 1913. Era un religioso profeso de segundo año de teología y había recibido las órdenes menores. Tenía dos tíos sacerdotes en el Instituto. Había hecho las prácticas pedagógicas en el colegio de San Pedro apóstol de Reus. Durante el curso 1935-36 cumplía el servicio militar en el batallón 10 de Pedralbes de Barcelona, como cuota, y por eso frecuentaba el seminario de Les Corts los fines de semana. El domingo 19 de julio se incorporó al cuartel después de oír misa y llegó cuando todo el batallón se encontraba luchando en la ciudad. Se refugió en casa de una hermana suya y trabajaba en una casa de aceites y jabones y después, en un bar en la calle de la Palla. En enero de 1937 fue detenido y encarcelado en San Elías con su tío Fernando Mascaró, siendo los dos asesinados el día 27 de enero de 1937 en la pared del cementerio de Montcada.

Beato Pedro Ruiz Ortega
Nació en Vilviestre de Muñó (Burgos) en el año 1912. Era estudiante de tercer año de teología y había recibido las órdenes menores. Feliz de su vocación, soñaba con la ordenación sacerdotal. En Mosqueroles, era viceprefecto de los filósofos. El acompañó al beato José Vila hasta Vic y, con Casimiro Roca, se trasladó a Mura y a Manresa. En esta ciudad trabajó en las “Escoles del Poble” con el siervo de Dios Magín Morera, formando una verdadera comunidad religiosa. El día 4 de abril de 1937, con el deseo de completar sus estudios teológicos, después de haber oído misa, se puso e camino hacia el Pirineo con el propósito de llegar a Roma, junto con el beato Pedro Roca. Detenido en la Pobla de Lillet, fue devuelto y encarcelado en Manresa hasta el día 12 de abril. Este mismo día, fue asesinado en la carretera de Moià, en el término municipal de Sant Fruitós de Bages.

Medalla contemporánea de los mártires (reverso) realizada con objeto de su inminente beatificación.

Medalla conmemorativa de los mártires (reverso) realizada con objeto de su inminente beatificación.

Beato Pedro Roca Toscas
Nació en Mura (Barcelona) en el año 1916. Era estudiante de primer año de teología, de carácter jovial y alegre y tenía una gran afición por la literatura y la cultura catalana. Por las obras de juventud que se conservan, se puede adivinar que hubiera sido un buen poeta. Abandonó el seminario de Les Corts el 19 de julio de 1936 y se refugió, primero en Mura y después en Manresa, dando un gran ejemplo de paz, paciencia y fortaleza. El 4 de abril de 1937, con el deseo de llegar a Roma para completar los estudios de teología, después de haber oído misa, intentó atravesar los Pirineos junto con el beato Pedro Ruiz y su hermano Pablo. Detenido en la Pobla de Lillet, fue devuelto y encarcelado en Manresa hasta el día 12 de abril de 1937. En este mismo día, fue asesinado en la carretera de Moià.

Beato Ramón Llach Candell
Nació en Torrelló (Barcelona) en el año 1875. Era el mayor de los cuatro hermanos religiosos del Instituto, sacerdote y ecónomo general. Era pedagogo, buen maestro, sobre todo de matemáticas y había sido un director de prestigio en varios colegios. Era también un buen poeta y literato. Residía en la Casa General de Les Corts y el domingo 19 de julio fue a celebrar la misa en la capilla de las Arrepentidas, no pudiendo regresar a casa. Refugiado primero en Barcelona y después en Gerona, daba clases en la Academia Guiu de Barcelona hasta que, detenido el 17 de abril de 1937 en la plaza Sepúlveda de Barcelona, junto con su hermano el beato Jaime y la señora propietaria del piso, fueron trasladados a la central de las patrullas. Finalmente fue conducido a San Elías y asesinado en la pared del ementerio de Montcada el día 19 de abril de 1937.

Beato Jaime Llach Candell
Nació en Torrelló (Barcelona) en el año 1878. Era otro miembro de la familia Llach, que fue sacerdote, vicario y ecónomo del colegio San Ramón de Vilafranca del Penedés. Era también examinador general, hombre de gran cultura eclesiástica y civil, destacando en ciencias y en matemáticas. Incautado el colegio de Vilafranca en mayo de 1936, trabajó en el colegio de Sant Julià de Vilatorta hasta que estalló la guerra. Bajó a Barcelona para acompañar a su hermano el beato Ramón en los varios refugios y trabajos de Barcelona y Gerona. Después de pagar una fuerte cantidad para garantizar sus vidas, fue detenido el día 17 de abril de 1937 en la plaza Sepúlveda de Barcelona, junto con su hermano y la dueña del piso. Fue llevado a la cárcel de San Elías y asesinado en la pared del cementerio de Montcada el 19 de abril de 1937.

Beato Ramón Oromí Sullà
Nació en Salàs de Pallars (Lérida) en el año 1875. Era sacerdote, consultor y durante muchos años, también secretario general del Instituto, director de la revista “La Sagrada Familia” y autor de la primera biografía de San José Manyanet. Dedicó largos años a la formación religiosa y científica de los jóvenes religiosos y fue un constante propagador de las virtudes y ejemplos de la Sagrada Familia de Nazareth. Salvó buena parte del valioso patrimonio moral y material de San José Manyanet y del Instituto. Acogido generosamente por dos familias de Barcelona, se refugió posteriormente en una pensión de la calle Tallers, donde fue detenido el día 19 de abril de 1937 y trasladado a la central de patrullas, en donde confesó su condición de sacerdote. Conducido a la cárcel de San Elías, fue asesinado en la pared del cementerio de Montcada el 26 de abril de 1937.

Vista del panteón de los mártires, donde están enterrados los Beatos, en el Santuario de San José Manyanet, Barcelona (España).

Vista del panteón de los mártires, donde están enterrados los Beatos, en el Santuario de San José Manyanet, Barcelona (España).

Estos son los mártires del Instituto de la Sagrada Familia que serán beatificados en octubre y, como su decreto de martirio ha sido ya aprobado por la Santa Sede, nos hemos permitido darles ya la condición de beatos en este artículo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Actas del Proceso para la declaración de martirio de los siervos de Dios Jaime Puig y 19 compañeros Hijos de la Sagrada Familia (Barcelona, 1996).
– BLANQUET, Josep M. “Mártires por la familia” (Barcelona, 1994).
Positio super Martyrio (Roma, 1999)
Relatio et vota super Martyrio (Roma, 2010)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista del icono de la Panagia de la Pasión (Virgen del Perpetuo Socorro) tras su restauración.

Vista del icono de la Panagia de la Pasión (Virgen del Perpetuo Socorro) tras su restauración.

La devoción a un icono de la Madre de Dios, invocada como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, es una de las más populares dentro de la Iglesia Católica; para conocer mejor su historia es necesario revisar la tradición sobre su origen, los datos históricos sobre la propagación de su culto y descubrir en su simbolismo iconográfico su mensaje teológico.

Este icono es del estilo llamado “Virgen de la Pasión” y probablemente tenga su origen en la escuela de pintura de creto-veneciana. Su nombre se debe a la composición iconográfica, que presenta los instrumentos de la Pasión de Cristo, llevados por ángeles, a los que a veces, acompaña una inscripción latina o griega. Este estilo de pintura tiene su más amplia difusión entre los siglos XV y XVI, aunque la representación temática puede retrasarse un par de siglos. La pintura original se halla puesta para su veneración en la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, en Roma, la cual es atendida por los padres redentoristas.

Tradición
Cuenta la tradición romana del siglo XVI, que un mercader originario de Creta, sustrajo de su patria esta imagen de la Virgen, la cual hacía muchos prodigios en una iglesia de esa isla. La resguardó en su equipaje y se embarcó fuera de ella. En el trayecto hubo una pavorosa tempestad, llegando sin embargo ileso a su destino. Así pues, luego de un año, estaba en Roma. Allí el mercader enfermó gravemente y por ello, contactó con un amigo, al cual le pidió que colocara la imagen en alguna iglesia de la ciudad. Luego de su muerte, el amigo de este hombre trató de cumplir el deseo del fallecido, pero su esposa lo disuadió, diciéndole que en todos los hogares cristianos había imágenes de Cristo y de su Madre; y se empeñó en conservar la imagen en su casa.

En una visión, la Virgen le dijo a este hombre que colocara su imagen en un lugar más digno, pero él no le hizo caso. Nuevas visiones con amonestaciones y desobediencias desembocaron en la última visión, en la cual la Virgen le reprochó su desobediencia: “Te he advertido, incluso con amenazas, que me sacaras de aquí y no me has querido creer; está visto que es necesario que tú salgas primero para que yo pueda encontrar un lugar más digno”. El hombre enfermó luego y murió; algo después la Virgen se apareció a la hija de este hombre, que tenía unos seis años y le dijo: “Dile a tu madre y a tu abuelo que Santa María del Perpetuo Socorro os requiere que la saquéis de vuestra casa, de lo contrario, moriréis todos”. La madre de la niña comenzó a temer, pues ella misma había tenido una visión semejante y se dio cuenta de que había causado la muerte de su marido.

El mercader cretense roba el icono de la Virgen. Vidriera en la iglesia de San Alfonso, Roma (Italia).

El mercader cretense roba el icono de la Virgen. Vidriera en la iglesia de San Alfonso, Roma (Italia).

Una vecina que la vio preocupada y llorar, al saber la causa de su pena, le dijo que no se preocupara, pues la Virgen estaba en el cielo y no se interesaba de sus imágenes, que si tenía tanto miedo, mejor le diera la imagen a ella y luego agregó muchas palabras irrespetuosas. Esta mujer, por la tarde y en su casa, se vio afectada por una dolencia extraña, de la que se vio libre al hacer un voto a la imagen. Nuevamente se apareció la Virgen a la niña, pidiéndole que la imagen se trasladara a una iglesia dedicada a San Mateo Apóstol, ubicada entre las Basílicas de San Juan de Letrán y de Santa María la Mayor. Esta iglesia tenía un convento anexo, atendido por los frailes agustinos. Avisados por la mujer, accedieron a llevar la imagen al templo y fue colocada en ese lugar el 27 de marzo de 1499. En la procesión se realizó un milagro: un hombre paralizado del brazo y lado derecho, se vio repentinamente curado con tan sólo encomendarse a Dios y hacer una promesa a Nuestra Señora. Hasta aquí la leyenda recogida en el texto de unas tablillas colocadas en el presbiterio de San Mateo que explicaban la procedencia de esa imagen.

Los agustinos tienen una devoción a Nuestra Señora del Socorro asociada a una iconografía muy peculiar pues se hacían representaciones muy diversas; por lo sucedido en esta iglesia de San Mateo, el icono de la Virgen de la Pasión recibió el título de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Propagación del culto
Hacia 1798, la iglesia de San Mateo, con otras treinta iglesias de Roma, fue demolida por orden de Massena, general de las tropas napoleónicas. La mayoría de los frailes agustinos de esa comunidad, por ser de origen irlandés, regresaron a Irlanda, unos muy pocos se acogieron a la vecina iglesia de San Eusebio y luego a la iglesia de Santa María in Pasterulana, junto al Tíber, llevando consigo el sagrado icono, que fue colocado en el oratorio particular, pues en ese templo era venerada una imagen de Nuestra Señora de Gracia. Así pues, se eclipsó su fama y el fervor por la imagen.

El 7 de febrero de 1863, el P. Francisco Bloisi SJ, en un sermón pronunciado en la iglesia del Gesú, exhortaba a recuperar la imagen y la devoción de un cuadro célebre de la Santísima Virgen María conocido como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que tenía más de sesenta años sin dar muestras de vida, el cual estuvo en la iglesia de San Mateo en la vía Merulana y que recordaba el deseo de la Virgen de querer estar expuesta a la veneración pública entre las Basílicas de San Juan de Letrán y de Santa María la Mayor. Invitaba a que si alguien conocía su paradero, hiciera lo posible de avisarlo, a fin de volverla a la pública veneración en algún templo ubicado entre el Monte Celio y el Monte Esquilino.

Este sermón llegó a la comunidad redentorista que desde 1855 se había asentado en el Esquilino y que había levantado un templo en honor de San Alfonso María de Ligorio en el terreno donde antes se ubicaba el desaparecido templo de San Mateo. En esa comunidad era miembro el P. Miguel Marchi, que tuvo parte importante para devolver el antiguo esplendor a esta advocación.

Vista de la fachada de la iglesia  de San Alfonso María de Ligorio, Roma (Italia), donde se venera el icono de la Virgen del Perpetuo Socorro.

Vista de la fachada de la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, Roma (Italia), donde se venera el icono de la Virgen del Perpetuo Socorro.

La iglesia y convento (de San Mateo) se confió a los agustinos irlandeses y era una casa de formación en la provincia de Roma. Cuando este padre era niño, iba con frecuencia a Santa María in Pasterulana e hizo amistad con el hermano Agustín Orsetti. Escribe el P. Marchi en una noticia bajo juramento, que este hermano le decía: “Sábetelo Miguel, la Madonna de San Mateo es la que está arriba en la capilla: que no se te olvide… ¿Has entendido, mi querido Miguel? ¡Es milagrosa!”. En aquel tiempo el hermano había perdido casi completamente la vista. “Puedo decir de esta venerada imagen de la Madonna de San Mateo, denominada del Perpetuo Socorro, que desde mi niñez hasta mi entrada en la Congregación, siempre la he visto en el altar del convento de los padres agustinos de la provincia de Irlanda (…) sin culto, sin adorno, casi abandonada, sin lámpara alguna que la alumbrara y por lo general, llena de polvo, muchas veces ayudé allí a misa y la contemple con gran atención”.

El hermano Agustín murió a los 86 años en 1853 sin que su deseo de que la Virgen del Perpetuo Socorro se expusiera nuevamente al culto público. En 1855 los padres redentoristas compraron la Villa Caserta a la familia Gaetani, para transformarla en la sede de la casa generalicia en Roma. Sin saberlo habían comprado el terreno que la Virgen había escogido para su santuario. El 3 de mayo de 1859 fue consagrado este templo en honor de San Alfonso. En 1855 se había abierto el noviciado y entre ellos estaba Miguel Marchi, que una vez profeso y ordenado sacerdote, se destinó a esa comunidad.

La noticia del sermón del P. Blosi los sorprendió y más cuando investigando, se dieron cuenta de que en la huerta del convento estuvo la iglesia de San Mateo y conocieron la noticia de la prodigiosa imagen de la Madre de Dios venerada allí. Su inquietud por conocer el paradero del icono se calmó cuando el P. Marchi recordó su infancia y como el hermano Orsetti le refería sobre el cuadro de la Madonna de San Mateo en el oratorio privado, declarando que sabía muy bien donde se hallaba.

El Superior General de los Redentoristas, P. Nicolás Mauron, pidió al Beato Pío IX que autorizara que esta imagen fuera colocada en el templo de San Alfonso. Este Papa, que siempre quería hacer que todo redundara en un mayor honor de María Santísima, autorizó el 11 de diciembre de 1865 que dicha traslación fuera realizada, la cual se llevó a cabo el 19 de enero de 1866. Entonces, según la tradición, el Papa Pío IX dijo al Padre Superior: “Denla a conocer”. Tras las oportunas reparaciones hechas por el pintor polaco, Leopoldo Nowonty, el 26 de abril de 1866 se expuso la imagen en San Alfonso del Esquilino para su pública veneración. Su difusión desde entonces se ha hecho constante e intensa, a ello se debe el trabajo de los padres redentoristas, que la hicieron la imagen mariana de su congregación.

Vista del altar mayor de la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, Roma (Italia), donde se encuentra expuesto el icono a veneración.

Vista del altar mayor de la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, Roma (Italia), donde se encuentra expuesto el icono a veneración.

En atención a la devoción profesada hasta entonces al venerable icono y como reconocimiento oficial de su recuperación del olvido, el 23 de junio de 1867 fue coronada solemnemente la imagen, sobre poniendo sendas coronas sobre las sienes de Nuestra Señora y de su hijo; quien la coronó era el Decano del Capítulo Vaticano, que ostentaba el título de Patriarca de Constantinopla. Los hermanos orientales han visto en esta coronación un gesto ecuménico.

El 23 de mayo de 1871 la imagen fue trasladada de una capilla lateral a un nuevo retablo en el altar mayor, mismo que fue sustituido en 1966 con ocasión del primer centenario de exposición pública. El 31 de marzo de 1876 se erigió la archicofradía de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de San Alfonso María de Ligorio.

En 1990, la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fue retirada del altar mayor para satisfacer la demanda de nuevas fotografías del icono. Fue entonces cuando descubrió su estado de grave deterioro: tanto la madera como la pintura había sufrido seriamente los cambios ambientales y los torpes intentos de restauración. El Gobierno General de los Redentoristas decidió ponerse en contacto con los servicios técnicos del Museo del Vaticano para llevar a cabo una restauración general del icono, que resolvería el problema de la formación de grietas y hongos que amenazaban un daño irreversible.

La primera parte de la restauración consistió en una serie de rayos X, imágenes de infrarrojos, para el análisis cualitativo y cuantitativo de la pintura, y otro de prueba infrarroja y ultravioleta. Los resultados de estos análisis, y sobre todo, un texto con el carbono-14, indicaron que la madera del icono del Perpetuo Socorro, con seguridad puede situarse en los años 1325-1480.

Vista del estado del icono antes de su restauración.

Vista del estado del icono antes de su restauración. Fotografía de 1886.

La segunda fase consistió en la restauración de un trabajo físico para remodelar las zonas afectadas, para fortalecer la estructura que apoya el icono, etc. Esta intervención física se limitó a lo estrictamente necesario, ya que, como lo es para las operaciones quirúrgicas en el cuerpo humano, el trabajo de restauración siempre causa un trauma. El análisis artístico puso la pigmentación de la pintura a una fecha más reciente (después del siglo 17): esto explicaría por qué el icono ofrece una síntesis de elementos orientales y occidentales, sobre todo en el aspecto de las caras. En 1995 se pudo hacer la última restauración del icono, el cual se venera resguardado en una cápsula de cristal en el altar mayor de esa iglesia.

Descripción
La imagen de Nuestra Señora es pues, una Virgen de la Pasión de tipo Hodiguitria-Eleusa. Aparece de medio cuerpo con al actitud de estar de pie, viste túnica roja de mangas largas y ajustadas, su manto es azul y lleva una mantilla (maphorion) del mismo color, con forro de color verde. Los pliegues en los bordes y los adornos son dorados, La mantilla cubre su cabeza y cae sobre hombros y brazos, dejando ver una cofia azul celeste, que oculta los cabellos. La escotadura de la túnica lleva un borde dorado en el que se ha sobrepuesto un broche. En la parte central de la cabeza, sobre la mantilla, hay una estrella de ocho rayos rectilíneos y en el eje vertical del cuadro, hay otra estrella cruciforme, cubierta por otro broche. La aureola que circunda su cabeza tiene el punteado y decoración floral, típica de la escuela cretense. Su cabeza es redonda y bella, ligeramente vuelta la izquierda, recuerda el tipo bizantino. Su mirada es hierática y profunda, no se dirige a Cristo niño, sino a quien la contempla; sus ojos son grandes, con cejas fuertemente marcadas, su nariz es alargada, su boca es pequeña con los labios suavemente cerrados, esto le da a su figura una grandeza sacral.

El Niño Jesús es de facciones infantiles, está sentado en el brazo izquierdo de su Madre y sus manos se sujetan al dedo pulgar de la mano derecha de María, gesto típico de los iconos de la pasión; dirige la mirada no hacia el arcángel, sino a algún punto exterior derecho. Viste túnica verde con ceñidor y manto rojo, el manto y la túnica tienen una profusión de pliegues dorados, calza sandalias de color marrón con cintas doradas, la del pie derecho está suelta. Su mirada es serena a pesar del simbolismo que prefigura su Pasión. La aureola tiene una cruz de contornos rojos y como su madre, también ciñe una corona (la cual ha cubierto la cabeza de la cruz).

Detalle del arcángel Gabriel en el icono de la Panagia de la Pasión.

Detalle del arcángel Gabriel en el icono de la Panagia de la Pasión.

En la parte superior izquierda, una inscripción en rojo MPQY: “Meter Theu”, Madre de Dios. A la derecha del Niño Jesús, la abreviatura ICXC: “Iesos Xristos”, Jesucristo.

Hay dos arcángeles en los ángulos superiores, el de la izquierda es San Miguel con la leyenda OAPM: “O Arkanguelos Mikael”, el arcángel Miguel. Su túnica es roja con su manto azul, lleva un vaso, del que salen una caña con una esponja y una lanza; el de la derecha tiene otra leyenda que dice OAPR: “O Arkanguelos Gabriel”, el arcángel Gabriel. Su túnica es púrpura con sombras blancas; con un manto de color igual cubre sus manos, con las que empuña la Cruz con tres travesaños y cuatro clavos al pie de la misma. Ambas figuras son de medio cuerpo y asisten en actitud de adoración y ofrenda. Las miradas de estos personajes convergen en Cristo. Los instrumentos que presentan no parecen constituir un hecho futuro capaz de infundir terror, sino que presentan los símbolos gloriosos de la Pasión de Cristo, equivalentes a la Cruz gloriosa.

Tanto la Madre como el Hijo portan coronas de oro con piedras preciosas. En épocas posteriores se añadió el collar y la estrella sobre la frente.

El icono mide 51.8 cm. de alto, 40.4 cm. de ancho y su grosor es de 1.2 cm. La madera del cual está hecho parece de nogal, castaño o chopo y esta formado de una sola pieza. Fue restaurada en 1866 y algunas grietas dejan pasar la luz. Al parecer en 1964 fueron recubiertas con estuco. Las grietas contabilizadas son más de 9; en general su estado de conservación en bueno.

La extensión de su culto y la popularización de su devoción han difundido su imagen conforme a los gustos y exigencias populares de cada época y región, perdiendo por este proceso la pintura en su reproducción, las características propias de los iconos: hieratismo sacro y primitivismo religioso humanizado. Al regionalizar la imagen, que se ha reproducido en mosaico, esculturas, grabado y otras técnicas y estilos artísticos, se le hizo perder su estética, psicología y técnica artística. Afortunadamente, con el redescubrimiento de los iconos se ha frenado el daño con esto causado.

Mensaje
Una lectura a la pintura puede darnos una profunda catequesis. Algunas ideas interesantes en ella: el rostro de María es el rostro de la Madre de Dios, un título de señoría y gloria para aquella que es Madre del Verbo Encarnado. La estrella sobre la frente de María, con ocho puntas, representa la gracia de Dios Padre que desciende sobre María, la otra en forma de cruz remite a muchas ideas, pureza, luz, estrella del mar, etc. Los instrumentos de la Pasión nos recuerdan que por medio de la Cruz se va a la gloria de la Resurrección.

Detalle del arcángel Miguel en el icono de la Panagia de la Pasión.

Detalle del arcángel Miguel en el icono de la Panagia de la Pasión.

Las manos grandes son características de las imágenes de tipo Hodiguitria: con su mano izquierda sostiene al que tiene en su mano el universo y que ni el cielo ni la tierra pueden contener; su mano derecha de “Hodiguitria” es la que muestra el camino para llegar a Cristo, nos indica como en Caná: “Haced lo que Él os diga”. Esa mano grande es típica de la Theotokos que intercede ante el Pantocrátor. El color dorado del fondo nos invitan a contemplar a Jesucristo y a su Madre en le plenitud de la redención.

El arcángel Gabriel, presente en el misterio de la Encarnación, al mostrar la Cruz, parece que hace que Cristo, revestido de carne mortal, se atemorice y se refugie fuertemente en su Madre mediante un abrazo, eso podría significar la sandalia caída, el enfrentar el miedo con la responsabilidad. María pues, participa de ese dolor de su Hijo, que también es propio de sus hermanos, lo hace suyo y lo transforma en oración, como se deduce de su rostro y sus manos.

Su fiesta se instituyó el domingo anterior a la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista, en recuerdo de su coronación, un 23 de junio de 1867 y en 1913 fue fijada el 27 de junio; en 1916 regresó al domingo anterior al 24 de junio y el 14 de mayo de 1975 se estableció de nuevo el 27 de junio.

Humberto

Bibliografía:
– FERRERO, F., “Santa María del Perpetuo Socorro. Un Icono de la Santa Madre de Dios, Virgen de la Pasión”, PS Editorial Covarrubias 1994.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Mauro, discípulo de San Benito

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Mauro, detalle del tríptico de Willem Moreel: San Cristóbal con San Mauro de y San Egidio.

San Mauro, detalle del tríptico de Willem Moreel: San Cristóbal con San Mauro de y San Egidio.

Continuando con el santoral benedictino conviene recordar a uno de los primeros discípulos del patriarca de los monjes de occidente. San Mauro es de los santos con más veneración entre los monjes y es considerado modelo acabado de obediencia. Le hemos llamado “San Mauro de Subiaco” en contraposición con las leyendas, no sustentables, que le mencionan como San Mauro de Glanfeuil, el cual al parecer sí existió, pero no tiene relación con el pupilo de San Benito. Por la tradición francesa también se le ha llamado San Mauro de Loire o de Anjou.

El joven discípulo de San Benito
Luego que San Benito saliera de la soledad de la cueva donde habitó por tres años y del intento de envenenamiento por parte de los monjes de Vicovaro, agrupó en torno suyo a un número cada vez más elevado de hombres que en busca de la perfección y la unión con Dios le siguieron en los ideales monásticos. En Subiaco se fundan doce monasterios bajo la dirección del santo.

Mauro nace en Roma hacia el año 511, de familia noble, hijo del senador Equicio aunque también lo han reclamado como hijo los nobles Fondi, Gallipoli y Lavello entre otros. Siendo aún muy joven fue presentado por su padre a San Benito a fin de que él se encargara de la educación del adolescente. Fue presentado junto con él, el futuro San Plácido, hijo del Patricio Tertulio. San Gregorio dice que “el joven Mauro, dotado de buenas costumbres, empezó a ayudar al maestro. Plácido en cambio, era todavía un niño” (San Gregorio, Libro II de los Diálogos cap. III). Mauro se convirtió luego, a pesar de su corta edad, en un monje cercano a San Benito y aparece en varios episodios milagrosos de la vida del Santo Patriarca según la narración gregoriana.

Ambos jóvenes representan la tradición monástica de los “oblatos”, es decir, personas que se ofrecen o son ofrecidas a Dios en un monasterio, practica muy común en la Edad Media. En aquellos días la firmeza de la palabra dada y el ofrecimiento implicaba una donación total, aunque la hicieran sus padres. Independiente de este tipo tan radical de “oblaciones” se encontraron después las escuelas monacales, cunas de santos seculares en el medioevo.

En los milagros de San Benito
Mauro aparece en varios episodios de los milagros de San Benito narrados en los Diálogos de San Gregorio. Trataremos de hacer aquí una breve condensación de tales milagros.

San Benito recibe a Mauro y a Plácido en Subiaco, por Giovanni Antonio Sodoma, Abadía de Monte Oliveto.

San Benito recibe a Mauro y a Plácido en Subiaco, por Giovanni Antonio Sodoma, Abadía de Monte Oliveto.

En cierta ocasión un monje era incitado por el demonio a abandonar el oratorio de uno de los monasterios de Subiaco durante la oración comunitaria. “Fue el hombre de Dios al monasterio, y cuando a la hora señalada, concluida ya la salmodia, los monjes se ocuparon en la oración, vio cómo un chiquillo negro arrastraba hacia fuera por el borde del vestido a aquel monje que no podía estar en oración. Entonces dijo secretamente a Pompeyano, el abad del monasterio y al monje Mauro: “¿No veis quién es el que arrastra fuera a este monje?”. “No”, le respondieron. “Oremos, pues, para que también vosotros podáis ver a quién sigue este monje”. Después de haber orado dos días, Mauro lo vio, pero Pompeyano, el abad del monasterio, no pudo verlo. Al tercer día, concluida la oración, al salir del oratorio el hombre de Dios encontró a aquel monje fuera. Y para curar la ceguera de su corazón le golpeó con su bastón, y desde aquel día no volvió a sufrir más engaño alguno de aquel chiquillo negro y perseveró constante en la oración. Así, el antiguo enemigo, como si él mismo hubiera recibido el golpe, no se atrevió en adelante a esclavizar la imaginación de aquel monje”. (San Gregorio, Libro II de los Diálogos, Cap. IV).

Cierto día Plácido fue enviado a recoger agua al lago cercano del monasterio y al tratar de llenar el cántaro, cayó al agua y la corriente lo arrasó. En ese preciso momento Mauro se encontraba en el monasterio cuando san Benito le ordenó ir al río a sacar al niño que se ahogaba: “Hermano Mauro, corre, porque aquel niño ha caído en el lago y la corriente lo va arrastrando ya lejos”. El joven Mauro, después de recibir la bendición de San Benito, corrió a toda prisa y sin darse cuenta caminó sobre las aguas tomando a Plácido de la cabellera y llevándolo a tierra firme. Mauro, al darse cuenta del milagro, atribuyó el portento a San Benito, pero éste lo refirió más que nada a su obediencia rápida. Plácido acabó la discusión diciendo: “Yo, cuando era sacado del agua, veía sobre mi cabeza la melota [1] del abad y estaba creído que era él quien me sacaba del agua”. (San Gregorio, Libro II de los Diálogos, cap. VII).

San Mauro. Detrás de su imagen pueden verse escenas del milagro en el estanque de Subiaco. Saint Joseph benedictine Abbey, Louisiana, Estados Unidos.

San Mauro. Detrás de su imagen pueden verse escenas del milagro en el estanque de Subiaco. Saint Joseph benedictine Abbey, Louisiana, Estados Unidos.

Por último encontramos una dolorosa experiencia de San Benito en Subiaco. El párroco local, Florencio, concibió tal odio contra el santo monje que no sólo trató de envenenarlo sino que además quiso corromper a sus monjes. El hombre de Dios, ante tal situación y buscando siempre la paz, decidió dejar Subiaco y dirigirse a Montecasino, lugar que le habían ofrecido para fundar un monasterio. “Estando dicho sacerdote en la azotea de su casa, alegrándose con la nueva de la partida de Benito, de pronto, permaneciendo inmóvil toda la casa, se derrumbó la terraza donde estaba, y aplastando al enemigo de Benito, lo mató. El discípulo del hombre de Dios, Mauro, creyó oportuno hacérselo saber al venerable abad Benito, que aún no se había alejado ni diez millas del lugar, diciéndole: “Regresa, porque el sacerdote que te perseguía ha muerto”. Al oír esto el hombre de Dios, prorrumpió en grandes sollozos, no sólo porque su adversario había muerto, sino porque el discípulo se había alegrado de su desastroso fin. Y por eso impuso una penitencia al discípulo, porque al anunciarle lo sucedido se había atrevido a alegrarse de la muerte de su rival”. (San Gregorio, Libro II de los Diálogos, cap. VIII). San Mauro, según la tradición, quedó como responsable de la comunidad monástica de Subiaco.

Esto es lo que conocemos con certeza del primer discípulo de San Benito; las demás narraciones, que a continuación abordaremos, están sumidas en leyendas. Los benedictinos honran al santo el 15 de enero y en la actualidad han unido en ese mismo día la festividad de San Plácido, luego de la desambiguación histórica de este monje al que por años se confundió con un grupo de mártires celebrados en octubre. La fiesta del 15 de enero tiene su origen en las leyendas francesas pero en la actualidad solo se ha conservado la fecha, sin las añadiduras legendarias difíciles de comprobar.

Leyendas de San Mauro
El libro Vida y milagros de San Mauro, escrito en Francia por el abad Odón de Glanfeuil, bajo el seudónimo de Fausto de Montecasino, menciona que San Mauro fue enviado en el 543 por San Benito a las Galias, a fin de establecer allí la vida monástica y trasmitir la Santa Regla.

San Benito entrega la Santa Regla a San Mauro.

San Benito entrega la Santa Regla a San Mauro.

Gracias a la ayuda del rey Teodoberto, fundó el monasterio de Glanfeuil, conocido como abadía de Saint-Maur-sur-Loire. Las leyendas recogidas en esta narración están llenas de milagros entre las que se destaca la resurrección de un joven muerto que luego contó a los monjes que gracias al abad Mauro pudo librarse de las penas del infierno. Se le menciona pródigo en curaciones extraordinarias en favor de los pobres y en pugna con el conde Gaidulfo enemigo de las fundaciones de los monjes franceses. La tradición francesa menciona que San Mauro gobernó como abad durante cerca de 40 años y en el 582 se retiró a una vida eremítica de soledad y murió dos años después, el 15 de enero del 584, teniendo más de setenta años de edad.

Patronazgo e iconografía de San Mauro
San Mauro es considerado celestial patrono de los caldereros y de los herreros. Para las enfermedades se le encomiendan los que padecen parálisis, debido a la tradición que le menciona sirviendo y curando a los menesterosos y lisiados.

La iconografía del santo, ya sea monástica o devocional, le representa en sus diversas facetas de su vida. Populares son las representaciones donde aparece junto con San Plácido al ser recibidos por San Benito. Igualmente en el episodio donde camina sobre el agua y salva a Plácido de morir ahogado.

Las esculturas le representan generalmente como un joven abad, con cogulla monástica, preferentemente negra, báculo y mitra abacial o portando en su mano la cruz, con la cual bendice a los enfermos; también aparece con hábito monástico socorriendo a pobres y enfermos.

La congregación de San Mauro
Entre las ramas benedictinas se destaca la Congregación de San Mauro en la que se agremiaron varios monasterios franceses conocidos como mauristas en honor de San Mauro discípulo de San Benito. Tal Confederación estuvo vigente desde 1618 hasta 1790 cuando desapareció a causa de la Revolución Francesa. Se destacó por el nivel de educación sobresaliente entre sus miembros y la producción cultural que legaron en diversas ramas teológicas y humanísticas. En 1817 algunos mauristas intentaron restaurar la Congregación, pero el proyecto fracasó. En 1837, bajo el Papa Gregorio XVI, benedictino, comienza nuevamente el auge monástico al fundarse la Congregación de Francia, la cual fue declarada sucesora de las antiguas Congregaciones benedictinas de San Mauro, de Cluny y de San Vitón y San Hidulfo.

Imagen de San Mauro venerada en Almendral.

Imagen de San Mauro venerada en Almendral.

Bendición de San Mauro
En el rituale monasticum así como en el apéndice del Rituale Romanum, aparece una curiosa bendición que se otorga a los enfermos graves con la reliquia del lignum crucis invocando la intercesión de San Mauro, cuyo nombre lleva tal bendición; también es conocida como Signo de San Mauro y es apreciada por los monjes benedictinos que aún continúan utilizando tal sacramental.

Dado que frecuentemente es imposible tener una reliquia de la Santa Cruz, la Sagrada Congregación de Ritos permitió el 6 de marzo de 1959, por solicitud del abad primado el Cardenal Dom Benno Gut OSB, el permiso de usar la Medalla Jubilar de San Benito en lugar de la reliquia. La bendición de San Mauro tiene la eficacia, por medio del poder del signo de la Santa Cruz, la veneración de la reliquia de la Verdadera Cruz del Redentor, la intercesión de la Inmaculada Virgen María, de San Benito y de San Mauro, todo esto unido a la plegaria de la Iglesia.
Son innumerables los hechos que atestiguan como por la bendición de San Mauro, al ser recibida con fe viva, sincera contrición y una firme confianza en Dios, las personas se recuperan de sus males corporales, las enfermedades son curadas y ocurren prodigios que pueden considerarse milagrosos.

Reliquias de San Mauro en Extremadura
Las únicas reliquias que se presumen ser del discípulo de San Benito y son tenidas por tales se encuentran en el pequeño pueblo del Almendral en Extremadura, España. Su llegada a la población se pierde en el tiempo pero al parecer llegaron hacia finales del siglo VIII provenientes de Francia. La tradición dice que el carruaje donde se transportaban las reliquias con monjes benedictinos que venían huyendo de Francia se detuvo en la población y allí se quedaron. Actualmente son honradas anualmente el 15 de enero y se conservan en la Iglesia de Santa María Magdalena en la capilla a él dedicada.

Se dice que ya en 1130 la fiesta en honor al Santo benedictino se celebraba en Almendral y el Sínodo diocesano de 1501 manda como fiesta de guardar el 15 de enero. En 1658 se hacen indagaciones en torno a las reliquias pero no hay documentos, alegándose fueron perdidos por un incendio. En 1643 el obispo benedictino Dom José de la Zerda, de la diócesis Badajoz a la que pertenece Almendral, traslada las reliquias a la catedral y entregando parte de las mismas a Almendral, Montecasino y Marsella. En 1668 se ordena restituir el cuerpo a la villa de Almendral donde aún reposa. En Badajoz aun es fiesta el 15 de enero en honor a San Mauro. Las reliquias no han sido examinadas bajo el rigor científico que permita dar luces sobre la tradición en torno a su llegada a Almendral y la posibilidad de su validez.

Poncho


[1] La melota es una especie de cogulla o hábito monástico, tosco, hecho a base de pieles.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es