Beato Juan Enrique Newman, cardenal

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El Beato fotografiado en 1887.

El Beato fotografiado en 1887.

Llegó a expresar el Ven. Pío XII, en una confidencia a Jean Gitton: “Sin duda, Newman será un día Doctor de la Iglesia”; pertenece a la familia del Padre San Felipe Neri, pero pertenece, al mismo tiempo, a todos aquellos que -como dijo el Beato Pablo VI“Están buscando una orientación precisa y una dirección a través de las incertidumbres del mundo moderno”.

Jonh Henry Newman nació el 21 de febrero de 1801 en Londres. Primogénito de entre seis hermanos del banquero Jonh Newman y de Jemina Foudrinier, era descendiente de refugiados hugonotes (protestantes franceses calvinistas). Entre 1808 a 1816 asistió al colegio privado de Ealing, resaltando como alumno brillante. Por el año de 1815 aspiraba a ser virtuoso, pero no religioso, y no veía el sentido de amar a Dios. Este sentimiento se debía a la lectura de ciertos autores incrédulos del siglo XVIII. Se le describe en su infancia de carácter tímido, prefirió la música y sobresalió en el violín; y en cuanto a los juegos juveniles, fue poco amante de ellos.

Los designios de Dios lo llevaron a un Reverendo piadoso, el evangelista Walter Mayers, tras sufrir una enfermedad Newman y el cierre del banco de su padre el 8 de marzo de 1816. Aquí se inicia un declive angustioso del sustento familiar. Su madre y sus hermanas Harriett, Jemina y Mary, a quienes tanto amó, ya habían buscado y hallado refugio en el albergue doméstico de la abuela. Este reverendo se mezcló con ideas metodistas, calvinistas y luteranas; era titubeante frente al activo anglicano de la piedad individual, la presencia divina en el alma del creyente y la oposición entre el mundo y la Iglesia, entre la ciudad de Dios y el poder diabólico (latente en el papado), pretendía percibir todo el señalado enjambre de corrientes religiosas, conciliado en el “Book of Common Prayer”, ritual oficial y calendario litúrgico publicado por Isabel I en 1559 y revisado en 1661, y los “Thirty Nine Articles of Religion”, acordados en su base por Enrique VIII, en 1538, con los luteranos de Alemania, pero completados en 1571 para constituirse en la interpretación anglicana de la fe y los sacramentos. Fue el propio Walter Mayer quien fue el instrumento humano para el comienzo de la fe divina en Newman.

Pero es en 1816 cuando ocurre una especie de conversión. El propio Newman lo describe así: “A mis quince años (en el otoño de 1816) un gran cambio tuvo lugar en mi pensamiento. Caí bajo la influencia de un credo definido y recibí en mi inteligencia impresiones de lo que es un dogma que, por la misericordia de Dios, nunca se han borrado ni oscurecido” (Apologia pro vita sua, 5). Por entonces andaba embarcado en la lectura de la Historia eclesiástica de Joseph Milner, donde -son sus palabras- “quedé poco menos que enamorado de los largos extractos de San Agustín, San Ambrosio y de otros Padres que allí encontré”. Poco después llegó a discernir que era la voluntad de Dios que se mantuviera célibe de por vida.

El Beato fotografiado cuando era sacerdote anglicano.

El Beato fotografiado cuando era sacerdote anglicano.

Ingresó en 1817 en el Trinity College de Oxford. En ese entonces sólo los anglicanos podían estudiar o enseñar en la Universidad de Oxford. En noviembre de 1817 Newman celebró su primera comunión en la capilla del colegio y en 1820, se graduó como Bachelor of Arts. El 12 de abril de 1822 fue elegido “miembro” del Oriel College, centro universitario de Oxford que se hallaba en la cumbre de su fama intelectual.

Aunque su padre lo presionó para hacer estudios jurídicos, decidió hacerse ministro de la Iglesia Anglicana. Sólo le interesó servir, servir sin ninguna ambición y desigualdades. Sentía tener las requeridas condiciones de devoción, afecto y sacrificio. Como tutor y como siempre en sus relaciones sociales, había gustado hablar de corazón a corazón. Y “cor ad cor loquitur” será en un día aún remoto el emblema heráldico de sus armas cardenalicias.

Fue ordenado diácono el 13 de junio de 1824. Poco tiempo después fue nombrado coadjutor de una parroquia pobre de Oxford, San Clemente. El 29 de mayo de 1825, es ordenado sacerdote anglicano en la catedral de Oxford y al año siguiente es promovido al puesto de tutor oficial en el colegio Oriel. Y es precisamente en este colegio cuando conoce a Richard Hurrell Fraude, conoce la tendencia anglicana más tradicional y con menos ideas protestantes la llamada “High Church”. Sobre todo Froude le alejó de la reforma protestante. Froude también enseñó a Newman a creer en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, a tener devoción a la Santísima Virgen y a aceptar la doctrina de la sucesión apostólica. Es en estos tiempos cuando por todos estos acontecimientos se le conoce como su “segunda conversión”.

Fatigado por las luchas contra el Reform Bill con que los whigs del Parlamento someterían a la Iglesia oficial de Inglaterra al manejo político, Newman accedió a las insinuaciones de su íntimo amigo, Richard Hurrell Froude, de emprender un viaje de descanso y de salud por el Mediterráneo e Italia. Froude, dos años menor que Newman, en muchos aspectos era su alma gemela. Discípulo y admirador de John Keble, como Newman, compartía con éste las inquietudes suscitadas por la amenaza política que se tejía contra la Iglesia Anglicana. Franco y nada complicado, Froude no ocultaba sus críticas a la reforma protestante del siglo XVI, y con amigable y gradual sinceridad le conversaba a Newman sobre su respeto y admiración por la doctrina católica, que sobre la Escritura y la tradición sustenta su fe en el misterio eucarístico, la comunión de los santos y el culto de hiperdulía mariana. (John Henry Cardenal Newman, «De las incertidumbres a la verdad», por Alfonso Borrero C., S.I.)

Boceto-retrato del Beato cuando tenía 23 años.

Boceto-retrato del Beato cuando tenía 25 años.

Al llegar a Roma, se encontraron con monseñor Nicholas Wiseman -autor de Fabiola– y por entonces rector del Colegio Inglés en la Ciudad Eterna. Este será el primer contacto de Newman con la Iglesia Católica. Ya siendo conocedor de la Sagrada Escritura, se dio a la ardua tarea de estudiar en 1828 las Obras de los Padres de la Iglesia por orden cronológico.

Según las creencias protestantes, el pecado original ha corrompido de tal modo al ser humano que ya no puede obrar el bien. La gracia de Cristo consiste en no tener en cuenta esta degradación, en ocultarla. Aquí Newman descubre algo que le va alejando de las posturas evangélicas del anglicanismo: el pecado original nos degradó, pero no de tal modo que la gracia de Cristo no pueda regenerar, en el bautismo recibimos esta reconstrucción de nuestro ser obrada por Cristo, él nos hace capaces de tener obras meritorias. Escribió aproximadamente seiscientos sermones como anglicano, bastante más de la mitad fueron predicados antes de 1833. Hasta fines de 1832 Newman predicó además varios sermones oficiales en la universidad. En 1833 publicó su primer libro, titulado “Los arrianos del siglo IV”, que contiene una de las mejores presentaciones en inglés de la doctrina de la Santísima Trinidad.

Hacia 1832, las posturas liberales de los wighs reñían con la tendencia conservadora del partido tory. La universidad se debe a toda nación, afirmaban los primeros, y se mantenían firmes los segundos en su actitud de cerrar -si era posible- los umbrales universitarios a ingleses no anglicanos o católicos que exhibieran en sus credenciales el sello estigmático de SNOB, sine nobilitate. Casi sin dilemas, los universitarios rechazaron la intervención política en la universidad y, en consecuencia, la remanente simbiosis de la corona y la Iglesia Anglicana. Ataques hacia su persona y contra el Anglicanismo por parte de liberales y seculares. Estamos en lo que se ha llamado el “Movimiento de Oxford”.

En su poesía la “Lira Apostólica”, se muestra convencido de los graves males que amenazaban a la Iglesia de Inglaterra y de la rigurosa necesidad de reformarla surgida en 1832. John Keble en julio de 1833 predicó desde el púlpito de Santa María el “sermón de los jueces” sobre la apostasía nacional, que Newman consideró como el comienzo del Movimiento de Oxford. Newman junto con un grupo de Anglicanos y con apoyo de Keble y Fruode trabajaron para defender la libertad de la Iglesia respecto al Estado, basándola en el origen apostólico de la autoridad eclesiástica. Impulsaron una verdadera Reforma del Anglicanismo. Publicaron “Folletos de Actualidad” que eran breves artículos de la Independencia de la Iglesia; once de los veinte folletos fueron escritos por Newman.

Vista del escritorio del Beato en su despacho del Oratorio de Birmingham, Inglaterra.

Vista del escritorio del Beato en su despacho del Oratorio de Birmingham, Inglaterra.

El propio Newman resume así los tres principios básicos de sus ideas religiosas hacia 1833: “El primero era el principio del dogma. Mi batalla era contra el liberalismo; y por liberalismo entiendo el principio antidogmático y sus consecuencias… Desde los quince años, el dogma ha sido el principio fundamental de mi religión. No conozco otra; no puedo hacerme a la idea de otra especie de religión; la religión como mero sentimiento es para mí un sueño y una burla. Sería como haber amor filial sin la realidad de un padre, o devoción sin la realidad de un ser supremo… En segundo lugar, yo tenía confianza en la verdad de cierta enseñanza religiosa definida, basada sobre los cimientos del dogma, a saber: que hay una Iglesia visible, con sacramentos y ritos que son los canales de la gracia invisible… En cuanto al tercer punto… mi opinión [negativa] sobre la Iglesia de Roma-…” (Apologia pro vita sua, 42-45).

Los primeros dos principios en su vida eran “el dogma y el sistema sacramental” y un tercer principio “su oposición a la Iglesia Romana”, cosa que definitivamente desapareció en 1845. Tras sus sermones donde manifestaba ideas católicas, fue acusado de “papismo” y escribió tres artículos sobre la Iglesia Romana; en la que sostuvo que la Iglesia anglicana estaba situada en la vía media entre los reformadores protestantes y los seguidores de Roma, que la única Iglesia visible se había dividido en tres ramas, la griega, la romana y la anglicana, y que la verdad revelada debía hallarse íntegra antes de la división, en la doctrina de la antigüedad.

Habitación del Beato en el Oratorio de Birmingham, Inglaterra.

Habitación del Beato en el Oratorio de Birmingham, Inglaterra.

En 1839, Newman presintió por primera vez que después de todo, la Iglesia de Roma podía tener razón en su controversia con la Iglesia anglicana. Newman, para alcanzar la verdad revelada, afirma un primer criterio: “La doctrina de antigüedad”. La verdad revelada debía hallarse en lo más antiguo, antes de la división. Muchos de sus seguidores comenzaron a inclinarse hacia las ideas de la Iglesia Romana.

Por sus ideas, los directores del colegio condenaron a Newman de desleal, al igual protestantes y obispos anglicanos. En 1843, ya estando unos años retirado y dedicado junto con un pequeño grupo de discípulos a orar, estudiar y traducir obras, decide retractarse de sus obras contra la Iglesia Católica y en septiembre de ese año predicó su último sermón como anglicano y presentó renuncia a su puesto eclesiástico. Sentía una angustia que su itinerario espiritual producía en sus muchos amigos anglicanos. Pusey continuó escribiéndole, pero Keble y muchos otros se mantuvieron alejados de Newman durante veinte años. La virtual condenación del tract 90 había iniciado lo que después se transformó en una gran oleada de conversiones a la Iglesia Católica.

En 1845 comenzó a escribir su Ensayo sobre el desarrollo del dogma. “Cuanto más avanzaba en la obra, tanto más se iban diluyendo mis dificultades, hasta el punto que dejé de hablar de romanos-católicos para llamarlos con audacia, católicos. Antes de concluir mi escrito, resolví pedir mi admisión en la Iglesia Católica”. En la noche del 8 de octubre de 1845, ante el religioso pasionista, el padre Domenico Barberi, John Henry Newman pronuncia su abjuración y se incorpora al rebaño único de Cristo. Dos amigos de Newman entraron en la Iglesia Católica junto con él, un número considerable lo había precedido, y en los años siguientes varios centenares de hombres instruidos y relacionados con la Universidad siguieron su ejemplo. No obstante, poco después experimentó un gran cambio en su manera de ver a la Iglesia anglicana: al mirarla desde fuera, la vio espontáneamente como una mera institución nacional, aunque nunca la despreció (cf. Apologia pro vita sua, 257-259).

Capilla privada del Beato en su habitación del Oratorio de Birmingham, Inglaterra.

Capilla privada del Beato en su habitación del Oratorio de Birmingham, Inglaterra.

Fue a Roma junto con Ambrose Saint John y estudiaron teología en el colegio de la Congregación Propaganda Fide. Pensando en hacerse religioso, reflexionó sobre muchas órdenes y decidió ingresar en el Oratorio de San Felipe Neri. Aclaro que el Oratorio no son religiosos, sino sacerdotes seculares que, sin votos, vivían bajo una caridad fraterna. El Papa Pío IX dio a Newman autoridad para establecer oratorios en Inglaterra y para ello le permitió adaptar la regla de San Felipe. Newman, después de estudiar intensivamente la historia de San Felipe y su instituto, se dedicó a realizar fielmente la idea de San Felipe en circunstancias muy distintas. El Oratorio fue el marco en el que se desarrolló el resto de la larga vida de Newman. Queriendo fundar muchos oratorios, solo consiguió fundar dos, El primero en Birmingham (en 1848) y el segundo en Londres (en 1849). El dolor lo llevó a ver la realidad, en que muchos de los convertidos se volvieron extremistas y comenzaron a menospreciar a Newman por su moderación, considerándolo sólo católico a medias. Este fenómeno produjo mucha tensión entre los dos oratorios. Finalmente en 1855 se produjo la ruptura entre ambos.

Siguió dando sermones y conferencias por Inglaterra, y escribió “Conferencias sobre la situación actual de los católicos en Inglaterra”. Por estas conferencias fue difamado y su prestigio por Inglaterra quedó bastante rebajado y, en tanto, los obispos irlandeses pidieron a Newman que fundara una universidad católica en Dublín. Era una gran oportunidad para servir a la educación superior del laicado, objetivo de gran importancia para Newman. En 1852 pronunció diez discursos en Dublín sobre la naturaleza y objetivo de la educación universitaria, los cuales fueron publicados como primera parte de su obra “Idea de una universidad”. En ellos, sostenía que apartar la teología de las universidades era menoscabar la plenitud e invalidar el crédito de todo aquello que se enseñaba en ellas. (John Henry Cardenal Newman, «De las incertidumbres a la verdad» por Alfonso Borrero C., S.I.)

De regreso a Inglaterra, fundó escuelas oratorianas y pretendió junto con los obispos ingleses traducir la Sagrada Escritura, cosa que abandonaron los obispos. Asumió la dirección de la revista Rambler, gusto que le duró muy poco, puesto que su obispo le pidió su renuncia al expresarse Newman en su primera edición como encargado de la revista de la consulta a los fieles laicos sobre materia doctrinal.

El Beato, ya como cardenal. Óleo de sir John Everett Millais.

El Beato, ya como cardenal. Óleo de sir John Everett Millais.

Newman fue acusado de herejía en Roma. Una carta de Propaganda Fide a Newman no le fue entregada. En Roma se pensó que Newman no quería responderla, lo que creó una mala impresión de él. Newman también sufrió por sus opiniones sobre el poder temporal del Papa: consideraba su poder temporal como algo completamente aparte de su poder espiritual. Muchos ingleses creían que Newman dirigía un movimiento católico secreto para socavar a la Iglesia de Inglaterra. Newman se defendió de esta acusación. El resultado fue la “Apologia pro vita sua”, que apareció en fragmentos semanales de abril a junio de 1864. Newman expuso sin reservas los motivos profundos de su vida al escrutinio de los demás. La franqueza de su relato hizo mella en los ingleses, que en general quedaron convencidos de su integridad.

Antes del Concilio Vaticano I se sugirió desde Roma que Newman podía ser consultor de una de las comisiones preparatorias, pero Newman declinó el ofrecimiento. La forma final de la definición dogmática de la infalibilidad papal fue moderada y fue aceptada por casi todos los católicos. Tras todo esto, recién elegido Sumo Pontífice León XIII, creó a Newman Cardenal diácono de San Jorge al Velabro, a pesar de que muchos lo consideraban demasiado liberal. Por un privilegio extraordinario, se permitió al Cardenal Newman permanecer en su Oratorio de Birmingham.

Los últimos años de vida de Newman transcurrieron en paz, con su comunidad en auge, su escuela, sus numerosas visitas y su correspondencia que llegó a ser más de veinte mil cartas. Sus escritos fueron influenciados en la Iglesia Católica y se usaron en el Concilio Vaticano II. Finalmente murió el 11 de agosto de 1890 y pidió que en su lápida esculpieran las siguientes palabras: Ex umbris et imaginibus in veritatem (“De las sombras e imágenes hasta la verdad”).

El milagro que lo llevó a la Beatificación fue la curación del diácono permanente Jack Sullivan, de 71 años, juez de distrito de Massachusetts. Y el papa Benedicto XVI emitió el decreto declarando milagro la curación se Sullivan, el 3 de julio de 2009. Fue beatificado por el mismo pontífice en Birmingham el domingo 19 de septiembre de 2010.

Relicario del Beato en el Oratorio de Birmingham, Inglaterra.

Relicario del Beato en el Oratorio de Birmingham, Inglaterra.

En la beatificación, el Papa dijo: “El lema del Cardenal Newman, cor ad cor loquitur, “el corazón habla al corazón”, nos da la perspectiva de su comprensión de la vida cristiana como una llamada a la santidad, experimentada como el deseo profundo del corazón humano de entrar en comunión íntima con el Corazón de Dios. Nos recuerda que la fidelidad a la oración nos va transformando gradualmente a semejanza de Dios. Como escribió en uno de sus muchos hermosos sermones, «el hábito de oración, la práctica de buscar a Dios y el mundo invisible en cada momento, en cada lugar, en cada emergencia –os digo que la oración tiene lo que se puede llamar un efecto natural en el alma, espiritualizándola y elevándola. Un hombre ya no es lo que era antes; gradualmente… se ve imbuido de una serie de ideas nuevas, y se ve impregnado de principios diferentes» (Sermones Parroquiales y Comunes, IV, 230-231) (Homilía del Santo Padre Benedicto XVI, Cofton Park de Rednal, Birmingham. Domingo 19 de septiembre de 2010).

Emmanuel

Bibliografía
– BORRERO, ALFONSO C. S.I, John Henry Cardenal Newman «De las incertidumbres a la verdad», Revista Theologia Xaveriana, 137 (2001), 15-28.

Enlaces consultados (7 y 10/05/2013)
theologicaxaveriana.javeriana.edu.co
oratoriosanfelipeneri.org

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15 pensamientos en “Beato Juan Enrique Newman, cardenal

  1. El Beato John Newman siempre ha despertado en mí una profunda admiración. Sin duda fue un hombre que vivió con intensidad y que siempre anduvo buscando la verdad y entregándose a la voluntad divina en los periodos más difíciles de su vida, esos que fueron de crisis y oportunidades, esos que todos hemos experimentado y de los cuales podemos obtener grandes enseñanzas si nos dejamos guiar por la luz de Dios.

    El Movimiento de Oxford también despierta en mí mucho interés. Tuve un amigo británico con quien platiqué sobre esta parte de la historia de Gran Bretaña y y me comentó que hoy los anglicanos se consideran a sí mismos católicos, ¿por qué? Pues es la universalidad de la fe en Cristo la que la hace católica, y no la comunión con el Obispo de Roma, cosa que no menciona en ningún párrafo el Credo niceno-constantinopolitano que también ellos reconocen como profesión de fe. Claro, considerar al Papa la bestia es fruto de la ignorancia y del fundamentalismo, lo que los verdaderos anglicanos rechazan. De hecho, en inglés a los católicos se les antepone el adjetivo romano para distinguirlos de los anglicanos y católicos que no comulgan con Roma. Al mismo tiempo, el famoso escritor C.S. Lewis se vio influido por el movimiento de Oxford gracias a su amigo católico romano J.R.R. Tolkien y se convirtió del ateísmo al anglicanismo.

    Estoy de acuerdo con la postura del Beato sobre el poder temporal del Papa, aunque las circunstancias históricas de hoy son diferentes, sigue existiendo como monarquía absoluta en franca oposición a los ideales evangélicos de sencillez y orden entre hermanos y contra la realidad de hoy: nadie puede retener todos los poderes y nadie es infalible. Yo supongo que el Cardenal Newman intuyó que los trabajos para desarrollar ese acto de soberbia papal llamado dogma de la infalibilidad resultarían muy doloroso que mejor optó por rechazarlo con la mejor “excusa”: su edad.

    No hay un único rebaño, Jesús tiene otras ovejas que no son de este redil y algún día nos uniremos en un solo rebaño con un solo pastor: no papas ni sacerdotes, sino Jesús. Tampoco uno sólo de los “rebaños” posee la verdad absoluta.

    • Alejandro,
      Yo puedo compartir algunas de las ideas que tú expresas en este comentario, pero otras, no las comparto en absoluto. Por supuesto que la catolicidad de la Iglesia le viene por su universalidad, independientemente de que una de las más importantes se denomine a si misma, Iglesia Católica y si hacemos referencia a esa universalidad, puedo admitir que no sea necesaria esa comunión con Roma, cosa que si lo es, si se es miembro de la Iglesia Católica.

      Con respecto al dogma de la infalibilidad – que para mi fue inoportuno el declararlo -, se puede admitir o no, pero quién pertenezca a la Iglesia Católica, tiene que admitirlo aunque le ponga matices como pudo ocurrirle al Beato cardenal Newman. Yo soy de los que prefiero la Colegialidad a que solamente una persona sea quién pueda definir la doctrina, pero quienes no lo admitan, lo que no tienen derecho es a ridiculizarlo ni ofenderlo, porque así ridiculiza y ofende a quienes creemos en ese dogma, aunque le pongamos matices.

      Para mi, la Iglesia de Cristo es el conjunto de las Iglesias cristianas que mantienen lo esencial de la doctrina del Salvador, que admiten sus sacramentos y que dan frutos de santidad, pero llegar a decir que el “desideratum” sea el que algún día nos reunamos en un solo rebaño con un solo pastor, sin obispos ni sacerdotes, me parece una ABSOLUTA BARBARIDAD, que ataca directamente la propia doctrina de Cristo, quién quiso poner pastores-servidores al frente de su rebaño a los cuales les dio el poder de bautizar, perdonar, repartir su Cuerpo, etc.

      Y refiriéndome a ti, Emmanuel, ante todo quiero darte las gracias por este artículo sobre este gran hombre de Iglesia, que supo gestionar sus dudas y tomar las decisiones que creía más justas.

      • Miembro de la iglesia católica, ¿cuál de todas? Los ortodoxos orientales no están en comunión con Roma y son católicos. Los veterocatólicos tampoco y sin embargo son católicos. Si para ti iglesia católica es igual a iglesia de Roma, no lo discuto, pero no lo comparto. Es más, en la opinión del Dr. Máximo García Cruz, presidente del Consejo Evangélico de Madrid, los protestantes también son católicos pues heredan el pasado en común bíblico y tradicional.

        Puedes ponerle matices, ¿y suponer o tratar de matizarlo no te pone fuera de la iglesia (anatema)? Los dogmas se aceptan incondicionalmente según la iglesia de Roma. Disculpa, pero yo no soy el único que considera que por este dogma el catolicismo se ridiculizó a sí mismo. Ya desde el siglo XIX -los contemporáneos de Newman- Lord Acton, Döllinger, y otros, consideraron el gravísimo peligro e inconveniencia de la promulgación. Y en el siglo XX Hans Küng, silenciado por Ratzinger -“perdón”, Benedicto XVI- por discrepar del “magisterio” y de la “sucesión” apostólica -ese episcopado monárquico que Jesús no quiso para su rebaño-.

        • Si tu lo que quieres es buscar una discusión porque sí, te equivocas conmigo. Todas las Iglesias que rezan el Credo dicen lo mismo: Una, Santa, Católica y Apostólica, pero de sobras sabes que me estaba refiriendo a la Iglesia Católica y déjate de hacer de inquisidor que anatematizas – aunque lo pongas entre interrogantes – , que esa no es una tarea que te haya sido encomendada.

          Los dogmas son los dogmas, que se aceptan o no y que aunque se acepten, pueden considerarse inoportunos. Y si leiste mi comentario anterior sin prejuicios, verás que he dicho que los obispos han de ser pastores-servidores, y el Papa, al igual que los Patriarcas no dejan de ser obispos.

          • Totalmente de acuerdo contigo Antonio, no agregaría nada más a lo que has dicho.

            Y estoy de acuerdo en lo inoportuno del dogma de la Infabilidad, pero hay que entender bien a que se refiere este dogma, a mi no me parece del todo, prefiero una colegiabilidad entre todos los obispos, y no solo los obispos porque en si, hay grandes laicos y tambien presbíteros.

            La Iglesia es Una Santa Católica y Apostólica. El papa es el Obispo de Roma asi siempre lo he considerado. Yo en Colima tengo mi obispo a quien le escucho y tiene que seguir las líneas de el magisterio (que por eso es un magisterio) y debe de seguir una ortodoxia en la doctrina.

  2. Sobre este nuevo Beato yo no puedo decir cosas mejores de las que ya se han expresado en el artículo, pero quiero destacar su faceta de escritor cultísimo y narrador excelente, y recomendar su obra literaria y escrita, que es de una calidad insuperable.

    Personalmente he leído sus obras “Perder y ganar” (Loss and gain) y “Calixta” (Callista). Es ésta última la que recomiendo especialmente, y creo que ya lo he hecho en algún comentario anterior, hace tiempo. Si aquí hay fans de la literatura cristiana decimonónica, sin duda no pueden perderse “Calixta”. Es una maravilla de libro, que no tiene nada que envidiarle a obras contemporáneas suyas como “Quo Vadis?” (Henryk Sienkiewicz), “Los últimos días de Pompeya” (Edward Bulwer Lytton) y “Fabiola: la Iglesia de las catacumbas” (Nicholas Patrick Stephen Wiseman). De hecho, Newman escribió “Calixta” por recomendación del cardenal Wiseman, y resulta que su obra supera, con mucho, a la propia “Fabiola”. Su calidad literaria y capacidad de emocionarte es muy superior a la tan cacareada novela de Wiseman, por lo que no entiendo cómo es tan poco conocida. ¿Que por qué me gusta tanto? Hombre, naturalmente: porque Calixta es la historia de una mártir cristiana ficticia de este nombre, una escultora de ídolos paganos que, un día, se encuentra con los cristianos y su Dios.

    Probablemente éste sea una de las mejores novelas históricas que retratan la época de los mártires. Personalmente no había leído nada tan bello e interesante desde “Quo Vadis?” Y lo es ante todo por el curioso estilo del autor y porque fácilmente se puede extrapolar la novela al tiempo en que vivió el autor. Como tiendo al respeto y la tolerancia de todas las religiones, me llama la atención que Newman equipare el mundo pagano con el anglicano de sus tiempos y el mundo cristiano con el mundo católico de sus tiempos. ¿Todos son cristianos, no? Pero está claro que ésa no era la percepción de su época y que su conversión se debe a las diferencias abismales que él debía de ver entre anglicanismo y catolicismo: su tesis es, claramente, extra Romam Ecclesiam, nulla salus.

    Entrando en la novela, aunque se muestra claramente más respetuoso con el mundo antiguo pagano que otros escritores del tema, fácilmente tendentes al maniqueísmo pro-cristiano, adolece también de ver deteriorado el mundo pagano y su religión como un ritualismo vacío; que algo de verdad histórica hay en ello, pero que claramente denota su postura. Eso sí, es mucho más realista con las comunidades cristianas de la época que otros autores, que tienden a ver el período como una Arcadia dorada y feliz en la que viven los cristianos hasta que vienen los paganos malvados a perseguirles. La tibieza, dejadez, mediocridad y abandono de las comunidades cristianas de la época son fielmente retratadas por Newman y eso hay que reconocérselo.

    El proceso de conversión, juicio y martirio de Calixta es un relato bellísimo, poético e inspirador. Aunque nuevamente omite episodios reales como la vida misma que todo autor piadoso se resiste a admitir en el mundo del martirio: las violaciones, los detalles fieles de la tortura y el horror de la muerte pública y vergonzosa. Está claro que Newman no tiene el menor interés en los detalles mencionados y que se centra en la conversión y ascenso del alma de Calixta; pero sinceramente, ver la candidez e ingenuidad con que la mártir pasa su calvario y muere en medio de la tortura hace creer que ha comprado muy barato su corona de gloria -como decía Santa Teresa-. En realidad, el martirio es algo más cruento y real; y la ñoñería con que el autor omite los dolores del tormento y la muerte tan rápida sólo se explica porque es una novela del s.XIX.

    Por lo demás, brillante como producto de su época, sólo cansino en cuanto a demasiado detalladas descripciones geográficas, Calixta es una hermosa novela que vale la pena leer si eres aficionado a novelas históricas de la antigua Roma y sobretodo de la Antigua Cristiandad, o si, al menos, te gusta la buena literatura decimonónica y has leído también a Tolkien y a Lewis.

  3. Hace ya tiempo que leí la biografía de este beato, muchísimo antes de que fuera beato, de hecho, fue la primera biografía de un personaje no elevado al honor de los altares que leí, pues solamente tenía la costumbre de leer vidas de santos y beatos.
    Siempre he admirado el coraje y la decisión que él tuvo para dejar su antigua fe y convertirse al catolicismo. No es fácil y menos a su edad, quemar el barco y no volver atrás. De pronto se cuenta de que su mundo, su religión, su fe, no son suficientes y que hay algo más que le puede dar la seguridad, y esto es en la religión católica. Dar un paso adelante, sin mirar atrás, enfrentando la desconfianza de los que lo recibieron y la desaprobación de los que dejó, eso si es un acto de amor, de fe y esperanza en Dios.
    Me llamó la atención de su vida también como tuvo que vencer escrúpulos para aceptar y vivir la devoción a la Santísima Virgen María. Tuvo que vencer la mala idea que tenía de la hiperdulía, muchas veces acompañada ignorancia y abusos, para llegar a venerar a la Madre de Dios como lo pide la doctrina católica.
    Su lema “el corazón habla al corazón” es un apotegma lleno de profundidad, no solo espiritual y filosófica, porque cuando hay diálogo, cuando se calla oportunamente, cuando se escucha con atención, se crean situaciones que evitan los malos entendidos, se promueve la concordia, se evitan las discusiones y las violencias, se crean puentes y no muros.
    Me queda una inquietud y si es posible me gustaría me orientaras. Alrededor del tiempo de su beatificación, leí un artículo que refería que el relicario que contenía sus restos mortales era muy pequeño puesto que sus huesos se habían desintegrado en el sepulcro y era realmente muy poco lo que había podido rescatarse. ¿Sabes algo al respecto?
    Finalizo compartiéndote la gran alegría que me dio cuando fue beatificado. Quiera Dios que por su intercesión los anglicanos y los católicos lleguemos un día no muy lejano a la unidad.
    Gracias.

      • Adelante Antonio

        Así es Humberto no se encontró mas que polvo y algunos hilos de las vestimentas que llevó en el momento de ser sepultado, así que de él no esperemos reliquias estrictamente hablando.

        Nos ha dejado un gran legado en obras, su espiritualidad. Gran precursor de la participación del laico en la Iglesia que para mi es muy importante.

        Al Beato Newman lo conocí en el seminario cuando un estudiante de filosofía escribía una monografía sobre alguna obra de dicho cardenal.

  4. Alejandro

    Veo que siempre analizas mucho ideas tras ideas, eso me agrada. Mas sin embargo ser cristiano es ser alguien simple, yo en lo personal no suelo analizar y menos cuestionar dogmas, eso lo dejo siempre para mi. El beato Juan XXIII llegó a decir “Una cosa es el seminario y otra muy diferente es el ser pastor” a lo que voy. Una cosa es hablar y otra muy diferente ser y actuar como cristiano que es lo más importante no se como lo veas.

    Se dice que Santo Tomás de Aquino solo hablaba de Dios, si el tema no era respecto a él no hablaba nunca. Todo giraba en torno a él y conste que él fue un cuestionador importante sobre lo que hoy llamamos dogma de la Inmaculada Concepción de María. Pero no creo que se haya subido a su macho.

  5. Conocí al Beato Cardenal Newman en un viaje a Londres días después de su beatificación.Me llamo mucho la atención su presencia en todas las iglesias católicas que visite.
    Admiro como mucho de vosotros su capacidad intelectual, sus obras escritas y su riqueza en documentos y sermones que tanto bien hicieron a todos los cristianos de Inglaterra y en general de todo el mundo que leyó sus obras.
    Para nada sabia las dificultades y trabas que se le pusieron desde la misma Iglesia Católica Británica y tampoco que fundara oratorios de S Felipe Neri.
    Muchas gracias Emmanuel por este gran articulo.

    • David

      Siempre había oído que fue oratoriano más sin embargo hasta que me puse a investigar más descubrí esta causa, el de ser oratoriano. Y eso me alegra muchísimo porque aprecio mucho el Oratorio de San Felipe Neri

  6. Emmanuel muchas gracias por este artículo, la verdad que conocía de nombre a este beato pero no sabía nada de él, muchas veces me paso que por su nombre lo llegue a confundir con el santo obispo de Philadelphia, San Juan Newman, pensando que era el mismo. Posteriormente leyendo una descripcion de la pinacoteca de la Profesa vi que una de sus salas lleva el nombre de Cardenal Newman lo que llamo más mi atención pues ahi me di cuenta que no era el mismo Obispo de Philadelphia que yo pensaba, pero fuera de eso no habia encontrado información al respecto, mas que era un important escritor y lo de su conversión pero nada más, asi que me ha sido gratamente provechoso leer tu artículo, y la verdad me gustaria saber si el oratorio cuenta en sus filas con mas santos y beatos, por que poco es lo que se conoce al respecto del oratorio. Muchas gracias

  7. La primera vez que oi sobre el Beato fue en septiempre de 2010 durante su beatificacion, recuerdo que estaba en mi casa y veia las transmisiones por la visita del S.S Benedicto XVI a Inglaterra, en un dia de eso, estaban en plena ceremonia, mas yo no entendia nada acerca de lo que pasaba, no fue hasta que un telon gigante en el altar cayo y se mostro la imagen del beato, qahi lo supe, desde entonces quise aprender un poca mas acerca de El y por fin lo he logrado, que este Santo hombre de Dios ruege por Inglaterra.

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