Jerusalén, tres veces santa

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Panorámica de la ciudad de Jerusalén (Israel).

Panorámica de la ciudad de Jerusalén (Israel).

“Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y llorábamos acordándonos de Sión. Sobre los sauces, teníamos colgadas nuestras arpas… ¿Cómo podríamos cantar un canto al Señor en tierras extrañas? Si me olvidare de ti ¡oh Jerusalén!, mi diestra sea olvidada. Mi lengua se pegue el paladar, si de ti no me acordare; si no ensalzare a Jerusalén por encima de mis alegrías”. (Salmo 136).

¡Cuántas veces hemos nombrado a esta bendita ciudad en los artículos de este blog! Ya era hora de que escribiésemos sobre ella, aunque sea este pequeño artículo. Ciudad Santa donde las haya, ciudad venerada como santa por las tres religiones monoteístas: judía, cristiana e islámica, ciudad meta de peregrinaciones a la que cualquiera de nosotros quisiera visitar al menos una vez en la vida.

La primera referencia a Jerusalén aparece en el siglo XIX antes de Cristo, siendo nombrada en algunos textos acadios (Urusalim) y egipcios (Urushamen). En la Biblia, a Jerusalén se menciona por primera vez en el capítulo 40 del Génesis, cuando se relata la historia de Abrahán pagando diezmo a Melquisedec, rey de Salem, que lo bendice a su regreso de una campaña militar. Es convertida en la capital del reino de Israel en tiempos del rey David, construyéndose en ella – en el monte Moriá – el primer Templo dedicado a Yahvé, obra de Salomón, hijo de David. Josías, rey de Judá (837-800 a.C.) realiza las primeras reparaciones importantes en el Templo; Ezequías, rey de Judá, (715- 687 a.C.) construye un subterráneo desde la fuente de Gihón hasta la piscina de Siloé y se enfrenta exitosamente al asalto de Jerusalén por parte de Senaquerib, pero Nabucodonosor, en el año 587 a.C., destruye la ciudad y el Templo y exilia a los judíos a Babilonia. La ciudad atraviesa diversas vicisitudes durante los períodos persa, helénico, hasmoneo y romano, llegando a ser destruida por el emperador Adriano en el año 135 de nuestra era, quien levanta en su lugar una nueva ciudad a la que llamó Aelia Capitolina.

Vista general del Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén (Israel).

Vista general del Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén (Israel).

En algunos artículos de este blog ha sido mencionada en diversas circunstancias acaecidas en los períodos bizantino, musulmán, las Cruzadas e incluso en el otomano. En el siglo XX, concretamente en el 1917, es conquistada por los británicos y en el 1947, las Naciones Unidas recomiendan la partición de Palestina en dos estados: uno árabe y otro judío. El 14 de mayo de 1948 se proclama el estado de Israel y ya sabemos de sobras que ha ocurrido en esa ciudad santa durante la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI.

Pero la historia de Jerusalén es también la historia de las tres grandes religiones monoteístas. Cada sitio de esta ciudad, cada paisaje, cada piedra, cada edificio tienen una correspondencia con las fuerzas que han modelado el mapa del mundo tal como hoy lo conocemos. Es por esto, por lo que después de este escueto repaso cronológico a su historia, dediquémonos a hablar de esta ciudad, desde el punto de vista religioso, que es realmente el objetivo de este artículo. Hoy en día, en esta santa ciudad, nos podemos encontrar tanto los sombreros judíos, como los solideos cristianos o el fez musulmán.

Para el judaísmo, la Jerusalén terrenal es copia o reflejo de la Jerusalén divina. Las palabras Jerusalén y Sión tienen múltiples sentidos simbólicos, espirituales y místicos que trascienden su significado como ciudad terrena. Sión, en la literatura judía, abarca no solo a toda la ciudad de Jerusalén, sino incluso a todo el reino de Judá y así, Isaías llega a considerarla como la capital espiritual del mundo, como la ciudad mesiánica de Yahvé, por eso, en el “Tanaj”, que es la Biblia Hebrea, se la nombra cerca de setecientas veces. Ha sido siempre y aun lo es hoy, la ciudad más sagrada del mundo, el centro espiritual del pueblo de Israel. Es la ciudad del Templo de Yahvé, y aunque ese templo hoy está destruido, el muro que queda en pie (muro de las lamentaciones), es el lugar de oración por excelencia para los judíos ortodoxos. Quienes se encuentran fuera de ella deben orar hacia su dirección geográfica.

Otra vista del Muro de las Lamentaciones en Jerusalén (Israel). Destaca la separación entre hombres y mujeres para la oración.

Otra vista del Muro de las Lamentaciones en Jerusalén (Israel). Destaca la separación entre hombres y mujeres para la oración.

En ella se celebraba y celebra la Fiesta de los Tabernáculos, fiesta que conmemora las vicisitudes del pueblo judío durante su marcha de cuarenta años a través del desierto. “A los quince días del mes séptimo será la fiesta solemne de los tabernáculos a Yahvé por siete días” (Levítico, 23, 34). En el “Talmud”, que es una obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre las leyes judías, las tradiciones, las costumbres, las historias y leyendas, se desarrolla profundamente la conexión del judaísmo con la ciudad de Jerusalén.

Dentro de la ciudad, el lugar más sagrado para los judíos es el “Muro de las Lamentaciones”, que es el único resto que queda del templo judío construido por Herodes sobre las ruinas del Templo de Salomón. El Templo fue construido en el lugar en el que, según la tradición judía, Abrahán fue a sacrificar a su hijo: “Y Dios le dijo: Toma a tu único hijo, al que tanto amas, a Isaac y ve a la tierra de Moriá y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te indicaré”. (Génesis, 22, 2). Los judíos afirman que la “tierra de Moriá” es Jerusalén y que el monte donde tendría que haber sido sacrificado Isaac, es el “Monte del Templo”. Este “Monte del Templo”, hoy ocupado por la comunidad islámica, sería para los judíos el lugar más sagrado, ya que en él estuvo el “Sancta Sanctorum”, donde se custodiaban las Tablas de la Ley.

Como he dicho, el “Muro de las Lamentaciones” es el último vestigio que recuerda la antigua gloria de Israel y constituye el símbolo de la fe de los judíos en la redención de su pueblo. Es, por tanto, el lugar más venerado por todos los judíos del mundo. Este monumento y todo lo que él significa, está tan presente en sus vidas que hasta hoy en día, en las bodas judías, el novio rompe con el pie una copa de vidrio después de la bendición final del rabino, en recuerdo de la destrucción del Templo.

Fotografía de un rabino, orando con el Muro de las Lamentaciones a su espalda. Jerusalén (Israel).

Fotografía de un rabino, orando con el Muro de las Lamentaciones a su espalda. Jerusalén (Israel).

Pero como ya hemos dicho, no siempre tuvieron acceso a la ciudad aquellos que, teniendo ascendencia judía, además profesaban el judaísmo como religión. Cuando en el siglo IV, durante el gobierno de Constantino el Grande, hijo de Santa Elena, la ciudad recuperó su esplendor, el emperador no dejaba entrar en ella a los judíos. El mismísimo San Jerónimo, en el siglo V, lo relata con júbilo: “Hasta el día de hoy no les está permitido residir en la ciudad a los infieles judíos. Ellos sólo pueden ir allí a llorar y, hasta no tienen el derecho de llorar por la destrucción de su país, si no pagan por ello. Están obligados a pagar por sus lágrimas y ni siquiera se les permite llorar gratuitamente…”. Hoy se nos cae la cara de vergüenza si un dirigente, de cualquiera de las tres religiones monoteístas, dice o actúa así.

Podríamos escribir mucho más acerca de lo que Jerusalén significa para el judaísmo, pero espero que este tema salga en los comentarios y yo lo dejo aquí, para no alargar en demasía el artículo.

Para el cristianismo, Jerusalén es la ciudad de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Salvador, encontrándose en ella el templo más sagrado de toda la cristiandad, el Santo Sepulcro. La aparición en escena de Jesús de Nazareth es en tiempos del procurador Poncio Pilato, en un momento en el que la inestabilidad y la agitación política de la ciudad estaban en su punto culminante. El nombre de este procurador romano hubiese quedado en el olvido, si no fuera porque ordenó crucificar al Maestro.

Jesús se acercó a la ciudad para celebrar la Pascua. Al llegar al Templo con sus discípulos, volcó las mesas de los mercaderes que allí se encontraban cambiando monedas a los peregrinos de otras tierras, a fin de que estos pudieran comprar animales para el sacrificio. Asimismo, puso en cuestión la interpretación que hacían de la ley sagrada, tanto los fariseos como los saduceos. En una comida ritual llamada “séder”, durante la cual se cuenta la historia del éxodo de Israel de Egipto y se toman ciertos alimentos que simbolizan los dramáticos acontecimientos de esta liberación, celebrada por Jesús en lo que hoy conocemos como “el Cenáculo”, el Maestro come con sus discípulos, les da sus últimos consejos, les lava los pies e instituye los sacramentos de la Eucaristía y el Orden Sagrado. Posteriormente se retira al Monte de los Olivos a orar y allí es apresado por los enviados del Sumo Sacerdote.

Vista de la edícula en el interior de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén (Israel), iluminada para la noche de Pascua.

Vista de la edícula en el interior de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén (Israel), iluminada para la noche de Pascua.

No voy a recordar los episodios de la Pasión y Muerte del Redentor, pero en esa ciudad ocurrieron, siendo sepultado en una tumba hecha en la roca y resucitando al tercer día de entre los muertos. Este es el hecho culminante de nuestra fe y por eso allí, en el lugar del martirio y de la Resurrección fue construida la Basílica del Santo Sepulcro (o de la Resurrección), meta de peregrinación de toda la cristiandad. Por todos estos acontecimientos, Jerusalén es para nosotros una ciudad santa.

Muchas son las vicisitudes por las que ha pasado el cristianismo en esta ciudad y en estas tierras a lo largo de los XX siglos de existencia de nuestra religión, pero este tema ya lo hemos tocado con anterioridad. En esto no voy a insistir, pero no me resisto a copiar parte del texto de una carta que escribieron Santa Paula de Roma y su hija Santa Eustoquio a Santa Marcela en el año 386 refiriéndose a Jerusalén y al resto de Tierra Santa: “Allí está la Santa Iglesia, los triunfos de los apóstoles y de los mártires, allí está el auténtico credo de Cristo, la fe predicada por el apóstol y despreciada por los gentiles, allí el nombre de cristiano es exaltado todos los días, pero la vida mundana, la autoridad y la vida de una gran ciudad, reuniones y saludos, alabanzas y acusaciones, oír a unos hablar de otros, incluso mirar a pesar de uno mismo a una congregación tan grande de gente, es ajeno al ideal de contemplación de los monjes y a un sereno recogimiento; porque si vemos a quienes nos visitan, perderemos nuestra paz, pero si no los vemos, se nos acusará de soberbia. A veces, a fin de devolver las visitas, nos dirigimos a las puertas de casas espléndidas y entre las burlas de los siervos, entramos por sus portales dorados. Pero en esta aldea de Cristo, todo es rústico y, salvo por los salmos, hay silencio. Dondequiera que vayas, el campesino canta un aleluya mientras arrastra el arado; el sudoroso segador alegra su corazón con los salmos y el viñatero, entona algunos de los cantos de David mientras poda las viñas con su hoz. Estas son las baladas de esta ciudad y de este país, son cantos de amor, como se los llama habitualmente”.

Aunque no siempre fue así, hoy coexisten pacíficamente en la ciudad y en sus templos, todas las confesiones cristianas, aunque las comunidades más numerosas son la católica, la bizantina y la armenia. En Jerusalén existen tres Patriarcados: uno latino, otro bizantino y un tercero armenio y diócesis ortodoxas copta, etiópica y sirio-antioquena.

Vista de la entrada a la mezquita de la Roca en Jerusalén (Israel).

Vista de la entrada a la Cúpula de la Roca en Jerusalén (Israel).

Para el Islam, Jerusalén es la tercera ciudad santa, después de La Meca y Medina. En la Meca nació Mahoma; a Medina, en el año 622, marchó el profeta huyendo de sus propios compañeros de tribu y, aunque en Jerusalén probablemente nunca estuvo en persona, si lo estuvo en una visión en la cual el caballo sobre el que cabalgaba descendió sobre la roca que había en el Monte Moriá, donde antiguamente se encontraba el Tempo de Yahvé, y desde allí, ascendió al séptimo cielo. En ese lugar, actualmente se encuentra la “Cúpula de la Roca” y la mezquita de Al-Aqsa.

Los musulmanes tomaron Jerusalén en el año 638 y parece ser que entonces los vencedores invitaron al califa Omar al-Hataab, que estaba acampado en una concentración militar más importante sobre el Jordán, a ocupar oficialmente la ciudad. Tan pronto como se tomó la ciudad, los musulmanes se apoderaron del área del Templo para fines administrativos y religiosos. El aspecto clave de este lugar radica en que era y es, un enorme espacio desde el que se dominaba toda la ciudad. Así comenzó la islamización ideológica y arquitectónica de aquel lugar, pues en realidad, los musulmanes le dieron nuevo sentido a unos espacios sagrados que estaban cargados de numerosos significados.

Los musulmanes comenzaron a sentirse emocionalmente ligados a Jerusalén, como resultado de una antigua interpretación de la Sura XVII del Corán: “Loado sea quien hizo viajar a su siervo por la noche desde la Mezquita Sagrada hasta la Mezquita más remota, cuyo entorno hemos bendecido para hacerle ver parte de nuestras aleyas. Cierto, Él es el Oyente, el Clarividente”. En esta Sura se describe la ascensión de Mahoma al séptimo cielo, al que fue conducido por un arcángel, y donde recibió su iluminación al contemplar el Rostro de Dios. Es probable que la primera referencia a la “mezquita más remota” haga alusión a la proximidad de Dios y a que el profeta cayó en trances mientras oraba en La Meca. Pero poco tiempo después, probablemente a finales del siglo VII, se interpretó que hacía referencia no a la Jerusalén celestial, sino al emplazamiento del Templo, al cual Mahoma creía que había sido conducido por su caballo místico llamado al-Buraq y ascendió hasta Dios por una escalera que había en la roca sagrada.

Detalle de la mezquita de la Roca en la panorámica de Jerusalén (Israel).

Detalle de la Cúpula de la Roca en la panorámica de Jerusalén (Israel).

Estos relatos primitivos fueron ampliados y embellecidos aún más por las tradiciones posteriores, pero el Islam sigue fiel a la creencia de que un profeta sólo puede ser consagrado en Jerusalén, y que su propio profeta, Mahoma, tuvo allí su suprema iluminación.

No es el objetivo de este artículo el relatar la historia musulmana en Jerusalén ni el esplendor adquirido en los siglos posteriores, aunque solo mencionaremos que entre los años 687 al 691 fue construida la “Cúpula de la Roca”, por parte del califa Abd al-Malik, en el centro del Monte del Templo, donde según los musulmanes, Mahoma ascendió a los cielos. Después de trece siglos desde su construcción, este “Domo” o “Cúpula” sigue siendo uno de los tesoros arquitectónicos más preciosos y duraderos del mundo. Aunque en sí no es una mezquita, es un lugar de culto, cercano al cual está la mezquita de Al-Aqsa, construida por la dinastía de los Omeyas, finalizando su construcción en el año 710. Estos dos edificios son los más sagrados e importantes de la Explanada de las Mezquitas, siendo en la actualidad lugares de culto del Islam. Todos los viernes del año, los creyentes presentes en Jerusalén realizan sus oraciones en esta explanada, que tan cercana está del Muro de las Lamentaciones, que más de un altercado entre musulmanes y judíos se siguen aún produciendo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Biblia de Jerusalén”, 1967, Bilbao, Imprenta Elespuru Hermanos, S.A.
“El Corán”, 1963, Barcelona, Editorial Planeta
– OBERLÄNDER, Beatriz: “Jerusalén”, 1985, Madrid, Ediciones Orbis, S.A.

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20 pensamientos en “Jerusalén, tres veces santa

  1. Tanto como la exégesis, la arqueología y la historia bíblicas me fascinan y entusiasman. Si me olvidarara de ti, Jerusalén, que mi lengua se pegue a mi paladar y mi mano derecha se seque, reza el salmo de los desterrados. Realmente existen pocas ciudades que tengan tal fama como la ciudad de la paz, que irónicamente está ausente de la misma y de la tierra que mana leche y miel, todo por intereses políticos poco o nada honestos. A decir verdad, yo apoyo la unidad de palestinos e israelíes, pero Jerusalén es de los judíos de todas las épocas y para siempre, no de los árabes. Jerusalén e Israel son para los israelíes por cultura, historia, herencia y derecho ancestral; pero como capital espiritual lo es de todos, como bien das a entender, amigo Antonio. La importancia cultural, religiosa, política y artística de Jerusalén está fuera de toda discusión.

    Como también dices, la aparición de Jesús en escena fue en un momento bastante tenso, cosa que dejan entrever los evangelios y lo que sabemos por la arqueología y los registros escritos: Israel era un hervidero a punto de estallar y la predicación de Jesús seguro se vio interrumpida más de una vez a consecuencia de los enfrentamientos entre grupos de zelotes y los legionarios y los herodianos, mientras estos tomaban las espadas para matarse, Jesús decía a las multitudes: Amen a sus enemigos y hagan el bien a quienes los persigan. Den una mejilla y pon también la otra, etc. etc. y por herir el nacionalismo judío que defendían los fariseos -y que contradecía a los saduceos pero igual los dejaba en mala posición ante Roma- se volvió subversivo en lo político y en lo religioso, el sistema del Templo como cómplice de la opresión material y espiritual. Sus apóstoles tuvieron miedo, ¿cómo no tenerlo? Pero él insistió: No teman, no los dejaré solos. Y con su resurrección y su Espíritu derramado tuvieron más que suficiente valor para salir a las calles y proclamar la buena nueva.

    ¡Qué no daría por ir a la misma tierra donde vivió, murió y resucitó nuestro Señor! Por hoy no puedo, ojalá se me cumpla alguna vez.

    • Bueno, Alejandro, eso de que “Jerusalén es de los judíos de todas las épocas y para siempre, no de los árabes”; no lo comparto en absoluto; primero, porque las ciudades y la tierra no pertenecen exclusivamente a nadie, sino que son de todos los que la habitan, la habitaron y la habitarán, y por ello, los árabes tienen tanto derecho a ella como los judíos. Las ciudades no se poseen como quien posee unos calcetines. Y en segundo lugar, porque Jerusalén fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1981, lo que significa que no es sólo de árabes y de judíos, sino tuya, mía y del vecino de al lado. Jerusalén es de TODOS.

      Si siguiéramos esa lógica que expones, todos los norteamericanos de ascendencia no indígena deberían ser inmediatamente expulsados de los Estados Unidos, todos los ciudadanos de América Latina descendientes de españoles, lo mismo, y ya que estamos, todo el que no descienda de un vikingo, o de un celta, que se retire del norte de Europa. No, eso es absurdo, la tierra pertenece a quien la habita, a quien la cuida, y aunque sí existe el derecho a la autodeterminación de los pueblos y a la pertenencia histórica de una tierra y yo soy la primera en defenderlos, eso no significa pasarle por encima al que también está allí y decir, esto es mío y no tuyo, lárgate. Los palestinos tienen tanto derecho a Jerusalén y a Israel como los judíos, y aquí no se trata de ver quién estaba primero para darle la patada en el culo al que llegó después, sino de llegar a un acuerdo de una bendita vez y acabar con el inútil derramamiento de sangre.

      • Alejandro,
        Yo coincido con Ana Maria en que Jerusalén es de todos: judíos y palestinos, cristianos, hebreos y musulmanes… Es patrimonio de todos los seres humanos, al igual que cualquier otro lugar del mundo. Esta ciudad tiene además el aliciente de que es sagrada para las tres religiones monoteístas y todos los que practicamos alguna de las tres, tenemos todo el derecho del mundo a poder disfrutarla, no solo espiritualmente, sino también materialmente.
        Recordemos además que los judíos, injustamente, fueron expulsados de ella, pero es que en pleno siglo XX, los palestinos que han sido sus habitantes durante cerca de dos mil años, también han sido expulsados y con tanta o más saña con la que lo fueron en su día los judíos. En Tierra Santa es justo que haya dos estados que convivan entre si: Israel y Palestina, pero especialmente, Jerusalén es de todos, es ciudad universal.

        • Quizás en ese sentido deba flexibilizar mi postura un poco, esos nacionalismos son de otra época, pero no quiero ver dividida a la ciudad santa por otro “muro de Berlín” si un estado palestino oficial se estableciera justo frente a las narices de Israel. Es un tema que me apasiona por encima de cualquier otro. Dudo mucho, Ana María, que se llegue a un acuerdo de paz de una buena vez, los intereses de ambas y más naciones están en juego, y por motivos nada espirituales ni culturales, bien sabemos todos.

          • Mientras existan los intereses que existen, especialmente económicos y políticos y las resoluciones de las Naciones Unidas sobre este tema no se cumplan, dificilmente existirán dos estados (palestino e israelí) y mucho menos, convivirán en paz entre si. Si ese desideratum alguna vez se diera – que creo que nosotros no lo veremos – , Jerusalén tendría que ser compartida, una ciudad con un status especial. Pero por ahora, ni Estados Unidos, ni Israel ni Europa tienen el mínimo interés en que ese problema se resuelva y quienes lo están pagando de manera más cruenta y terrible, son los palestinos, a quienes les quitaron sus tierras las propias Naciones Unidas.

      • Meldelen, que tan equivocada estas cuando hablas de Jerusalén como territorio; declarada por todas las organizaciones del mundo como patrimonio mundial, eso no quita la voluntad de Dios, (que es el hombre para contender contra Dios que lo hizo del polvo de la tierra? por favor lean la biblia y se darán cuenta cual es la voluntad de Dios, lógicamente no es la voluntad del hombre.

  2. me quede con la boca abierta cuando leí lo que escribió san
    Jeronimo, pues donde estaba amar al prójimo como a ti, mismo?

    • A mí también me ha escandalizado, y mucho, la atroz sentencia de San Jerónimo, pero es que él era así de “fino” y seguramente casi todos los cristianos de esa época pensaban igual. ¡Vergüenza, señores, vergüenza! Que Dios nos perdone a todos, si nos olvidamos del amor a los demás, empezando por los que no comparten nuestras ideas.

      • Recordaréis que cuando escribimos sobre San Jerónimo, dijimos “que tenía guasa”, que por mucho doctor de la Iglesia que sea, su carácter era insoportable para todo aquel que discrepase de él.
        Yo no dudo de su santidad, pero aunque ahora se diga que el purgatorio no existe, una buena temporadita debió estar en él para purgar su mal genio. Esa frase tiene de cristiana, lo que yo de taoísta.

  3. ¡Oh, Jerusalén!, que no muera sin haberte contemplado con mis ojos. Desde hace muchos años tengo la ilusión de visitar Tierra Santa y en especial esta ciudad sagrada, no sólo por su relevancia espiritual sino también por su magnífica herencia histórica y su riqueza arqueológica. Es una auténtica mina para cualquier creyente de las tres religiones, pero también para cualquier historiador o artista. Ojalá que algún día pueda verla.

    Como le he dicho a Alejandro más arriba, Jerusalén es Patrimonio de la Humanidad y como tal debe ser protegida y cuidada por todos, así como legada lo más intacta posible a partir de ahora para las generaciones futuras. ¡Ay del que no lo haga! Y que conste que reclamo el mismo respeto y cariño para las demás ciudades sagradas del mundo, como La Meca, Medina o Benarés.

    • Arrodillarse ante el santo sepulcro y besarlo es la sensación más intensa y profunda que pueda experimentar todo cristiano. Y lo mismo debe sentir todo judio que rece en el Muro de las Lamentaciones o todo musulmán que rece en la explanada de las mezquitas.
      Hoy visitar Jerusalén es relativamente fácil (si económicamente se puede) y seguro.

  4. Gracias Antonio por este articulo tan completo y bien documentado, Jerusalén es sin duda una ciudad Santa con una tradición de siglos, querida, amada, venerada por las tres religiones, por este motivo si todos a su vez sumaran sus esfuerzos por la Paz definitiva , otra cosa seria.
    Varios Papas han visitado Jerusalén y en general todos han sido bien recibidos, todos coincidieron en pedir la Paz para la ciudad Santa al depositar sus mensajes en el muro de las lamentaciones.
    Me a quedado muy claro lo que nos cuentas de la convivencia de los tres patriarcados y las tres diócesis ortodoxas, era una duda que tenia desde hace tiempo.

    • Yo creo que el pueblo jerosolimitano llano, ya sea judío, musulmán o cristiano, es un pueblo pacífico, que convive perfectamente en la medida en que se lo permiten las restricciones del gobierno israelí y es por eso por lo que son bien recibidos los cientos de miles de visitantes de la Ciudad Santa cada año. Si hay trifulcas en ocasiones entre unos y otros, casi en el cien por cien de los casos, son provocadas por los ultras que hay en las tres comunidades. Por eso, cualquier autoridad religiosa que visite la ciudad, siempre es bien recibida.
      Pero es que, además, tenemos que tener en cuenta que muchísimas familias de Jerusalén, viven directa o indirectamente del turismo y que al propio gobierno israelí le conviene que ese negocio no decaiga, por lo cual, salvo en algunos momentos de tensión en el conflicto árabe-israelí, la ciudad es segura, se puede estar en ella viviendo o de visita en paz y visitar los lugares santos de las tres religiones. Si quiere, un judio puede entrar en el Santo Sepulcro, lo mismo que un cristiano puede orar en el Muro de las Lamentaciones.
      Y en cuanto a la convivencia pacífica y buenas relaciones entre todas las confesiones cristianas, hoy por hoy es muy buena y pidámosle a Dios que lo siga siendo, porque si echamos la vista atrás…..

        • Pues tu que eres un trotamundos y joven, no lo tienes nada difícil, porque rara es la diócesis que no organiza una vez al año una peregrinación a Tierra Santa.

  5. No se que decir Antonio

    Veo que me marcaba tu artículo 66 comentarios y sentía morir. Me dije ¡esto ha de ser un tratado o mega debate pero no, no un artículo!

    Pero lo que me espanta es que no veo comentarios.

    Hace poco me dijo un judío (nunca había conocido uno) sobre Gaza ya sabrás su postura. Yo le dije estoy de acuerdo en la existencia de los dos estados. El Palestino y el Israelí, mas sin embargo el se me puso cabrito, alegando que en la Sagrada Escritura se fundamenta dicho estado. A lo que yo repliqué NO TOMES A LA SAGRADA ESCRITURA para justificar dicho estado.

    Que bueno que exista ligeramente más paz en esa tierra llena de conflictos. Dices en tu artículo al inicio “aquella ciudad que quisiéramos visitar una vez en vida” Pues te seré sincero a mi no me llama la atención. Prefiero conocer otros lugares religiosos: Roma sobre todo, Siena, Lourdes, Fátima…, pero no Jerusalen.

    Dice el salmista ” Qué alegría cuando me dijeron:
    vamos a la casa del Señor.
    Ya están pisando nuestros pies
    tus umbrales, Jerusalén.” (Salmo 121)

    Imagínate la alegría del Salmista Antonio

  6. Desde luego quienes mantienen que el estado de Israel está fundamentado en las Sagradas Escrituras, es que tiene el “nivel de…. que le llega a la cabeza”.
    El estado israelí se fundó gracias a una resolución de las Naciones Unidas, la misma que dice que allí ha de haber también un estado palestino, que Israel se niega a reconocer.
    Y no nos olvidemos, que cuando los israelitas llegaron a “la tierra prometida” echaron a sus legítimos ocupantes; al igual que hizo la ONU con los paslestinos en el siglo pasado.

    • Mira que eso de la ONU cada vez me cuadra menos y eso es que desde hace unos 7 años le he perdido la fe.

      Pobre palestinos y pobres israelíes pero qué necesidad de vivir así??? ningún sentido le encuentro.

      Que con el caso de Siria llegó a decir una mujer miembro de la ONU que nomas sirve para Hospedarse en lujosos Hoteles y hacer más larga las cosas. Me pregunto ¿qué pensará la gente de los países en conflicto? ¿Creerán que la comunidad internacional va a intervenir al igual que la ONU?

      Lo bueno que todos estos acontecimientos me hacen estar en la postura de que solo los que lo sufren pueden resolver los problemas, de los demás ni esperen ayuda. Como bien digo: “Nuca esperes nada de nadie porque te decepcionarán”

      Y a todo esto Antonio

      ¿Qué puedo pensar del Altísimo? El Señor los echó de sus tierras para dárselo a otros????

      • La Biblia nos dice que Dios escogió a Abrahán y su descendencia como su propio pueblo y que Moisés lo llevó a la tierra que Dios había prometido a Abrahán. Siendo eso cierto, igualmente cierto es que echaron injustamente a quienes allí vivían. ¿Era esa la voluntad de Dios? Si lo era, yo no la entiendo.
        Tomar el Antiguo Testamento al pie de la letra es para mi un error y te pondré solo un ejemplo de los miles que hay: decimos que Dios es inmutable; pues si lo es, ¿como se puede poner en su boca la expresión “me arrepiento de haber creado al hombre”? (Génesis, 6, 6)

        • Yo por eso siempre lo he dicho: “la caridad” eso es lo más importante. Por eso muchas veces trato de no meterme en cuestiones de teólogos, pues no vaya a ser que pierda la fe si es que la tengo.

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